Las problemáticas sociales y la vida cultural crean, recrean e impactan en la vida cotidiana de los estudiantes. El conocimiento de esa realidad es fundamental




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fecha de publicación06.01.2016
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La formación docente hoy

por: Edith Litwin

Las necesidades de hoy

Las problemáticas sociales y la vida cultural crean, recrean e impactan en la vida cotidiana de los estudiantes. El conocimiento de esa realidad es fundamental para que la intervención docente sea posible.

Los procesos de formación para los docentes del nuevo milenio requieren que la preparación para el trabajo en las instituciones educativas traspase los límites o fronteras de las escuelas. No se trata de transformar a los maestros en médicos o en asistentes sociales, sino de pensar que los espacios educativos no se conforman como espacios cerrados.

En la formación docente para el nivel primario, durante décadas se hizo hincapié en asegurar el dominio de los contenidos a impartir. Esto implicaba, en gran medida, la recuperación para la enseñanza de aquello que se había estudiado en la infancia y en la juventud. La hipótesis que sustentaba tal propuesta era que debía asegurarse el dominio de los conocimientos que el maestro debía impartir, dejando de lado los contenidos que se desarrollaban en los otros niveles del sistema.

Hoy, en muchas instituciones se reconoce que la formación esperable debería darse por adquirida una vez finalizada la escuela media, y que a ella deberían sumarse una formación referida a la problemática de la enseñanza por campo disciplinario o área, el análisis político y pedagógico de la problemática educativa y socio-institucional, y el estudio de las psicologías educacional, evolutiva y la relativa al aprendizaje y al conocimiento.

Esto implica también la incorporación de temas relevantes para la sociedad, actualizados o controvertidos, y el conocimiento de los resultados de investigaciones referidas a cambios importantes en las maneras de entender la ciencia, la tecnología, la sociedad o la cultura.

Se considera prioritario, asimismo, el abordaje de las nuevas tecnologías como tema, como problema y también como herramienta para permitir su uso cotidiano en las aulas. Si los maestros piensan que los alumnos deben ser “buscadores de información”, ellos mismos necesitan desarrollar y demostrar capacidad para encontrar, seleccionar y procesar información actualizada. Estos son verdaderos desafíos, en virtud de las difíciles condiciones en que se llevan a cabo muchas prácticas institucionales de formación en el inicio del nuevo siglo.

Los debates internacionales

En la actualidad, los estudios comparados y el conocimiento de las tendencias de los currículos de formación docente en los diferentes países constituyen acciones sumamente valiosas, junto con el desarrollo de debates acerca de la política educativa para entender la formación inicial en el propio sistema educativo, su construcción histórica, sus condiciones materiales y su valor.

Algunos de los debates actuales en foros internacionales se remontan a discusiones ya clásicas en torno del sentido de la formación, esto es, la relación entre la formación teórica y la formación para el oficio. Cuestiones relativas a la psicología del desarrollo, las concepciones en torno del aprendizaje, las estrategias de enseñanza o simplemente el conocimiento de aquello que se debe enseñar y su didáctica constituyen preocupaciones sostenidas a lo largo de los años.

La tendencia internacional, permite afirmar que cuanto más alto es el nivel del sistema para el que se forma, mayor es el conocimiento disciplinar requerido y menor el conocimiento del oficio de enseñar.

También es interesante reconocer que la formación para el oficio, en el mismo contexto internacional, requiere menos formación teórica y más instancias de práctica. Pareciera que los clásicos vínculos que durante años se estudiaron y que motivaron muchas reflexiones acerca de “qué teoría para qué práctica” hoy se separaran en dos tipos de reflexiones diferentes: “qué teoría” y “cuáles prácticas” (entendiendo que las prácticas no constituyen clases de ensayo sobre temas programados con anterioridad, sino que se vinculan con actividades en líneas diferentes: relaciones con la comunidad, investigaciones, tareas de capacitación, experiencias de innovación, participación en el diseño de actividades para el ocio o el tiempo libre y también clases experimentales o de ensayo).

En el análisis de las prácticas se reconoce que el “saber hacer” no se adquiere mediante aprendizaje teórico. Puede plantearse entonces, como un camino posible, la necesidad de crear escuelas especiales, a la manera de entornos de aprendizaje enriquecido, con vínculos comunitarios claros y propuestas innovadoras y avanzadas (como, por ejemplo, los hospitales-escuela, centros creados especialmente para favorecer el aprendizaje del oficio). Esta participación de los estudiantes en escuelas caracterizadas por sus propuestas innovadoras y con docentes experimentados podría permitir una importante socialización en el oficio.

