Investigación y Evaluación






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5.2. Formación y capacitación
1. Desde una perspectiva abierta, se entiende por educación el trabajo sistemático en torno a hechos, ideas, habilidades, técnicas y valores, que permite a la persona ir configurando una visión del mundo y de su propio lugar en él. Así, es necesario identificar y formalizar el conjunto de conocimientos, capacidades y valores que se consideran esenciales en la educación para un desarrollo sostenible.
2. Un enfoque educativo integrador debe conciliar lo cognitivo y lo afectivo. El aprendizaje es más que una cuestión intelectiva, es un fenómeno que implica a la persona entera, incluyendo los valores, afectos y emociones que dan sentido a los conocimientos; por eso la educación no es meramente información, sino formación.
3. El desarrollo de una acción educativa exitosa requiere tener en cuenta las concepciones, conocimientos, valores y comportamientos previos de las personas. El trabajo con actitudes y valores debe dirigirse a la clarificación e integración de los mismos, de tal modo que se alcance una comprensión adecuada de las consecuencias socioambientales de las posturas y opciones personales y de las pautas culturales en las que se vive. También es fundamental el análisis y la valoración de realidades y posibilidades alternativas.
4. Además, hay que profundizar en el desarrollo de métodos didácticos que fomenten las capacidades de pensamiento y análisis crítico, de observación y experimentación, de investigación, de discusión de alternativas y de participación democrática. Es necesario poner en práctica, tanto en el aula como en el resto de contextos sociales, estrategias de aprendizaje activo, basadas tanto en modelos (simulaciones, juegos de rol, etc.) y en el estudio de casos, como en la aplicación práctica del aprendizaje y en la investigación-acción.
5. La educación formal constituye un marco estructurado que ofrece oportunidades para un aprendizaje progresivo, que no es posible garantizar en otros contextos. La formación ambiental de niños, niñas y jóvenes no sólo es crucial por lo que significará de mejora en el futuro, sino también por la importante influencia que ejercen sobre sus familiares y adultos próximos en el presente. En este sentido, tienen especial interés las iniciativas educativas que, por su carácter ejemplarizante y dinamizador en su ámbito local, inciden más allá de las propias aulas.
6. Aunque el sistema educativo formal es el ámbito en el que probablemente se han invertido más esfuerzos y durante más tiempo, presenta aún carencias significativas. Es aconsejable, pues, ampliar y mejorar la formación ambiental. Entre otras cosas, no puede centrarse sólo en ciertos niveles educativos, como todavía ocurre hoy, sino que debe extenderse desde la educación infantil a la formación universitaria, atravesando todas las disciplinas y ámbitos curriculares.
7. Si es necesario mejorar dentro del sistema educativo formal, en el ámbito de la educación no formal queda un enorme trabajo por hacer. La integración de la educación ambiental en los sistemas de formación para el empleo y de formación continua (escuelas-taller, casas de oficios, cursos de reciclaje y especialización, etc.) es básica para alcanzar a un importantísimo grupo de población que, además, constituye el grueso de los trabajadores manuales o técnicos del país .
8. Mejorar la formación ambiental de los sectores profesionales directamente vinculados a la cuestión ambiental (gestión, planificación, legislación, educación...) es un objetivo crucial, que requiere una capacitación especializada y de alto nivel dado el papel social que estos grupos desempeñan.
9. Sin embargo, para lograr cambios significativos en el conjunto de la sociedad, es necesario incidir en la formación de todo profesional, dado que cualquier actividad tiene consecuencias ambientales directas o indirectas. Debe ser una capacitación adaptada a las posibilidades de un público no especialista, a la vez que rigurosa y relevante. La construcción de un sentido de responsabilidad colectiva hacia el entorno y de un comportamiento social orientado hacia el uso sostenible de los recursos se hará, en buena medida, con las aportaciones personales desde los respectivos puestos de trabajo.
10. La capacitación debe ser entendida como una formación continua, adaptable a las exigencias que se deriven de los actuales problemas socioambientales y de los retos que habrá que afrontar en el futuro. Se trata de un "saber hacer" que requiere motivación, concienciación y la adquisición de conocimientos, habilidades y técnicas útiles para actuar. En esta tarea es necesario reconocer diferentes grados de complejidad:
a) Capacitar para lo que ya es posible hacer: la reducción del consumo de agua, energía y recursos no renovables; la reducción, reutilización y reciclaje de residuos; la reorganización del transporte, etc.
b) Capacitar para promover cambios y construir alternativas que todavía no están perfectamente definidas o que aún no se vislumbran siquiera; de ahí la importancia de la reflexión teórica y de la investigación asociada a la acción.
c) Capacitar para elaborar planes y estrategias de puesta en marcha de las alternativas elegidas.
d) Capacitar no sólo para la acción individual, sino también para la acción colectiva. Para lo cual es necesario disponer previamente de vías eficaces para canalizar la acción pro-ambiental y participar en los procesos de toma de decisiones.

