A fernando, mi marido, por su comprensión, ayuda y cariño






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Señor de la Puente, cómo hablar de Ti, cuando soy yo la que desde niña estoy acostumbrada a escucharte en silencio.
Mi Señor de la Puente, inicio de mis días y término de mis noches. Todo lo que soy y todo lo que tengo te lo debo, Señor.
Y cada Miércoles Santo, el Señor de la Puente, majestuoso y humilde, impresionante y cercano, cruza el Torrente Cedrón, que separa la Plaza de San Francisco de la Puerta Dorada de la Ciudad de Málaga.
Pero no vas solo, Señor, vas rodeado de tus cofrades. Treinta y tres años te acompañé con túnica nazarena, mi relevo, mi hijo Fernando, nazareno de vocación y amor, siempre junto a su padre.
Tus cofrades caminamos junto a Ti, mientras nos vas hablando con tu dulce mirada, con la ternura de tu semblante, con el vaivén de tu maravillosa túnica.
Caminamos junto a Ti… porque “Tú eres nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida”.
Siempre junto a Ti, tu Madre, la Virgen de la Paloma.
¡Qué hermosa eres Paloma!
Madre de grandes ojos verdes, sonrojadas mejillas, humedecidas por el tímido llanto, leve y dulce sonrisa.
Madre de la Paloma, juvenil reina del cielo, bañada por la gracia del Espíritu Santo.
¡Qué hermosa eres Paloma!

la más cultivada perla,

de las estrellas, fulgor,

de la tormenta, bonanza,

de la brisa, su rumor,

de la mar, la misma espuma,

del mismo sol, resplandor.

¡Qué hermosa eres Paloma,

Madre de mi Señor!
Y Málaga entera aguarda ansiosa cuando se acerca la Paloma.
Ya suenan los rosarios de plata, que rozan las macollas y golpean tu palio, ya suena la más malagueña de todas las marchas, ya sube el incienso siseante para admirarte, ya la candelería ante la luz de tu rostro derrama susurrante la cera.
¡Malagueños, alegraos!

¡Que la Paloma ya está en calle Larios!

Trae el mar en sus pupilas,

trae la gracia en su mano,

es como la flor de mayo

que brota con alegría,

es como claro manantial

que nos da la misma vida

¡Malagueños, alegraos!

¡Que la Paloma ya está en calle Larios!

¡Y de su belleza, Málaga entera se ha enamorado!

Y lo llevaron a Casa de Caifás. Pedro estaba sentado fuera… ¡Yo no conozco a ese hombre!...y se acordó, antes que cante el gallo, me negarás tres veces…Lloró amargamente” (Mt. 26,69 s.s.).
La cofradía del Dulce Nombre vino a enriquecer nuestra Semana Santa con la incorporación de este pasaje. Enorme esfuerzo, el de estos hermanos seguidores de San Francisco, que toman la humildad y el respeto como sus principales valores.
¡Qué solo estás Señor cuando la amistad ves flaquear! Todos pueden fallar, pero nunca la Madre. Y el año pasado, bajo palio de malla y con manto verde mar malacitano, acompañó por primera vez a su Hijo por nuestras calles.
¡Qué dulce, Madre es tu nombre

y qué bello tu semblante!

Por eso nadie se asombre

de que sólo se te cante,

con nombrarte ¡Dulce Nombre!

Le llevaron a Pilato y enterado de que era de la jurisdicción de Herodes, le envió a éste… (quien) le despreció y por burla le vistió una vestidura blanca”(Lc. 23,8 s.s.).
Con la mirada baja, hombro descubierto y las manos atadas en la espalda, el Señor de la Humillación se nos muestra en su trono de caoba y plata, el más antiguo de nuestra Semana Santa ¡Cuánto tenemos que aprender de Ti los cofrades! “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.
Y un pellizco se me coge cuando contemplo la tristeza infinita de la Virgen de la Estrella, cuando contemplo tu cara de nardo y rosa, donde titilan frías lágrimas.

