Innovación, calidad y pluralismo: el departamento de ingeniería industrial de la Universidad de los Andes, 1965-1981




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Innovación, calidad y pluralismo: el departamento de ingeniería industrial de la Universidad de los Andes, 1965-1981

Carlos Dávila L. de Guevara, Ph.D. 1

Profesor Titular

Universidad de los Andes

Marzo de 2002
Los inicios del departamento: innovador y distinto desde su comienzo
Las primeras generaciones de ingenieros uniandinos cursaban tres años en Bogotá y terminaban su carrera en universidades norteamericanas (principalmente Illinois, Pittsburgh, MIT y Notre Dame). Este programa que se conoció como el “programa 3/2” tuvo lugar durante los años cincuenta y hasta mediados de la década del sesenta cuando se ofreció toda la carrera en la sede de Uniandes. Fue así como los siete primeros ingenieros industriales que cursaron todos sus estudios en Bogotá terminaron en diciembre de 1966 y se graduaron se graduaron en febrero de 1967. Habían recibido una formación básica en ingeniería, incluidos varios cursos de ingeniería mecánica y de producción (en particular los dictados por Ricardo Rueda, quien venía de su posgrado en el Imperial College de Londres), combinados con materias de ingeniería industrial que desde 1964 difundió Héctor Prada, un profesor que llegaba de ser el co-fundador de ingeniería industrial en la UIS.
El espíritu inquieto e innovador de Prada marcó desde su comienzos la formación de los ingenieros industriales uniandinos: él enseñó por primera vez un curso de taylorismo (se llamaba “Análisis del trabajo”), que ya incorporaba una visión crítica y la perspectiva que la ingeniería industrial debía ser más amplia que la “ingeniería de producción.” Prada acababa de regresar de un año en Harvard dentro de un programa de formación de profesores (el International Teachers Program) y traía muy fresca la influencia de Douglas Mc Gregor sobre el “aspecto humano de la empresa”. Esta orientación, que además de su visión participativa tenía a la empresa como foco de estudio –y no solamente al área de producción” o de planta, de la empresa industrial- señalaría en buena medida el futuro de la ingeniería industrial uniandina. La “gerencia participativa” que muchos años después, en la década del noventa, apareció como novedosa y cautivó a muchas empresarios, gerentes, profesores y consultores, había sido tema de estudio en los Andes desde mediados de los años sesenta. En el espíritu de respeto por la libre escogencia que la caracterizó, algunos estudiantes y profesores quedarían influenciados por esta escuela, pero habría -a la vez- amplio espacio para quienes preferían otras temáticas y disciplinas, como la investigación operacional y la estadística que serían otras fortalezas del departamento.
A mediados de 1967 la nómina de profesores de tiempo completo se amplió con el arribo de dos profesores que venían de terminar el MBA en el Iese de Barcelona: Enrique Ogliastri, ingeniero industrial de la UIS y Manuel Rojo, español, también ingeniero industrial. Este último se quedaría por tres años al cabo de los cuales regresó a España, mientras que Ogliastri, completa en el 2002 treinta y cinco años como profesor. Ellos introdujeron los cursos de “comportamiento organizacional”, “empresa y sociedad” y “sociología industrial” que enseñaban mediante la pedagogía harvardiana del método de caso. En 1968 se incorporó al departamento otro ingeniero industrial de la UIS, Arturo Infante, quien acababa de terminar su Ph.D. en investigación operacional en Stanford y asumió la jefatura del departamento; dos décadas más tarde sería rector de la universidad durante diez años (1986-1996). Infante fue el primer doctor que tuvo el departamento y quien sorprendería a más de uno, al ir desplazando gradualmente su interés hacia el ”desarrollo organizacional”, cuya acogida entusiasta en el departamento y la convergencia de varios profesores en esa dirección, crearía inquietud y controversia dentro de la facultad de ingeniería. Que ingeniería industrial se alejaba de los cánones técnicos convencionales de la ingeniería para aventurarse en campos de la administración y las ciencias sociales era una preocupación de algunos sectores de la facultad que seguiría viva durante a década siguiente.
Los finales de los años sesenta, muy agitados a nivel mundial por la “revolución de mayo de 1968” en París, la aparición de los hippies y la irrupción de una nueva generación que se rebelaba contra el orden establecido, tuvieron repercusión en Uniandes, en donde la celebración de los primeros veinte años de la Universidad, en noviembre de 1968, estuvo acompañada de la primera huelga estudiantil. En el campo académico estuvieron marcados por la creación del magister en ingeniería industrial, dirigido por Ogliastri, y del programa de alta gerencia, este último liderado por Infante; ambos se establecieron en 1968 y siguen existiendo a comienzos del siglo XXI: Alta Gerencia pasó a la Facultad de Administración a mediados de los setenta.