5.3. Participación
1. La participación es el proceso de compartir decisiones sobre los asuntos que afectan a la vida personal y de la comunidad en la que se vive. De forma específica, la participación ambiental es un proceso que posibilita la implicación directa en el conocimiento, valoración, prevención y mejora de los problemas ambientales.
2. La participación pública es un instrumento esencial de la educación ambiental. Posibilita profundos cambios personales y sociales, pero es, además, un componente imprescindible para la construcción de un desarrollo sostenible. Proporciona un aprendizaje práctico en contacto directo con la realidad, al tiempo que favorece la clarificación y creación de valores, la discusión de alternativas, la adquisición de capacidades y competencias para actuar sobre los problemas y el entrenamiento de hábitos cívicos para la profundización democrática.
3. El interés de este instrumento viene reforzado por la necesidad de elevar las cotas de responsabilidad de las personas como miembros de una comunidad, no sólo local sino también universal. La construcción de la cultura de la sostenibilidad debe entenderse como un proceso colectivo de integración de múltiples aportaciones de individuos, colectivos, empresas, instituciones y entidades ciudadanas.
4. Existen diferentes formas y grados de participación, que oscilan desde fórmulas de participación superficial y pasiva -como la mera exposición a información pública de los proyectos o la consulta, a través de encuestas o sondeos, de las demandas sociales- hasta propuestas de participación profunda y activa, orientadas a la toma de decisiones y el control ciudadano de la gestión pública.
5. Para hacer real la participación, es necesario desarrollar y mejorar los cauces ya existentes, así como crear otros nuevos que faciliten a la ciudadanía su colaboración y le demuestren la utilidad y relevancia de su esfuerzo. Al hablar de cauces de participación, nos referimos tanto a los sistemas que permiten opinar, debatir, proponer, disentir... sobre las políticas y planes de la administración, como a las infraestructuras que hacen posible llevar a cabo, de manera efectiva, las acciones de mejora de la gestión ambiental. La participación tiene, así, una vertiente instrumental que, hoy por hoy, es aún muy deficiente, convirtiendo en estériles muchos esfuerzos educativos, que han conseguido crear personas concienciadas, pero frustradas en su impulso de actuar.
6. La participación supone también un aprendizaje. Probablemente la manera más práctica y directa de conseguirlo es propiciar la implicación de las personas en proyectos de mejora del entorno -promovidos preferentemente desde la comunidad-, que se conviertan en espacios para el entrenamiento en la acción, suministren criterios de evaluación y constituyan, en sí, experiencias enriquecedoras.

5.4. Investigación y evaluación
1. Uno de los más importantes déficits de los que adolece la educación ambiental en nuestro país es la falta de tradición investigadora. Los principales ámbitos en los que se hace necesaria la investigación son:

- La identificación y caracterización de los problemas ambientales y sus causas.

- Las relaciones entre las personas y su entorno (aspectos psicológicos y sociológicos).

