Cursos Introducción a la Producción Animal y Producción Animal I, Cap. 12. Fav unrc




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Cursos Introducción a la Producción Animal y Producción Animal I, Cap. 12. FAV UNRC.

Especies forrajeras cultivadas de mayor difusión en la región central del país

Básicamente, las especies forrajeras utilizadas en la región en los sistemas ganaderos de carne y leche están representadas por anuales de invierno (avena, centeno, trigo, cebada, triticale); de verano (sorgo, maíz, moha, mijo común, mijo perla). Dentro de las anuales es muy frecuente el uso de Melilotus spp. como integrante de mezclas, principalmente con anuales de invierno. Las especies perennes están representadas por pasto llorón (Eragrostis cúrvula) y alfalfa (Medicago sativa), como cultivo puro o en consociación con otras especies. También, como cultivos puros o como integrantes de praderas perenne, cabe mencionar otras especies forrajeras, como las gramíneas perennes de ciclo otoño-invierno-primaveral: festuca (Festuca arundinacea), agropiro (Tynophiron ponticum), pasto ovillo (Dactylis glomerata), falaris (Phalaris acquatica), cebadillas (Bromus spp).

Se han realizado experiencias con trébol blanco ( Trifolium repens ) rojo o rosado (Trifolium pratense), pero los resultados no han sido totalmente satisfactorios, dependiendo de las condiciones climáticas del año y aspectos relacionados con el manejo. En los últimos años se ha observado un incremento en la superficie cultivada de algunas gramíneas megatérmicas de los géneros ( panicum, cenchrus y digitaria). El grado de adaptación de estas especies a estas latitudes determinará la consolidación final de las mismas a los sistemas de producción de la región.

Especies Perennes

Importancia

Las especies perennes se constituyen en uno de los recursos más eficientes para la protección del suelo, mejorando la fertilidad, disminuyendo los costos al no requerir labranzas y mejorar los rendimientos agrícolas a través de la recirculación de nutrientes por parte del subsistema ganadero. Los cultivos perennes utilizados en los sistemas bovinos para carne y leche de la región son alfalfa y las gramíneas de ciclo otoño invierno primaveral, los que pueden sembrarse como cultivos puros o constituyendo las praderas perennes (Pagliaricci et al, 1997).

Alfalfa

La alfalfa es un recurso fundamental para la producción agropecuaria en las regiones templadas del mundo. Su calidad nutritiva, producción de forraje, hábito de crecimiento, perennidad, plasticidad y capacidad de fijación simbiótica de nitrógeno atmosférico, la convierten en una especie esencial para muchos sistemas de producción agropecuaria. En la mayoría de las regiones de Argentina donde las producciones de leche y carne son relevantes, esta especie forrajera es básica en la alimentación. Sin embargo, la dimensión real de su valor surge cuando se considera , además, el papel de esta leguminosa en la sustentabilidad de los sistemas de producción, por su función en la recuperación de la fertilidad y estabilidad edáfica (Pordomingo, 1995).

En nuestro país se cultivó primeramente en la región cuyana (Mendoza y San Juan) y años mas tarde en Córdoba. Su llegada a lo que actualmente es la provincia de Buenos Aires se produjo a mediados del siglo XVIII. En el año 1900 se registraron aproximadamente 1,5 millones de hectáreas y solo dos décadas después la superficie llegó a las 8,5 millones. Desde entonces la evolución de la superficie con alfalfa en Argentina experimentó vaivenes muy marcados con un mínimo de 3.000.000 has en 1972/73 (Hijano y Basigalup, 1995; Romero, 1981). Los últimos datos muestran una superficie en la región pampeana de 5 millones de hectáreas (INDEC, 1993).

La escasa persistencia de los cultivos de alfalfa y sus praderas está íntimamente relacionada con la utilización en pastoreo de esta especie. La normas y las estrategias de uso deben basarse en la dinámica de las sustancias de reserva en sus órganos de almacenaje, asegurando niveles adecuados de las mismas en épocas críticas del año, junto con otros aspectos tecnológicos del cultivo que tendrán que ser considerados.

Varios autores coinciden en que su sobrevivencia y crecimiento posterior dependen, tanto del área foliar remanente, como de los niveles de reserva y que ambos factores están relacionados (May y Davidson, 1958; Good y Bell, 1980; Smith y Silva, 1980; Vickery, 1981).

