A fernando, mi marido, por su comprensión, ayuda y cariño






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A Fernando, mi marido, por su comprensión, ayuda y cariño.
A Fernando y Pablo, mis hijos, por sus ánimos.
A ellos, los amores y pilares de mi vida.
El Señor es mi luz y mi salvación,

El Señor es la defensa de mi vida,

Si el Señor es mi luz,

¿A quién temeré?, ¿quién me hará temblar?” (Sal.26)…

Porque “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Flp. 4,13) .

Mi Señor de la Puente
Excelentísimo y Reverendísimo Sr. Obispo de la Diócesis.

Excelentísimo Sr. Alcalde de Málaga y Dignísimas autoridades.

Sr. Presidente y Junta de Gobierno de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa.

Hermanos de la Puente, Las Penas y Monte Calvario.

Cofrades Malagueños.

Señoras y Señores.

Permitidme que en nombre de todos vosotros, dé la bienvenida a nuestro Obispo, Don Jesús, que por primera vez nos acompaña en este Pregón.
Nuestra más cordial bienvenida y como no puede ser de otra manera, ponernos a disposición del que ya es nuestro Hermano Mayor y mayordomo, que seguro que con toques certeros dirigirá esta procesión, que formamos todos los cofrades malagueños.
Y nuestra más sincera gratitud a Don Antonio Dorado por su entrega generosa, sus muchos logros, su afecto, cercanía y comprensión en estos casi dieciséis años. Gracias, Don Antonio, muchas gracias.
Gracias, Sr. Presidente y miembros de la Junta de Gobierno de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa por depositar en mí, vuestra confianza para ser la voz de los cofrades.
Gracias, a los jóvenes de mis cofradías, que han preparado con tanta ilusión este escenario.
Gracias y mi felicitación, a todos los componentes de la banda de música de la Cofradía de la Expiración, que nos acaban de deleitar y adentrar en el ambiente cofrade.
Gracias Paco, mi presentador, por tus cariñosas y como siempre en ti, bellas palabras. Sé de tu esfuerzo ¡Qué difícil tarea presentar a una simple cofrade! y además hacerlo con esa elegancia tuya.
Y gracias a todos y cada uno de vosotros, cofrades malagueños, por vuestro afecto y generosidad desde el mismo instante en que me nombraron pregonera. Gracias por abrirme vuestras Casas Hermandades, por permitirme compartir vuestros cultos de forma privilegiada, por brindarme estar tan cerca de vuestros Sagrados Titulares. Gracias. Muchas gracias a todos.
Y aquí estoy, y no sé todavía, ni me puedo explicar el porqué fui elegida.
Aquí estoy para contaros lo que sabéis mejor que yo. Cualquiera de vosotros podría haber sido el Pregonero, porque mi único aval, si es que alguno tengo es que me siento cofrade y orgullosa de ser cofrade, de los cofrades de todos los días del año.
Y aquí estoy para anunciaros que dentro de ocho días, Málaga va a revivir el Misterio Pascual, el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Faltan ocho días para mostrar como “Cristo muriendo, destruyó nuestra muerte y resucitando glorioso, restauró la vida”.

Faltan ocho días para que Dios, el mismo Dios hecho hombre, y su bendita Madre caminen por nuestras calles, para que Jesús el de la “Pollinica” irrumpa entre palmas y olivos en la Alameda. Se convierta Puerta Nueva en cenáculo. Ore Jesús en el huerto de los Mártires, sea besado por Judas en Capuchinos, apresado en calle Aguas y cruce el Torrente Cedrón de la Plaza de San Francisco.

Faltan ocho días para que sea humillado en Santo Domingo, negado por Pedro en la Pastora, Ecce Homo en la Victoria, cautivo en la Trinidad y sentenciado en Santiago.

Faltan ocho días para que sea azotado en calle Frailes, coronado de espinas junto al teatro romano, Nazareno desde Nueva Málaga, por el puente de la Esperanza y Biedma hasta la Alameda.

Ocho días, para que Jesús sea ayudado por el Cirineo en Santa Lucía, caído en el Perchel y la Cruz Verde. Se encuentre con la Verónica en San Felipe y sea elevado a la Cruz en San Agustín.

