Ponencia al 49o Congreso Internacional de Americanistas, Quito, Ecuador, Julio 1997






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INGENIERIA PREHISPANICA
AMERICANA Y
SUS LECCIONES PARA HOY










Por

Kashyapa A. S. Yapa

(Ponencia al 49o Congreso Internacional de Americanistas, Quito, Ecuador, Julio 1997) 

Las obras de ingeniería en el continente Americano prehispánico, no han recibido de parte de los sabios occidentales ni de su propio pueblo, el respeto y la consideración que merecían, posiblemente porque los occidentales sólo se preocupaban en saquear su inmensa riqueza mineral y transplantar un esquema político totalmente dependiente de los polos del poder económico, ajenos a su ambiente. Los pueblos de América, la mayoría mestizados y entrenados a glorificar la “civilización” impuesta por los conquistadores, seguían desconociendo y a veces destruyendo su propio pasado. Sólo recién, durante el último medio siglo, ha despertado en los países de América un interés por encontrar una identidad propia, basado en las culturas prehispánicas. De allí surge la necesidad de un redescubrimiento y revalorización de los sistemas antiguos de desarrollo económico y político. Desafortunadamente la mayor parte de las investigaciones sobre las obras de ingeniería, han tenido una orientación arqueológica u antropológica pero no han sido sobre los conocimientos tecnológicos de las civilizaciones antiguas, peor una intención de difusión de los mismos entre la comunidad de ingenieros modernos.




La "ayuda" de los expertos importados
ha convertido
los paises americanos en museos de elefantes blancos.


Mientras tanto, la enseñanza y práctica de la ingeniería actual en los países Americanos es una transplantación directa de la ingeniería, evolucionada en los últimos dos siglos en Europa y en los Estados Unidos. Las obras públicas de un país son la espina dorsal de su desarrollo económico y sus diseños deben fundamentarse en su estructura socioeconómica y política. La geografía y el clima de una región también determinan la factibilidad y la efectividad de un proyecto de desarrollo. Los diseños y las fórmulas de ingeniería, desarrollados en otros países, con bases socioeconómicas, políticas, ambientales y geográficas muy diferentes, han sido impuestos aquí muchas veces por la fuerza del poder económico de los donantes, a través de sus “expertos” importados. Tales “ayudas” han transformado los débiles países Americanos en museos de elefantes blancos y por consiguiente en eternos deudores. Los técnicos locales también, formados con textos importados, se sienten más cómodos en buscar “soluciones” de afuera, que adaptar sus conocimientos básicos a las condiciones locales.




Este trabajo es un esfuerzo, un paso inicial, para reevaluar la ingeniería actual e incorporar la sabiduría milenaria de la zona, en la práctica. Comenzamos con un análisis de los principios básicos de la ingeniería prehispánica, evaluando sus obras en general; después, examinamos sus técnicas de diseño y construcción en relación con obras especificas, divididas en cuatro categorías por conveniencia, como ingeniería estructural, vial, hidráulica y agrícola. Algunas obras civiles de gran envergadura, ejecutadas en tiempos modernos, también están descritas dentro de estas categorías, con el fin de indicar la falta de criterios adecuados para la realidad local. En algunas instancias, comparaciones directas entre las soluciones de desarrollo dadas en tiempo antiguo y moderno serán posibles. En otras, los proyectos modernos serán analizados comparando con los conceptos manejados por los antepasados.




Los conceptos básicos
La ingeniería moderna está fundamentada en dos conceptos básicos: el eficiente uso de los recursos disponibles y la efectividad de la obra. Un análisis profundo de las obras públicas prehispánicas, nos muestra que los antepasados han respetado estos dos principios casi al pie de la letra. Sabemos que las herramientas disponibles en esa época eran muy sencillas: nada de hierro, algunas de cobre y otros metales y la mayor parte eran de piedra y de madera. Tampoco había medios de transporte sofisticados, sólo algunos animales de carga en algunas zonas. La mayor fuerza de trabajo era producido manualmente por los trabajadores, el cual nos parece, era un recurso bastante abundante, al menos cuando la organización política era suficientemente fuerte para asegurar su movilización. Otro recurso que podemos considerar que era abundante, en comparación a la actualidad, es “el tiempo”, porque el periodo de construcción de muchas obras prehispánicas hay que contarlos no en años, sino en décadas o siglos.

El uso eficiente de los recursos disponibles y la efectividad de la obra
son conceptos básicos de ingeniería.





