3 Arnold Gehlen: el paso a la cultura




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Tema 4

La génesis del hombre

TEMA 4

LA GÉNESIS DEL HOMBRE.


  1. La antropología, ciencia del hombre.

(EXPLICACIÓN HISTÓRICA)

  1. Los procesos de hominización.

2.1. Los cambios anatómicos.

2.2 La fabricación de instrumentos: el homo habilis y erectus.

2.3. Los nuevos elementos culturales: el homo sapiens.

2.4. La creación de sociedades estables: la revolución neolítica.

(ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA)

  1. Definiciones filosóficas del hombre.

3.1. Platón.

3.2. Aristóteles.

3.4. Siglo XIX y Max Scheler.

3.5. Arnold Gehlen: el paso a la cultura.

(NEUROLOGÍA Y FILOSOFÍA).

4. El problema mente-cerebro.


  1. 1. La antropología, ciencia del hombre.

Con este tema entramos en el terreno de la antropología. La antropología es la ciencia que estudia al hombre. Desde las primeras fases de la filosofía, el tema del hombre constituye un asunto central en la reflexión racional. Los sofistas y Sócrates, allá en el siglo V a.C., se dieron cuenta que el ser humano no es una cosa más en el universo y que merece una reflexión distinta respecto al resto de la naturaleza. En cierta forma, se percataron que el hombre es “medida de todas las cosas” (Protágoras) y que si estudiamos ese ser humano sabremos más de aquello que nos rodea. Como vimos en los anteriores temas, muchas cosas que nos rodean (esta clase, una silla, el ordenador etc...) no podría entenderse sin el hombre. Nuestros entornos son artificiales, creados, y su correcta comprensión también dependerá de la pregunta que formulemos sobre el hombre que ha construido ese medio artificial.

Tampoco nuestro comportamiento o nuestros principios éticos se pueden comprender sin esta pregunta radical, previa. Como sostendría Kant1, las grandes cuestiones de la filosofía, ¿qué puedo saber? (conocimiento), ¿qué debo hacer? (ética) y ¿qué me cabe esperar? (la religión) se reducen a la pregunta última por el hombre.

Esta preocupación se mantuvo a lo largo de toda la historia de la filosofía, hasta que a finales del siglo XIX la antropología cultural, de la mano de autores como Tylor, Malinowsky o Frazer la separarán de la filosofía y la sociología, confiriéndole un estatuto autónomo de conocimiento, con su propia metodología. La antropología sostendrá que la cultura es un constitutivo de la naturaleza humana, o si queremos el hombre es un “animal cultural”; frente al puro instinto animal, la cultura forma parte necesaria en nuestro contacto con el medio natural.

  1. Los procesos de hominización

2.1. Los cambios anatómicos.

Llegados a este punto y conociendo cuáles son los procesos de cambio para la naturaleza de los seres vivos, debemos aterrizar en lo que es nuestro propio campo de interés, la génesis del hombre. ¿Cuándo consideramos que apareció lo que hoy denominamos ser humano? Este recorrido fue largo y duró varios millones de años.