La preparación de una generación de profesores a nivel de posgrado en el exterior, 1969-1977
A partir de 1969 se inició la preparación en universidades norteamericanas a nivel de postgrado, de un amplio grupo de profesores de la Facultad de Ingeniería, gracias al apoyo de la Fundación Ford, el Icfes/Icetex y el programa Laspau. Ingeniería industrial se benefició ampliamente de estos programas: entre 1969 y 1976, cerca de veinte profesores adelantaron maestrías y doctorados en campos que ilustraban la diversidad de intereses y el pluralismo del departamento, características que irían de la mano de su capacidad innovadora. El primero en regresar, a comienzos de los setenta, con un Ph.D. en MIT fue Eduardo Aldana -en ese momento profesor de ingeniería civil-, quien impulsó el área de los “sistemas públicos”. Aldana había sido decano de ingeniería a mediados de los sesenta y ocuparía la rectoría de la Universidad entre 1973 y 1975; después de tres décadas continúa siendo un baluarte del departamento. Le siguió Ulpiano Ayala, también con doctorado de MIT, que aunque siguió formalmente en la planta de ingeniería civil y luego en economía, ofrecería cursos que tomaban los estudiantes de industrial.
Ignacio Vélez, graduado de la primera promoción de 1966, hizo una maestría en la Universidad de Missouri, enseñaría “decisiones de inversión” desde su regreso a fines de 1969: pasaría en 1973 a ejercer de gerente en el sector privado y volvería como jefe del departamento en 1979. Jaime Varela fue a Berkeley en donde obtuvo una maestría y desde 1970 volvió al departamento a enseñar “investigación operacional” por décadas; Varela ya completa treinta y dos años de vinculación. Fuera de su infatigable labor docente ha sido clave en la organización de los exalumnos del departamento. Otro profesor que viajó a Estados Unidos a estudiar investigación operacional y regresó en 1972 con una maestría de Northwestern fue Rubén Caputo, pero solamente se vincularía al departamento en 1978, como su jefe. Javier Serrano regresó de Pittsburgh en 1973 con un maestría en investigación operacional; ingeniero eléctrico de la UIS, Serrano mutó hacia ingeniería industrial desde que adelantó la maestría que ofrecía el departamento. Otro ingeniero eléctrico, que adelantó la maestría en investigación operacional –en este caso en el Instituto Tecnológico de Monterrey- fue Vicente Pinilla, que ocupó la jefatura del departamento entre 1976 y 1977. Como Serrano y otros tantos, Pinilla pasó en los años ochenta a ser profesor de la facultad de administración, a la que está vinculado desde entonces. Forman parte de los profesores que van llegando a los treinta años de actividad académica.
En 1974 regresó Gustavo Esguerra, ingeniero civil, que hizo una maestría en la Universidad de British Columbia (Canadá) y vino a enseñar “probabilidad y estadística” ; Eduardo Prada, industrial, regresó en 1976 con una maestría de Georgia Tech y Jaime Silva, también ingeniero civil, retornó en 1977, con un Ph.D. en ingeniería industrial de Northwestern; enseñaría “desarrollo tecnológico” y “decisiones de inversión”.
De este grupo de diez ingenieros de base, cuatro civiles, dos eléctricos y cuatro industriales tres regresaron al país con doctorado (Aldana, Ayala y Silva) y los siete restantes con la maestría (Vélez, Varela, Caputo, Serrano, Pinilla, Prada y Esguerra). A ellos se sumaron otros cinco ingenieros: tres egresados de otras universidades colombianas que al regresar del exterior con sus maestrías se vincularon al departamento y las dos primeras mujeres profesoras que éste tuvo, en el mundo muy machista de aquellos años. El primero de ellos, Enrique Sierra llegó en 1969; era ingeniero industrial de