Investigación Riesgos para la salud de las enfermeras del sector público en Chile






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fecha de publicación26.12.2015
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Investigación


Riesgos para la salud de las enfermeras del sector público en Chile

Autoras: Cecilia Avendaño, Patricia Grau, Pamela Yus (2)
“Tú te tratas de exigir el 100%…y tratas de ser la enfermera diez y la madre diez y la esposa diez”

Resumen



En este artículo se presentan resultados de una investigación sobre riesgos para la salud de las enfermares del sector publico de salud chileno. Desde la doble perspectiva de las enfermeras como mujeres y trabajadoras, y mediante una metodología cualitativa, se construyó el perfil de riesgos de este grupo profesional. El perfil caracteriza por su complejidad, por cuanto los riesgos son cuantitativamente numerosos, interactúan entre ellos y tienen orígenes muy diversos. Esto es, provienen tanto de condiciones de trabajo remunerado como domestico, de la doble jornada, de los recursos personales disponibles y del contexto general de ejercicio de la profesión.

Introducción


La tendencia al aumento progresivo de la fuerza de trabajo femenina es un fenómeno que se observa en Chile desde la década de los cincuenta. Sólo entre 1970 y 1990 la población femenina económicamente activa aumentó un 83%, constituyéndose en ese último año en el 31,8% ( aproximadamente 1,5 millones) de la fuerza de trabajo total del país (Valdés y Gomariz, 1992). Esta incorporación creciente de las mujeres al trabajo remunerado debe ser evaluada no exclusivamente por su importancia como factor de desarrollo del país sino también como fuente de nuevos problemas, entre estos, la emergencia de nuevos problemas de salud.
Desde nuestro punto de vista, conocer los riesgos a que están expuestas actualmente las mujeres y toman decisiones que pueden contribuir a protegerla para mantener o mejorar su salud, su bienestar y calidad de vida han pasado a ser un imperativo social. La urgencia de enfrentar esa tarea es mayor si consideramos que no se han producido todavía los cambios sociales y culturales necesarios para modificar los patrones históricos de comportamiento de género. Por tanto, junto con asumir el rol de trabajadora remunerada, las mujeres mayoritariamente continúan realizando también el trabajo doméstico.
Sin embargo, existe un gran obstáculo para el desarrollo de estrategias preventivas y para el mejoramiento de las condiciones específicas de trabajo e inserción laboral de las mujeres en nuestro país. El escaso conocimiento acerca del impacto de su incorporación como trabajadoras remuneradas sobre su salud y su bienestar general. De hecho, en Chile la salud ocupacional de las mujeres surge como área de estudios sólo a principios de esta década. (3)

En este artículo nos proponemos abordar los riesgos específicos para la salud psicológica de un grupo importante de mujeres chilenas. Las enfermares del subsector público de salud, desde la perspectiva de su doble condición de mujeres y trabajadoras.

La elección de este grupo como foco de estudio se basa en los siguientes argumentos: en primer lugar, en Chile el 80% de las mujeres se concentra en el sector servicios; en términos profesionales, la mayoría se inserta en el mercado de trabajo como enfermera o profesora (Valdés y Gomariz, 1992). Segundo, recomendaciones formuladas por organismos internacionales basadas en las consideraciones de que entre las ocupaciones femeninas la enfermería es una de las que presenta más alto riesgo para la salud de quienes la ejercen. Por último, porque la enfermería desempeñada en el sector público concentra muchas características compartidas por otras ocupaciones “feminizadas” en Chile (bajas remuneraciones y estatus social, etc.). Por lo tanto, tanto teórica como metodológicamente, el estudio de la salud de las enfermeras posee un gran potencial heurístico para el campo de estudios de la salud de las trabajadoras chilenas.

La enfermería como ocupación feminizada


En muchos países las mujeres son las principales dispensadoras de salud, jugando un papel fundamental como agentes del bienestar biopsicosocial tanto en la familia, en la comunidad como en los sistemas oficiales de salud. En el ámbito comunitario las mujeres prestan servicios de salud en un gran número de organizaciones, en el voluntariado y en clínicas de auto asistencia y, aunque en general no ejerzan los puestos de autoridad, en la práctica la sociedad ha puesto a su cargo el cuidado y atención sanitaria de la población (Pizurki et al, 1988). De hecho, en todo el mundo las mujeres constituyen el contingente más numeroso de personas involucradas en las actividades de atención de salud.

El fenómeno de feminización de la enfermería, o encausamiento selectivo de las mujeres hacia esta actividad, ha sido explicado como una resultante del proceso de tipificación sexual de los roles considerados “apropiados” cultural y socialmente, y transmitido a través del proceso de socialización. En buena medida, el proceso anterior explicaría la división sexual del trabajo de la sociedad global (Espinoza, 1991; Aguirre, 1990).

