Los recursos y el desarrollo sostenible






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títuloLos recursos y el desarrollo sostenible
fecha de publicación14.01.2016
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TEMA 6.- LOS RECURSOS Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE.
El aumento de la población y del consumo ha tenido como consecuencia una reduc­ción de los recursos naturales y un incremento de la contaminación y de los desastres naturales. ¿Es posible un desarrollo económico respetuoso con el medio ambiente y con el desarrollo social? En este tema estudiaremos varios recursos de los que disponemos a escala global y definiremos de forma breve el desarrollo sostenible.

1.- LOS PROBLEMAS DE NUESTRO TIEMPO.

Nuestro actual sistema económico y social no es muy sostenible a medio plazo porque no resuelve los graves pro­blemas que afectan el destino del planeta y que incluso los provoca o los agrava. Tam­bién es muy cuestionable que el sistema tecno-científico no haga más investigaciones, con diagnósticos precisos de los problemas más angustiosos, y proponga soluciones.

¿A qué problemas se enfrenta hoy en día la humanidad?

Se pueden mencionar los siguientes problemas:

  • El crecimiento exponencial de la población, que hace que ésta se duplique en períodos muy cortos de tiempo. En 1950 éramos 2.500 millones de personas, ahora somos más de 6.000 millones y en 2050 se prevén más de 10.000 millones de per­sonas en la Tierra.

  • El crecimiento de la polarización entre riqueza y pobreza. Ahora hay unos 1.200 millones de personas en el primer mundo y 5.000 millones al tercero, de los cua­les 1.500 millones malviven con menos de un dólar diario. En 2025 habrá 1.400 millones y 7.100 millones, respectivamente, y sus consecuencias, como el hambre (ahora hay más de 700 millones de personas que la sufren), las enfermedades, el analfabetismo, etc.

  • La producción de armamento, causa fundamental de las guerras (desde 1945 más de 100, casi todas en el tercer mundo con más de 16 millones de muertos), del trá­fico de armas, y sobre todo, de un stock de armas nucleares, químicas y biológicas, con capacidad más que sobrada por destruir el mundo como planeta habitable.

  • El agotamiento de los recursos, particularmente los energéticos (el petróleo, el gas natural), el agua potable, los bancos de peces de la plataforma continental, etc.

  • La contaminación del medio ambiente, donde se ha pasado de problemas locales como la polución atmosférica de las grandes ciudades, los residuos urbanos, la con­taminación de ríos, lagos y costas, la lluvia ácida, a problemas globales como:

    • El efecto invernadero, producido por el CO2 y otras sustancias, que contribu­ye al aumento global de la temperatura del planeta.

    • La destrucción de la capa de ozono por los CFC y el NO, sin la cual no es posible la vida en la tierra ya que absorbe las radiaciones ultravioletas. El adelgaza­miento de dicha capa provoca una mayor incidencia del cáncer de piel, daños oculares, disminución de defensas, aumento de infecciones, etc.

    • La lluvia ácida, debida a los óxidos de azufre y nitrógeno, que pueden despla­zarse grandes distancias antes de combinarse con el agua y precipitarse en forma de ácidos (sulfúrico, nítrico, etc.), haciendo que el problema creado en las zonas industriales de algunos países (por ejemplo, en la cuenca del Ruhr alemana) sea sufrido por los vecinos países (por ejemplo, en Suecia, Noruega, etc.), donde se acidifican lagos y ríos, se destruyen bosques o se deterioran monumentos famosos.

    • La deforestación, no sólo por la pérdida de biodiversidad que supone en el caso de las selvas tropicales, sino por sus efectos en la disminución de lluvias, en la erosión de suelos productivos por el viento, el agua, y la consiguiente desertificación, que no se limita sólo al África subsahariana, sino que alcanza nuestro país (concretamente, el sureste).

2.- SOBREEXPLOTACIÓN DE RECURSOS.

Antes de comentar los recursos de los que dispone el planeta, hagamos una reflexión a partir de las siguientes líneas:

La Humanidad necesitará dos planetas en 2030 para mantener su nivel de consumo”. Cada español consume tres veces por encima de la capacidad biológica de este país. La huella hídrica de España es la quinta mayor de la Tierra.

Estamos en números rojos. La cuenta corriente de los recursos naturales que posee la Tierra tiene un déficit de un 30%, el porcentaje en el que la demanda de la Humanidad ha superado la capacidad de abastecimiento del planeta. De seguir así, a mediados del año 2030 serán necesarios dos planetas para mantener el estilo de vida. Pero no los hay.