Ocho días, para que sea crucificado junto a María Auxiliadora, en Mármoles, San Pablo y Carrión. Dialogue en el madero de Santo Domingo, agonice en Pozos Dulces y expire en San Pedro.

Ocho días, para que Jesús muera en San Juan y en el Compás. Salga sangre y agua de su costado en Dos Aceras, sea trasladado por el Puente de la Aurora, amortajado en mi Calvario y sepultado a los pies de la Alcazaba.

Ocho días, sólo ocho días, para que gritemos a una, Resucitado, Resucitado para quedarse siempre con nosotros en esta bendita ciudad de Málaga.
DE PUERTAS PARA ADENTRO.
Vosotros sabéis mejor que nadie, que los días santos donde las Hermandades se hacen a la calle, son el resultado del esfuerzo y la dedicación de todo un año, día tras día de trabajo, codo con codo … Y antes de abrir las puertas de este pregón para cantar las maravillas de nuestra Semana Santa, os pido unos instantes, unos minutos, para poder penetrar en ese mundo interno de nuestras Cofradías, porque si no la visión de este pregón sería parcial y limitada y lo que es peor, posiblemente errónea, porque puede que la espectacularidad de lo visible, distorsione nuestra propia realidad.
LA FE.
Paremos unos minutos, para contemplar a los hombres y mujeres malagueños del Siglo XXI, que se sienten orgullosos de haber sido elegidos y regalados con el don de la fe.
Fe en la Encarnación y en la Resurrección del Señor.

Fe en Cristo salvador de la Humanidad.

Fe en Cristo vivo presente entre nosotros en la Eucaristía.

Fe en “Cristo Jesús, ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega”.

Fe en Cristo Jesús porque en “Él vivimos, nos movemos y existimos”.
¡Qué inmenso bien nos has dado, Señor!

¡Qué inmenso bien el poder conocerte, escucharte, hablarte y servirte!

¡Qué inmenso bien el de la fe, porque cuando un hombre tiene fe, nunca está solo!
Y como canta el precioso himno hebreo, “Dayénu”, gracias, con la fe nos habría bastado, pero no, por si eso fuera poco el Señor nos da un nuevo regalo: Las Hermandades y Cofradías.
Ser cofrade es una vocación y una elección libre: Vivir la fe en comunión con el hermano. Los cofrades somos hombres y mujeres, sin distinción de clases, ni de edades, con las ideas claras. Sabemos que el camino que hemos de seguir, no es otro, que vivir la fe de Cristo, alimentarla en la oración y la caridad, transmitirla y un día, el de la procesión, dar conjuntamente público testimonio de ella.
En definitiva, hombres y mujeres “Seducidos por Cristo”, como hace dos mil años proclamaba San Pablo, y sin ánimo de corregir al apóstol de los gentiles, y menos en este año paulino, los cofrades añadimos “Cautivados” por su bendita Madre, María Santísima, porque para nosotros, María está “unida a Cristo con un vínculo estrecho e indivisible”. Málaga no comprende a Cristo sin su Madre. Nuestro fervor cofrade no está satisfecho, si junto al Redentor no está la Corredentora.
Nosotros, los cofrades malagueños somos marianos. La Virgen forma parte de nuestra vida diaria, nos acompaña, nos ayuda, nos protege.
Es madre y amiga.
Madre dulcísima del Monte Calvario siempre mi Fe y Consuelo.

Madre del Mayor Dolor sin Consolación posible.

Madre de los Dolores con el corazón Traspasado.

Madre de la Amargura en tus infinitas Angustias.

Madre de la Piedad y Señora de la Soledad.

Madre dolorosa de las Penas que impartes tu Gran Perdón entre Lágrimas y Favores.

Virgen en el Gran Poder de tu Rosario.

Virgen Concepcionista de la Gracia.

Virgen del Amparo y Patrocinio de nuestra Salud.

Virgen de la Paz que derrochas Amor, Caridad y Merced a manos llenas.

¡Oh Dulce Nombre de Nuestra Esperanza!

Soberana de la Trinidad.

Estrella luminosa.

Blanco Rocío de los Cielos.

Bellísima Paloma.

Divina Pastora de las almas.

