Zombi – guia de supervivencia






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Max Brooks

ZOMBI – GUIA DE SUPERVIVENCIA
INTRODUCCIÓN
Los muertos están entre nosotros. Zombis, gules -sin importar su etiqueta-, estos sonámbulos suponen la mayor amenaza para la humanidad, aparte de la humanidad en sí misma. Llamarlos a ellos depredadores y a nosotros presas sería impreciso. Son una plaga, y la raza humana su huésped. Las víctimas afortunadas son devora­das: sus huesos roídos hasta quedar limpios, su carne consumida. Los que no son tan afortunados pasan a formar parte del grupo de los atacantes, transformándose en monstruos pútridos y carní­voros. Como todos pensamos, una guerra convencional resultaría inútil con estas criaturas. La ciencia para acabar con la vida, desa­rrollada y perfeccionada desde el principio de nuestra existencia, no puede protegernos de un enemigo cuya vida no puede terminar. ¿Significa esto que los muertos vivientes son invencibles? No. ¿Se puede acabar con estas criaturas? Sí. La ignorancia es el aliado más fuerte de los no muertos; el conocimiento, su enemigo más mortal. Por eso se ha escrito este libro: para proporcionar el cono­cimiento necesario para sobrevivir a estas bestias infrahumanas.

Sobrevivir es la palabra clave que hay que recordar-ni la victo­ria, ni la conquista-, únicamente sobrevivir. Con este libro no vas a aprender a ser un cazador de zombis profesional. Aquel que desee dedicar su vida a tal profesión debería buscar en otra parte. Este libro no está escrito para la policía, los militares o cualquier otra corporación gubernamental. Estas organizaciones, si deciden admitirlo y prepararse para la amenaza, tendrán acceso a recursos mucho más sofisticados de los que utilizarán los particulares. Por ellos se ha escrito esta guía de supervivencia: particulares, perso­nas que no disponen de mucho tiempo y recursos pero que, sin embargo, se niegan a convertirse en víctimas.

Por supuesto, se necesitarán otras muchas habilidades (instinto de supervivencia, liderazgo, incluso primeros auxilios) en cual­quier encuentro con un muerto viviente. No se incluyen en este trabajo porque se pueden encontrar en textos convencionales. El sentido común te dirá lo que debes estudiar como complemento a este manual. Además, se han omitido todas las materias que no se refieren directamente a los muertos vivientes.

Con este libro aprenderás a reconocer a tu enemigo, a elegir las armas adecuadas, las técnicas para acabar con ellos y todo sobre la preparación y la improvisación cuando estés defendiendo, huyendo y atacando. También se hablará de la posibilidad de que llegue el Día del Juicio Final, en el que los muertos vivientes reemplazarían a la humanidad como especie dominante del planeta.

No descartes ningún apartado de este libro por suponer que se trata de un drama hipotético. Cada mínimo detalle de cono­cimiento ha sido reunido con gran esfuerzo y experiencia. Los datos históricos, los experimentos en laboratorios, la investiga­ción de campo y los relatos de los testigos oculares (entre los que se incluye el autor) han servido para crear este libro. Incluso el escenario del Día del Juicio Final es una extrapolación de los acontecimientos ocurridos en la vida real. Muchos de los casos reales están recogidos en el capítulo de brotes registrados. Estu­diándolos probaremos que cada lección que aprendemos con este libro se basa en hechos históricos.

Dicho esto, el conocimiento es sólo una parte de la lucha por la supervivencia. El resto depende de ti. Tu elección personal y tus ganas de vivir resultarán primordiales cuando los muertos comiencen a atacarnos. Si no cuentas con eso, nada te protegerá. En la última página de este libro, hazte una pregunta: ¿Qué harías? ¿Terminar tu existencia con actitud pasiva o levantarte y gritar: «¡No acabarás conmigo! ¡Sobreviviré!»? Eso depende de ti.