Esta es la conclusión a la que ha llegado la organización WWF/Adena en su últi­mo ‘Informe Planeta Vivo’, que ha sido elaborado junto con la Sociedad Zoológica de Londres y la Red de Huella Global.

El análisis tiene en cuenta dos factores: por un lado, el “Índice del Planeta Viviente” (IPV), que refleja la situación de las especies animales como marcador de la biodiversidad, y por otro lado, la Huella Ecológica, es decir, lo que cada habitante necesita para tener cubiertas sus necesidades. Y ahí nuestro país ocupa el número 12 del ránking mundial.

«Eso supone que necesitaríamos tres “Españas” para abastecernos, y eso es una barbaridad», señala Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF/Adena. En el caso de la huella hídrica, la situación aún es peor: España está en el quinto puesto, principalmente por el consumo de productos que requieren mucha agua (frutas, soja para alimentar el ganado, etcétera), productos que no tenemos y que importamos de países tropicales.

2.1.- El agua.

El agua es fundamental para la vida y el desarrollo de la sociedad y la economía humanas. El 94,2 % del agua de nuestro planeta se encuentra en los océanos y sólo el 4,1% se dis­tribuye en los continentes como aguas superficiales o subterráneas. Por otra parte, el agua dulce, es decir, el agua apta para las actividades humanas, representa el 2,1% del volumen total.




Encima de estas líneas, usos del agua, a la izquierda de estas líneas, distribución mundial, y abajo a la izquierda, estimación del consumo global de agua desde 1900 hasta 2025.




El agua es un recurso renovable pero limitado, ya que tiene una desigual distribución en el espacio y en tiempo.

Los problemas que se avecinan en relación con el agua son el aumento en su consumo y su escasez. Esto está provocado por las prácticas agrícolas y las actividades industriales y urbanas, el aumento de población y la contaminación.


  1. Más de mil millones de personas en el mundo carecen de acceso a un suministro fijo de agua limpia. Hay 2.4 mil millones de personas (más de un tercio de la población mundial) que no tienen acceso a un saneamiento adecuado. Más de 2.2 millones de personas, en su mayoría en los países en vías de desarrollo, mueren cada año por enfermedades asociadas a condiciones deficientes de agua y de saneamiento.

Aunque muchas regiones cuenten aún con agua suficiente para cubrir las necesidades de cada individuo, se requiere que esta sea manejada y usada adecuadamente.
2.2.- Suelo y Agricultura

El suelo es una capa de espesor variable situada en la superficie de la corteza te­rrestre. Está formado por un agregado de fragmentos de rocas, minerales y materia orgánica. Por medio de procesos físicos y químicos, llamados meteorización, las rocas se desintegran. Estos procesos son realizados por el agua, la atmósfera y algunos seres vivos.
2.2.1.- Usos del suelo.

El principal uso que se le da al suelo es agrícola. La producción agrícola mundial está aumentando a pasos agigantados, como demuestra la siguiente gráfica:



El aumento de la producción agrícola se debe a:

  • la utilización intensiva de fertilizantes,

  • la utilización de pesticidas,

  • el uso de maquinarias agrícolas más desarrolladas,

  • la utilización de semillas modificadas genéticamente.

La agricultura intensiva, que responde a las características indicadas anterior­mente, comenzó su desarrollo en los años 50 y dio lugar a un aumento espectacular en la producción de alimentos y a la llamada Revolución verde.

Las consecuencias negativas del aumento de la producción agrícola son de va­rios tipos:

  • La utilización de semillas modificadas genéticamente conduce a los mono­cultivos. Si se produce el ataque de una plaga, la cosecha se destruye total­mente dado que no existe diversidad genética.

  • La utilización de pesticidas puede producir la contaminación de los acuífe­ros por nitratos.

  • La producción agrícola intensiva produce el agotamiento de los suelos. Este agotamiento da lugar a un uso intensivo de los fertilizantes.

  • El suelo agrícola se compacta por la utilización de las máquinas agrícolas.

  • Las nuevas técnicas agrícolas requieren una gran cantidad de agua que pue­de dar lugar al agotamiento de los recursos hídricos o a su salinización.

2.3.- Ganadería.

