Instituto universitario internacional de toluca






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fecha de publicación27.10.2015
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INSTITUTO UNIVERSITARIO INTERNACIONAL DE TOLUCA

DOCTORADO EN EDUCACIÓN


HISTORIA DE VIDA DOCENTE

Materia:

Tecnologías de la Información y la Comunicación

Docente:

Dr. Octavio Islas Carmona
Alumna:

Danhia Ivonne Tornell González

HISTORIA DE VIDA DOCENTE

Soy Danhia Ivonne Tornell González, mis padres son Federico Tornell Castillo y Guadalupe González Aguilar. Desde la edad de dos meses fui ingresada a una guardería porque mis padres no eran de Toluca, ellos son originarios de Tamaulipas y, no tenían parientes con quién encargarnos y, desde ese momento se inició la supervivencia, porque aprendí a defenderme de compañeritos que mordían, arañaban, pateaban y quitaban dulces, y así de pequeñita y menudita físicamente defendía a mi hermana mayor y mis papás se enteraban, porque al final del día no me daban mi “galleta maría o de animalitos” por el buen comportamiento.

En el jardín de niños seguíamos con el servicio de guardería y comedor y fui seleccionada por la profesora Ivonne Abraham Frangie, para decir las palabras en nombre de mis compañeritos al término de la formación escolar; pero exactamente una semana antes de graduarme del jardín de niños, se me ocurrió subirme al techo del corredor principal de mi escuelita, acompañada lógicamente de más Carlitos y Mafaldas y nos descubrieron. No conté nada en mi casa, pero el día de la ceremonia mis papás se infartaron porque otra niñita dio la despedida en mi escuela de parvulitos.

Mis primeros años y mis fantasías de Santa Claus y Reyes Magos priorizaron las máquinas registradoras de supermercados, robot 2XL, cuadernitos de “Rosita Fresita” y “Hello Kitty” para hacer mis garabatos y dibujos sobre lo que imaginaba eran los grandes negocios.

Inicio la primaria y continuamos con el servicio de comedor, recuerdo con horror a la maestra de primer año Carmelita… que estaba amargada y descargaba su mal genio y frustración en todos los que éramos sus alumnos; recuerdo con náuseas y estremecimientos cuando nos tomaba lectura de rapidez y nos aventaba de la plataforma del maestro por pronunciar mal, repetir o tartamudear las palabras.

Confieso que le tenía pavor y no solamente era personal la percepción, todo el salón le temía, hasta que las mamás descubrieron el origen de nuestras diarreas frecuentes, dolores de cabeza y pretextar temperatura u otro padecimiento para que nos reportasen enfermos. La Directora de la escuela ofreció disculpas y habló con la docente que según los rumores estaba en problemas de divorcio y los ratoncitos éramos nosotros. En esos tiempos Derechos Humanos no intervenía en “pequeños probemas” y la defensoría de la SEP aún no era creada. Entonces la padecimos por 365 días interminables.

No sé si fue la maestra de primer año quien signó definitivamente mi carácter, pero tengo grabado que ya no me dejaba de nadie, defendía a mi hermana de otros alumnos de quinto o sexto, de quien fuera y los pateaba, los mordía, pero no me volví a dejar maltratar por nadie, mi madre decía “no provoques, pero si te pegan, regresa el golpe lo más fuerte que puedas y así dejaran de molestarte.” Hago hincapié que no hice bullying, pero de alguna forma me tenía que darme a respetar. Las agresiones siempre han existido en las escuelas, pero antes los mentores supervisaban el recreo, nos atendían, nos cuidaban, mediaban conflictos desde sus inicios.

Remoto con agrado los subsiguientes grados de la escuela primaria; con alegría y diferencia del calvario del primer año y mi transición al entrar a la Secundaria Benito Juárez, la número tres, ahí conocí al que hoy es mi esposo, duramos como quince años de novios hasta que finalmente nos dimos el sí “por aniño de compromiso”. Si tenía 29 años cuando me casé y estaba esperando al único hijo que tengo Omar Fabrizio Luna Tornell, que es un amor, inteligente, capaz, dibujante sagaz, espectador de teatro voraz y lector empedernido por obra y gracia de la abuela materna.