Remedios, orgullo de los Mártires.

Reina Auxiliadora, causa de nuestra Alegría.

Reina del Carmelo y

Reina de la Victoria, de nuestra ciudad Patrona.
LA ORACIÓN.
En torno a Nuestros Titulares, vivimos la experiencia personal y comunitaria de Dios, sustentada en la oración, alivio del alma y en los sacramentos, fundamentalmente en la Eucaristía, fuente de fuerza y energía imprescindible en nuestra vida cristiana.
“Estad alegres. Sed constantes en el orar” nos exhorta San Pablo y qué bien le hemos hecho caso los cofrades.
Oración simple y sencilla en nuestros rosarios, via crucis o misas semanales.

Oración suntuosa y fastuosa en triduos, quinarios, septenarios, novenas, besapiés y besamanos. Oración preparada con mimo, como a nosotros nos gusta, con doseles, toldillas y reposteros; flores, las justas; cera, mucha cera y que no falte la música y además, acólitos, turiferarios, pertiguero y nuestros niños de monaguillos e incienso, mucho incienso; pero con olor a vainilla y canela.

Oración con pompa y boato en la Función Principal de Instituto, donde hacemos pública profesión de fe, con corbata y traje nuevo y con la medalla en el pecho para proclamar todos a una que creemos:

En Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y la tierra.
En Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
En el Espíritu Santo.
En la Santa Iglesia Católica…
Y en María Santísima, Madre y Virgen, sin pecado concebida.
Pero es más, en las cofradías el “Ora et Labora” alcanza una sinonimia perfecta.
Ora el hermano mayor, en ese difícil trabajo que es coordinar a todos.

Oran tesoreros y contadores en esa espinosa tarea de distribuir el dinero para pagar lo que debemos, porque en las cofradías siempre se debe.

Oran secretarios entre acta y carta.

Oran los albaceas y mira que oran los albaceas. Y oran todos.

Ora el nazareno en el recogimiento de la salida penitencial.

Ora el hombre de trono, y lo sé, porque lo veo en los ojos de mi hijo Pablo cuando porta, no con el hombro sino con el alma, a la Virgen de las Penas.

Oran los hermanos músicos, jóvenes de los que nos sentimos tan orgullosos, jóvenes, ejemplo de generosidad, que han cambiado su diversión por servicio, un servicio espléndido a nuestra Semana Santa.
Y en nuestras cofradías, se ora y se ora, porque todo nuestro trabajo, todo nuestro esfuerzo, todo nuestro tiempo, tantas veces robado al descanso, están plenamente dedicados al Señor y a su bendita Madre, porque, absolutamente, todo el quehacer del cofrade tiene como único fin, la gloria y la alabanza del Señor.
Y he querido dejar para el final el más grato de los trabajos, la más grata de las oraciones. Hoy os voy a contar, lo hasta ahora nunca aquí narrado, un acto íntimo e intenso, “El vestir a la Virgen”. En nuestras cofradías no sólo se viste la Virgen, se peina, se perfuma, se adorna y se mima. Y en esos momentos maravillosos, en los que tus dedos se permiten rozar su cara, en los que tu mirada se encuentra con la suya frente a frente, entre alfiler y alfiler… letanía de suspiros e inquietudes de una hija con su Madre.
Madre mía, el examen de mi niño.

Madre mía, que no nos falte el trabajo.

Madre mía, la madre de mi amiga.

Madre mía, salud para mis padres…

Letanía interminable que se interrumpe a cada paso ¡Qué guapa está la Señora!...

Y cuando nuestra labor termina.

Y cuando creo que ya estamos Tú y yo solas.

Mi cabeza entre tus manos.

¡Qué refugio!

¡Qué tranquilidad!