NOTA DEL AUTOR
Como este libro lo ha escrito un ciudadano de Estados Unidos, las páginas contienen referencias específicas a aspectos muy americanos. No cabe duda de que ejemplos que reflejan la adoración cultural hacia los automóviles o las pistolas resulta­rán extraños, incluso inútiles en relación a la crisis internacio­nal. Es cierto que algunos ejemplos estadounidenses no podrán aplicarse, pero las lecciones que esconden tras ellos ¡sí! La filo­sofía de este libro nunca ha sido estrictamente estadounidense. Las tácticas y estrategias se aplican a aquellos humanos preocu­pados por sobrevivir en cualquier lugar, independientemente de la nacionalidad o el emplazamiento.

La amenaza zombi es en verdad una amenaza internacional. Los ciudadanos de Europa occidental y de las islas británicas cuentan con una densa población, carecen de crímenes violentos (relativamente) y han vivido casi dos generaciones de paz, estabi­lidad y prosperidad económica; pero quizá ahora son más vulne­rables a los muertos vivientes que en cualquier otro momento de la historia. El que crea que el Parlamento Europeo puede resol­ver un ataque zombi con la misma facilidad que soluciona una huelga de camioneros haría bien en estudiar la última vez que una plaga llegó a aquellas tierras. Un brote podría empezar con cinco zombis en Andalucía y en tres semanas haber llegado a miles en el Distrito de los Lagos en Inglaterra.

Asimismo, ciudadanos de países geográficamente tan aisla­dos como Australia y Nueva Zelanda están en grave peligro de dejarse llevar por un falso sentimiento de seguridad. Como veremos en posteriores temas, que incluyen una colección de ataques registrados, la distancia física nunca supone un impedi­mento. Los residentes de estos países deberían velar por la segu­ridad de las zonas extensas con baja densidad de población. En teoría esto es correcto, ya que la zona austral y meridional de los Alpes podría proporcionar una protección adecuada, pero: ¿Cómo llegar allí? ¿Cómo vivir? ¿Qué harías si te encontraras allí con zombis?

Este libro lo puedes aplicar tanto si eres de Glasgow como de Ciudad del Cabo, de Dublín o de Hobart. Ha llegado la hora de dejar aparte nuestras fronteras artificiales y unirnos contra la amenaza común de la extinción. Este no es tiempo para el esté­ril y obsoleto nacionalismo. Los muertos vivientes se ciernen sobre nosotros en todo el mundo y como un solo mundo podre­mos sobrevivir.

LOS NO MUERTOS: MITO Y REALIDAD
Nace de la tumba. Su cuerpo es el hogar de los gusanos y la mugre. No hay vida en sus ojos, no hay calidez en su piel, su pecho no se mueve. Su alma, tan vacía y oscura como el cielo nocturno. Se ríe de la espada, escupe a la flecha, porque no dañarán su carne. Hasta la eternidad caminará por la Tierra, olisqueando la dulce sangre de los vivos, obsequiándose con los huesos de los condena­dos. Cuidado, porque es el muerto viviente.

-TEXTO HINDÚ DESCONOCIDO, CIRCA 1000 A. C.
ZOM-BI: [Góm.bi] sust. también ZOM-BIS pl. /. Un cadáver viviente que se alimenta de la carne de los humanos. 2. Un hechizo vudú para revivir a los muertos. 3. Un dios serpiente vudú. 4. Alguien que se mueve y actúa con aturdimiento, «como un zombi». [Palabra originaria del Africa occidental.]


¿Qué es un zombi? ¿Cómo se crean? ¿Cuáles son sus puntos fuertes y cuáles sus puntos débiles? ¿Qué necesitan? ¿Cuáles son sus deseos? ¿Por qué son tan hostiles con los humanos? Antes de hablar sobre las técnicas de supervivencia, debes cono­cer aquello a lo que intentas sobrevivir.

Debemos empezar separando los hechos reales de la ficción. Los muertos andantes no son ni obra de la magia negra, ni tampoco de una fuerza sobrenatural. Tienen su origen en un virus conocido como Solanum, palabra latina utilizada por Jan Vanderhaven, el primero en descubrir esta enfermedad.


