Vida cotidiana en el siglo XIX (francia)






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hombres de clase baja tenían poco tiempo libre porque estaban casi todo el tiempo trabajando. Mientras estaban en el trabajo sólo tenían libre un rato para comer, cuando podían aprovechar para charlar con los compañeros. También tenían la última hora de la tarde (después de las siete) cuando aprovechaban para irse a la taberna y tomar cerveza o vino con los amigos. Allí podían jugar a las cartas o hablar sobre asuntos del trabajo. Había hombres que se gastaban gran parte de su sueldo en bebida, mientras que su familia pasaba hambre. Los domingos descansaban y podían ir a pasear con su mujer, quedar con los amigos o divertirse en algunas fiestas populares (ferias, verbenas, etc), donde había músicos y se bailaba. En las ferias había vendedores de comida, se hacían concursos de fuerza, de tiro, se intentaba coger algo subiendo a un palo e incluso a veces había tiovivos (al principio tirados por caballos y a finales de siglo eléctricos). Otras veces iban andando al campo para comer allí y pasar el día con la familia. A partir de 1850 se difundieron los locales nocturnos en las ciudades y muchos obreros empezaron a ir allí a beber, a fumar y a ver a las chicas que bailaban y cantaban allí. Los artesanos y obreros cualificados ganaban un poco más y podían ir de vez en cuando al teatro, si vivían en una ciudad.

Las mujeres de clase baja tenían aún menos tiempo libre, ya que cuando salían de trabajar tenían que encargarse de comprar la comida y de las tareas de la casa. Además, los domingos también tenían algo de faena, pues había que hacer la comida y cuidar a los niños pequeños. No obstante, charlaban con otras mujeres en las tiendas o en el mercado, donde podían encontrar a sus amigas. También podían encontrarse con ellas en los ríos o fregaderos, cuando iban a lavar la ropa. O en las fuentes, cuando iban a por agua. Y los domingos podían permitirse descansar algo y charlar con sus amigas, a menudo de cotilleos de otras personas del pueblo (o del barrio).

Los hombres de clase media compraban todos los días el periódico y les gustaba leerlo en el sillón de su casa, mientras fumaban o se tomaban alguna bebida alcohólica. También iban a los cafés a charlar con los amigos, habitualmente de política o de noticias recientes, así como jugar a las cartas. De vez en cuando iban a algún restaurante, al teatro o, si vivían en una ciudad importante, a un museo. Entonces iban con su mujer y se ponían ropa elegante. En el teatro silbaban, gritaban o incluso tiraban cosas a los actores si no les gustaba el espectáculo. También podian ir a la ópera, al circo (cuando había) o a las carreras de caballos o de excursión al campo, a pasar el día descansando con la familia. Si estaban solteros podían ir a locales nocturnos como el Folies Bergère (fundado en 1869) y el Moulin Rouge (desde 1889), que estaban en París y que eran famosos por sus bailarinas. Otras veces leían libros, normalmente novelas (Victor Hugo, Honoré de Balzac, Emile Zola, Stendhal) o de historia. Los jóvenes leían libros de aventuras, como los que escribían Julio Verne o Alejandro Dumas, o salían a pasear con los amigos, para conocer chicas. A partir de 1850, con la difusión del ferrocarril, se empezó a ir en verano de vacaciones a la playa, normalmente a Bretaña o a Biarritz. Otras veces iban a balnearios a tomar las aguas, si el médico se lo recomendaba. A partir de 1870 se empezó a poner de moda el patinaje, el ciclismo y el tenis.

Las mujeres de clase media tenían poco tiempo libre, porque se dedicaban sobre todo a ser amas de casa. Pero de vez en cuando charlaban con las vecinas o acompañaban a su marido al teatro, a un restaurante o a otros espectáculos. Si iban a la playa se cambiaban en unas casetas que luego eran empujadas hasta el mar para que nadie las viera meterse en el agua. Las playas tenían zonas separadas para sexo y los bañistas se bañaban con un bañador que cubría todo el cuerpo. De jóvenes leían libros románticos (Madame Bovary, de Flaubert, o La Dama de las Camelias, de Alejandro Dumas) o religiosos. También leían folletines, que eran historias de amor por entregas, que aparecían todos los días en el periódico. Uno de los principales autores de folletines de esa época era Eugen Sué. A partir de 1875 empezó a haber revistas ilustradas de moda, así como prospectos publicitarios para pedir cosas por catálogo. También por esas fechas se puso de moda el patinaje, el ciclismo y el tenis.

