La medicina escolástica y la medicina del renacimiento (siglos XIV-XV)




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VARIAS ESPECIALIDADES

PSIQUIATRÍA


Philippe Pinel (1745-1826), crea las Écoles de Santé en 1794. Pinel consideraba la enfermedad un todo indivisible con síntomas característicos posibles de ser clasificados en fiebres, flegmasías, hemorragias, neurosis y lesiones orgánicas. Otro aspecto de las contribuciones del Pinel fue su transformación de los centros de encierro de locos en instituciones hospitalarias para enfermos mentales en las que introdujo el tratamiento moral. Su “Traité médico- philosophique de l´alienation mentale”, París (1801), conservó la clasificación tradicional de manía, melancolía, demencia e idiocia, pero negó la influencia diabólica y postuló que los desórdenes emocionales eran la causa primordial de la alienación. En algunos de los aspectos terapéuticos, como son el trabajo del enfermo y su inclusión en grupos familiares, Pinel fue un precursor de los métodos psiquiátricos modernos.

OBSTETRICIA


La práctica obstétrica discurrió entonces según dos criterios, uno partidario de respetar la evolución natural del parto, que estuvo representado por Lucas Johann Boër, y el otro criterio fue el de intervención activa. Böer, apellidado en realidad Boogers (1752-1835), tuvo una conducta expectante y poco interventiva en el parto, inició la escuela de obstetricia vienesa donde, según sus palabras, el partero no debía comportarse como si la naturaleza hubiera olvidado actuar en el parto. En su obra dijo haber aplicado el fórceps sólo en 5 casos de 958 partos y evitó tactos y exploraciones innecesarias que creía eran responsables de las infecciones puerperales. Fue un gran defensor del “parto natural”.

LA MÚSICA COMO TERAPIA

Desde la prehistoria se recomendó el ruido para hacer salir del cuerpo de los enfermos a los <<malos espíritus>> causante de la enfermedad; luego Pitágoras y los pitagóricos aconsejaron la música para lograr la armonía universal y el retorno al equilibrio de las mentes enfermas, lo mismo que Asclepiades de Bitinia, Celso o los Regímenes de salud (Regimen sanitatis) medievales y renacentistas.

El Padre Rodríguez (Zaragoza, 1744) no limita el uso terapéutico de la música a las dolencias mentales o anímicas, sino que la aplica también a las corporales.

Felix de Eguia en un librito apoya el uso terapéutico de la música, cuyo título es un excelente resumen del contenido: Historia de la Tarántula y su mordedura, y cómo la música, saltar y brincar con ella, es su eficaz remedio... (Madrid, 1745), en donde se recoge las doctrinas sobre el tema de Giorgio Baglivi (1668-1707).

Varios años después, Manuel Irañeta y Jáuregui en su tratado del tarantismo... (Madrid, 1785), describe el tratamiento efectuado en los hospitales del cuartel de San Roque y recomienda los sudoríficos, la sangría y, en algunos casos, la música. El mismo año José Pascual mandó una memoria al administrador del hospital de Vich, titulada: Sobre la utilidad de la música para los enfermos... (Barcelona, 1785),

OTROS MÉDICOS DE LA ÉPOCA

En estrecha relación con la purgación comenzó a desarrollarse, sobre todo en la Francia de siglo XVII, la clisteroterapia, destinada a arrastrar la <<materia pecante>> causante de la enfermedad por vía rectal. Esta terapéutica se extendió luego a toda Europa y continuó su utilización entre los remedios cotidianos hasta épocas relativamente recientes.

Las sangrías, las purgas, el clister son utilizados de forma constante durante el barroco para eliminar la materia morbosa. El uso y abuso de estos métodos son criticados de forma satírica por Moliere y Quevedo entre otros autores, como bien dice Laín Entralgo. Sólo algunos médicos, entre ellos los más conocidos, rechazarán estos tratamientos.

