Resumen Se pretendía indagar la relación entre las redes sociales personales de los desplazados por violencia política y su calidad de vida en salud, lo cual podía modificarse con el tiempo de llegada al asentamiento menos de tres meses y más de un año.






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REDES- Revista hispana para el análisis de redes sociales

Vol.9,#3, Diciembre 2005

http://revista-redes.rediris.es

Redes sociales personales y calidad de vida en personas desplazadas por violencia política: el caso de Barranquilla (Colombia)1

Jorge Enrique Palacio Sañudo, Universidad Del Norte- Colombia2

Camilo Alberto Madariaga Orozco, Universidad Del Norte- Colombia

Resumen

Se pretendía indagar la relación entre las redes sociales personales de los desplazados por violencia política y su calidad de vida en salud, lo cual podía modificarse con el tiempo de llegada al asentamiento - menos de tres meses y más de un año. Se esperaba observar si a mayor densidad en la red personal, se encontrarían bajos niveles en la calidad de vida de los desplazados, lo cual unido a otros factores sociales reduciría su sentido de comunidad y capacidad de adaptación. La muestra se tomó en Pinar del Río (periferia de Barranquilla – Colombia), con 19 personas seleccionadas por muestreo en bola de nieve (8 hombres, 11 mujeres con edades entre 27 y 61 años). Respondieron un cuestionario sobre Calidad de Vida en Salud (SF-36) (McHorney et al., 1994), y el Arizona Social Support Interview Schedule (ASSIS) de Barrera (1980, citado por Araya y Maya, 2005). Los resultados mostraron que no existen correlaciones significativas entre los que Llegan y los Asentados en las variables de estudio, pero se encontró evidencia que la calidad de vida en su dimensión de salud física, es menor en los desplazados que llevan más de un año en el asentamiento, con respecto a los que tienen menos de tres meses.

Palabras clave: Redes sociales. Calidad de Vida. Desplazados. Colombia.

Abstract

This article is based on a research that explored the relations between the Personal Social Network of people who have been displaced because of political violence and their Quality of Life in Health. These relations can be modified by the time of being in the new place of refuge - less than three months and more of one year. The hypothesis looked for if to greater density of the Personal Social Network of displaced people the Quality of Life in Health was low, which together with other social factors would reduce their Sense of community and capacity of adaptation. The data were collected in Pinar del Río (periphery of Barranquilla - Colombia), with 19 people selected in snow ball sample (8 men, 11 women, between 27 and 61 years). They responded to a questionnaire on Quality of Life in Health (Sf-36) (McHorney et al., 1994), and the Arizona Social Support Interview Schedule (ASSIS) of Barrera (1980, cited by Araya and Maya, 2005). The results do not show significant correlation between the time of refuge with the study variables, but it was observed that the Quality of Life, in its dimension of physic health, is smaller in displaced people with more of one year in the new place of refuge, with respect to displaced people who have less than three months in the new place of refuge.

Keywords: Social Network Analysis, Quality of Life, Displacement, Colombia.

Desplazamiento y reconstrucción de comunidad

En el mundo existen 52 países en los cuales se encuentran aproximadamente unos 25 millones de personas que se han movilizado en su interior (desplazados internos) para salvar sus vidas por los desastres ambientales o por los conflictos o violaciones de los Derechos humanos que han sufrido en su país o región (ver Figura 1)3. También se encuentran los desplazados externos o emigrantes que son aquellos que han logrado salir del país en conflicto, pero a pesar de ser sólo la mitad de los internos reciben mayor atención humanitaria por su calidad de refugiados (Estatuto de Refugiados de 1967 por parte de la ONU)4. Colombia, no es ajena a esta problemática, ya que la violencia interna vivida en los últimos veinte años ha generado un acumulado aproximado de tres millones de personas desplazadas internamente y externamente en las modalidades de desplazamientos masivos o individuales (Red de Solidaridad Social, 2005).