La importancia de las reservas es bien conocida. Cooper y Watson (1968) citan que ya en 1927 Graber et al enunciaron que: “Las condiciones de las raíces de alfalfa están tan claramente relacionadas con la cantidad de parte aérea, que en prácticas de manejo no se las puede ignorar más”. El estudio del ciclo de acumulación de las reservas de carbohidratos no estructurales totales (CNT) en alfalfa es de gran importancia, pues permite correlacionar características fisiológicas con el desempeño productivo (Costa, Saibro y Riboldi, 1987).

Grauman, Webster, Canode y Murphy (1954) señalaron que en el manejo de alfalfa lo primero que importa es el estado de los carbohidratos de reserva en las raíces, puesto que están directamente relacionadas con la velocidad de recuperación, el crecimiento vegetativo total y la sobrevivencia durante el invierno. Borel (1974) y Lawn y Brum (1974) encontraron mayor cantidad de CNT cuando la defoliación se realizó con intervalos largos y baja intensidad. Generalmente, cortes tardíos, cerca de plena floración, incrementan el vigor del rebrote (Leach, 1967) y mantiene altos niveles de carbohidratos de reservas en las raíces (Reynolds, 1971). Por otro lado, la alfalfa puede tener mas vigor con cortes menos frecuentes, pero esto resulta en bajos valores nutricionales del forraje. Wolf y Blaser (1981) señalan que la frecuencia de corte o pastoreo debe considerarse como un compromiso prudente entre producción, calidad y longevidad de las plantas.

La frecuencia de corte o pastoreo es un factor importante en el manejo de la defoliación. Smith (1962) señala que el momento óptimo de corte estaría determinado por el estado de desarrollo del cultivo. El corte o pastoreo en plena floración permitirá la máxima acumulación de reservas (carbohidratos no estructurales totales) en raíz y corona, elevada producción de forraje, rapidez en el rebrote y mantener una buena densidad de plantas. Sin embargo, este criterio es difícil de aplicar en algunas épocas del año, ya que por condiciones climáticas (luz, temperatura) no se produce la floración. El criterio de días transcurridos entre cortes, aunque con ciertas limitaciones por lo rígido, podría utilizarse para definir la frecuencia de corte (Edmisten, Wolf y Lentner, 1988). Romero (1981) señala que los ecotipos pampeanos de alfalfa pueden ser utilizados con frecuencias de pastoreo de 35 días. Solá, Josifovich y Bertín, (1984) indican que la persistencia es mayor y se mantiene la densidad de plantas cuando se respetan descansos entre utilizaciones de 35 a 42 días durante la primavera-verano..

Otro aspecto importante a considerar en la utilización de alfalfa es el manejo otoñal para obtener buenos rendimientos de forraje en primavera y mejorar su comportamiento productivo (Hernández, 1969; Solá et al 1984). Al respecto, Smith (1962) señala que la alfalfa no debería pastorearse por 4 a 6 semanas antes de las primeras heladas. Romero (1981) sostiene que el período de descanso otoñal debe ser de 3 meses. Sin embargo, la acumulación de sustancias de reservas en especies forrajeras perennes dependen del balance energético de la planta en diferentes estados fenológicos y este es siempre afectado por el ambiente lumínico, hídrico y térmico (Deregibus, Trlica y Jameson, 1982), por lo que los resultado pueden ser válidos para algunas regiones y no para otras.

Gramíneas perennes de invierno

La falta de forraje durante el invierno es una limitante para la actividad pecuaria en la región pampeana subhúmeda de Argentina. La base de la alimentación para sistemas de altos requerimientos son los cereales de invierno, pero presentan la desventaja de desestabilizar los suelos por laboreo permanente a pesar de que en la actualidad cada vez es mas frecuente el uso de prácticas conservacionistas (rotaciones e incorporación de leguminosas), escasa incorporación de rastrojos (materia orgánica), compactación por pisoteo y sus altos costos de implantación. Las gramíneas perennes de ciclo otoño-invierno-primaveral [festuca (Festuca arundinacea), agropiro (Tynophiron ponticum), pasto ovillo (Dactylis glomerata), falaris (Phalaris acquatica), raygrass perenne (Lolium perenne)], podrían constituirse en recursos de producción y calidad complementarios y disminuir la superficie sembrada de cereales de invierno. Norris y Thomas (1982) señalan que el pasto ovillo (Dactylis glomerata L.) es una de las gramíneas templadas más resistente a sequías, y es coincidente con lo informado por Larrea (1981), quien indica que esta especie está adaptada a condiciones de baja humedad de suelo y mediana fertilidad, manifiesta resistencia a sequía y marcada latencia estival. Sin embargo es una especie que por otras razones suele ser caracterizada por su corta persistencia, baja productividad y exigente en las condiciones de manejo del pastoreo. También, festuca alta (Festuca arundinacea L.) es una especie que vegeta bien en una gran diversidad de ambientes y mantiene alta estabilidad en la producción de materia seca dentro y entre años (Arostegui et al, 1981; Larrea y Ferrarotti, 1984). En Balcarce, provincia de Buenos Aires, la variedad El Palenque mostró alta tolerancia a pastoreos intensos en verano y capacidad para mantener elevada densidad de plantas con bajos niveles de fertilización nitrogenada (Mazzanti et al, 1992). Por su parte, Volenec y Nelson (1983) observaron una mayor tasa de elongación foliar en los tratamientos con utilizaciones menos frecuentes. Al respecto, Larrea (1981) afirma que el espectro restringido de especies disponibles hace necesario que se explote al máximo las posibilidades de prolongar el período de utilización de las mismas. Las condiciones climáticas adversas, baja temperaturas y escasas lluvias, de nuestra región, condicionan el crecimiento y la producción invernal de estas pasturas.

