La medicina escolástica y la medicina del renacimiento (siglos XIV-XV)




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LA MEDICINA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA DEL RENACIMIENTO (siglos XIV-XV)


La Filosofía Escolástica abarca los siglos XIV y XV. El Renacimiento florece en Italia en el siglo XV. Los médicos del Renacimiento trabajan a partir de nuevas traducciones de Hipócrates y Galeno. No cambian radicalmente la línea de actuación.

La medicina de estos siglos y posteriores va entre dos concepciones contrapuestas, el mecanicismo (el universo como mecanismo) y el panvitalismo (el universo como organismo). "Mecanicismo, vitalismo y empirismo" son las palabras elegidas para designar esa primera etapa de la medicina moderna. Para unos el mundo sería un mecanismo y para otros un organismo. En el organismo todo está vivo (roca, planta, animal, astro) y todo se mueve por una fuerza. Comienza la última etapa del galenismo.

Descartes estableció la separación de dos realidades, la mente o res cogitans y la materia o res extensa, manteniendo la dualidad aún vigente de cuerpo y mente, y la idea mecanicista del cuerpo, el cuerpo como máquina.

Dentro de la visión mecánica del universo, el saber médico fundamental es la anatomía (Vesalio), dentro de la concepción organísmica, ese saber fundamental sería la alquimia (Paracelso)

En esta época actúan dos actitudes: la empírica (la realidad es según nos lo muestran los sentidos) y el racionalismo (visión racional de la realidad de la naturaleza).

Aparecen dos escuelas: la iatromecánica y la iatroquímica. Los primeros interpretaron las funciones orgánicas de acuerdo con el modelo físico–matemático procedente de la obra de Galileo o conforme a los supuestos mecanicistas del pensamiento de Descartes; los segundos, las concibieron como procesos químicos en la línea que provenía de Paracelso.

A pesar de su espíritu crítico, los clínicos renacentistas siguieron en todas las doctrinas médicas de los clásicos, particularmente Galeno. Sólo Paracelso indica Pagel, se apartó entonces de las concepciones tradicionales respecto a la constitución de la materia, la causa de las enfermedades y la acción de los medicamentos.

Girolamo Mercuriale (1530-1606) inspirado en los deportes antiguos griegos publicó “Artis Gymnasticae apud antiquos” (1569) considerada como la primera en su género, aunque ostenta este privilegio el “Libro del ejercicio corporal” (1553) de Cristóbal Méndez (c. 1500-1560) médico de Jaén que ejerció en México.

PARACELSO


Paracelso, Theophrast von Hohenheim (1493-1541) es el más controvertido e inconformista de los médicos. Tiene una fuerte personalidad que le lleva a romper totalmente con la tradición médica de Hipócrates y de Galeno. Llegó a quemar públicamente el grueso volumen del Canon de Avicena el día de San Juan de 1527.

Hasta entonces el catarro era debido al desequilibrio de los humores y esta era la causa común de la enfermedad. Una determinada materia de la comida se evaporaba en el estómago y ascendía hacia el frío cerebro. Allí se condensaba y como un alambique se le hacía descender (fluir hacia abajo-kátarroos) en forma de moco corrosivo que causaba neumonía o tisis cuando alcanzaba al pulmón, reumatismo cuando afectaba a los huesos y articulaciones, etc...

Paracelso habla de localizar la enfermedad, de clasificarlas por el órgano afectado o las causa que la producen o las alteraciones resultantes.

Según él todos los seres vivos o inanimados están integrados por la combinación, en proporciones variables, de tres sustancias: el mercurius, el sulphur y la sal. Las sustancias eran al mismo tiempo elementos dentro de una concepción química y modos de comportarse la materia; al quemarse un cuerpo, el mercurius era lo volátil, que se escapaba en forma de humo; el sulphur, lo combustible, que producía la llama; la sal, lo resistente al fuego, que quedaba así en las cenizas. En el cuerpo del hombre, Paracelso suponía que la ordenación de las tres sustancias se debía a una fuerza vital específica que llamaba arqueo o arcano (archeus o arcanum). Estas ideas son recogidas de la Alquimia. Es Paracelso el que llama "elementos " a la tierra, agua, aire y sol.

En su primer libro “Paramirum” (c. 1520) mantiene el paralelismo del microcosmos del hombre, y el macrocosmos del universo que le rodea, gobernados ambos por la misma leyes de simpatía y antipatía, y animados por un principio vital que llama archeus (arqueo). Paracelso denomina el archeus como el "médico inte­rior". Los Gnósticos llamaban archones o archei a espíritus que actúan en la naturaleza. Paracelso apelaba a los poderes naturales de curación. Creía que eran principios activos contenidos en los tejidos y trataba de darles su oportunidad mediante un tratamiento conservador y expectante.

En “Paragranum” afirma que la base de la medicina está en el estudio de sus leyes físicas y cósmicas y en la preparación de remedios químicos específicos para cada enfermedad que contienen un arcano que va actuar contra la causa de la enfermedad y no contra los síntomas. Se mueve en la capacidad metafísica de los elementos y en el mundo “mágico”, penetrando en las fuerzas invisibles que hacen actuar la materia visible. Procuraba extraer la quintaesencia (quinta essentia) o fuerza vital de cada materia médica. Ideas ya presentes en los alquimistas.

