Resumen hay que buscar la causa fundamental de la devastadora crisis ecológica actual en el sometimiento de la naturaleza a los imperativos de valorización del capital.






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La crítica ecosocialista al capitalismo1

 

The eco-socialist critique of capitalism

 

 

Jorge Riechmann 
Profesor titular de filosofía moral 
Universidad Autónoma de Madrid (UAM) 
Ensayista, poeta y traductor literario 
http://tratarde.org/ 
Recibido / Received: 10/11/2013 
Aceptado / Accepted: 14/12/2013

 

 
RESUMEN

Hay que buscar la causa fundamental de la devastadora crisis ecológica actual en el sometimiento de la naturaleza a los imperativos de valorización del capital. La dinámica de funcionamiento del capitalismo conduce a un mal diseño de la tecnosfera (para el cual se propone como "remedio" el principio de biomímesis) y a un problema de excesiva expansión de los sistemas humanos (frente al cual se sugiere autocontención bajo la forma del principio de gestión generalizada de la demanda). Construir un modo de producción ecosocialista implicaría pasar de la actividad económica entendida como producción y consumo de bienes y servicios en un contexto de expansión mercantil, a la actividad económica entendida como la satisfacción de las necesidades humanas con el mínimo de trabajo social necesario y en un marco de sustentabilidad ecológica. En el texto se cuestiona la plausibilidad de un "capitalismo natural" y se exploran vías de transformación ecosocialista.

Palabras clave: capitalismo, productivismo, tecnosfera, sustentabilidad, biomímesis, ecología industrial, producción limpia, capital natural, problemas de los mercados, metabolismo, ecosocialismo
ABSTRACT

We must find the fundamental cause of the devastating ecological crisis in the subjugation of nature to the imperatives of capital accumulation. The operational dynamics of capitalism leads to poor design of the technosphere (for which it is proposed as a "remedy" the principle of biomimicry) and a problem of excessive expansion of human systems (against which suggests self-containment in the form of generalized principle of demand management). Building an eco-socialist mode of production would go from economic activity defined as production and consumption of commodities and services in the context of commercial expansion, to economic activity understood as the satisfaction of human needs with the minimum of social work required and a framework of ecological sustainability. In the text the plausibility of a "natural capitalism" is questioned and eco-socialist transformation pathways are explored.

Keywords: capitalism, productivism, technosphere, sustainability, biomimicry, industrial ecology, cleaner production, natural capital, market problems, metabolism, ecosocialism.
 

La tradición histórica es, por así decirlo, de ayer; en ningún lugar hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó la fase predatoria del desarrollo humano. Los hechos económicos perceptibles pertenecen a aquella fase e incluso las leyes que podemos obtener de ellos no se aplican a otras fases. Ya que el propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase predatoria del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar muy poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

Albert Einstein (1995 [1949])

La cuestión ecológica, en mi opinión, representa el gran desafío para una renovación del pensamiento marxista a comienzos del siglo XXI. Exige de los marxistas una ruptura radical con la ideología del progreso lineal y con el paradigma tecnológico y económico de la civilización industrial moderna. Es verdad que no se trata de poner en entredicho la necesidad de progreso científico y técnico, y de elevar la productividad del trabajo: se trata de condiciones irrenunciables para dos objetivos irrenunciables del socialismo: la satisfacción de las necesidades sociales y la reducción de la jornada de trabajo. El desafío estriba en reorientar el progreso de manera que se torne compatible con la preservación del equilibrio ecológico del planeta.

Michael Löwy (en Harribey y Löwy, 2003)

 

1Un conflicto de fondo entre ecología y capitalismo

¿Por qué, a pesar de toda la concienciación sobre los problemas ecológicos y todas las medidas de política ambiental que las naciones más adelantadas en este campo vienen aplicando desde hace más de un tercio de siglo, la devastación prosigue imparable? ¿Por qué tanta charla sobre el medio ambiente, tanta sosteniblablá como dice Robert Engelman (2013), tanta afirmación de valores proambientales, tanto derecho ambiental con sus normas y sus leyes, tanta decisión para intentar enmendar el lamentable curso de las cosas, parecen resultar tan ineficaces? A mi entender, las razones se hallan principalmente en un conflicto de fondo entre el modo de organización socioeconómica que prevalece y las exigencias de protección ecológica (y social), conflicto que podemos representar por medio del siguiente diálogo de besugos entre una ciudadana y un empresario, o quizá un ciudadano y una empresaria:

"-Debe usted respetar el medio ambiente.