Desde esta perspectiva, se puede entender la enfermería como una prolongación de las actividades de cuidado y atención de salud que las mujeres han asumido históricamente en relación con sus familias y con la comunidad.
Entre otras actividades, podemos mencionar las siguientes (Pizurki et al., 1988; Durán, 1988):

  • Decisiones sobre la atención de salud para los miembros de la familia;

  • Socialización y crianza sana de los hijos;

  • Producción, selección, preparación y distribución de los alimentos en la familia;

  • Prestación de servicios de salud en el hogar;

  • Mantenimiento del registro de la situación de salud de los miembros de la familia;

  • Identificación de enfermedades;

  • Acompañamiento de los enfermos a los servicios de salud;

  • Prestación de servicios de enfermería, terapia física, primeros auxilios;

  • Educación sanitaria de los hijos;

  • Atención de salud a parientes enfermos;

  • Tareas relacionadas con la higiene del hogar como adquisición de productos de limpieza, limpiar, lavar, barrer, fregar, desempolvar, recoger ropa sucia, etcétera.


Por otra parte, a las mujeres se les asigna el rol social de regulación de los afectos en la pareja y en la familia y, además, se considera que ellas mismas son más saludables psíquicamente en la medida en que son capaces de sostener estados de armonía y de equilibrio emocional de sí mismas y de las personas con quienes viven (Burín, 1992).

En síntesis, las mujeres desarrollan cotidianamente actividades de asistencia sanitaria y atención de la salud física y psicológica del grupo familiar y de la comunidad en general.

Condiciones de trabajo y riesgos para las enfermeras


Existe consenso en la literatura proveniente de las más diversas regiones del mundo acerca de las características de las condiciones de trabajo de las enfermeras. (4) En general, el perfil ocupacional de la enfermería ha sido definido de la siguiente manera:

  • Sujetas a la supervisión y control de superiores masculinos, en general, médicos.

  • Bajas remuneraciones.

  • Trabajo en sistemas de turnos, en general rotativos, y trabajo nocturno.

  • En los países subdesarrollados, frecuentemente alargamiento de jornada por horas extras o doble turno.

  • Altas cargas físicas (sobreesfuerzo físico, exposición constante contaminantes físicos y químicos) y psicológicas ( responsabilidades por la vida y salud de los pacientes, contacto permanente con la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, y con situaciones y personas en crisis).

  • Trabajo rutinario, fragmentado y estereotipado, en ocasiones organizado en tareas individuales.

  • Rol de mediación en la relación médico-paciente y médico-auxiliar de enfermería.


Para América latina se han identificado, además, los siguientes problemas comunes en la práctica de la enfermería (Lange, I., 1991):

  • Inadecuación del ejercicio profesional en relación al papel que actualmente se da a la enfermería en los servicios de salud, en particular, con su participación en el primer nivel de atención.

  • Falta de identidad profesional.

  • Falta de reconocimiento de la labor de enfermería.

  • Inadecuación de los modelos de enfermería para la satisfacción de las necesidades de salud de la población.

  • Deficiencia en dotación de equipos y suministros.

  • Pocas oportunidades de formación continua.


En Chile, algunos antecedentes relevantes acerca de las condiciones de trabajo de las enfermeras fueron proporcionados por las propias enfermeras en la Jornada de Enfermería, organizadas por el Colegio de la orden en 1987. En estas jornadas se identificaron problemas específicos que afectan el ejercicio de la profesión y que pueden ser agrupados de la siguiente manera; insuficiencia de recursos humanos y materiales en relación con la demanda asistencial y las coberturas asignadas; incorporación de tecnología que deja de lado la atención integral; inadecuación en la organización de los servicios y en las políticas del personal; problemas de relación con el equipo de salud y la dirección de los servicios; problemas asociados al desconocimiento del rol de la enfermera; mala calidad de la atención de enfermería; Crisis de la enfermería e incertidumbre sobre su futuro y deterioro de la salud de las enfermeras.
La enfermería, una ocupación de alto riesgo
la enfermería ha sido reconocida como una ocupación con alto riesgo y con problemas particulares de salud. (5) Pero, los riesgos para la salud provenientes del trabajo remunerado de las enfermeras, no pueden ser atribuidos a una causa simple sino a un conjunto de factores presentes en el ambiente laboral. Además, dichos factores se suman, interactúan y se combinan de tal modo que sus efectos se potencian sinérgicamente.