Como causa de las enfermedades acepta influencias cósmicas, sustancias tóxicas y venenosas, causas naturales o predisposiciones, motivos psíquicos (ens spirituale) y la intervención divina, rechazando la patología humoral galénica entonces dominante.

Según J: Chuaqui en esta obra trata Paracelso de las cuatro columnas sobre la cuales está edificada la medicina, y esas son: la filosofía, la astronomía, la química y la virtud. Coincibió al cosmos como un organismo, en el que está el amor, y el hombre como un microcosmos; ambos formados por las mismas sustancias químicas.

Sostiene como método de aprendizaje la observación subjetiva del entorno, sin detenerse en la apariencia fenomenológica con la intención de penetrar en las fuerzas invisibles que actúan sobre la materia visible. Para ello el espíritu del observador debe abandonarse y unirse al de lo observado, en comunicación de objetos astrales. Mediante lo cual se lograría el conocimiento profundo de la manera de actuar de una planta o de un mineral; la unión sería posible porque el hombre tiene en sí algo de todos los objetos y puede llegar a conocer su arcano, el <>. Este método de aprendizaje se debe a su creencia del estrecho paralelismo entre el macro y el microcosmos y a la ley de la simpatía y antipatía de la naturaleza, según la cual lo semejante tiende a su semejante y repele a lo diferente.

La cosmología de Paracelso admite un principio, invisible e ideal, antecedente del mundo sensible el cual denomina <<iliastrum>> o materia prima, relacionado con el primer impulso creador, <<la palabra de Dios>>; el <<iliastrum>> se presenta como el arquetipo del agua, que sería el elemento madre, aunque contempla también los otros tres (tierra, aire , fuego) designados por la antigüedad clásica, con el matiz de considerarlos algo <> frente a la <> atribuida por los clásicos.

La concepción química ( de la que surge la iatroquímica, diferente a la iatromecanica de Descartes) de los procesos biológicos en los seres vivos fue iniciada por Paracelso con el uso interno de sustancias minerales (mercurio, arsénico, metales...) en el tratamiento de las enfermedades, que rompía con la tradición galénica. Hasta entonces se había utilizado especialmente los vegetales. Fue un gran difusor del uso de las aguas minerales. Utiliza los minerales en dosis mucho menores a los pocos minerales hasta entonces utilizados.

Mantuvo ideas espiritualistas no ortodoxas, influido por la línea del neoplatonismo y de escuelas esotéricas que habían sobrevivido ocultas a la Edad Media.

Tuvo una actitud conservadora y expectante ante la enfermedad. Una recomendación suya, según Laín Entralgo, era dejar entrar aire fresco en la habitación del enfermo. Practica aborrecida por la medicina tradicional en los casos quirúrgicos.

En el fondo su trabajo fue empírico, no racional, con una vía abierta al mundo espiritual. El historiador A. Brauchle, especializado en la línea de curación natural indica que Paracelso reconoce la fuerza curativa natural y el comportamiento respetuoso con las leyes naturales. Pero al mismo tiempo utiliza metales, como el antimonio, el arsénico, las sales de plomo, el cloruro de hierro, el sulfato de hierro, el cloruro de oro, el sulfato de potasio, las sales de cobre, el bismuto y el cinc.

Defiende los principios homeopáticos de la doctrina de las signaturas, o selección de plantas que por su forma o color parecen mostrar una afinidad con algunos órganos. La psicología de Paracelso es radicalmente psicosomática, el alma sobre todo mediante la imaginación, es capaz de determinar alteraciones corpóreas patológicas en uno mismo, e incluso en otras personas.

Cita Honorio Gimeno a Paracelso, cuando dijo que “de la Naturaleza proceden la enfermedad y la curación”

Para los posteriores paracelsistas siempre fue muy importante la analogía entre macro y microcosmos. El ser humano es parte del microcosmos y en él están representados todo el universo. Al mismo tiempo la mayoría de ellos se consideraban herederos de la alquimia medieval. Los paracesistas recurrieron a las fuerzas curativas de las aguas medicinales en los balnearios. Uno de los tratados es “De medicatis aquis” (1564) de Gabriele Fallopio donde hace un análisis exhaustivo de la composición anímica de las aguas.

Para Robert Fludd (1574-1637) el sol es la sede del espíritu divino del Señor. Los rayos de sol proporcionan alimento aéreo que circula por el cuerpo manteniendo la salud.
Las cuestiones filosóficas que en Paracelso y Cardano están impregnadas de neoplatonismo tuvieron interesantes reflejos en algunos médicos españoles como ha señalado Sánchez Granjel, Gómez Pereira (fl. 1550) de Medina del Campo, médico de Felipe II en su “Nova veraeque medicina”..., mantiene la idea de que la fiebre es un esfuerzo orgánico para recuperar la salud, y sólo difiere de lo normal en la intensidad del calor natural.

OTROS AUTORES

Fracastoro (1478-1553 comienza a hablar del contagio.

William Gilbert (1544-1603) es el primero que comienza a investigar con el efecto de los imanes.