¡Qué digo de mis años de prepa! Todo era risa, descubrimientos nuevos de conocimiento, físicas, de vida, de soledad; cuando todos dicen que los jóvenes no tienen problemas y nosotros no sabemos como gritar ¡sí, los tengo; mírenme por favor! Al mismo tiempo quieres libre albedrío y ser tu propio padre, para discernir adecuadamente sobre todo, cuando en las grandes nevadas te vas de pinta al volcán y todos tus compañeros van a dejarte a casa y llegan mojados y con lodo y le juran a la mamá en cuestión “fuimos a tomar un café, no la vaya a regañar” ¡Ay que años tan locos! Cuando decíamos orgullosamente: “vale más pedir perdón que pedir permiso”

En esos años cuidas que no se incline la balanza, que la ley del embudo no te haga sufrir; vacaciones, vestir como visten mis compañeritas. Y es precisamente en unas vacaciones a la gran ciudad de Chalco cuando le pido de favor a mi madre que vaya a la prepa a saber el resultado de álgebra.

El simpático y buen profesor como no fui a la revisión me reprobó, porque tampoco asistí a un evento que valía un décimo. Única materia en mi vida que no aprobé; con las exigencias de una madre dura e inflexible que solamente comentó: “y eso que no tienes que trabajar para pagar tus estudios.” Ella desde muy pequeña trabajó y fue becada toda su formación escolar.

Tomé la experiencia con enjundia y pasé el examen extraordinario con diez y de ahí en adelante exenté todos los exámenes de los semestres siguientes. Comencé a dar asesorías gratuitas en mi domicilio ¿de qué creen? Claro todo estaba relacionado con álgebra, mate y física. Mi madre nos consentía a más de 15 compañeros, nos regañaba, nos auxiliaba, revisaba la ortografía, nos hacía tortillas de harina y frijoles refritos para que todos cenáramos.

Compraba en la tienda semillas (cacahuates, nueces, almendras, girasol y pepitas), nos ponía también ricas botanitas de queso, pasas, dulces de anís y no permitía que nadie fumara. Hacía que mis compañeros avisaran a sus casas que iban a llegar tarde, o que los fueran a recoger a nuestra casa; improvisaba pizarrones, ella casi no dormía por cuidar que termináramos; todos ellos la recuerdan porque cuando las asesorías eran matutinas nos preparaba unas gorditas de masa con manteca de cerdo, y frijoles negros, que las rellenas de papa, aguacate, chorizo, queso o jamón mmm, te chupas los dedos y de ahí precisamente nacieron tantas cosas que nos solidarizó como grupo…serenatas organizadas para el diez de mayo; que algunas compañeras les costaba castigo andar con la gran pandilla o relaciones de los que hoy son grandes políticos, porque eran unos renegados para el estudio y con mis asesorías sacaban diez.

Hubo una cosa muy graciosa dos de los asesorados, que no eran de la preparatoria donde yo estudié; cuando los evaluaron en su última oportunidad de examen especial obtuvieron diez, entones no les creyeron y les aplicaron otro examen y volvieron a obtener diez y les tuvieron que respetar la evaluación, después decidieron terminar su bachillerato en el sistema de preparatoria abierta. Creo sinceramente que aquí la vocación docente ya estaba coqueteando conmigo, pero le di la vuelta y llegué a ella aproximadamente diez años después.

Mi profesión seleccionada por convicción y vocación es licenciatura en Administración y, reafirmo la licenciatura porque cuando ingresé a la Facultad de Contaduría, iba por la licenciatura de contaduría. El plan de estudios en su momento hizo que rectificara oportunamente, porque el tronco común que tenía en ese entonces permitía conocer lo más importante de cada una de las licenciaturas que se impartían en la facultad mencionada.