Los primeros primates, que no difieren excesivamente de los actuales, ya mostraban características biológicas y sociales muy diferentes de las del resto de los mamíferos. Imaginemos un medio arborícola y un grupo de estos mamíferos. Estos primates viven en grupos, y raramente suelen separarse de ellos. Aunque por cada grupo existe un orden jerárquico y las decisiones responden a un jefe, sin embargo se ejerce la autoridad con relativa moderación. ¿Por qué necesitan de este orden social? La razón es bastante clara: el proceso de aprendizaje de los primates es mucho más largo que el del resto de los animales. Un bebé primate necesita al menos tres años para alcanzar su estado adulto (pensemos que respecto a una rana, que abandona los huevos a su suerte, y un pájaro, que necesita estar en el nido un par de meses, el paso al estado de adulto por parte de los primate es mucho más complejo que en el resto de las especies).
Conforme transcurre la edad cenozoica2 estos primates arborícolas van a iniciar un proceso de cambio. Sus bosques van a peligrar y los ejemplares más evolucionados apuntarán hacia nuevas adaptaciones al medio. Estos nuevos primates comienzan la evolución hacia el bipedismo. Fuera del entorno arborícola, las colas se vuelven innecesarias, al igual que el hecho de andar a cuatro patas. Esto va a producir que ese hombre libere sus extremidades superiores y haga un uso de ellas muy distinto del ocurrido hasta ese momento. A lo largo de los milenios esas manos se vuelven prensiles: podemos tocar con el pulgar el interior de la palma de la mano. Igualmente, su capacidad craneal va ascendiendo paulatinamente (desde los 450 cc. de los australopithecus más antiguos hasta los 2000 cc del homo sapiens). Gracias a estos cambios anatómicos, estos homínidos serán capaces de fabricar instrumentos que les van a permitir dominar mejor el medio que les rodea. Por último, también su aparato fónico evolucionará notablemente y posibilitará la aparición de un lenguaje articulado con el que se pueden manifestar formas de comunicación mucho más elaboradas que las propias de los animales. El lenguaje será uno de los últimos cambios anatómicos que nos permitan hablar de una especie auténticamente humana (para seguir esta evolución cronológica, ver la fotocopia adjunta).
2.2. La fabricación de instrumentos: homo habilis y homo erectus.

Hasta aquí hemos visto los cambios anatómicos; sin embargo, existe una evolución cultural paralela a esa evolución de corte más fisiológico. Y recalcamos nuevamente, que es el hecho cultural el que paulatinamente va separando al hombre del instinto animal.

El hombre se separa de su carga instintiva; este instinto restringe el comportamiento de un animal: el animal está determinado (no es libre) a responder instintivamente de una forma particular independientemente si el medio cambia. Pensemos en una golondrina: la golondrina está determinada a construir sus nidos de una manera, y da igual dónde se construye dicho nido (en un tejado, en un árbol, en un garaje etc...) que siempre lo hará de la misma forma.

Sin embargo, podría parecer que entre el hombre y el resto de los primates dicha diferencia es mucho más matizable. Los monos no parecen estar determinados de manera tan clara como las golondrinas y pueden producir cambios en el medio que le rodea para obtener un objetivo cualquiera. Para entender mejor esta diferencia con respecto al resto de los primates, KOHLER realizó el siguiente experimento:
Los experimentos de Kohler.

Un mono estaba encerrado en una jaula con un racimo de bananas colgando del techo. Tenía a su disposición una caja. El mono quedó pensativo un buen rato y... ¡coñe! Se le ocurrió la brillante idea que moviendo un poco la caja era capaz de subirse a ella y alcanzar las codiciadas bananas.

En una segunda parte del experimento, el pobre mono tenía otra vez hambre y le habían vuelto a subir las bananas. Ahora tenía a su disposición un palo. Utilizando el palo, golpeó las bananas y para su gran fortuna, varias cayeron del racimo. En una tercera parte del experimento se lo pusieron más difícil todavía. Nuevamente, las bananas en el techo, y el palo ahora estaba desarmado: había varios pedazos que podían unirse. Tras un buen rato (y mucha hambre) nuestro mono se quedó mirando los palos y las bananas: empezó a jugar con ellos, se dio cuenta que eran conectables, y construyó el palo con el que alcanzar la fruta.

A continuación, colocaron al mismo mono el racimo de bananas del techo y la misma caja del experimento. Sin embargo, ahora la caja estaba en un extremo de la jaula y las bananas del otro lado. El mono no era capaz de verlas juntas: fue incapaz de plantearse el hecho que la caja podía estar relacionada con la obtención de la banana. E igualmente sucedió con los palitroques.