Estrella sublime de la mañana, resplandor del mediodía, y de las noches también. Estrella en el azul intenso de nuestro cielo. Ilumínanos y guíanos hacia Él.

De vuelta de Herodes…

Tomó entonces Pilato a Jesús y mandó azotarle”(Jn. 19,1).
Atado a una columna de nácar y carey dos fieros sayones descargan sobre tu inocente cuerpo un diluvio de golpes. Señor de Azotes y Columna, ni siquiera el dolor puede ensombrecer la dulzura de tu rostro.

Y atado a la Columna sigue el Señor, con cadenas de boquerones, mientras cuatro angelillos lloran desconsolados. Señorío, en el Señor de Señores, de rostro perfecto, planta gallarda, piel de bronce y “agarraitas las manos”.
Variedad y peculiaridad en esta cofradía, donde los nazarenos sustituyen sus capirotes por faraonas y ceñidas coronas de espinas, y sus túnicas se engalanan con encajes. Donde la oración se convierte en un maremágnum de cantes, bailes y piropos.
Variedad y ejemplaridad en una cofradía, que ha levantado y ampliado su casa hermandad con sus propias manos.
Orgullo en la guapísima Virgen de la O, que es mecida en su palio al son de cientos de cordones y borlones.
¡Qué sería sin Ti, Virgen de la O!

Sin tus ojos negros azabache,

sin el coral de tus labios,

sin tu sonrisa hecha pena,

sin tu morena carita.

¡Sin tu espectacular belleza!

Los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza” (Jn. 19,2).
Cristo sentado, en un dorado trono de carrete, corona de espinas, caña por cetro y clámide roja, camina lenta y sosegadamente al son del “Gaudeamus igitur”.
Cristo de los Estudiantes, profesor de serena y dulce mirada, compañero entristecido, cuida y protege a mis alumnos y aléjalos de tantos males y danos fuerza, a quienes nos dedicamos hoy a esta difícil tarea, que es enseñar.
Y María de Gracia y Esperanza, casi deja entrever una sonrisa, al verse confortada por tantos jóvenes, que forman sus filas nazarenas. Cantidad y calidad, y lo sé porque conozco, a quien desde hace años es fiel a la cita y la medalla de su cofradía ocupa su pecho en todos los momentos difíciles.
¡Jóvenes de Estudiantes!, ¡jóvenes de mis cofradías!, ¡jóvenes cofrades malagueños! Vosotros que limpiáis los enseres, que repartís y recogéis túnicas, que ponéis las flores y montáis nuestros cultos.
Vosotros que salís a la calle a cara descubierta, representando a nuestras hermandades, que vestís comprometidamente la túnica nazarena, que portáis con vuestros hombros o acompañáis con instrumentos musicales a nuestros Sagrados Titulares.
Vosotros, jóvenes, que sabéis que ser cofrade es una verdadera vivencia cristiana, una forma distinta de servir y ver las cosas.
Vosotros, los jóvenes, no sois el futuro, sois el auténtico presente cofrade.

Cada Lunes Santo, una inmensa espuma de capirotes blancos anuncia que ya entras en Málaga, Cautivo.
Imponente y sencillo, mirada recogida y profunda. Túnica blanca, pesados cíngulos y escapulario trinitario en el pecho.
¡Ya vienes andando, Cautivo!

“Caoba, plata y clavel.

Dos faroles alumbrando.

Málaga se divide en dos,

una que le está rezando

y otra que marcha tras Él”.
Y es el delirio, es frenesí, la calle desaparece y se convierte en un mar de devoción. No hay ni un hueco en las aceras y la emoción se desborda a cada paso en un clamor que sale de lo más profundo del alma ¡Viva el Cautivo!
21 de Octubre de 2000, la Virgen de la Trinidad Coronada me hizo su prisionera. Me capturaron tus ojos negros, el fruncido de tus cejas, el suspiro de tus labios, tu primorosa belleza.
Virgen de la Trinidad, profunda advocación mariana originaria de Málaga. “En Ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo y el Espíritu Santo cubriéndote con su sombra, te ha hecho Madre de Dios”.
¡Dios te salve!, Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo. Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad.