Como mi mamá no me dejaba trabajar durante mis estudios, postule para obtener becas de programas del gobierno estatal y con el dinero que recibía compraba mercancía y las vendía comencé vendiendo dulces, pero después aprovechaba las vacaciones intersemestrales y me iba a visitar a mis parientes a Matamoros, Tamaulipas y compraba ropa americana y la revendía entre mis amigos y conocidos.

Trabajé inmediatamente después de concluir mis estudios en una tienda departamental que hace “moda para la vida real” y recuerdo que pasaba horas embelesada, y no me daba cuenta de la explotación ejercida por el consorcio hasta que mi madre, terminantemente me pidió que renunciara pues salía después de las once de la noche y estaba abandonando mis proyectos y el avance respectivo de la tesis.

Terminé la carrera con muchas esperanzas y redes de araña en mi cabeza, pues a la edad de 22 años es difícil asimilar que eres el mejor promedio de toda la generación y además culminé la licenciatura con Mención honorífica. Y así de pronto entre las ambiciones de una jovencita y las exigencias de una madre hiperactiva y progresista comencé a buscar una beca en el extranjero, en esos tiempo, los planes de estudio eran fijos y salir del país era más complicado pues había pocos o nulos apoyos, ahora hasta con ocho de promedio, te becan un semestre completo en el extranjero.

Todo estaba listo para que me fuera a España, a realizar una maestría, en la Universidad Carlos III de Madrid, pero sucedió algo inesperado, mi título tardó más de lo debido, porque la facultad de Contaduría y Administración reformo los planes y programas y en consecuencia el nombre de la licenciatura fue modificado, antiguamente fue Licenciatura en Administración de Empresas (LAE) y yo fui la primera generación de licenciatura en Administración de (LA), y aunque parezca increíble la universidad no registró en tiempo y forma esas reformas ante la SEP y no me pudieron expedir mi titulo y cédula profesional lo que ocasionó que perdiera la beca y no me quedo más remedio que quedarme en pueblo quieto.

Comenzaban a estar de moda las plazas comerciales y éstas alteran el esquema tradicional de Toluca; ya no era necesario ir al Distrito Federal, las grandes tiendas llegaron a establecerse para brindar sus servicios a la comunidad, con estos complejos industriales venía una famosa empresa de ropa española que se establecería en esta ciudad y necesitaban empleados de todo tipo. Atendieron mi solicitud un matrimonio encantador que tenía bastante antigüedad en la empresa, quedaron fascinados con mis exámenes y mi presencia física, porque recordemos que para las ventas importa mucho la apariencia delgada, la estatura y ahora si lo fashion1.

Llenaba todos los requisitos, pero el único impedimento que visualizaba era que el curso de entrenamiento se realizaría en la ciudad de México y por los horarios era necesario radicar en esa ciudad. Cuando lo comenté en casa, me preguntaron ¿sabes leer? Entonces llegarás a Roma y pasé seis meses viviendo sola en la gran capital, descubriendo día a día caminos diferentes, jugando a la Caperucita roja en Manhattan, novela buenísima (Martín,1999). Y me comí al lobo feroz que aquí es un adorable empresario de tartas de manzana.

Después del curso intensivo llegué a Toluca convertida en gerente general de una de las tiendas departamentales de la empresa española, pero al mes de estar cubriendo ese cargo despiden a los que me habían contratado y me sentí desprotegida porque las políticas en la empresa habían cambiado, a pesar de las circunstancias adversas le echo toda la energía posible al puesto, confieso que me fascinaba tratar con los compradores, era muy satisfactorio que las mayoría de las clientas querían comprar lo que yo portaba, me buscaban para que las atendiera personalmente y las aconsejara sobre qué le iba bien con su figura y otras menudencias banales, me llevaban obsequios en navidad y querían que estuviera presente en sus eventos sociales. Yo les vendí la idea a los empleados de convertirnos en asesoras de moda y las capacitaba constantemente en cuestiones de servicio al cliente, estrategias de venta, psicología, mercadotecnia etc. Mi mamá me reprendía porque en los inventarios y aperturas de otras tiendas se cubrían horarios extensos y llegaba hasta el otro día sin haber dormido y me decía que el tiempo me pasaría la factura y me cobraría en la salud los desordenes alimenticios y de descanso.