Aunque ya era una característica de la terapéutica hipocrática, la dieta y el régimen de vida fueron el tratamiento preferido en el renacimiento. Las planta medicinales eran los medicamentos más utilizados en esta época. Ningún autor griego clásico de materia médica tuvo, sin embargo, una influencia comparable a la de Dioscórides, cuyo texto se mantuvo vivo tanto en griego, como en árabe y en latín durante la época medieval. A partir del Dioscórides Antonio de Nebrija preparó una edición en Alcalá de Henares (1518), que tuvo mucha influencia, donde incluyó una lista de las plantas medicinales que crecen en España.

Juan Huarte (1529-1588) médico de San Juan de Pie de Port, graduado en Huesca, tuvo gran influencia en el desarrollo posterior de la psicología.

Los médicos de esta época discutieron temas profesionales tan importantes como la ética profesional, en el Retrato del perfecto médico (1595) por Enrique Jorge de Enrique, y en Medicorum incipientium medicina (1598) de Juan Alonso y de los Ruizes de Fontecha.

Martín Lutero (1483-1546) observa que Los pensamientos angustiosos traen enfermedades físicas: cuando el alma está oprimida, también lo está el cuerpo.”

Para el escritor Michel de Montaigne (1533 1592) la madre Naturaleza es la gobernadora autónoma de Dios sobre la tierra, la portadora de todas las fuerzas, adoptando una idea sobre ella radicalmente opuesta a la cristiana. “Nuestra obra maestra más grande y espléndida es vivir correctamente”. En cuanto a la enfermedad, dice: “Se debería dejar el camino libre a la Naturaleza y a la evolución de la enfermedad. El conjunto de la enfermedad está formado según la imagen del ser viviente”

LA MEDICINA DEL BARROCO Y LA MEDICINA DE LA ILUSTRACIÓN (siglos XVII-XVIII)

El siglo XVII corresponde a la época Barroca (1600-1740). Aparece el metodo experimental en las ciencias y cambia el concepto del mundo con Copérnico, Kepler, Newton y los nuevos instrumentos: microscopio, termómetro,...al mismo tiempo que la ciencia se revela contra la tradición.

El siglo XVIII corresponde a la época de la Ilustración o de Las Luces.

En los siglos XVII y XVIII continúan las dos corrientes filosóficas que básicamente aparecen en el desarrollo de la humanidad: el empirismo (los sentidos y la experiencia directa inmediata y personal de la realidad) y el racionalismo (la explicación de la realidad a través de la razón). Es además una época guiada por una visión humanística, en la cual la facultad de la razón es la esencial para el ser humano pero sobre la base de los sentidos en el empirismo.

Con los empíricos del Barroco aparecen los métodos exploratorios y de medición y la historia clínica.

Hay dos escuelas de pensamiento opuestas la iatromecánica y la iatroquímica. La iatromecánica viene de Descartes y equipara al organismo con una máquina, mientras la iatroquímica lo hace con procesos químicos. Los “Principia Philosophie” de Descartes es una de las bases de la iatromecánica, mientras los escritos de Van Helmont lo son de la iatroquímica.

LA  IATROQUÍMICA

Joan Baptista Van Helmont (1577-1644) es el principal paracelsista de segunda generación y rompe con la teoría de los humores. Para él cada enfermedad tiene su agente específico propio. Hasta entonces y tradicionalmente había una enfermedad debido al desequilibrio de los humores y afectaba a todo el individuo (catarro).

Se le considera iatroquímico, aunque para él los procesos químicos son dirigidos por un espíritu que Helmont denominó blas, equivalente al archeus de Paracelso. Este alma sensitiva de Helmont constituyó posteriormente el punto de partida del vitalismo. En la “Febrium doctrina inaudita”, consideró la fiebre como una reacción del cuerpo y no una putrefacción humoral. En las “Opuscula medica inaudita”. La química de Van Helmont esta influenciada por conceptos vitalistas y creencias esotéricas en la línea de Paracelso.

Para Van Helmont la enfermedad es una “semilla” que se introduce desde el exterior y actúa en el cuerpo como como una “espina clavada en la carne” y afecta localmente. Hay una lucha ente el huésped y dicha semilla y la enfermedad es el fallo del órgano para dominar dicha semilla. La terapia requiere en primer lugar de “diagnosis”

Apuntó en relación al asma la hipersensibilidad del organismo a los agentes químicos, alimentos, cambios climáticos, esfuerzo físico. Reconoció el componente psicosomático en relación con las emociones reprimidas en dicha enfermedad. Comenta el caso de un claro trastorno psicosomático: “un sabio y prudente ciudadano que fue públicamente ofendido e injuriado por un noble a quien no podía responder por miedo de encontrarse totalmente arruinado; en silencio disimuló y aguantó la reprimenda, pero inmediatamente después le atacó el asma”

En la fisiología de Silvio y Willis y otros, la enfermedad desempeña un papel primordial en la patología de la fermentación. La fiebre para Willis es un trastorno de la fermentación. La fermentación es un proceso natural y vital del organismo y su alteración es la enfermedad.

