5. Bibliografía consultada




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título5. Bibliografía consultada
fecha de publicación26.10.2015
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Nombre: María Bravo Torres

Curso: 3º I.T.I.A.

Asignatura: Producción y tecnología de la miel, polen y productos derivados


Índice
Págs.
1. Introducción..................................................................................................................3
2. Individuos en la colmena...........................................................................................3-6
3. Orientación y comunicación en las abejas..............................................................6-12

3.1. Orientación de la colmena

3.2. Orientación en las abejas

3.3. Comunicación: el lenguaje de las abejas

3.4. Otras danzas: danza del tremor, danza de alarma y danza de limpieza
4. Conclusiones...............................................................................................................13
5. Bibliografía consultada...............................................................................................14

1. Introducción:

Como es sabido, las abejas, al igual que otros insectos, son individuos sociales por naturaleza, de forma que son capaces de percibir todo cuanto ocurre a su alrededor y de comunicarse entre ellas, con el fin de transmitirse la información que poseen del ambiente que les rodea. Por otra parte, también tienen capacidad para orientarse, y una forma fácil de ver esta capacidad de orientación de las abejas, es que son capaces de encontrar su nido, aún cuando son transportadas a dos, tres e incluso cuatro kilómetros de su colmena, y soltadas en medio de una gran ciudad.

El motivo de que tengan esta capacidad, se debe al hecho de que las abejas han educado sus órganos de los sentidos (vista, olfato, gusto, etc.), para que les ayuden en esta tarea de comunicarse y orientarse, y es que las abejas son capaces de crear asociaciones y fijarlas permanentemente en su memoria, lo que les permite saber siempre cual es el camino de vuelta a casa, o acudir a la misma flor que han visitado el día anterior.

En el caso concreto de las abejas, su organizada actividad social es, en contra de lo que pudiera parecer, absolutamente automática, y se basa en el principio estímulo-respuesta, con lo que consiguen una perfecta coordinación. Los estímulos percibidos en el interior de la colmena, donde la oscuridad es total, son fundamentalmente químicos, mecánicos y térmicos, y cuando estos estímulos se transmiten de unos individuos de la colmena a otros, se produce el fenómeno de la comunicación. Otro elemento fundamental en la comunicación social de las abejas es el “comportamiento de patrullaje”, adquirido evolutivamente, y por el cual las abejas están en continuo movimiento por el nido, exponiéndose a los diferentes ambientes y situaciones biológicas, y respondiendo a las mismas, siempre que su estado fisiológico se lo permita.

Por otra parte, cabe señalar que, cuando un apicultor se refiere a sus colmenas en forma colectiva, lo hace desde un concepto intuitivo de colectividad; al hablar de los componentes de un apiario, habla lógicamente del conocimiento de la biología de las abejas, cuya naturaleza social hace que el individuo, en sí mismo, carezca de valor en favor de la colectividad de las abejas; es decir, que no importa una abeja, sino toda la colmena. Por todo ello, se dice que la colmena es un superorganismo.

Este superorganismo se comporta con sinergia, que es el efecto producido por la interacción entre los componentes de un sistema que hace que el todo sea más que la suma de las partes individuales, ya que la actividad individual de cada una de las abejas, hace que la vida de toda la colmena sea más sencilla.

A lo largo de este trabajo se abordarán los fenómenos de la orientación y la comunicación en las abejas, centrando ambos fenómenos en las danzas ejecutadas por las abejas, aunque previamente se hará un repaso de los tres individuos básicos que forman parte de toda colmena, ya que la labor de cada uno de ellos, favorece el correcto funcionamiento de toda la unidad.
2. Individuos de la colmena:

Como se ha dicho, las abejas son insectos sociales por naturaleza, pero, dentro de cada colmena, podemos encontrarnos con tres tipos diferentes de individuos o castas, cada uno de los cuales realiza una determinada función, necesaria para el adecuado funcionamiento de toda la colmena; estos tres individuos son:

1) Abeja reina.

2) Abeja obrera.

3) Zángano.



