Paula Cueto Noguerol






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títuloPaula Cueto Noguerol
fecha de publicación29.11.2015
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2009




Historia de la Ciencia II
Paula Cueto Noguerol



[DIDEROT Y LA MATERIA SENSIBLE]

Sobre el tratamiento de la materia en el Sueño de D’Alembert y el materialismo francés del s.XVIII. Definición de materia. Búsqueda de la esencia de la materia. La sensibilidad como propiedad universal y fuente de vida. Del ser sentiente al ser pensante.

D’Alembert: (…) si esta sensibilidad por la que lo sustituís fuera una cualidad general y esencial de la materia, habría que concluir que las piedras sienten.

Diderot: ¿por qué no?

D’Alembert: Es algo duro de creer.

Es algo duro de creer, y como tal la ciencia se dedicó durante el s. XVIII y parte del XIX a clarificarlo, a hacer que no fuese necesario que fuera duro o sencillo de creer, sino que no hubiera espacio para ningún tipo de fe.

Diderot, como representante de la Ilustración más materialista, nos incita a buscar esa “esencia” de la materia, entre otros temas, en este libro delirante que es el Sueño de D’Alembert, en el que todo tiene cabida. Para empezar, como dice Juan Arana, “es muy conveniente tener una idea clara de materia, pues solo entonces conoceremos qué cosas pueden pasar en él [en el mundo material] y qué cosas no.”1

Así, antes de entrar concretamente en contenido de la obra di Diderot me parece interesante presentar diferentes definiciones de materia:

En física y filosofía, materia es el término para referirse a los constituyentes de la realidad material objetiva, entendiendo por objetiva que pueda ser percibida de la misma forma por diversos sujetos. Se considera que es lo que forma la parte sensible de los objetos perceptibles o detectables por medios físicos. Es decir es todo aquello que ocupa un sitio en el espacio, se puede tocar, se puede sentir, se puede medir etc.

Wikipedia




1. f. Realidad primaria de la que están hechas las cosas.

2. f. Realidad espacial y perceptible por los sentidos, que, con la energía, constituye el mundo físico.

RAE

Del lat. . La materia se expresa en general con “ser de”. Elemento de los dos que constituyen el universo *físico (materia y acción o energía) en la concepción clásica del mismo, el cual es susceptible de permanecer en los objetos, por ejemplo en una piedra; sensiblemente inmutable, y de sufrir cambios por acción de otro elemento.

Diccionario María Moliner.

“ser de”. He cogido de entre las acepciones de materia que aparecen en los diccionarios la referente a la física, pero es curioso cómo en una misma palabra se engloba la cubierta material de las cosas, lo más superficial, el “de qué está hecho” algo, y lo más profundo: el “ser de”, la substancia. En el siglo XVIII ésta distinción estaba aún más patente, como señala Javier Moscoso, al que recurriré lo más que pueda a lo largo de este trabajo por la profundidad y claridad con la que ha investigado sobre este tema.

“Pero en el s. XVIII la materia no es sólo el material de lo que algo está hecho o de lo que algo se compone, sino también la substancia que se usa en una operación física; o, de hecho, cualquier substancia fisiológica no particularmente definida.” 2

Así pensadores defensores del materialismo se preocuparon en encontrar cuál era la esencia de esa materia que predicaban como única realidad. Habiendo quedado superada la descripción de Descartes, tal que “la naturaleza de la materia consiste solo en el hecho de que es una substancia que tiene extensión”3, autores como Bunge hablaron de la variabilidad alegando que “podemos caracterizar un objeto material como un objeto que puede estar por lo menos en dos estados, de modo que puede saltar de uno a otro” 4

Otros autores situaron la esencia en el sujeto, la potencia, el substrato, la pasividad, plenitud, espacialidad, temporalidad, impenetrabilidad, densidad, resistencia, inercia, dinamicidad, continuidad, discontinuidad, perceptibilidad… Pero la característica que se yergue sobre las otras es la del movimiento.

“El movimiento aparece como un comercio en que se adquieren o pierden formas, un tránsito de éstas a su opuesto, la privación, y de la privación a la forma (…) Lo que la materia aporta es precisamente vocación de tránsito, la aspiración positiva a trocar la ausencia en presencia, la privación en forma”5

En este mar de definiciones Diderot, entre otros, da un vuelco al materialismo concediéndole una gran importancia al concepto de sensibilidad. La sensibilidad aparecería entonces como un principio de asimilación, de continuidad de la materia. Por primera vez se habla de una sensibilidad universal de la materia, entendida como capacidad de la materia para responder simultáneamente a estímulos. En el caso de que se aceptara, el problema era explicar si podía hacerlo debido a la capacidad de una cierta estructura morfológica (de nervios o fibras musculares) o a una sensibilidad inherente a la materia en sí.

