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Nombre: María Bravo Torres

Curso: 3º I.T.I.A.

Asignatura: Producción y tecnología de la miel, polen y productos derivados


Índice
Págs.
1. Introducción...............................................................................................................3-4
2. Estructura de las abejas..............................................................................................4-7
3. Sentido de la vista en las abejas...............................................................................7-11

3.1. Fotorrecepción

3.2. Funcionamiento de los omatidios

3.3. Los colores de las flores

3.4. Orientación de las abejas: la luz polarizada y la magnetorrecepción
4. Sentido del olfato en las abejas..............................................................................12-16

4.1. Olor de grupo

4.2. Llamadas de reclamo

4.3. Mensajes de alarma

4.4. El atractivo aroma de las flores

4.5. Las larvas atraen a las obreras

4.6. La feromona real: atracción y control de la reina
5. Sentido del gusto en las abejas...............................................................................16-19
6. Conclusiones..........................................................................................................19-20
7. Bibliografía..................................................................................................................21


1. Introducción:

Las abejas son artrópodos (poseen patas reticuladas), pertenecientes a la clase de insectos de los himenópteros (que viene del griego himen: membrana), y a la familia de los ápidos. Estos insectos se caracterizan por tener alas membranosas y translúcidas, al igual que las hormigas o las avispas.

En el mundo existen diferentes especies de abeja, como la Apis dorsala, Apis florea, Apis mellifera o Apis cerana; cada una de ellas puebla una determinada zona del mundo, hasta estar presentes en casi toda la geografía, salvo en aquellas regiones donde hace demasiado frío en invierno. De todas ellas, la más evolucionada y que suele tener más interés en la producción de miel y otros compuestos y, por tanto, la más común, es Apis mellifera, cuyo nombre significa “portadora de miel”. El hecho de que sea la más evolucionada, ha dado lugar a la distinción de diferentes razas dentro de la especie, que se asientan en diferentes países y poseen diferentes características.

Sin embargo, a pesar de las diferencias entre las especies y razas, los sentidos y comunicación en las abejas son semejantes.

Cabe señalar que los insectos, como todos los animales, poseen órganos receptores que les permiten detectar los cambios del medio y responder a los mismos con determinadas actitudes o estados fisiológicos; pero, sin embargo, no todos poseen la capacidad de comunicarse con otros de su misma especie y trasmitir esa percepción del medio. En el caso de las abejas, son animales sociales por naturaleza, no es posible la vida de una abeja por separado, y como tales, son capaces de comunicarse entre sí.

La forma en que las abejas son capaces de percibir los estímulos es diferente a como lo hacemos los humanos; por ejemplo, en los humanos, uno de los sentidos más desarrollado es el de la vista, pero en el caso de los insectos hay otros sentidos que son más importantes, como el del olfato o el gusto. Aunque pueda parecer raro, este aspecto es lógico, ya que, dentro de la colmena, las abejas están casi a oscuras, por lo que el sentido de la vista no les es de mucha utilidad, pero sí aquellos que capten olores, sabores y cualquier movimiento o vibración que las pueda poner en alerta ante la presencia de invasores o depredadores, o de flores a las que acudir a por su comida.

En general, los animales son capaces de adaptarse a las condiciones ambientales porque poseen células o grupos de células que tienen una sensibilidad específica a los cambios del medio que les rodea. Estas células especializadas y estructuras asociadas son los órganos de los sentidos. Posteriormente, de las células receptivas se extienden los nervios sensoriales hacia el sistema nervioso central y de éste salen los nervios motores hacia los músculos y glándulas, respondiendo al estímulo. En el caso concreto de las abejas, perciben su ambiente a través de la fotorrecepción (sentido de la vista), la quimiorrecepción (sentidos del gusto y olfato), la mecanorrecepción (sentidos del tacto y del oído), la termorrecepción y la magenetorrecepción. Así pues, la abeja depende de sus sentidos para encontrar comida, defender la colonia, reproducirse y cuidar a sus crías. De todos los sentidos, en este trabajo se comentarán los dos primeros (fotorrecepción y quimiorrecepción).

Antes de comenzar a explicar cada uno de los sentidos de las abejas, empezaremos por describir la estructura, tanto externa como interna que poseen las abejas, prestando especial interés a la cabeza, ya que es la parte en la que se encuentran los órganos de los tres sentidos a abordar en el trabajo. Con respecto a este tema, cabe señalar que algunos aspectos difieren en función de si la abeja es obrera, reina o zángano, como se tratará posteriormente.
2. Estructura de las abejas:

Las abejas son insectos que tienen el cuerpo peludo y céreo, y dividido en tres segmentos básicos (véase figura nº 1), que son:

  • Cabeza

  • Tórax

  • Abdomen



Figura nº 1: Partes del cuerpo de la abeja

La cabeza:

La cabeza de las abejas también recibe los nombres de cápsula o tagma craneana, aunque éstos son menos frecuentes. Esta cabeza es una caja quitinosa con forma de triángulo invertido, pero achatada por la parte frontal y posterior. Tiene la parte posterior cóncava y está unida al tórax por un cuello fino y membranoso. En la parte externa de la cabeza es donde la abeja tiene: las dos antenas, tres ojos simples, dos ojos compuestos, un labro, dos mandíbulas, un clípeo y una probóscide. A continuación, comentaremos un poco que son exactamente cada una de esas partes:

-Antenas: son estructuras localizadas a ambos lados y casi en el centro de la parte anterior de la cabeza. Cada antena consta de un escapo basal, que es rígido y más pequeño en el caso de los zánganos que en las obreras, y de un flagelo, que es flexible, y que está subdividido en 12 artejos en el caso del macho, y 11 en las hembras (figura nº 2). La base del flagelo (porción que une parte rígida con la flexible) se conoce como pedicelo, y está seguido de un anillo. A su vez, en cada subdivisión del flagelo existen múltiples órganos sensoriales, olfatorios y de tacto, en forma de placas porosas y poros (con forma de embudo), o pilosa, respectivamente. La antena posee en su interior una red de nervios, que sirven a la abeja como aparato receptor y transmisor de sensaciones.



Figura nº 2: Antena de la abeja
Estas antenas son órganos de doble función, ya que detectan sustancias químicas en dos escalas, a distancia y en las inmediaciones de la abeja. Cuando las abejas están volando, sus antenas están expuestas al medio ambiente, por lo que pueden percibir la presencia de: humo, néctar, polen, feromonas, depredadores, etc.; pero, además, en el plano inmediato, pueden oler y tocar con las antenas; por ejemplo, cuando están trabajando una flor, inspeccionando a otra abeja, o examinando una gota de néctar o de miel.

-Ojos simples u ocelos: son tres pequeñas esferas localizadas en la parte superior de la cabeza y que forman entre si forman un pequeño triángulo, con el vértice hacia abajo. La disposición, medidas y distancias entre ellos varían según la raza, y aún, para cada individuo dentro de una misma raza; por ejemplo, en el zángano están localizados un poco más abajo, pero todavía en la parte superior frontal.

-Ojos compuestos: estas dos estructuras están localizadas en la parte superior y lateral de la cabeza, y son los órganos externos de la cabeza que más espacio ocupan. Cada ojo está compuesto de múltiples subestructuras conocidas como omatidios.

-Mandíbulas: están suspendidas en la parte inferior de la cabeza, a los lados de la boca, detrás del labro. Cada mandíbula tiene movimiento lateral solamente. Por término general, la mandíbula es ancha en su base, delgada en el medio y ancha en su parte distal. Por su superficie interior corre un canal que da salida a las secreciones de las glándulas mandibulares.

-Clípeo y labro: son estructuras en forma de placas que están localizadas en la parte central inferior de la cabeza y protegen las partes bucales más delicadas. La placa superior, el clípeo, es la más grande, y la inferior, en forma de rectángulo, es el labro.

-Probóscide: no es un órgano como tal, sino que son un grupo de estructuras que se unen y tienen una función particular. Por esta estructura retráctil se ingiere y regurgita, néctar, agua o miel.

Ya en el interior de la cabeza es donde se encuentran el cerebro, la bomba de succión, que es un saco muscular que le sirve a la abeja para succionar el néctar, las glándulas secretoras de los alimentos, las salivares y el endoesqueleto que le da rigidez a la abeja.
Tórax:

En el tórax es donde se localizan las alas y las patas, así como las primeras conexiones externas del sistema respiratorio. El tórax se divide en cuatro segmentos diferentes, que son el protórax, el mesotórax, el metatórax y el propodeum. Debido a lo unidos que están entre ellos, resulta difícil percibir sus límites.

El protórax está conectado al cuello y da soporte a la cabeza; además es donde se encuentra el primer par de patas. El mesotórax es el segmento más grande, contiene el primer par de alas, el segundo par de patas y el primer par de espiráculos (orificios que forman parte del sistema respiratorio). El metatórax es un segmento delgado que contiene el tercer par de patas, el segundo par de alas, y el segundo par de espiráculos. Por último, el propodeum es el cuarto segmento que se encuentra en el tórax, aunque en realidad ya es el primer segmento del abdomen; contiene el tercer par de espiráculos, y en la parte final se reduce para formar el petiolo abdominal.

-Alas: son extensiones finas del integumento que se forman mediante la unión de dos capas de exoesqueleto. Estas estructuras están fortalecidas por estructuras tubulares conocidas como venas, a través de las cuales fluye hemolinfa.

-Patas: se encargan de la locomoción en sustratos, aunque también les sirven a las abejas para recoger y cargar el polen y los propóleos, limpiar las antenas y limpiarse el cuerpo de polen y materias extrañas. Están divididas en seis segmentos.

