La educación intercultural: la diferencia como valor




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fecha de publicación09.02.2018
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     Según la O.M.S., existe en el mundo medio billón de personas con handicap, de los cuales el 80% vive en países en vías de desarrollo: es decir, una persona de cada diez sufre algún tipo de dificultad física, mental o sensorial, comprometiendo (indirectamente) al menos a una cuarta parte de la población mundial. En los países de la CEE los ciudadanos con handicap superan los treinta millones. En España se estima que los personas con handicap representan cerca del 10 o 12% de la población; de ellos, dos o tres millones no son autónomos.  
     La ideología postmoderna está transformando de forma acelerada valores y actitudes aparentemente bien asentados en las sociedades modernas de Occidente. El hecho de que estos valores, ideas y actitudes aparezcan en la vida cotidiana de las escuelas debe alertarnos a todos los enseñantes para no caer en las redes consumistas de esta cultura de "cartón piedra".  
     El propósito fundamental de los movimientos educativos críticos -y la cultura de la diversidad lo es- es el de desarrollar teorías y prácticas de izquierdas que contribuyan a la emancipación social. Esta compleja tarea requiere la cooperación de todas-os aquellas-os que NO nos sentimos identificados con el tipo de sociedad y de educación en la que nos encontramos inmersos. El camino se hace al andar, como nos decía el bueno de nuestro Antonio Machado, pero éste está plagado de incertidumbres y de dificultades, pero los profesionales comprometidos no podemos renunciar a nuestro compromiso de cambio profundo; pero ello exige un trabajo cooperativo entre todas y entre todos.  
     Lo que intento decir es que en este Proyecto de sociedad y de hombre distinto para el siglo XXI, cada una y cada uno de los que nos encontramos en este salón, como profesionales de la enseñanza y otros como responsables políticos, tenemos que ir construyendo la escuela del siglo XXI (que es como decir la sociedad del siglo XXI).Una escuela que enseñe a pensar y a descubrir la cultura (las culturas). Una escuela que haga mujeres y hombres pensantes y sensibles a la diversidad y no meros intendentes. Una escuela que haga hombres y mujeres demócratas y libres.  
     Probablemente haya varias maneras de tomarle el pulso a una sociedad, pero una de ellas, desde un punto de vista cultural, viene determinado por la madurez ética de esa sociedad ejemplificada en el lugar que ocupen las minorías en la vida social. Probablemente, asimismo, haya varias maneras de tomarle el pulso a la escuela pero seguro que desde un punto de vista cultural, viene determinado, asimismo, por el nivel ético de dicha escuela focalizado en las condiciones de salud, de educación, de medios y recursos, de indicadores de calidad de vida de todas los ciudadanos, dando más a los que menos tienen.  
  

1. Entrando en Escena: la Educacion Intercultural o la Diferencia como Valor

  

     En una sociedad multicontextual y multicultural como la descrita, la dimensión educativa debe responder no sólo a compartir nuevos modelos de sociabilidad, de percepción de sí en relación al otro, sino además aspirar a la asunción de nuevos estilos cognitivos basados en la relatividad de los puntos de vista y sobre su posible descentramiento. La educación intercultural, la educación para la mundialidad, no puede prescindir de una ética de la responsabilidad individual y colectiva.  
     Es comúnmente admitido que existe una estrecha relación entre la sociedad y la escuela, ya que la clase dominante controla y organiza su propia estructura, reorganizando al propio sistema educativo en beneficio propio. Quienes controlan el conocimiento y la información son los que deciden quiénes forman la clase dominante; pero, en cierta medida y si la escuela es consciente de ello, puede ser un agente de control en la sociedad actual estableciendo mejores modelos educativos en aquellos contextos escolares que económica y socialmente son más bajos. Aquí esta el poder de los enseñantes, incluso de los profesores de la universidad. En el caso concreto de nuestra Facultad de Ciencias de la Educación tendríamos que preguntarnos: ¿ es ésta una Facultad de Ciencias de la Educación que educa para ese cambio a toda ella incluyendo a su profesorado o que merece ser educada?.  
