El debate sobre la sustentabilidad: Un concepto sencillo que lleva a estrategias contradictorias






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HUELLAS Y SUSTENTABILIDAD

La confusión sobre el significado de sustentabilidad y su importancia han obstaculizado el progreso hacia su logro. Esta confusión no es totalmente inocen­te, a veces refleja la voluntad de desdibujar ciertos temas y conflictos de intereses, mientras que otras veces es producto de temores genuinos. En este capítulo, inten­tamos desenredar esta confusión; argumentamos que la sustentabilidad es un concepto sencillo, al menos conceptualmente, y sugerimos que evaluar las implicancias del modelo de la Huella Ecológica nos ayuda a entender al menos las demandas ecológicas en pro de una sociedad sustentable.

El debate sobre la sustentabilidad: Un concepto sencillo que lleva a estrategias contradictorias

El desafió de la sustentabilidad

Desde que se publicó «La primavera silenciosa» (Silent Spring) de Rachel Carson en 1962, una literatura en aumento ha expresado la preocupación de que la ecósfera, nuestro sistema de soporte vital, está siendo depredada a una tasa ace­lerada. La lista de amenazas al sistema de soporte vital al que estamos arraigados es abrumadora: los desiertos están avanzando hacia las áreas ecológicamente produc­tivas, a una tasa de 6 millones de hectáreas por año; la deforestación reclama anualmente más de 17 millones de hectáreas; la oxidación y erosión de los suelos exceden la formación de suelos por 26 mil millones de toneladas por año; las pesquerías están colapsando; la disminución y contaminación de las aguas subte­rráneas se acelera en muchos lugares del mundo; hasta 17.000 especies desaparecen cada año; a pesar de las acciones correctivas, el ozono estratosférico continúa dete­riorándose; las sociedades industriales han aumentado las emisiones de dióxido de carbono atmosférico en 28 por ciento. Todas estas tendencias son el resultado de




ya sea la sobreexplotación (el consumo excesivo) o la generación excesiva de dese­chos 1. Como todo lo que consumimos en algún momento alimenta el flujo de desechos, simplificando al extremo, podemos decir que el «transflujo» de energía y material de la economía humana está más allá de sus límites seguros.

Al mismo tiempo, muchas personas ni siquiera pueden satisfacer sus necesida­des más básicas. Como lo vimos en la Introducción, un 20 por ciento de la población humana disfruta de una riqueza sin precedentes, incluyendo la mayoría de la gente del «Norte». Sin embargo, el 20 por ciento que percibe 1,4 por ciento de los ingresos globales padece condiciones de desnutrición recurrente. Esta segregación, acentuada de acuerdo al género y la etnia, va más allá del ingreso. El hecho de que en 1990, sólo 3,5 por ciento de los ministros del mundo eran mujeres y que 93 países no tenían ministros mujeres, son síntomas de una desigualdad social mucho más profunda2.

Personas preocupadas por el tema han recomendado un uso más responsa­ble y equitativo de la ecósfera a lo largo del siglo XX; sin embargo, no fue hasta el año 1987 que el informe de La Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y De­sarrollo de las Naciones Unidas (CMMAD) (también conocido como Informe Bruntland), Nuestro futuro común, popularizó la idea del «desarrollo sustentable». Los efectos sociales y ecológicamente destructivos del enfoque de «desarrollo» prevaleciente han llegado finalmente a representar un tema serio en la agenda política.

El punto de partida del trabajo de la Comisión Brundtland fue su recono­cimiento de que el futuro de la humanidad estaba amenazado. Nuestro futuro común comienza con esta declaración:

La Tierra es una, pero el mundo no lo es. Todos dependemos de una sola Biós­fera para el mantenimiento de nuestras vidas. Pero cada comunidad, cada país, intenta sobrevivir y prosperar sin prestar mucha atención a los impactos que genera sobre los demás. Algunos consumen los recursos de la Tierra a una tasa que poco dejará a las generaciones futuras. Otros, muchos más en cantidad, consumen demasiado poco y viven con la perspectiva del hambre, la miseria, la enfermedad, y la muerte prematura.3

Para enfrentar los desafíos del sobreconsumo por un lado y la pobreza por el otro, la Comisión hizo un llamado en pro de un desarrollo susteniable, definido como «....un desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades».