Salió, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilato le dijo: Ahí tenéis al hombre” (Jn. 19,5).
Una cruz guía abrazada por angelitos nos anuncia que el Señor de la Humildad está en el Compás. Gesto cabizbajo, dolorida espalda, rota en surcos de sangre, Señor de la Humildad, cómo te quedan fuerzas para insistirnos “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.
Pero ni el dolor ensombrece la hermosura refinada de Nuestra Señora de la Merced. Merced, Tú si que eres regalo, premio y recompensa del cielo para la Málaga cofrade cada Domingo de Ramos.

Pilato se sentó, en el sitio llamado litóstrotos, en hebreo “gabbata”,…Dijo a los judíos: Ahí tenéis a vuestro rey. Pero ellos gritaron ¡Crucifícale!...Entonces se lo entregó para que lo crucificasen” (Jn. 19,13 s.s.).
Locura y sinrazón, el Señor gallardo, valiente y guapo escucha apacible la sentencia y el cobarde de Pilato sentado se lava las manos.

Locura y sinrazón, el Redentor juzgado por Redentor, Dios por los hombres condenado, no hay clemencia para quien es Sol de Justicia.
Y la Madre, se agarra donde nos agarramos las madres cuando nuestros hijos necesitan ayuda, al Rosario, el más eficaz instrumento de piedad popular. Misterios Dolorosos, oración en Getsemaní, Azotes y Columna, Coronación de Espinas…Y ni siquiera la belleza de tu saya, ni el resplandor de la candelería, ni el suave aroma de las rosas pueden mitigar el dolor de tu presentimiento…la marcha hasta el Calvario y la muerte en el madero.

JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS.
Jesús, llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario” (Jn. 19,17).
Una enorme cruz cae sobre los hombros de Jesús del Perdón, que inicia resignado, sereno el camino distante que separa Nueva Málaga del Gólgota y la Virgen, al ver a su hijo en la calle de la Amargura, susurra “Decidme llena de hieles aunque soy vida y dulzura” y su barrio, el barrio de Nueva Málaga corre presto a consolarla.
Barrios, barrios de Málaga donde se vive la dimensión humana de Cristo. Barrios benditos fundidos con sus cofradías, que no dejan de nacer aún en las zonas más alejadas. Y así lo pude comprobar cuando el día de la Esperanza los niños rodeaban a la elegante Señora, le cantaban villancicos y a sus pies depositaban sus ofrendas para compartir con los necesitados.
Nueva Esperanza, sois ejemplo de constancia, esfuerzo e ilusión, Málaga lo reconoce y lo agradece. Os admira y os ovaciona.

Sobre la intensa y brillante luz de la zarza de sus arbotantes, camina el Rico Nazareno, al caer la tarde junto a la alcazaba. Y la mismísima luna se asoma para contemplar una de las más bellas estampas de nuestra Semana Santa. El peso de la tradición se palpa. Imagen clásica, tirabuzones, encajes en la bocamanga, dos angelitos sostienen el cíngulo…Potestad, autoridad y grandeza en el Nazareno, Rico en Libertad.
Preciosa y orgullosa está María del que injustamente preso, deja su cruz un instante para perdonar.
¡Bonita!, Virgen del Amor, rosa temprana, haz que reine el Amor sobre el mar malacitano, haz que el amor crezca en nuestras familias, con nuestro prójimo y también entre nosotros, los cofrades. Señora, ¡Que no nos falte nunca!

Y en el barrio del Perchel, el barrio donde nací, donde está la Cofradía de mi familia, la que ocupa plenamente el corazón de mi hermano José María, Nuestro Padre Jesús de la Misericordia cae agotado por el peso de la Cruz.
Misericordia, mi Dios, para los que sufren y los que tienen tristezas.