SOLANUM: EL VIRUS
El Solanum funciona viajando dentro del sistema sanguíneo, desde el punto de entrada inicial hasta el cerebro. De un modo que aún no se ha llegado a comprender del todo, el virus usa las células del lóbulo frontal para la replicación y las destruye en el proceso. Durante este periodo, cesan todas las funciones del cuerpo. Cuando se para el corazón, se da por muerto al sujeto infectado. El cerebro, sin embargo, continúa vivo pero inactivo, mientras el virus muta las células y las convierte en un órgano completamente nuevo. La particularidad más decisiva de este nuevo órgano es su independencia del oxígeno. Si eliminamos la necesidad de este elemento tan importante, el cerebro de los no muertos puede utilizar, pero no depende de él en ninguna medida, el complejo mecanismo de apoyo del cuerpo humano. Una vez completada la mutación, este nuevo órgano reanima el cuerpo convirtiéndolo en una forma que guarda poco parecido (fisiológicamente hablando) con el cadáver original. Algunas de las funciones corporales continúan siendo constantes, otras operan de manera diferente y las restantes se inhabilitan para siempre. Este nuevo organismo es un zombi, un miembro de los muertos vivientes.


  1. Origen

Desgraciadamente, las investigaciones intensivas aún no han encontrado ningún ejemplo aislado de Solanum en la naturaleza. Los resultados obtenidos al analizar la tierra, el agua y el aire de todos los ecosistemas en todo el mundo, incluyendo la fauna y la flora, han sido negativos. Mientras escribo este libro, la investiga­ción continúa.


  1. Síntomas

La relación de horas que aparece a continuación esboza el proceso de conversión de un humano infectado (varias horas arriba o abajo, dependiendo de la persona):
Hora 1: Dolor y decoloración (marrón-morado) de la zona infec­tada. La herida se coagula inmediatamente (dado que la infec­ción proviene de una herida).
Hora 5: Fiebre (37-39° C), convulsiones, demencia leve, vómi­tos, dolor intenso en las articulaciones.
Hora 8: Entumecimiento de las extremidades y del área infec­tada, aumento de la fiebre (39-41° C), aumento de la demencia, pérdida de la coordinación muscular.
Hora 11: Parálisis de la zona inferior del cuerpo, entumeci­miento general, disminución de la frecuencia cardiaca.
Hora 16: Coma.
Hora 20: Parada cardiaca. Actividad cerebral nula. Hora 23: Resurrección.
3. Transferencia

El Solanum es cien por cien contagioso y cien por cien letal. Afortunadamente para la raza humana, el virus no se transmite ni por el agua ni por el aire. No se conoce ningún contagio del virus en humanos por medio de los elementos de la naturaleza. La infección sólo puede darse a través del contacto directo de fluidos. La mordedura de un zombi, a pesar de que es la forma de transferencia más conocida, no es, en absoluto, la única. Hay humanos que se han infectado por rozar una herida abierta contra otra de un zombi o al ser salpicados con sus restos después de una explosión. El desenlace que conlleva la ingesta de carne infectada (suponiendo que la persona no tenga ninguna llaga abierta en la boca), más que la infección, suele ser la muerte permanente. Se ha comprobado que la carne infectada es alta­mente tóxica.

No existe información alguna (histórica, experimental o cualquier otra) sobre las consecuencias de mantener relacio­nes sexuales con una especie no muerta, pero, como apunta­mos anteriormente, la naturaleza del Solanum indica un alto riesgo de infección. Advertir de un caso como este resultaría inútil, puesto que una persona lo suficientemente irracional para intentarlo estaría tomando una actitud pasiva para con su propia seguridad. Muchos afirman que, dada la coagulada naturaleza de los fluidos corporales de los no muertos, las posibilidades de infectarse por un contacto que no fuera un mordisco deberían ser pocas. Sin embargo, debemos recordar que un único orga­nismo es suficiente para empezar el ciclo.
4. Infección de las otras especies

El Solanum es letal para todas las criaturas vivas, sin tener en cuenta el tamaño, la especie o el ecosistema al que pertenez­can. Sin embargo, sólo los humanos resucitan. Los estudios demuestran que cuando el Solanum infecta un cerebro que no es humano, este muere horas después de la muerte de su hués­ped, lo que demuestra que el cadáver del animal puede comba­tirlo. Los animales infectados expiran antes de que el virus pueda replicarse completamente en sus cuerpos. La infección por la picadura de insecto, como la de los mosquitos, también puede descartarse. Los experimentos han demostrado que todos los insectos parásitos perciben el virus y rechazan a un huésped infectado el cien por cien de las veces.