Hasta el Barroco, lo que hoy llamamos Química, estuvo presidida por el paradigma alquímico. Ha de tenerse en cuenta, también, la espagiria, el aspecto material de las prácticas alquímicas. El médico Pierre Potier (Poterius) natural de Angers en sus tratados ( 1624 y sig.) se muestra partidario de la terapéutica espagírica y los remedios secretos preparados por él mismo con ayuda del arte espagírico. Al final del Barroco, la Química se separaba absolutamente de la Alquimia.

Bartolomeo Maggi recomienda en el siglo XVI curas lenitivas, reposo y dieta para curar las heridas por arma de fuego.

Francisco Henriquez de Villacorta (1615-1680). Sus obras, publicadas entre 1670-1680 en tres volúmenes, dan mucha importancia a la dietética y a la terapéutica y, dentro de ella, los purgantes ocupan un lugar primordial.

Miguel Martínez de Leache (1615-1673) . Miembro de una dilatada familia de boticarios, estudio las primeras letras en Tudela (Navarra). Afirma que << Más aprovecha la confianza en la curación de las enfermedades que las medicinas aplicadas por el médico>>. Y una vez aplicados los remedios, debe tener siempre presente que <>.

Theodore Tronchin ( 1709-1781 ), discípulo predilecto de Boerhaave, fue envidiado en París por sus éxitos con la inoculación preventiva de las viruelas y por su gran fortuna. Publicó una monografía sobre el cólico saturnino (1757 ) y en su práctica rehusó utilizar los cruentos remedios de su época y recomendó la psicoterapia y el ejercicio físico frente a las sangrías y los purgantes.

John Huxham (1692-1768) recomendó suministrar una dieta de verduras frescas a marineros con escorbuto. La acción preventiva de la fruta cítrica en el escorbuto y el progreso de la sanidad naval se debe a James Lind (1716-1794) quien demostró experimentalmente que la incorporación de las naranjas y limones frescos a la dieta de marinos evitaba la enfermedad.

Jean Baptiste P. A. De Monet de Lamarck (1744-1829) , aunque no llego a usar el término <<evolución>>, comenzó a exponer una teoría de la transformación de los seres vivos basada en la ley del uso y del desuso de los órganos animales, que desarrolló en la Philosophie zoologique, París (1809).

Francois J. V. Broussais (1772-1838) mantenía como Brown (1780) que los fenómenos de la enfermedad sólo diferían de los de salud en intensidad y se debían a la inflamación o a la flegmasía de algún órgano.

Thomas Percival escribe un código de ética que fue un modelo para muchas generaciones.

James C. Prichard (1786-1848) fue partidario del tratamiento moral de los enfermos mentales.

J. Swift (1.667-1.745). “Los mejores médicos del mundo son: el doctor Dieta, el doctor Quietud y el doctor Alegría.”

MESMERISMO

Con Franz A. Mesmer (1734-1815) surge la utilización del trance hipnótico en el tratamiento de las enfermedades y en el control del dolor durante las intervenciones quirúrgicas, conocido como <<mesmerismo>>. Llevó a cabo su ejercicio profesional que se caracterizó por el uso de imanes y la sugestión. Mesmer mantuvo que sus curaciones se debían al fluido magnético que emitía y penetraban en el cuerpo de los enfermos, restaurando la armonía corporal de los humores.

El punto de partida de Mesmer fue las experiencias que realizó en Viena, en 1774, el jesuita P. Hell con los imanes como terapia. Del magnetismo del imán hizo extensible el “magmetismo animal”. Los cuerpos vivos emiten un fluido magnético que puede ser utilizado para curar. Llevaba a cabo pases magnéticos para transmitir el fluido magnético, luego inventó un aparato (baquet) o cubeta magnética que magnetizaba al enfermo. A veces ocurría la “crisis mesmérica” por la intensa magnetización que se continuaba de prostración, señal de haber conseguido un armónico reparto de fluido.

Continuando con los trabajos de Mesmer, A.J. Chastenet (1751-1825) da nombre al “sonambulismo provocado”, estado provocado similar al sonambulismo donde se despertaban facultades extraordinarias como la gran capacidad de memoria, la visión con los ojos cerrados o a través de objetos opacos y la predicción de acontecimientos futuros. Los sonámbulos podían ver la causa de los síntomas en los organismos.