Los antepasados manejaron eficientemente los dos recursos que eran abundantes:
el tiempo y
la mano de obra.


Podemos generalizar que los ingenieros antiguos supieron manejar muy eficientemente estos dos recursos, el tiempo y la mano de obra, para construir obras tan monumentales que aún hoy, con tanta maquinaría, son muy difíciles de lograr. Para manejar el tiempo, ellos dividieron la obra en varias etapas de construcción, desde el momento de conceptualizar el proyecto. Diseñaban de tal manera que la obra tuviera su utilidad al final de cualquier etapa de construcción y se pudiera edificar la siguiente etapa sin destruir ningún componente de la anterior. El mayor desafío era organizar el masivo ejército de trabajadores, compuesto por numerosos grupos pequeños, oriundos de distintas aldeas. Pensamos que la posibilidad de aglutinar estos grupos alrededor de una gran tarea era mínima, porque como el trabajo no era remunerado sino sólo en cumplimiento de obligaciones “tributarias”: cada grupo respondía a las órdenes de su propio líder, probablemente los obreros también eran rotativamente reemplazados por otro grupo de la misma aldea.




La solución encontrada por los ingenieros antiguos, al menos en algunas obras, para un problema tan complejo de control laboral, era la técnica de dividir la construcción en segmentos o tareas, independientes (a modo grosso), pequeñas y sencillas en cumplir. Tal vez las tareas eran organizadas competitivamente para acelerar el trabajo. Los trabajos de unificación de segmentos y terminación de la obra deberían entregarse a los equipos especializados. La segmentación de una obra obligaba a los diseñadores a sacrificar la complejidad estructural de la misma, aunque hay evidencias como en la Huaca de la Luna del Perú (Uceda et al. 1994) donde los elementos arquitectónicos de una etapa fueron aprovechados en otra manera en la próxima. 

La efectividad de un proyecto se mide, por la efectividad a largo plazo de la solución que se ha dado al problema inicial. Para analizar este aspecto debemos tomar en cuenta las realidades de las sociedades antiguas y sus aspiraciones. Tomando como ejemplo el Estado Inca, su deseo de emprender una obra tan monumental como su gran sistema vial, de más de 23.000 km de extensión, estaba basado en mantener una comunicación rápida, entre la capital y los remotos territorios de su inmenso imperio. Las vías bien diseñadas, abastecidas por numerosos tambos, podía sostener un rápido sistema de correo a través de los “chasquis” que, por ejemplo, comunicaba entre Quito y Cuzco en menos de 5 días, una rapidez que se ha podido superar sólo después de algunos siglos (von Hagen 1977). La vasta llanura alrededor del lago Titicaca hoy gran parte está abandonada, por la falta de drenaje y el problema grave de las heladas. Granjas experimentales, construidas imitando el sistema de camellones que cubrían miles de hectáreas en el tiempo pasado, han mostrado no sólo una resistencia a las heladas, sino también cosechas muy superiores a las que se obtienen usando técnicas modernas (Kolata 1991). En la depresión Momposina de Colombia, donde la densidad poblacional ahora es menos de una persona por km2, por el problema de las inundaciones prolongadas, las investigaciones indican que el sistema de los canales y campos elevados en el tiempo de los Zenues sostenía alrededor de 170 personas por km2 en la misma área (Plazas y Falchetti 1986).






Algunas obras prehispánicas, especialmente del tipo “desarrollo agrícola”, muestran su eficacia a muy largo plazo y aún hoy mantienen sus utilidades. (Obviamente, estamos hablando de una selección privilegiada de obras que ya sobrevivieron y por ende no podemos generalizar este análisis a todas las obras, aunque podemos analizar cuales son las razones de la efectividad extraordinaria de estas obras). En la costa del Perú, los sistemas agrícolas de riego y de agua subterránea, siguen siendo aprovechados por los campesinos desde hace muchos siglos. El secreto de su efectividad y continuidad depende de la comprensión de la técnica de parte de los usuarios, la necesidad de la misma para su supervivencia y la factibilidad de la operación y el mantenimiento del sistema. Aún en el tiempo colonial, cuando las estructuras sociales eran completamente inhabilitadas, las comunidades agrícolas pudieron preservar y mantener sus sistemas productivos porque el trabajo estaba dentro de su capacidad técnica y organizativa. En otras palabras, estos sistemas pueden ser sostenidos con recursos locales, un concepto que se ha vuelto muy frecuente en los proyectos modernos de desarrollo, pero que se ha limitado solamente a la palabra.