Figura 1: Abejas obrera, reina y zángano, respectivamente (de izquierda a derecha)
De los tres individuos, la abeja reina y las obreras son hembras, mientras que el zángano es un macho; además, cada casta tiene un tiempo o ciclo de desarrollo diferente, que es propio para cada especie, y se cría en distintos tipos de celdas.
Abeja reina:

Las abejas melíferas (de la especie Apis mellífera) son muy interesantes en muchos aspectos, ya que sobreviven y se perpetúan como una unidad que denominamos colonia.

La abeja reina es la única hembra fértil de toda la colmena y, por lo tanto, es la “madre” del resto de los individuos. Puede vivir varios años y, durante ellos, es atendida, alimentada y aseada por una “corte real” de abejas jóvenes, que le proporcionan jalea real en abundancia. Dependiendo de las condiciones climáticas, suele comenzar a poner huevos en primavera, aunque esta actividad está condicionada por la información que recibe desde el exterior (como el flujo de néctar, la recolección de polen, la duración del día, la temperatura, etc.). La fertilidad le dura a la reina unos cuatro o cinco años, durante los cuales, deposita los huevos de los que nacerán todas las demás abejas en panales de cera que las obreras construyen con celdas hexagonales. La puesta de huevos no es continuada, pero, cuando la realiza, lo hace de forma ordenada, utilizando solamente los centros de los panales y dejando libre la periferia. Cuando lleva a cabo la puesta, puede ser muy abundante, llegando a depositar unos 1500 huevos en un día, lo que representa el mismo peso que su propio cuerpo. El huevo después del tercer día se transforma en una pequeña larva que es alimentada por las abejas nodrizas (abejas obreras jóvenes). Después de aproximadamente una semana (dependiendo de la especie), la larva es sellada en su celda por las abejas nodrizas, produciéndose el estadío de ninfa o pupa. En aproximadamente otra semana (nuevamente dependiendo de la especie), la ninfa emerge como una abeja adulta.

Algo curioso es que la reina no abandona la colmena, salvo durante los vuelos de fecundación, o cuando se produce un enjambre para dar lugar a una nueva colonia.

Por otra parte, cabe señalar que las reinas no son criadas en las típicas celdas horizontales del panal, sino que sus celdas son construidas para ser de mayor tamaño y en posición vertical. Además, no son alimentadas con polen como las larvas de las obreras, sino con jalea real (se ha demostrado que es esta alimentación especial lo que hace que una hembra se desarrolle como reina, y no como obrera). Cuando la reina termina su etapa de alimentación larval y se convierte en pupa, se desplaza a una posición cabeza abajo, desde la cual luego come su celda para salir. Durante la etapa de pupa, las abejas obreras tapan o sellan la celda real.

Justo después de emerger de sus celdas, a menudo, las abejas reina producen un sonido, el cual se cree que es un reto a otras abejas reina para batallar, aspecto que nos muestra la comunicación de estos individuos. La forma que tienen las abejas reina de regular las actividades de la colmena es a través de las feromonas que liberan, ya que la feromona real, por ejemplo, sirve para modificar el comportamiento de las obreras, de modo que éstas alimentan a las nuevas larvas como obreras y no como reinas en condiciones normales, y también inhibe la puesta de huevos por parte de las obreras.
Obreras:

Las obreras viven períodos mucho más breves, de menos de tres meses en promedio, aunque las obreras nacidas al final del verano viven varios meses (esto se debe a que se alimentan de las reservas de polen almacenado en la colmena y a que no trabajan porque no hay cría, por lo que llegan a la primavera manteniendo sus reservas intactas).

Las abejas obreras son hembras infértiles, que realizan diversas funciones dentro y fuera de la colmena. En realidad, a lo largo de su vida, realizan distintas tareas según su edad y condición fisiológica. Los diez primeros días permanecen en el interior de la colmena realizando diferentes funciones: limpieza, alimentación de las crías, etc. Posteriormente, entre los 10 y 20 días, se modifican sus glándulas alimenticias y se hacen cargo del néctar, aprietan, reúnen y almacenan el polen que traen las pecoreadoras, etc. Finalmente, a partir del día 20, se dedican a la recolección y al pecoreo, succionando néctar de las flores, que es el alimento energético, y el polen, del cual obtienen las proteínas, grasas y minerales necesarios para la superviviencia de los habitantes de la colonia.