Al término de cinco años me despiden porque un niño joven zalamero, sin preparación era amigovio de todas las empleadas de la tienda, pero no se comprometía con nadie y las empleadas en grupo, en una de las ausencias para que actualizara mis conocimientos como gerente deciden hablar a la matriz y proponer al amigovio como gerente. Y ese mal sabor de boca te queda de la empresa privada, que te explota al máximo, pero al día siguiente te desecha como lo hace el tubo de pasta dental.

Vuelvo a iniciar el peregrinar de buscar trabajo e inicio a los dos meses en las Plazas Outlet, pero ahora en el equipo corporativo. El trabajo sencillamente era encantador, pero si antes tenía que programar escaparates, mermas, modelitos y tener a mi cargo personal, ahora tenemos necesariamente la imperiosa necesidad de llamar la atención para que nos conozcan y nos visiten. Entre otras de las actividades lo más difícil es que en estos tipos de trabajo colocan al frente extranjeros que no conocen el contexto y exigen, pero no aceptan sugerencias.

Siento la satisfacción de que en esta ocasión propuse muchos proyectos creativos que permitieron que la gente comenzará a llegar, en un inicio la mayoría de nuestros clientes eran de la ciudad de México; conocimos a muchos actores y actrices; la gente de Toluca se resistía a visitar estas tiendas de saldos, pero al final logramos que se convirtieran en clientes asiduos. Duré dos años en este trabajo y la verdad me gustaba, me divertí mucho trabajando de shopper2. Pero lo que no era tan fascinante era la paga y el trato del jefe inmediato superior, lo que me orilló a mirar otros horizontes.

Con nuevos propósitos, empiezo la búsqueda de trabajo, pero ahora sí, antes de salir de estas plazas, me instalo en el corporativo de otra tienda departamental “que se hizo parte de mi vida”. Algo que me atraía de esta tienda es que impulsaba a sus trabajadores para que siguieran su preparación y llegasen a tener una profesión, esta empresa le invertía mucho a la capacitación de su capital humano.

Una de mis funciones como especialista de recursos humanos era coordinar la Universidad Virtual de la empresa, a través de la cual ofrecía a sus empleados la oportunidad de cursar estudios a nivel técnico, licenciatura y posgrado, otra vez, por segunda ocasión me encuentro en la docencia en la modalidad de instructora de cursos de capacitación. Impartí cursos de inducción, atención al cliente, comunicación asertiva, desarrollo humanos entre otros, me satisfacía ver que era bien aceptada y tenía seguidores que respetaban mi función como docente.

A los dos años de trabajar en esta empresa contraje matrimonio, la empresa me apoyó y me otorgó vacaciones para mi luna de miel. Llegué feliz, pero no todo es miel sobre hojuelas; a los cuatro meses nació mi bebé y como era de esperarse mi mamá puso el grito en el cielo, no por el bebé, sino porque había ventas nocturnas y la última en retirarme de la tienda era yo porque aunque mi trabajo era de oficina y no en el área de ventas, me correspondía verificar que los empleados cenaran y se fueran a su casa en radio-taxi. Esto ocasionaba que entregara y recibiera a mi hijo dormido, francamente le dedicaba poco tiempo, él me llamaba por mi nombre y se refería a su abuela materna como su madre, creo que eso me hizo reflexionar tomé una de las decisiones más acertadas en mi vida convertirme en madre de tiempo completo.

Me tocó la fortuna de ser hija de una gran mujer, una excelente profesora normalista y maestra universitaria. Crecí acompañado a mi madre a sus centros de trabajo donde pude constatar y observar con atención especial que sus clases eran una amalgama de amor, pasión y entrega. Sin embargo nunca me pasó por la mente dedicarme a la docencia.

