Programa de Acción adoptado en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, Copenhague 1995






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Regiones más desarrolladas 60+ 11,7 2,6 14,5 15,5 17,7 19,4 21,9 26,1 29,8 32,0 33,5 80+ 1,0 1,3 1,6 2,0 2,7 3,1 4,2 5,0 6,4 8,3 9,6

Regiones menos 60+ 6,4 6,2 6,1 6,4 6,9 7,7 8,8 11,1 14,2 16,7 19,3 desarrolladas

80+ 0,3 0,3 0,4 0,4 0,5 0,7 0,9 1,2 1,5 2,3 3,3

Regiones menos 60+ 5,9 5,7 5,8 5,9 6,2 6,8 7,7 9,5 11,8 14,2 16,9 desarrolladas sin contar China

80+ 0,3 0,3 0,4 0,4 0,5 0,6 0,8 1,0 1,3 1,8 2,5 Fuente: World Population Prospects, The 2000 revision, Volume II: The Sex and Age Distribution of Populations (Naciones Unidas, Nueva York, 2001).

Cuadro 2. Ritmo de envejecimiento 1

1950-2000 (%)

2000-2050 (%)

Mundo




60+

23

111

80+

109

256

Regiones más desarrolladas







60+

66

72

80+

196

208

Regiones menos desarrolladas







60+

19

150

80+

115

393

Fuente: World Population Prospects , op. cit. , y cálculos propios.








1 Aumento del porcentaje de población de más de 60 y 80 años de edad.

5. Este cambio demográfico, representado en el gráfico 1, se atribuye principalmente al descenso general de la tasa de fertilidad y a la mejora de la salud que ha alargado la esperanza de vida y ha reducido la tasa de nacimiento en todo el mundo. La modificación de la pirámide de edad hacia las personas mayores es motivo de preocupación. La pobreza y la exclusión social son los mayores obstáculos a un envejecimiento decente y seguro. Solamente aquellos que empiezan a cotizar desde los primeros momentos de su carrera profesional tendrán la oportunidad de evitar la pobreza cuando sean mayores. Además, el VIH/SIDA causa estragos en la estructura de la población en numerosos países. Hoy en día en Zimbabwe, por ejemplo, un adolescente de 15 años cuenta sólo con un 50 por ciento de oportunidades aproximadamente de alcanzar los 50 años. Esto implica que un número muy elevado de familias perderán el sostén de familia antes de que sea posible poner fin a la pandemia 2.

Gráfico 1. Indice de envejecimiento demográfico (población de 60 años o más como porcentaje de población total) (Proyección de las Naciones Unidas – variante media)

Fuente: World Population Prospects, op. cit.

6. El gráfico 2 muestra que los índices de dependencia total a nivel mundial disminuirán durante algún tiempo, como resultado de una reducción de la dependencia de los jóvenes. Esto podría permitir una cierta reasignación de los recursos de los jóvenes a las personas mayores.

2 OIT: Seguridad social: temas, retos y perspectivas, Informe VI a la Conferencia Internacional del Trabajo, 89.ª reunión, Ginebra, 2001.

Gráfico 2. Indice de dependencia total (población 0-14 y 65+)/(población 15-64)

Indice de dependencia de los jóvenes (población 0-14)/(población 15-64)
Indice de dependencia de las personas mayores (población 65+)/(población 15-64)


Fuente: World Population Prospects, op. cit.

  1. 7. Estos cambios demográficos sin precedentes exigen una nueva forma de pensar en lo que se refiere a la formulación de políticas y a su puesta en práctica. Para lograr este nuevo planteamiento resulta necesario considerar el envejecimiento como un fenómeno que se extiende a lo largo de toda la vida e incumbe a toda la sociedad, no exclusivamente a las personas de edad avanzada. El concepto de sociedad para todas las edades tiene su origen en el Programa de Acción adoptado en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhague en 1995. En dicha Cumbre, los Estados Miembros declararon que el objetivo principal de la integración social es la creación de «una sociedad para todos» en la que «cada persona, con sus propios derechos y responsabilidades, tenga una función activa que desempeñar» 3.