El aumento de la población mundial ha tenido como consecuencia una mayor de­manda de productos relacionados con la ganadería. En consecuencia, se ha desarro­llado un nuevo tipo de ganadería denominada intensiva, que se caracteriza por:

  • El uso de piensos compuestos fabricados específicamente para cada tipo de ganado con el objetivo de aumentar el tamaño y el peso de los animales de una forma rápida.

  • Utilización de hormonas para conseguir el objetivo indicado anteriormen­te.

  • Hacinamiento de los animales en zonas muy reducidas y en condiciones am­bientales artificiales.

La ganadería intensiva presenta varios aspectos negativos:

  • Se produce un exceso de purines, es decir, de excrementos de los animales que pueden dar lugar a la contaminación del suelo y de los acuíferos.

  • Sólo se utilizan los animales que resultan más rentables en términos econó­micos lo cual implica una disminución de la biodiversidad.

  • Mediante la ganadería intensiva también puede se realizar el engorde de los animales en condiciones naturales como ocurre en el caso de los prados. En este caso, la alimentación del ganado da lugar a una sobreexplotación de las especies vegetales. En consecuencia, aumenta la erosión del suelo producida por la pérdida de la cubierta vege­tal.

  • Disminuye la cantidad de humus.

  • Se pierde la capacidad de regeneración de las especies vegetales.

  • Se produce una pérdida de la biodiversidad de las especies vegetales del suelo.

  • Se produce la sustitución de las especies vegetales originales por otras.

  • Puede producirse una deforestación si se talan árboles para aumentar la superficie de los prados.

2.4.- Pesca.

De la misma forma que ha ocurrido con la ganadería, el aumento de la población mundial ha impulsado un aumento en las capturas de pesca, como viene reflejado en la siguiente tabla.



Según el informe de la FAO “El estado mundial de la pesca y la acuicultu­ra” publicado en 2002, “la producción total de la pesca de captura en 2000 fue de 94,8 millones de toneladas, el nivel máximo de todos los tiempos”.

Hoy día, para estudiar la sostenibilidad pesquera, hay que tener en cuenta no sólo lo que se pesca, sino lo que se consume. Los países ricos poseen una enorme capacidad para adquirir pescado, sobreexplotando mucho más de lo que ellos hacen directamente al pescar. Por ejemplo, Japón pesca menos de 5 toneladas de pescado al año, pero consume 9 toneladas.

En los años 50 se explotaba un área relativamente pequeña de los océanos para la pesca, pero dados los requerimientos de producción primaria pesquera actuales, se han tenido que explotar áreas cada vez más grandes (las capturas se han multiplicado por 10 desde 1950) de los océanos para mantener el suministro constante o en aumento.

2.5.- Energía

La energía es una de las necesidades humanas más acuciantes en la actualidad. Esto es debido a que el consumo de energía ha ido en aumento constante por dos razones: por el crecimiento de población y por el incremento de energía consumida por habitante. Así en la sociedad cazadora una persona consumía 20000 Julios/día, en las primeras sociedades agricultoras 50.000 Julios/día, en la sociedad industrial europea hacia 1870, 280.000 Julios/día, mientras que un norteamericano hacia 1970, unos 1.000.000 Julios/día. También ha ido variando el tipo de energía consumida mayoritariamente: en la antigüedad la leña, durante la revolución industrial, el carbón y, en la actualidad, el petróleo.

En cuanto a los tipos de energía consumida en el mundo, en 1994 las dominantes eran las no renovables, un 82 %, distribuidas en petróleo (36%), carbón (25%), gas na­tural (17%) y nuclear (4%). Las energías renovables aportaban un 18 % de la energía primaria (un 11% corresponde a la leña, un 6% a la hidráulica y el 1% restante corres­ponde a energía solar -térmica y fotovoltaica-, energía eólica, etc.). En 2001, las dominantes siguen siendo las no renovables (un 86,3% del total). Éstas se distribuyen en petróleo (35,1%), carbón (22,6%), gas natural (21,7%) y nuclear (6’9%). Las energías renovables aportan un 13,7% de la energía primaria: un 9,3% corresponde a la biomasa, un 2,3% a la hidráu­lica y el 2,2 % restante a las nuevas renovables (solar -térmica y fotovoltaica-, la eólica, etc.).