LA  IATROMECÁNICA

La iatromecánica, a veces también llamada iatrofísica, tiene como lema: todo se puede medir y pesar. Da lugar a una fisiología mecanicista, en la que la vida está regida por causas mecánicas. En la patología cobra especial importancia la fibra y su tensión o relajación, y puede ser fibra muscular, fibra membranosa...

Borelli (1608-1676) ve la vida de la materia humana en contínuo cambio, de modo similar a Heráclito e indica que los movimientos animales obedecen a leyes mecánicas y matemáticas.

Stenon (1648-1686) la fibra muscular es para él lo que para Galeno era los humores y lo que para Virchow será la célula. Es la unidad corporal.

Según Santorio (1561-1636) las enfermedades se relacionan con la retención de las diferentes sustancias tóxicas que el organismo contiene en lugar de eliminarlos por la piel: Esto condujo a la utilización de diaforéticos, excitantes y baños que facilitaban la eliminación de los humores.

En la terapéutica de la época barroca se observa aun la persistencia de recursos tradicionales del galenismo, con especial importancia de los supuestos métodos de evacuación de humores tales como los purgantes y la sangría. Durante dicho periodo cobra especial auge la clisteroterapia (la jeringa o clister era el instrumento utilizado para introducir por el ano los enemas), encaminada a la eliminación de la materia morbosa. Además tiene lugar un gran auge de la hidrología.

Descartes (1596-1650)separa pensamiento y materia yconsideraba al ser humano como una máquina física con un alma inmaterial, donde distingue órganos mecánicos como el corazón, cerebro y estómago. Excluye los principios vitales, el alma vegetativa y la sensitiva, explicando mecánicamente todas las funciones del cuerpo.

SYDENHAM

Tomas Sydenham (1.624 - 1.689) Hanna Kamieniecki cita a Sydenham: "Las fiebres son reacciones curativas, testimonian el esfuerzo de purificación por parte del organismo que busca espontáneamente eliminar las sustancias mórbidas"."Según mi opinión la enfermedad no es más que el esfuerzo cumplido por la naturaleza para exterminar la materia mórbida, procurando con todas sus fuerzas la salud del enfermo".

Para la patología tradicional, el proceso morboso es, primariamente un pathos, una afección pasiva; para Sydenham es, ante todo, un proceso activo, “un esfuerzo de la naturaleza”. Este esfuerzo que combate la materia mórbida conduce a la curación del enfermo.

En una ocasión, un noble preguntó a Sydenham qué libro de medicina le aconsejaba. La respuesta fue: lea Don Quijote, que es un libro muy bueno; yo no me canso de leerlo. Da a conocer el rechazo por parte de Sydenham de la patología hasta entonces existente, que era la galénica, y la que pretendía ser moderna apoyándose en la química o en la física pero sin abandonar de hecho la especulación.

Sydenham unifica la experiencia y la razón. Apela a la observación y a la experiencia. Comienza a clasificar las enfermedades con la descripción de cada especie morbosa. Describe por síntomas la especie morbosa. Une la influencia del alma (anima) con ideas mecanicistas e influyó en el desarrollo del vitalismo. Representa a la corriente empírica en la medicina.

Mantiene amistad con el filósofo Locke y uno y otro se influencian mutuamente. Recoge de Locke la idea de que no podemos conocer la esencia de ninguna cosa, por lo tanto tampoco de las enfermedades, por ser nuestra inteligencia natural limitada. Pero aun así hay que buscar su curación o mejoría.

Fue escéptico ante las correlaciones clinicopatológicas, análisis químicos y las observaciones microscópicas. El médico debe corregir los fallos de la naturaleza “cuando ésta torcidamente trata de expeler la causa morbosa”.

Divide las enfermedades en agudas y crónicas. En las primeras el esfuerzo de la naturaleza por alcanzar la curación es mucho más intensa debido a tres factores fundamentales: la cualidad de la materia causante del morbo, la localización de esa materia en la sangre y la mayor vitalidad natuaral del que padece la enfermedad. Por el contrario en las enfermedades crónicas, tanto la cualidad de la materia, como su localización no hemática (fuera de la sangre) y la escasa vitalidad natural del enfermo, hacen a veces que la lucha sea más débil y prolongada. Se apoya en el humoralismo galénico y en las teorías iatroquímicas.

Las enfermedades crónicas son originadas por el régimen de vida del hombre, mientras que las agudas, en cuya sintomatología predominaba la fiebre, intervenían la influencia del medio ambiente sobre la especie morbosa, la localización del humor exaltado en la sangre, la constitución del enfermo y la mayor gravedad de los morbos agudos. La llamada constitución epidémica o relación de las enfermedades agudas con el medio ambiente y la época del año, ya señalada por Hipócrates y Baillou, pero deducida por Sydenham de la morbilidad por fiebres en Londres entre 1661 y 1676, le hacen uno de los fundadores de la epidemiología. Para Sydenham las enfermedades agudas tienen como autor a Dios, mientras que nosotros mismos somos los autores de las crónicas.

Su principal diferencia con el galenismo es la concepción de la enfermedad como un proceso activo, un <<esfuerzo de la naturaleza>> Coincide con Paracelso en la búsqueda de alguna medicación específica capaz de hacer rápidamente lo que la naturaleza realiza con lentitud, pero se diferencia de él en su preferencia por Hipócrates y, por tanto, en su respeto a la acción de la naturaleza. Boerhaave le llamó el Hipócrates inglés.