Los riesgos están asociados con las condiciones de trabajo, en particular con su organización y con la naturaleza o contenido de la actividad misma y, específicamente, con su contenido psicológico. Así, el perfil de daños de la enfermería se ha caracterizado por los siguientes componentes (6):

  • Daño por sobreesfuerzo, especialmente en la región lumbar, provocado por el esfuerzo físico atribuido al manejo de pacientes.

  • Daño reproductivo y aborto.

  • Infecciones por contacto con pacientes y otros agentes biológicos (infecciones intrahospitalarias).

  • Enfermedades físicas (frecuentemente se encuentran dermatitis de contacto por agentes biológicos, físicos y químicos).

  • Trastornos del ciclo sueño-vigilia, trastornos del sueño, cefaleas, problemas gastrointestinales, trastornos alimentarios y otros asociados al sistema de trabajo en turnos y nocturno.

  • Accidentes menores.

  • Agresiones físicas.

  • Fatiga mental (frecuentemente reportada al final del día de trabajo).

  • Tensión emocional asociada a estrés, expresada en síntomas de ansiedad, angustia o depresión ( constituye el riesgo más alto según algunos estudios).


Por otra parte, debiera tenerse en cuenta que muchas enfermeras realizan doble jornada, la cual implica doble carga de trabajo y la necesidad de asumir actividades que ocupan el tiempo que debiera estar destinado a la recuperación del desgaste, a la recreación, y a la convivencia social y familiar. Algunas enfermeras chilenas tienen incluso triple carga proveniente de la realización de doble empleo. Lo enterior es muy preocupante si se considera que, además de las consecuencias que puede tener esta alta carga global de trabajo, existe en ellas una actitud generalizada de bajo autocuiado de su salud (Grau, 1992).

Metodología


En esta fase de la investigación, se utilizó una estrategia cualitativa para recolección y análisis de los datos basada en una versión modificada del Modelo Obrero Italiano (Noriega, 1989) y en los principios de la Grounded Theory (Strauss & Corbin, 1990 y 1991).
Dado que esta versión del Modelo Obrero Italiano se diseñó para el estudio de riesgos presentes en el sector industrial, predominantemente masculino, fue necesario realizar una adaptación para su uso en el sector de salud pública y, además, construir un cuestionario específico para indagar sobre aspectos de género y condiciones de trabajo doméstico de las enfermeras.

Resultados


Denominamos perfil de Riesgos de las enfermeras del sector público de salud al conjunto de factores específicos de riesgos presentes en sus condiciones de trabajo y vida que tienen la capacidad potencial de dañar o disminuir su salud psicológica y bienestar psicosocial. Este potencial de los riesgos se debe a que ellos disminuyen la capacidad de la enfermera de resistir y enfrentar con efectividad las situaciones adversas de sus condiciones de trabajo y vida. En tal sentido, los riesgos la hacen más vulnerable.

Las enfermeras aparecen expuestas a un variado número y tipo de riesgos que emergen tanto de sus condiciones de trabajo doméstico y trabajo remunerado como de la interacción entre ambos, de las relaciones interpersonales en el trabajo y en el hogar, de sus recursos personales y del contexto general del ejercicio profesional de la enfermería en el sector publico. A continuación, exponemos estos grupos de riesgos e indicadores más significativos.
Riesgos derivados del contexto social, legal e institucional del ejercicio de la enfermería en el sector público de salud en Chile.
Con el término contexto social, legal e institucional aludimos al conjunto de elementos que determinan las condiciones de trabajo y vida de las enfermeras del sector público de salud. Incluye legislación y políticas de salud, características del sector público y consecuencias de la pertenencia a este, imagen de la población atendida acerca de la calidad de dicha atención, imagen social de la profesión, características de la formación profesional y asuntos vinculados al género.

Estas condiciones influyen principalmente sobre las condiciones de trabajo remunerado y doméstico, sobre algunos de los recursos personales disponibles ( creencias, actitudes, imagen de sí misma y estado civil) y en algunos aspectos del contexto interpersonal (valoración del trabajo de la enfermera por parte del grupo familiar, demandas y exigencias sobre la enfermera en su doble condición de mujer y profesional). Por medio de estos elementos, el contexto social, legal e institucional incide sobre los riesgos aumentando las posibilidades de que se transformen en efectos negativos o dañinos para la salud y el bienestar de las enfermeras. Así, resulta muy importante conocer e identificar los posibles riesgos que derivan de este contexto. A continuación presentaremos algunos antecedentes que nos permitan caracterizarlo.

El subsector público de salud chileno posee una dotación total de 64.632 personas, de las cuales el 62% (40.074) son mujeres. En tanto, la dotación del subgrupo de profesionales del sector es de 8.943 personas, y en éste el 72,43% (6.477) son mujeres; asimismo, la gran mayoría de las enfermeras son mujeres (95%) (7). Estos datos dan cuenta del alto grado de feminización del sector público de la salud de Chile.