Son precisamente estas abejas obreras las que normalmente realizan las danzas de las que se hablarán en los próximos apartados, siendo diferentes las danzas en función del tipo de mensaje que deseen transmitir, y también en función de la especie o raza a considerar.

Por otra parte, señalar que, en las abejas con aguijón, las obreras poseen un contenedor en forma de aguijón, el cual pueden clavar a un enemigo para defenderse, aunque las abejas mueren poco después de clavar su aguijón, ya que éste tiene forma de anzuelo y, cuando lo intentan extraer, se separa de ellas y arrastra parte de su sistema digestivo, que está unido a él.

Muchas abejas obreras también producen feromonas, que les sirven para comunicarse con otras abejas y para transmitirse información.
Zánganos:

Finamente, el tercer grupo de individuos que puede haber en una colmena son los zánganos, que son las abejas macho de la colonia. Los huevos de los que salen los zánganos no han sido previamente fecundados, por lo que sólo tienen la mitad de la dotación genética de la especie (son haploides). Los zánganos no salen a recolectar néctar ni polen, sino que su principal propósito es el de fecundar a la nueva reina (sólo la fecundan una vez).

La copulación entre reina y zángano ocurre en pleno vuelo, tras una serie de bailes nupciales y de movimientos mediante los cuales, abeja reina y zángano se comunican. El proceso tiene lugar de la siguiente forma: la abeja reina, que está preparada para copular, sale de la colmena, asciende a gran altura, y empieza una especie de danza, realizando unos movimientos ondulatorios, de forma que un grupo de zánganos sale detrás de la abeja reina, y empiezan a perseguirla (algunos van en conjunto, y otros la siguen en línea, como si fuera una cola). Conforme pasa el tiempo, y se van alejando y ganando altura, algunos zánganos se pierden y debilitan, de forma que sólo uno es el que resiste lo suficiente como para conseguir fecundar a la reina.

Aparte de este mecanismo de comunicación, se cree que los zánganos no realizan ningún otro tipo de baile o danza particular, a diferencia del resto de individuos de la colmena, aunque eso no implica que no puedan comunicarse, ya que sí son capaces de interpretar las danzas de obreras y reina.

Tras finalizar la época de enjambrazón, las obreras dejan de alimentar a los zánganos y los empujan fuera de la colmena, impidiéndoles que vuelvan a entrar, por lo que terminan muriéndose.
3. Orientación y comunicación en las abejas:

Las abejas tienen desarrollados varios de sus sentidos, como el de la vista o el olfato, pero quizás el sentido más característico de una abeja es el de la orientación. Cuando la abeja obrera sale por primera vez de la colmena, realiza unos vuelos de orientación cada vez más largos, pudiendo alcanzar hasta varios kilómetros en todas las direcciones. De igual forma, cuando una abeja descubre un campo de flores, describe una danza característica sobre la colmena para informar a las demás abejas de su descubrimiento. Todos estos mecanismos, les sirven a las abejas para transmitirse la información del medio.
3.1. Orientación de la colmena:

Cabe señalar que, como consecuencia de la capacidad de orientación que poseen las abejas, también son capaces de construir la colmena con una determinada orientación, teniendo en cuenta una serie de factores:

-La vegetación del medio.

-La disponibilidad de agua, ya que las necesidades medias de agua son 45 cc/colmena y día en invierno, y 1000 cc de agua/colmena y día en verano.

-La dirección del viento: suelen situar las colmenas en dirección sur, sureste o suroeste, en función de los vientos dominantes, ya que intentan evitar disponer las colmenas hacia donde sople un viento excesivo, lo que dificultaría la salida y entrada de las abejas a la colmena.

-Además, las disponen horizontalmente con respecto al suelo (sin entrar en contacto con él, y donde no haya malas hierbas), con una cierta inclinación hacia la piquera, con el fin de favorecer la salida de agua y partículas extrañas fuera de la colonia.