Tomado en junio 2005 de: http://www.idpproject.org/images/website_maps/IDP_worldmap.gif)

Figura 1. Cifras de desplazados internos a nivel mundial

Son diversas las causas que generan este desplazamiento en Colombia, y se puede expresar entre algunas de ellas las desmovilizaciones de los grupos armados ilegales, la intensificación del conflicto entre el estado y estos grupos, la estrategia de guerra de apropiarse de zonas estratégicas por su importancia económica o de tránsito para diversos tipos de comercio, las fumigaciones de cultivos ilícitos, los confinamientos o bloqueos de las comunidades campesinas que les generan dificultades para acceder a la alimentación o sacar sus productos, así como las dificultades de integración social de personas o grupos desplazados que no logran reconstruir sus historias de vida al lado de otros grupos receptores (CODHES, 2004).

La dificultad de integración de los desplazados se entiende mejor en la medida que se observa la manera en que llegan a las comunidades receptoras. Ellos se instalan generalmente en los barrios situados en la periferia de las grandes ciudades o de las cabeceras municipales, donde se suman a las familias pobres instaladas desde tiempo atrás. Estas familias crean nuevos barrios tuguriales y se convierten en una carga para la población que las recibe (Salazar, 1995). En la interacción de ambos grupos (desplazados o que llegan y receptores o asentados) se construye el contexto en el que se dará la adaptación temporal o definitiva al nuevo ambiente de vida para todos en la comunidad.

Sin embargo, este contacto entre colombianos de diferentes regiones está modulado por factores personales, sociales y ambientales que tienen que ver con múltiples aspectos que se articulan generalmente en su contra: para la persona o familia que llega desplazada se puede mencionar la manera en que están afrontando los impactos de la violencia de manera individual y como núcleo familiar (Palacio y Sabatier, 2002); para los asentados, que pueden ser antiguos desplazados o personas autóctonas de la comunidad, se debe observar los estereotipos y temores que abrigan sobre los recién llegados (ej. regionalismos, estereotipos negativos, temores sobre la disminución del acceso al trabajo, el aumento de la inseguridad, etc.,..), y en general toda idea que ambos grupos traen por su cuenta y que se reforzará posteriormente en la interacción de ambas comunidades (receptora – desplazada).

La política gubernamental incentiva el retorno de los desplazados pero esto no es posible en muchos casos en la medida que los conflictos persisten en las regiones de las cuales proceden, así que una de las opciones más adecuadas de intervención es procurar favorecer la adaptación temporal o definitiva de estas familias a su nuevo lugar de vida mediante la construcción de “Comunidad” entre desplazados y receptores como una manera de apoyarse mutuamente en la búsqueda de alternativas viables a sus problemáticas sociales.

La generación de Sentido de Comunidad es una condición fundamental para garantizar el éxito de cualquier estrategia de adaptación definida por el gobierno o los organismos no gubernamentales de apoyo, en la medida que independientemente que los desplazados retornen o se asienten en otras regiones o se regresen a su propio pueblo, lo fundamental es que cada uno de ellos o en su núcleo familiar, pueda al cabo de cierto tiempo de adaptación5 percibirse cada vez más cercano a los otros que hacen parte de su mismo barrio o comunidad, además que identifiquen su interdependencia con sus vecinos y la voluntad de mantener este vínculo realizando comportamientos de apoyo o prosociales de manera recíproca (Sarason, 1974, citado por Maya, 2004). En general, se esperaría que los desplazados y los receptores logren a la larga sentirse parte de una comunidad más amplia, que les brinde estabilidad y confianza, tal como es el “deber ser” de la nación y sus instituciones, y en últimas que el clivaje desplazados/receptores desaparezca.

La Construcción de comunidad frente a bajos niveles de calidad de vida

Una de las dificultades en la construcción de Sentido de Comunidad es la situación de extrema pobreza que enfrentan los desplazados y la población receptora. Aquí se pueden apreciar diversas situaciones de carencia que repercuten en su calidad de vida la cual se define como la combinación de las condiciones de vida objetivas y la satisfacción subjetiva ponderadas por la escala de valores, aspiraciones y expectativas personales (Felce-Perry 1995, Gómez-Vela y Sabeh, 2005; Borthwick-Duffy, 1992). Desde la mirada de las condiciones objetivas, se observa que el acceso a fuentes nutritivas de alimento se reduce a los tres primeros meses durante los cuales se les brinda asistencia humanitaria por parte del estado, y luego esta situación empeora considerablemente al verse librados a ellos mismos o a la ayuda intermitente de las ONG’s. Por otro lado, las viviendas o espacios de vida se construyen generalmente con materiales de desecho y no cuentan con ningún servicio sanitario (PMA, 2003).