El total nacional de enfermeras pertenecientes al sector de salud pública es de aproximadamente 4000 personas; de ellas, 1029 pertenecen a la atención primaria municipalizada y al Sistema Nacional de Servicio de salud (SNSS); 2805 al subsector intrahospitalario y 166 a las direcciones de servicio (DAP y DS).

La tasa nacional de enfermeras del subsector público por población beneficiaria es de 43,4 enfermeras por cada 100.000 hab., fluctuando entre 78,5 (en Magallanes) y 26,7 (en el Servicio de Salud Metropolitano Suroriente).(8) Estas tasas son muy inferiores a las estimadas necesarias por los organismos internacionales y pueden ser considerada que el sector público de salud debe proporcionar atención al 70% de la población chilena.

Por otra parte, existen otros riesgos específicos derivados del contexto que son importantes de mencionar. Las personas entrevistadas- individual o colectivamente-identifican como factor de riesgo “el ser mujer-enfermera, en el estereotipo sexual asociado con ella y la conducta machista de hombres y mujeres con los cuales las enfermeras se relacionan a través en su trabajo.

Un segundo factor específico corresponde a ciertas características actuales de la enfermería como profesión en Chile. Algunos de los indicadores de riesgo provenientes de esta fuente son: identidad profesional difusa; superposición de campo con otras profesiones de la salud; pérdida de campo profesional, y falta de delimitación y definición poco precisa del rol de la enfermera. Se destaca también la alta subordinación jerárquica respecto de los médicos. En otro plano, aparecen la baja valoración social de la profesión y el desconocimiento del quehacer de la enfermera por parte de los otros miembros del equipo de salud, por los usuarios y por la sociedad en general. Por último, habría que mencionar el poco “espíritu de cuerpo” del gremio a nivel nacional.
Un tercer factor importante remite a la formación profesional que se recibe en la vida universitaria. Los riesgos provienen, en este caso, del fomento de la desvalorización personal y de actitudes reñidas con el autocuidado; de la transmisión de la enseñanza de una visión de enfermería como una beneficencia, y de la pérdida de la identidad personal en beneficio de la asunción del rol profesional. Existiría además una disociación entre la formación ética y la científica; una formación muy alejada de la realidad; falta de preparación para el trabajo comunitario y para interactuar con otros profesionales; déficit en la formación para el manejo de usuarios y personal a cargo, y enseñanza de actitudes que niegan o rechazan los recursos de los pacientes y de la comunidad en el cuidado de su salud.

El cuarto factor se presenta en relación con la imagen de la enfermera en el servicio de salud expresada, finalmente, como despersonalización de la enfermera (imagen de “enfermera robot”).

Por último, de la pertenencia al sector público derivan grandes riesgos para las enfermeras. En primer lugar, es necesario considerar que la falta de recursos humanos, técnicos y materiales, la alta demanda asistencial, las características de los usuarios / en general, pobreza y complejidad de sus problemas de salud) y las bajas remuneraciones del sector configuran un cuadro de carencias, deficiencias y serios riesgos para el ejercicio de la actividad de enfermería. Lo anterior, se ve agravado por hechos tales como la fijación de coberturas programáticas y de prioridades de atención a nivel central en el Ministerio de Salud (MINSAL).

Estas conllevan sacrificio del trabajo preventivo en beneficio del cumplimiento de metas cuantitativas de atención, o la presencia en algunos casos de estímulos a la productividad que atentan contra la salud, tales como bonos de estímulo por no hacer uso de licencias médicas. Por otra parte, las enfermeras identifican como fuente de riesgo la existencia de una legislación arbitraria respecto de la organización de enfermería en los servicios de salud, que se expresa en: falta de una estructura de enfermería en los servicios, falta de reconocimiento del cargo de enfermera supervisora y ausencia de asignación por responsabilidades. Otros indicadores señalados en relación con este aspecto son la desorganización de algunos servicios, y la ausencia de una legislación que respalde la responsabilidad de la enfermera.
Riesgos derivados de las condiciones de trabajo doméstico y remunerado de las enfermeras del sector público
Entendemos por condiciones de trabajo de las enfermeras tanto las condiciones del trabajo remunerado y doméstico como las interacciones entre ambas. Incluyen diversos factores sociales y técnicos presentes en los procesos de trabajo doméstico y remunerado de las enfermeras, que afectan su salud y su bienestar.