El abate Faria (1756-1819) redescubre el método de la inducción del sueño por medio de la sugestión verbal y ello se constituiría en una de las bases del hipnotismo.

Oudet lleva a cabo extracciones dentarias sin dolor. Con James Braid surgió el hipnotismo.

Jean Martín Charcot (1825-1893). Inauguró en la Salpêtrière el primer servicio neurológico moderno en donde se usaba sistemáticamente la termometría, el electrodiagnóstico, la oftalmoscopia, un gabinete histopatológico, otro de fotografía y dibujo y un laboratorio de psicopatología.

Como dijo Sigmund Freud, Charcot fue el primero que explicó el mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos y también el primero en enseñarnos que para la explicación de la neurosis histérica es preciso recurrir a la psicología.

LA HOMEOPATÍA

La Medicina Homeopática surge en 1790 gracias a la obra del médico alemán Samuel Hahnemann ( 1755-1843). Hahnemann decidió experimentar sobre sí mismo con la corteza de quina, encontrando que dicha sustancia le provocaba un cuadro febril similar al paludismo. De la observación de este hecho planteó una hipótesis: ¿Será que el poder curativo de los medicamentos radica en su capacidad de provocar síntomas semejantes a los de la enfermedad que curan?

La idea básica de la homeopatía se basa en que para curar una enfermedad se utiliza un medicamento capaz de provocar la misma enfermedad cuando la toma una persona sana. Como decía Hahnemann, todo lo que produce fiebre puede curar la fiebre, todo lo que produce dolor de cabeza puede curar el dolor de cabeza; “similia similibus curantur”, lo similar cura a lo similar. La palabra homeopatía deriva del griego Homoios (semejante) y Pathos (enfermedad)

En el tratamiento se utilizan diluciones de las sustancias de la materia homeopática y se las dinamiza.

La principal obra de Hahnemann fue el Organon, escrito en 1810 y que ha sido muy utilizado por todas las posteriores generaciones de homeópatas.

Entre los principales discípulos de Hahnemann, podemos citar a Boenninghausen, Jahr, Hartmann, Stapf, Gross, Hering y Kent.

En 1845 el médico español José Núñez, considerado por Hahnemann como uno de sus más destacados sucesores crea la “Sociedad Hahnemanniana Matritense”, que desde el año siguiente edita su boletín, luego llamado Anales de Medicina Homeopática y más tarde El Criterio Médico.

HIDROLOGIA

Desde las culturas antiguas, Roma o el Islam, y las precolombinas en América, el agua y más concretamente los baños, habían sido utilizados con finalidad terapéutica, para el aseo personal y el placer. El método terapéutico de Pitágoras se basaba en el empleo de plantas medicinales, compresas de agua, práctica de una vida sana, gimnasia, así como en la limitación del consumo de carne.

Hipócrates recomendó el empleo de agua fría para combatir los dolores articulares inflamatorios (como era el caso de la gota), o de contracturas musculares; así como los baños en agua de mar para tratar erupciones cutáneas que daban prurito y todo tipo de herida simple que no estuviera infectada. Decía que las heridas de los pescadores, que estaban habitualmente en contacto con el agua, no se infectaban nunca, siempre que no manipularan sobre las mismas ni las sometieran a otro tratamiento. Recomendó el uso de irrigaciones (chorros) con agua caliente para combatir el insomnio y determinados dolores y espasmos. Empleó los baños de vapor, las compresas húmedas calientes con agua dulce o de mar, las bolsas de agua caliente (para aplicar calor seco), las aplicaciones calientes de barro o fango. En los focos infecciosos aplicaba una mezcla de agua de mar y miel. Aplicaba los enemas con agua un poco tibia y en algunos casos especiales utilizaba agua salada, agua de mar o leche para producir un mayor efecto.

Los antiguos germanos disponían, casi en cada pueblo de un lugar de baños. Tácito, tras un largo viaje por los pueblos germánicos, escribió que éstos se bañaban diariamente ". .. a menudo en agua caliente, porque allí, la mayor parte del tiempo es invierno".