     En relación al pensamiento anterior cabe preguntarse si la facultad de ciencias de la educación ( y más tarde la escuela) acepta o se somete a la clase dominante de la sociedad o, por el contrario, es aquella la que va marcando el camino a la propia sociedad "educándola?. La escuela, cualquier escuela incluyendo a la Facultad de Ciencias de la Educación, tiene que estar en una relación de interdependencia con el entorno, hasta tal punto que no sólo ha de reflejar la cultura de la comunidad, sino que hay que transformarla.  
     Ser mujer, ser gays o lesbiana, ser gitana, ser síndrome de Down, padecer una enfermedad contagiosa, ser negra, ser paralítico o ser sencillamente uno más entre todos es un valor. La naturaleza es diversa y no hay cosa más genuina en el ser humano que la diversidad. La diversidad hace referencia a que cada uno de nosotros es un ser original e irrepetible. En una sociedad hay grupos diferentes, hay personas diferentes, hay motivaciones, pensamientos y puntos de vista diferentes,...etc. La naturaleza y el ser humano es así de hermoso. No hay dos amapolas iguales.  
     En esta visión de la diversidad, la educación intercultural debe ser considerada como instrumento para reducir las desigualdades que se manifiesten en la sociedad. La perspectiva intercultural supone una reconceptualización del valor de la diferencia hacia los principios de igualdad, justicia y libertad y todo ello para establecer un compromiso permanente con las culturas minoritarias. Lo realmente importante no radica en desarrollar el principio de igualdad, sino el principio de libertad. O sea, no sólo hay que reconocer unos derechos, sino que las culturas minoritarias tienen que tener la libertad para desarrollarlos. No hablamos en términos de caridad sino de derechos. Todo ello nos debe dar pie a reflexiones más profundas, al menos yo me las hago, al considerar la cultura de la diversidad como proceso de cambio de roles y funciones de los componentes que constituyen la sociedad a finales del siglo XX.  
     El pensamiento de la educación intercultural supera los prejuicios y contempla a la diversidad como un valor sobre los análisis ideológicos y socioeconómicos que deben modular las relaciones entre las culturas que acuden a la escuela. Este mensaje requiere que si la escuela está decidida a dar una respuesta a todas las niñas y a todos los niños que acuden a ella, no lo puede hacer desde concepciones ni desde prejuicios patológicos y perversos sobre la diversidad, sino desde la consideración, como digo, de que ser diverso es un elemento de valor y un referente positivo para cambiar la escuela, el pensamiento del profesorado, la cultura escolar...  
     Lo que pretendo decir cuando hablo de la educación intercultural es que tenemos que ir creando una cultura escolar que permita atender al alumnado respetando sus diferencias, de tal manera que el pensamiento pedagógico del profesorado cambie y vean a las personas diferentes como ocasiones para mejorar su práctica profesional.  
     Queridas compañeras y queridos compañeros la cultura de la diversidad no consiste en buscar el mejor modelo educativo individual para las personas diferentes, sino que toda la cultura escolar se ha de preñar de diversidad. ¿Por qué es tan difícil aceptar esto?.  
