Lección 1: El ateismo hasta el siglo XIX






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2. Argumento teleológico: argumento del diseño
Este argumento pretende demostrar la existencia del Dios partiendo de la observación del orden (Quinta vía de Tomás de Aquino). (16)
Es conocido también como argumento físico-teológico. Kant consideró este argumento como el más antiguo, más claro y apropiado para la razón común del hombre.

En Occidente es posible reconocerlo en los escritos de Sócrates y se encuentra igualmente en la filosofía hindú. (17)
En la filosofía griega era comúnmente aceptado el hecho de que el mundo era eterno, y por lo tanto no existían razones para buscar el principio, pero Aristóteles (384-322 a.C.) trató de demostrar la existencia de Dios desde un punto de vista teleológico, es decir, considerando a Dios como fin último del universo y motor inmóvil que genera movimiento hacia sí por una especie de atracción de amor. Según Aristóteles, no podría explicarse la coordinación y armonía de los movimientos sin aceptar la existencia de Dios.

Uno de los principales defensores de este planteamiento fue René Descartes (1596-1650), filósofo y matemático francés, creador de frases celebres como la famosa “cogito ergo sum” (pienso, luego existo) y "la existencia de Dios es más cierta que el más cierto de todos los teoremas de la geometría".
El argumento teleológico se presenta en dos versiones: la analógica y la inductiva.

1. La forma analógica considera que la naturaleza es como un complejo reloj cuyo ajuste nos muestra la existencia de un relojero inteligente. Del orden del universo se puede deducir la existencia de una inteligencia ordenadora que este detrás de este orden.
2. En la versión inductiva de este argumento. Se muestran ejemplos específicos de orden y se sostiene que la mejor interpretación para estos es la suposición de la existencia de Dios. Algunos se toman aspectos del universo que no pueden ser explicados por la teoría de la selección natural (como el surgimiento de la vida orgánica a partir de la materia no orgánica), otros se fijan en el denominado principio antrópico, es decir, la teórica orientación del universo al surgimiento de vida consciente, que hubiera sido imposible de haber acontecido la mas mínima variación en la expansión del cosmos o en algún momento de la evolución del universo. (18)
El designio complejo y la perfección de diseño del universo indican la acción creadora de un ser supremo. Todo parece estar en el lugar apropiado. Todo parece existir y funcionar de acuerdo con un gran plan. Es lógico pensar que el plan tiene que existir antes que el objeto creado, primero se concibe la idea y después se lleva a la práctica. Si hubo una idea o plan tuvo que haber un Planeador o una Mente Suprema que primero concibió la idea, el plan, y luego lo realizo, y el resultado es el universo que nos rodea. Lo complicado de este universo nos hace creer que el que lo planeó o diseñó tiene que ser un Ser infinitamente sabio y esta es una característica que solamente dios puede cumplir. Podemos esquematizar este argumento así:


  1. todo diseño implica un diseñador

  2. Existe un gran diseño en el universo

  3. por consiguiente debe haber un gran diseñador del universo


Entre mas grande y complejo es el diseño mas inteligente tiene que ser el diseñador.

Una de las más antiguas formulaciones de este argumento lo podemos encontrar en el nuevo testamento de la Biblia en la epístola a los romanos escrita por Pablo:
“Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables.” (Rom 1:20)
Aquí el apóstol apela a la creación como testimonio de la existencia de Dios. El orden presente en la naturaleza nos habla del creador.

Esta evidencia en la naturaleza acerca de la existencia de Dios es llamada en teología: revelación general, debido a que no requiere para su conocimiento de una revelación especial a través de la Biblia y esta disponible a cualquiera en cualquier época o lugar. (19)

3. Argumento axiológico: el argumento moral
Basándose en la razón moral-práctica, Kant desarrolló un argumento que él designó como la prueba moral de la existencia de Dios.

La constitución moral del hombre apunta a la existencia de un autor o Legislador - Dios. El hombre tiene una naturaleza moral, su vida está regulada por los conceptos de bien y de mal. Sabe que hay un curso recto de acción que debe seguirse y un curso errado que debe evitarse. Ese conocimiento del bien y del mal se llama conciencia. Cuando el hombre obra con rectitud la conciencia lo aprueba, por el contrario cuando obra mal lo condena.