El conocimiento de los cambios fenológicos y fisiológicos de estas especies en relación a las condiciones ambientales, permitirían adecuar normas de manejo tendientes a maximizar la producción de forraje.

Según Booysen, Taiton y Scott (1963) para el manejo de gramíneas perennes los conceptos básicos que deben ser estudiado son: la época de elevación del meristema apical y el período en que este se hace accesible al corte o pastoreo. La aptitud de algunas forrajeras de mantener sus meristemas cerca del nivel del suelo es uno de los indicadores de su adaptación al pastoreo (Peterson, 1961). Cuando el número de meristemas apicales terminales es alto, el rebrote se inicia a partir de yemas basales, pudiendo esa recuperación ser demorada y poco vigorosa o rápida y satisfactoria, lo que depende de las yemas formadas en la base de la planta y el nivel de los carbohidratos de reserva (Gomide, 1973).

Uno de los objetivos perseguidos en el manejo de la defoliación de especies forrajeras y en particular en gramíneas es la estimulación de la tasa de macollaje y consecuentemente el desarrollo de nuevas hojas, lo cual se logra permitiendo la penetración de la luz en la base de las plantas (Belesky y Fedders, 1994). Davis y Laude (1964) y Washko et al (1967) coinciden con este concepto, y Langer (1963) afirma que la tasa de macollaje aumenta con la severidad de la defoliación. En cambio Bertin (1990) señala que en general los modelos de macollaje siguen un patrón bastante similar, independientemente del régimen de defoliación empleado.

Según Brougham (1956), la acumulación de biomasa en las praderas se ve favorecida por la utilización con menor intensidad y frecuencia. En las plantas forrajeras perennes, los carbohidratos de reserva son importantes para cubrir los requerimientos energéticos durante el período de latencia, el crecimiento posterior a ella y el rebrote después de un corte o pastoreo (Trlica y Cook, 1971; Gardner, 1974). Para Mislevy, Washko y Harrington (1978) la concentración de carbohidratos no estructurales totales almacenados por las gramíneas perennes es un indicador de su condición fisiológica.

Los períodos de almacenaje y utilización de las reservas orgánicas determinan la potencialidad del rebrote después de un corte o a la salida del período de latencia (Smith, 1972) o cuando el estrés que sufre la planta es relevante (Volenec, 1986). También Davidson y Milthorpe (1964) observaron que la velocidad de rebrote de Dactylis glomerata inmediatamente después de la defoliación está relacionada con la concentración de carbohidratos de reserva presentes en el momento de corte.

Algunas investigaciones demuestran que los niveles de carbohidratos de reserva son una característica debida más a factores climáticos y normas de manejo que a la especie individual (White, 1973). Los niveles de reserva de verano y durante el rebrote de otoño son reducidos tanto por defoliaciones intensas en primavera como por déficit hídrico en verano (Volaire, 1994)

Praderas

Tradicionalmente la alfalfa fue una especie que se sembró como cultivo puro. Sin embargo, actualmente en el país alrededor del 70% de la superficie corresponde a siembras con otras especies forrajeras especialmente gramíneas (Romero, Comeron y Ustarroz, 1995). Alfalfa es la principal especie integrante de las praderas, por ser una leguminosa que produce cantidad y calidad de forraje durante gran parte del año y bajo condiciones ambientales variables (Enrique, Becker y García, 1989). Según Jung y Shaffer (1993), en las regiones húmedas de estados Unidos hay un interés renovado en la siembra de mezclas de alfalfa con gramíneas en oposición a alfalfas puras. Ravaglia (1992) señala que la mezcla o asociación de especies tiene una importancia muy grande, ya que es mediante ella como se resuelven o generan problemas desde el inicio de la vida de una pradera.