-Tengo que obtener beneficios.

-Debe usted tener en cuenta a las generaciones futuras.

-He de obtener beneficios.

-Debe usted tomar en consideración los derechos humanos.

-Tengo que obtener beneficios..."

-Debe usted materializar su supuesto compromiso con la democracia.

-Pero tengo que obtener beneficios..."

Etc., etc. Él o ella tienen, en efecto, que obtener beneficios, so pena de quedar fuera de los mercados capitalistas competitivos donde se desenvuelven. Intentaré mostrar que el problema está más bien en este marco de acción: y podemos conjeturar que sólo una transformación profunda en el modo de organización socioeconómica, que "dome" o domestique o someta al capitalismo hasta poner en sordina algunos de sus aspectos esenciales, será capaz de detener la devastación ecológica que hoy sigue progresando imparable.

En mi opinión, efectivamente, la actual economía capitalista mundial es incompatible con la preservación de una biosfera capaz de acoger, en condiciones aceptables, a la humanidad futura (por no hablar del resto de los seres vivos con los que compartimos el planeta). Así, defiendo que la política y la ética han de prevalecer sobre la economía: dicho con más precisión, las políticas públicas democráticas orientadas por valores como la sustentabilidad ecológica y los derechos humanos tienen que establecer el marco dentro del cual tenga lugar la persecución del interés propio en mercados competitivos -y no al revés. Hoy, la crisis ecológica es una de las razones más fuertes de que disponemos para la crítica radical del capitalismo2.

 

EL SOCIALISMO PUEDE LLEGAR SÓLO EN BICICLETA

El pensador socialdemócrata alemán Erhard Eppler, uno de los pioneros en la reflexión ecologista desde comienzos de los años setenta, ha indicado que quizá el acontecimiento más importante de la historia moderna haya sido la liberación de la economía de todas las ataduras sociales, políticas y morales. Tras esta "revolución" teórica -consumada en simultaneidad con los comienzos de la Revolución Industrial-, se consideró que el desarrollo y el crecimiento de la economía sólo había de responder a sus propias leyes: a sus criterios de productividad, eficiencia y rentabilidad. La crisis ecológica muestra a las claras los desastrosos efectos de esa violencia teórica y de las prácticas que la acompañaron. Digo violencia porque ninguna actividad económica se agota en su dimensión de productividad y rentabilidad, sino que tiene siempre, al menos otras dos dimensiones: una dimensión ecológica y una dimensión social (véase sobre este punto Barceló, 1991). "Ahora se puede demostrar que la humanidad en su conjunto, si desea sobrevivir, no puede permitirse por más tiempo una economía que, en vez de tres dimensiones, solamente está preparada para reconocer la existencia de una dimensión. Incluso la propia economía está amenazada si se niega a aceptar la dimensión social y ecológica. Si volvemos la vista atrás en la historia, vemos que la época de una economía más o menos autónoma fue muy corta. Ha durado entre dos y tres siglos, un breve minuto en comparación con la historia humana. Fue simplemente un error pensar que la humanidad se lo podía permitir. Lo que necesitamos no es algo sorprendente o espectacular, sino algo que en la historia humana no sea la excepción sino la regla" (Eppler, 1991: 116). No podemos seguir permitiéndonos el productivismo, vale decir la unidimensionalidad de la economía: urge que vuelva a tener vigencia lo que para la mayoría de las sociedades humanas ha sido una trivialidad, la sumisión de las actividades económicas a criterios morales, la vuelta a primer plano de esas dos dimensiones hoy "ocultas" de la economía: la dimensión ecológica y la dimensión social. El intento de pensar, y el esfuerzo por llevar a la práctica, una transformación mundial que subyugue la miope racionalidad económica capitalista a una lógica de sociedad distinta, alternativa, en la que esas dos dimensiones social y ecológica reciban la primacía que les corresponde, es acaso lo que podemos llamar ecosocialismo.