También se observa con respecto a su salud que la situación no es la mejor. En el 2002, sólo el 22% de esta población recibía atención médica (Marie Stopes International, 2003), y no asistían por falta de dinero o por falta de los documentos de identificación, a pesar que por ley es una obligación de los Hospitales atender a esta población. En general, en el 2003 el índice de mortalidad en esta población era 6 veces mayor que el promedio nacional (PMA, 2003). En los dos últimos años el aporte económico del gobierno para atender las necesidades de esta población ha aumentado considerablemente, al igual que los subsidios para educación, sin embargo frente a la magnitud de sus problemáticas sigue siendo necesario incrementarlo.

Desde la mirada de la satisfacción subjetiva en las variables de la calidad de vida, se debe observar las particularidades en el afrontamiento de esta situación por parte de las personas o los grupos de familias, lo cual influye enormemente en su bienestar psicológico percibido. Las familias desplazadas que provienen en su mayoría de ámbitos rurales se encuentran, generalmente, fragmentadas por la pérdida de uno o varios de sus miembros. Están conformadas en su mayoría por la madre, quien debe asumir el papel de jefe de hogar, y los hijos. Esta composición, por estar sustentada en rupturas a causa de la violencia, se convierte en un ámbito propicio para la acentuación de la misma, tanto en su interior como en la comunidad en la cual se encuentran asentados (CODHES, 1997; Rueda, 1997).

Además, la pérdida de los seres queridos, el abandono de la tierra, y la salida de su región producen en las personas diversos sentimientos de impotencia, tristeza, ansiedad y depresión (Palacio, Abello, Madariaga, Sabatier, 1999), que corren el riesgo de convertirse en comportamientos hostiles hacia ellos mismos o hacia su entorno. Si añadimos a esto las dificultades de adaptación social debido a los conflictos con los residentes (por los estereotipos y temores entre ambas comunidades mencionados anteriormente), nos damos cuenta la presión psicológica que sufre esta población, y la magnitud aún oculta de su problemática. Lo que es también inquietante, es la posible reproducción del ciclo de la violencia como respuesta a todas estas situaciones de carencia y sufrimiento vividas por los niños y jóvenes (Castaño, 1994).

Frente a esta situación tan compleja es válido preguntarse, ¿cómo se puede generar confianza y Sentido de Comunidad? ¿Cómo se organizan y funcionan las redes de apoyo en medio de la desconfianza? ¿Pueden estas redes de apoyo mejorar la calidad de vida en estos contextos difíciles? De hecho, la confianza en medio de la carencia, la desesperanza y los demás sentimientos encontrados por la expulsión o huida de sus lugares de origen crean condiciones de vida que generan en su lugar desconfianza, resentimiento y prevención hacia los otros. No hay duda que los desplazados al llegar a los sitios de asentamiento siguen expuestos a la violencia y a otras violaciones de sus derechos humanos que si bien no son tan visiblemente contundentes como la exposición al conflicto armado directo, sí generan un acceso muy limitado al alimento, empleo, educación y tratamiento médico que los lleva de manera acelerada a condiciones de vida que pueden dejar huellas aún más difíciles de borrar.

Redes en medio de la desconfianza

El cambio o disgregación de las redes sociales de las personas o de la familia por el proceso del desplazamiento se convierte en una fuente de estrés que se suma a las situaciones de por sí traumáticas de la movilidad geográfica y social (Vega, Kolody, Valle y Weir, 1991, Castaño, 1994). Como se mencionó anteriormente se observa en primer lugar la degradación de su calidad de vida por la pérdida de sus bienes y del estilo de vida cotidiano (Osorio y Lozano, 1995), y posteriormente se observa una discriminación de esta población por parte de diferentes personas de la sociedad civil que podrían prestar algún tipo de apoyo. Esta situación ha cambiado algo en la medida que se ha despertado un mayor sentido de solidaridad reforzado por varias campañas publicitarias desde los inicios del 2003 por parte del gobierno para incentivar el sentimiento de solidaridad hacia los desplazados, y para hacer valer el derecho a la asistencia medica en diferentes instituciones de salud.