Entre los riesgos derivados de las condiciones de trabajo doméstico es posible identificar como factor relevante las características del grupo familiar. Este factor se expresa en el tamaño y composición del grupo familiar ( grupos familiares de más de cinco miembros; grupos con presencia de allegados, sean o no parientes); en la presencia de hijos pequeños y adolescentes y número de hijos (superior a tres).

Un segundo factor de riesgo constituye a partir de la responsabilidad exclusiva o prioritaria de las tareas domésticas por parte de las enfermeras. Se identificaron tareas en relación con los hijos, tales como educación y crianza, atención y cuidado de los hijos y, en relación con otros integrantes del grupo familiar y social, tareas tales como la atención y cuidado de enfermos crónicos y de personas mayores. Por último, aparecen tareas en relación con la mantención del grupo familiar y de la casa como cocinar, lavar, planchar, entre otras.

Un tercer factor de riesgo se refiere a la falta de recursos con que cuenta la enfermera para la realización del trabajo doméstico, tales como insuficiente equipamiento del hogar ( en particular, la carencia de lavadora), imposibilidad de acceder a la utilización de servicios externos de atención y cuidado de los hijos y falta de ayuda para el trabajo doméstico (de los miembros del grupo familiar o de servicio doméstico).

En relación con los riesgos derivados de las condiciones de trabajo remunerado, cabe destacar en primer lugar la diversidad de sus fuentes. Es así como mientras algunos riesgos derivan de la presencia de agentes físicos, químicos y biológicos, o de las instalaciones, máquinas, equipos e instrumental utilizado en las actividades, otros tienen directa relación con la naturaleza del trabajo de enfermería.

Entre estos últimos aparecen como indicadores de riesgo los siguientes: asumir funciones que disgustan; exigencias propias de la actividad de enfermería, como enfrentar el sufrimiento físico y psicológico de los usuarios o la muerte y agonía de pacientes; el elevado ritmo de trabajo; la presión de tiempo; y las emergencias constantes o el alto grado de atención que se debe sostener (especialmente en unidades de emergencia y UCI).

Asimismo, también aparecen como riesgo ene l trabajo remunerado varios indicadores asociados con la organización del trabajo. Entre otros, el alargamiento de la jornada; la realización del trabajo en sistemas de turnos rotativos y el trabajo nocturno, y la falta de control sobre el propio trabajo.

Por su parte, la presión asistencial sobre los servicios se traduce en alta carga de trabajo; en la percepción de no poder dar la atención adecuada debido a la falta de recursos; en la inexistencia o imposibilidad de hacer pausas durante la jornada laboral, y en la presión de tiempo sobre las enfermeras.

También aparecen como fuente de riesgos las relaciones conflictivas con los usuarios y con el resto del equipo de salud, particularmente con los médicos de quienes se depende estructural y funcionalmente y que, con frecuencia, ejercen un liderazgo muy autoritario.

Existen además riesgos derivados de la falta de reconocimiento y de la ausencia de posibilidades de desarrollo de carrera, que se expresa en escasas oportunidades de promoción y de acceso a capacitación o perfeccionamiento.

Otros riesgos derivan de las relaciones contractuales. En la mayoría de los casos, éstas implican bajas remuneraciones, formas de pago percibidas como injustas o inadecuadas y, para las enfermares de Atención primaria, inestabilidad laboral por cuanto dependen de las autoridades municipales o locales de turno.

Por otra parte, la desincronización entre los ritmos personales de actividad y los ritmos sociales, que se encuentran en la interfase del trabajo doméstico y remunerado de las enfermeras, dificultan la participación en actividades familiares, sociales y gremiales.

Finalmente, hay un conjunto de factores de riesgo derivados de la interacción entre condiciones de trabajo doméstico y remunerado. El desempeño de roles múltiples conlleva, para un número importante de enfermeras, riesgos asociados con la contaminación del trabajo remunerado del resto de las esferas de su vida ( por ejemplo, llevarse trabajo para la casa o llegar sobrecargada emocionalmente por algún acontecimiento especialmente estresante de la jornada) y, a la inversa, con la contaminación de la vida familiar en el trabajo ( por ejemplo, las preocupaciones experimentadas en el trabajo cuando deben dejar sus hijos en manos de personas de las cuales desconfían o sus preocupaciones cuando los hijos están enfermos en casa).

Además, la doble jornada implica en general una disminución del tiempo de recuperación del desgaste por alargamiento global de la jornada de trabajo ( sumatoria de tiempo de trabajo doméstico y remunerado) y por falta de descanso y recreación, o por la baja calidad de los mismos. De igual manera, la carga global de trabajo aumenta en la medida en que existen demandas de salud extralaboral por parte de familiares, vecinos y amigos.