     El aceptar este principio abre el camino al conocimiento, a la comprensión y al respeto del otro para que a través de ese otro yo aprenda en primer lugar a ser profesor pero sobretodo a ser persona. Es aceptar que yo como profesora o como profesor soy diferente y que cada uno de mis alumnos, son, asimismo, diferentes. Aceptar esto significa que la escuela se convierte en una comunidad de aprendizaje permanente, ya que el propio profesorado se considera a la vez un alumno que está aprendiendo a resolver problemas y con ese cambio actitudinal del profesorado producirá mejor aprendizaje a sus propio alumnado. En este proceso de cambio permanente que requiere la cultura de la diversidad el proceso de enseñanza y aprendizaje es simultáneo, por lo tanto podemos decir que sólo hay un proceso de "aprender a aprender" unos de otros y no es necesario hablar de enseñanza como un suceso, sino que es un proceso permanente de aprendizaje mutuo y autónomo (Autoaprendizaje). La escuela de la diversidad se centra, principalmente, en saber aprender estrategias para la resolución de problemas de la vida cotidiana de manera cooperativa y solidaria y esta comunidad de aprendizaje que es la escuela de la diversidad son oportunidades para aprender y sobretodo para mejorar el propio aprendizaje. Esta es el sentido que yo le doy a la escuela pública. Cuando hablo de escuela pública no me refiero a la escuela estatal, sino a ese modelo de escuela sin exclusiones.  
     La escuela de la diversidad exige este otro modo de organización donde el profesorado y el alumnado emprenden la noble tarea de aprender conjuntamente a resolver problemas de la vida cotidiana. Cuando hablo de la escuela como organización social lo digo pensando que la escuela es mucho más que un edificio, un mobiliario y un curriculum; es sobretodo, relaciones e interacciones entre personas y el proceso de aprendizaje viene determinado por la calidad de las relaciones que se establecen y se desarrollan en esa comunidad de aprendizaje.  
     Entonces, si esto es así, ¿por qué es tan difícil organizar la escuela como un grupo de personas que colaboran aprendiendo estrategias para resolver problemas de la vida cotidiana?.  
     A mi juicio el problema grave radica en que hay una retórica educativa (curriculum, objetivos, organización, pensamiento del profesorado, ...) pero no se tiene el convencimiento en que la educación viene determinada por la calidad de las relaciones en el aula, por las interacciones permanentes, por la socialización como fundamento del desarrollo y del conocimiento.  
     Se necesita tiempo para comprender todo esto. Sí, se necesita tiempo para aprender y tiempo para encontrar satisfacciones en los nuevos procedimientos de trabajo cooperativo en el aula. La cultura de la diversidad es un proceso de aprendizaje permanente, donde todas-os hemos de aprender a compartir nuevos significados y nuevos comportamientos de relación entre las personas. La cultura de la diversidad nos va a permitir construir una escuela de calidad, una didáctica de calidad y unos profesionales, asimismo, de calidad... Todos hemos de "aprender a enseñar a aprender". La cultura de la diversidad es una manera nueva de educar(nos) que parte del respeto a la diversidad como valor. La cultura de la diversidad es la cultura de la cooperación.  
     La escuela pública al hacer suya la cultura de la diversidad y al abrir espacios para la participación de las culturas minoritarias en la toma de decisiones está contribuyendo al desarrollo de una sociedad más humana, menos descriminadora, más democrática, más solidaria. La construcción de estos ambientes escolares con estructuras organizativas y metodológicas democráticas, respetando las diferencias de cada persona, posibilitará al alumnado y al profesorado una nueva axiología al introducirse en el colegio nuevas preocupaciones tales como el pluralismo, la libertad, la justicia, el respeto mutuo, la tolerancia, la solidaridad,..  
     La educación para el desarrollo de estos valores y para la calidad de vida ha de llevar al alumnado a la toma de conciencia entre el Norte y el Sur. El alumnado conjuntamente con su profesorado ha de construir un conocimiento escolar que haga comprensible las razones de la diversidad entre las diversas culturas y el respeto a las mismas, así como las causas de las creciente desigualdades e intolerancia, mediante el desarrollo de actitudes solidarias y de defensa de los derechos humanos.  
     Todo ello nos permitirá que las niñas y niños, los jóvenes en general, vayan adquiriendo una cultura distinta, al vivir la diferencias entre las personas como algo valioso, solidario y democrático. De la diversidad cultural, étnica, de género, lingüística... etc. surgirán necesidades educativas diversas pero valiosísimas que hemos de contextualizar, secuencializar, temporalizar, buscar estrategias metodológicas para su desarrollo. Desde la consideración del curriculum como proceso abierto y flexible y la apuesta por una escuela que se acomoda a las diferencias (y no al revés), estamos considerando a la escuela como agente de transformación social.  