¡Qué felicidad! Señora.
Y yo os puedo asegurar que no hay mayor privilegio, que no hay mayor honor ni gloria, ni en Málaga, ni en el mundo entero, que ser camarera. ¡Camarera de Nuestra Señora!
LA CARIDAD.
¡Qué orgullo ser cofrade!
“Dayénu”. Gracias, con la fe alimentada en la oración nos habría bastado, Señor, pero no.
El Señor ha encendido en nosotros la llama de la caridad, expresión de amor que es lo que caracteriza al creyente y a la Institución cristiana. “Si no tengo amor no soy nada” y el planteamiento es fácil y rotundo “Quien no ama al hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” y atreviéndome a desobedecer el precepto de que “no se entere tu mano izquierda de lo que hace tu mano derecha”. Y con la esperanza de que el Señor de la Puente me perdone este atrevimiento, quiero pregonar públicamente que nuestras cofradías no vuelven la espalda a la realidad del mundo. Somos voluntarios de las ONG más antiguas que se conocen. Ya nuestros antepasados fundaron y mantuvieron hospitales de pobres y viejos, enterraron a los indigentes, consolaron a los presos… tal como reza en la sede de nuestra Agrupación de Cofradías, “Hospital de la Caridad”.
Pero esta labor, que no se ha interrumpido nunca, ha adquirido en los últimos años un nuevo empuje. En todas nuestras Juntas de Gobierno, las vocalías de caridad coordinan a cofrades que se entregan al enfermo, al pobre, al marginado, al preso, al incapacitado, al emigrante… Cofrades que nadie ve, pero que saben que en los necesitados está nuestra mayor riqueza, porque “Más dicha hay en dar que en recibir”.
Hace algunos años Juan Pablo II nos instaba a trabajar por “una nueva imaginación de la caridad” y a esto de imaginación no hay quien nos gane: belenes, rastrillos, meriendas, almuerzos y cenas, rifas, veladillas y verbenas… Porque “obras son amores y no buenas razones”.
Hoy nuestra caridad se traduce en atención a los conventos: Capuchinas, Trinitarias, Mercedarias, Hermanas de la Cruz … y los nombres de nuestras Cofradías se funden con los de Bancosol, Cotolengo, la Traiña, Un día por Ellos, Cudeca, Hogar del Buen Samaritano, Pozos Dulces, San Juan de Dios … y Cáritas entre otros.
Hoy nuestra caridad rompe fronteras para llevar medicinas al tercer mundo, becar a jóvenes en sus estudios o construir colegios en las zonas más alejadas del Planeta: Orinoco, Sierra Leona y Manguzhy en la India.
Pero en este 2009, en el que la crisis afecta sobre todo a los más humildes, Cáritas ve aumentar hasta lo indecible las peticiones y los bancos de alimentos se ven desbordados, los cofrades debemos intensificar y redoblar nuestros esfuerzos, como ya lo estamos haciendo, pues, como cristianos muy bien sabemos que el amor hacia el hermano y especialmente al necesitado no debe, ni puede tener límites.
Tal vez sea ahora, en este 2009, el momento “de ejercer la caridad hasta que nos duela”.
LA FORMACIÓN Y EL TESTIMONIO.
¡Qué orgullo ser cofrade!
“Dayénu”. Gracias, con la fe, la oración y la caridad nos habría bastado, Señor, pero no.
El Señor nos brinda en este Siglo XXI a los cofrades malagueños un nuevo reto.

En estos tiempos, en los que la sociedad se ha permitido el lujo de alejarse de Dios.

En estos tiempos de relativismo y laicismo, en los que cada uno pone los límites entre el bien y el mal, en los que se niegan nuestros valores y se intenta marginar la religión.

En estos tiempos caprichosos y muchas veces frenéticos, que “quieren saber poco de exigencia, coherencia y responsabilidad”.

En estos tiempos… es el tiempo de los cofrades.

A nuevos tiempos, nuevos retos.
Es el momento de fortalecer nuestra fe, de “asentarla en roca firme”, es el momento de la formación en nuestras cofradías.
Formación, que nos va a permitir crecer en el encuentro personal con el Señor, pero también dar respuestas contundentes a los retos personales y colectivos, que van a poner a prueba nuestra fe.
Cofrades, leamos. Leamos los textos íntegros de nuestros pastores. No nos conformemos con las visiones sesgadas y muchas veces mal intencionadas, que los convierten en blanco directo de tantos y tantos ataques.
Cofrades, estudiemos. Nuestros niños en las catequesis de la parroquia, pero también en las clases de religión. Y si el horario no es fácil y apenas tienen tiempo de almorzar, como le ha ocurrido a mis propios hijos, no importa, enseñémosles que el ser cristiano no es fácil, que el testimonio es lo primero, y … bocata y a clase de religión.
Cofrades, estudiemos. Estudiemos las Sagradas Escrituras, Cristología y Mariología, pero también Ética, Moral, Doctrina Social de la Iglesia, y lo que haga falta, para que en estos tiempos en los que se duda de Dios, se disfraza la Navidad, en estos tiempos, en los que se nos parte el alma cuando dicen que molestan nuestros crucifijos. No nos tiemble la voz, para hablar de Dios y anunciarlo con fuerza.