Con relación al soporte recibido por estas familias de parte de la sociedad en general, se encuentra que en 1994-1995, un 42,4% de los hogares desplazados no habían recibido un tipo de ayuda específica. Los que recibieron ayuda, la obtuvieron de los amigos y de la familia (próxima y lejana). Otros recibieron ayuda de la iglesia, de organismos comunitarios, de las ONG (5%) y de diferentes organismos del Estado (6,5%), los cuales dieron una ayuda alimentaria, alojamiento, servicios de salud, de educación, asesoria jurídica o incluso soporte moral (Osorio y Lozano, 1995). Para los mismos autores, un 26,6% de las mujeres se ven obligadas a convertirse en jefe de familia (por viudez o separación) y entran al mismo tiempo en la economía informal (vendedores ambulantes, servicios domésticos, celadores, etc.). En la actualidad esta situación es en general similar sólo que el estado participa más en la ayuda a esta población, la cual también continúa recibiendo aportes de algunas ong’s que se vuelven esporádicos o intermitentes y no tienen el impacto esperado en la generación de dinámicas de organización comunitaria a excepción de ciertas experiencias particulares llevadas a cabo en comunidades campesinas o indígenas. Además, otras problemáticas sociales se han hecho visibles o se han incrementado en estas comunidades, entre las cuales se encuentran la violencia intrafamiliar, el abuso sexual de menores, la prostitución infantil, la delincuencia juvenil así como el consumo y expendio de sustancias psicoactivas.

Lazos débiles Vs lazos fuertes

Con respecto a la construcción de redes y la salud mental de los desplazados, en un estudio de Palacio y Sabatier (2002), se observaron las redes de 49 familias desplazadas y 50 no desplazadas de un sector de la periferia de Barranquilla (norte de Colombia) y se relacionaron con las características de salud mental de los jóvenes que vivían con ellos. Para observar las redes se utilizó un cuestionario de José Gimon, adaptado por Madariaga, Martinez, Vides (1993), donde se indagaban los tipos de apoyo recibido y quién los daba. Para la salud mental se utilizó el cuestionario de Macksoud, Aber, Dyregrov, Raundalen (1990), que mostraba indicadores de depresión, ansiedad, agresividad, así como de comportamientos prosociales y de planificación.

Los resultados indicaron que en general las familias desplazadas presentaban un mayor número de miembros en sus hogares en comparación con las familias no desplazadas, así como más interacciones con los familiares que viven en el barrio, lo cual implica también un número mayor de miembros en sus redes de amigos y familiares. Por otro lado sus redes están conformadas por núcleos más densos de miembros (10 a 13 miembros), mientras que los no desplazados tienen menos miembros en sus redes (3 a 8 miembros) y su frecuencia de intercambios con los amigos era más elevada. Los no desplazados dicen recibir un mayor apoyo afectivo por parte de la madre, mientras que los desplazados indicaron recibirlo por parte de los vecinos. En las situaciones difíciles, todas las familias recurren a las personas que viven en el barrio, pero los desplazados recurren principalmente a la familia nuclear, mientras que los no desplazados recurren también a la familia extensa, mostrando estos últimos mayor versatilidad para obtener ayuda.

Con respecto a la relación de estos indicadores con la salud de los jóvenes, se observó que en todas las condiciones, el número elevado de miembros en la red de los padres (densidad) se relacionaba con índices elevados de depresión en los jóvenes. También se observó que a medida que aumentaba el tiempo de haber llegado al pueblo en la familia desplazada disminuían el número de miembros en su red (densidad), y sus interacciones, llegando a un nivel similar al de las familias no desplazadas.