IMAGEN

Fig. 2.1: Uso Sustentable: La Analogía del Balde de Agua.

Imagina un balde que está siendo llenado con agua a un flujo constante. El agua en el balde son las existencias de capital que pueden ser retiradas tan rápidamente como el balde esté siendo llenado. Este balance de la cantidad de extracción es una forma de renta sustentable. De manera similar, la naturaleza es un «balde» que está conti­nuamente rellenándose por el sol: la fotosíntesis produce material vegetal, las bases para todo el capital biológico de casi todas las otras formas de vida; y los ciclos climático, hidrológico y otros biofísicos son también alimenta­dos por el sol. La sustentabilidad implica que el capital natural debe ser usado no más rápidamente de lo que pueda ser regenerado (derecha). No obstante, el comercio y la tecnología han posibilitado a la humanidad explo­tar progresivamente la naturaleza más allá de los límites sustentables, así es que el consumo presente excede la renta natural (el «interés» de nuestro capital). Esto deja a la siguiente generación con el capital degradado y un potencial productivo menor, a pesar de que las expectativas de población y material aumentan (izquierda).

1 Para una discusión más detallada de estas tendencias, consultar el anual State of the World y Vital Signs del Worldwatch Institute (NY: W.W. Norion) o el bianual World Resources del World Re­sources Institute, UNEP y UNDP (NY: Oxford University Press).

2 Worldwatch Institute, Vital Signs (NY: W.W. Norton, 1995).

3 The World Commision on Environment and Development (WCED) fue presidida por el Primer Ministro Noruego Gro Harlem Brundtland. La declaración de apertura es de la página 27 y la definición de desarrollo sustentable, de la página 43 de su informe, Our Common Future (NY: Oxford University Press, 1987).

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En otras palabras, la Comisión reconoció que el imperativo económico conven­cional de maximización de la producción económica ahora debe estar restringido -o quizás, debemos decir aumentado- por un imperativo ecológico de protección de la ecósfera y un imperativo social de minimización del sufrimiento humano, hoy y en el futuro. Por primera vez, el medio ambiente y la equidad se transforma­ron en variables explícitas en la ecuación del desarrollo. El desarrollo sustentable, por lo tanto, depende tanto de la reducción de la destrucción ecológica (principal­mente limitando el transflujo energético y material de la economía humana) como del mejoramiento de la calidad de la vida material de los pobres del mundo (me­diante la liberación del espacio ecológico necesario para mayor crecimiento de los países en vías de desarrollo y asegurando que los beneficios fluyan donde más se necesitan).

Partiendo de la definición Brundtland, argumentamos que, conceptualmente, la sustentabilidad es un concepto sencillo: implica vivir en for­ma cómoda en términos materiales y en paz unos con los otros dentro de los límites de la naturaleza. A pesar de esta simplicidad aparente, sin embargo, no existe consenso sobre las implicancias políticas del concepto (véase el Recuadro 2.1). Algunas personas no están convencidas de que haya efectivamente una crisis de sustentabilidad, mientras que otras temen lo que podría implicar reconocer que sí la hay.

RECUADRO 2.1:
Sustentabilidad y Desarrollo Sustentable: Algunas Aclaraciones4
La necesidad que posee la humanidad de vivir con equidad dentro de los límites de la naturaleza, subyace en la mayoría de las definiciones de desarro­llo sustentable, empezando con el llamado, ampliamente aceptado, de la
Comisión Brundtland, de «,.. [satisfacer] las necesidades del presente sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras de satisfacer sus pro­pias necesidades». Sin embargo, a pesar del amplio reconocimiento de los síntomas ecológicos y sociales del problema, las interpretaciones del desarrollo sustentable y sus implicaciones son contradictorias, incluso dentro del mismo informe de la Comisión Brundtland.

