Investigación para la detección de poblaciones altamente consumidoras de drogas y su relación con la delincuencia en la Comunidad Valenciana






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títuloInvestigación para la detección de poblaciones altamente consumidoras de drogas y su relación con la delincuencia en la Comunidad Valenciana
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OTROS ANALOGOS DE FENILETILAMINA

* 4-BROMO-2,5-DIMETOXIFENETILAMINA (análogo de DOB)

* 4-ETOXI-2,5-DIMETOXIANFETAMINA (2,4,5 MEM) (análogo del STP)

* 4,5-DIHIDRO-4-METIL-5-FENIL-2-OXAZOLAMINA (4-metilaminorex)

* 3,4-METILENEDIOXI-N-N-DIMETILANFETAMINA (N,N-dimetilMDA) (análogo de MDA y MDMA)

* N,N-DIMETILANFETAMINA (N,N-DMA)

* 4-TIOMETIL-2,5-DIMETOXIANFETAMINA (para-DOT) (análogo de TMA-2)

* PARA-METOXIMETANFETAMINA (PMMA) (análogo de PMA)

2.- OPIACEOS

Derivados del Fentanilo:

AMF (alfametil fentanilo) China white

3MF (3 metil fentanilo)

PFF (parafluoro fentanilo)

AMAF (alfametilacetil fentanilo)

Derivados de la Meperidina:

MPPP (1 metil, 4 fenil, 4 propionoxipiperidina)

MPTP (1 metil, 4 fenil, 1,2,3,6 tetrahidropiridina)

3.- ARILHEXILAMINAS:

Fenciclidina (PCP) angel dust

PCC (piperidino ciclohexano carbonitrilo)

TCP (tiofeno fenciclidina)

PCE (n-etil fenciclidina)

PHP (fenilciclohexilpirrolidina)

4.- DERIVADOS DE LA METACUALONA:

Meclocualona

Nitrometacualona

5.- OTROS: Gamma-Hidroxi-Butirato (GHB), Extasis vegetal, etc

Nos referiremos ahora de forma específica al MDMA para hacer las matizaciones oportunas cuando introduzcamos otras sustancias que, como se ha comentado, son susceptibles de ser denominadas como “éxtasis” en la calle.
Una de las características de este tipo de sustancias, de las pastillas (como también se las conoce en la calle) es el desconocimiento de su composición y contenido. Otro aspecto que hay que tener presente, pues explica muchas de las consecuencias de su consumo, es su lentitud y progresividad en producir los efectos. Estos dos factores explican uno de los fenómenos más peligrosos asociados con su consumo: la ingestión de dosis altamente tóxicas (por desconocimiento de su composición o por la tardanza en hacer efecto).
De modo general, los efectos del MDMA serían: una sensación estimulante y de moderada euforia (típica de la anfetamina) más un componente emocional propio de esta sustancia. Ese componente emocional se define como empatía en casi todas las publicaciones, así como la sensualidad positiva. Esa empatía va más allá de lo humano hasta sentirse comprendido y comprendiendo a la música, el suelo, las luces… Estamos en armonía activa con lo que nos rodea.
También se relatan alteraciones de la percepción, especialmente la visual.
Con respecto a esta sustancia no se ha descrito la existencia de dependencia, ni física ni psicológica (entendida como deseo compulsivo de tomar la droga).
Respecto a su toxicidad, al margen de las noticias sensacionalistas ofrecidas por los medios de comunicación, son extrañas las muertes provocadas directamente por la sustancia. Los casos más llamativos han sido debidos en su mayoría a shocks electrolíticos por deshidratación.
Otro aspecto interesante es su relación con psicopatologías o conductas agresivas.
Respecto a la agresividad hay estudios contradictorios. Desde los que defienden que los usuarios de MDMA son menos impulsivos y presentan menos hostilidad, hasta los que se apoyan en las conductas racionales e impulsivas realizadas bajo el efecto de la sustancia para considerarlas como efectos de la misma.
Sí aparece evidencia experimental en dirección a la existencia de crisis de ansiedad, trastornos de angustia, psicosis y depresión con comportamiento suicida.
Es muy importante tener presente la población consumidora de esta sustancia y el contexto en que se realiza. Son jóvenes, están de fiesta y el tiempo corre.
Podríamos hacer un recorrido detallado por cada una de las sustancias indicadas en la tabla anterior, lo cual, en una primera aproximación siempre resulta en un caos de información que acaba nublando lo importante.
Nos interesa que quede claro su efecto estimulante y eufórico y su posibilidad de provocar alteraciones de la percepción de leves a moderadas.
También nos parece importante mostrar la facilidad con que un consumidor puede relatar haber consumido “éxtasis”, cuando en realidad lo que ha consumido es DOM, STP o MDA… Aspecto éste que sólo un análisis toxicológico puede precisar.
Fenciclidina y análogos
En este mismo paquete pero diferenciado más que por sus efectos por su uso, habría que citar algunas sustancias como la Fenciclidina (más conocida como PCP o “polvo de ángel”), la Ketamina (un derivado de la anterior) y el Gamma-Hidroxi-butirato (GHB, conocido en la calle como “éxtasis líquido”).
Estas sustancias tienen en común su indicación como anestésicos y su lamentable uso.
Sus efectos son de euforia y anestesia con muchas probabilidades de experimentar alucinaciones y con alteraciones temporales y de memoria.
A dosis bajas se utilizan para la “fiesta” pero su capacidad de provocar alteraciones sensoriales las han hecho no muy deseables para la mayoría de los consumidores.
Uno de los lamentables usos (especialmente del GHB) es el servir para incapacitar a víctimas que son luego sometidas a violaciones, vejaciones o extirpación de órganos.