También suscitan debates y preocupaciones los temas referidos al impacto de las nuevas tecnologías en las maneras de acceder al conocimiento, su circulación, su actualización y también su repercusión en todos los ámbitos. La utilización de las modernas tecnologías no puede pensarse como un tema nuevo para incluir en el currículum sino como una práctica que debe incorporarse en los procesos mismos de formación. Son los formadores de formadores quienes, más que justificar teóricamente su inclusión, deberían incorporarla a sus prácticas.

Por otra parte, la escuela como comunidad educativa plural debe ser a la vez tema de debate, de formación y de ejercicio. Es en la misma institución de formación docente en que temas como la multiculturalidad, la convivencia y la participación democrática deben generar procesos de discriminación positiva hacia las minorías, que permitan la toma de conciencia acerca de la justicia social. La formación para la justicia, por lo tanto, debería ser tema central del currículum de formación docente.

En este debate curricular, las instituciones formadoras deberían expandir su función y transformarse en escuelas de formación continua. Esto implica que, en claro nexo con las escuelas del radio de la comunidad en la que se inscriben, sean receptoras de problemas educativos y sociales, fuentes de consulta y actualización permanente, centros productores de recursos para la tarea docente y lugares clave para el desarrollo de propuestas culturales.

La formación continua no puede estar orientada a cubrir las deficiencias de la formación inicial, sino que tiene sus propios propósitos genuinos: la actualización del conocimiento, la puesta al día de los cambios y las nuevas propuestas en relación con los métodos de enseñanza, y la divulgación de resultados de investigaciones sobre enseñanza, ciencia y cultura que les permita a los docentes ser receptores constantes de lo novedoso en los diferentes campos del quehacer humano. Desde esta perspectiva, la formación no apunta a adquirir ni a conservar información sino a que se disponga de ella y se pueda hacer circular.

Por otra parte, toda institución de formación continua debería contener un programa central para ayudar al docente en su primer empleo. Si se reconocen la complejidad de las competencias que se requieren en este oficio y el hecho de que este no se adquiere mediante prácticas de laboratorio, se hace necesaria entonces la ayuda a ese docente novel, que configura por primera vez su experiencia.

Aquí y ahora

Con el objetivo de diseñar una política nacional de formación docente y jerarquizar genuinamente la tarea, en el marco del Programa Nacional de Formación Docente del Ministerio de Educación, las acciones dirigidas a los institutos de formación docente (IDF) fueron acordadas con las direcciones de educación superior de las diferentes jurisdicciones. Estas acciones implicaron diferentes niveles de consulta, con el objetivo de recuperar la voz de los actores de esos institutos.

Una respuesta frente a la heterogeneidad social y cultural de las instituciones y a la homogeneidad del currículum fue el establecimiento de polos de desarrollo en las sedes de algunos institutos que eligieron participar de un trabajo cooperativo. Con el propósito de concentrarse en el fortalecimiento de las capacidades diferenciadas de cada institución, se generaron propuestas especializadas que procuraban, a la vez, producir impacto en las escuelas asociadas.

Durante el año 2000, 84 institutos de formación docente de todo el país fueron sede de polos de desarrollo y realizaron convenios con otros institutos, escuelas y universidades para llevar a cabo cada proyecto. Para ello, cada polo contó con especialistas en la temática elegida. En algunos casos, las escuelas de la región constituyeron una importante red que transformó el polo en una verdadera organización regional de trabajo. La proyección de esta propuesta, el grado de desarrollo de la temática elegida y la fuerza del vínculo que se establezca con las instituciones asociadas podrán generar una alternativa valiosa de capacitación y transformación y, por lo tanto, de impacto en el sistema educativo.

Propuesta de autoevaluación

Otro de los proyectos desarrollados en el marco del Programa Nacional de Formación Docente se refiere a las propuestas de autoevaluación de los institutos. Este proyecto permite revertir la lógica habitual de la evaluación (brindar información a otro, ajeno al instituto evaluado, con el objeto de que juzgue su marcha o funcionamiento): se trata de detectar aquellas áreas o cuestiones con limitaciones o debilidades que necesitan ser reformuladas y aquellas otras con potencialidades capaces de ser desarrolladas o replicadas en otras áreas. Durante el año 2000, se incorporaron al proyecto de autoevaluación 91 institutos pertenecientes a las diferentes jurisdicciones.