Fuente: Riechmann (1991)

2. Examinemos más de cerca este conflicto

En una obra anterior ("Sobre biomímesis, autocontención y la necesidad de reinventar lo colectivo", epílogo a Riechmann, 2005), he señalado cómo cabe rastrear las causas de la crisis ecológica sobre todo en dos problemas: un problema de mal diseño de la tecnosfera (para el cual propongo como "remedio" el principio de biomímesis) y un problema de excesiva expansión de los sistemas humanos (frente al cual sugiero autocontención bajo la forma del principio de gestión generalizada de la demanda). Ahora bien, cabe preguntarse si no subyacerá a esos dos problemas (que sugerí llamásemos problema de diseño y problema de escala) alguna causa más profunda. Creo efectivamente que es así: que en la raíz de ambos problemas se encuentra la dinámica de funcionamiento del capitalismo. De forma que habría que buscar la causa fundamental de la crisis ecológica actual en el sometimiento de la naturaleza a los imperativos de valorización del capital3.

En cuanto al mal diseño de la tecnosfera, podemos indicar al menos cuatro fenómenos significativos. El primero es que las dificultades del capitalismo para considerar la "racionalidad global" de los procesos, y su tendencia a parcelarlos y dividirlos cada vez más (pues ello es lo que permite a los "emprendedores" hallar nuevas fuentes de beneficio en cada una de los nuevos subprocesos), es una potente y persistente causa del mal encaje de los procesos productivos en la biosfera. El capitalismo escinde los ecosistemas para que progrese la expansión del valor; en cambio, una economía sostenible debería promover la integridad ecosistémica.

En segundo lugar: construir deforma generalizada "ecosistemas industriales" de acuerdo con criterios biomiméticos, y seleccionar tecnologías sometiéndolas a evaluación previa de impacto ambiental (y social), exigiría un tipo de intervención deliberada y racional en la organización de la producción que choca violentamente contra principios de funcionamiento del sistema (señaladamente, contra la libertad del capitalista a la hora de decidir sobre las inversiones). Por ejemplo, el rediseño de la famosa fábrica suiza "Röhner Textil" con criterios biomiméticos llevó a examinar unos ocho mil productos químicos de uso común en la industria textil convencional,y de estos ocho mil sólo 3 8 pudieron conservarse (al aplicar estándares de elevada compatibilidad con la salud humana y ambiental) (Braungart yMcdonough, 2005: 102). Parece claro que si esto pretendiese generalizarse como iniciativa pública, en lugar de tratarse de una -rara— autorrestricción empresarial privada, los clamores en defensa de la libertad de empresa nos dejarían sordos a todos -y luego vendrían cosas mucho peores que el clamor... (De hecho, la modesta iniciativa de la UE llamada REACH, que intenta introducir algo de racionalidad en la producción y el uso de sustancias químicas, ha sido objeto de un feroz ataque por parte de la industria química de todo el mundo)4

Hace cuatro decenios, Commoner señalaba que la transición hacia una economía sostenible requeriría destinar la mayor parte de los recursos de inversión del país, durante una generación como mínimo, para la tarea de la reconstrucción ecológica (Commoner, 1973: 236). Es decir: todas las nuevas inversiones en la producción agrícola e industrial, así como en el sector servicios y en el transporte, tendrían que regirse primordialmente por criterios ecológicos (y no por la búsqueda del beneficio privado). Está claro que esto equivale, en buena medida, a poner fuera de juego el capitalismo...5

En tercer lugar, la innovación tecnológica bajo relaciones de producción capitalistas -potente motor del sistema para lograr nuevas fuentes de beneficio— tiende a causar problemas ecológicos. En efecto, el mantenimiento de altos márgenes de beneficio requiere la introducción continua de nuevos productos y servicios -ya que en los mercados "maduros" los beneficios son más bajos-—, por lo general sin tiempo ni esfuerzo suficiente para comprobar su compatibilidad con los ecosistemas. De nuevo, no se trata de un problema con el que acabemos de topar: ya lo denunciaba Barry Commoner, analizando el caso paradigmático de la industria química, hace más de tres decenios:

Durante cuatro o cinco años, a partir del momento en que un nuevo producto químico es lanzado al mercado, los beneficios son muy superiores al término medio (las empresas innovadoras consiguen aproximadamente el doble de ganancias que las que se resisten a la innovación). Esto se debe al monopolio efectivo de que goza la empresa que ha inventado el material y que permite la fijación de un elevado precio de venta. (...) El índice extraordinariamente alto de ganancias de la industria química parece ser el resultado directo del desarrollo y producción, a rápidos intervalos, de materiales sintéticos nuevos, y generalmente antinaturales, que, al penetrar en el medio ambiente, suelen contaminarlo. Esta situación es una pesadilla para el ecólogo, ya que (...) no hay literalmente tiempo bastante para estudiar los efectos ecológicos. Inevitablemente, cuando llegan a conocerse estos efectos, se ha producido ya el daño, y la inercia de la fuerte inversión en una nueva tecnología productiva hace extraordinariamente difícil la marcha atrás. (Commoner, 1973: 217)

Hoy, cuando científicos-empresarios como Craig Venter se preparan para dar el salto desde la biología molecular descriptiva a la biología de síntesis6 -donde los impactos ambientales y sanitarios podría dejar chiquitos a los de la química de síntesis-, darnos tiempo para pensar y deliberar democráticamente -quizá bajo la forma de moratorias inspiradas por el principio de precaución— parece más necesario que nunca.

Por último, hay un interesante análisis de estos problemas en términos del choque entre los tiempos y ritmos de la naturaleza y los del capital que en general los biólogos han sabido ver mejor que los economistas. Sucede que el "cortoplacismo" del proceso de valorización choca con el largo plazo de las condiciones de sustentabilidad, y los rápidos ritmos de la circulación monetaria colisionan con los ritmos peculiares y no acelerables de los ciclos naturales. Es un problema que ya fue agudamente señalado por el propio Karl Marx7, sobre el que insistió Barry Commoner (véase el recuadro siguiente), y que he tratado con cierto detenimiento en mi ensayo "Tiempo para la vida" (Riechmann, 2004; capítulo 9).

EL ANÁLISIS DE UN ECÓLOGO

El grado total de explotación del ecosistema del planeta tiene cierto límite superior que refleja la limitación intrínseca de la velocidad de rotación del ecosistema. Si se supera esta velocidad, el sistema acabará derrumbándose en definitiva. Esto ha sido firmemente comprobado por todo lo que sabemos acerca de los ecosistemas. De aquí se desprende que existe un límite superior al grado de explotación del capital biológico del que depende todo sistema de producción. Como el grado de empleo de este capital biológico no puede superarse sin destruirlo, es lógico que el grado real de empleo del capital (es decir, el capital biológico más el capital convencional) sea también limitado. Así pues, tiene que existir algún límite al crecimiento del capital total, y el sistema productor debe llegar en definitiva a una condición de 'no crecimiento', al menos con respecto a la acumulación de bienes de capital encaminados a explotar el ecosistema, y de los productos obtenidos gracias a ellos.

En un sistema de empresa privada, la condición de no crecimiento significa que no hay que acumular más capital. Si, como parece ser, la acumulación de capital a través de la ganancia es la fuerza impulsora básica del sistema, resulta difícil comprender cómo puede éste seguir funcionando en condiciones de no crecimiento.

(...) El ecosistema plantea otro problema al sistema de empresa privada. Los diferentes ciclos ecológicos varían considerablemente en su ritmo natural intrínseco, que no debe superarse si se quiere evitar un rompimiento. Así, el grado natural de rotación del sistema del suelo es considerablemente más bajo que el grado intrínseco de un sistema acuático (por ejemplo, una pesquería). De ello se desprende que, si estos diferentes ecosistemas tienen que ser explotados simultáneamente por el sistema de empresa privada, sin provocar rompimientos ecológicos, tienen que funcionar a diferentes ritmos de rendimiento económico. Sin embargo, el libre manejo del sistema de empresa privada tiende a elevar al máximo el ritmo de rendimiento de las diferentes empresas. (...) Las empresas 'marginales', es decir, operaciones que rinden un beneficio sensiblemente inferior al que puede conseguirse en otros sectores del sistema económico, serán en definitiva abandonadas. No obstante, en términos ecológicos, la empresa que se basa en un ecosistema con un ritmo de rotación relativamente lento tiene que ser, porfuerza, económicamente 'marginal', si tiene que operar sin degradar el medio ambiente. (...) Un procedimiento enmendador es el de las subvenciones; pero, en algunos casos, éstas deberían ser tan importantes que equivaldrían a una nacionalización, cosa que estaría en contradicción con la empresa privada.
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