Lección 1: El ateismo hasta el siglo XIX






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títuloLección 1: El ateismo hasta el siglo XIX
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Los atributos operativos inmanentes




    1. Dios entiende y conoce



Dios posee una inteligencia suprema, esta inteligencia no está dirigida ni subordinada ni siquiera a su acto de entender, y que es, el entender por esencia. Siendo el entender una perfección pura, puede concluirse que, debe existir entendimiento en Dios, y siendo Dios su mismo ser, también será su mismo entender. (29)

La forma de conocer de Dios y nuestra manera de conocer son diferentes. El ser humano va conociendo una cosa tras otra, lentamente. No así Dios. Dios conoce todas las cosas de una sola vez. Y las conoce así desde toda la eternidad. Él conoce a todos los que hemos vivido, cada árbol y cada planta, cada pensamiento nuestro. Y todo esto, en un instante. Dios lo conoce todo instantánea y completamente.
“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te dí por profeta á las naciones” (Jer. 1:5).


  1. Omnisciencia de Dios


De este entender divino se deriva la omnisciencia de Dios. Si “omnis” significa “todo” y “sciéntia” significa “conocimiento”, la “Omnisciencia” divina significa que Dios lo sabe todo, sencillamente porque es el ser infinito en toda perfección y causante de todas las cosas. La omnisciencia es un atributo exclusivo de Dios. Pero el modo de la sabiduría divina es radicalmente distinto del modo de la sabiduría humana. El conocimiento del hombre es determinado y medido por las cosas. El conocimiento de Dios determina y mide a las cosas. En el conocimiento humano, el objeto primero son las cosas sensibles y en ellas se conoce todo lo demás, incluso al propio yo. En el conocimiento divino el objeto primero es la propia esencia divina y las demás cosas son conocidas en esa misma esencia. El conocimiento humano es limitado y está sujeto a muchas imperfecciones. El conocimiento divino es infinito en cuanto a su profundidad y en extensión, además no tiene imperfección alguna. Dios, conoce todas las cosas: conoce todo lo que ha existido y lo que puede llegar a existir, todo lo que se ha hecho y todo lo que pueda llegar a ser hecho. Dios conoce de manera absolutamente perfecta todas las cosas. Y las conoce, no de una manera confusa o general, sino con un conocimiento clarísimo y singular, el cual llega hasta las más mínimas diferencias y detalles.

Esto significa que Dios conoce íntimamente todo lo material y lo espiritual: conoce una partícula de polvo que pueda atascar un mecanismo delicado y conoce igualmente el sentimiento secreto de una persona.

El conocimiento de Dios se encuentra ejemplificado en las profecías que se encuentran en las escrituras. En el Antiguo y el Nuevo Testamento hay profecías que han tenido su cumplimiento hasta el más mínimo detalle y hay otras aun por cumplirse. Estas profecías solo pudieron haber sido escritas por quien conociera todo lo que iba a suceder porque el mismo las decreto.
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma, y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta” (Heb. 4:12-13).
“Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, Has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda y mi acostarme has rodeado, Y estás impuesto en todos mis caminos. Pues aun no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.” (Sal 139: 2-4)
“Conocidas son á Dios desde el siglo todas sus obras.” (Hch 15:18)

b. Dios posee voluntad y libertad



Partiendo del hecho de que Dios es inteligente se puede deducir, que está dotado de voluntad y que es libre. La voluntad y la libertad, se relacionan con la inteligencia, todo ser dotado de voluntad y libertad, es inteligente, y todo ser inteligente está dotado de voluntad y posee libertad. Pero la voluntad y la libertad divinas son diferentes de las humanas. La voluntad humana tiene por objeto el bien en general, y aunque sea libre ante los bienes particulares, ante él mismo no es libre. La voluntad de Dios tiene por objeto su propia esencia, con la cual se identifica. La voluntad del hombre es distinta de su esencia o naturaleza. La de Dios se identifica con la esencia divina. (30)
La libertad humana significa dominio y apertura universales, pero la divina es trascendencia. La humana es finita y destinada; la divina es infinita y su destino. No se pueden equiparar lo relativo y lo absoluto. Dios es libre, no arbitrario o tiránico. La libertad divina es creadora, no destructora. El origen del universo creado no es un Algo anónimo, sino un Ser personal.