  2. 8. Las relaciones multigeneracionales han constituido la base de la vida en familia y en comunidad desde hace siglos. Las personas de edad cuentan con la ventaja de la experiencia y de los conocimientos relativos a la historia presenciada por su generación, mientras que los jóvenes tienen los ojos puestos en el futuro. Hoy en día, se nos brinda la oportunidad de aunar las distintas aptitudes y expectativas de todos los grupos de edad y obtener así beneficios recíprocos, por ejemplo mediante la educación permanente, la planificación comunitaria destinada a personas de todas las edades, el desarrollo económico y social, así como esforzándonos para dar con iniciativas sociales que sirvan para erradicar la pobreza y la exclusión social. En los países en desarrollo, las estructuras familiares desempeñan una función preponderante en las vidas de las personas mayores y son habituales los sistemas de apoyo informal. No obstante, el prestar ayuda a los familiares de edad avanzada no es algo que ocurra en todos los casos, sino que viene siempre determinado por normas culturales específicas. Cada vez más, las personas de edad se ven obligadas a depender de ellas mismas para satisfacer todas sus necesidades. De hecho, en muchos casos también se encuentran con que deben hacerse cargo de familiares


3 www.un.org/esa/socdev/docs/summit.pdf.

más jóvenes. Es necesario llevar a cabo más investigaciones, además de entablar un debate público inteligente en torno a la importancia de la solidaridad intergeneracional, a fin de estar capacitados para hacer frente a los retos que trae consigo la sociedad multigeneracional. Durante la mayor parte del siglo veinte, se diseñaron las políticas relativas a la vejez teniendo en mente una sociedad joven. A partir de ahora deberíamos dirigirnos hacia la adopción de políticas que tengan en cuenta la equidad generacional 4.



2. Consecuencias sociales y económicas del envejecimiento

9. En los últimos decenios, la mayoría de países industrializados han experimentado una drástica reducción de la edad media de jubilación. El aumento de la esperanza de vida y la mejora de la salud no se han visto acompañados de una actividad laboral más duradera, tal y como se indica en el cuadro 3. Como consecuencia, estos países se enfrentan a graves problemas en cuanto a la viabilidad de los sistemas de seguridad social. Sin embargo, lo que afecta a los sistemas nacionales de transferencias sociales, que redistribuyen los ingresos generados por la población activa en beneficio de la población inactiva, no son solamente los cambios demográficos citados, sino la s relaciones de dependencia económica. Para evaluar la viabilidad de un sistema de pensiones es decisivo saber cuántos pensionistas debe mantener cada persona activa. Hasta ahora, los sistemas de pensiones de los países más desarrollados no han considerado el envejecimiento demográfico como un problema mayor. Si fuera posible modificar gradualmente la edad de jubilación hasta volver al nivel del decenio de 1950 en los próximos cinco decenios, sería posible al menos restar intensidad a las presiones demográficas provocadas por la longevidad. Por consiguiente, uno de los desafíos principales es mitigar los efectos de una disminución del número de personas en edad de trabajar, aumentando y prolongando la participación de las personas mayores en el mercado de trabajo.

Cuadro 3. Edad de jubilación y duración prevista de la jubilación en los países de la OCDE

Hombres Mujeres 1950 1990 1950

Edad de jubilación 68,5 62,2 66,0 60,0 Duración prevista de la jubilación 10,8 16,8 14,1 22,6

Fuente: Latulippe, D.: Effective retirement age and duration of retirement in the industrial countries between 1950 and 1990. Departamento de Seguridad Social, Financiación y Economía, cuestiones de protección social, documento para el debate núm. 2, OIT, 1996. www.ilo.org/public/english/protection/socsec/publ/dispp2.htm.