Los hombres de clase alta ocupaban su tiempo libre organizando o acudiendo a fiestas privadas, en las que bailaban y cenaban. Allí aprovechaban para charlar con otras personas de la alta sociedad, aumentando así sus amistades. También les gustaba ir de cacería, a la ópera, a restaurantes caros o al teatro. Otras veces salían a pasear a caballo, con algún amigo. También solían fumar, leer periódicos y libros, al igual que la clase media. En verano podían irse de vacaciones, lo que hacían acompañados por sus criados. Podían irse a la playa (en Bretaña o Biarritz), donde coincidían con otras familias de clase media y alta, o visitar Londres, Viena o las ciudades italianas. También estaban de moda los balnearios, donde solía ir gente con dinero a tomar las aguas, para curarse alguna enfermedad. Los más importantes eran los de Vichy (Francia), Baden-Baden (Alemania) y Karlsbad (Austria). Hasta 1850 se viajaba sobre todo en diligencia y desde entonces fueron más habituales los viajes en tren.

Las mujeres de clase alta pasaban las mañanas dando instrucciones a los criados. Cuando querían visitar a alguna amiga mandaban a una criada para que pidiera cita y acudían luego a verla, normalmente por la tarde. Entonces charlaban mientras tomaban té o chocolate con pastas. Algunas eran aficionadas a leer, normalmente novelas de amor, folletines o libros religiosos. También acompañaban a sus maridos a la ópera, a restaurantes, al teatro o de viaje. Había mujeres de clase alta que hacían obras de caridad, dando dinero a mendigos o a instituciones religiosas para que ayudaran a los pobres.

Los niños de clase baja se pasaban el tiempo libre en la calle con sus amigos, charlando, jugando, peleándose con otros niños o haciendo travesuras (tirar piedras, romper cosas). Los de clase media y alta estaban más tiempo en casa y jugaban con soldaditos de plomo, triciclos, rompecabezas, caballos de madera u otros juguetes. Los niños de familia rica tenían, a partir de 1850, trenes de juguete, con vías y estaciones, que montaban en sus casas. Las niñas de clase baja pasaban su tiempo libre charlando con sus amigas o saltando a la comba en la calle. Y las otras, que salían menos a la calle, tenían muñecas u otros juguetes y jugaban con familiares o con hijas de amigos de sus padres.

TRANSPORTE Y VIAJES
La gente trabajadora de las ciudades apenas viajaba y lo normal era que pasaran toda su vida sin salir de su ciudad. Los de los pueblos se movían más, ya que a veces iban a la ciudad o pueblo grande más cercano para vender sus productos, buscar trabajo o comprar cosas. Pocas veces se alejaban más de 50 km de su pueblo, salvo que decidiesen emigrar a una ciudad o a América, buscando una vida mejor. Si se movían por el país iban andando o en carro hasta 1850. A partir de esa fecha podían también coger el tren, si iban lejos. Si se hacía de noche por el camino dormían al aire libre, en medio del campo, o sobre la paja de una fonda, en el establo, con más gente. Para poder alejarse más de 50 km de casa hacía falta hacía falta ir a la comisaría y pedir un pasaporte, diciendo adónde se iba y para qué. Normalmente la policía lo daba, pero había que pagar unas tasas y llevar el pasaporte encima, por si te paraban por el camino. Si no lo llevabas te detenían y podías estar preso una temporada.

Las personas de clase media podían viajar por asuntos de trabajo. En ese caso cogían la diligencia o, a partir de 1850, el tren. Las diligencias eran como los autobuses ahora: se cogían en las plazas o delante de una fonda y se podía subir si se pagaba un billete. Si se llevaba equipaje se pagaba más y se ponía en el techo o en el maletero. En una diligencia podían ir hasta diez personas (ocho dentro y dos al lado del conductor, lo que salía más barato). Una diligencia iba a 10 km/ h y hacía 100 km al día, parando de vez en cuando para cambiar los caballos en las casas de postas, ya que los animales necesitaban descansar. Al final del día, si no se había llegado al destino, se paraba en una fonda, donde podías comer y dormir en una habitación. Y al día siguiente continuaba el viaje.

Cuando empezó a haber trenes las diligencias fueron usándose menos, pero como el tren no llegaba a todas partes, aún se empleaban para algunos trayectos. Los trenes iban muy despacio, entre otras cosas porque iban parando en muchos sitios. Contando las paradas iban a 25 km/h de media y en un día podían hacer 400 km. Si se hacía de noche durante el viaje, la gente dormía en el tren. Los ricos comían en el restaurante del tren e iban en coches-cama, para dormir durante el trayecto. Además, había vagones de primera (los mejores), segunda o tercera (los peores), siendo más caros a medida que mejoraban. Por eso, la gente rica que viajaba en tren nunca se mezclaba con la pobre. Por otra parte, los trenes se estropeaban a menudo, por lo que no era raro salir de una estación con una hora o más de retraso. En las ciudades grandes había hoteles de lujo para la gente rica.