Achaca las enfermedades epidémicas de primavera y otoño a una alteración morbosa de la sangre llamada por él “conmotio”, “ebullitio” y “fermentatio”. Esta idea es continuada por los iatroquímicos.

Recomienda la sangría en las enfermedades agudas, el régimen alimenticio, el ejercicio físico moderado y un reducido número de medicamentos.

Según Laín Entralgo, Sydenham consideraba de causa psicosomática a la mitad de todos los enfermos clínicos.

Al decaer la patología de la iatroquímica comenzó otra nueve vía, la de los grandes sistemáticos: Boerhave, Stahl y Hoffman. Ellos son los herederos de Sydenham.

LOS GRANDES SISTEMATICOS

HERMANN BOERHAAVE (1668-1738).

Boerhaave tomó partido por la iatromecánica y fue un gran botánico. Uno de los primeros investigadores en bioquímica.

A partir de las teorías de Galeno divide las causas de la enfermedad en: internas, externas, próximas o remotas; y las externas son ordenadas en cuatro grandes grupos, infesta (aire, alimentos, venenos), gesta (movimientos corporales, estados de ánimo), retenta (excreciones retenidas) y aplicata (sustancias que actúan sobre la piel).

Según él la naturaleza de las “fibras” en el cuerpo conducía a la salud o a la enfermedad.

Intenta curar mediante la terapia física, el ejercicio, los masajes y el calor húmedo (aplicado en forma de toallas y pediluvios). Recomienda también las fumigaciones. Administra al interior del organismo fórmulas magistrales en las que figuran principalmente las plantas medicinales. Recomienda también la equitación.

GEORGE ERNST STAHL (1660-1734)

Stahl trabajó con el principio igneo o flogisto(del griego phlox, llama). Fluido sutil que escapa de los cuerpos o metales al ser quemados. El aire es necesario para que ardan y se pueda absorber el flogisto.

Para él la inflamación es una reacción protectora del organismo, es decir, del cuerpo regido por el anima. Este anima regula los procesos orgánicos, por ello el médico no debe impedir la inflamación, ya que aunque la inflamación trae consigo alguna molestia, estas son mínimas si se les compara con lo podría suceder si no tuviera lugar.

Según Hanna Kamieniecki, Stalh, vitalista, introdujo esta corriente médica bajo el nombre de animismo. Stahl considera que la terapéutica debe respetar las reacciones naturales del organismo como la elevación de la temperatura y no contrariar las evoluciones espontáneas. Según Laín Entralgo, Stahl pensaba que los enfermos se recuperan con frecuencia de sus enfermedades sin la ayuda del médico, incluso, a veces, a pesar de esta ayuda.

La atención del médico, según él, debe ser la de prevenir, contrarrestar o ayudar a la naturaleza a restaurar el orden en todos los desequilibrios o desórdenes de las “acciones” del cuerpo, especialmente en los de las “acciónes vitales” (circulación y respiración). La enfermedad es un desorden o desajuste de un plan racional o “idea perturbada”, combinado con una reacción dirigida a la recuperación del orden.

Stahl no concedía importancia decisiva ni al conocimiento anatómico detallado, ni a las reacciones químicas particulares, por considerar al ser humano en salud y en la enfermedad como un todo regulado por el anima sensitiva, de ahí el interés que tienen sus ideas acerca de la fisiopatología de las enfermedades que hoy denominamos psicosomáticas. A este respecto insistió sobre los efectos patológicos de origen psíquico motivados por las emociones, que según Stahl podían afectar el feto de una mujer embarazada. Stahl era partidario de una conducta expectante en la clínica, y permitir que el anima corrigiera el mal corporal. Es considerado también como una animista.

Una patología basada únicamente en la física no basta para explicar la medicina. “¡Si ni tan siquiera un reloj puede repararse tan sólo con principios físicos, mucho menos podrá serlo el hombre”.

Valora los cambios corporales y su finalidad ante las emociones (por ejemplo en la cólera los cambios del cuerpo le preparan para el combate). La rabia no causa daño si puede descargarse sobre su objeto o incluso sobre otro que lo sustituya. Pero si se reprime durante mucho tiempo, la cólera puede originar desórdenes en la digestión y en la nutrición, así como la “languidez de las acciones vitales”.

Leibniz, el filósofo, expresó que la insistencia de Stahl sobre la facultad del anima inmaterial de afectar al cuerpo material pudiera tener como resultado final la corporalización del anima. Fue contrario a Stahl y en cambio apoyaba a Hoffman por mantener la opinión de que todos los hechos corporales ocurren mecánicamente. Disociando el alma del cuerpo.(Laín Entralgo)

FRIEDRICH HOFFMANN (1660-1742)

A diferencia de Stahl tiene una visión mecanicista del cuerpo humano. Todo se funda para él en principios anatómicos y “fisico-químicos-mecánicos”. Todo lo que acontece en el cuerpo son movimientos, el cuerpo es una máquina hidráulica con diversos humores y partes móviles, y las fibras son los últimos constituyentes del cuerpo humano.