No nos tiemble la voz, para defender la familia, la nuestra. El bien común, la dignidad de la persona y la solidaridad.
No nos tiemble la voz, para proclamar que la vida es sólo de Dios y que lo nuestro no es ni el aborto ni la eutanasia.
Cofrades, nuevos tiempos, nuevos retos y estoy convencida, porque conozco profundamente nuestras hermandades, que si nos lo proponemos, pronto seremos no sólo cristianos cofrades sino Doctores de la Iglesia.
Cofrades, nosotros somos cultura, tradición, arte y patrimonio, pero por encima de todo, religiosidad popular, Iglesia, Iglesia comprometida, valiente y actual.


LAS VÍSPERAS.
Y una vez al año con los deberes hechos, muy bien hechos, salimos a la calle, a nuestra ciudad, a Málaga, sintonía perfecta entre una ciudad y sus cofradías.
“Málaga, la muy noble, muy leal, muy hospitalaria y la primera en el peligro de la libertad”, bajo el patronazgo de Ciriaco y Paula.
Málaga, abierta y cosmopolita, generosa y acogedora.

Ciudad vieja, crisol de razas, cruce de civilizaciones y aposento de culturas.

Ciudad que enamora, ciudad privilegiada, llena de duende y embrujo.

Málaga, “Ciudad del Paraíso” que es el Paraíso mismo.

Y Málaga, cada primavera se prepara para convertirse en un inmenso templo “Casa de Dios y Puerta del Cielo”.
Málaga se prepara y un bullebulle ronda nuestras calles y plazas, ya comienzan a montarse sillas y tribunas, empezamos a ver capirotes y bolsas con túnicas, las primeras crucetas, los primeros itinerarios en las tiendas, los programas de Semana Santa se multiplican en radios y televisiones, los periódicos promueven sus coleccionables, los carteles empapelan escaparates, se instalan quiosquillos con tambores y cornetas de juguete y en las pastelerías torrijas y nazarenos de caramelo.
Málaga se prepara mientras la luna completa su círculo, el azahar explosiona y “el aire se serena y viste de hermosura y luz no usada”.
Y mientras tanto en nuestras Casas Hermandades, ajetreo y trajín sin límite.
Se limpia con empeño la plata en nuestras albacerías, que hay que montar el altar de insignias: Ciriales, faroles, mazas, bocinas, estandartes, bastones y pértiga, pero ¡que reluzca!, ¡que reluzca bien la plata!
Plancha y almidón para las vestimentas de nuestros monaguillos y acólitos.
Las túnicas ya dispuestas, los instrumentos musicales afinados.
Entusiasmo en los hombres de trono, que acuden un año más a la cita ineludible para tallarse. Compromiso de los hermanos nazarenos, que vienen a recoger sus papeletas de sitio.
Y el bar, abierto; abierto para la bolsa de caridad.
Ajetreo y trajín sin límite.
Se ajusta el cajillo, se acomodan los arbotantes, se asientan las tulipas y las ánforas, se fijan las barras y el techo del palio, se colocan el pollero, el alzacola y las bambalinas ¡que se aprieten bien las macollas!
Cera en nuestras candelerías en simetría perfecta. Flores que se convierten en alfombras de claveles rojos y morados lirios. Gadiolos, rosas, nardos y azucenas ocupan el lugar exacto.
Varales, quitacimbras y la campana.
Son los tronos de Málaga, arcas de oro y plata nacidos para portar a Jesús y a su bendita Madre.
Y para Ella,

el mejor encaje, tisú o blonda,

el mejor terciopelo o damasco,

la mejor saya,

el mejor palio y el mejor manto.