Esto plantea el hecho que el mono no era capaz de separarse de la observación más cercana: no era capaz de proyectar sus acciones para obtener un objetivo determinado. Nuestros antepasados homínidos dieron ese paso fundamental: ellos sí fueron capaces de proyectar esa acción a un futuro inmediato. Imaginemos a uno de esos homo habilis: se acerca a un panal de miel, y el pobre desgraciado no sabe que las abejas pican. Después de unos pocos picotazos y de lamer la escasa miel que ha podido alcanzar con sus dedos, empieza a reflexionar. Estos homos habilis se encuentran con una necesidad (como por ejemplo, alcanzar miel de un panal), la abandonan (se separan del panal y reflexionan), idean un objeto para solucionar esa necesidad (una pala para recogerla, que evite acercarse demasiado a las irritadas abejas), construyen dicho objeto (buscan palos, o una piedra lisa, o construyen una especie de paleta), y después acuden de nuevo al lugar donde estaba esa necesidad apremiante. Después, si no es demasiado tonto, se echará a correr con su palo o herramienta y su dulce premio en el extremo. Podemos simplificar de la siguiente manera esta separación del hombre respecto al medio:
Necesidad concreta reflexión fabricación de instrumento utilización
En este proceso de adquisición cultural, la fabricación de instrumentos tiene un significado muy importante: conlleva que ese homínido definitivamente anticipa el resultado de la acción. Los primeros utensilios conservados son líticos3. Esto es debido, evidentemente, a que son los únicos que pueden perdurar en el tiempo: el resto se han perdido. Naturalmente, estos primeros utensilios son rudimentarios, y se abandonan poco después de ser utilizados. Sin embargo, poco a poco, esos instrumentos ganan tanto en precisión como en uso. Si antes un guijarro tenía unos pocos cortes, ahora esas piedras son talladas con métodos muy complejos y van diversificando sus funciones. De la primitiva “chopping tool” (herramienta de corte) vamos adquiriendo hachas (para cortar la carne), raederas (para limpiar la piel de los animales), puntas (para flechas), arpones (para pescar). Esta diversificación permite una mayor complejización de esos grupos humanos, y una más eficiente adaptación al medio: la caza, que era la actividad por excelencia de estos homínidos primitivos, va complementándose con la recolección o la pesca. Y también aparece un mayor distanciamiento del medio: El lugar donde produce los instrumentos está cada vez más lejos del lugar donde los usa. Su acción está cada vez más premeditada y menos determinada por una reacción inmediata e instintiva del medio.
El homo erectus va a realizar otros hallazgos muy importantes en ese dominio del medio. El descubrimiento del fuego será uno de los más importantes: permite protección frente al frío, la defensa contra los animales salvajes, así como el dominio de la oscuridad. Igualmente la conservación del mismo (en una hoguera) también nos permite suponer que este homo erectus ha logrado un asentamiento relativamente estable en un lugar (aparecen también los primeros restos de cabañas y “hogares” de la historia).
2.3. Nuevos elementos culturales: arte, religión y magia. Homo sapiens.