Pacientemente mi madre ejercía un canto de sirena y me persuadía para que trabajara en la docencia predicando que: “los hijos crecen rápido y cuando quieras acompañarlo, él ya no te necesitará, más vale ganar un chorrito, pero que dure. Igual, te vas a llevar trabajo a casa, pero estarás junto a él, serás su madre, su compañía. Podrás vigilarlo, verlo crecer. Hacer el trabajo de planeación y evaluación, cuando él esté dormido. Lo mejor de todo es que puedes escoger un turno.”

En esta transición de verme nuevamente sin trabajo conocí a través del movimiento familiar cristiano (ECIM) a un amigo muy noble y caritativo que me puso en contacto con la docencia, pero ya como un trabajo, para ganarme la vida.

Recuerdo cuando me hicieron esta oferta de impartir clases en nivel medio superior la primera recomendación que me dio mi madre fue prepárate en didáctica y pedagogía, porque lo que no se vale en cuestión de educación es improvisar, engañar a la gente y hacerle creer lo que no eres. Ser profesionista es muy digno pero está divorciado de la enseñanza. No basta con pararse en un grupo y hacer como que enseñas y el alumno hace como que aprende, citado en El periquillo Sarniento, (Fernández,1976)

Ser docente es algo muy complejo y requiere muchos kilos de responsabilidad, más que vocación ¿de que sirve una vocación ante la irresponsabilidad? Entrega, sacrificio, ética, moral, profesionalismo, implica un enorme compromiso y una gran responsabilidad. El trabajo con seres humanos, es en serio, no en serie, tu desempeño como docente impacta y trasciende para bien o para mal en la vida de tus alumnos, además no basta con preparar a tus alumnos para que pasen un semestre en una asignatura, es prepararlos para toda la vida; es intentar darles herramientas, para que su aprendizaje sea significativo de ahí su nombre “preparatoria” los preparas para tener un oficio, porque algunos ya no siguen estudiando, o para ser posteriormente un profesional.

Así inicié con una plaza de asesor académico cubriendo medio tiempo en el subsistema de preparatoria abierta perteneciente a SEIEM. En sí el medio tiempo en este sistema no era de 18 horas como en la universidad pública, sino de 21 ¿y de mis alumnos que puedo decirles? que sus edades fluctúan entre los 14 y 70 años, ¿grupos? como tal, no existen, el lunes son unos, el martes otros y así sucesivamente. Alumnos con diferentes capacidades como sordo-mudos, paralíticos, operados de tumores cerebrales, donde el estudio es parte de la terapia para que el cerebro recobre su plasticidad. A todos ellos mi reconocimiento y gratitud por haber compartido un poco de su vida conmigo.

En el subsistema de preparatoria abierta (SPA); curiosamente sus siglas son tan opuestas a la comodidad que connota de un lugar de esparcimiento, tranquilidad y relajamiento; porque si estás 21 horas en permanencia laboral, las materias impartidas son muy disímbolas; Metodología del aprendizaje, Matemáticas, Física, Química, Ingles, Bioética, Lógica, Apreciación Estética: Pintura, Textos Políticos y Sociales, Metodología de la lectura por mencionar éstas entre otras. Era agobiante el trabajo, pero muy satisfactorio, en poco tiempo me hice muy popular, alumnos que tenían tiempo intentando pasar materias en más de tres ocasiones, los convencía de asistir de forma disciplinada a las asesorías y pasaban sus materias.

En este espacio de preparatoria abierta me hacen la oferta, por parte de la SEP para cursar gratuitamente, la Especialidad en Competencias Docentes como parte del Programa de Formación Docente que requiere todo académico que trabaje en preparatoria de acuerdo a la Reforma Integral de la Educación Media Superior.