Sin embargo, las cifras de consumo revelan que los 270 millones de norteameri­canos consumen tanta energía -en un 80% de origen fósil- como los 3.600 millones de habitantes de África, América del Sur y Asia. Así, en el año 1994 un habitante de los EEUU consumía por año 8 TEP, uno de la Unión europea 3,7 TEP, uno de España, 2.4 TEP, uno de la India 0,2 TEP (tonelada equivalente de petróleo es la energía obtenida por la combustión de una tonelada (1.000 kg) de petróleo. 1 TEP= 4.18 1010 J).

También hay grandes diferencias entre el mundo desarrollado y el tercer mundo en cuanto a los porcentajes de energía consumida. Un 30% de la humanidad (1700 millones de personas) queda excluida de cualquier forma de energía que no sea la que proporciona la biomasa (leña sobre todo). Hay 2.400 millones de personas que no tienen acceso a la electricidad. Por ello, en los porcentajes de consumo de energía primaria en el tercer mundo, la biomasa representa el 35 % del total, el petróleo el 26%, el carbón el 25%, el gas natural el 8%, etc. Por el contrario, en la Unión Europea, el consumo de energía renovables sólo representa el 5,38% (biomasa el 3,25%, hidroeléctrica el 1,9%).
2.5.1.- Las energías renovables.

Las energías se dividen en no renovables y renovables. Las primeras, como la energía térmica o la nuclear, son energías que agotan recursos (el petróleo, el carbón o el gas natural, el uranio) y que tienen un gran impacto ambiental. Las segundas son energías que no agotan recursos y que tienen un bajo impacto am­biental. Las más utilizadas en la actualidad son la biomasa y la hidroeléctrica.

La hidroeléctrica utiliza la energía potencial de los saltos de agua y mediante turbinas y generadores la transforma en energía eléctrica.

La biomasa es la mate­ria orgánica que, directamente, o sometida a un proceso de transformación, puede ser utilizada como fuente de energía. Muchos autores incluyen en este concepto la leña utilizada como combustible. Pero no hay que olvidar que los árboles tienen un ciclo de renovación largo y que algunas técnicas de explotación forestal, como las talas, impiden dicha renovación. Otros incluyen sólo la biomasa destinada directamente a aplicaciones energéticas (plantaciones de caña de azúcar, sorgo, etc.), y la biomasa residual que incluye residuos forestales y agrícolas, ganaderos (estiércol), residuos sólidos urbanos or­gánicos, aguas residuales, etc., se utilizan directamente como combustible y abo­no. Por fermentación anaeróbica se puede obtener a partir de ellos biogás (60 % de metano y 40 % de dióxido de carbono) o bioalcohol, a partir de la caña de azúcar. Como curiosidad, decir que Brasil ha desarrollado un plan de bioalcohol como combustible sustitutivo de la gasolina, y que China e India son los mayores productores de biogás.

Menos utilizadas son la energía geotérmica, eólica o solar. La geotérmica se basa en el calor procedente de la tierra, especialmente de zonas volcánicas. Se están realizando investigaciones en las Islas Canarias.

La eólica utiliza la energía ci­nética del viento que, mediante molinos, turbinas y generadores se transforma en energía eléctrica. Se están utilizando para suministrar electricidad directamente a granjas o aldeas retiradas y, cuando la potencia aumenta, para suministrar energía a la red eléctrica. España es uno de los grandes productores mundiales de esta energía, tras Alemania y Dinamarca, con parques eólicos en la Muela (Zaragoza), Manzanares, As Pontes (Galicia), etc. Incluso hay comunidades autónomas como Navarra que han conseguido que toda su energía eléctrica sea de origen eólico.

La energía solar es un término confuso porque incluye gran cantidad de dispo­sitivos que sólo tienen en común la utilización directa de la luz del Sol. Podemos mencionar los paneles solares (que suministran agua caliente para uso doméstico), la arquitectura solar (que permite reducir sensiblemente el consumo de energía en calefacción, refrigeración e iluminación de las casa simplemente mediante el dise­ño y la construcción adecuada de las mismas), los hornos solares (que concentran los rayos solares con espejos para producir elevadas temperaturas), las centrales electrosolares (grandes hornos solares, que calientan un fluido que acciona turbi­nas y generadores), las células solares fotovoltaicas, construidas a partir de semi­conductores, como el silicio, que permiten transformar directamente la luz del Sol en electricidad. Se utiliza en satélites espaciales, viviendas, faros, antenas y otros dispositivos distantes de la red eléctrica. Pero las células fotovoltaicas tienen un gran futuro situadas en los tejados infrautilizados de casas y fincas y conectadas a la red eléctrica, a lo que se han opuesto las empresas eléctricas españolas hasta que recientemente ha obligado a ello una ley de la Unión Europea. Y aún así plantean dificultades.