5. Tratamiento

Una vez que un humano se infecta, no se puede hacer gran cosa por salvarlo. Esto se debe a que el Solanum es un virus y no una bacteria, por lo que los antibióticos no hacen efecto. La inmu­nización, la única forma de combatir el virus, es igualmente inútil, ya que incluso la dosis más pequeña provocaría la infec­ción completa. Se está llevando a cabo la investigación gené­tica. Los objetivos van desde formar anticuerpos humanos más potentes hasta una estructura celular resistente o un antivirus diseñado para identificar y destruir el Solanum. Estos y otros tratamientos más resistentes se encuentran por el momento en las etapas más iniciales, sin ningún éxito previsible en un futuro cercano. Las experiencias vividas en la vida real han llevado a la inmediata escisión del miembro infectado (suponiendo que ese sea el lugar de la mordedura), pero tales tratamientos son poco seguros, con menos de un diez por ciento de índice de éxito. En general, el humano infectado está condenado desde el momento en que el virus entra en su sistema. Debería suici­darse y debería también recordar que el cerebro es lo primero que debe eliminarse. Se han registrado casos en que sujetos que acaban de infectarse, y que mueren por circunstancias ajenas al virus, pueden, aun así, resucitar. Estos casos suelen ocurrir cuando el sujeto expira cinco horas después de la infección. No obstante, la persona que muere tras ser mordida o que se infecta de algún otro modo, debería ser inmediatamente eliminada. (Véase «Deshacerse del cuerpo», p. 42.)
6. Resucitar a los muertos

Se ha llegado a sugerir que los cadáveres humanos aún fres­cos podían resucitar si se les introducía Solanum después de la defunción. Esto es una falacia. Los zombis ignoran la carne necrótica y, por consiguiente, no puede transferirse el virus. Los experimentos llevados a cabo durante la Segunda Guerra Mundial (véase «Ataques registrados», p. 265 y ss.) han demos­trado que inyectar Solanum en un cadáver resultaría fútil porque un sistema sanguíneo paralizado no podría transportar el virus al cerebro. Inyectarlo directamente en un cerebro muerto tampoco serviría de nada, ya que las células muertas no podrían respon­der al virus. Solanum no da la vida: la altera.
CUALIDADES DE LOS ZOMBIS
1. Habilidades físicas

Con demasiada frecuencia se dice que los no muertos poseen unos poderes sobrehumanos: fuerza inusual, velocidad del rayo, tele­patía, etc. Las historias van desde zombis que vuelan por los aires a zombis que escalan superficies verticales como arañas. Mien­tras se inventan esas características para darle más dramatismo a la situación, el gul se aleja bastante de este demonio mágico y omnipotente. Nunca olvides que el cuerpo de un no muerto es, antes que otra cosa, humano. Los cambios se observan en la manera en que un cerebro recién infectado usa el cuerpo resuci­tado. No habría forma de que un zombi pudiera volar a menos que los humanos pudieran volar. Pasa lo mismo con el dominio de la fuerza, la teletransportación, el traspaso de objetos sóli­dos, la transformación en lobo, la respiración del fuego o una amalgama de diferentes talentos místicos atribuidos a los muer­tos andantes. Imagina que el cuerpo humano es un juego de herramientas. El cerebro sonámbulo posee estas herramientas y, únicamente esas herramientas, están a su disposición. No puede crear nuevas como de la nada. Pero puede, como comprobarás, usar estas herramientas en combinaciones poco convencionales, o hacer que duren más allá de los límites humanos normales.