- Las estrategias posibles de intervención.
2. Además de ampliar el conocimiento de los problemas, se necesita mejorar la comprensión sobre la influencia de las acciones humanas en contextos y sobre conflictos socioambientales concretos. Pero también sobre cómo dichas acciones están influenciadas por la información disponible, las actitudes y valores personales y las normas sociales. Es especialmente importante dedicar mayores esfuerzos a entender los mecanismos por los cuales las personas, los grupos y las comunidades deciden adoptar comportamientos y estilos de vida pro-ambientales, y qué métodos, recursos e instrumentos son más adecuados para catalizar estos procesos.
3. Cada vez es más necesario contar con información, científicamente rigurosa y socialmente relevante, que pueda orientar el diseño y la puesta en marcha de intervenciones educativas más eficaces: ayudando a resituar objetivos, a seleccionar contenidos y mensajes más significativos y a elegir estrategias más apropiadas.
4. El fomento de la investigación en este campo ha de convertirse en un objetivo prioritario. Debe ser asumido tanto por las instituciones públicas -muy especialmente la Universidad y organismos de investigación-, como también por las entidades privadas -particularmente las fundaciones y obras sociales de entidades financieras- que apoyan la labor investigadora a través de la convocatoria de ayudas y becas.
5. Es importante poner en marcha programas de investigación desde una óptica integradora -que ayude a superar las aproximaciones disciplinares compartimentadas- y con enfoques prácticos. En este sentido, es especialmente aconsejable un planteamiento de investigación-acción, abierto a la participación y a la reflexión sobre su propia práctica, que permite generar nuevos conocimientos teóricos al tiempo que se aplica a la resolución de problemas concretos.
6. Dado que todos los problemas ambientales tienen una importante componente social, deben considerarse prioritarias las líneas de investigación encaminadas a la búsqueda de fórmulas de resolución de conflictos, de métodos de mediación y de nuevos cauces y mecanismos de participación.
7. Toda investigación debe contemplar una fase de divulgación de los resultados obtenidos, tras realizar las adaptaciones necesarias para hacerlos accesibles a diferentes grupos destinatarios. Así, deben habilitarse los medios que faciliten la comunicación y el intercambio entre investigadores pero, sobre todo, entre investigadores, gestores y educadores ambientales.
8. La evaluación es un elemento fundamental de la acción educativa y debe tenerse en cuenta desde su misma concepción. Consiste en una recogida sistemática de información, cualitativa y cuantitativa, en todas las fases de una intervención: el diseño, la organización, el desarrollo y la finalización. La evaluación alimenta el propio proceso, contribuyendo a redefinirlo sobre la marcha, y permite valorar sus resultados.
9. Cualquier aspecto de la intervención educativa es susceptible de ser evaluado: programas, campañas, contenidos curriculares, materiales didácticos y otros recursos, métodos, situaciones didácticas, entornos en los que se desarrollan las acciones, instituciones promotoras, etc. Para facilitar esta tarea, debe investigarse en el desarrollo de indicadores e instrumentos de evaluación específicos que, tras una fase de experimentación y homologación, puedan ponerse a disposición de los equipos evaluadores.
10. Existen diferentes tipos de evaluación: formativa/sumativa; interna/externa; participativa/técnica; de la eficacia/de la eficiencia. Al ser complementarias entre sí, es aconsejable utilizar varias fórmulas distintas.
11. Debe contemplarse la exigencia de una evaluación sistemática en todas las iniciativas emprendidas por las administraciones públicas y en las que, siendo de iniciativa privada, reciban financiación o respaldo público.
12. Se debe hacer llegar, a los diferentes actores implicados en programas y actividades, los correspondientes informes de evaluación, como una forma de contribuir a la reflexión sobre lo realizado y a la mejora de futuras acciones.

6. MARCOS DE ACCION

1. A lo largo de este documento se ha insistido en la complejidad de la crisis socioambiental, fruto de la interdependencia entre múltiples: causas y efectos posibles, agentes implicados, perspectivas de análisis, intereses afectados, etc. Todos los ámbitos de la actividad humana tienen incidencia en el medio y presentan, a su vez, complejas relaciones entre sí (por ejemplo, el sistema productivo, el consumo doméstico y la gestión de residuos). Para tratar de ser fieles a la realidad y actuar de manera eficaz es imprescindible, por tanto, conocer el panorama global de situación que permita identificar causas, determinar agentes y diseñar acciones de respuesta.
2. Todos los contextos vitales pueden ser, al mismo tiempo, entornos educativos y objeto de intervenciones de mejora ambiental, es decir, recurso y fin de la educación ambiental. Los ámbitos de la acción educativa no son compartimentos estanco sino que se condicionan mutuamente. Cada persona aprende e influye, a la vez, en los diversos espacios donde transcurre su vida y desde las diferentes funciones y papeles sociales que asume.
3. Establecidos estos principios, en esta segunda parte del documento se ha decidido abordar un análisis sectorial de los distintos marcos de acción en educación ambiental. Se trata de una división en cierto modo artificial pero que aporta claridad y simplifica la exposición de las tareas. Con seguridad, nos sentiremos concernidos por varios de estos ámbitos, ya que cada uno de ellos se centra en una dimensión parcial de nuestra condición de personas y miembros de una sociedad. La alternativa más adecuada para alcanzar el objetivo común de una mejora ambiental global es la contribución activa, comprometida y coordinada desde esas diferentes dimensiones personales y desde los diversos sectores sociales.
4. Las recomendaciones que se describen en los siguientes capítulos constituyen un conjunto de propuestas de actuación. Probablemente en muchas entidades, empresas o administraciones ya se aplican algunas de las sugerencias, pero lo que se pretende es ofrecer un extenso catálogo de posibilidades que, en cualquier caso, no debe entenderse como un inventario de dificultades a resolver.