En la Edad Media desaparece la costumbre de la utilización del agua, y solo se mantienen algunas estaciones termales. Los escritos sobre balneoterapia comenzaron en Italia en el siglo XVI, y sé fueron extendiendo hacia Alemania.

Durante el Renacimiento y en el Barroco, se produce un resurgimiento de las prácticas terapéuticas relacionadas con el agua.

El uso del agua como norma de higiene y técnica de curación se pierde en la memoria de los tiempos y aparece incorporado con rituales de purificación en muchas religiones; la administración interna del agua ha sido utilizada esporádicamente como remedio a lo largo de los siglos. El editor Iuntas (1553) reunió más de medio centenar de textos de autores clásicos sobre la utilidad de los baños en diversas enfermedades.

Nos encontramos ante la ambivalencia medieval hacia los baños: pueden ser beneficiosos en ciertas enfermedades, pero su uso excesivo lleva a conductas desordenadas, desde el punto de vista moral y ablanda la hombría de los soldados, por lo cual Alfonso VI (1040-1109) mandó destruirlos en toda Castilla. Los baños eran cosa de enfermos; se consideraban terapéuticamente muy activos para el equilibrio humoral, por lo cual debían tomarse con muchas precauciones

Del agua como bebida superior al vino, con posibles acciones medicamentosas y de los baños, se ocuparon durante el Renacimiento, los médicos Luis Mercado, Alfonso de Chirino, Luis Lobera de Avila, Francisco López de Villalobos (1473-1549), el mismo Juan Huarte (1529-80), quien en su Examen de ingenieros para las ciencias ... (Baeza, 1575) trató del agua y de sus efectos sobre el organismo y llegó a aconsejar la cantidad que debía ser bebida por los padres deseosos de engendrar hijos sabios.

El principal estudioso y partidario de la Hidrología durante la Ilustración fue el alemán Friedrich Hoffmann. Este autor, al que le hemos visto detalladamente entre los grandes sistemáticos, afirmó que las aguas constan de tres partes: una líquida, otra espirituosa sutil y una tercera sólida, salina o térrea.

Se ocuparon de la utilización del agua Julián Gutiérrez Toledo (m. Post. 1518), quien aconseja las aguas medicinales como curas excelentes, describe <<el vaño y como se debe fazer>>. Francisco Díaz (1530-1590) se ocupa largamente de utilidad del agua y de los baños para la litiasis y cita varias fuentes y baños. Gerónimo Pardo muestra su preferencia por el agua frente al vino, pues los excesos de este acortan la vida. También se preocuparon del agua, como remedio externo, varios autores: el cirujano Dionisio Daza Chacón (Valladolid, 1582) preconizaba su empleo en las heridas y puntualizaba la temperatura y los modos de aplicarla. A este respecto podría citarse también la creencia de las propiedades curativas sobrenaturales de ciertas aguas, empleadas luego numerosamente durante las epidemias.

El resurgir del interés por el agua en la salud se sitúa en Italia. Aparece el médico Michele Savonarola (1384?-1462), Gabriele Falloppio (1523-1562), Andrea Bacci (1567-1600), Agostino Magliani, conocido como <<il medico dell´acqua fresca>> y Niccolò CirilloEn Inglaterra John Floyer (1649-1714), William Wright y James Currie. Los hidrólogos franceses, en sus análisis de aguas, siguieron las indicaciones de Etienne-François Geoffroy (1672-1731), llamado <>. En el resto de Europa se ocuparon de las aguas medicinales, entre otros, Remaclus Fusch (1510-1587).

Fueron varios los médicos del Barroco que trataron de la hidrología. La interpretación médica de los efectos del agua fría en las enfermedades febriles fue expuesta por

Siegmund Hahn (1664-1742). Convencido de los efectos beneficiosos de agua fría en la fiebre, por la observaciones que realizó durante el tifus que padeció uno de sus hijos, Hahn publicó los conceptos hidroterápicos que amplió Johann Siegmund Hahn (1706-1773) otro de sus hijos, médico también, y explicó la fuerza curativa del agua fría, que ha tenido ediciones hasta nuestros días. Ademá recomendó el vegetarianismo.