Normalmente, la separación entre apiarios será de entre 3 y 4 km, y estarán agrupados en filas.
3.2. Orientación en las abejas:

A lo largo de la historia de la humanidad, se han hecho estudios significativos acerca de la capacidad de orientación que poseen las abejas. Durante muchos años, no se sabía como una abeja era capaz de encontrar el camino a casa, o como le transmitía la información de que había encontrado alimento al resto de los individuos de la colmena. El científico e investigador austriaco Karl von Frisch (figura 2) fue, sin duda, el que más avances hizo en este campo, y llegó a descubrir que las abejas se orientan, es decir, que pueden detectar la dirección deseada, de tres formas diferentes:

-Mediante el sol: concretamente, por el ángulo de inclinación del sol, aunque la abeja puede orientarse con precisión, incluso con relativa facilidad, cuando éste queda oculto por una nube.

-Por la polarización: mediante el plano de vibración de la luz polarizada.

-Mediante el campo magnético de la Tierra: donde se utiliza el sol como brújula principal.



Figura 2: Karl von Frisch
Por ejemplo, una forma sencilla de comprobar la capacidad de orientación de las abejas es la de situarnos frente a un gran colmenar; por la zona, habrá varias colmenas iguales entre ellas, y miles de abejas recolectoras con sus vuelos de recolección, que van hacia sus respectivas colmenas sin dudar ni un segundo; incluso, aunque cojamos a una de las abejas, la marquemos en el abdomen, y la soltemos a una distancia relativamente amplia de su colmena original, será capaz de llegar hasta el colmenar sin apenas dudar, y sin perderse. Este tipo de experimentos fueron precisamente los realizados por Karl von Frisch a lo largo del siglo XX; experimentos, que le permitieron conocer como era la orientación y la comunicación en las abejas y que, aún en la actualidad, se consideran un gran avance científico.

Con respecto a esta capacidad de orientarse, juega un papel esencial la magnetorecepción, y es que una de las señales naturales del medio ambiente es el campo geomagnético (la tierra se comporta como un enorme imán). Como es sabido, los polos del campo geomagnético no han estado siempre en el mismo lugar, a veces han invertido su posición y, cuando esto ha sucedido, grandes grupos de seres vivos se han extinguido. Realmente, los diferentes mecanismos de detección del campo magnético en animales, aún son poco conocidos, pero en la abeja es donde más se ha estudiado este mecanismo, demostrándose que es capaz de detectar efectivamente el campo geomagnético y que ejecuta sus danzas ajustándolas con la dirección de dicho campo.

Por otra parte, es interesante comentar que, cuando un enjambre deja la colmena original por cualquier razón, construyen los nuevos panales en la misma dirección magnética de la colmena anterior, y se considera que son necesarios campos magnéticos muy fuertes para destruir esa orientación geomagnética de los panales. Aunque no se sabe con exactitud, parece ser que la magnetita, un imán natural encontrado en el abdomen de las abejas, puede ser el sensor magnético responsable de la magnetorrecepción en estos insectos.
3.3. Comunicación: el lenguaje de las abejas:

Estudios recientes han puesto de relieve toda una gama de formas de comunicación animal. Así, por ejemplo, cuando una abeja descubre una fuente de néctar, vuelve a la colmena para informar sobre su hallazgo.

En el caso de las abejas, las diferentes especies y razas presentan algunas diferencias en su comunicación y lenguaje, aunque los aspectos generales son semejantes.

La mayoría de la información esencial para la organización de la colmena proviene de secreciones químicas, las feromonas, segregadas por la reina, pero también por las obreras. Se trata de sustancias mensajeras que circulan de una a otra a través de la boca y de las antenas, y de las que las abejas sacan una gran cantidad de información. Estas feromonas sirven para identificar lugares, para emitir señales de alarma, controlar las reservas de comida, equilibrar la población regulando la puesta de huevos de la reina, mantener en equilibrio la temperatura y la humedad ideales en el seno de la colmena, etc... pero, además, las abejas poseen entre ellas un lenguaje codificado muy preciso, el del baile, que es una de sus formas de comunicarse.

