Tema 1: intervención en personas mayores. PLAN GENERAL DE intervencióN (pgi)






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TEMA 1: INTERVENCIÓN EN PERSONAS MAYORES. PLAN GENERAL DE INTERVENCIÓN (PGI)

INTRODUCCIÓN
Los organismos internacionales están prestando especial atención a las personas mayores debido a la cada vez mayor longevidad en los países desarrollados. Es necesario incrementar la participación activa de los mayores en la sociedad, de modo que se sientan artífices y no meros receptores de planes y programas diseñados por otros. De este modo, se podrá aprovechar su riqueza de vida y experiencia, así como sus potencialidades. Desde esta óptica, lo importante no es añadir más años a la vida, sino más vida a los años.
El Plan Internacional de Acción aprobado en la II Asamblea Mundial sobre el envejecimiento celebrada en Madrid en el año 2002, identifica tres ejes de acción prioritaria: tener en cuenta a las personas mayores en los diferentes planes de sostenibilidad, profundizar en el concepto de envejecimiento activo, que se diseñen ciudades accesibles y habitables para todos. Desde las políticas sociales es imprescindible apoyar a las familias y a las comunidades en su papel de cuidadores.

Al final del s.XX, la OMS sustituye el término envejecimiento satisfactorio por el de envejecimiento activo, al considerar que responde mejor al desarrollo integral de la persona a lo largo de la vida.
La ONU promulga cinco principios en los que se deben basar las políticas y acciones en el ámbito de las personas mayores:


  • La dignidad es el eje en el que pivotan los demás principios. Las personas mayores deberán recibir un trato digno.

  • En relación con la independencia, la sociedad debe favorecer que la persona viva en su domicilio el mayor tiempo posible, dado que es un entorno seguro y favorece la autonomía.

  • La persona mayor, como cualquier ciudadano, tiene el derecho y el deber de autorrealizarse, desarrollar sus potencialidades.

  • La participación constituye un eje importante para la integración en la sociedad.


Para que puedan mantener un nivel óptimo de salud física, mental y emocional, es necesario que tengan acceso a todos los servicios sanitarios, sociales y jurídicos. A la vez que se respeten sus derechos a fin de que puedan tomar decisiones por sí mismos.
¿Cómo responde la sociedad?

La sociedad está realizando un esfuerzo cada vez mayor con el fin de dedicar más recursos que satisfagan las necesidades, demandas e intereses de esta población cada día más numerosa.

La sociedad no debe conformarse con destinar cada vez más recursos económicos orientados a resolver los problemas de este colectivo. Se hace imprescindible replantear la acción social, no sólo con un carácter paliativo, sino optimizador de potencialidades.

Los profesionales dedicados a trabajar con personas mayores deben seguir formándose de modo continuo, puesto que han de intervenir desde una perspectiva multidisciplinar e interdisciplinar.
¿Cómo intervienen estos profesionales?

Por intervención se entiende: la acción que realiza un profesional cualificado a partir de un diagnóstico y una planificación previos, a fin de lograr mejorar situaciones personales/sociales, a través de los recursos adecuados a tal fin. Constituye un sistema organizado de acciones para lograr cambios en diferentes niveles. Debe realizarse desde tres niveles: individual; grupal; comunitario.
¿Cómo participan los implicados?

Si a través de la intervención se generan acciones de mejora, éstas serán más eficaces si los interesados se implican activamente. En este sentido, no sería justificable negar la participación a este sector.

INICIO DEL TEMA
El envejecimiento de la población es una situación de creciente actualidad que preocupa sobremanera al conjunto de la ciudadanía. Por ello, tratando de paliar esta realidad, la sociedad ha realizado una apuesta decidida por dedicar recursos de todo tipo a actuar en el ámbito de los mayores, encaminadas a mejorar la vida de las personas mayores en el presente y en el futuro.

Sin embargo, estas situaciones de desequilibrio, de inestabilidad social, no se remediarán simplemente poniendo en juego recursos económicos, es necesario dar un giro a la acción social, un giro basado en el análisis de la realidad, acompañado de medidas de carácter especializado desarrollados por agentes cualificados.

Una actuación con mayores implica una interrelación entre el mayor, el medio y la persona que interviene en los diferentes procesos y actuaciones.