Por último, entre los factores de riesgos más importantes para la salud de las enfermeras están el ejercicio de la jefatura de hogar que aumenta globalmente las demandas y responsabilidades, y la relevancia de sus ingresos personales cuando estos son fundamentales para el presupuesto del grupo familiar.

Riesgos derivados del contexto interpersonal



En el contexto interpersonal incluimos todas las cualidades y funciones de las relaciones interpersonales de la enfermera en el ámbito familiar, laboral y social (amistades), y las imágenes acerca de ellas existentes en estos ámbitos.

Los riesgos provenientes del contexto interpersonal los hemos agrupados en cuatro categorías: ausencia de apoyo instrumental en el trabajo doméstico; falta de apoyo emocional; desvalorización y descalificación de las actividades de la enfermera y presencia de servicio doméstico en el hogar.

El riesgo de la ausencia de apoyo instrumental en el trabajo doméstico se expresa en falta de recreación, disminución del tiempo libre y una mayor contaminación entre el trabajo y el hogar. La enfermera que carece de este apoyo utiliza gran parte de su tiempo libre en realizar las tareas del hogar. Así, la carga de trabajo doméstico que debe realizar conduce a disminución de la calidad de uso del tiempo de trabajo no remunerado y a una reducida cantidad de tiempo libre real, disminuyendo de manera significativa la cantidad de tiempo que dispone para reponer energías y distraerse.

La enfermera que no tiene apoyo doméstico para realización de las tareas en el hogar, sufre una mayor contaminación trabajo-hogar. Sin embargo, y aunque resulte paradójico, la presencia de apoyo doméstico, si bien disminuye los riesgos anteriormente señalados, también genera algunos nuevos. La presencia de servicio doméstico en el hogar implica una necesidad de mayores recursos económicos, problema que con frecuencia se resuelve trabajando horas extras para pagar el sueldo de la asesora del hogar o, en los casos en que ésta vive en el hogar, para modificar la vivienda o asumir otros gastos involucrados con su mantención. De este modo, aparece una forma de contaminación hogar-trabajo similar a la que viven las enfermeras que carecen de apoyo doméstico.

La falta de apoyo no sólo remite al apoyo instrumental recibido sino también al apoyo emocional proporcionado por familiares, amigos y colegas. El riesgo aparece cuando la enfermera percibe pocas oportunidades de descargar emociones y de ser acogida por personas significativas para ella.

A los riesgos descritos anteriormente, se suman la presencia de desvalorización y descalificación de las actividades de la enfermera por parte de familiares y personas cercanas. En general, se expresa como falta de valorización del trabajo de enfermería e incluso, en algunos casos, como descalificación de su labor por estimarla de poco prestigio e importancia social.

Riesgos derivados de los recursos personales disponibles



Entendemos por recursos personales disponibles a la enfermera un conjunto de factores de diverso orden asociados con sus características individuales. Incluye los siguientes elementos: las estrategias de enfrentamiento y manejo de situaciones; las reacciones conductuales, emocionales y cognitivas y el insight (darse cuenta) en relación al medio o a sí mismas; las actitudes; las creencias; las autoexigencias; la autoimagen y estado civil.

Los riesgos derivados de los recursos personales se configuran en cinco grupos: la autoexigencia; el compromiso; el deficiente autocuidado; la cantidad de años de servicio profesional; y, por último, el estado civil. Constituyen riesgo en tanto que aumentan la vulnerabilidad de la enfermera en el enfrentamiento o resistencia a otros riesgos.

Los riesgos provenientes de las excesivas autoexigencias se refieren a la necesidad de ser perfecta o de asemejarse a un modelo ideal de esposa, enfermera destacada y madre dedicada, incluso cuando las circunstancias no lo permiten, lo que conduce a inevitables frustraciones.

Las autoexigencias como enfermera se expresan como incapacidad de delegar funciones; mostrarse siempre sonriente, fuerte y sin debilidades; no permitirse pausas y descansos durante la jornada de trabajo, y en exigirse permanentemente dar un trato de alta calidad al paciente a pesar de las condiciones adversas. A esto se añade la vivencia de conflictos entre ideología acerca de la enfermería y su desempeño real como enfermera. Esto es, el enfrentamiento de contradicciones internas entre el deber ser (por ejemplo, dar un tratamiento integral o tratar con delicadeza a los pacientes) con lo que efectivamente realiza (por ejemplo, tratar problemas específicos o tratar violentamente a los pacientes).

Por su parte, las excesivas autoexigencias como madre se expresan en autodemandas permanentes respecto a la atención y cuidado de los hijos y dedicación total a ellos, incluso en su tiempo libre. Estas autoexigencias conducen a conflictos entre el deber hacer y lo que efectivamente ella hace.