Especies anuales

Importancia

Carambula (1977) señala que, las praderas temporarias o cultivos forrajeros anuales no deben considerarse como un relicto de antiguas explotaciones, ya que constituyen de por si un elemento fundamental en la producción de forraje. Pretender que un sistema de producción ganadero dependa pura y exclusivamente de praderas formadas por especies perennes, no ha dejado de ser una utopía. Si bien ellas deben ser los principales pilares, también es cierto que las praderas temporarias cumplen exitosamente la misión de reforzar las necesidades forrajeras en las épocas críticas de invierno y verano, cuando las pasturas perennes disminuye su productividad.

  1.       Ventajas

* Son de fácil implantación.

* Simples en el manejo del cultivo.

* Alto valor nutritivo.

* Alta productividad en un corto período de tiempo.

  1.       Desventajas

* Por el escaso tiempo que ocupan el suelo y los elevados índices de cosecha, la reposición de nutrientes es escasa.

* La utilización por pastoreo afecta la estructura física del suelo por pisoteo y escasa incorporación de rastrojos.

* El laboreo anual del suelo para realizar su cultivo también provoca degradación física del mismo.

* Son de elevado costo.

* No siempre se constituyen en forrajes completos, presentando con cierta frecuencia desbalances en la relación energía/proteína.

Cereales de invierno

En la región centro sur de la provincia de Córdoba predominan los sistemas de producción mixtos. La oferta forrajera invernal es escasa y las gramíneas anuales de invierno, los tradicionales “cereales de invierno”, ocupan no menos del 50 % de la superficie y actualmente resultan ineludibles. En los sistemas ganaderos de altos requerimientos, el invierno constituye una etapa crítica debido a que las bajas temperaturas y la sequía condicionan la provisión de forraje. En tales disposiciones, la adaptación y producción de especies perennes de ciclo otoño-invierno-primaveral es bastante difícil, por lo menos con las variedades y cultivares que se encuentran en los comercios que proveen insumos. Estos materiales se han obtenido en y para otros ambientes diferentes a la región en cuestión. Por ello, la cantidad y calidad de forraje provisto por las gramíneas anuales de invierno cumple un rol muy importante en el planeamiento forrajero de una gran cantidad de establecimientos de una amplia área del sur provincial, especialmente si están dedicados a la producción bovina de carne o leche.

Según el Censo Nacional Agropecuario (INDEC, 1988), en los departamentos que integran la zona centro-sur de la provincia de Córdoba (Río Cuarto, Juárez Celman, Roque Sáenz Peña, General Roca, Tercero Arriba y Calamuchita) se cultivaron mas de 1.100.000 has de forrajeras anuales. La mayoría de las invernales corresponden a cereales de invierno, principalmente avena (469.000 has.), centeno (67.000 has) y triticale, cuya difusión está en auge; no se dispone de estadísticas de otras especies forrajeras invernales.

La inclusión de una proporción de cereales de invierno es de uso habitual en el planteo forrajero de muchos establecimientos (Amigone, 1992). Debido a su alto costo de implantación y en general corto período de aprovechamiento, el empleo de estos recursos debe ser bien planificado en todos sus aspectos. La fecha de siembra influye directamente sobre los días a primera utilización y en el aprovechamiento total del recurso. Alvarez Chaus (1993) señala que siembras tempranas permiten el logro de dos objetivos claves: iniciar el pastoreo lo antes posible (por ej., a principios de mayo) y alargar el período de aprovechamiento (pudiendo superar los cinco meses). Hernández y Funes (1983) destacan la importancia de la fecha de siembra en los cereales de invierno con diferentes densidades de siembra en utilizaciones tempranas y tardías.

Cereales de verano

Dentro de estos cultivos sobresalen: el sorgo (Sorghum bicolor); maíz (Zea mays); mijo común (Panicum mileaceum); moha (Setaria itálica) y mijo perla (Pennisetum americanum). Estas especies se utilizan para pastoreo directo y para la conservación de forraje en la forma de ensilaje (sorgo, maíz y mijo perla) y mediante la henificación en el caso de moha y mijo común. Bruno et al (1992) señalan la importancia de la utilización de los sorgos forrajeros, fundamentalmente en aquellas regiones donde existen limitaciones para el cultivo de maíz. Los sorgos forrajeros comenzaron a utilizarse en Argentina a partir de la década del 60 alcanzando una superficie sembrada superior a las 200.000 has entre 1970 y 1980. También se observó una creciente aparición de cultivares particularmente híbridos de sorgos azucarados, sudan y doble propósito (Scatamburlo, 1981).