6.1. COMUNIDAD
Art. 45 de la Constitución

1. Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo.

2. Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.
1. El término comunidad alude a un área geográfica de extensión variable (barrio, distrito, municipio, comarca...), a sus habitantes y al sistema social según el cual se organizan. Es el espacio donde los individuos, grupos, asociaciones e instituciones interactúan.
2. Además de los cauces de aprendizaje que ofrece la educación formal y no formal, las posibilidades de interacción social que se generan en la comunidad suponen un gran potencial para el desarrollo de una educación ambiental informal, aquella que se da aun cuando no exista una planificación o intencionalidad específicamente educativa. El proceso de socialización se produce en un entorno concreto donde tienen lugar las relacio­nes cotidianas de familia, vecindad, trabajo y ocio. Este proceso puede tener efectos tanto positivos como negativos en la conformación de ideas, actitudes y hábitos de comportamiento, según la calidad del propio medio y de las relaciones que proporciona. La importancia de aprovechar bien el potencial educativo del entorno comunitario -o de transformar la comunidad en un medio educador- radica en su altísima eficacia y en el hecho de que convierte a cada persona en agente multiplicador, a la vez destinataria y promotora de actitudes pro-ambientales en la interacción social cotidiana.
3. Aparte de esa dimensión educativa individual que puede desarrollar cada persona, existe una dimensión colectiva, en la medida en que se produce una participación en la vida de la comunidad a través de asociaciones o grupos de intereses. Su capacidad de influencia convierte a estos colectivos en interesantes mediadores y multiplicadores potenciales de la acción educativa.
4. Existen, sin embargo, obstáculos a la acción pro-ambiental en y desde la comunidad. Entre ellos, la falta de confianza de las personas y grupos en sus propias capacidades, la escasa disposición para asumir o compartir responsabilidades y la ausencia o insuficiencia de cauces de participación pública; aspectos que pueden estar relacionados con la falta de identificación con el entorno, el desinterés o el sentimiento de impotencia porque las decisiones escapan al control colectivo, o la inexistencia de una tradición o cultura de participación, tanto de la población como de la administración local.
5. Otras veces, los problemas están no en la falta de interés e iniciativa sino en la baja efectividad. De hecho, no es rara la proliferación de acciones de carácter educativo, promovidas por organizaciones ciudadanas o departamentos de la administración local, que se desarrollan sin coordinación alguna, en cuanto a objetivos perseguidos, valores promovidos o metodologías utilizadas. Es necesario armonizar las acciones que se dirigen a la comunidad si se desea lograr unos resultados coherentes.
6. La comunidad representa el espacio ideal donde concretar muchas de las iniciativas de mejora ambiental relacionadas con problemáticas específicas. Es el medio más cercano y conocido. Tiene dimensiones más accesibles y problemáticas más comprensibles. La población se siente más concernida, por lazos afectivos y por intereses directos, lo que favorece la motivación para la acción.
7. Una primera condición para esta tarea es disponer de información veraz, clara y precisa sobre los aspectos relevantes del ambiente local, que debe hacerse accesible y comprensible para la gente. Además, es necesaria una programación educativa y de gestión adaptada a las circunstancias locales. Pero, sobre todo, es esencial involucrar a la población en el proceso de análisis y toma de decisiones para que las acciones resulten efectivas.
8. Los individuos y grupos de una comunidad, si están bien informados y motivados, pueden actuar como garantes del entorno próximo, participar en los proyectos de conservación y mejora ambiental y presionar en favor de la sostenibilidad. Esta idea está en la base de la recomendación surgida en la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro, 1992) de elaborar, en cada comunidad, una Agenda 21 local: un plan de acción ambiental a largo plazo hacia la sostenibilidad, debatido, negociado y aprobado por la comunidad, que se compromete con su consecución.