Reconoció que las emociones producen cambios o alteraciones corporales, y describió una inflamación gastrointestinal por la cólera. Aunque según él el medico debía tratar sólo el cuerpo y rechazaba la psicoterapia.

Se ha dicho de Hoffman que decía a los que trataba que eran ellos mismos, a causa de su forma de vida, los responsables de la mayor parte de las dolencias.

Estudió la composición y uso medicinal de las aguas minerales, y las recomendaba en el tratamiento.

Tanto Hoffmann como Stahl consideran la principal causa del desequilibrio la <
> o el <<espesamiento>> de la sangre, lo cual evita su discurrir ininterrumpido y se debe, en muchas ocasiones, a graves errores dietéticos. En los procesos patológicos hay unas causas fisicoquímicas de movimientos perturbados. Ambos siguieron la tradición griega a través de los canales árabe y latino, y aceptan la teoría de las seis cosas no naturales.

Para los dos el cuerpo es, en cierto sentido, una máquina (movimiento incesante de parte sólidas y líquidas. Pero para Stahl la máquina corporal es movida por un principio racional, no corpóreo, la physis o anima, y de ese modo se transforma en un “organismo” (organismo diferente a máquina.

Tanto Stahl como Hoffman parece que utilizaron muy poco la sangría.

EL VITALISMO DEL SIGLO XIII

Para José María López Piñero: los sistemas vitalistas respondieron a la búsqueda de una vía media entre mecanicismo y animismo. Esta vía media se negaba a reducir el ser vivo en estado de salud y enfermedad a una máquina física o química, pero encontraba también insatisfactorio el recurso a una realidad extraña al organismo, como era el anima en sus diversas aplicaciones médicas. Aspiraba, por el contrario, a explicar la peculiaridad de la vida mediante un principio o fuerza inherente en el cuerpo. Para el vitalismo el principio vital es la causa de todos los fenómenos biológicos del cuerpo humano.

Además de los vitalistas, en la Ilustración, hubo iatromecánicos, iatroquímicos, más o menos cercanos al vitalismo y los materialistas mecanicistas.

Dos son las ideas bases del vitalismo que surge en esta época:

1- La capacidad de automoción de los seres vivientes: movimiento propiciamente dicho, crecimiento, procreación, etc.. como una propiedad especifica de ellos, frente a la condición inerte de los seres inanimados.

2- La referencia de la capacidad de automoción a un principio vital entendido como “fuerza” a la vez impulsiva, conformadora y ordenadora.

Entre los vitalistas se suele incluir a los animistas y organicistas, pero mientras los animistas seguían la tradición aristotélica y consideraban a todos los seres vivientes dotados de alma, los vitalistas afirman simplemente que la vida depende de algún principio vital. Una escuela afín, los organicistas creían que la vida dependía de la estructura y de la función vitalista del cuerpo, que no estaba dotado de fuerza espiritual alguna. Todas estas escuelas surgen como reacción a la visión materialista de los procesos corporales en términos puramente físicos, mecánicos o químicos.

El vitalismo puede definirse como la creencia en la existencia de un principio o fuerza que distingue a los organismos vivos del mundo fisicoquímico . Cuando las fuerzas vitales son lo suficientemente intensas para neutralizar factores adversos, el organismo permanece sano, mientras que el cese de la resistencia vital por factores adversos trae como consecuencia la muerte del organismo.

Algunos vitalistas explicaron la salud y la enfermedad en términos del alma. Stahl afirmó que los organismos se distinguen de la materia inanimada por la posesión de un principio vital que él llamaba anima. La enfermedad era simplemente un debilitamiento de la función del alma en el organismo. Los vitalistas franceses usaron el termino principio vital en vez de anima, pero mantuvieron que las anormalidades de este principio vital causaban la enfermedad.

 

Michael Alberti (1682-1757) discípulo de Stahl, dice que “la inflamación es una de las más saludables y ventajosas operaciones de la naturaleza”.

Conocidos vitalistas fueron: Bordeau, Barthez y Pinel, Robert Whytt (1714 – 1766).

Teóphile de Bordeau (1722 – 1776) cree que cada órgano y cada tejido del cuerpo tienen su “fuerza vital”. Para Bordeau la enfermedad sería un desorden anatomofisiológico, al cual la fuerza vital trata de conducir hacia el buen orden de la salud.

Joseph Barthez (1734 – 1806) El desequilibrio del principio vital es el origen de todas las propiedades biológicas, es el origen de toda enfermedad. Defendió la existencia de un <<principio vital>> responsable último de todos los fenómenos de la vida. El principio vital no es idéntico al alma. Según él hay una radical tendencia operativa a la curación de las enfermedades, la vis medicatrix naturae de los antiguos. Utiliza una conocida idea de Newton, el cual opina que existe en el sistema del universo una fuerza desconocida en su esencia, la fuerza de la gravedad, la cual puede reconocerse por sus efectos visibles, pero que no se sabe lo que es ni como se originan sus efectos. Esta idea surge una y otra vez en el vitalismo francés e inglés.