El oro para Ella,

la plata para Ella,

la perla, la esmeralda, el brillante y el marfil .

¡Que Ella es nuestra Reina y va a pasear por Málaga!
LA EVANGELIZACIÓN.
Y una vez al año nos lanzamos a la calle con la confianza exigente que nos da nuestra fe, “Pobre de mí si no anunciara el evangelio”. Los cofrades no nos reservamos a Cristo para nosotros solos “Sentimos la exigencia de llevarlo a los demás”, pero utilizando nuestro propio discurso estético y simbólico, discurso plástico de sonidos, colores y olores elaborado a lo largo de los siglos.
Nos lanzamos a la calle para evangelizar, pero para evangelizar disfrutando, que es como sabemos hacerlo los cofrades, para mostrar con nuestras Sagradas Imágenes a un Dios cercano que camina por Málaga y a su bendita Madre, que nunca lo deja solo y que siempre lo acompaña.
Ya está la cofradía preparada.
Ya espera tras la puerta el nazareno que abraza la cruz guía, el pavero que guía a nuestros niños, las insignias refulgentes portadas con cariño y devoción, los nazarenos de cera que en su recogimiento son ejemplo de fervor.

Ya están los hombres en sus varales, dispuestos a cumplir con su esfuerzo la más bella de las misiones.

Monaguillos y acólitos junto a los tronos y detrás el “aguaó”, el alzacable y el niño de la caña.

Ya desde dentro se escucha cada vez más intensamente el runrún del pueblo, fiel cumplidor de su cita, mezclado con las notas sueltas de los instrumentos de los músicos.
Ya está la cofradía preparada.

DE PUERTAS HACIA FUERA.
¡Portones! Alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas que va a entrar en Málaga, el Rey de la gloria”.
Domingo de Ramos. ¡Qué inmensa alegría sentimos los cofrades! Y a primeras horas de la mañana a la calle, que ya está el manto sobre el Pollino y Nuestro Padre Jesús, ha montado en él, y desde calle Parras, se dirige a la Alameda en su trono dorado, al que no le falta ni los dátiles de la palmera. Va rodeado de los suyos, hombres y mujeres, jóvenes y una multitud de ilusionados niños, que portando palmas quieren aclamarlo “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mt. 21,9).
Su Madre del Amparo mira la escena llena de felicidad, al ver triunfante a su Hijo en su tierra. No tiene prisa y a paso pollinico va disfrutando. ¡Qué bonita estás Madre mía, cuando el sol atraviesa tu palio de malla para resaltar esa bendita sonrisa!

Pero la mañana del Domingo de Ramos, esa maravillosa mañana de bulla infantil, de júbilo y gozo, cuando los padres llevan hasta los más pequeños de la casa para enseñarle desde sus hombros la Semana Santa, no termina todavía, gracias a la tenacidad de un grupo de hermanos, que durante mucho tiempo, han preparado y atesorado con ahínco el ajuar de la Señora. Y hace unos años, cuando por primera vez, Ella efectuó el recorrido oficial, nos quedamos con la boca abierta ¡Qué completa y qué guapa se pasea por Málaga la Virgen de Lágrimas y Favores! Mucho amor y mucho amor en esos hermanos fusionados.

Iniciamos ya el recorrido por la Pasión según Málaga. Nuestros desfiles procesionales son una sucesión de escenas, jazmines que componen una espléndida biznaga, que se ha formado con el amor, la fe y la devoción del pueblo malagueño, siglos tras siglos.

ÚLTIMA CENA.
Se abren las puertas del cenáculo, nazarenos con túnicas rojas nos anuncian el color sacramental, y el colosal altar avanza majestuoso. Jesús quiere compartir con sus doce apóstoles y Málaga entera “el don por excelencia”. Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en memoria mía. Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros” (Lc. 22,19-21). Eucaristía, explosión de amor de Dios por los hombres. Memoria y Memorial. Recuerdo y Actualización.
Y en el cenáculo Ella, María Santísima de la Paz, que le sigue sorprendida y deja escapar las primeras lágrimas. Nosotros maravillados por la preciosa Señora, que pasea en su gran galeón, sembrado de alegres flores, con el paso firme y seguro de sus portadores, caballeros de la Paz, nos atrevemos a suplicar:

Madre mía, ayúdanos a “construir la paz” en nuestras familias y en nuestras cofradías.