6.1.1. Ciudadanía
1. Toda persona desempeña papeles fundamentales relacionados de diferentes maneras con la gestión y la educación ambiental:

a) Porque está concernida por el estado del medio en el que habita y sus implicaciones sobre la salud y la calidad de vida.

b) Porque es consumidora de bienes y servicios en cualquiera de sus actos cotidianos y, por tanto, generadora de impactos directos e indirectos sobre el entorno.

c) Porque tiene capacidad de influencia, tanto directa -a través de sus opciones de consumo y su estilo de vida- como indirecta -a través de su participación en las decisiones sobre políti­cas, programas y actuaciones con incidencia ambiental.
2. Son ya muchas las personas que, concienciadas de la necesidad de cambios, están dando una respuesta individual responsable mediante la adopción de pautas de vida más sostenibles. Es necesario multiplicar y, progresivamente, generalizar esa concienciación y canalizarla a través de acciones coordinadas y efectivas.
3. La educación ambiental propone un cambio cultural que, como todo proceso educativo, será lento y paulatino. Pero la situación demanda también acciones urgentes que ayuden a acelerarlo. Se necesitan estrategias de apoyo muy diversas que faciliten, que estimulen a las personas a sumarse al cambio, incluso a aquéllas sin una conciencia ambiental formada. Es imprescindible valorar los instrumentos ya existentes, crear otros nuevos, y orientarlos conjuntamente hacia la construcción de comunidades sostenibles.
4. La educación ambiental en el contexto comunitario se orientará preferentemente hacia la prevención y la resolución de los conflictos locales, sin perder la perspectiva de la situación global. Favorecerá la toma de conciencia sobre los problemas sociales y ambientales que suponen un obstáculo al bienestar individual y colectivo, y preparará para el análisis de las causas y la definición de las estrategias y las acciones encaminadas a resolverlos.
5. Dentro de la comunidades, es conveniente identificar grupos diferenciados sobre los que puede desarrollarse un trabajo educativo específico. Es, por ejemplo, el caso de la tercera edad. Las personas jubiladas y ancianas representan un sector social importante por su número, por su disponibilidad, por su saber acumulado y, también, por su sintonía con muchos de los planteamientos de ética y comportamiento pro-ambiental, muy cercanos a su cultura. Su colaboración en iniciativas de educación ambiental tiene un gran potencial.
6. Otro grupo específico es el de los jóvenes, que participan en actividades de tiempo libre de forma generalizada. Si bien en este campo hay una tradición más consolidada y una gran experiencia acumulada, es necesario insistir en las enormes posibilidades de realización de actividades educativas y de mejora ambiental, y no sólo en el medio natural donde habitualmente se han centrado las propuestas.
7. Tal y como señala el capítulo 36 de la Agenda 21, es necesario hacer hincapié en el papel de la mujer como educadora y transmisora, en la familia y en la comunidad, de valores más favorables a las necesidades del desarrollo sostenible.
8. Las decisiones y los comportamientos cotidianos en torno al consumo de bienes y de servicios en el hogar (alimentos, productos de aseo y limpieza, agua, luz y calefacción, servicios de ocio, etc.) tienen una incidencia directa en la situación ambiental local e indirecta en la global. La formación dirigida a las familias, y en especial a quienes son responsables de la compra diaria, es fundamental para propiciar cambios en el sector productivo y en la gestión ambiental. En este sentido, hay que subrayar la importancia de ampliar la conciencia de poder entre la ciudadanía, de su capacidad de influencia sobre aspectos muy relevantes de la realidad.
9. La población de aquellos espacios que cuentan con una figura de protección constituye otro grupo con características peculiares, puesto que su vida se desarrolla dentro de territorios en los que el cuidado del medio adquiere una especial relevancia. La experiencia reciente demuestra la necesidad de su implicación activa en la gestión y conservación de los espacios en los que viven.
10. Las personas y grupos con una posición de especial influencia dentro de la comunidad, en razón de su papel social o de la profesión que desempeñan, tienen también una especial responsabilidad. Por ello es importante recordar a educadores, políticos, funcionarios públicos, etc. que la coherencia entre los mensajes que promueven y sus pautas personales de comportamiento tiene trascendencia educativa.
Recomendaciones y Acciones :
1. Aprovechar las posibilidades de acción pro-ambiental que nos proporciona el ejercicio de nuestros derechos ciudadanos, entre ellos el derecho de acceso a la información, el de libre asociación y el de utilización de los canales de participación pública. Presionar para ampliar y profundizar estas posibilidades.
2. Hacer uso de las oportunidades que ofrece la educación ambiental formal y no formal para mejorar la propia formación y la capacitación sobre cuestiones ambientales.
3. Adoptar y difundir comportamientos y pautas de consumo más sostenibles en los distintos contextos y actividades de la vida cotidiana. La información práctica sobre estos aspectos está disponible gracias al gran número de guías y manuales que se oferta desde organismos públicos, asociaciones diversas y el mercado editorial.
4. Colaborar, desde el puesto de trabajo, en la implantación de sistemas de gestión ambiental, que revisan y tratan de mejorar la gestión ambiental de las empresas y organizaciones. Participar tanto en los programas de formación como en la incorporación de las medidas de cambio.
5. Cooperar con los organismos responsables (administración municipal, servicios contra incendios, protección civil...) y las asociaciones locales en todas aquellas acciones que impliquen una mejora ambiental: la previsión de riesgos ambientales y amenazas para la salud, la prevención de incendios, los sistemas de selección y tratamiento de basuras, la gestión del agua, la promoción del transporte público, etc.
6. Participar de una forma activa, individualmente o a través de asociaciones locales, en la elaboración y puesta en marcha de los planes de mejora ambiental de la comunidad, así como en la preparación de estrategias de desarrollo sostenible de ámbito local.
7. Colaborar con los organismos gestores de espacios naturales protegidos y con las asociaciones locales en el diseño y puesta en marcha de las campañas de información y sensibilización de visitantes y en los planes de dinamización económica de las zonas.
8. Contribuir a la conservación y difusión de la cultura tradicional de la comunidad, especialmente los saberes relativos al medio natural y a los usos de la tierra y de los recursos que la experiencia ha demostrado sostenibles.