La operación
y el mantenimiento de las obras antiguas estaban al alcance de
los mismos usuarios.





La conquista de la naturaleza es una ilusión creada por los vendedores de maquinarias costosas.

En tiempos modernos, sí algo fracasa, echamos la primera culpa a la naturaleza, aunque paradójicamente, casi todos los nuevos proyectos de desarrollo tienen como su base una lucha contra la naturaleza o una conquista de la misma. Aún después de tantos y costosos fracasos no hemos aprendido que la “conquista” de la naturaleza es sólo una ilusión, creada por los vendedores de maquinarias y materiales costosos. Un análisis de obras públicas prehispánicas nos muestra, que esos ingenieros han manejado otra filosofía frente a la naturaleza: una convivencia con el poder imprescindible de la naturaleza en vez de conquistarla. Por ejemplo, el sistema antiguo de controlar inundaciones en la cuenca baja del río Guayas en la costa Ecuatoriana, que había modificado más de 50.000 ha de tierra anegable con sus canales y campos elevados, no contempló nunca bloquear o restringir el curso de los caudalosos ríos de la cuenca, más bien, este sistema facilitaba la entrada de los caudales picos a los canales artificiales, bajando el nivel del río y manteniendo los campos agrícolas y residenciales secos y seguros. No podemos decir que los sistemas antiguos no sufrieron daños por la naturaleza, pero hay evidencias que indican que los antepasados aprendieron de sus fracasos y vivían armónicamente con la naturaleza.





Algunas obras antiguas y modernas
A continuación presentamos un análisis detallado de algunas obras de ingeniería prehispánica, las mejor investigadas y que contienen conceptos y soluciones que podemos aprovechar ahora. Para mayor claridad y conveniencia, estas obras serán divididas en cuatro categorías: obras de ingeniería estructural, vial, hidráulica y agrícola, aunque algunas obras pertenecen a más de una categoría. También presentamos detalles de algunas obras recientes de mayor envergadura dentro de las mismas categorías, criticando sus conceptos de diseño y técnicas de construcción, con miras de aprender de sus fracasos o sus impactos desastrosos. Las experiencias de ingeniería prehispánica serán utilizadas para enriquecer esta discusión.

Ingeniería estructural

Presa Purrón - México
Woodbury y Neely (1972) descubrieron una presa de tierra, ya erosionada, de 18m de altura, 100m de ancho y 400m de longitud, sobre el arroyo Lencho Diego en el valle de Tehuacán. Además de ser el mayor dique prehispánico en el continente Americano documentado hasta la fecha (según conoce este autor), éste presentó una buena oportunidad para conocer las técnicas antiguas de construcción.









Corte del dique Purrón




Los investigadores han identificado 4 etapas principales de construcción en la estructura (Fig. 1) que han prolongado aproximadamente 1000 años. La etapa inicial, posiblemente construido alrededor de 750 - 600 a.C., consistía en un dique de 2,8m de altura, que cruzaba sólo la parte más profunda del arroyo. La segunda etapa, de otros 6m de altura, comenzó casi un siglo después, cuando la primera laguna estaba completamente sedimentada.



Fig. 1 - Las 4 etapas del dique







Los nuevos constructores, sumamente sofisticados, utilizaron tabletas de roca cuidadosamente colocada en mortero de barro como el revestimiento del talud; el cuerpo interior del dique fue segmentado con paredes de 20 - 60 cm de ancho, de cantos rodados puestos sin mortero, que continuaban hasta la altura total de la etapa; los cuartos así formados facilitaban compactar el relleno de arena, grava y piedras angulares. Woodbury y Neely (1972) encontraron otro dique, de 5m de altura, algunos metros aguas arriba del primero, posiblemente un dique auxiliar, construido usando las mismas técnicas. La segunda etapa también fue usada, sedimentada y abandonada antes de que comenzara la próxima ampliación, casi 7 siglos después, cuando la altura fue incrementado en 8 metros más, pero en dos fases, siguiendo la misma técnica del relleno segmentado.




Un muro ancho de buena calidad habían construido justo al interior del talud aguas abajo del dique, como para contener el relleno. La laguna creada por esta etapa tenia 56 hectáreas de superficie, la cual podía almacenar un gran volumen de agua, presumiblemente para riego, aunque los investigadores no hallaron las estructuras correspondientes. La última etapa de construcción, que siguió unos siglos después, consistía únicamente en algunos templos edificados sobre el dique ya abandonado.



El muro interior



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