la UIS con una maestría en la Universidad de Miami. En 1973, se vincularon al departamento Alfredo González, ingeniero civil javeriano con posgrado en el MIT y Hugo Díaz, ingeniero químico de la Nacional quien delantó la maestría en Lovaina. De las mujeres, María Edna González de Carrasco era egresada del pregrado con una maestría en Minnessota, mientras Margarita Villegas de Beltrán, ya fallecida, era ingeniera química de la UIS y adelantó la maestría en ingeniería industrial que ofrecía el departamento. A ellos debe añadirse un ingeniero eléctrico con doctorado de Stanford, Hernando Durán, quien enseñaba en ambos departamentos –eléctrica e industrial, estuvo a cargo de un curso de “probabilidad y estadística” en este último. A mediados de la década del setenta, ocupó la jefatura del departamento.
En total, estos quince profesores, una nómina de primera línea, representaba el área conocida con el término genérico de “cuantitativa”; es decir, investigación operacional (programación lineal, programación dinámica, teoría de juegos, teoría de colas, proceso estocásticos), probabilidad y estadística avanzada, análisis de decisiones de inversión y simulación. Aunque todos eran ingenieros, solo se contaban cinco industriales entre ellos; su rigor académico y el hecho de haberse movido hacia las disciplinas básicas (matemáticas avanzadas, teoría económica, econometría) a nivel de sus posgrados en el exterior significaba una influencia importante en el departamento. El compromiso académico no era tanto con el ejercicio de una profesión liberal como la ingeniería, sino con las disciplinas que permitían profundizar en sus bases, buscar aplicaciones para analizar problemas y sistemas complejos en la realidad colombiana.
Los quince profesores del área “cuantitativa” no agotaban el profesorado de planta de la Facultad. A ellos su sumaron los profesores del área de “desarrollo organizacional”, cinco en total, que adelantaron sus estudios de posgrado en el mismo período que se viene comentando (1969-1977). El primero en regresar, a mediados de 1973, con un Ph.D. en teoría organizacional, obtenido en Northwestern, fue Enrique Ogliastri, quien había dirigido el departamento entre 1968 y 1969. A su regreso Ogliastri no se vinculó al departamento sino a la recién creada facultad de administración; sin embargo, sus cursos los siguieron tomando estudiantes de industrial y las investigaciones que adelantó las adelantó con sus colegas de industrial. En junio de 1973 estuvieron de vuelta también Héctor Ayala con una maestría en sociología de la Universidad de New York y Carlos Dávila, quien regresó temporalmente a adelantar el trabajo de campo para su disertación doctoral. Traía una maestría en sociología de Northwestern, universidad en donde recibió el Ph.D. en teoría organizacional en 1976, año en que se reincorporó al departamento. Un cuarto miembro de este grupo fue John Sudarsky, que en 1970 obtuvo una maestría en psicología en la Universidad de Kansas, enseñó durante cuatro y siguió luego para Harvard en donde obtuvo un doctorado en planeación y política social en 1980. Finalmente, Manuel Rodríguez, se fue a Oxford a hacer una maestría en administración; cuando volvió en 1976 no alcanzó a aterrizar en el departamento pues fue nombrado decano de la facultad de artes y ciencias; pero su docencia la siguió haciendo en ingeniería industrial. Todos estos cinco profesores, ingenieros industriales de base, que hicieron estudios de posgrado en disciplinas de la ciencias sociales habían sido alumnos de Héctor Prada, quien desde 1972 se desvinculó del departamento. Prada estuvo algún tiempo por fuera de la Universidad y regresó en 1975 a la Facultad de Administración.