En cuanto a los barcos, la mayoría eran de vela hasta 1850. Entre 1850 y 1885 eran de vapor, pero tenían también velas por si fallaba el motor o se producía alguna explosión de la caldera, algo que sucedía de vez en cuando. A partir de 1885 los barcos habían mejorado mucho y la gran mayoría ya eran sólo de vapor. Los de vela eran mucho más lentos, ya que tardaban ocho semanas en cruzar el Atlántico, mientras que los de vapor lo hacían en una semana. Hasta 1850 no había apenas barcos de pasajeros y si uno quería viajar por mar (normalmente para emigrar a Argelia, que era colonia francesa en esa época) tenía que ir a un barco mercante y pagar al capitán por un camarote. Si uno era pobre podía pagarse el viaje trabajando en el barco, si necesitaban a gente. Cuando empezó a haber barcos de pasajeros había diferentes camarotes. Los pobres iban en tercera clase (en habitaciones compartidas con más familias, durmiendo en literas y sin ventanas), la clase media en segunda clase (en camarotes con ventanas) y los ricos en primera (habitaciones grandes y lujosas). Además, había salones y cubiertas distintas para cada clase, para que no se mezclaran.

VIVIENDA
En los pueblos las casas eran grandes y solían ser unifamiliares, con planta baja y uno o dos pisos. La planta baja se dedicaba a establo y a guardar las herramientas para trabajar en el campo. También podían guardar allí la cosecha. En el primer piso era donde vivían. Allí tenían una mesa y varias sillas para comer y una chimenea, despensa, vajilla, sarten y caldero, para cocinar. Si eran campesinos pobres la casa era pequeña (50-80 m2) y dormían todos sobre paja, en la misma habitación donde comían. Si eran campesinos medios la casa era más grande (100-200 m2) y tenía varias habitaciones, con camas que tenían colchones de lana o paja. No solían tener armarios, ya que la ropa se guardaba en un baúl. Si eran campesinos acomodados tenían casas de tres pisos y el último lo usaban como almacén. En esos casos podían tener patios interiores y habitaciones para los criados.

Cuando los jóvenes se casaban se hacían su propia casa (en terreno de la familia) o, más frecuentemente, se iban a vivir a casa de los padres del novio. Por eso en las casas rurales era normal que viviera mucha gente (una media de siete u ocho por vivienda). Algunos campesinos, los que tenían más dinero, pagaban a albañiles para que les hicieran las casas. Otros la hacían ellos, pero con la ayuda de albañiles.

En las ciudades la mayoría de la gente vivía alquilada, pues no había préstamos para comprar casas. La gente de clase media pagaba su alquiler cada trimestre y los de clase baja cada semana. Si uno se retrasaba un poco se le echaba a la calle enseguida, con todas sus cosas. Por eso, si en una familia de clase baja el padre se quedaba sin trabajo y no encontraba otro rápido, enseguida se encontraban viviendo en la calle y pidiendo limosna.

Los que vivían en la calle podían ser recogidos por la policía, que los llevaba a centros de beneficencia, gestionados por el ayuntamiento o por instituciones religiosas. Allí se les obligaba a trabajar a cambio de comida y alojamiento. O se les alquilaba a empresarios que les hacían trabajar muchas horas a cambio de mucho menos dinero que a la gente normal. En esos centros se separaba a las familias por su sexo y no se podía salir, a menos que uno demostrara tener un trabajo. Pero aún así en las ciudades seguía habiendo muchos mendigos. Muchos eran niños abandonados, cuyos padres habían muerto o que se habían escapado de un orfanato.

Como no había ascensor, las casas no eran muy altas, con cinco pisos como máximo. En las ciudades los obreros vivían en casas pequeñas y en malas condiciones, aunque no todas eran iguales. Unos vivían en barrios obreros, mientras que otros habitaban barrios de clase media, pero en el tercer, cuarto o quinto piso, donde la gente con dinero no quería vivir, ya que no había ascensor y las viviendas eran muy pequeñas. Lo más barato era vivir en una buhardilla (el último piso). A menudo sus casas estaban sucias y tenían cucarachas. Apenas tenían muebles y los más pobres dormían sobre paja, ya que no podían pagarse camas. Normalmente dormían todos en una habitación y sólo los que vivían mejor podían permitirse una casa con dos habitaciones.