6.1.2. Asociaciones
1. Dentro de este marco de acción se incluye todo tipo de asociaciones, colectivos ciudadanos, organizaciones no gubernamentales, etc. que puedan ser consideradas genéricamente como “organizaciones independientes sin ánimo de lucro”.
2. La gran diversidad de organizaciones existentes: asociaciones vecinales, culturales, educativas, profesionales, ecologistas, de cooperación al desarrollo, de solidaridad, juveniles, de ocio, deportivas, de consumidores, de tercera edad, de mujeres, etc. ofrece una plataforma con un gran potencial para promover la educación ambiental, desde los principios de la participación y la profundización democrática.
3. Incluso sin disponer de grandes recursos, desde las asociaciones se tiene acceso e influencia sobre amplios sectores de la población, a veces con más facilidad que desde las instituciones. En este sentido, hay que destacar el papel que las asociaciones conservacionistas y ecologistas desempeñan en la generación de conciencia y de corresponsabilidad de la población en la mejora ambiental, desde los pequeños colectivos que trabajan el entorno más inmediato a las grandes organizaciones de ámbito planetario.
4. Pero la preocupación y la acción pro-ambiental han ido impregnando a muchos otros tipos de organizaciones, que han aportado sus respectivos enfoques de análisis y de trabajo. Del mismo modo, las perspectivas social, económica, política... han calado progresivamente en las visiones, a veces parciales, de muchas asociaciones ecologistas. Un ejemplo significativo de ello está en la aproximación, intercambio y enriquecimiento mutuo que se ha producido entre el mundo de las organizaciones ambientalistas y el de las de solidaridad y cooperación al desarrollo.
5. La influencia social que han ido ganando estas organizaciones está muy relacionada con el crédito que les otorga una mayoría de la población que, según las encuestas, considera más fiables a las asociaciones que a las administraciones o las empresas. Con todo, existe todavía un sector importante de la opinión pública que ve a las asociaciones ecologistas como enemigas del progreso y defensoras de postulados extremos. Las dos realidades -una amplia credibilidad pero también el rechazo que aún provocan en ciertos sectores- abocan a una misma necesidad: trabajar con rigor y responsabilidad, y explicar con claridad las posiciones y propuestas que se defienden. En otras palabras, acompañar la acción con la educación.
6. Esta necesidad de que la población comprenda el alcance de su actividad ha favorecido una incorporación paulatina de la dimensión educativa al trabajo de las asociaciones. Dentro del asociacionismo en general, pero también en las asociaciones conservacionistas y ecologistas más activas, la educación ambiental sigue ocupando un lugar secundario en la política global de la organización. Sin embargo, en los últimos años, muchas más asociaciones programan y desarrollan actividades en este campo, mientras que otras contribuyen a su promoción como consecuencia colateral no planificada de su actividad. Otro indicador muy positivo es la creación de asociaciones cuyo ámbito de trabajo específico es la educación ambiental.
7. Los colegios profesionales constituyen un medio apreciable para la información y formación de los profesionales en su respectiva especialidad, por lo que debe promoverse la educación ambiental a través de este tipo de organizaciones.
8. La contribución de las asociaciones a la acción y la educación ambiental se produce desde diferentes perspectivas y con estrategias de intervención complementarias:
a) Un campo de actuación básico es la creación y difusión de un pensamiento crítico sobre el modelo actual y la generación de alternativas. Un pequeño número de grupos está especializado en este campo y constituye una vanguardia intelectual con un alto grado de influencia. Su actividad es fundamental en la formación de opinión y en el desarrollo de herramientas teóricas para sustentar la acción. Suelen llevar a cabo tareas de investigación, actividades de debate y formación y trabajos de edición de materiales.