Anfetaminas
Las anfetaminas son drogas de síntesis por lo que podrían haberse encuadrado en el apartado anterior, pero su particular historia, al margen del uso recreativo, siempre ha merecido un tratamiento singular.
De estas sustancias nos interesa destacar lo siguiente:
Por un lado, el uso médico que aún se hace de algunos compuestos anfetamínicos (aunque cada vez menos) desde el mundo de la medicina. Aunque han ido desapareciendo las anfetaminas más puras al encontrarse otras alternativas de tratamiento, aún quedan en el mercado legal, preparados tan potentes como la Centramina.
El efecto de estas sustancias está claramente definido: es un estimulante, te quita el apetito y el sueño. Produce euforia y activación, aumento de la capacidad de atención… Y para ello se utilizan. O como complemento de una politoxicomanía o con una intencionalidad clara: el ejemplo del estudiante en época de exámenes.
Su dependencia física se ha evidenciado en varios estudios, así como la psicológica. Aunque, la evolución de esos conceptos obligaría a revisar algo que se daba por hecho en la década de los ochenta.
También hay mucha evidencia de su relación con psicosis y alteraciones preceptúales. Así como con irritabilidad y agresividad.
Por otro lado, nos interesa la anfetamina ilegal, el “speed” (o metanfetamina). El término “crank” también se refiere a la misma sustancia pero usada de un modo más agresivo, por lo que sin dudarlo asistiremos al desarrollo de dos modos de consumo asociados a dos términos distintos, aunque se trate de la misma sustancia.
Sus efectos son los de la anfetamina pues es un análogo y sí que forma parte del mundo de las toxicomanías al permitir distintas formas de consumo y tener un efecto mucho más rápido que el de la Dextroanfetamina y los otros derivados comerciales.
De hecho, por vía endovenosa, sus efectos son tremendamente similares a los de la cocaína. Al igual que la cocaína, el speed se fuma, se esnifa, se inyecta y se come. Cuando se utiliza la ingestión, sus efectos son idénticos a los que puede producir la ingesta de anfetaminas comerciales, por lo que es la forma de utilización menos referida.

En este momento quedarían tres grandes grupos de sustancias que tratar: los alucinógenos, los opiáceos y los barbitúricos.
Evidentemente, los barbitúricos nos son mucho más próximos vitalmente y los opiáceos lo son a nivel de conocimiento, pero es mucho más fácil que conozcamos a alguien que conoce a alguien que ha tomado alucinógenos que a alguien que use los barbitúricos de forma tóxica o que se pinche heroína.