Y sin embargo, todavía falta un elemento fundamental en esa paulatina separación del medio que hace el hombre. El fuego, el hacha, el arpón o las raederas tenían una función particular con respecto al medio. Sin embargo, ese hombre primitivo se enfrenta ahora con un nuevo tipo de necesidad que ya es completamente separada del mero instinto de supervivencia. En un momento determinado de la evolución, ese hombre siente placer ya no sólo ante la eficacia de sus instrumentos, sino ante determinadas cualidades de esos instrumentos que nada tienen que ver con su eficacia. Así, ese hombre, que acaba de concluir su arpón en hueso, se descubre grabando varias líneas en el instrumento, haciendo figuras geométricas sobre la superficie del hueso. Esos triángulos o cuadrados no hacen el arpón más útii: tienen una finalidad meramente estética. El hombre ha descubierto el arte. El hombre de Neanderthal nos deja ya obras de arte y el hombre de Cromagnon ya produce pinturas rupestres de excelente técnica.
Todavía existe una manifestación distinta respecto al medio. Aunque se remonta mucho antes, aparece plenamente con el homo sapiens. El homo antecesor –el encontrado en Atapuerca- practicaba el canibalismo y la trepanación como un ritual mágico o religioso: esto significa la primera manifestación metafísica o simbólica de la humanidad. El individuo se apropiaba de ese cuerpo con la creencia de poseer las cualidades del difunto. Esto se ha practicado a lo largo de la historia en más ocasiones (los aztecas, por ejemplo). Sin embargo, con el tiempo fueron sucediéndose distintas creencias religiosas, no necesariamente tan cruentas: el culto al oso asociado al homo Neandertal, es una de ellas y posteriormente el culto a la fertilidad (a través de las “venus”: estatuillas femeninas encontradas en Europa a finales del Paleolítico).
Estas manifestaciones religiosas y artísticas significan ya muchas cosas: el hombre tiene capacidad simbólica. Esto implica también que dispone de un lenguaje muy desarrollado y aprovecha su condición artística para expresar esos símbolos de formas muy elaboradas. Así, una “Venus” no es sencillamente el intento de copia realista de una mujer: se trata de un símbolo, una representación de algo que va más allá de la figura esculpida.
1. El nacimiento de la religión y la magia: Atapuerca

Vamos a detenernos un instante en lo que se supone que es una de las manifestaciones más primitivas de “creencia” o “metafísica” humana, a través de un ritual y unas prácticas sociales determinadas.

Atapuerca (Burgos) es un caso particular en la historia de la arqueología. En la Gran Dolina (Atapuerca) se encontró un osario de hace 800.000 años, con un homo distinto del resto de especies conocida hasta entonces, el homo antecessor. Pero Atapuerca trasciende no sólo por las nuevas especies humanas que encontramos allí, sino por las prácticas que podemos reconstruir de esos hombres. No nos encontramos con un mero “hogar” de un grupo primitivo, por la abundancia de los restos humanos de muy diversos tipos. El hecho de encontrar tal número de huesos, ha dado pistas a los arqueólogos para suponer lo que ocurría con esos hombres. Supuestamente era el lugar donde se depositaban multitud de restos humanos. Algunas indicaciones apuntan a que aquello no era un cementerio normal, sino que existía algún ritual canibalístico. Todos esos restos presentaban un orificio en el cráneo. Al morir, esa trepanación se había hecho con la creencia que al tomar el cerebro de esas víctimas los vivos adquirían las cualidades y fortalezas de los muertos. Esta sería una de las primeras manifestaciones humanas en las creencias mágicas.




2. La magia, según George Frazer.

George Frazer (1854-1941) es uno de los fundadores de la antropología cultural, y se interesó especialmente por las creencias mágicas (hasta el punto de reducir la religión a magia). Según Frazer, el mago prentende dominar el medio a través de una serie de rituales muy particulares. Estos rituales, que deben ser cumplidos estrictamente, tienen dos esquemas lógicos determinantes: el primero obedece a la ley de similitud (law of similarity: homoeopathic magic) y el segundo es lo que se conoce por magia por contagio (contagious magic)

El mago imita la naturaleza: para provocar lluvia, en numerosos tribus indígenas americanas, el chamán escupe al suelo. Con ese rito pretende que la naturaleza le obedezca a través de esa imitación. Un ejemplo de magia por contagio es la de aquellos filtros amorosos que requiere una parte del cuerpo de la persona a la que se quiere enamorar. El pelo de ese sujeto representa y “contagia” a dicha persona en su totalidad. La magia negra del vudú también actúa de la misma forma. Los usos de La Gran Dolina responden a esta segunda forma de entender la magia: al consumir o tomar el cuerpo de los caídos, serían capaces (por “contagio”) de heredar sus cualidades pasadas.


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