Como se ha comentado, cuando la abeja encuentra una fuente de alimento adecuada, tiene la capacidad de calcular el camino de vuelta a la colmena teniendo en cuenta el viento y el movimiento aparente del Sol. Una vez ha retornado a la colmena, comunica la localización del alimento mediante una “danza” que proporciona información acerca de la distancia y dirección a la que se encuentra ese alimento. Las otras abejas de la colmena, utilizan esta información para dirigirse de forma directa hacia la fuente, y conseguir su alimento.

Desde muy antiguo, los observadores de las abejas apreciaron la relación existente entre las danzas realizadas por las abejas en el interior de la colmena y el flujo de néctar, polen, agua o propóleos que llegaba a la colmena. Tales observaciones empezaron a dar sus frutos cuando, en 1788, Spitzner publicó las conclusiones de sus estudios sobre los movimientos rítmicos que realizaban las obreras, a los que denominó “danza de las abejas”. A pesar de estos avances, sus observaciones fueron olvidadas hasta que Karl von Frisch, entre los años 1920 y 1982, aclaró los dos tipos diferentes de bailes y movimientos que las pecoreadoras ejecutan, uno normalmente para excitar a salir a las abejas que están en la colmena: el baile en círculo; y el segundo, el baile con meneo o zangoloteo, que se trata sin duda de una comunicación más completa, en la que se transmite una información precisa en cuanto a distancia, dirección, sentido, atracción, tipo y sabor del alimento.

Para llegar a este descubrimiento del significado de los bailes realizados por las abejas, Karl von Frisch hizo un experimento en el que empleó colmenas de cristal y entrenó a las abejas para buscar el alimento en determinados puntos; con su estudio comprobó que, cuando las abejas regresaban a la colmena, realizaban diferentes bailes para transmitirle la información al resto de los individuos. Por todos estos descubrimientos, en 1973, Karl R. von Frisch, Konrad Lorenz y Nikolaas Tinbergen ganaron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina (figura 3).



Figura 3: Ganadores del Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1973
Normalmente, las abejas generan los mensajes a base de símbolos muy sencillos, y son capaces de traducir una situación tridimensional (del exterior de la colmena) a otra bidimensional (en el interior de la colmena), y viceversa.

El mecanismo básico de comunicación consiste en que, las pecoreadoras, al regreso a la colmena, cuando traen néctar o polen, excitan a otras pecoreadoras, a las que reclutan para que sigan su ejemplo, y vayan hacia esa fuente de alimento. Para ello, se posan sobre el panal y comienzan su baile; al cabo de unos segundos, esta abeja será seguida por un grupo de abejas del interior, también pecoreadoras que, tocándola con las antenas, repiten el baile de la danzarina, produciéndose un torbellino de abejas que siguen a la pecoreadora y aprenden su baile y la información que ésta les comunica. Después de unos minutos, las abejas saldrán de la colmena “presumiblemente” a recoger néctar en la fuente próxima, buscándola en todas las direcciones. Para transmitir la información, como se ha señalado anteriormente, las abejas emplean dos tipos de bailes, fundamentalmente:

-Danza en círculo

-Danza en semicírculo
Danza en círculo:

Las pecoreadoras realizan este baile cuando la fuente de alimento se encuentra en un radio de acción inferior a 100 m de la colmena, aunque algunos autores hablan de 25 m en lugar de 100 m. Normalmente, para realizar el baile, la abeja se pone en una zona transitada por el resto de individuos, a fin de que la vean con claridad. El baile consiste en que la obrera exploradora da numerosas vueltas en círculo, alternando una vuelta en el sentido de las agujas del reloj con otra en sentido contrario a las agujas del reloj (véase figura 4). A medida que las abejas van recibiendo el mensaje (y también parte del alimento), salen de la colmena y se dirigen a la fuente de alimento. Cuando lo encuentran, vuelven a la colmena, cargadas del polen o néctar, y repiten el mismo baile, para excitar al resto de las obreras. La duración e intensidad del baile es la que determina la abundancia de la fuente de alimento; es decir, que si la danza dura mucho tiempo significa que hay mucho alimento en la fuente.