Me formé por dos años en la Especialidad en Competencias Docentes en la Universidad Pedagógica Nacional en la modalidad virtual. Sinceramente representó un gran reto, estudiar a distancia te obliga a desarrollar una serie de competencias, habilidades y destrezas, te demanda ser autodisciplinado y volverte autodidacta. Fue una gran inversión de tiempo, dinero y esfuerzo, muy estresante, pero nunca me sentí sola tuve asesores en línea casi las veinticuatro horas, tutores responsables que me acompañaron hasta que terminé el trabajo para obtener la certificación. Orgullosamente fui de las primeras profesoras certificadas.

Ahora si me explicaba la insistencia de mi madre para que planeara las clases, organizara las actividades, pero sobre todo, que tuviera infraestructura sólida continuara todo el proceso en mi configuración docente; porqué no es suficiente parecerlo, sino serlo.

Cuando ya me sabía las respuestas, me cambiaron las preguntas frase que ha sido atribuida a Mafalda, al término de la certificación se nos manda llamar para informarnos que se nos respeta la plaza adquirida como asesor académico; pero ahora el desempeño es en funciones administrativas, perderemos el contacto con todo tipo de alumno y además por el mismo sueldo trabajaremos 45 horas.

Nuevamente como las golondrinas inicio el vuelo en busca de un nuevo nido, sé que inicio de cero, pero no estoy dispuesta a que se me explote como trabajadora. Llegué a una preparatoria del estado, tuve la oportunidad de ser fundadora y me recibió cálidamente una directora con varios años de servicio, que me cobijó, impulsó y apoyó por casi dos años (en esta institución adquirí basificación por horas y trabajé también horas administrativas por más de un año que nunca se pagaron y, tampoco se basificaron, cuando removieron a la directora del puesto, para llevársela a otra institución, me invitaba a irme con ella, pero también me hizo ver que estábamos en un ambiente difícil donde fácilmente lo que se ha logrado hoy, mañana se pierde por arribismo, descalificación o recomendación.

El ambiente escolar es muy difícil, mis alumnos tenían muchas situaciones en contra, lo más triste es ver cómo la delincuencia de la zona impide que varios de ellos culminen sus sueños, una de mis alumnas de quince años de edad, próxima a egresar del bachillerato murió accidentalmente en fuego cruzado entre ladrones y policías, cuando ella salía de un gimnasio.

Sinceramente confieso que de no haberme certificado, difícilmente entendería muchas de las situaciones que se me presentaban aquí, como el estar en clase y presenciar que uno de mis alumnos ofrece a otro un carrujo de marihuana para que se levante el ánimo y se borre la depresión. Quedé perpleja y en ese instante los transmisores neuronales, no respondían: ¿denuncio? ¿me quedo callada? ¿hago como que no vi? Finalmente denuncié, los alumnos quedaron expulsados y los policías judiciales ofrecieron custodiarme por unos días, con la intención de evitar cualquier tipo de venganzas, por supuesto no acepté, desconfío más de los policías que de mis alumnos.

La certificación obtenida se convirtió en el gran pasaporte que me abrió las puertas en el sistema del estado, y en la universidad pública por descuido personal y, con base en que los permisos en los centros de trabajo siempre están muy restringidos, no regresé a las oficinas de la preparatoria abierta, para recoger el documento que me acreditaba como certificada en competencias docentes, cuando lo hice, el documento ya había sido regresado a las oficinas de la SEP. Y obvio decirles que el rescate del documento se postergó hasta el año 2014; y tuvieron que volverlo a elaborar porque se había mandado al archivo muerto. La experiencia obtenida espero no volver a repetirla, estos cursos se llevan parte de tu vida y te separan mucho del entorno familiar.