El primer gran libro de hidrología español fue escrito por el médico Alfonso Limón Montero en su “Espejo cristalino de las aguas de España” (Alcalá. 1697). En este libro se hace un repaso de los manantiales, ríos, fuentes y baños, así como de las posibilidades terapéuticas del agua. En cuatro libros, se ocupa de las aguas simples y minerales en general y particular; de los baños de aguas termales de España y sus medicinas; de los baños de aguas simple, tanto frías como calientes, de su uso y de las aguas compuestas artificialmente. Éste sería el gran libro hidrológico legado por el Barroco a la posteridad. Otros autores fueron Antonio Mauricio Escuer, que en su libro Hidrología médica... (Zaragoza, 1701) recomienda el agua fría, ingerida o en fricciones, para corregir las calenturas. Vicente Pérez, en Sevilla, año1735, se mostró contrario a las sangrías y a las purgas y partidario de curar cualquier tipo de afección por medio del agua fría y caliente. Juan Vázquez de Cortes publicó “la Medicina de las fuentes: corriente de la medicina del agua”, en donde se mostraba contrario a la sangría y a las purgas, pues, en su opinión, causan sueño, nauseas y dolores. Valora una terapéutica basada en la utilización moderada del agua caliente y fría. Manuel Gutiérrez de los Ríos (Sevilla, 1736) se mostró contrario a la sangría, más aún a los purgantes e intentaba demostrar que el agua es medicina universal para todas las enfermedades. Proclamó, por primera vez, al agua como remedio universal. Cornejo y Mastrucio, admite el agua como remedio universal, lo mismo que Gutiérrez de los Ríos, quien explica las precauciones de los pacientes y cuando deben ingerirla fría, templada o caliente.

El vicepresidente de la Real Sociedad de Medicina y otras Ciencias de Sevilla, José Marcelino Ortiz Barroso, publicaba el Uso y abuso del agua dulce potable... (Sevilla, 1736). En su libro la consideraba como la <<única bebida natural destinada por la naturaleza para toda especie de animales>>, la prefería a cualquier otra bebida fermentada como el vino o la cerveza y aconsejaba tomarla muy fría a sanos y enfermos; por el contrario consideraba perjudicial ingerirla en infusiones, como aconsejaba Hoffman. Además daba normas sobre los baños domésticos.En 1749 es José Catalá de Centelles (Madrid, 1749), quien efectúa un estudio sobre los distintos tipos de agua; elige entre las mejores; afirma la necesidad de ingerir para mantener la vida y da normas sobre cómo hacerlo los sanos y los enfermos. Antonio García Godinez de la Paz en los Ocios médicos, explica el uso del agua desde un auténtico y comprensible escepticismo terapéutico. 

LA MEDICINA DEL SIGLO XIX

En el siglo XIX dominan varios sistemas. Tras la teoría mecanicista (Descartes, Borelli), panvitalista (Paracelso, Van Helmont) y la vitalista (Haller; Bordeau); surge en la primera mitad el romanticismo, además de la revolución industrial y la revolución liberal burguesa y en la segunda mitad surge otro modelo que bien podemos llamar físico-químico y evolucionista. También llamada positivista. Tiene lugar el nacimiento y la época dorada de la hidroterapia, la medicina naturista y la higiene natural.  

ROMANTICISMO  

FILOSOFÍA NATURAL

El romanticismo se desarrolla entre 1800 y 1848. Durante esta época surge la filosofía de Friedrich Wilhelm Schelling (1775-1884) y la “Naturphilosophie” o sistema de Filosofía natural. Para Shelling, naturaleza y espíritu son entre sí idénticos, una mitad indisoluble. “La naturaleza es espíritu visible, el espíritu es naturaleza invisible. El universo entero es una magna unidad, el macrocosmos es comparable a un gran organismo. Esta correlación no es, naturalmente corporal, pertenece al mundo de las ideas.