Te suplicamos que se alcance la paz en Irak, en Afganistán, en el Congo, en la Tierra del Señor y en todos los pueblos de la tierra.

Madre mía, te pedimos la paz para todos los hombres de buena voluntad.

ORACIÓN EN EL HUERTO.
El huerto de Getsemaní se siembra en un precioso trono de plata. El viejo olivo de Olías cobija al Señor arrodillado, que deja entrever entre sus tirabuzones, sudores de sangre que surcan su frente. Manos abiertas e implorantes: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22,42).

¡Qué maravillosa lección nos enseña esta hermandad! Oración y poner la voluntad del Padre sobre la nuestra.

Olivo en el manto de la Madre, olivo que acogen sus finos dedos. Nuestra Señora de la Concepción,
Bendita sea tu pureza,

eternamente lo sea

pues todo Dios se recrea

en tan graciosa belleza.
A ti Virgen Inmaculada, pura y limpia concebida, te aclama en incesante alabanza la corte celestial entera.

A ti Virgen purísima, te adoran hasta los ángeles de tu trono, te veneran los arcángeles, te piden amor los serafines y su luz a tu luz los querubines, porque Tú, Señora de la Concepción, fuiste la elegida, porque así lo quiso Dios.

PRENDIMIENTO Y PROCESO A JESÚS.
El traidor les había dado esta señal: A quien besare yo, ése es…Al instante llegó y se le acercó, diciendo: Rabí y le besó. Ellos le echaron mano y se apoderaron de Él. Pero uno de los presentes, sacando la espada, hirió a un siervo del pontífice” (Mc. 14, 44-48).
Estamos en el barrio de Capuchinos. Barrio prendido por su cofradía, que pretende silenciar el beso traidor con flores y constantes piropos. Cofradía enamorada de su barrio que ofrece lo que mejor se puede ofrecer, formación y trabajo en su taller ocupacional.
Ante la traición de su Hijo, la Madre perdona, ante la peor de las traiciones, la de un amigo, no basta el Perdón, tiene que ser el Gran Perdón, de esta bendita Madre, que no puede disimular su profunda tristeza.
Y cada Domingo de Ramos me tengo que refugiar en un portal, porque la bulla me arrasa. Capas de damasco azul, mantillas, altísimo trono de plata, acordes por malagueñas, campanillas. Ya toma la empinada cuesta. Y todo, todo el barrio en torno a Ella. ¡La Virgen del Gran Perdón está subiendo Dos Aceras!

Judas se lleva las manos a la cabeza, el Señor del Rescate es arrestado en la Victoria por dos sayones y dos romanos, mientras Pedro, Santiago y Juan se sobresaltan. Sinfonía de colores, negro, amarillo, rojo, gris y morado te acompañan en esas espléndidas filas de nazarenos y la capilla de calle Agua, faro de fe de tu barrio, donde tantas veces te saludo cuando paso, llora.
Y de los ojos perdidos en el infinito de una Madre, se derraman incontenibles lágrimas.
No llores, María, llena eres de Gracia,

de inigualable belleza,

de sin par armonía,

refugio de nuestras penas,

auxilio de nuestras vidas,

orgullo de tus cofrades,

bien y gozo, luz y guía.

No llores, María, llena eres de Gracia,

el Señor del Rescate está contigo.

Bendita Tú,

en el cielo, ensalzada,

en la tierra, amada y venerada.

Bendita Tú, ahora y siempre,

Virgen de Gracia.

Ya cruza La Puente del Cedrón.
Esta camarera, que intenta cumplir siempre con sus funciones, no puede hacer algo, que Tú bien sabes…
¡No puedo atar tus manos, Señor!

Manos, que en Caná convirtieron el agua en vino.

Manos, que hicieron ver a los ciegos y oír a los sordos.

Manos, que partieron el pan en la Eucaristía.

Manos, que fueron taladradas en el madero.

Manos, que enseñaste a Tomás.

Manos, con las que nos bendices cada día.

¿Y quieren que ate tus manos, Señor?

No puedo, ni quiero.
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