Los riesgos provenientes del compromiso de la enfermera con los usuarios, colegas y con el servicio en el que trabaja tienen variados indicadores. El compromiso con los usuarios se traduce principalmente en alto involucramiento con ellos y en no hacer uso de las licencias médicas para “ no dejarlos botados”. El compromiso con colegas se manifiesta en reticencia a hacer efectivas las licencias médicas para no sobrecargar a las colegas y, por otro lado, en la tendencia a responder siempre positivamente a sus demandas de reemplazo. Por último, el compromiso con el servicio se expresa en no hacer uso de las licencias médicas y postergar vacaciones con el objeto de no “crear problemas” en la unidad de trabajo o en el servicio.

El deficiente autocuidados se observa en los siguientes indicadores: no hacer uso de licencias médicas y no resolver problemas de salud; realizar tratamientos inadecuados a sus enfermedades o simplemente abandonarlos; no consultar a los profesionales respectivos cuando se necesita ayuda especializada y desarrollar hábitos riesgosos para la salud física y psicológica. A la base del deficiente autocuidado existe falta de conciencia de la necesidad de cuidad la propia salud y la utilización de estrategias que permitan mejorarla y mantenerla en buen estado. Además, frecuentemente es expresión del fuerte compromiso y excesivas autoexigencias.

El estado civil se constituye como riesgo para la salud psicológica de las enfermeras solteras a través de la “presión psicológica” para realizar turnos en horas penosas o realizar reemplazos. Así, ellas tienen muchas veces una carga de trabajo remunerado mayor que las casadas. En el caso de tener pareja, además de las repercuciones de las formas en que está organizado el trabajo de enfermería (especialmente el sistema de turno), existe el riesgo de la desincronización del ritmo de vida laboral y de la vida matrimonial/pareja. Esta falta de sincronía entre ambos ciclos puede generar fuertes conflictos de pareja que conducen frecuentemente a rupturas conyugales. Finalmente, el riesgo del estado civil de la enfermera es gatillado o estimulado por la formación machista que demanda de la mujer la satisfacción de gran parte de las necesidades y demandas domésticas.

Por último, la cantidad de años de ejercicio profesional y los riesgos a los que conduce se refieren principalmente a la acumulación de desgaste a lo largo de la vida laboral.

Efectos



Los riesgos que se presentaron anteriormente constituyen la fuente de diversos efectos sobre la salud física y psicológica de la enfermera. En general, la presencia de diversos riesgos en forma simultanea aumenta la fuerza que cada uno de ellos tendría si se presentaran aisladamente. Por ejemplo, la falta de recursos se presenta junto con la sobrecarga de trabajo de la enfermera; el sistema de turnos con la sincronización de ritmo de vida laboral y vida matrimonial/pareja y, en algunos casos, todos ellos en un mismo tiempo.

Los efectos negativos que derivan de los riesgos pueden ser de dos tipos. El primero corresponde a aquellos que disminuyen el bienestar de la enfermera y se manifiestan en malestares generalmente inespecíficos, que no constituyen daños propiamente tales. Su gravedad y duración es restringidas y pueden ser indicadores de un proceso de daño que comienza a desarrollarse. También actúan como precursores de efectos dañinos, o con mayor envergadura o severidad, cuando las condiciones y contexto en el que trabaja y vive no sirven de sustento apropiado o de apoyo para fortalecer su salud.

El segundo tipo de efectos negativos están constituidos por daños a la salud de la persona que se configuran como síntomas, trastornos del funcionamiento integral y armónico o alteraciones patológicas del estado de salud. En general, su presencia y desarrollo tiene su origen en algún(os) efecto(s) negativo(s) del primer tipo.

Los efectos negativos de uno u otro tipo, se pueden clasificar de acuerdo con la esfera en que se manifiesten: psicológicos, corporales-somáticos, sociales y familiares. Los primeros corresponden a aquellos que afectan dimensiones emocionales, cognitivas y conductuales de las enfermeras, tales como depresión e irritabilidad. Los efectos corporales son aquellos que se expresan en la corporeidad, entre otros, cansancio físico, dolores de cabeza e insomnio. Los efectos laborales remiten específicamente a su ámbito de trabajo provocado, entre otros, insatisfacción laboral o un desempeño deficiente. Por último, los efectos negativos familiares se refieren a consecuencias en el funcionamiento de las relaciones familiares o en la estructura familiar, tales como conflictos de pareja.

Con esta visión de los efectos de los riesgos sobre la salud, asumimos una concepción de la salud que no sólo considera patologías o daños severos sino también estados o malestares que disminuyen el bienestar de las personas.