  1. Los afectos de la voluntad divina son: el amor y el gozo o la delectación.


El amor de Dios hacia sí mismo se dirige de una manera necesaria, y hacia las criaturas, de manera libre. El gozo o la delectación de Dios, es resultado de la perfecta posesión de sí mismo, de una plenitud de todo bien, y de la imperturbable tranquilidad de la voluntad de Dios, debido a esta posesión. (31)

ii. Las virtudes de la voluntad divina son:


  • la justicia


Virtud de dar a cada cual lo que le es debido. Dios juzga según la intención de cada cual. Dios ve el corazón y no la apariencia. Y así será su juicio.
“El cual pagará á cada uno conforme á sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo á los que son contenciosos y no obedecen á la verdad, sino que obedecen á la injusticia; Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el Judío primeramente, y también el Griego”

(Rom. 2:6-9).
“Porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos á su voz” (Dn.9:14).
“Justo es Jehová, en todos sus caminos” (Sal. 145:17).

“Porque Jehová es justo, y ama la justicia: El hombre recto mirará su rostro” (Sal. 11:7).


  • la misericordia


Es la inclinación de la voluntad a remediar la miseria de los demás. La “misericordia” es el atributo de Dios que extiende su compasión a aquellos en necesidad. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento ilustran que Dios desea mostrar su misericordia al pecador. Uno debe humildemente aceptar la misericordia; no puede ser ganada.

Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando parábolas, sino que además, y ante todo, Él mismo la encarna y personifica. Él mismo es, en cierto sentido, la misericordia.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias, y Dios de toda consolación” (2 Co.1:3).



  • la liberalidad


Es la tendencia a dar algo por pura bondad. Dios nos da más de lo que merecemos, la gracia de Dios es un don inmerecido. El hombre cualquiera que sea su condición, no podrá nunca ofrecer una retribución por los dones que Dios le da. Por lo tanto la única fuente de la liberalidad de Dios es su bondad, ya que él es la bondad:
“Pues si vosotros, siendo malos sabéis dar buenas dadivas a vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro padre que esta en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mt. 7:11).
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Ro. 6:23).
Estas tres virtudes, que no encierran imperfección alguna, deben existir en Dios. Dios es efectivamente justo, misericordioso y liberal. además, todas las perfecciones estan en Dios de un modo infinito, Dios posee estas tres virtudes de una manera infinita (32).
Aunque la voluntad divina es inmutable, también es libre. Dios es libre con respecto a todo el universo. Eso significa que no quiere por necesidad nada de lo que ha hecho; o, a la inversa, que todo lo ha creado porque ha querido.
Tenemos libertad cuando queremos sin ser obligados por naturaleza. Dios quiere por naturaleza, por su bondad, eso colma su voluntad infinita; luego si quiere a las criaturas, las quiere libremente. La libertad es un atributo espiritual y una perfección, por lo tanto no falta en Dios. La libertad excluye la dependencia de causas externas o internas determinantes, mas Dios está libre de toda dependencia porque es la Causa primera.

Dios tiene independencia absoluta, en el ser y en el obrar. A esta virtud se la llama también “asediad”, porque sólo Dios es por sí mismo, toda criatura es por otro; en el hombre la libertad no significa independencia absoluta en el obrar, ni en el ser. La libertad incluye la potestad o dominio de la propia acción. El dominio divino de sus acciones es infinito. La causa contiene a los efectos; si existen criaturas libres, Dios es libre de forma eminente. Tanto es así que, para algunos filósofos, la libertad humana constituye por sí misma una prueba de la existencia de Dios.

Las cosas creadas no derivan de Dios necesariamente. Nada hay ni fuera ni dentro de Dios que le obligue a crear. Esto es consecuencia de la trascendencia divina y de la distinción radical entre Dios y el mundo. Dios no necesita del mundo para ser Dios. El mundo existe porque Dios quiere. Pudo no haberlo deseado. Pudo haber querido este mundo u otro diferente. La creación es un don de Dios y una manifestación de su bondad y de su amor.

Dios es omnipotente. Pero esa omnipotencia no le obliga necesariamente a crear: no dejaría de ser omnipotente porque no hubiera ejercitado esa omnipotencia a través de la creación. El concepto de poder implica siempre el concepto de poder libre.

Según Juan Duns Escoto (1266-1308), la existencia de la libertad finita es imposible sin un creador libre, ya que el mundo es incapaz de dar aquello que lo trasciende, la libertad. La misma idea expresó de manera paradójica el llamado padre del existencialismo, el danés Søren Kierkegaard (1813-1855): “sólo Dios puede crear un ser capaz de negársele”. La libertad lleva en sí misma una nativa vocación o destino a la vida eterna, pero la realiza libremente. (33)
Los atributos entitativos, describen a Dios en el orden del ser; mientras que los atributos operativos lo describen en el orden del obrar. Se distingue la actividad vital de Dios, sus operaciones o inmanentes, de las obras externas de Dios, u operaciones, transitivas. En la vida divina hay conocimiento, amor y felicidad. Las operaciones divinas transitivas son la creación, conservación y providencia.

  1. Las operaciones divinas transitivas




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