La estructura y funcionalidad de la red de apoyo que se refleja en este estudio puede tratar de entenderse mejor desde la teoría de los lazos débiles de Granovetter (1973), la cual menciona – a grosso modo - que se tiene más acceso a los recursos del medio a través de los conocidos (lazos débiles) que a través de los familiares y amigos íntimos (lazos fuertes). Además, los lazos fuertes implican mayor número de relaciones, mayor cercanía, más personas y por lo tanto una alta densidad, mientras que los débiles reflejarían pocas relaciones, mayor distancia, pocas personas y poca densidad. La ventaja de los lazos débiles radica en que los conocidos tienen a su vez amigos íntimos que pueden abrir el acceso a otras redes e informaciones potencialmente importantes para la vida social de una persona o grupo determinado. Esto convierte a la mayoría de los lazos débiles no en una “debilidad” sino en “puentes” entre dos o más redes de amigos íntimos que proporcionan acceso a información y recursos que están más allá del círculo íntimo6. De allí que los lazos débiles disminuyen la fragmentación de las redes sociales a su vez que le dan más consistencia, y fomentan la ocurrencia de eventos cohesivos. Los lazos fuertes – en cambio - proporcionarían más ayuda y estarían más disponibles o accesibles.

Sin embargo esta teoría se debe matizar en contextos de pobreza, tal como ocurre en la población desplazada. Granovetter (2003), indica que en los grupos socioeconómicos bajos (con alta inseguridad económica y falta de servicios sociales), los lazos débiles a menudo no son puentes, sino que representan a conocidos de amigos o parientes que están inmersos en la misma problemática de carencia, de allí que la información que proporcionan no constituye un aumento real de oportunidades para mejorar los ingresos económicos. En los grupos socioeconómicos altos los lazos débiles sí tienden un puente sobre la distancia social, de manera que si no hay oportunidades visibles en el círculo íntimo, las personas pueden recurrir a los conocidos de otros círculos, conllevando un efecto positivo para el ingreso económico. Además otros estudios como el de Lin, Ensel y Vaughn (1981, citado por Granovetter, 2003), indican que los lazos débiles actúan mejor si estas relaciones débiles se establece con personas de mayor estatus, lo cual no es el caso mejor representado en la población desplazada.

Como se observa, los lazos débiles no son muy útiles en condiciones de pobreza, y además se encuentran evidencias que los pobres confían más en los lazos fuertes para acceder a diferentes recursos. Esto se presenta en el estudio de Ericksen y Yancey (1977, citado por Granovetter, 2003), llevado a cabo en Filadelfia con población joven, de raza negra y con bajo nivel de instrucción, al igual que en otros estudios donde las personas de bajos recursos recurren sobre todo a los lazos fuertes en contextos culturales muy diferentes (Stack, 1974 y Lomnitz, 1977, citados por Granovetter, 2003). El estudio de Blau (1974), indica además que cuanto más bajo es el estrato de clase de una persona, mayor será la frecuencia relativa de los lazos fuertes. Esto puede apoyar lo encontrado en los desplazados quienes recurren en mayor medida a la familia nuclear (lazos fuertes) para solicitar apoyo en situaciones difíciles, mientras que los no desplazados recurren a la familia extensa. Lo interesante es observar cómo a medida que pasa el tiempo en el asentamiento las relaciones de los desplazados disminuyen, es decir que la estructura de la red se reconfigura de acuerdo a parámetros que se relacionarían con criterios para acceder mejor a los recursos.

Lazos y salud mental

Como se observó en el estudio de Palacio y Sabatier (2002), a mayor tiempo de haber llegado al asentamiento y mayor densidad en las redes de las familias, los indicadores de salud mental de los jóvenes empeoraron. Estos resultados en general no están de acuerdo con lo esperado de una red en el contexto de la salud, en el cual se estima que frente a redes densas lo más efectivo en ellas sería el mayor soporte social que brindan a las personas que están en su interior. Esto funcionaría debido a que uno de los principales efectos de intercambio con el medio se produce en el plano de la identidad y la autoestima, que son elementos centrales en la adquisición y mantenimiento de la salud mental. La red aseguraría un mejor soporte emotivo, y permitiría utilizar - de una manera más adecuada - las estrategias de adaptación, aumentando también la actividad de la persona y provocando toda una gama de emociones que tendrían un efecto sobre el sistema inmunitario (Tousignant, 1992).