Por otra parte, el olor de la flor que se ha impregnado en el cuerpo de la abeja que danza, se transmite durante el baile por la colmena, y el resto de las abejas lo perciben a través del sentido del olfato, facilitándoles la tarea, ya que almacenan en la memoria la información, y les ayuda a encontrar más fácilmente el alimento cuando salen al campo.



Figura 4: Danza en círculo
Danza en semicírculo:

También llamada “danza en ocho”, “baile con meneo”, o “baile con zangoloteo”. Las abejas realizan este baile cuando la fuente de alimento se encuentra a una distancia mayor de 100 m de la colmena. Puesto que, en este caso, la distancia es bastante considerable, las abejas, además de indicar la distancia, también deben dar información de la dirección y el sentido de la fuente. La danza consiste en un baile en el que se describe un ocho, y en el que el tramo recto del ocho forma un ángulo con respecto a la vertical de la gravedad; este ángulo reproduce, exactamente, el formado por la flor y el sol, tomando como vértice la colmena.

Además, durante el recorrido recto del ocho, la abeja realiza vibraciones de coleteo y paseos, que serán tanto más rápidos, cuanto más cerca esté el alimento (estos coleteos los hace con el abdomen). Para ser exactos, primero las abejas describen un semicírculo estrecho; después, cambian bruscamente de dirección, y van en línea recta hacia el punto de origen, pasando a describir otro semicírculo al lado opuesto al anterior, hasta cerrar el círculo completo, para volver a circular en línea recta (véase figura 5).



Figura 5: Danza en semicírculo de las abejas
Al igual que en la danza en círculo, cuanto mayor sea la rapidez con la que se mueven las abejas, mayor es la cercanía a la fuente de alimento. Tras realizar varios estudios, se ha llegado a la conclusión de que:

-Para distancias de 100 m con respecto a la fuente de alimento: las abejas hacen 9 ó 10 recorridos en 15 segundos.

-Si el alimento está a 200 m: ocho recorridos en 15 segundos.

-Para 500 m: se reducen a 6 recorridos en 15 segundos.

-A distancias de 1.000 m: descienden a 4 ó 5 en 15 segundos.

-Si la fuente de alimento está a 5.000 m: solo 2 recorridos en 15 segundos.

-Para 10.000 m o más de distancia: realizan un solo recorrido en los 15 segundos.

Algo que también se ha descubierto gracias a las investigaciones es que, las diferentes razas de abejas, dependiendo de las regiones geográficas de origen, tienen sus propios “dialectos”, y esto se traduce en la velocidad de ejecución del tramo recto; por ejemplo, la abeja italiana Apis mellifera ligustica, realiza la danza mucho más lentamente que las australianas Apis mellifera carnica.

Por otra parte, cabe señalar que la distancia máxima de pecorea de las abejas suele ser de 1,5 km, aunque en caso de necesidad, por falta de recursos próximos, pueden llegar a 3 kilómetros (nunca suelen llegar hasta 10 km).

Como se señaló inicialmente, la información de la duración del vuelo, sola, resultaría insuficiente para la localización de flores lejanas, por lo que esta danza en semicírculo indica también la dirección y el sentido hacia donde hay que dirigirse. Para dar estas indicaciones, es fundamental que las abejas puedan determinar la posición del sol, incluso en días nublados. En el caso de que el sol esté cubierto, las abejas pueden percibir el plano de vibración de la luz polarizada que pasa a través de las nubes, como ya se comentó en el apartado de orientación.

Asimismo, el hecho de que las abejas perciban el campo gravitatorio de la tierra, permite que tomen de referencia la línea vertical del panal, que se asimila con la posición de la colmena con respecto al sol.

Así pues, la dirección hacia la fuente de recolección se determina por el ángulo que forma el recorrido recto del ocho con respecto a la vertical (como se refleja en la figura 6), y es precisamente en este caso, en el que las abejas nos muestran su capacidad de transformar posiciones tridimensionales del exterior de la colmena en referencias bidimensionales, sobre el panal, en el interior de la colmena.