Misericordia, Señor, para los enfermos y los que están agobiados.

Misericordia, Dios mío, para los que cada día se agarran a los barrotes de tu capilla, para los que te llevan flores, para los que te acompañan cada Jueves Santo.
“Y cantaré eternamente la Misericordia del Señor”. Omnipresente dulzura que enamora, bondad infinita, sostén de un barrio que se arremolina en torno a Ti para encontrar ayuda y consuelo…Señor de la Misericordia, ¡que no te digan Chiquito, que eres muy Grande Señor!
Y en el Perchel, Ella, la Virgen del Gran Poder.
De plata tu palio y manto,

encaje y toca de plata,

de tu candelería, la plata,

plata en tus altos arbotantes

y en el labrado trono.
Pero todo queda ensombrecido. Sólo brillas Tú, Virgen del Gran Poder, espejo cristalino, eterno día, burla del sol, envidia de la luna.
Virgen del Gran Poder, Señorita Perchelera.

Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevase en pos de Jesús” (Lc. 23,26).
Y con potente zancada cada Lunes Santo, el Señor de Pasión se dirige a la Santa Iglesia Catedral.
Nazareno dolorido que nos habla con la miel de tu mirada, pues tus labios llagados te lo impiden.
¿Cómo Tú vencedor, vas tan vencido?

¿Cómo ayudar a caminar a quien es camino?
Permítenos ser tu Cirineo, enséñanos a llevar nuestra propia cruz, y haz que nunca rehuyamos la cruz del hermano.
Sumisa y sollozante, con la mirada perdida, y sus manitas recogidas, orantes, llega la más suave rosa, la más tierna azucena, el más dulce jazmín, delicada Señora, Madre del Amor Doloroso, tu dolor es todo amor por tu Jesús malherido.

Una mujer sale al encuentro de Jesús y limpia su rostro y otras se daban golpes y lanzaban lamentos por Él. Jesús les dijo “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos” (Lc. 23,27-28).
Maravillosa plasticidad en el cuidadísimo conjunto, que nos presenta la Cofradía de la Salutación, al que sólo le falta hablar. Jesús extiende su mano hacia la Verónica, profunda tristeza en los rostros de las mujeres, impertérrito romano guardián y un pequeño dormido en los brazos de su madre, sostiene una manzana y endulza la escena.
Emoción y oración en las Carmelitas Descalzas al ver tras la celosía al Nazareno del que fueron madrinas.
Recogimiento y oración “Tu rostro, Señor, es lo que busco, no me ocultes tu rostro”, cuando la cruz acaricia la clave del arco de San Felipe, donde espera impaciente Nuestra Señora del Patrocinio.

Tres cruces abren la Procesión.
En un espléndido trono dorado, que refleja la fachada del Palacio Episcopal y entre tupidos arbotantes Jesús Nazareno de los Pasos, fatigado, con expresión serena y penetrante mirada, gimiendo y suspirando, vuelve a caer.
“Señor, que tus pasos,

de luz y de amor,

iluminen mis senderos al andar,

para que siempre mis pasos,

sean pasos limpios, seguros, claros,

iguales a los tuyos

en el Monte Calvario”.
Plata, malla de oro y crestería para cubrir a la Señora de blanco, zarcillos largos y halo de estrellas.
Virgen del Rocío, luz de cal,
blanca azucena,
nevada de azahares,
lirio de primavera.

Virgen del Rocío, mocita victoriana,
mujer malagueña.

Virgen del Rocío, novia blanca y radiante,
amor de tu barrio
y de Málaga entera, que sueña verte pronto Coronada como lo que eres, una Reina.

Y el Nazareno, recogido en su dolor, curvada la espalda y con paso incierto, apenas su pie derecho puede rozar el suelo, prosigue el duro camino.
Dos querubines escondidos bajo la cruz intentan ayudarte junto a los hombres de tu trono, tal como lo hizo mi padre hace años cuando te portaban bodegueros y paseros.
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