A. Vista

Los ojos de un zombi no son diferentes de los de un humano corriente. Aunque aún son capaces (dado el índice de descom­posición) de transmitir señales visuales al cerebro, la forma en que el cerebro interpreta dichas señales es otro asunto. Los estu­dios son inconcluyentes en lo que concierne a las habilidades visuales de los no muertos. Pueden captar a la presa a distan­cias comparables a las humanas, pero si pueden distinguir a un humano de uno de ellos aún está por debatir. Una de las teorías sugiere que los movimientos que realizan los humanos son más

rápidos y suaves que los de los no muertos, lo que causa que llamen la atención al ojo zombi. Se han realizado experimen­tos en los que humanos han intentado confundir a gules que se acercaban, imitando sus movimientos y arrastrando los pies mientras cojeaban con torpeza. Hasta la fecha, ninguno de estos intentos ha tenido éxito. Se ha llegado a sugerir que los zombis poseen visión nocturna, un hecho que explica su habilidad para la caza nocturna. Esta teoría ha sido desacreditada por el hecho de que todos los zombis son expertos alimentándose de noche, incluso aquellos que no tienen ojos.


B. Oído

No cabe duda alguna de que los zombis poseen un oído exce­lente. No sólo pueden detectar el sonido, también pueden deter­minar su dirección. El alcance básico parece ser el mismo de los humanos. Los experimentos con frecuencias extremadamente altas y bajas han producido resultados negativos. Los exáme­nes también han mostrado que los zombis se sienten atraídos por cualquier sonido, no sólo por los que producen las criatu­ras con vida. Se ha documentado que los gules perciben soni­dos que el oído humano ignora. La más probable, aunque inde­mostrable, explicación es que los zombis dependen de todos sus sentidos en igual medida. Los humanos se orientan con la vista desde su nacimiento y dependen de otros sentidos sólo si pier­den el primero. Tal vez, esta discapacidad no la comparten con los muertos andantes. De ser así, esto explicaría su habilidad para cazar, luchar y alimentarse en total oscuridad.


C. Olfato

A diferencia del oído, los no muertos tienen un sentido del olfato más agudo. Tanto en situaciones de combate como en las pruebas de laboratorio, han sido capaces de distinguir el olor de una presa viva de las otras. En muchos casos, y contando con una orienta­ción del viento ideal, se ha comprobado que los zombis huelen los cadáveres frescos a una distancia de más de un kilómetro. De nuevo, esto no significa que los gules tengan un sentido del olfato mayor que el de los humanos, simplemente es que ellos se valen más de él. No se sabe exactamente qué secreción en parti­cular es la que indica la presencia de la presa: el sudor, las fero-monas, la sangre, etc. En el pasado, la gente pretendía moverse sin ser detectada por las áreas infestadas intentando camuflar el olor humano con perfumes, desodorantes u otro producto químico de olor fuerte. Ninguno tuvo éxito. En la actualidad se llevan a cabo experimentos con vistas a sintetizar el olor de los seres vivos para usarlo como señuelo o incluso repelente de los muertos andantes. Quedan años para que se encuentre un producto que funcione.
D. Gusto

No se sabe mucho sobre las papilas gustativas alteradas de los muertos andantes. Los zombis tienen la habilidad de distinguir la carne humana de la de los animales, y prefieren la primera. Los gules poseen también una habilidad asombrosa para recha­zar la carroña en favor de la carne fresca recién muerta. Un cuerpo humano que lleve muerto entre doce y dieciocho horas será rechazado como comida. Lo mismo pasa con los cadáve­res que han sido embalsamados o preservados de cualquier otra forma. Todavía no sabemos si esto tiene algo que ver con el gusto. Puede que tenga que ver con el olfato o, quizá, con otra clase de instinto que no hemos descubierto. ¿Por qué exacta­mente la carne humana es preferible? La ciencia todavía tiene que encontrar una respuesta a esta confusa, frustrante y terrorí­fica pregunta.
E. Tacto

Los zombis no perciben, literalmente, los estímulos físicos. Todos los receptores nerviosos siguen muertos después de la resurrección. Verdaderamente se trata de su ventaja más grande y terrorífica sobre los vivos. Nosotros, como humanos, tene­mos la habilidad de experimentar el dolor físico como un signo de deterioro corporal. Nuestro cerebro clasifica tales sensacio­nes, las agrupa teniendo en cuenta el estímulo que las provoca y después archiva la información para usarla como aviso en futuras lesiones. Este es el don de la fisiología y el instinto que nos permite sobrevivir como especie. Por esta razón valoramos virtudes como el coraje, que inspira a las personas a realizar acciones a pesar de las señales de peligro. La incapacidad de reconocer y evitar el dolor es lo que convierte a los muertos andantes en criaturas tan formidables. No notan las heridas y, además, estas no les impiden atacar. Aunque el cuerpo de un zombi sufra daños severos, continuará atacando hasta que no quede nada de él.
F. Sexto sentido