Esta interrelación se debe construir a partir de un análisis de la realidad, una elección de los fines y objetivos, de la puesta en marcha de metodologías y recursos, etc. Todo engarzado de forma coherente y contando con la implicación de nuestros destinatarios.
CONCEPTO DE
En numerosas ocasiones, hablamos de intervención sin saber a lo que nos estamos refiriendo, puesto que es un concepto muy abierto y, en la mayoría de ocasiones, muy difuso, tal y como podemos observar en la siguiente definición que aporta Lowy (1983) .
Así Pérez Serrano y Martín González (1987) señalan que el objetivo de la intervención socioeducativa no es otro que el de favorecer que las personas se descubran, y participen en la vida del grupo y de la sociedad intentando la mejora de la calidad de vida.

Este apunte responde a una nueva visión que de intervención poseen los profesionales, agentes de cambio social, ya que como indica Pérez Serrano la meta del hombre de hoy, dado el tipo de sociedad en que debe desarrollarse, podríamos cifrarla en .
Por ello, el objetivo de la intervención consistiría en suscitar grupos funcionales de ciudadanos capaces de ser agentes activos y responsables de su propio progreso, usando para ello todos los medios.

El aspecto sustancial de la intervención no es otro que la intención de cambio de la que debe venir acompañada cualquiera de nuestras actuaciones con las personas mayores; es decir, el propósito de modificar una situación individual, grupal o comunitaria o externa. Este cambio seún Watzlawick (1986) puede ser de dos tipos:


  1. De
    aquel que altera un elemento del sistema (individuo) o su situación dentro de él, pero sin alterar el sistema en su conjunto.

  2. De hace referencia a una alteración de la relación entre los elementos de un sistema.


No se debe olvidar que toda intervención persigue un cambio que debería realizarse simultáneamente tanto sobre la persona, grupo, comunidad, institución (1º orden), como sobre las relaciones entre éstos (2º orden). (Uriarte y otros 1998).
Debemos advertir que cualquier intervención psicológica, social, educativa… que se precie, debe basarse en una teoría que la fundamente con todo rigor, en unos métodos y unas técnicas que le permitan ser eficiente a la hora de solucionar problemas o satisfacer determinadas necesidades humano-sociales.
CARACTERÍSTICAS DE LA INTERVENCIÓN EN MAYORES
La intervención en personas mayores representa una alternativa a ciertas situaciones, al poner el énfasis en lo humano, en las personas, en el grupo como espacio colectivo de diálogo y cooperación y en la capacidad creativa de cada individuo.
Esta nueva visión de la intervención puede ayudar a encontrar y construir colectivamente alternativas coherentes para un desarrollo personal y social justo, solidario y respetuoso con la dignidad humana, que asuma la diversidad y eleve la autoestima de los individuos y los grupos hasta convertirlos en verdaderos protagonistas de su propio destino.

Como cualquier ciudadano, la persona mayor se deriva una serie de elementos inseparablemente relacionados y en simbiosis donde, al variar en algo cualquiera de ellos, se verá alterada la dinámica de los demás y las relaciones entre ellos por lo que la intervención que se desarrolla, debe tener en cuenta esta circunstancia.
Quienes trabajan con este sector se centraban principalmente en los síntomas o en las causas de la demanda, sin tener en cuenta las diversas variables implicadas en una determinada situación/problema. Por todo ello, debemos cambiar el concepto de intervención y tratar de asociar y engranar todas las variables influyentes en un proceso determinado. Partir de lo global para actuar en lo local.
Con el fin de estructurar en lo posible esta complejidad, podemos agrupar, siempre en sentido amplio, los elementos que influyen en la intervención social: variable situacionales y variables personales.

De esta forma, entre las primeras, debemos considerar aquellas de carácter económico, histórico, legislativo… que configuran el marco en que se expresa el problema y la intervención, así como las de carácter funcional y dinámico.

Por otro lado, en lo que respecta a las variables personales, se incluyen las de carácter orgánico o de salud física, las de carácter psíquico o cognitivo, así como las pertenecientes al momento evolutivo de la persona objeto de nuestra intervención.

Finalmente, debemos señalar previamente que un programa/proyecto de intervención no se lleva a cabo porque sí; antes bien, debe atender a una serie de necesidades, intereses y demandas. El objetivo primordial es proporcionar bienestar y calidad de vida a las personas mayores.
FASES DE LA INTERVENCIÓN
Las fases a seguir, teniendo en cuenta a Pérez Serrano (1994) y De la Riva (1993):


  1. Investigación/Valoración/Diagnóstico


Se trata de conocer la realidad, identificar los problemas, necesidades e intereses de las personas mayores. Antes de actuar debemos identificar los recursos y las potencialidades existentes en nuestros destinatarios e instituciones, así como a nosotros mismos.