Innovación y heterodoxia: cursos e investigaciones que marcaron una generación
¿Qué ocurrió con estos veinte profesores, grupo heterogéneo e interdisciplinario, que se congregó en el cuarto piso del “W”, el edificio de ingeniería? Básicamente, contribuyeron a consolidar un espacio académico innovador, pluralista y heterodoxo; abrieron trocha en temas y enfoques que eran impensables desde una perspectiva meramente técnica; desarrollaron la investigación como actividad central en un departamento que hasta entonces había estado fundamentalmente dedicado a la docencia, crearon vínculos con otras facultades de la Universidad; aportaron publicaciones académicas que en su momento fueron pioneras; buscaron hacer realidad la carrera académica; estimularon a muchos de sus estudiantes a dejar como proyectos de grado trabajos sobre aspectos muy diversos de la realidad colombiana.
Como fue práctica común en otros departamentos de la Facultad de Ingeniería, en el pregrado se enseñaron los cursos de nivel de maestría que los profesores habían estudiado en los Estados Unidos; y quienes venían ya con el Ph.D. no tenían problema en exigir niveles de exigencia similar. El análisis de los contenidos de los cursos de aquellos años, así como de los proyectos de grado, constituyen una evidencia de lo anterior. La mención de algunos de los cursos que estos profesores ofrecieron y de los proyectos de investigación que adelantaron da una idea del clima académico que ese grupo de profesores propició. Así, por ejemplo en 1976 al lado de “sistemas públicos”, se enseñaba “programación dinámica” y “desarrollo organizacional avanzado”; dos años antes la oferta de seminarios de investigación incluía uno sobre “imágenes de clase en la sociedad colombiana”, otro sobre “poder y elites en ciudades de Colombia” a la vez que uno más acerca de “escogencia tecnológica y empleo”. Quienes adelantaban el magister podían estudiar “estadística avanzada”, “series de tiempo” o “teoría organizacional avanzada” a la vez que “metodología de la investigación en organizaciones”. La “gestión tecnológica” se enseñó en 1978, junto con “procesos estocásticos” e “industrialización en Colombia”; en ese mismo año, se estableció un curso sobre “sindicalismo en Colombia” que se ofreció durante diez años. Un seminario sobre “teoría burocrática” tuvo su propia audiencia, mientras otros prefirieron el tema más convencional de “administración de personal” o profundizaron en sofisticados cursos de investigación operacional avanzada.
Por el lado de la investigación, a partir de 1973 quienes regresaban del exterior abrieron varias líneas de investigación a las que vincularon a los estudiantes –tanto de pregrado como del magister- mediante los proyectos de grado. Se formaron grupos de investigación alrededor de un tema liderado por uno o dos profesores al que contribuían en forma coordinada los estudiantes a través de sus proyectos de grado. Recibían formación en una misma metodología, “aprendían a investigar investigando” y, en vez de adelantar trabajos aislados, se articulaban a proyectos de envergadura directamente relacionados con aspectos específicos de la realidad del país. Algunos ejemplos fueron el proyecto “elites y desarrollo en ciudades intermedias de Colombia”, en el cual quince estudiantes (tanto de ingeniería industrial como de administración) provenientes de esas ciudades hicieron sus proyectos, bajo la dirección de dos profesores que adelantaron sus tesis de Ph.D. en el tema; hubo también numerosos proyectos sobre sistemas públicos, especialmente en el área de salud y de la justicia; se investigaron procesos de gestión tecnológica (conjuntamente con la facultad de administración) en el que diez estudiantes hicieron sus trabajos de grado; se desarrollo una metodología para analizar el clima organizacional y el perfil motivacional colombianos, tema del trabajo de grado de ocho estudiantes de las promociones de 1973 a 1980; por otra parte, diez y ocho se graduaron con proyectos sobre conflictos laborales, organizaciones sindicales y negociaciones obrero-patronales. La mayor parte de estos proyectos aportaron publicaciones académicas (libros, artículos en revistas y capítulos en libros) y tuvieron continuidad en la década del ochenta dentro de la facultad de administración, a la que se trasladaron varios de los profesores que los lideraban.
Por otro lado, se contribuyó al desarrollo de textos universitarios; profesores del departamento (Ogliastri, Rojo, Serrano, de Beltrán, Sierra, Infante, Sudarsky y Dávila) escribieron libros que formaron parte de una colección (“Biblioteca de gerencia”), que dirigió Ogliastri, publicada por una editorial comercial en 1978. Los temas fueron: “Desarrollo organizacional”, “Programación lineal”, “Gestión de gerencia”, ”Introducción a la estadística” y “Control de calidad”, a estos se sumó luego el texto de Varela sobre “Programación lineal”. En términos de trabajo entre unidades académica de la Universidad, dos profesores del departamento (Rodríguez y Dávila) crearon en 1976 el área de organizaciones que congregó profesores de tres unidades: el departamento de ingeniería industrial, la facultad de administración y el departamento de psicología. El área coordinó la oferta de cursos en su especialidad para toda la Universidad.