Conclusiones



Es inútil aspirar al mejoramiento de la calidad de la atención en salud en Chile si no se hacen serios esfuerzos por mejorar las condiciones de trabajo, da cuenta de un cuadro de alta demanda asistencial y déficit de todo tipo de recursos, particularmente de enfermería. Por un lado, se observan condiciones muy deterioradas y precarias para el ejercicio profesional y, por otro, una carga global excesiva de trabajo generada a partir de su doble condición de mujer trabajadora.

La sumatoria de un gran número de factores de riesgo, y sus interacciones, presentes tanto en sus condiciones de trabajo doméstico como remunerado, nos llevan a plantear que la salud de las enfermeras y su calidad de visa son precarias.

No es exagerado afirmar que en la actualidad ser enfermera del sector público es peligroso para la salud y el bienestar.

El doble carácter de estas condiciones riesgosas, obligan a pensar en formas de abordajes integrales que vayan más allá de los modelos tradicionales de prevención de riesgos.

Asimismo, el diseño de estrategias y acciones que incluyan cambios de orden complejo, esto es, organizacionales, culturales, estructurales e individuales. No sólo la calidad de vida de las enfermeras sino que la de muchos chilenos depende en buena medida de la calidad de la salud pública (que cubre aproximadamente la atención de salud del 70% de la población). Sin embargo, los trabajadores de la salud y, entre ellos, las enfermeras que juegan un rol fundamental en los servicios, sólo son parcialmente responsables de ésta. El resto depende de la voluntad política, de las autoridades del sector y de la sociedad en un conjunto.
Referencias bibliográficas:

Detalle en la revista Enfermería del Colegio de Enfermeras de Chile, Año XXX Nº 102, ISSN 0378-6285, Diciembre de 1995.

Números de llamada:

(1) Se presentan resultados parciales de la investigación “salud mental ocupacional de las enfermeras del sector público de salud de Chile” Proyecto FONDECYT Nº 1940752

(2) Cecilia Avendaño, psicóloga, maestra en Medicina Social, responsable del proyecto. Dirección : Escuela de psicología, PUC, Vicuña Mackenna 4860, Santiago, Chile, fax: 5533092, correo electrónico: cavbendan@lascar.puc.cl

Patricia Grau, enfermera, co-investigadora. Dirección: Servicio de salud metropolitano Sur oriente, fax: 6398556.
Pamela Yus, licenciada en psicología, ayudante de investigación. Dirección: Escuela de psicología, PUC, Vicuña Mackenna 4860, Santiago de Chile, fax: 5533092.

(3) La salud psicológica de las mujeres que trabajan remuneradamente en Chile es prácticamente desconocida. Un dato de referencia importante son las investigaciones publicadas en salud ocupacional. Entre 1980 y 1990, del total de investigaciones en salud ocupacional publicadas en el país, sólo un 7% incluye una muestra femenina y ninguna de éstas aborda la dimensión psicológica de la salud. Ver: Avendaño, C. & Grau, N. (1993) “Mujeres, trabajo y salud mental”, Revista Salud y Cambio, Revista Chilena de Medicina Social, año 4 Nº 13, pp. 24-37.

(4) Ver: Vagerö, 1990 y 1992, Carrasco, A. & Melia, S. 1991; Corral, G. & castillo, M.T., 1991; Espejo, R., 1991; Lange et al., 1991; Kohen et al, 1998; International Council of Nurses, 1987.

(5) Una ocupación con alto riesgo es aquella en que en su desempeño conlleva un riesgo especialmente alto de sufrir un accidente o contraer una enfermedad, padecer algún malestar u otro tipo de problema que afecte el bienestar personal (Vagerö, 1990)

(6) Ver: International Council of Nurses, 1992; Vagerö, 1992; Barton &Simon, 1991; Freire et al., 1991; Grau et al., 1991; Wainerman, 1991; Alvarez, 1990; Vagerö, 1990; Reyes, 1998; Kohen et al., 1998; U.S. Department of Health and Human Services, 1998; International Council of Nurses, 1987; Chavkin, 1984; Mc. Conwell, 1982.

(7) Fuente: Ministerio de Salud, Departamento de desarrollo de Recursos Humanos, 1995. Santiago, Chile

(8) Esto datos fueron presentado por castillo, M.T., Rojas, C.& C. Martínez en el XII Congreso Nacional de Enfermeras, Santiago de Chile, 6-9 de Junio, 1995. La fuente de la cual provienen los datos es: Ministerio de salud, Departamento de Desarrollo de Recursos Humanos y Departamento de Desarrollo Institucional, 1995, Santiago de Chile.

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