En cualquier caso, el conocimiento de la realidad en la que se trabaja, será muy necesario para:

  • Definir con claridad los objetivos de nuestro trabajo con los mayores.

  • Identificar y conocer mucho mejor a los destinatarios.

  • Elegir las actividades más adecuadas para conseguir resultados.

  • Identificar, conseguir y organizar los recursos disponibles, puesto que el análisis nos va a ayudar de forma muy significativa a saber cuáles y cuántos recursos vamos a necesitar. Identificación y organización de las personas con las que contamos.

  • Orientar adecuadamente las estrategias de información y comunicación, los canales y métodos de información que debemos abrir.

  • Facilitar la evaluación de nuestra acción y funcionamiento organizativo.


En este sentido, debemos señalar que el análisis de la realidad no debería tratarse de una actuación puntual, al comienzo de los procesos de intervención, sino una dinámica permanente ya que las acciones que desarrollemos modifican constantemente la realidad y su percepción.


  1. Planificación.


Debemos definir los objetivos, diseñar la previsión de nuestra intervención, seleccionar los métodos y las técnicas, determinar nuestras actuaciones y gestionar la planificación.

Planificar quiere decir anticiparse a la acción, especificando el procedimiento para conseguir la finalidad.

Generalmente el éxito de un trabajo eficaz se encuentra en la planificación, puesto que delimitamos qué pasos hay que dar y cómo vamos a darlos.
Cembranos, Bustelo y Montesinos (1989) entienden la planificación como un proceso de graduación de la utopía. Es decir, un proceso en el que tratamos de acercar las situaciones ideales que nos gustaría tener a proyectos realizables a corto o medio plazo.
Esta etapa de intervención es sobre todo, una dinámica continuada de identificación de prioridades, de estrategias, técnicas, recursos existentes, toma de decisiones…

Sin embargo, reincidimos en que estas decisiones deben ser es decir, lógicas, coherentes, estructuradas y en conexión unas con otras. Así, los objetivos estarían basados en el análisis de la realidad y en los medios con los que podamos contar.
La planificación se puede ejercer en tres grandes niveles: plan, programa, proyecto.

Para que eso sea posible, es fundamental considerar los tres niveles como algo parecido a las muñecas rusas que contienen unas a otras, puesto que, a pesar de sus diferencias, todos ellos tienen algo en común: deben ser coherentes. En efecto, sus objetivos, métodos y técnicas de trabajo deben ser adecuados entre sí, produciéndose el, tan deseado . A continuación se define cada uno de los niveles de concreción, desde el más general al más específico:


  • Plan: se trata de una propuesta de trabajo global que, por lo general comprende, integra y aglutina varios programas en torno a una serie de objetivos comunes, planteados a medio-largo plazo.

  • Programa: se trata de una propuesta de trabajo más precisa, centrada por lo general en una problemática o situación, donde se concretan las líneas de acción que señala el plan. Contiene varios proyectos de actuación, a través de los cuales se van a desarrollar los diferentes programas. De esta forma, generalmente su realización se contempla en un tiempo más determinado (a medio-corto plazo).

  • Proyecto: se trata de un conjunto de actividades relacionadas entre sí. Así, son propuestas de acción en las que se concreta la práctica de la intervención dentro de cada programa.


Como otras fases, la planificación no es un momento puntual, sino que se modifica constantemente, conforme cambia la percepción de la realidad. De esta forma, se deben ir redefiniendo los objetivos, consiguiendo nuevos recursos y detectando nuevas necesidades.
Fases de la planificación que proponen Bustillos, Marfán y Vargas (1993):

  • Conocer la realidad, sobre qué vamos a actuar.

  • Seleccionar un problema, por qué vamos actuar.

  • Definir nuestro objetivo, para qué vamos a actuar.

  • Analizar los recursos y obstáculos existentes, con qué contamos.

  • Nombrar responsables, quiénes llevarán a cabo las tareas.

  • Obtener y asignar recursos, con qué lo haremos.

  • Prever el tiempo, cuándo se realizarán las acciones.

  • Preparar la evaluación de los resultados, qué y cómo lo hicimos.