La clase media vivía mejor, en pisos relativamente grandes, a poca altura (un primero o un segundo), para no tener que subir muchas escaleras. Sus casas estaban bien iluminadas y tenían varias habitaciones, una de las cuales (la más pequeña) era para la criada. Tenían muchos muebles, así como alfombras, espejos, cortinas y jarrones para decorar la casa. Era habitual pegar papel o tela de colores en las paredes para decorarlas. A partir de 1860 empezó a ser habitual hacerse fotografías, para enmarcarlas y tenerlas en casa. Para eso iban al fotógrafo, ya que nadie tenía cámara de fotos. Al principio las fotografías eran caras y por eso sólo se las podían hacer las personas de clase media y alta.

Los ricos vivían en grandes mansiones. Normalmente tenían una en el campo, con grandes jardines, y otra en la ciudad, con un patio privado, donde guardaban el carruaje y los caballos. Sus casas solían tener tres plantas. En la planta baja estaban los almacenes, las cocinas y los establos. En la primera planta vivía la familia y en la segunda estaban las habitaciones de los criados. Las habitaciones de la familia estaban lujosamente decoradas, con muebles caros y decoración abundante. Los cuadros eran muy caros y sólo podían pagarlos los ricos. Por eso en las casas de la clase alta había retratos de la familia o de sus antepasados. También podían comprar cuadros de pintores famosos, normalmente de paisajes, mitológicos o escenas de la vida cotidiana.

En el campo la gente se calentaba quemando leña en las chimeneas. En las ciudades los más ricos tenían chimeneas de leña, pero la mayoría de la gente usaba estufas de carbón, pues era mucho más barato. Pero había que mancharse para subir el carbón y ensuciarse de nuevo para vaciar las cenizas, por lo que eso lo hacían los criados en las familias pudientes. Había deshollinadores, que trabajaban limpiando las chimeneas de hollín (polvo de carbón) y acababan muy sucios y con enfermedades pulmonares, por respirar ese polvo.

A principios de siglo no había alcantarillado y la mayoría de la gente no tenía ni aseos. La clase media y baja hacía sus necesidades en un orinal y, cuando se hacía de noche, lo vaciaban en la calle. Los ricos tenían una habitación donde hacían de vientre en una caja, que luego sus criados vaciaban. A partir de 1850 empezó a haber alcantarillado en los barrios más elegantes y poco a poco fueron dejando de hacer sus necesidades en orinales. En los barrios pobres eso tardó más y cuando empezaron a tener aseos (a partir de 1870, aproximadamente) los compartían entre varias casas. Por eso a menudo había que hacer cola para ir al retrete o lavarse la cara.

A principios de siglo no había suministro de agua en las casas. La gente tenía que comprar el agua a un aguador o la sacaban de un pozo en el patio de su casa (si tenían). En los pueblos podían ir al río o a alguna fuente a llenar los cántaros de agua. Como no había agua en las casas, la gente no se lavaba casi nunca y olía bastante mal, aunque ellos estaban acostumbrados. Sólo los mineros se lavaban cada día llenando una bañera de agua de alguna fuente, porque salían muy sucios del trabajo. A partir de 1850 empezó a haber suministro de agua en las ciudades, ya que pusieron tuberías que la llevaban hasta las casas o a fuentes públicas. Entonces ya pudieron empezar a bañarse de vez en cuando, llenando bañeras y tomando el baño junto a la chimenea. Pero sólo la clase alta y media tenía al principio agua corriente en casa. Los más pobres tenían que ir a una fuente pública para llenar los cántaros de agua.

En cuanto a la luz, a principios de siglo la gente se iluminaba con velas o candelabros, lo que hacía que las casas estuvieran bastante oscuras por la noche. A partir de 1830 se usaban quinqués (lámparas de aceite de ballena) y desde 1870 lámparas de queroseno, que iluminaban más, pero que a veces olían mal. A partir de 1890 empezaron a poner bombillas eléctricas en las casas, que daban mucha más luz que las anteriores. Pero sólo las tenía la gente de clase alta y media que vivía en las ciudades.

En esa época no había neveras, por lo que se hacía necesario hacer la compra cada día. Tampoco había lavadoras, por lo que las mujeres lavaban la ropa a mano, en un fregadero en su casa (en las ciudades) o en uno público o en el río (en el pueblo). Para planchar había que calentar unas brasas y meterlas luego dentro de la plancha. Entonces se planchaba hasta que se enfriaban las brasas.
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