Una de las razones que motiva la existencia de interpretaciones contra­dictorias del mensaje fundamental de la sustentabilidad, es obvia -el término «desarrollo sustentable» es por sí mismo engañoso y ambiguo. Muchas perso­nas se identifican más con la parte «sustentable» y escuchan un llamado hacia la transformación social y ecológica, un mundo de estabilidad ambiental y jus­ticia social. Otras se identifican más con «desarrollo» y lo interpretan como un crecimiento más sensible, una versión reformada del estatus quo. Sharachchandra Lélé escribe que las varias interpretaciónes del desarrollo sustentable se deben no a la mala comprensión, sino a las diferencias ideológicas y renuencia de muchos en reconocer las implicaciones del mensaje subyacente. La impreci­sión intencionada del concepto, aún definido por Brundtland, es un reflejo de la política del poder y el regateo político, y no una manifestación de una dificultad intelectual inalcanzable. Michael Redclift comenta que «...si no estamos pre­parados para cuestionar nuestros supuestos, tanto sobre desarrollo como sobre

Continua en la pág.siguiente

4 Definiciones de Sustentabilidad son discutidas en Sharachchandra M. Lélé, «Sustainable Development A Critica] Review» World Development Vol. 19, N° 6 (1991): 607-621; en el anexo de David, Anil Markandya y Edward Barbier, Blueprint for a Green Economy (London: Earthscan Publications, 1989); y en William E. Rees, Defining Sustainable Development (The Univcrsity of British Columbia, Vancouver: Centre for Human Settlements Publications, 1989). Además ver Hermás E. Daly, «Elements of Environ­mental Macrocconomics» en Robert Costanza, ed., Ecological Economics: The Science and Manage­ment of Sustainability (NY: Columbia University Press, 1991) Lester W. Milbrath, Envisioning a Sus­tainable Sociery. Learning Our Way Out (Albany, NY: State University of New York Press, 1989); y Michael Redclift, Sustainable Development. Exploring its Contradtctions (London: Methuen & Co.,1987).




medio ambiente y dar efecto político a las conclusiones a las cuales llegamos, se mantendrá la realidad de un desarrollo no

Como se sugiere anteriormente, parte de la confusión en torno al «desa­rrollo sustentable» surge del fracaso generalizado para distinguir entre desarrollo real y mero crecimiento. El economista Herman Daly aclara esta diferencia definiendo el «crecimiento» como un incremento en tamaño mediante el au­mento material, mientras que el «desarrollo» es la realización de un potencial más amplio y completo. En resumen, el crecimiento significa llegar a ser más grande mientras el desarrollo significa llegar a ser mejor. Para Daly, entonces, el «desarrollo sustentable» es un mejoramiento social progresivo sin crecer más allá de la capacidad de carga ecológica. Este autor considera el «crecimiento sustentable» como una contradicción que carece de sentido. Buscar sustentabilidad puede realmente requerir de una reducción del transflujo eco­nómico agregado, mientras otorga más posibilidades de consumo a los más pobres.

otras ambigüedades escondidas en el «desarrollo sustentable». El término se refiere a: a) las condiciones necesarias para vivir sustentablemente (una meta o un estado); b) la forma sociopolítica de lograr la meta (un proceso de planificación); o e) estrategias específicas para resolver problemas presentes (soluciones parciales). La inhabilidad de clarificar cómo el término está siendo usado en un contexto específico, puede producir un malentendido infructuoso. A algunos oídos, el término «desarrollando sustentabilidad»» es menos ambi­guo y se prefiere al término «desarrollo sustentable».

En síntesis, la existencia de conflictos de intereses, perspectivas mundia­les contradictorias, análisis incompatibles, así como crecientes expectativas materiales junto al temor al cambio, han generado una cadena de interpretacio­nes de la sustentabilidad y de cómo lograrla, que termina por desorientarnos. ¡No resulta sorprendente en estas condiciones la lentitud de cualquier progreso en ese sentido! El problema es que no todas las interpretaciones de la sustentabilidad pueden ser igualmente válidas. Los supuestos, y los hechos sobre los cuales cada uno de ellos está basado, deben ser sometidos a un escrutinio lógico y a frecuentes «chequeos de realidad» apoyándose en la evidencia empíri­ca acumulada, antes de que sus prescripciones sean aceptadas. En este sentido, examinemos con más cuidado nuestra propia premisa de que los humanos tie­nen que aprender a vivir los unos con los otros dentro de los límites de la naturaleza.