En fin, aquellos años dejan mucho para reflexionar. Desde el punto de vista institucional está aún por examinarse las causas para que ese período excepcionalmente innovador se hubiera visto absurdamente interrumpido: a fines de 1981 diez y siete de los veinte profesores que forjaron el departamento se habían retirado (de aquellos, en el edificio “W”, sólo permanecían Aldana, Varela y Durán). Comenzaba una nueva etapa que también está por analizar. Antes de las nuevas promociones que se graduarían en las dos décadas siguientes (1982-2002) había una fascinante historia (1965-1981) que hay que rescatar. Está aún por escribirse; pero éste no es el espacio para intentarlo.
Para los propósitos de la publicación de los exalumnos a los que están dirigidas estas notas lo apropiado es resaltar que entre 1966 y 1981 este grupo de profesores contribuyó a la formación de unos cuatrocientos ingenieros industriales, cuyo perfil amplio y algo desdibujado (“ni ingenieros, ni administradores, ni economistas”) se convirtió en su principal distintivo. El mercado laboral les dio amplia acogida; esa formación multidisciplinaria que recibieron -entre la técnica, la economía y las ciencias sociales- se convirtió rápidamente en su principal ventaja competitiva. Para los egresados de ingeniería industrial no hubo patrón ocupacional uniforme. Desde entonces se desempeñan en una multiplicidad de labores: dentro de los exalumnos del departamento hay gerentes, empresarios, financistas, profesionales de recursos humanos, consultores, especialistas en mercadeo, ingenieros de producción, planificadores, especialistas en informática, etc. Esto diversificación ocupacional y profesional se debe en buena parte a la formación que recibieron caracterizada por el énfasis en el autoaprendizaje continuo, la capacidad para adentrarse en nuevos temas, contribuir a estudiar problemas que requieren visión amplia y concurso de diversas especialidades; y a los patrones de trabajo exigente y de fomento de una actitud de logro, crítica e independiente que se vivían en el departamento.
En un país atravesado por problemas profundamente complejos y no organizados por carreras o disciplinas, los egresados de industrial tenían a su disposición un repertorio de teorías, modelos y herramientas cuyo potencial para enfrentar esa complejidad era mayor que el de otras carreras y profesiones. Eso les permitiría destacarse no solamente en empresas industriales, sino financieras y de servicios, así como en el sector público, en la actividad política y en el llamado ”tercer sector” (cooperativas, fundaciones, etc.). Como lo decían los críticos del departamento a fines de los años setenta: “¿en qué no están metidos los ingenieros industriales?”



1 Carlos Dávila, egresado del departamento en agosto de 1967, se vinculó a Uniandes en 1969 y fue profesor de ingeniería industrial hasta julio de 1981. Como varios de los profesores del departamento en esa época (Javier Serrano, Enrique Ogliastri, Manuel Rodríguez, Jaime Silva y Vicente Pinilla), es profesor de planta de la facultad de administración.

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