Las investigaciones realizadas a través de la historia, combi­nadas con los estudios de campo y de laboratorio, han demos­trado que los muertos andantes atacan incluso cuando todos sus órganos sensoriales han sido dañados o se han descompuesto por completo. ¿Significa esto que los zombis poseen un sexto sentido? Tal vez. Los seres vivos usan menos del 5 % de su capacidad cerebral. Es posible que el virus pueda estimular otras habilidades sensoriales que la evolución ha olvidado. Esta teoría es la que se discute más acaloradamente en la guerra contra los no muertos. Hasta ahora, no hay pruebas científicas que apoyen a ningún bando.
G. Cicatrización

A pesar de las leyendas y las tradiciones antiguas, la fisiología de los no muertos ha demostrado no poseer poderes de rege­neración. Las células que están dañadas siguen estando daña­das. Cualquier herida, sin importar su tamaño o su naturaleza, seguirá abierta mientras que esté en fase de resurrección. Se han llevado a cabo una variedad de tratamientos médicos para esti­mular el proceso de cicatrización en gules capturados. Ninguno resultó positivo. Esta incapacidad para repararse a sí mismos, algo que los seres vivos poseemos, supone una importante desventaja para los no muertos. Por ejemplo, cada vez que nos esforzamos físicamente, nuestros músculos se desgastan. Con el tiempo, estos músculos se reconstruyen y pasan a ser más fuer­tes que antes. La masa muscular de un gul permanecerá dañada, reduciendo su efectividad cada vez que la use.
H. Descomposición

La esperanza de vida media para los zombis -cuánto tiempo es capaz de funcionar antes de descomponerse del todo- es de tres a cinco años. Por muy fantástico que suene -el cuerpo humano es capaz de prevenir los efectos naturales de descomposición- lo que causa su putrefacción es biología básica. Cuando un cuerpo humano muere, su carne inmediatamente se cubre de billones de organismos microscópicos. Estos organismos siempre estuvie­ron presentes en el entorno externo y dentro del cuerpo. Mien­tras vivimos, el sistema inmunológico funciona como una barrera entre estos organismos y su objetivo. Cuando morimos, la barrera se abre. Los organismos empiezan a multiplicarse exponencial-mente cuando se alimentan y, por esa razón, el cadáver sufre un colapso a nivel celular. El olor y la decoloración asociados con la carne en descomposición son el efecto del proceso biológico del trabajo de estos microbios. Cuando pides un bistec «muy hecho», estás pidiendo un trozo de carne que ha empezado a pudrirse; lo que antes era carne dura, ha sido reblandecida por microorga­nismos que han colapsado su fibra robusta. En un periodo corto de tiempo, ese bistec, igual que un cadáver humano, se quedará en nada, dejando tan sólo material demasiado duro y falto de nutrientes para ningún microbio, como huesos, dientes, uñas y pelo. Este es el ciclo de la vida normal, la forma en que la natura­leza recicla los nutrientes y los hace volver a la cadena alimenti­cia. Para parar este proceso y preservar el tejido muerto, es nece­sario situarlo en un entorno inapropiado para las bacterias, como puede ser un lugar con temperaturas muy bajas o muy altas, o en compuestos químicos tóxicos como el formaldehído, o, en este caso, saturarlo con Solanum.