Robert Whytt esbozó la idea del principio sentiente o alma. Con ideas similares a Stahl. El comportamiento predeterminado del alma – el centro de simpatía – tendía a provocar una serie de reacciones beneficiosas al cambiar las circunstancias externas. Esta teoría es la percusora de la reacción refleja. Whytt puede considerarse como un animista, línea que para algunos autores proviene de Paracelso, Van Helmont y Stahl.

John Brown (1735 – 1788) mantiene una línea que luego es conocida como “brownismo” y habla de excitabilidad. Decía que un grado moderado de excitación era necesario para la salud, en tanto que un exceso o una disminución debían ser regulados, aumentando la excitabilidad (excitantes) o disminuyendo la (remedios soporiferos). Cuando el hijo de Brown contrajo la viruela, lo desnudó, redujo su dieta a “sustancias vegetales líquidas” y le permitió moverse a su placer. El niño se recuperó rápidamente.

Utilizó el opio en los tratamientos y el mismo murió víctima del opio y el alcohol. Brown actuaba siempre, no se abstenía como los hipocráticos y se le achaca haber provocado muchas muertes.

John Hunter (1728 – 1793). Es seguidor de Sydenham, al mismo tiempo que incorpora parte del animismo de Stahl. Reconoce un principio vital, autentica causa de las actividades vivientes. La invariabilidad del calor corporal, pese a violentos enfriamientos confirma esta idea. Para él la sangre esta animada y consideró la coagulación como el último proceso vital de la sangre moribunda. Cuando el alimento se convierte en sangre llega a ser al mismo tiempo, materia vitae, viviente. Las funciones vitales no es consecuencia de la estructura sino su fundamento. Argumentaba que un cadáver se “digiere” a sí mismo, lo cual comprobaba la doctrina de Stahl de que toda la materia viviente posee espíritus animales que le preservan de sustancias capaces de disolverla después de la muerte. Escribe, al parecer recogiendo del escrito de Alberti, que “no debiera ser considerado la inflamación como una enfermedad, sino como una operación saludable, consecuencia bien de alguna violencia, bien de alguna enfermedad”.

José II en el Hospital general de Viena, abre la atención medica para todos, para todas las clases sociales, todas las edades y para todas las enfermedades, apoyó al mismo tiempo a las madres solteras. En la maternidad de este hospital se formó Lucas J. Böer (1751-1835) que prestaba atención a las fuerzas naturales, contra las intervenciones artificiales. Concordaba así con lo que preconizaba Rousseau “el retorno a la naturaleza”

John Friedrich Blumenbach (1752 – 1840) profesor de fisiología, habla del “impulso configurador” o propiedad del cuerpo viviente de adquirir, mantener y regenerar la forma que le es propia. Es una versión morfogenética de la “fuerza vital”. Un impulso innato autoformativo del cuerpo humano.

Entre los vitalistas alemanes destaca Friedrich K. Medicus (1736-1808) quien postuló para el hombre un alma espiritual, la fuerza vital y el cuerpo material.

Entre los médicos ilustrados se desarrolló pronto un rechazo de las terapéuticas desarrolladas y como resultado de ello tuvo lugar un renacimiento del hipocratismo y del naturalismo. Ante el escepticismo de la terapia en la ilustración surge un renacimiento del hipocratismo y de la creencia en la “vis medicatrix naturae”. Hay un auge del naturalismo terapéutico y con el auge del vitalismo se traducirá en un nihilismo terapéutico muy difundido en la clínica del romanticismo. Según Laín Entralgo este “naturalismo terapéutico” de la ilustración condujo a la apelación de los médicos a las diversas “fuerzas naturales” en la terapia: agua, cuerpos electrizados, oxígeno, magnetismo animal.

Surgió un nuevo auge de las curas hídricas. Autores conocidos fueron John Floyer, William Wright, James Curie, en Inglaterra; Sigmund Hahn y sus dos hijos en Alemania; Nicolo Cipillo y Agostino Maglianiil médico dell acqua fresca – en Italia, Pedro Bedoya y Paredes en España. Los veremos más adelante.

HIGIENE PÚBLICA – MEDICINA SOCIAL

En el paso de la forma de vida medieval a la burguesa y la aglomeración en los núcleos urbanos aumenta la gota por la vida burguesa y las enfermedades venéreas y cutáneas consecuencia de la aglomeración. Hay una mayor frecuencia de fiebre tifoidea en aglomeraciones urbanas todavía carentes de una adecuada higiene pública. Consecuencia de lo psicosocial, en las grandes ciudades, hay un gran porcentaje de afecciones histéricas.

Hay un notable auge de las enfermedades propias de la miseria suburbana, a la cabeza de ellas el raquitismo. Perduran a oleadas la peste, la viruela, fiebres exantemáticas, la malaria, las afecciones tíficas, la disentería, la influenza.

Por primera vez se habla de medicina social y se llevan a cabo logros importantes en salud pública, y según J: Chuaqui, pasa a primer plano la idea de la prevención de enfermedades. Se habla de condiciones sociales como causa de enfermedad. Se mejoraron las condiciones higiénicas de las cárceles y hospitales y de la canalización de las aguas.