Marchi y Giraudo (1973) informan que el sorgo es un recurso ampliamente difundido y utilizado en el engorde de novillos en las regiones semiáridas.

En los sistemas de producción de leche es necesario incorporar una proporción importante de cultivos forrajeros anuales para cubrir los requerimientos alimenticios, siendo el sorgo forrajero un recurso adecuado dado el gran volumen de forraje verde que ofrece y la calidad del mismo para la producción de carne y leche (Nardone et al., 1980).

El maíz es otro de los cultivos anuales de verano usualmente sembrado como forraje. En la actualidad se cultiva también para ensilaje. Se caracteriza por su excelente adaptación a esta técnica con fermentaciones favorables, alto contenido energético y elevados rendimientos por unidad de superficie (Romero et al, 1992). En condiciones de clima subhúmedo y semiárido la productividad del maíz está condicionada por la variabilidad de las precipitaciones (Vigna, 1981). El maíz es un cultivo que tiene la característica de no presentar rebrote por lo que el manejo y la utilización bajo pastoreo son específicos para esta especie.

Entre los cultivos anuales de verano, la moha es una especie interesante por su rápida implantación y precocidad. Se lo puede utilizar mediante pastoreo, pero el uso más común es para henificar, siendo el momento adecuado para hacerlo 5 a 10 días después del panojamiento (Ramos Vértiz, 1983).

Otro cultivo destacable pero de escasa difusión en Argentina es el mijo perla. Presenta características forrajeras para considerar como su facilidad para implantarse, resistente a déficit hídricos y sequías, tolerante a salinidad y plagas, altos rendimientos de materia seca y buen valor nutritivo (Brizuela et al., 1977).

Planificación forrajera

Introducción

La planificación forrajera es el conjunto de planes forrajeros para el corto, mediano y largo plazo. Consiste en la previsión, en el tiempo, del balance entre la oferta de forraje y la demanda ganadera (gráfico 1). La oferta es expresada a través de la disponibilidad de recursos forrajeros (cultivos forrajeros, pasturas, reservas, suplementos) y la demanda mediante los requerimientos nutritivos del rodeo para mantenimiento y producción (Milligan y col, 1987; Lucas y Thompson, 1990)

En el largo plazo se puede considerar la estructura forrajera; en el mediano plazo, el cálculo de receptividad y la presupuestación forrajera y en el corto plazo, la planificación del pastoreo y balance nutricional (gráfico 12-1)

 

Gráfico 12-1.- Esquema de presupuestación forrajera

Estos planes difieren en la escala de resolución , en el plazo de aplicación y en las decisiones específicas que posibilita su análisis (cuadro 12-1). En el largo plazo es posible modificar la estructura forrajera del establecimiento, definiendo el esquema de rotaciones, la composición de las pasturas, el sistema de reservas y el apotreramiento. En el mediano plazo se puede determinar la carga animal, la época de servicio, de parición, el destete, definir la cadena forrajera y la necesidad de reservas y suplementación. En el corto plazo no se plantean modificaciones sustanciales a la oferta forrajera y se tiende a solucionar problemas coyunturales y a ajustar el balance nutricional en la alimentación diaria (formulación de raciones).prodam


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Es fundamental definir escala de resolución del problema, así como evaluar la calidad (confiabilidad) de la información con que se cuenta, para decidir adecuadamente y manejar eficientemente los sistemas de producción. A menor plazo, mayor es nivel de detalle de la información necesaria. La planificación a largo y mediano plazo se basa principalmente en estimaciones, mientras que en el corto plazo se trabaja con información real (cuadro 2).

 

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Modelo simple de calendario forrajero para sistemas de altos requerimientos de la región central del país

Los sistemas de producción de carne y leche de alta productividad en la región, imponen una articulación de recursos alimenticios que atenúe al máximo las diferencias estacionales en el crecimiento de las praderas. La planificación de un calendario forrajero y el manejo del pastoreo se constituyen en las principales herramientas disponibles para compatibilizar la oferta con la demanda de nutrientes de las distintas categorías productivas (Kloster et al,1997). Las especies que integran el calendario forrajero están representadas por praderas, cultivos de alfalfa y distintas especies y variedades de cereales invernales.

 

Cuadro 12-1.- Modelo de calendario forrajero en la pampa subhúmeda Argentina

Ene

feb

mar

abr

may

jun

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ago

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oct

nov

dic

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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