Casi todas las especies de microbios que están implicadas en la descomposición humana normal han rechazado en repe­tidas ocasiones la carne infectada por el virus, embalsamando al zombi eficazmente. Si este no fuera el caso, combatir a los muertos vivientes sería tan fácil como evitarlos durante varias semanas o incluso días hasta que se pudrieran y quedaran únicamente los huesos. Los investigadores deben aún encon­trar la causa exacta de esta condición. Se ha descubierto que al menos una especie de microbio ignora los efectos de repulsión del Solanum: de otro modo, los no muertos permanecerían en perfecto estado de conservación para siempre. Asimismo, se ha determinado que las condiciones naturales como la humedad y la temperatura juegan un papel importante. Los no muertos que frecuentan los pantanos de Luisiana puede que no duren tanto como los que viven en zonas frías, o en el seco desierto de Gobi. Las situaciones extremas, como el frío intenso o la inmersión en líquidos conservantes, podrían, hipotéticamente hablando, permitir a la especie de los no muertos vivir indefinidamente. Se sabe que estas técnicas permiten a los zombis actuar durante décadas, incluso siglos. (Véase «Ataques registrados», p. 239 y ss.) La descomposición no supone que un miembro, de los muer­tos andantes simplemente se desplome. La putrefacción afecta­ría a varias partes del cuerpo en momentos diferentes. Se han encontrado especímenes con el cerebro intacto pero el cuerpo descompuesto. Otros con el cerebro parcialmente podrido podían mantener ciertas funciones corporales, pero el resto esta­ban totalmente paralizadas. Recientemente, circula una teoría popular que intenta explicar la historia de la momia del antiguo Egipto como uno de los primeros ejemplos del embalsamado de un zombi. Las técnicas de conservación permitían que vivieran durante varios miles de años después de haber sido sepultados. Cualquiera con un conocimiento mínimo del antiguo Egipto encontraría esta historia falsa y ridicula: ¡El paso más impor­tante y complicado en la preparación del faraón para su entierro era la extracción del cerebro!
I. Digestión

Pruebas recientes han descartado, de una vez por todas, la teoría de que la carne humana supone el combustible para los no muer­tos. El tracto digestivo de un zombi está completamente inac­tivo. El sistema complejo que procesa la comida, que extrae los nutrientes y excreta los restos no se tiene en cuenta en la fisiología de un zombi. Las autopsias que se han llevado a cabo en no muertos controlados han demostrado que su alimento permanece en su estado original, sin digerir en ninguna de las secciones del tracto. La materia, que mastican parcialmente y que se pudre de forma lenta, continuará acumulándose mien­tras el zombi devore más víctimas, hasta que salga, a la fuerza, por el ano, o literalmente haga que estallen el estómago o los intestinos. Aunque estos ejemplos que resultan impresionantes sobre la falta de digestión son escasos, cientos de informes de testigos oculares confirmaron que los no muertos tenían el vien­tre hinchado. ¡Un espécimen capturado y analizado detenida­mente contenía 96 kilos de carne dentro de su sistema! Existen casos aún menos numerosos que han confirmado que los zombis continúan alimentándose hasta mucho después de que su tracto digestivo le haya explotado desde dentro.
J. Respiración

Los pulmones de los no muertos continúan funcionando en lo que se refiere a inhalar aire y expulsarlo de su cuerpo. Esta función otorga a los zombis su firma personal: el gemido. Lo que los pulmones y la química del cuerpo no consiguen, sin embargo, es extraer el oxígeno y eliminar el dióxido de carbono. Dado que el Solanum obvia la necesidad de ambas funciones, el sistema respiratorio queda obsoleto en el cuerpo de un gul. Esto explica cómo los muertos vivientes pueden caminar bajo el agua o sobrevivir en entornos letales para los humanos. Sus cerebros, como ya se dijo antes, no dependen del oxígeno para sobrevivir.
K. Circulación

Resultaría inapropiado decir que los zombis no tienen corazón. Lo que no sería inapropiado decir, sin embargo, es que no han encontrado ninguna utilidad para él. El sistema circulatorio de un no muerto es poco más que una red de tubos inútiles llenos de sangre coagulada. Pasa lo mismo con el sistema linfático, así como con otros fluidos corporales. A pesar de que esta mutación pareciera otorgarle a los no muertos una ventaja sobre el resto de la humanidad, en realidad ha demostrado ser una bendición. La falta de masa de fluidos previene la fácil transmisión del virus. Si esto no fuera cierto, el combate cuerpo a cuerpo sería prác­ticamente imposible, ya que el humano que se defendiera sería salpicado con toda seguridad con sangre u otros fluidos.
L. Reproducción