Por supuesto, si los científicos están en lo correcto (y creemos que lo están), las consecuencias de no reconocer los límites materiales de la economía son más aterradoras que cualquiera otra transformación involucrada, por el cambio hacia una real sustentabilidad. Nuestro estilo de vida cada vez más global y consumista -viviendo como si la naturaleza no tuviera factores biofísicos limitantes-, no sola­mente socava las funciones globales de soporte vital sino que amenaza también la estabilidad geopolítica. En este contexto, la buena noticia es que en la actualidad son muchas las personas que aceptan el desafío de la sustentabilidad como el pri­mer paso hacia un futuro más seguro. La mala noticia es que la corriente política y económica muestra pocas señales de reconocer la existencia de cualquier límite biofísico. Así, las instituciones «oficiales» de desarrollo mundial parecen más con­vencidas que nunca de que la ruta más corta a la sustentabilidad se logrará por medio de la expansión económica sin restricciones.

RECUADRO 2.2:
Sobre el capital natural 5

El capital natural se refiere a cualquier stock de recursos naturales que produce un flujo de bienes y servicios valiosos para el futuro. Por ejemplo, un bosque o un stock de peces puede proveernos un flujo o cosecha que es poten­cialmente sustentable año tras año. El bosque o el stock de peces son el «capital natural», y la cosecha sustentable es el «ingreso natural». El capital natural también tiene funciones como la asimilación de los residuos, control de la ero­sión e inundaciones, o la protección de la radiación ultravioleta (la capa de ozono es una forma de capital natural). Estos servicios de soporte vital son también considerados como ingreso natural. El flujo de servicios de los ecosistemas, a menudo requiere que éstos funcionen como sistemas intactos, la estructura y diversidad del sistema pueden ser un componente importante del capital natural.

Generalmente los investigadores consideran que hay tres categorías de ca­pital natural: renovable, de posible reposición, y no renovable. El capital natural

5 Adaptado libremente por Robert Costanza y Herman E. Daly, -Natural capital and sustainable development», Conservation Biology Vol.l (1992): 37-45 y William E. Rces, «Achievíng Sustainability: Reform or Transfomnation?» , Journal of Planning Literature Vol. 9, N°4 (1995)

(continua en pg siguiente)


La sustentabilidad fuerte:

condicíón ecológica mínima aceptable para la sustentabilidad

Mientras la Tierra siga siendo el único hogar de la humanidad, la sustentabilidad requiere que vivamos dentro de la capacidad productiva de la na­turaleza. Para usar una metáfora económica, la humanidad tiene que aprender a vivir de la renta generada por las existencias remanentes de capital natural. El «capital natural» incluye no solamente todos los recursos naturales y la capacidad de asimilación de residuos necesarios para mantener la actividad económica hu­mana, sino también aquellos procesos biofísicos y relaciones entre componentes de la ecósfera que proporcionan «servicios» esenciales para las funciones de sopor­te vital (véase el Recuadro 2.2).

Si consumimos más que el interés o renta de nuestro capital natural, dismi­nuimos nuestra riqueza biofísica. Esto socava nuestro futuro porque, a pesar de nuestra creciente sofisticación tecnológica, los humanos nos quedamos en un estado de «dependencia obligada» de la productividad y los servicios de soporte vital de la ecósfera 6. Así, desde una perspectiva ecológica, poseer suelos adecuados y el capital natural productivo asociado es fundamental para la continuidad de la existencia humana en la Tierra. Significativamente, en la actualidad, tanto la población huma­na como el consumo promedio están incrementando, mientras el área total de los suelos productivos y las existencias de capital natural son fijas o decrecientes.