3. EL DESARROLLO SOSTENIBLE.

Por desarrollo sostenible se entiende un tipo de crecimiento que cubre las nece­sidades de la presente generación sin comprometer las de las futuras.

En la década de los 60 y principios de los 70 empieza a desarrollarse una con­ciencia crítica sobre las relaciones entre la ciencia y la técnica y sus implicacio­nes en la naturaleza y la sociedad. Esta conciencia, inicialmente minoritaria, va difundiéndose en la opinión pública, especialmente entre los universitarios, con los movimientos críticos de los 60 y con la crisis energética de 1973, que pone en tela de juicio determinadas actuaciones frente a temas energéticos, ecológicos como la contaminación de las aguas (en ríos, lagos, playas), la contaminación de la atmósfera (el smog en las grandes ciudades), las emisiones radiactivas, los grandes basureros urbanos, el agotamiento de los recursos (en particular, el agua potable, el petróleo, etc.)

En 1972, B. Commoner redacta "Los límites del crecimiento", primer in­forme al Club de Roma, donde se plantea la necesidad de detener el crecimiento económico para salvar a la Tierra de las agresiones de la industrialización, es decir, proponen un crecimiento cero sin plantear cambios en la sociedad (redistribución de los recursos existentes, etc.). Este informe fue muy mal recibido por:

  • Los empresarios, porque era una agresión al principio capitalista del beneficio al más corto plazo posible.

  • Los sindicatos, porque suponía, al no plantear contrapartidas, un recorte en las conquistas de los trabajadores.

  • El tercer mundo, porque si se detiene el crecimiento se mantiene su situación de pobreza y su desigualdad respecto al primer mundo.


El informe Brundtland (1987), "Nuestro futuro común", introduce el concepto de desarrollo sostenible, que intenta hacer compatibles desarrollo y ecología. Este se basa especialmente en una ecología de la pobreza, es decir, en una serie de medidas internacionales para favorecer el desarrollo sostenible del tercer mundo, como, por ejemplo, el aumento de la ayuda económica de los países avanzados (al 0,7 % de su PIB), la transferencia de tecnologías modernas y eficientes energéticamente (en lugar de las tecnologías contaminantes y obsoletas que se transfieren en la actualidad), cambiar la deuda exterior del tercer mundo (que absorbe buena parte de sus recursos) por medidas ecológicas, sustitución de los monocultivos controlados por las multinacionales por cultivos propios, etc.
Pero estas medidas se deben complementar con otras para los países avanzados porque el nivel de vida al que la humanidad ha accedido en los dos últimos siglos sólo lo ha alcanzado una parte de la humanidad y -de acuerdo con el conocimiento de que disponemos- no es alcanzable por una población como la actual. Si todos los países se comportaran como países desarrollados, es poco probable que pudiera seguir siéndolo ninguno, ya que la cantidad de recursos explotados (agua, energía) y de residuos generados transformaría el mundo en un desierto o en un vertedero en cuestión de años.

Por todo ello es necesaria la elaboración de leyes que obliguen a las empresas y ciudadanos a utilizar más racionalmente los recursos, a limitar la contaminación, a reciclar los residuos, a proteger espacios naturales, etc. Pero no sólo basta con medidas proteccionistas o conservacionistas: se necesitan también cambios en el modelo económico del primer mundo. Es necesario reducir la producción y el transporte, reciclar y reutilizar productos y residuos, consumir menos, etc., y es necesario que esto no se haga, como de costumbre, a expensas de los más débiles, es decir, incrementando el paro y la miseria, sino distribuyendo mas equitativamente el trabajo y también los beneficios.

Para sentar las bases de un desarrollo sostenible, como señala Herman Daly, es necesario que las tasa de recolección de recursos renovables sean iguales a las tasa de regeneración y que las tasas de emisión de residuos sean iguales a las capacidades de asimilación de los sistemas a los que se emiten esos residuos. El uso cuasi-sostenible de recursos no renovables exige que toda inversión en la explotación de un recurso no renovable lleve aparejada una inversión compensatoria en un sustituto renovable. Y resume, hay que frenar el hiperconsumo de las sociedades desarrolladas y la explosión demográfica de los países pobres.



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