Si diéramos por válido lo segundo ¿existiría una conexión simpática entre todo lo material?

Albrecht von Haller opta por la primera opción. Estableció que existía algún tipo de relación entre el dolor y los nervios. Como representante más destacado de la corriente mecanicista, para él la fisiología era anatomía animata (descripción de los movimientos con que la máquina animada es agitada), es decir, ciencia del movimiento vital. Habló de la fibra animal como portadora de una fuerza muerta y una fuerza viviente que nos recuerdan a la sensibilidad activa y la sensibilidad pasiva de las que habla Diderot y de las que nos ocuparemos en un momento.

El problema era de suma importancia, no solo para la física, sino para la propia filosofía o la religión. Si el movimiento era una propiedad de los músculos, pero no de los nervios como pretendía Haller, el alma ya no sería responsable de él, aunque sí de la sensibilidad. En cambio si esa capacidad dependiera de la red nerviosa solo cabrían dos opciones: o que fuera el alma capaz de ejercer acciones a distancia o la sensibilidad era en sí misma una propiedad universal de la materia.

Así después de Haller “la sensibilidad aparece, de principio, como la respuesta inequívoca por la que lo viviente manifestaba un gusto y un sentimiento particular, un placer, y sobre todo un dolor ante los elementos de su entorno; una propiedad que se traducía además en un sistema de signos representativos susceptibles de ser medidos en función de criterios (empíricos) graduables”6 Ese criterio metodológico reducía el estudio de las propiedades fisiológicas a la mera empatía.

Ahora sí, podemos pararnos a analizar distinción que aparece en Diderot entre sensibilidad activa y sensibilidad pasiva: Relaciona la sensibilidad activa con la fuerza viva que identificamos con el movimiento de animales, tal vez de plantas. La sensibilidad pasiva, en cambio, la relaciona con la fuerza muerta característica de la materia inmóvil y que se hace perceptible en el paso al estado de sensibilidad activa. De este modo sabemos que encontraba el movimiento tanto en el cuerpo móvil como en el inmóvil, así como la sensibilidad en la materia inerte y en la materia viva. Entre un grupo u otro la única diferencia es de organización, apareciendo de nuevo la fisiología como herramienta imprescindible. Si nosotros no podemos apreciarlo es solo por lo limitado de nuestras capacidades perceptivas.

La sensibilidad, como el movimiento, ambos propiedades inherentes a la materia, pueden ser percibidos únicamente en sus efectos.

Vemos por lo tanto, como el desligamiento de movimiento y sensibilidad como base de la materia no se hizo nunca del todo efectivo. Diderot pone en boca de D’Alembert la siguiente pregunta: “¿qué relación hay entre el movimiento y la sensibilidad?”

El movimiento, como característica esencial de la materia, hemos visto que se encuentra tanto en lo vivo como en lo “inanimado”, ya no es entonces el signo más inequívoco de lo viviente. Salen a la luz una serie de funciones que relacionan movimiento y sensibilidad alegando que “aquellas funciones caracterizadas por el movimiento o la movilidad tienen menos sensibilidad o sentimiento; y al contrario no hay casi movimiento o movilidad en aquellas funciones repletas de sentimiento o sensibilidad”. 7

La vida aparece como, utilizando términos aristotélicos, una potencia de la materia, causa de todo movimiento y de toda sensación. “La vida deja de ser reductible al conjunto de los vivientes y pasa a ser, o bien producto de una ley de continuidad, o bien propiedad universal de la materia”8

Toda materia inanimada puede pasar a ser un ser viviente con una sensibilidad activa. Así en el libro pone como ejemplo los alimentos: la carne que ingerimos, o el mármol si lo hacemos también. En uno de sus delirios D’Alembert dice: “El prodigio es la vida, es la sensibilidad; y ese prodigio ha dejado de serlo… después de que he visto pasar la materia inerte al estado sensible, nada más debe sorprenderme.”

Entonces, si el movimiento no es prueba de vida, surge como necesidad científica el explicar precisamente de dónde surge ese movimiento. Se había dado cuenta de movimientos involuntarios además de los voluntarios. Si había un alma, ésta operaba o bien sin saberlo o podía operar en aquellas partes del cuerpo con las que había perdido todo contacto. La nueva fisiología era una fisiología de la desmembración, de la descomposición. Los naturistas del s. XVIII buscaban además algo que hiciera razonable una separación definitiva entre lo viviente y lo no viviente además de un nivel diferente de organización.

Pero para Diderot la única diferencia explicable era la fisiología, estos mismos diferentes niveles de organización, tanto para diferenciar lo viviente de lo no viviente como para diferenciar hombres de animales.