10. Los desafíos a los que se enfrentan los trabajadores mayores en los países en desarrollo son muy distintos. En la mayoría de países en desarrollo, donde menos del 20 por ciento de la mano de obra se inc luye en los sistemas de seguridad social ordinarios, la jubilación es un lujo que pocas personas mayores pueden permitirse. Incluso si el sector estructurado les exige retirarse, las transferencias de ingresos insuficientes obligan a muchos trabajadores mayores a continuar trabajando en la economía informal el mayor tiempo posible. En torno al 40 por ciento de la población de más de 64 años en Africa y en torno al 25 por ciento en Asia todavía forman parte de la fuerza de trabajo, principalmente en el sector agrícola,

4 Walker, A., Intergenerational Solidarity, the foundation of a society for all ages. Documento presentado ante el Grupo de Expertos sobre Envejecimiento y Desarrollo del FNUAP (Fondo de Población de las Naciones Unidas), Valletta, Malta, octubre de 2001; y The World Ageing Situation: Exploring a Society for All Ages, Asuntos Económicos y Sociales, Naciones Unidas, Nueva York, 2001.

mientras que este porcentaje en las partes del mundo más desarrolladas es inferior al 10 por ciento 5. En el mundo en desarrollo, las personas mayores, en especial las mujeres, continúan realizando una importantísima contribución «invisible» para que los miembros de sus familias y de la sociedad puedan participar en la actividad económica «visible», pero aun así el rápido aumento de los porcentajes de personas de edad muy avanzada pronto se convertirá en un problema para unas sociedades que tienen que mantener como mínimo transferencias de ingresos no institucionales a las personas muy mayores, problema que suele pasarse por alto en el presente debate.

  1. 11. En muchas partes del mundo en desarrollo, el empleo en el sector informal, sector en el que se concentra un gran número de las personas de edad, se ha extendido de manera espectacular. En América Latina, el sector urbano no estructurado constituyó la principal fuente de creación de puestos de trabajo en el período 1990-1998. En Africa, se estima que el empleo informal en las ciudades absorbe un 61 por ciento de la fuerza de trabajo, y se esperaba que generara más del 93 por ciento de los nuevos empleos de la región en el decenio de 1990. En Asia, antes de la crisis financiera de 1997, se estimaba que el sector no estructurado absorbía tradicionalmente entre un 40 y un 50 por ciento de la mano de obra urbana, con diferencias entre los países de reciente industrialización (menos del 10%) y países como Bangladesh, donde el empleo informal supone aproximadamente el 65 por ciento 6. Estas cifras reflejan el débil crecimiento del empleo en el sector formal y la necesidad que tienen los trabajadores mayores de complementar o reemplazar los ingresos que perciben en materia de prestaciones de jubilación. En numerosos países, gran parte de las mujeres de edad trabajan en la economía informal, hasta cierto punto debido a que les resulta más fácil de este modo combinar las responsabilidades laborales con las familiares y en parte por razones que tienen que ver, por ejemplo, con la discriminación con que se encuentran en la economía formal. Los trabajadores de la economía informal tienen poca o ninguna seguridad en el empleo o en lo relativo a los medios de vida. Sus ganancias suelen ser relativamente bajas y fluctuar más que las de otros trabajadores. Asimismo, un breve período de incapacidad puede provocar que el trabajador o trabajadora y su familia no dispongan de suficientes ingresos para vivir. La enfermedad de un miembro de la familia puede acarrear consecuencias que destruyan el delicado equilibrio del presupuesto doméstico. El trabajo en el contexto de la economía informal conlleva a menudo un peligro intrínseco y el hecho de que se realice en un entorno sin reglamentar lo hace todavía más peligroso. Por consiguiente, la necesidad de encontrar métodos efectivos para extender la protección sociala los trabajadores del sector informal es acuciante 7.