Se puede deducir de ese conocimiento universal del bien y del mal que es innato en el hombre. Se deduce que no puede haber leyes sin que exista un legislador. Este conocimiento connatural en el hombre de lo bueno y lo malo no puede ser invención del hombre, pues, ya que no puede pretenderse que la ley moral sea creación humana, cuando ella lo gobierna y con frecuencia lo condena, convirtiéndolo en su propio juez, fiscal y verdugo.

El fundamento de la prueba moral de la existencia de Dios no es una certeza mas allá de toda duda, sino un hecho de libertad comprometida. Lo que el argumento pierde en "fuerza demostrativa", lo gana, respecto a la reafirmación que hace al principio de que el conocimiento verdadero de Dios sólo se puede alcanzar en un horizonte de libertad. (20)

Las leyes morales a diferencia de otras no describen lo que es sino más bien prescriben lo que debe ser. Como no describen las cosas como son, proceden de más allá de un universo material. Trascienden el orden natural y requieren por lo tanto de una causa trascendente.


  1. todos los hombres son conscientes de una ley moral

  2. las leyes morales suponen la existencia de un legislador de las mismas

  3. Por consiguiente debe haber un supremo legislador de la ley moral.


Por esta razón los ateos carecen de una base sólida para sus planteamientos éticos. No debido a que el ateísmo sea inherentemente inmoral. Si no porque sus postulados excluyen una base objetiva que sustente su moralidad, por lo que aquellos ateos que viven moralmente lo hacen a pesar de las consecuencias filosóficas de sus convicciones y no fundamentados en ellas. (21)
Como nos dice H. Verweyen:
“Pero el mundo sensible obedece en realidad a su propia ley natural, por lo cual el curso de las cosas sólo rara vez parece estar conforme con las leyes de la razón práctica. Si, pues, la obligación del hombre de promover el fin último no ha de ser absurda por no responder en principio ningún poder a este deber, entonces el hombre ha de aceptar como garante de una armonía entre la ley de la libertad y la ley de la naturaleza en definitiva posible, a Dios, como la fuente última de ambas normativas. Estructuralmente afines a la prueba moral de la existencia de Dios de Kant son los intentos contemporáneos de concebir a Dios, partiendo de la idea de una solidaridad universal, como el horizonte último de esta idea.” (22)
4. Argumento ontológico: argumento a partir del ser
El argumento ontológico de la existencia de un Dios pretende mostrar que basta con pensar la noción pertinente de un Dios para que no podamos negar su existencia real. Sin embargo, sostiene que la única condición requerida para ello es la mera coherencia lógica, de modo que no necesitamos ninguna inferencia causal o cuasi-causal para llegar a esta conclusión. Reivindica, el poder de la racionalidad, que debe ser posible establecer de una u otra manera.
Este argumento se atribuye a Anselmo de Cantembury en el siglo XI, quien en su Monologium y Proslogion, trata de hacer una demostración racional de la revelación, Anselmo intento demostrar la existencia y naturaleza de Dios.
Tanto en aquel entonces como en el siglo XII fue ampliamente discutido. El argumento fue rechazado por Tomás de Aquino y recibió muy poca atención en siglos posteriores hasta ser redescubierto por Descartes, quien ofreció una versión muy clara y simple en su Quinta Meditación.
En su prosologion, Anselmo desarrolla la llamada prueba ontológica de la existencia de Dios, de la manera siguiente: “Dios es lo más grande que pueda pensarse. Este ser infinitamente grande no puede estar sólo en la inteligencia, es decir, no puede ser sólo concebido y pensado. Si así fuera, cabría pensar otro ser tan grande como él y, además, existente, esto es, mayor y más perfecto que él. No puede estar, por lo tanto, sólo en el pensamiento el ser más grande posible, pues si estuviera sólo en el pensamiento, sin que poseyera una realidad, no sería ya el ser más grande posible.” (23)
Después Kant criticó de manera muy enérgica la forma cartesiana de la prueba, y la mayoría de los filósofos apenas reflexionaron después sobre ella. (24)