Definir el sentido de la evaluación en las instituciones implica reconocer, fundamentalmente, la necesidad de iluminar aquellas cuestiones de la institución que se desconocen, que constituyen sus improntas o la lógica de su funcionamiento pero que se encuentran ocultas, son soslayadas o carecen de entidad para el conjunto de sus actores. Este reconocimiento permite un impacto en el mejoramiento de las prácticas, en las relaciones entre los miembros, un sentido de pertenencia, un sello o una marca que define. Definir o caracterizar una institución, visualizando la urdimbre que la conforma, permite desentrañar las prácticas cotidianas y entenderlas en la lógica en la que se inscriben.

Cualquiera sea la dimensión que se elija para la evaluación (la que subyace o la explícita, ya sea referida a las prácticas de los docentes, a los resultados de los aprendizajes de los alumnos, a la calidad de los materiales de estudio, a la utilización de esos materiales), en todos los casos el proceso de evaluación permitirá describir, interpretar y poner en contexto las prácticas, paso inicial e indispensable para mejorarlas.

Este concepto de evaluación permite reconocer que la información que se provee es valiosa para los involucrados, especialmente para aquellos que pueden mejorar esas prácticas. Brindar esa información a quien no interviene en ellas implica, la mayoría de las veces, el riesgo de una utilización para el control de la institución. Las evaluaciones institucionales genuinas son las que se construyen como prácticas autoevaluativas y en forma comprometida con la institución y su mejoramiento.

Otras acciones

Otro proyecto puesto en práctica en el marco del Ministerio de Educación es el desarrollo y la actualización de formadores de docentes. Mediante convenios con diferentes universidades, se implementaron postítulos y especializaciones para los docentes del sistema formador. Este programa se tiene por objeto contribuir a mejorar la calidad de la formación académica, científica y pedagógica de los profesores, directivos y supervisores de los IFD.

Con la Universidad Nacional de Córdoba, por ejemplo, se concretó el postítulo en Investigación Educativa que tiene como propósito fortalecer actividades de investigación, área poco desarrollada en la mayor parte de los institutos de formación.

Con la Universidad Nacional de Salta se implementa el postítulo en Análisis y Animación Socio-Institucional, destinado a la formación en el diseño y uso de estrategias psico-sociales con el propósito de que las jurisdicciones puedan contar con personal capacitado para promover el desarrollo institucional de los IDF de las provincias.

En el año en curso, y en convenio (actualmente en trámite) con la Universidad de Buenos Aires, se implementará un postítulo en Formación de Docentes, con el propósito de contribuir a la formación de coordinadores con vistas al fortalecimiento del desarrollo curricular e institucional.

A lo largo de las décadas, diferentes corrientes supusieron que incrementar la calidad de las instituciones consistía en transformarlas en instituciones universitarias. Entendemos que, en el reconocimiento de trayectorias diferentes, hacer más universitaria la formación docente es, fundamentalmente, dotar de autonomía a las instituciones. Esto implica, entre otros aspectos, formas de gobierno con la participación de los claustros, elección de los directores por los miembros de la comunidad, ingreso de profesores por concurso y articulaciones con otras instituciones.

A la hora de evaluar las instituciones de formación docente en la Argentina, quizás el mayor desafío sea superar el aislamiento. Es ilógico suponer que una institución tenga razón de existir si no está trabajando en redes solidarias con las escuelas de su zona de influencia. Es inadmisible que no tenga claros nexos con otros institutos de formación docente. Las redes de instituciones escolares permiten potenciar las actividades de mejoramiento, reconocer los problemas de la práctica y entender el contexto en el que las acciones se implementan.

Acerca de la autora

Edith Litwin, Coordinadora del Programa Nacional de Formación Docente (2001), profesora titular de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en el área de Tecnología Educativa. Fue vicedecana de esa facultad y creadora y directora del programa de educación a distancia UBA XXI.

Fuente:

Revista del Ministerio de Educación de la Nación Argentina. "El Monitor". Marzo 2001. Año 2. Nº 2.

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