Sin embargo es necesario tener en cuenta que al aumentar la cantidad de relaciones sociales la probabilidad de sufrir estrés interpersonal también aumenta (Cohen y col., 1985, citado por Eurelings-Bontekoe y col., 1995), y éste puede ser el caso para la población desplazada. Además en esa investigación se evidencia que la red de las familias desplazadas era más numerosa pero los intercambios se orientaban más a elementos materiales o en especie, mientras que las familias no desplazadas presentaban redes más pequeñas y con mayor intercambio afectivo, lo cual incrementaría la calidad en las relaciones de estos últimos. Sobre esto Barrera y Sandler (1980), indican que el elemento que influye en la salud mental no es sólo el apoyo social sino la calidad de éste y la satisfacción que procura, por lo cual los desplazados tendrían una red densa pero de poca calidad afectiva, lo cual entra a ser un factor determinante en su efectividad por las características psicosociales propias de esta población.

Estos datos aún contradictorios o que muestran el delicado equilibrio que implica la red, el apoyo social y la densidad, permiten identificar algunos efectos paradójicos mencionados por Leavy (1983, citado por Tousignant 1992), en relación con los estilos de personalidad y la manera de percibir el apoyo brindado por el medio, pero en general existe suficiente evidencia empírica para que se pueda hablar de un vínculo significativo entre la ausencia de apoyo social y la presencia de problemas psicológicos, a pesar que los elementos de unión no están claramente definidos.

De aquí surgen múltiples cuestionamientos sobre el modelo de red y el apoyo social en este tipo de situaciones, pero un primer interrogante que se ha seleccionado como una manera de ampliar la información sobre las redes sociales y la salud de esta población es el siguiente: ¿Qué relación existe entre los indicadores de redes sociales personales de los desplazados y sus indicadores de calidad de vida en salud? Además, se agregó la variable “tiempo de llegada”, la cual se considera pertinente para continuar en la línea de los resultados del estudio de Palacio y Sabatier (2002). De esta manera se abordó la red y los indicadores de calidad de vida de un grupo de personas que tienen diferentes tiempos de vivir en una misma población receptora (menos de tres meses – Llegan, y más de un año - Asentados).

Se establecieron dos hipótesis de trabajo: la primera hipótesis tenía que ver con el tiempo: se esperaba que los indicadores de calidad de vida y de redes sociales fueran significativamente diferentes en los dos grupos de desplazados. La segunda hipótesis se dirigía a observar si los altos niveles de densidad en la red social personal se relacionarían con bajos niveles de calidad de vida. Para tratar de probar estas hipótesis, se organizó la siguiente estructura metodológica, que sólo pretende sentar las bases para estudios posteriores con poblaciones más numerosas y que asume las limitaciones del muestreo que se presenta a continuación.

Metodología

Sujetos

El estudio se llevó a cabo en Pinar del Río, el cual es un asentamiento que tiene unos 7 años de haber sido fundado y avalado por el gobierno. Se encuentra en la periferia noreste de Barranquilla y cuenta aproximadamente con 450 familias que han llegado desplazadas por violencia política de diferentes regiones del país. Se seleccionaron 19 personas (8 hombres y 11 mujeres con edades entre 27 y 61 años) por medio de un muestreo en bola de nieve - en la medida que la población hay desplazados y no desplazados y no es fácil distinguirlos. El contacto se realizó gracias a un líder comunitario quien ayudó a localizar las primeras familias en el asentamiento. El criterio de selección se relacionaba exclusivamente con entrevistar adultos de ambos sexos y diferentes familias con un tiempo variable de haber llegado al asentamiento (menos de tres meses y más de un año). Las características de los sujetos que participaron en el estudio se presentan en la Tabla 1.




Llegan

Asentados

Total

Masculino

Femenino

Masculino

Femenino

Edad

De 27 a 38 años

1

4

2

2

9

De 39 a 61 años

2

3

3

2

10

Total

3

7

5

4

19
  1   2   3   4

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