     Nosotros somos defensores de la escuela y de la educación pública como un modo de garantizar el derecho de todas-os a la educación, especialmente a aquellos que menos posibilidades tienen. La escuela pública se caracteriza por formar una ciudadanía libre y con autonomía moral e intelectual al concebirse como un espacio de diálogo social, donde sea posible el desarrollo de la libertad personal, la apertura a la crítica, el intercambio permanente de ideas entre familia, profesorado y alumnado. Esta escuela tiene que ser semejante a una sociedad civil donde se comprometa con un modelo de educación y sociedad. Si la educación pública es responsable de la búsqueda de un modelo de ciudadanía y de persona comprometida, la escuela tiene que ser militante defensora de la socialización y del desarrollo de aquellos valores. Esta madurez ética de la escuela tiene que ser fundamentalmente crítica y reflexiva. La ética democrática se constituye como una ética cívica donde las claves giran entorno a la solidaridad y a la justicia social.  
     Sin embargo, esto que parece claro desde un punto de vista teórico no ha calado en el pensamiento pedagógico de los profesionales y éstos siguen aceptando, de modo casi unánime, que las personas diferentes son los únicos responsables (culpables) de sus problemas de aprendizaje (a veces este sentimiento se traslada a los padres), pero raras veces cuestionan el sistema escolar o la sociedad. Al asumir que el fracaso en los aprendizajes se debe al propio alumnado diferente y no al sistema, se piensa que es aquel y no la escuela la que tiene que cambiar. Y al no lograrse el cambio se empieza a seleccionar dentro de la propia escuela, ofreciendo dos tipos de curricula: uno el de la cultura "formalmente seleccionada por el sistema" y otro el de la subcultura, asimismo específicamente determinado por el mismo sistema.  
     El modelo "pseudoeducativo" que sustenta esta escuela selectiva es meramente asistencial. Es un modelo que subraya el déficit en las personas como única causa de sus problemas cognitivos y de aprendizaje y todo ello apoyado médica y psicológicamente, pero nunca se busca una posible causa en el contexto (en el sistema). El modelo de intervención es, por tanto, individualizado y el curriculum truncado hacia las incompetencias, incidiendo en las incapacidades y no en las posibilidades del alumnado.  
     Es un modelo "privativo" y determinista (negativo) que subraya más lo que no se sabe hacer que lo que realmente sabemos hacer. Otras veces, este modelo se centra en la necesidad del experto y se busca un modo de intervenir "específico "(tecnócrata), como si la resolución de los problemas de la diversidad dependieran de la intervención de especialistas, convirtiéndose los profesionales de la enseñanza en profesionales del déficit. Y, por último, este modelo deficitario se centra en ese cuarto nivel de concreción; o sea, se dedican a desarrollar un curriculum paralelo (Programas de Desarrollo Individual (P.D.I.) o Adecuaciones Curriculares Individuales A.C.I.), como si se tratase de una actitud compensadora (modelo "compensativo").  
     Este modelo de intervención le da un papel a la escuela como agente de selección del alumnado al valorar más las capacidades que los procesos; los agrupamientos homogéneos que los heterogéneos; la competitividad que la cooperación; el individualismo que el aprendizaje solidario; los modelos cerrados, rígidos e inflexibles que los proyectos educativos abiertos, comprensivos y transformadores. Es una escuela que se apoya en modelos tecnicistas y no en modelos holísticos y ecológicos; se enseñan contenidos académicos, como medio de desarrollar habilidades y destrezas, y no contenidos culturales y vivenciales, como instrumentos para adquirir y desarrollar estrategias que les permitan resolver problemas de la vida cotidiana...  
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