Por otra parte, el ángulo formado por la situación del sol y la de la fuente de alimento, teniendo como vértice la posición de la colmena, es el mismo que el formado por el recorrido recto del ocho y la vertical del panal. Este sentido se determina también con referencia a la posición del sol, de forma que, si el recorrido recto se realiza hacia arriba (antigravitacional), indica que la fuente de alimento está hacia el sol, mientras que si el tramo recto lo recorren hacia abajo (con la gravedad), indica que la flor se encuentra en contra del sol.



Figura 6: Dirección y ángulo de la fuente de alimento con respecto al Sol
Algo curioso es que, si en el trayecto hacia la fuente de alimento existe un obstáculo elevado, tal como una montaña, que no pueden superar en línea recta, las abejas dan un rodeo; sin embargo, en el baile que realizan en el interior de la colmena a su llegada, muestran una trayectoria recta, pero con el tiempo empleado para conseguir llegar a la fuente del alimento rodeando el obstáculo.

En esta danza, también, la frecuencia de las vibraciones de las alas indica la energía necesaria para alcanzar el lugar indicado, y la amplitud y longitud de las oscilaciones del abdomen indican la importancia del mensaje.
Danza en hoz: dialecto de Apis mellifera ligustica

Ciertas subespecies de abejas poseen dialectos, de forma que son capaces de desarrollar un tercer tipo de danza: la danza en hoz. Entre las razas de abejas capaces de realizar este tipo de danza se encuentra Apis mellifera ligustica, que emplea la danza en círculo para indicar distancias entre 0 y 10 m con respecto a la fuente de alimento, la danza en hoz para distancias entre 10 y 100 m a la fuente de alimento, y la danza en ocho para distancias mayores a 100 m con respecto a la fuente de alimento.

Esta danza en hoz podría describirse como una danza en semicírculo, pero más aplastada (figura 7); en realidad, lo que ocurre es que la danza va cambiando de forma en función de la distancia, pasando de ser circular a tener forma de ocho.



Figura 7: Danza en hoz
3.4. Otras danzas:

Además de las dos danzas principales que realizan las abejas para indicar donde se encuentra el alimento (3 danzas en algunas razas), también existen otras, que emplean en su vida diaria para llamar la atención del resto de individuos, para que la ayuden a limpiarse, o emitir señales de alarma.

Danza del tremor:

En ocasiones, cuando la pecoreadora llega a la colmena, no es atendida por las abejas del interior, por lo que, para llamar la atención del resto de los individuos, comienza a hacer unas vibraciones. Esta danza puede durar varios minutos y es una forma de aumentar el número de recibidoras de néctar cuando el flujo exterior se incrementa.

Además, el tiempo que tardan las abejas almaceneras en recoger el néctar que las abejas pecoreadoras traen a la colmena, tiene bastante importancia en la actividad de éstas, de forma que, si cuando llega una pecoreadora es rápidamente aligerada de su carga, más rápidamente saldrá a buscar nueva carga.

Según Lindauer (uno de los alumnos más destacados de Karl von Frisch) con un tiempo de entrega de sesenta segundos, la recogida de néctar u otra sustancia sigue siendo activa; por encima de este tiempo, la actividad desciende y, en tiempos superiores a los tres minutos, la recogida prácticamente cesa, indicando que ya no es necesario el aporte de ese recurso.

Danza de alarma:

Cuando alguna de las sustancias traídas por las pecoreadoras con el néctar es tóxica, y se distribuye por la colmena, las abejas se excitan y comienzan una danza en espiral que excita a sus compañeras. De esta forma, en poco tiempo, toda la colonia se encuentra realizando la danza en espiral y se interrumpen todas las tareas, entre ellas la de la pecorea; así, se evita que las abejas traigan más sustancia tóxica a la colmena, que podría acabar con la vida de algunos de los individuos.