En este mismo libro que hemos utilizado como punto de partida para el tema que nos concierne podemos leer: “Si admitís que entre el animal y vos solo hay diferencia en la organización, mostrareis sentido y razón, actuareis de buena fe, aún cuando se argumentará contra vos que con una materia inerte, dispuesta de una cierta manera, impregnada de otra materia inerte, de calor y movimiento, se obtiene la sensibilidad, la vida, la memoria, la conciencia, las pasiones, el pensamiento”

El pensamiento. El paso del ser sentiente al ser pensante. Habiendo aceptado la sensibilidad como cualidad de toda materia cabe preguntarse por el pensamiento. Dice Diderot que el primer paso de la sensibilidad a la reflexión es la memoria, ya que sin ella “su vida sería una serie ininterrumpida de sensaciones que no ligaría nada”. La memoria no es para Diderot el efecto de ningún acto volitivo, sino que es la materia misma que memoriza con independencia de que haya un alma o no que quiera acordarse, como añade Javier Moscoso a pie de página. Para Diderot la sensibilidad es condición necesaria pero no suficiente para el pensar. Esto es, que todo ser que piensa es necesariamente sensible (ya que toda materia es de una manera u otra sensible), pero hacen falta otras cualidades para convertirse en un ser pensante.

El mismo Diderot escribe: “Si he dicho que el pensamiento puede resultar de la transposición de moléculas es porque el pensamiento es el resultado de la sensibilidad y porque a mi modo de ver, la sensibilidad es una propiedad universal de la materia”.9

Por último me gustaría cerrar con una breve reflexión sobre la corriente que trató en el s.XVIII los temas que he expuesto antes: el materialismo.

El materialismo coincide con la aparición en la historia de una reforma generalizada en el concepto de naturaleza. Dice Moulines en su “Por qué no soy materialista”: “La actitud vital del materialista (al menos del materialista de mente abierta) me parece más valiosa humanamente que la de la mayoría de sus contrincantes habituales. El materialista suele ser anti-oscurantista, anti-místico, anti-religioso, anti-romántico, y en general, anti-cuentos-de-hadas”.

Así que el movimiento de los antis, refleja perfectamente el pensamiento de la Francia revolucionaria. Javier Moscoso comenta que “lo que separa a Diderot de la concepción iatromecánica de la vida es la distancia que hay entre la providencia de un mundo regulado por un Dios y la fatalidad de una naturaleza sometida a un azar necesario”.10

El materialismo se afana en encontrar precisamente aquello de lo que Diderot despotrica: una verdad única y eterna que de solidez a la materia como única base del mundo. Una explicación completa de aquello de lo que ni siquiera ahora hay una única definición reconocida por todos. Diderot, en cambio, parece no esperar que un sistema completo sea posible.

Me gustaría cerrar con un fragmento en el que el propio Diderot se quita la capucha y nos enseña al humano más allá del filósofo y del intelectual para despotricar de corazón contra ese raciocinio que le hizo elevar la materia sobre todas las cosas.

“Nada es más absurdo que un orden de cosas en el que una ley general lo une y lo explica todo. (…) Es duro abandonarse ciegamente al torrente universal, pero es imposible resistirse. Los esfuerzos en un sentido o en otro están también en el torrente. Si creo que os amo libremente, me equivoco. No hay nada de eso. ¡Ah los bellos sistemas para los ingratos! Estoy enredado en una filosofía del diablo que mi mente no puede dejar de aprobar y mi corazón de desmentir”. 11

Paula Cueto Noguerol

Grupo 11.

15/05/09

1 Juan Arana; Materia, universo y Vida (tesis inédita). Presentación.


2 Javier Moscoso; Materialismos y Ciencias de la Vida en Francia (1740- 1789) Materialismo en la ciencia o ciencia materialista. pág. 45.

3 R. Descartes. Principia Philosophie vol II, 41, art4.

4 Bunge, 1981, 35

5 Juan Arana; Materia, universo y vida [III, 31]


6 Javier Moscoso; Materialismos y ciencias de la Vida en Francia (1740- 1789). La sensibilidad de la fibra muscular. Pág. 185.


7 Bordeu; Recherses sur le pouls, en Oeuvres t, l , ch XXXIV pp420- 421

8 (8) Javier Moscoso; Ídem. [cap. VI, 3, Pág. 196]


9 Diderot; Correspondance, vol. V; pp: 140-141

10 (10) Introducción en la edición de la Compañía literaria de El Sueño de D’Alembert.


11 Diderot, Lettre à Sophie Volland, verano de 1769. Citada en la tesis inédita de Javier Moscoso.



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