Kant incluyo la prueba ontológica de la existencia de Dios de Anselmo entre los argumentos subjetivo-lógicos. No todas las formulaciones de esta prueba de la existencia de Dios parten de la subjetividad. Por ejemplo, partiendo del concepto del "ente perfectísimo" (Descartes) o "realísimo" (Kant) se concibe a Dios de forma absolutamente objetivo-teórica. Sólo la forma más originaria del argumento, como se encuentra en Anselmo de Canterbury puede designarse como "subjetivo-teórica", pues la expresión "aquello por encima de lo cual no es posible pensar nada más grande" (id quo nihil maius cogitar¡ potest") expresa a Dios a través de la reflexión sobre las supremas posibilidades de la misma razón humana. El pensamiento en la formación de este concepto no se enfrenta con Dios como con un "lo más grande" (con ello subsiste la tentación de rebasar una vez más con un "n+1" cualquier concreción previamente concebida de este "más grande", igual que en la serie potencialmente indefinida de los números naturales en matemáticas). Más bien la razón, percibe una infinitud y trascendencia completamente distintas, que no encuentran sitio en el ámbito de las posibilidades de proyección del pensamiento. Este concepto de Dios no se descubre por proyección partiendo de la experiencia de objetos o de sus cualidades, sino que sólo puede comprenderse como razón última de toda capacidad humana de proyección.
La crítica de Kant y posteriormente de Hume al argumento ontológico parecía definitiva en la tradición filosófica occidental. Pero, esa misma tradición estaba a punto de decretar el fin de toda la metafísica, en virtud de un criterio empirista que la señalaba como falta de claridad y de sentido. A pesar de ello el argumento ontológico reapareció con fuerza para demostrar la existencia de Dios. Y con él regreso la metafísica completa. Demostrándose De este modo que la vinculación entre lógica y positivismo era de carácter accidental. (25)
La filosofía redescubrió el sentido del esfuerzo para comprender la concreción de la vida y la cultura hasta que Charles Hartshorne, Norman Malcolm y Alvin Plantinga revivieron el argumento en formas nuevas en el siglo XX. El inicio de este debate fue en 1960, en este año Malcolm publico el artículo “Anselm’s Ontological Arguments”. Hartshorne publico posteriormente “The Logic of Perfection”. En el cual realizó la primera formulación lógica del argumento ontológico modal. Plantinga se ha ocupado en varias ocasiones del argumento, desde que publicara su primer artículo sobre el tema en 1961 hasta el presente. (26)
Hartshorne y Malcolm trabajaron en la misma época de manera independiente en el argumento ontológico. Ambos advirtieron la existencia de dos argumentos ontológicos en el Proslogion de San Anselmo. El primero se encuentra en el capítulo segundo y en él se arumenta, acerca de la existencia de Dios, como perfeccion, este argumento ha sido objeto de muchas e importantes críticas particularmente desde que Kant lo criticara en su obra “critica de la razón pura”. En general, los filósofos analíticos aceptan que estas críticas son validas y apoyan la idea de Kant de que la existencia no es una perfección. Pero señalan que en el tercer capítulo del Proslogion se encuentra otro planteamiento del argumento en términos de existencia necesaria, o sea en términos modales. Ellos consideran que esta forma del argumento escapa a la crítica kantiana y puede ser válido. (27)
El primero en fijar su atención en el segundo argumento anselmiano fue Charles Hartshorne, que comenzó a ocuparse del tema desde 1945. Como nos dice Conesa: “Hartshorne considera que decir “Dios” es lo mismo que decir “ser perfecto”. Ahora bien, cada ser existe del modo que corresponde a su esencia. A la esencia divina o perfección deberá corresponderle o bien la existencia necesaria o bien la imposibilidad de existir, ya que no puede existir contingentemente. Si Dios existe, debe existir necesariamente y si no existe su existencia es absolutamente imposible.” (28)

“Hartshorne interpreta la necesidad de la existencia de Dios como existencia necesaria lógicamente (aquella cuya negación es contradictoria o implica una contradicción). Como la existencia de Dios no es lógicamente contradictoria, sostiene que es lógicamente necesaria.” (29) La conclusión de Hartshorne va encaminada a proclamar la certeza de la existencia de Dios, que podemos saber con un nivel de certeza razonable, que la unica alternativa a la existencia de Dios es la imposibilidad de Dios. (30)
Norman Malcolm inicio la discusión del argumento en el ámbito analítico. Malcolm fue discípulo de Wittgenstein. En su artículo referente a los argumentos ontológicos, que produjo una gran impresión en el ámbito filosófico, acepta la crítica de Kant al primer argumento ontológico anselmiano pero repara en la formulación del capítulo tercero: “un ser cuya inexistencia es lógicamente imposible es más grande que un ser cuya inexistencia es lógicamente posible”. (31) Según esta formulación modal la existencia necesaria es una perfección, una propiedad de Dios. Aquí cuando se habla de existencia concreta no se trata de una existencia contingente, sino de la existencia necesaria la cual ha de ser una propiedad única del ser absolutamente ilimitado, Dios. (32)