b) Otro campo de intervención es la sensibilización, comunicación y formación ambiental, que incluye actividades muy diversas: la elaboración de materiales divulgativos y didácticos, la oferta de servicios informativos, la realización de campañas sobre problemas socioambientales, la celebración de jornadas, debates y charlas, la organización de cursos, el desarrollo de actividades de interpretación ambiental, de ocio en la naturaleza, etc. Se puede incluir dentro de este ámbito el trabajo de seguimiento crítico y denuncia que, durante muchos años, ha consumido la mayoría del tiempo y la energía de muchas asociaciones. Una actividad imprescindible que hoy se combina con otras de carácter más propositivo.
c) Un ámbito de trabajo en expansión es el que gira en torno a la intervención directa sobre el medio, ya sea natural o urbano, con objeto de llevar a cabo mejoras ambientales o poner en marcha alternativas prácticas de solución. Es un campo que ofrece muchas posibilidades de desarrollo si se canaliza adecuadamente la demanda de actividades que combinen el factor lúdico, la formación y la contribución a un fin positivo.
d) Hay también asociaciones y sociedades que agrupan a los profesionales de la educación ambiental y cuyos fines principales son: promover una educación ambiental de calidad; favorecer el reconocimiento social de la educación ambiental y de los educadores ambientales; servir de foro de encuentro y de punto de referencia; y favorecer el desarrollo profesional en este campo.
9. Todo este rico potencial, que produce logros muy importantes, se ve sin embargo mermado por distintos problemas y carencias que afectan al mundo asociativo. El reducido número de socios, la deficiente capacidad organizativa o los conflictos internos son algunas razones que han provocado la desaparición de muchas asociaciones. Otras dificultades pueden influir, más bien, en su labor social: la falta de concreción de objetivos o alternativas planteados, las carencias de formación y experiencia, la excesiva dependencia de recursos externos, la escasa continuidad de los programas, la ausencia de estrategias de comunicación, etc.
10. Otras veces los problemas están relacionados con la falta de coordinación, reflejo de la atomización dentro del movimiento asociativo y de la gran diversidad de planteamientos, métodos y objetivos que se persiguen. Aumentar la influencia y la eficacia social del trabajo de las asociaciones pasa por reforzar la coordinación entre las diferentes iniciativas que promueven (a través de una mayor comunicación, de la creación de coordinadoras o federaciones, del intercambio de experiencias, metodologías y materiales de trabajo, etc.)
11. Otro capítulo importante lo constituyen las relaciones entre asociaciones e instituciones. Es necesario mejorar la concertación entre ambos sectores, de modo que la administración reconozca y apoye la labor social que realizan las organizaciones, y éstas colaboren críticamente en las iniciativas institucionales. En este sentido, hay que mencionar las dificultades que surgen cuando las asociaciones plantean aspectos conflictivos o cuestionan decisiones o proyectos institucionales, lo que a veces provoca una actitud reacia a la colaboración por parte de las administraciones.
12. Hay que destacar, por último, el papel fundamental que han tenido y tienen las asociaciones en dos aspectos: la creación y ampliación de cauces para la participación ciudadana y la influencia sobre los grupos decisores, a través de su trabajo de denuncia y de vanguardia social, su capacidad de movilización y su acción propositiva.
Recomendación 1. Promover la educación ambiental en las asociaciones y en las comunidades locales.
Acciones e iniciativas:
1.1. Promover la educación ambiental dentro de todo tipo de asociaciones, mediante la creación de comisiones o grupos de trabajo, la elaboración de materiales propios y la dedicación de recursos específicos propios y/o ajenos.