La preparatoria del estado, no solamente tiene matrícula del contexto en la colonia donde se inserta, sino que nos llegan alumnos rechazados de otras escuelas, marginados, medicados con tratamientos especiales para neurosis, depresión, bipolaridad y otras disfunciones que presentan, aparte de la prepotencia abierta por ser hijos de profesores frustrados que con sus demostraciones de poder muestran a través de las actitudes de sus hijos carencias difíciles de llenar, porque ellos solamente requieren amor y límites (“dureza sin rudeza”, “duros con el problema, suave con la persona”)

Desde la óptica de una soñadora sigo creyendo que si abres la puerta de una escuela cerrarás la de una prisión; al menos creo que en eso contribuí, en lugar de salir huyendo de la preparatoria de una colonia con serios problemas de delincuencia, pues desde un inicio supe que esa escuela se fundaba con la intención de reducir los índices de asesinatos, drogadicción y narcomenudeo. Las experiencias fueron muy intensas, reconozco sinceramente que no son jóvenes malos, son adolescentes mal encausados, estigmatizados y que están hambrientos de amor y de atención y que en lugar de excluirlos había que integrarlos y hacerlos sentir importantes.

En esta escuela impartí por más de 3 años la asignatura de pensamiento critico y siempre buscaba la manera de hacérselas divertidas, gratificantes y significativas, en ocasiones me apartaba del contenido del programa por considerarlo irrelevante e intrascendente.

Recuerdo con mucha emoción que en una ocasión se acercó un alumno de esos latosos e inteligentes y me reclamó diciendo que no le gustaba mi asignatura, pero cuando le pregunté las razones me contestó que se debía a que lo hacia pensar, fue cuando sonreí y le dije en voz baja tal vez hoy me odies, pero mañana me amarás, y se cumplió la profecía al finalizar el semestre se acercó de nuevo y me cuestionó ¿nos va a volver a dar clases el próximo semestre? porque voy a echar de menos sus clases y a usted ni se diga la voy a extrañar porque me hizo sentir único y valioso.

Comencé con una propuesta de solución implementé sesiones para escuela de padres, no importaba que yo no fuese psicóloga, pero podíamos hacer un trabajo conjunto padres y profesores para moldear el ambiente y rescatar seres humanos a través del amor y la tolerancia.

Cuando llegué a este espacio solamente éramos dos profesoras las que estábamos certificadas y se me asignaban tareas fuera de mi carga horaria para impartir cursos remediales, a los docentes que no han cursado el PROFORDEMS, para enseñarles también la función importante de la planeación y evaluación basada en competencias. Me encontré con gente inflexible que se cierra a la posibilidad de hacer trabajo multidisciplinario y transversal, que en mi humilde opinión no hacen su quehacer docente con vocación, lo hacen por obligación, por no tener otra opción en la vida.

Hace seis años ingresé a trabajar en un plantel de la universidad pública, y a la fecha es solamente donde imparto clases; ahí, donde cursé mis estudios de bachillerato y puedo decirles que resultó una experiencia maravillosa, fue muy gratificante regresar como docente a mi Alma Mater, por que siento que de esta forma estoy retribuyendo un poco lo mucho que de ella recibí; aunque a decir verdad resulta raro tratar como colegas a los que fueron mis maestros.

En la universidad pública, mi malestar docente radica en que solamente trabajo el semestre non, es decir el que inicia en septiembre y termina en enero, las materias que imparto son de mi especialidad, pero con la categoría de optativas; en este tipo de materias en los planes flexibles de la universidad no se adquiere nunca la definitividad y, en este sentido solamente he creado antigüedad; antigüedad tan frágil porque en estos centro generalmente no se respetan los derechos creados.

Hace cuatro años a iniciativa de varias compañeras de preparatoria pública inicié, culminé y obtuve el título de maestra en Docencia y Administración de la Educación Superior. Pienso que ser docente del nivel medio superior es todo un reto y una aventura, representa un desgaste neuronal así como energético, es muy demandante ya que la actualización es constante, pero paradójicamente, la convivencia con los jóvenes me llena de vitalidad, además la docencia es una labor muy noble que te permite administrar tu tiempo y en lo personal me ha dado grandes satisfacciones, sobre todo cuando observo la metamorfosis que sufren mis alumnos.