  1. Ejecución


En esta etapa llevamos a cabo lo planificado con anterioridad, se ejecuta lo proyectado y desarrollan las actuaciones previstas, en un ejercicio constante de gestión, prospectiva y constante toma de decisiones.

La ejecución de un proyecto debería aplicar, en todo momento y circunstancia el carácter flexible de la programación.

De igual forma, la acción se debería gestionar desde la coordinación interinstitucional e interdisciplinar, evitando actuaciones aisladas que a nada conducen.


  1. Evaluación


Tras conocer, diseñar y actuar, contrastamos los resultados obtenidos con los objetivos propuestos, analizando los procesos que hemos vivido y detectando los factores o elementos que han facilitado u obstaculizado la consecución de los objetivos programados. La evaluación no es una mera de resultados, sino el reconocimiento del proceso, la toma de conciencia de los cambios producidos.

La acción transforma la realidad y la evaluación modifica la percepción que tengamos de esa realidad. Puede ser el punto de partida de una redefinición de objetivos, de los métodos…
Debemos señalar también la pertinencia de que las personas mayores con las que trabajemos participen, se impliquen y estén informados lo más posible en todas las fases de intervención.

Somos conscientes de la imposibilidad de lo que señalamos en determinados momentos y circunstancias, no obstante está demostrado que son mucho más eficaces aquellas actuaciones que se llevan a cabo contando con la implicación de los propios destinatarios a lo largo de todo el proceso.
OBJETIVOS DE LA INTERVENCIÓN
Un aspecto fundamental a la hora de desarrollar nuestras intervenciones es la definición clara de los objetivos, que orientarán constantemente nuestro trabajo, la expresión de un logro posible.

Los objetivos de nuestros planes, programas y proyectos, suponen un escalafón posterior, más concreto, respecto a los fines generales de la institución, servicio, etc. Se pueden clasificar en:

  • Generales: se trata de metas a logar a lo largo de todo el programa o proyecto, donde reflejamos lo que deseamos cambiar, lo que deseamos alcanzar. Los objetivos de este tipo pueden tener más de una interpretación.

  • Específicos: normalmente, de cada objetivo general, se pueden derivar otro más concreto que lo desglosan. También deben ser fácilmente evaluables y admitir una sola interpretación.


A la hora de formular nuestros objetivos, deben poseer las siguientes características:

  • Claros. Formulados en términos concretos, precisos y comprensibles.

  • Compartidos. Como técnicos o gestores de una institución o servicio, no basta con tenerlos claros en nuestra cabeza, sino que deberían estarlo para todos aquellos que participen de las actividades.

  • Relacionados con las necesidades/intereses, con situaciones o problemáticas reales y concretas de nuestro entorno.

  • Coherentes con los fines generales de la organización o institución.

  • Referidos a resultados, a logros concretos.

  • Los justos. Si la cantidad de objetivos que nos proponemos es excesiva, será más fácil dispersarnos en nuestros esfuerzos. Si son demasiado escasos se resentirá nuestra eficacia y eficiencia.

  • Realistas, alcanzables.

  • Viables, pertinentes y aceptables.


Las exigencias de calidad que, según Vega (1993), deberían cumplir los objetivos de cualquier intervención son: conducir a una acción transformadora, responder a necesidades e intereses del grupo y ser factibles y evaluables.
NIVELES Y PRINCIPIOS
Para su máximo provecho, la intervención con mayores debería abordarse primordialmente desde los niveles grupal y comunitario, sin dejar aparte las otras actuaciones. En cualquier caso, las intervenciones deberían desarrollarse bajo diferentes principios, entre los que destacamos:

  • Planificación.

  • Diferencia. Partir de la igualdad de oportunidades y cada sujeto según sus necesidades.

  • Apertura;

  • Interdisciplinariedad.

  • Flexibilidad y automotivación. En función de diferentes variables.

  • Competencia. Desarrollan a las personas mayores, capacidad y autonomía.

  • Complejidad. Tener en cuenta la realidad social compleja.

  • Descategorización. Riesgo de encasillamiento hacia los mayores.

  • Evaluación. Intervención con capacidad de evaluación.


PLAN GENERAL DE INTERVENCIÓN (PGI)
Cualquier organización necesita tener claro hacia dónde camina y cómo lo hace. En este sentido, pensamos que es fundamental que cada colectivo, organización… aparte de planificarse y organizar su tarea, diseñe su propia
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