Danza de limpieza:

Esta danza la realizan las abejas en demanda de acicalamiento por parte de sus compañeras. Consiste en mover el cuerpo de un lado a otro, y levantar y bajar las patas anteriores, como dando patadas a cámara lenta. Este movimiento estimula a las abejas vecinas a quitarle las partículas o parásitos que puedan estar sobre la abeja que solicita limpieza. De esta forma, la abeja atraída por el baile se convierte en la limpiadora; para ello, toca con sus mandíbulas en la base de las alas de la abeja que quiere ser limpiada. Seguidamente, la abeja que va a ser limpiada deja de danzar, y extiende sus alas y dobla su abdomen, facilitando la tarea de la limpieza.

Algo a comentar es que el comportamiento de limpieza parece ser genético, existiendo razas y estirpes más limpiadoras que otras, por lo que resulta un carácter importante a la hora de seleccionar abejas resistentes a determinados parásitos.

4. Conclusiones:

Así pues, se puede comprobar que las abejas poseen un sistema de orientación y comunicación propio, muy peculiar, y único en el mundo de los insectos, que ha sido objeto de estudio durante muchos años, y al que le dio un gran impulso Karl von Frisch. Este lenguaje singular permite la comunicación entre las obreras, indicando las distancias y direcciones del lugar donde se halla la fuente de alimentos, y usando el sol como referente.

Queda claro, por tanto, que los trabajos pioneros de Spitzner, Karl von Frisch, Lindauer y otros, inspiraron el descubrimiento, en diversos animales, de sistemas sensoriales de otra manera inimaginables, como los detectores infrarrojos en las culebras cazadoras nocturnas, los sónares ultrasónicos en delfines y murciélagos, la audición infrasónica en pájaros, o la sensibilidad al campo magnético en una amplia variedad de animales (entre ellos las abejas); y, sin duda, otros sistemas están aún por descubrir.

En las abejas, parte de la singularidad de su sistema de comunicación radica en la simplicidad de los animales que lo poseen, y es que las abejas cuentan con un pequeño cerebro, a diferencia de otros seres vivos que, aunque tienen una mayor complejidad estructural, no son capaces de comunicarse con otros de su misma especie.

A día de hoy, aún no se conoce el verdadero origen de estas danzas ejecutadas por las abejas, ni porqué las realizan de esta manera y no de otra forma y, por ello, se sigue trabajando en esta materia, con el fin de poder responder algún día a los muchos interrogantes que existen.

Quizás, parte del desconocimiento que tenemos en la actualidad con respecto a muchos de los insectos, o seres vivos en general, que se encuentran en la naturaleza, se debe al hecho de que los humanos tenemos la costumbre de pensar que aquello que nosotros no somos capaces de realizar, probablemente un individuo más pequeño, simple y, aparentemente, menos evolucionado que nosotros, no será capaz de hacerlo, aunque esto no siempre es así.

Por tanto, la lección es melancólica: “somos ciegos a nuestra propia ceguera, y debiéramos tratar de no proyectar nuestras propias incapacidades hacia el resto del reino animal” (Gould 1980).

5. Bibliografía:
-Karl von Frisch (1999). La Vida de las Abejas. Editorial: Hemisferio Sur.
-Federico M. Mendizábal (2005). Abejas. Editorial: Albatros
-Eduardo del Pozo y Roberto Schopflocher (2004). Cría de Abejas. Editorial: Albatros
-Fedro Carlos Guillén (2006). Karl von Frisch: el señor de las abejas. Ed.: Pax México
-Cecie Starr y Ralph Taggart (2004). Biología: la unidad y diversidad de la vida. Editorial: Thompson
-Roger A. Morse, Ted Hooper (1992). Enciclopedia ilustrada de Apicultura. Editorial: El Ateneo.
-Jean Prost (1985). Apicultura. Editorial: Mundiprensa
-Dra. Ana Quero (Dpto. de Biología de Organismos y Sistemas. Universidad de Oviedo). Actividades de las abejas: la comunicación (13 páginas).


  • Webgrafía para las figuras:


-www.anatomía de la abeja y tiemposidereo.blogspot.com
-www.dipualba.es
-www.solociencia.com
-www.ifibyne.fcen.uva.ar


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