Mi madre tal vez no lo sepa, pero desde niña me fascinaba escuchar sus relatos de sus experiencias en la sierra de Durango, teniendo todas las condiciones adversas (llegar por avioneta, comer frijoles y más frijoles, convivir con toda la fauna peligrosa como alacranes, víboras, convivir con militares, etc.), que dejaba de lado para ofrecer un servicio en aquella alejada comunidad. No se diga las anécdotas que vivió como maestra unitaria en las cercanías del rancho de los Capetillo, las gestiones que realizaba para obtener escasos recursos con el afán de ofrecer mejores condiciones para su comunidad escolar.

Ser docente tiene que ver con mi contexto familiar, porque no sólo provengo de una familia encabezada por una docente que va más allá de su trabajo, y se ocupa genuinamente por sus alumnos, por transformar sus conciencias y trascender en su vida. He sido testigo también de cómo invierte tiempo dinero y esfuerzo para contribuir a que uno de sus alumnos no deserte de la escuela, o se titule o resuelva problemas de índole personal.

Constato con agrado, cómo sus alumnos la respetan y admiran, ha ganado una autoridad de conocimiento y es fuente inagotable de experiencias que ha acumulado en su vida. Se desempeñó en diferentes niveles educativos: jardín de niños, educación primaria, educación secundaria, nivel medio superior y superior.

Dedicarme a la docencia me ha permitido estar cerca de mi madre, como compañera de vida y de trabajo, pasamos horas dialogando, a veces discutiendo acaloradamente sobre situaciones que queremos resolver, no siempre coincidimos de nuestras utopías en relación al sistema educativo en México, compartimos material de interés, discutimos la mejor manera de evaluar, de diseñar material didáctico e instrumentos de evaluación; no nos gusta el actuar deshonesto de muchos colegas, nos indignamos por cualquier situación que vaya en contra de la dignidad humana, o tenga que ver con injusticias, pero somos respetuosas de su proceder.

Considero que no ha sido nada fácil desempeñarme como docente, de repente me surgen dudas y me cuestiono si estaré haciendo lo correcto. Cuando he tenido dudas sobre cuestiones pedagógicas he recurrido al sabio consejo de mi madre. Ella insistió incansablemente en que estudiará una maestría en educación para estar mejor preparada, una vez concluida me siguió insistiendo para que me inscribiera al doctorado. Ella se ha vuelto, mi par académico, mi cómplice, y representa un pilar fundamental para mí y para mi hijo, una abuela fuera de serie.

La reflexión de lo expuesto sobre la historia de mi vida docente, permite observar y reconocer con objetividad vivencial que tengo la gran ventaja de una formación inicial en administración y que vinculada a la docencia hacen un binomio perfecto que me permite ser objetiva, selectiva y creativa, reconozco que siempre estuvieron ahí las dos disciplinas y ahora las combino; tal vez no quería reconocerlo porque sentía que había fracasado con la profesión y me refugiaba en un salón de clases. Sé por experiencia aprendida que puedo llevar a mis alumnos hasta los cuernos de la luna.

Afirmo con entereza y valentía que la práctica docente iniciada hace quince años por atender más tiempo a mi hijo, me ha permitido descubrir con alegría que he crecido enormemente como docente; que jamás me quedo con dudas, no llevo al salón lo que me sobra, sino comparto con ellos lo que tengo e invito a mis alumnos para ser autosuficientes y seguros de sí mismos; que cada intersemestre me inscribo en cursos de actualización y asisto con actitud humilde para aprender- aprender porque me convenzo en el día a día que no hurté la vocación de ser docente, tampoco aparento ser lo que no soy, la heredé por aprendizaje de mi madre.




RECURSOS ELECTRÓNICOS

Diccionario de la Real Academia de la lengua Española (DRAE). (2001).Real Academia Española, Espasa Calpe, Madrid, [consultado en línea, 10 de octubre de 2014].

1 Fashion moda estereotipada

2 Shopper: cliente disfrazado que evalúa servicio, precio y calidad de las tiendas departamentales.


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