Hasta bien entrado el siglo XIX la vida individual y social del hombre era, desde el punto de vista de su higiene, sobremanera deplorable. ... Solo bien entrado el siglo XVIII fueron instalados los primeros baños públicos en Liverpool. Muy claramente reflejan esta situación las cifras relativas a la esperanza de vida, que desciende algo entre 1300 y 1650 (no llega entonces a los 30 años, y sólo empieza a crecer resueltamente después de 1750).

El escocés John Pringle (1707-1782) señaló que la fiebre de las prisiones y la podredumbre de los hospitales eran idénticas e insistió en la limpieza y buena ventilación de los mismos para evitarlas.

Semion G. Zybelin (1735-1802) de la facultad de Medicina de Moscú, puso énfasis en señalar el papel del medio ambiente en la salud y la enfermedad.

John Huxham (1692-1768) en Gran Bretaña, en 1747 Huxham recomendó se diera una dieta de verduras frescas a marineros con escorbuto.

El renombrado filósofo y escritor Jean Jacques Rousseau (1712 1778), en su famosa obra pedagógica en forma de novela, titulada: “Emile ou de L´éducation”. se enfrentó a los pretendidos avances de la civilización de su época y a los enciclopedistas que confiaban toda la felicidad del hombre en el progreso y la cultura y aboga por un retorno a la naturaleza y a la sencillez: «Todo es bueno dejado a las manos del Creador. Todo degenera bajo las manos del hombre». Expone una concepción de la educación de los niños, que, según él, debería ser en el campo, fuera de la corrupción existente en la sociedad y en las ciudades.

Rousseau considera que el ser humano es bueno por naturaleza y que su personalidad debería ser respetada siempre por los padres y educado­res. En otro orden de cosas apunta: «Lo antinatural de la vida cotidiana condujo a que tuviera que desarrollarse y prevalecer un arte de curar». El arte de la medicina de su época es peligroso para él y le hace responsable de muchas muertes.

Opina que la única parte válida o aprovechable del arte de curar son los cuidados o medidas destinadas a fomentar la salud, que en aquellos tiempos todavía se consideraba más como una virtud que como una ciencia.

Rousseau, recogiendo el clamor social contra la mortalidad infantil durante esta época, mostró los daños que ocasionaban en Francia las madres que no criaban sus propios hijos. Al mismo tiempo se comenzaron a integrar ideas de puericultura en los libros de médicos, clérigos y madres que instruían acerca de las ventajas de la lactancia materna, los regímenes de vida, la ropa y la educación de los niños.

Johann Peter Frank (1745-1821) hizo la primera denuncia formal de la relación entre la enfermedad y la miseria:"La miseria del pueblo, madre de enfermedades". En su gran obra de medicina social revisó los problemas médicos del hombre, desde su gestación hasta la muerte, la higiene sexual, el embarazo, el parto, la puericultura, las comidas escolares, las ordenanzas municipales, alcantarillado, agua potable, en fin, una política sanitaria completa. Mientras era jefe sanitario de la Lombardia austríaca, pronunció en la Universidad de Pavia una conferencia (1790) señalando los males sociales como causa de enfermedades.Frank afirmó que el rico y el pobre tienen padecimiento peculiares... debido a que cada clase social sufre las enfermedades determinadas por su diferente modo de vivir y ofreció una descripción de las condiciones de vida que originan las enfermedades propias de los pobres.

Entre los higienistas franceses destacan René Villermé (1782-1836) y Louis- François Benoiston de Châteauneuf. El impulso académico francés se plasmó en la labor de la Real Academia de Medicina, fundada en 1820, y en los Annales d´Hygiène publique et de Médecine légale, publicados desde 1829, en donde se elaboró un concepto <<sociológico>> de la higiene. Según el mismo, las expectativas de vida de los trabajadores se relacionaban estrechamente con el grado de bienestar económico.

Las ideas <<sociológicas>> de los franceses impresionaron vivamente a algunos médicos ingleses como Jeremy Bentham (1748-1832), pero prefirieron quitar hierro al tema abordarlo desde perspectivas medioambientales, empeñados en evitar el influjo miasmático, disminuir la suciedad, mejorar los tratamientos de residuos, las condiciones de habitabilidad de las viviendas, el abastecimiento del agua, etc., en los que ha venido a denominarse la <<idea sanitaria>> de la Higiene Pública.

El vasco Ignacio María Ruiz de Luzuriaga, fue un importante fisiólogo e higienista, autor de una monografía sobre las intoxicaciones por plomo y óxido de cobre. Junto con él se interesaron por la epidemiología y la prevención, Antonio Capdevilla y José Masdevall.

Entre las enfermedades Laborales P. Pott (1775), descubre el cáncer de los deshollinadores de chimeneas. R. Willan (1757 – 1812) estudió muchas dermatosis laborales.

Thomas Percival (1740 – 1804) promueve la higiene en las fábricas y con otros colaboradores reconoce las causas sociales de la enfermedad. El químico Lavoisier intento mejorar la higiene de las prisiones.

El epidemiólogo B. Ramazzini (1633 – 1714) escribe un tratado sobre las enfermedades de los trabajadores. Para él la pobreza es la peor enfermedad.

El llamamiento del escritor Diderot a favor de una educación especial para los ciegos le llevó a prisión.

Tras la revolución francesa se crearon cátedras de higiene, destacando en ello E. Foderé.
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