Alucinógenos
Realmente, esta familia de sustancias ya nos resulta algo más lejana.
Su característica fundamental es la de provocar significativas alteraciones preceptúales.
También podrían encuadrarse en la categoría de “drogas de síntesis” pero se les suele diferenciar, y conviene hacerlo, porque tanto sus efectos como su intencionalidad a la hora de consumirlas es bastante diferente de, por ejemplo, el éxtasis.
También tiene sentido esta diferenciación porque, en esta categoría, caben algunas sustancias naturales con las mismas propiedades psicodélicas.
De estas sustancias se acepta, de modo general, que no producen dependencia.
El LSD, la DMT (dimetil-triptamina), la Mescalina, la Nuez moscada… Incluso muchas de las sustancias vistas y etiquetadas como drogas de síntesis en dosis mayores, poseen la propiedad de provocar alteraciones sensoriales (alucinaciones).
Es realmente importante tener presente que la búsqueda de experiencias por medio de estas sustancias hace necesario un abordaje diferente.
Lo que puede derivarse de la experiencia de ver cómo la puerta de un banco se convierte en un dragón que nos ataca y cómo, con una escopeta que casualmente llevamos en el coche, nos liamos a tiros con la puerta, el cajero y el guardia de seguridad… es cuestión de imaginación (y no necesariamente de alucinar).
No es imposible, pues, que alguien bajo los efectos de un alucinógeno tenga una conducta delictiva. Pero será bastante frecuente que esa conducta haya sido realizada por un sujeto “normal” que ha tenido un “mal viaje”.

Opiáceos
Curiosamente, esta familia de sustancias nos resulta próxima y a la vez lejana. Todos hemos oído hablar de la heroína y tenemos alguna idea sobre su forma de consumo y efectos. Sin embargo, salvo que trabajemos en esta área, será mucho más difícil que conozcamos un heroinómano o hayamos tenido acceso a esta sustancia.
Hablar del opio y de la morfina es lugar común cuando se trata de acercarse a esta familia de sustancias. Papaver Somniferum > Opio > Morfina > Heroína.
La heroína es la sustancia de la que hay que hablar.
Sigue considerándose la sustancia ilegal más adictiva que se conoce. Valorando la adicción por la presencia de tolerancia y dependencia.
Digamos que es una sustancia capaz de provocar síndrome de abstinencia en monos tras una única administración de la sustancia.
La heroína se comercializa como un polvo más oscuro que la cocaína que se inyecta y se fuma (fundamentalmente).
La inyección intravenosa es la forma de consumo más “conocida” por los profanos. Y, curiosamente, es el modo de consumo de la heroína que más ha disminuido en los últimos veinte años.
El consumo fumado en forma de “chinos” (papel de plata y canuto para aspirar el humo) es el único modo de consumo de heroína que sí ha aumentado.
La plaga del SIDA (y su asociación con la transmisión entre heroinómanos), así como la evolución de los “intereses” lúdicos ha convertido a la heroína en una droga no atractiva.
Aunque, probarla… es quedarse.
Sus efectos son de placer intenso, euforia moderada y sensación de bienestar. “Que se pare el mundo que me quiero bajar” sería la mejor manera de definir sus efectos. Todo está bien, todo es perfecto.
Entre sus efectos adversos (o riesgos) hay que citar: Alteraciones de la personalidad, Alteraciones cognitivas, como problemas de memoria y Trastorno de ansiedad y depresión.
Quizá estamos ante la sustancia más asociada a la delincuencia clásica. La idea de un drogadicto navaja en mano atracando a una anciana en una esquina está inevitablemente unida al yonqui.
Puede ser difícil de convencer a un Tribunal que hemos entrado a robar en un local para conseguir dinero para comprar éxtasis, pero nadie dudaría de que lo podemos haber hecho para evitar el “mono”.
La marginalidad siempre ha estado asociada con esta sustancia. Quizás porque, de no estar en condiciones de permitírnoslo, lo más normal es que si iniciamos el consumo, acabemos en la miseria.
Resulta curioso, no obstante, que en estudios comparativos (especialmente con la cocaína), los animales con autoadministración limitada de heroína son capaces de establecer un patrón organizado de vida combinando la administración de heroína con el alimento y el sueño mientras que, como ya hemos citado, aquellos animales que podían autoadministrarse cocaína libremente no dejaban de consumir hasta la muerte.
De ahí la importancia de programas como el que se ha desarrollado recientemente en Granada y que ya se llevaron a cabo en los años 60 en Holanda.