1.2. Apoyar, desde las organizaciones que no desarrollan programas y actividades educativos propios, las iniciativas de las instituciones y asociaciones promotoras de educación ambiental.
1.3. Propiciar el intercambio de planteamientos, experiencias, metodologías y materiales entre asociaciones con ámbitos de trabajo y perspectivas diferentes; en particular, entre aquellas que desarrollan programas de educación ambiental y el resto de asociaciones comunitarias.
1.4. Realizar estudios, programas educativos y campañas sobre las características del ambiente local, los principales problemas, sus causas y sus posibles soluciones.
1.5. Divulgar y poner en marcha experiencias que contribuyan a la difusión de actitudes y comportamientos ambientalmente responsables.
1.6. Evaluar los programas y actividades de educación ambiental que se lleven a cabo desde las asociaciones, como mecanismo de retroalimentación que ayuda a mejorar las acciones.
1.7. Ampliar la formación en educación ambiental de los miembros de las asociaciones.
1.8. Ejercer los derechos de acceso a la información ambiental y a personarse como parte interesada en los planes y programas ambientales y de promoción de la sostenibilidad que pongan en marcha las instituciones.
1.9. Fomentar la participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones sobre la gestión del medio local.
1.10. Promover la realización de acciones divulgativas y formativas en los colegios profesionales, que contribuyan a la integración de la variable ambiental, de forma permanente y actualizada, en el desarrollo de las distintas actividades profesionales.
Recomendación 2. Reforzar la coordinación entre las asociaciones promotoras de la educación ambiental.
Acciones e iniciativas:
2.1. Colaborar en la creación y el mantenimiento de infraestructuras y redes de información y documentación para uso de las asociaciones.
2.2. Impulsar la creación de asociaciones de educación ambiental, de ámbito local, autonómico, estatal e internacional, que faciliten la elaboración de estrategias de acción a los distintos niveles y permitan una presencia social más activa.
2.3. Establecer acuerdos de cooperación entre las asociaciones promotoras de educación ambiental con objeto de desarrollar iniciativas comunes, diseñar y aprovechar conjuntamente recursos y materiales y coordinar programas efectivos y de larga duración.
2.4. Promover la incorporación de la educación ambiental en los programas de cooperación internacional para el desarrollo, en colaboración con las organizaciones que trabajan en este ámbito en España y en los países destinatarios.
Recomendación 3. Reforzar los mecanismos de concertación con la administración y los sectores económicos.
Acciones e iniciativas:
3.1. Participar en la creación de foros y redes locales desde los cuales impulsar la realización de programas de educación ambiental comunitaria y la elaboración de estrategias de desarrollo sostenible (Agendas 21 Locales), en colaboración con los organismos públicos y los diferentes sectores sociales.
3.2. Colaborar, desde la independencia y con sentido crítico, en los programas institucionales de información y educación ambiental dirigidos a la población. La colaboración debe aportar criterios que cualifiquen las intervenciones en todas sus fases: la definición de objetivos, el proyecto de actividades, el establecimiento de cauces de participación y el diseño de evaluación.
3.3. Proponer la ampliación y la mejora de los procedimientos y los mecanismos para la participación de ciudadanos y asociaciones en la política y gestión ambientales.
3.4. Estimular el diálogo crítico y la concertación, en su caso, entre las asociaciones, los sectores económicos y las administraciones locales en tareas y actividades dirigidas a la mejora ambiental y el cambio hacia la sostenibilidad.
3.5. Procurarse información actualizada y mejorar la capacidad de gestión para acceder a las subvenciones públicas y al patrocinio privado que permitan el desarrollo de programas y actividades de educación ambiental.
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