Plantinga, por su parte, ha evolucionado en su argumentación hasta convertirse en uno de los principales defensores del segundo argumento anselmiano. Para plantear el argumento recurre la posibilidad de mundos posibles. Su premisa clave es la siguiente: “hay un mundo posible en que se encuentra instanciada la grandeza máxima”. (33) Plantinga defiende esta premisa, apoyándose en la afirmación de que un ser tiene la excelencia máxima en cada mundo posible y esto implica la existencia de Dios. Plantinga ha resumido así su posición: “La máxima grandeza está posiblemente instanciada. Esto es, es posible que haya un ser que tenga la máxima grandeza. Pero (dado el punto de vista ampliamente aceptado que si una proposición es posiblemente verdadera en sentido ampliamente lógico, entonces es necesario que sea posiblemente verdadera), sigue por lógica modal ordinaria, que la máxima grandeza no sólo está posiblemente ejemplificada, sino ejemplificada de hecho. Ya que la máxima grandeza está ejemplificada si y sólo si hay un ser B tal que la proposición B es omnipotente y omnisciente y totalmente bueno es necesaria; si la máxima grandeza está posiblemente ejemplificada, entonces una proposición de esta clase es posiblemente necesaria; por el anterior principio, cualquier cosa que es posiblemente necesaria es necesaria, en cuyo caso esa proposición es necesaria; pero entonces, por supuesto, es verdad”. (34) Plantinga piensa que su versión es coherente, pero no proclama haber probado la existencia de Dios, pues para ello es necesario admitir la premisa que él plantea. El argumento ontológico, para Plantinga, no es un medio para establecer la verdad del teísmo sino su aceptabilidad racional.
En los autores mencionados el argumento ontológico cumple una función que ya estaba presente en a mente de Anselmo: hacer frente a las afirmaciones de los ateos que afirman que no hay Dios. El argumento no fue creado tanto como una prueba absoluta del teísmo, sino como una respuesta ante la posición de los ateos, demostrando que es razonable mantener la existencia de Dios. (35)
5. El argumento lógico-trascendental
La expresión "prueba lógico-trascendental de la existencia de Dios" agrupa formas de argumentación, que han recibido diversas denominaciones (p.ej., prueba de la existencia de Dios "noética", "noológica", "ideológica", "antropológica", "trascendental”). La forma original del argumento se encuentra en San Agustín.
El punto de partida que Agustín adopta es la certeza del propio ser. Esta razón consciente de sí misma se reconoce superior a sus percepciones sensibles y al sentido interior que las coordina, puesto que es el quien juzga todo esto. La cuestión de si hay algo superior e inmutable, se limita a preguntar por algo a cuyo juicio está sometida la misma razón. En este algo que se encuentra aún por encima se debe reconocer a Dios.

Otra forma de este tipo de argumentación es la de Descartes. Partiendo igualmente del terreno de la evidencia “pienso luego existo ", que se encuentra mas allá de toda duda, busca un contenido de este pensamiento, que no puede referirse más que a Dios. Entre todos los contenidos del pensamiento, sólo la idea de Dios llena esta condición. No puede llegar a la razón por un procedimiento a posteriori; ni tampoco se la puede obtener por la negación de lo finito, Ya que concepto de lo finito supone más bien el concepto de lo infinito en la óptica lógico-trascendental.
Este argumento establece un nexo entre el concepto de Dios y la certeza de la existencia, que no se da en la "prueba ontológica de la existencia de Dios". La razón se reconoce a sí misma, como marcada en lo más hondo por un ser incondicionado.
C. Conclusión


  • La Biblia no discute la existencia de Dios pero esto no significa que no sea posible probarlo.

  • Durante mucho tiempo y en épocas diferentes los filósofos y pensadores más importantes se han preocupado por esta cuestión. Algunos partiendo de la revelación especial y otros de la revelación general.

  • Existen diferentes argumentos para probar la existencia de Dios que se han desarrollado en la historia del pensamiento.

  • Dentro de la tradición anglosajona existe la filosofía de la religión, esta abarca aproximadamente el campo de lo que se ha denominado desde la Edad Media como teología natural, o sea, el análisis racional de las cuestiones teológicas.