Estas tendencias plantean la pregunta de cuánto capital natural es suficien­te. ¿Debiéramos intentar conservar o aumentar nuestras reservas de capital natural (sustentabilidad fuerte)? O, como lo creen muchos economistas, ¿son las pérdidas de capital natural aceptables, si están compensadas por la sustitución de una can­tidad o valor equivalente de capital artificial («sustentabilidad débil» véase el recuadro 2.3)?7

Ciertamente, son muchos los ejemplos de cómo la tecnología ha sido capaz de sustituir recursos naturales. La transmisión de microondas y las fibras ópticas han reducido de forma significativa la demanda de cobre. Sin embargo, argumen­tamos que, en muchas situaciones, la opción de la sustitución no es aplicable -el capital natural (por ejemplo, el bosque) es a menudo un prerrequisito para el capital manufacturado (por ejemplo, un aserradero). En otros casos, la tecnología y el capital manufacturado simplemente no podrían substituir con un capital na­tural en estado crítico (por ejemplo, a la capa de ozono) en un futuro previsible. Por lo tanto, incluso en las mejores circunstancias, la fe ciega en la sustitución sería una opción muy arriesgada. En las circunstancias actuales, la velocidad del agota­miento de las existencias y el cambio global acelerado sugieren que las reservas de

renovable, como las especies vivas o los ecosistemas, generan su propia produc­ción y mantenimiento, utilizando la energía solar y la fotosíntesis. El capital natural de posible reposición incluye el agua subterránea o la capa de ozono. No es capital vivo, pero se va renovando o reponiendo en forma continua, a menudo gracias a otro tipo de mecanismo solar. Al contrario, las formas no renovables de capital natural, tales como los combustibles fósiles o los minerales son análogos a sus existencias. Cualquier uso de ellos implica eliminar parte del stock. La presencia de existencias adecuadas de capital natural, que se produzca a sí mismo y se reponga en forma continua, son esenciales para las funciones de soporte vital (y general­mente no son sustituibles), consideramos que estas categorías de capital natural son más importantes para la sustentabilidad que sus formas no renovables.

Debería ser obvio con respecto a lo anterior que el «capital natural» de la Tierra es más que un inventario de recursos industriales: incluye todos los componentes de la ecósfera, así como las relaciones estructurales entre ellos, cuya integridad organizadora es esencial para la autorregulación y la autoproducción continua del sistema mismo. De hecho, es esta integración funciona] y estructural altamente evolucionada la que hace de la ecósfera el «medio ambiente» habitable y único que es. En efecto, la ecósfera está produ­cida en parte por los mismos organismos de los cuales está compuesta. Adicionalmente, los ciclos ecológicos, hidráulicos y geoclimáticos no sólo transportan y distribuyen nutrientes y energía, sino son parte de los mecanis­mos homeostáticos y autorreguladores que estabilizan las condiciones en la Tierra para todas las formas contemporáneas de vida, incluyendo a la huma­nidad. Todos éstos, también, son formas de capital natural.

6 William E. Rees desarrolla el tema de la «dependencia obligada» en «Sustainable Development and the Biosphere: Concepts and Principles» , Teilhard Studies Number 23 (Chambersburg, PA: Anima Books (for American Teilhard Association for the Future of Man), 1990).

7La distinción débil-fuerte fue presentada por David Pearce et al. (1989) y Herman E. Daly y John Codd (For the Common Good, Boston: Beacon Press, 1989). Los documentos refutando la crisis de la sustentabilidad son Marcus Gee, <, en The Globe and Mail, 9 April 1994, DI-3; y Julian L. Simon y Herman Kahn, eds., The Resourceful Earth: A Response to Global 2000 (NY: B. Blackwell, 1984). El estudio de David Pearce y Giles Atkinson se llama «Capital Theory and the Measurement of Sustainable Development: An Indicator of `Weak' Sustainability» en Ecological Economics Vol.8, N° 2 (1993): 103-108.




capital natural ya no son adecuadas para asegurar la estabilidad ecológica a largo plazo. Frente a esta situación, creemos que la «sustentabilidad fuerte» es una con­dición necesaria para el desarrollo ecológicamente sustentable. Más explícitamente, esta condición se cumple sólo si cada generación hereda las existencias adecuadas de bienes biofísicos esenciales, no menores que las existencias de bienes heredados de la generación anterior. (Si se mantienen los estándares materiales promedios de hoy, esta «herencia» tendrá que ser calculada per cápita, para contrarrestar el efecto del crecimiento poblacional). Esta versión de la condición de «las existencias de capital constante» es independiente del estado de las existencias de capital artificial (aunque, sí es posible, el segundo también debe quedarse constante per cápita.)
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