  2. 12. Para el año 2010, aproximadamente un 27 por ciento de la población mundial tendrá más de 45 años, edad en que la incidencia de la discapacidad empieza a aumentar de forma significativa. Los índices de desempleo relativos a las personas que sufren alguna discapacidad varían según la naturaleza de la misma, pero son considerablemente más elevados que los de la fuerza de trabajo en su conjunto, normalmente el doble, con países en los que la tasa de desempleo de dicho grupo llega a alcanzar incluso el 80 por ciento. En los países en desarrollo, el aumento del número de trabajadores de edad que abandonan la fuerza de trabajo de forma prematura a causa de alguna discapacidad es motivo de gran preocupación. No es posible cuantificar el costo humano de tantas personas sin empleo, pero sí sabemos que los resultados son el aislamiento y la marginación de una parte


5 Informe sobre el trabajo en el mundo, 2000, Ginebra, OIT.

6 Empleo y protección social en el sector informal , Comisión de Empleo y Política Social, Consejo de Administración, 227.a reunión, marzo de 2000 (documento GB.277/ESP/1/2) www.ilo.org/public/english/standards/relm/gb/docs/gb277/pdf/esp-1-2.pdf.

7 Seguridad social: cuestiones, desafíos y perspectivas, op. cit.

significativa de la población 8. Los gobiernos de los países que cuentan con sistemas de protección social eficaces y de gran alcance destinan cantidades considerables al pago de prestaciones de invalidez 9. Además de los costos directos relativos al pago de este tipo de prestaciones, la economía nacional pierde un considerable potencial al quedar tantas personas fuera del mercado de trabajo.

13. Dada la escasez de puestos de trabajo que se observa en el mercado laboral, se suele considerar que los mayores deberían dejar su sitio a los jóvenes, a quienes se debería evitar la frustración y los posibles daños sicológicos que podría motivar el sentirse rechazados por el mundo del trabajo justo al principio de su vida activa. En los países en desarrollo, en los que el empleo formal es muy poco frecuente, resulta difícil para los numerosos jóvenes desempleados encontrar un puesto de trabajo en el sector formal. Se piensa que si los trabajadores de edad prolongaran su vida activa la situación sería todavía peor. En muchos países desarrollados, a menudo se fomenta la jubilación anticipada con la esperanza de poder así mejorar las perspectivas de trabajo de los jóvenes desempleados. No obstante, el que mediante estos programas de jubilación se hayan creado puestos de trabajo para los jóvenes sigue siendo inc ierto. Un primer motivo para esto es que los flujos de entrada y salida del mercado laboral no suelen darse en los mismos sectores, ocupaciones o empresas. Los programas de jubilación anticipada se han utilizado mucho en el sector de la industria, mientras que la contratación de recién llegados al mercado de trabajo se ha concentrado en el sector de los servicios y en empresas más pequeñas. A escala macroeconómica, no existe por lo tanto razón alguna para pensar que quienes abandonan el mercado de trabajo dejan su sitio en él a los jóvenes que buscan su primer empleo. Por consiguiente, la prorrogación de la edad de jubilación no conllevaría un aumento del desempleo entre los jóvenes candidatos a ingresar en la fuerza de trabajo. Un caso diferente es la posib ilidad de aplicar programas de jubilación con la condición de contratar a nuevos trabajadores. En tales programas, el principal objetivo consiste en renovar la fuerza de trabajo y se puede decir que han tenido cierto éxito, aunque su aceptación no ha sido demasiado elevada, debido probablemente al problema antes mencionado y consistente en la divergencia entre los perfiles de los flujos de entrada y salida. El que los trabajadores jóvenes y los de edad sean intercambiables sigue siendo incierto y resulta necesario llevar a cabo más investigaciones sobre esta cuestión. Sin embargo, los problemas de desempleo que padecen los jóvenes (o los problemas de desempleo de cualquier otro grupo de población, como por ejemplo las mujeres) no deberían tratar de resolverse a expensas de otro grupo, por ejemplo los trabajadores de edad. Mediante la Recomendación de la OIT sobre los trabajadores de edad, 1980 (núm. 162), se adoptó el principio según el cual las estrategias y políticas deberían garantizar que los problemas en materia de empleo no se desplazan de un grupo a otro.


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