  • Según Kant, existes tres pruebas de la existencia de Dios, basadas en la razón especulativa:


1. la prueba ontológica

2. la prueba físico-teológica

3. la prueba cosmológica

  • Las pruebas de la existencia de Dios no deben ser concebidas como pruebas científicamente concluyentes, en el sentido de las matemáticas y ciencias empíricas.

  • La idea básica del argumento cosmológico es que el universo tiene que haber sido causado por algo más allá de él mismo. Esto se basa en la ley de la causalidad según la cual todo ser finito debe ser causado por otro distinto de el.

  • El designio complejo y la perfección de diseño del universo indican la acción creadora de un ser supremo.

  • La constitución moral del hombre apunta a la existencia de un autor o Legislador - Dios.

  • El argumento ontológico de la existencia de un Dios pretende mostrar que basta con pensar la noción pertinente de un Dios para que no podamos negar su existencia real


Lección 4: Las cinco vías de Tomas de Aquino
A. Introducción
Como complemento a los argumentos estudiados anteriormente se analizaran las cinco vías de Tomas de Aquino para establecer la existencia de Dios. Aquino fue un autor prolífico (publico mas de sesenta obras), entre sus obras destaca “Summa Theologiae”, que el consideraba un manual de doctrina cristiana para sus estudiantes de teología. Como nos dice la enciclopedia católica Enciclopedia Católica. Santo Tomas de Aquino:
“En la cuestión introductoria "De la Doctrina Sagrada", demuestra que además del conocimiento que proporciona la razón, la Revelación es necesaria también para salvarse, primero porque sin ella, el hombre no puede conocer el fin sobrenatural al que deben tender por sus actos voluntarios y segundo, porque sin la Revelación, incluso las verdades sobre Dios que pueden demostrarse con la razón serían conocidas "sólo por unos pocos, tras mucho tiempo, y con gran cantidad de errores". Cuando se han aceptado las verdades reveladas, la mente del hombre puede explicarlas y sacar conclusiones de ellas. De aquí nace la Teología, que es una ciencia, porque procede de principios ciertos (a. 2). El objeto, o el sujeto, de esta ciencia es Dios; lo demás se considera sólo en cuanto a su relación con Dios (a. 7). La razón se usa en Teología no para demostrar las verdades de la fe, que se aceptan por autoridad divina, sino para defender, explicar y desarrollar las doctrinas reveladas” (36)
B. Las cinco vías de Tomás de Aquino para la demostración de la existencia de Dios
Tomás de Aquino (1225-1274), quiso probar la existencia del Dios Creador en su Summa Theológiae y más concretamente con las famosas "cinco vías".
Tomás de Aquino, tomaba como punto de partida en cada una de sus vías, un hecho de la realidad común, y aplicando diferentes principios lógicos filosóficos llegaba a una conclusión clara de la existencia de Dios.

La filosofía tomista era de carácter aristotélico, el pensamiento aristotélico sostenía que todo conocimiento que puede obtener la razón acerca de cualquier tema susceptible de ser conocido ha de pasar necesariamente por los sentidos, por lo tanto la única manera para poder demostrar la existencia de Dios, si es esto posible para la razón humana, debe partir de los datos sensoriales, es decir aquellos que podemos captar por medio nuestros sentidos, la demostración de la existencia de Dios, para él, ha de ser "a posteriori".(37)
Basándonos en alguno de sus argumentos, no podemos dudar de que cualquier movimiento visible, habrá sido causado por otro, y este último movimiento a su vez por otro anterior, y así sucesivamente. Todo movimiento que podamos ver ha sido ocasionado por una sucesión de movimientos anteriores. No seria posible trasladarnos en estos movimientos sucesivos, sin que llegásemos al primero de dichos movimientos, si admitiéramos lo contrario, estaríamos admitiendo que no hubo un principio, y de no haber principio, no habría continuación y en consecuencia no habría nada.

En la Summa Theologiae, Aquino, presenta cinco vías para demostrar la existencia de Dios. Cada una de ellas es independiente de las demás, de modo que bastaría con que una sola fuese correcta para que la tesis quedara demostrada. (38)
El número de las vías no es de carácter absoluto. Tomás de Aquino, reduce el número de Vías a Cuatro en su Summa Contra Gentiles, y una en su Compendium. (39)
Si bien el número de las vías, no es tan importante, si lo es la estructura que todas ellas comparten. Al descubrir esta estructura, es posible comprender cuál es el procedimiento que el consideraba apropiado para demostrar la existencia de Dios. (40)

A continuación se muestra una traducción de este texto que se encuentra en la “summa Theologiae”de este autor:

Suma Teológica, Primera Parte
Cuestión 2, artículo 3
Si Dios existe
Dificultades. Parece que Dios no existe.