De Farmacia (Hipnóticos, Tranquilizantes y varios).
En realidad estamos ante las sustancias realmente más próximas físicamente a nosotros (con excepción de las siguientes).
No es extraño que, en algún momento de nuestra vida, nos hayan recetado alguna de esas cajitas de colores que venden en las farmacias y cuyo contenido no conocemos pero que, al venir avaladas por el señor de la bata blanca, deglutimos con toda tranquilidad.
O también puede ser que, un amigo o familiar, esté siendo medicado con alguna de las sustancias que se encuadrarían en este apartado.
Claro que, si empleáramos el término “droga” para referirnos a esa pastilla que se acaba de tomar o el de “drogadicto” para referirnos a su persona, se ofendería tremendamente.
La característica fundamental de esta familia es el ser depresores del SNC. Esta característica los emparenta de algún modo con el alcohol. Así como su capacidad de provocar dependencia física.
Ente los hipnóticos hay varias familias, siendo la más conocida la de los hipnóticos barbitúricos, famosos por la capacidad de provocar una intensa adicción. El síndrome de abstinencia que puede llegar a provocar la supresión brusca de su consumo es comparable al cuadro del “delirium tremens” en alcohólicos.
Por otro lado, los tranquilizantes también tienen su fama bien ganada. Especialmente por el gran consumo que se generó en los últimos veinte años (y que aún se mantiene).

Entre los tranquilizantes llamados “menores” el famoso Valium sería un buen representante de la familia de las Benzodiacepinas.
Nacieron para sustituir en lo posible a los barbitúricos pero acabaron convirtiéndose en sustancias claramente adictivas.
Actualmente, estas sustancias forman parte del repertorio de los politoxicómanos más veteranos que las utlizan para “bajar” los efectos de otras sustancias, de los heroinómanos y de las personas “normales” que son medicadas por psiquiatras de la antigua escuela.
Su importancia en el tema que nos ocupa no es vanal, especialmente porque puede estar implicado en bastantes casos de violencia de género y es bueno tenerlo presente.

Inhalantes
Estas sustancias, son en sí, las más próximas a nosotros. Pero no en cuanto a su consideración de “drogas”.
Colas, pegamentos, disolventes… forman parte de cualquier hogar y están disponibles sin ninguna limitación en droguerías y papelerías.
Ya en 1984 participé en un estudio que se presentó en las 12 Jornadas de Socidrogalcohol de Granada en que se demostraba la alta tasa de consumo de sustancias inhalantes (concretamente pegamentos, colas y benzol) entre menores marginales en la Comunidad Valenciana.
El consumo de inhalantes en menores entre 12 y 15 años superaba claramente a todas las drogas citadas hasta ahora. Encontrándose porcentajes en torno al 4 %.
Es lógico dado su barato coste y su facilidad de acceso.
Los efectos que produce la inhalación de la mayoría de estos compuestos volátiles son : sensación de júbilo y despreocupación que pueden acabar en alucinaciones.
La inhalación profunda y continuada no es extraño que acabe en muertes súbitas.
Un grupo particular dentro de los inhalantes serían los denominados “poppers” el Nitrito de Amilo por excelencia (aunque hay otros nitritos que se comercializan en sex-shops).
Están muy asociados con la actividad sexual y muy poco con la delincuencia dada la corta duración de sus efectos (estimulantes y vasodilatadores).
PERSONALIDAD Y CONSUMO DE DROGAS
Algo que se habrá ido percibiendo a lo largo de esta exposición es la evidencia de que no existe una ecuación que relacione cantidad de droga y conducta.
El organismo que interactúa con la sustancia merece tanta consideración como la sustancia misma. Y, por supuesto, la personalidad del sujeto que consume no puede ser descuidada.
Afortunadamente, en los últimos diez años se han realizado bastantes trabajos en esa dirección que, aunque adolecen de bastantes limitaciones, comienzan a aportar más información acerca de la relación entre variables de personalidad y el consumo de determinadas drogas.
La escala de búsqueda de sensaciones de Zuckerman (1978) y el cuestionario de personalidad de Eysenk (EPQ-A) han sido dos de las pruebas más utilizadas para estudiar esta relación.
Los resultados de los distintos estudios realizados no son concluyentes al no tratar con consumidores “puros” (aquellos que sólo consumen una sustancia). Pero se ha encontrado una tendencia a puntuar alto en psicoticismo en el EPQ-A y consumir cocaína, éxtasis y cannabis.

Ya nos hemos asomado al fascinante mundo de las sustancias capaces de alterar nuestras capacidades de algún modo.
Lo que nos interesa ahora es centrarnos en aquellas que, por sus características, posean la propiedad de alterar nuestras capacidades hasta el punto que es considerado en Derecho.
Es evidente que la nicotina es una droga de la que se abusa, que puede intoxicar hasta la muerte, que genera un síndrome de abstinencia… pero quizá sea difícil demostrar que ha nublado nuestras capacidades cognitivas hasta el extremo de no saber lo que hacíamos cuando destrozábamos la máquina de tabaco del bar de la esquina.
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