Los zombis son criaturas estériles. Sus órganos sexuales están necróticos y son impotentes. Se han hecho intentos para fertili­zar óvulos de zombi con esperma humano y viceversa. Ninguno tuvo éxito. Los no muertos tampoco muestran signos de deseo sexual, ni hacia su especie ni hacia los vivos. Hasta que las investigaciones puedan demostrar algo diferente, el gran miedo de la humanidad -que los muertos se reprodujeran y trajeran al mundo más muertos- resulta ser una imposibilidad reconfor­tante.
M. Fuerza

Los gules poseen la misma fuerza bruta que los vivos. Qué potencia pueda ser ejercida depende en gran medida del zombi en cuestión. La masa muscular que posee una persona viva será toda la que posea muerta. A diferencia de un cuerpo vivo, no se ha descubierto si las glándulas suprarrenales funcionan en los muertos, despojando a los zombis del estallido temporal de potencia del que disfrutamos los humanos. La única ventaja sólida que los muertos vivientes poseen es una resistencia increí­ble. Imagina que estás entrenándote o realizando cualquier otro acto de ejercicio físico. Lo más probable es que el dolor y la extenuación dicten tus límites. Estos factores no se aplican a los muertos. Continuarán una acción, con la misma energía diná­mica, hasta que los músculos literalmente acaben por descomponerse. A pesar de que los gules van debilitándose progresi­vamente, esto les permite un poderoso primer ataque. Muchos grupos de tres o incluso cuatro humanos, físicamente en forma, cayeron ante un único zombi decidido.
N. Velocidad

Los muertos andantes suelen moverse con los hombros caídos o cojeando. Incluso sin heridas o una descomposición muy avanzada, su falta de coordinación provoca que anden a gran­des zancadas de forma inestable. La velocidad viene determi­nada principalmente por la longitud de las piernas. Los gules más altos darán zancadas más largas que sus homólogos de pier­nas más cortas. Al parecer los zombis son incapaces de correr. El índice de velocidad más rápido es de apenas un paso cada 1,5 segundos. Al igual que con la fuerza, la ventaja de los muertos sobre los vivos es su falta de cansancio. Los humanos que crean que pueden aventajar a los no muertos que los persigan, deberían acordarse del cuento de la liebre y la tortuga, teniendo en cuenta, claro, que en este caso la liebre tiene muchas posibilidades de ser devorada viva.
O. Agilidad

Un humano posee una destreza un 90 % mayor que la del gul más fuerte. En algunos casos se debe a la rigidez general que sufre el tejido de sus músculos necrosados (de ahí sus pasos torpes). El resto se debe a sus primitivas funciones cerebrales. Los zombis apenas tienen coordinación mano-ojo, una de sus grandes debilidades. Nadie ha visto jamás saltar a un zombi, ni de un lado a otro, ni, simplemente, de arriba abajo. Balancearse por una superficie estrecha es, del mismo modo, lo más hábiles que pueden ser. Nadar es también una función reser­vada exclusivamente para los vivos. La teoría demuestra que, si el cadáver de un no muerto está lo suficientemente hinchado para alcanzar la superficie, puede suponer un peligro a flote. Sin embargo, esto no es muy común, porque si el cuerpo se encuen­tra en un índice bajo de descomposición, no puede acumularse el gas dentro del cuerpo. Los zombis que caminan o caen en el agua deambularán sin rumbo por el fondo hasta terminar disolviéndose. Pueden ser escaladores con éxito, pero sólo en ciertas circunstancias. Si los zombis perciben que la presa se encuentra encima, por ejemplo, en el segundo piso de una casa, siempre intentarán llegar hasta ellos. Intentarán escalar cualquier super­ficie sin importar lo inviable o imposible que resulte. En todas, excepto en las situaciones más fáciles, estos intentos han termi­nado en derrota. Incluso en el caso de las escaleras, donde sólo se requiere la coordinación mano-mano, únicamente uno de cada cuatro zombis lo consigue.
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