Utiliza la comparación y la conclusión analógica, métodos de la Naturphilosophie. Basada en una atenta y reflexiva observación de la realidad sensible, la “intuición intelectual” de Schelling. El organismo es la naturaleza en pequeño.

En la Naturphilosophie o Filosofía natural se tiene en cuente la dieta, el agua (hidroterapia), la electricidad, el mesmerismo (hipnotismo y magnetismo).

La actividad del romanticismo surge contra el frío entendimiento de la época del racionalismo y la ilustración. Se ama lo natural, lo sencillo. Se cultivan los sentimientos.

Esta Filosofía se centró especialmente en Alemania.

EL VITALISMO

Mientras la Filosofía natural o Naturphilosophie se desarrollaba en Alemania, en el resto de Europa entre 1770 y 1840 predominó el vitalismo. Según Stahl el anima es lo que impide la desintegración de la sustancia orgánica, y ésta lo hace mediante esfuerzos constantes de conservación.


Albrecht Von Haller demostró que determinadas partes son irritables (o contráctiles) en tanto que otras son sensibles (o sensitivas). Ambas se encuentran sólo en el organismo, son propiedades o fuerzas vitales. Los terminos irritables y sensibles son muy utilizados por posteriores autores vitalistas.

Charle Louis Dumas (1765-1813) indica que la física no tiene relación alguna con los procesos vitales, la vida no obedece a las leyes estrictas de la materia muerta. El estadio más inferior de la materia se rige por estrictas leyes de la naturaleza (física, química). Sobre este mundo de los cristales actúa un principio formal, en el reino vegetal; y sobre todo en el reino animal comienza una organización que llega a la sensibilidad del ser vivo superior,

John Abernethy (1764-1831) reconocía como principio vital una materia imponderable, que estaría especialmente emparentada con la electricidad.

Bichat (1771-1802). Para él las funciones vitales son muy variables y escapan a todo cálculo. Existe un principio vital, pero su naturaleza es desconocida, ya que el conocimiento de las causas primeras esta vedado al ser humano. Fue partidario de la experimentación animal, tendencia que por lo general no fue seguida por los vitalistas.

Charles Bell (1774-1842). La vida no es consecuencia sino causa de la organización estructural, y es una expresión de un permanente acto de creación divina. Varios autores están de acuerdo con esta última idea.

William Lawrence (1783-1867) subrayó, como Bichat, que la actividad vital se halla en estrecha dependencia de la estructura. Un principio vital asociado desde fuera es impensable. Todos los fenómenos vitales, entre ellos se halla también la vida espiritual; dependen directamente de la estructura y organización de los órganos.

Johan Gottfried Herder apoya la idea de una fuerza que en la organización de los seres vivos va ascendiendo de la irritabilidad de los músculos hasta la sensibilidad de los animales y del hombre.

Johan Christian Reil (1759-1813) concibe la fuerza de lo viviente como propiedad de la materia.

Johannes Müller (1801-1858) reconocido fisiólogo era vitalista. Es preciso una fuerza vital especial para la formación y conservación del organismo, ya activa en el embrión. La vida va unida a la excitación vivificante de la luz, el agua, el aire y el calor. Era también empírico en cuanto al valor que daba a la observación aunque era contrario a los ensayos por ser artificiales.

La mayor diferencia entre los fisiólogos románticos y los vitalistas es que mientras los románticos no establecían diferencia alguna entre vida y no-vida, los vitalistas si.

EMPIRISMO


A la par de la Filosofía natural y del vitalismo se desarrolla en esta época las ideas empíricas. El empírico hace observaciones directamente sobre el ser vivo intacto, sin intervenir , o con modificaciones sencillas. Observa lo perceptible por sus ojos.

Laennec dice que no desea el esclarecimiento de las causas primeras, se contenta con describir las enfermedades.

Francois Magendie sigue en esta línea: observación, descripción cuidadosa y ensayos relativamente simples. Igual lo hizo johannes Evangelista Purkinje (1787-1869), Robert Whytt (1714-1766) y otros.
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