1. Si de dos contrarios suponemos que uno sea infinito, éste anula totalmente su opuesto. Ahora bien, el nombre o término "Dios" significa precisamente, un bien infinito. Si, pues, hubiese Dios, no habría mal alguno. Pero hallamos que en el mundo hay mal. Luego Dios no existe.

2. Lo que pueden realizar pocos principios, no lo hacen muchos. Pues en el supuesto de que Dios no exista, pueden otros principios realizar cuanto vemos en el mundo, pues las cosas naturales se reducen a su principio, que es la naturaleza, y las libres, al suyo, que es el entendimiento y la voluntad humana. Por consiguiente, no hay necesidad de recurrir a que haya Dios.
Por otra parte, en el libro del éxodo dice Dios de sí mismo: "yo soy el que soy".
Respuesta. La existencia de Dios se puede demostrar por cinco vías.

La primera y más clara se funda en el movimiento. Es innegable, y consta por el testimonio de los sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada se mueve más que en cuanto esta en potencia respecto a aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto, a la manera como lo caliente en acto, v. gr., el fuego hace que un leño, que está caliente en potencia, pase a estar caliente en acto. Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas: lo que, v. gr., es caliente en acto, no puede ser caliente en potencia, sino que en potencia es, a la vez frío. Es, pues, imposible que una cosa sea por lo mismo y de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro. Pero, si lo que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, ya éste otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el que todos entienden por Dios.

La segunda vía se basa en causalidad eficiente. Hallamos que en este mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, sea una o muchas, y ésta causa de la última; y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese una que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.

La tercera vía considera el ser posible o contingente y el necesario, y puede formularse así. Hallamos en la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se producen y seres que se destruyen, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo un tiempo en que no fue. Si, pues, todas las cosas tienen la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora cosa alguna, porque lo que no existe no empieza a existir más que en virtud de lo que ya existe, y, por tanto, si nada existía, fue imposible que empezase a existir cosa alguna, y, en consecuencia, ahora no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los seres son posibles o contingentes, sino que entre ellos forzosamente, ha de haber alguno que sea necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad depende de otro, como no es posible, según hemos visto al tratar de las causas eficientes, aceptar una serie indefinida de cosas necesarias, es forzoso que exista algo que sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman Dios.

La cuarta vía considera los grados de perfección que hay en los seres. Vemos en los seres que unos son más o menos buenos, verdaderos y nobles que otros, y lo mismo sucede con las diversas cualidades. Pero el más y el menos se atribuye a las cosas Según su diversa proximidad a lo máximo, y por esto se dice lo más caliente de lo que más se aproxima al máximo calor. Por tanto, ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo; pues, como dice el Filósofo, lo que es verdad máxima es máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier género es causa de todo lo que en aquel género existe, y así el fuego, que tiene el máximo calor, es causa del calor de todo lo caliente, según dice Aristóteles. Existe, por consiguiente, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y de todas sus perfecciones, y a esto llamamos Dios.

La quinta vía se toma del gobierno del mundo. Vemos, en efecto, que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, ya éste llamamos Dios.

Soluciones. 1. Dice San Agustín que, "Siendo Dios el bien supremo, de ningún modo permitiría que hubiese en sus obras mal alguno si no fuese tan omnipotente y bueno que del mal sacase bien". Luego pertenece a la infinita bondad de Dios permitir los males para de ellos obtener los bienes.

2. Como la naturaleza obra para conseguir un fin en virtud de la dirección de algún agente superior, en lo mismo que hace la naturaleza interviene Dios como causa primera. Asimismo, lo que se hace deliberadamente, es preciso reducirlo a una causa superior al entendimiento y voluntad humanos, porque éstos son mudables y contingentes, y lo mudable y contingente tiene su razón de ser en lo que de suyo es inmóvil y necesario, según hemos dicho. (41) (una copia de la versión original puede verse en el anexo numero 1).

A continuación podemos ver un esquema de las cinco vías:

LAS CINCO VIAS DE TOMAS DE AQUINO (42)




Primer paso







Segundo paso







Tercer paso







Cuarto paso

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