Internamente, el tórax está formado por músculos, y es donde se encuentran todos los órganos de locomoción. Además, también existen ganglios nerviosos que controlan los músculos del tórax y que van al abdomen. Finalmente, por su interior también pasa la hemolinfa, parte del corazón y el esófago.
El abdomen:

El abdomen es la parte que contiene las vísceras principales de la abeja. En su interior se encuentra la mayor parte del sistema digestivo, órganos reproductivos y glándulas accesorias, mientras que en la parte externa se encuentran los órganos de acoplamiento y de postura así como las glándulas de cera, las glándulas aromáticas, siete pares de espiráculos, y la ponzoña y glándulas asociadas a la producción del veneno. Toda su superficie se haya dividida en nueve segmentos.

Relacionado con los sentidos, en el interior de este abdomen se encuentran varias glándulas que son las responsables de diversos aromas en la abeja.

3. Sentido de la vista en la abeja:

Hecho un recorrido por la estructura de la abeja, pasamos ahora a centrarnos en los sentidos que son objeto del trabajo.

3.1. Fotorrecepción:

En el caso de la energía radiante de la luz, las abejas la perciben a través de sus ojos. Como se ha comentado, éstos pueden ser de dos tipos, los ojos simples u ocelos, y los compuestos (figura nº 3). Los dos tipos de ojos están dispuestos sobre la cabeza de la abeja, pero sus funciones son bastante diferentes.



Figura nº 3: Ojos de las abejas
Las abejas poseen dos ojos compuestos que están situados a ambos lados de la cabeza, y que, a su vez, están formados por estructuras más pequeñas, independientes y de forma hexagonal, llamadas omatidios. Por otra parte, posee tres ocelos u ojos simples que están situados formando un triángulo en la parte superior de la cabeza. Cabe señalar que los ojos compuestos son órganos muy perfeccionados que dan una visión de gran calidad, mientras que los ocelos sólo sirven para la visión corta en la oscuridad de la colmena.

Los ojos de los insectos se conocen con bastante exactitud porque están compuestos, como cualquier otro ojo, de lentes externas para enfocar la luz, y de una retina que se encuentra debajo, sensible a la luz, y conectada con el cerebro por nervios.

Por lo que respecta a los ojos simples u ocelos, se puede decir que éstos no son órganos muy especializados. Cada ocelo consiste en una lente sobre una capa muy simple de células retinales alargadas conectadas con las fibras nerviosas; en ellos, no existe ningún refinamiento, por lo que es imposible que puedan formar imágenes. Tras varias investigaciones, se ha llegado a la conclusión de que su función es la de detectar la intensidad de la luz, y que pueden percibir los rayos infrarrojos, que son muy útiles para la actividad de la abeja dentro de la colmena.

Por el contrario, los ojos compuestos constituyen estructuras bastante complejas. Su superficie exterior es un óvalo alargado, muy convexo, que está formado por las lentes de los omatidios y recubiertos de pelo, como se puede ver claramente en el esquema que se incluye a continuación.



Figura nº 4: Corte transversal de la cabeza de un zángano
El número de omatidios (también llamados facetas) de los ojos compuestos varía en los diferentes individuos de la colmena; por ejemplo, la reina tiene en torno a 4000 omatidios (exactamente se cree que son 4.290), las obreras algo más de 6000 (concretamente 6.300), y los zánganos sobre 13000 (en total 13.090). Aunque pueda parecer extraño, el hecho de que haya tanta diferencia de unos individuos a otros tiene una sencilla explicación: la reina sólo va a necesitar agudizar el sentido de la vista una vez en su vida, para su vuelo nupcial, y para la vuelta a la colmena después del mismo, mientras que la obrera lo necesita toda su vida para la recolección, localización de la colmena, etc. En el caso del zángano, la visión es más importante aún, ya que su misión principal es localizar a las hembras en el vuelo nupcial, y copular con ellas, por eso tiene los ojos más grandes, más abultados y con mayor número de omatidios.

3.2. Funcionamiento de los omatidios:

Los omatidios son cuerpos alargados que se van estrechando hacia los extremos. Se disponen en dirección perpendicular a la superficie de la cornea, por lo que, de esta manera, cada uno cubre un pequeño campo de visión angular.

La estructura de cada omatidio es mucho más compleja que la de los ojos simples, ya que poseen una lente, detrás de la cual hay un claro y transparente cono cristalino, rodeado de células pigmentadas; a su vez, detrás de este cono están las células retinianas, también rodeadas de células pigmentadas. Los bordes de las células retinianas que se unen en los ejes de los omatidios, se combinan de forma tal que componen un largo y delgado rabdoma, que es como una vara transparente. Este rabdoma es estriado y parece que su función es dividir la luz que lo atraviesa y va hacia las células (véase figura nº 5).


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