De los inicios de la reconstrucción del centro de la ciudad al surgimiento de una nueva centralidad urbana




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Transición a la Modernización Arquitectónica en la Ciudad de Guatemala (1918-1955)
De los inicios de la reconstrucción del centro de la ciudad al surgimiento de una nueva centralidad urbana.

Una síntesis preliminar*

Carlos L. Ayala R. Coordinación

Miguel A. Chacón Véliz y Luis F. Olayo Ortiz


Generalidades
La etapa de transición a la modernidad arquitectónica en la ciudad de Guatemala representa la mayor ruptura en la historia de la arquitectura del país. Fue el reemplazo de la arquitectura tradicional de la ciudad, fielmente utilizada por varios siglos, en unas cuantas décadas cae en total desuso, ante la edificación de fuertes y elevadas estructuras de concreto armado, densificadas y de sobrias expresiones estructural-volumétricas, impulsadas por la mercantilización y refuncionalización urbana de la ciudad. Así la tradicional horizontalidad de la arquitectura del centro citadino, de antañonas residencias de mampostería, cede paso a la edificación de altura, el uso intensivo del espacio desplaza a las casonas de patios, se inicia la producción de objetos arquitectónicos en serie, en los suburbios. Toda una sucesión de cambios que modifican el paisaje urbano, los modos de habitar, se alcanza la ansiada invulnerabilidad sísmica de la edificación, pero es también un proceso con secuelas destructivas, se derriba para la posteridad la arquitectura ancestral de la capital guatemalteca, la especulación y mercantilización se apodera de la edificación, la importación de insumos constructivos desplaza la autoconstrucción popular y la arquitectura vernácula, entre otros.
La modernización arquitectónica es todo un proceso de reemplazo de las formas tradicionales por nuevas modalidades de producción, de intercambio, de consumo, así como de modos de habitar de objetos arquitectónicos. Cambios tanto de orden cualitativo como cuantitativo, por el inmenso crecimiento de los volúmenes y escalas de los objetos y procesos de edificación. Los que en conjunto pueden alcanzar a reestructurar la morfología de la ciudad. La modernización arquitectónica en el orden de la producción desarrolla la aceleración de los procesos constructivos con la mecanización de procedimientos y la producción industrial de materiales, la durabilidad y resistencia de las edificaciones con el desarrollo de nuevos materiales constructivos a partir del conocimiento de su sus propiedades físico-químicas, además de los crecientes volúmenes de construcción. Lo que modifica y especializa la formación y capacitación de recursos humanos y complejizan la organización técnica del trabajo. En la esfera del intercambio se desarrolla la mercantilización de objetos arquitectónicos y las relaciones asalariadas de profesionales. en relación con el desarrollo del capital inmobiliario. En la esfera del consumo se conoce del uso intensivo del espacio, de nuevas tipologías funcionales, nuevos lenguajes de sobrias expresiones de sintaxis anti-tradicional.
Esta reconversión de la arquitectura de la ciudad fue generada y devino de las urbes de las altas sociedades septentrionales de occidente, parte de las experiencias ligadas al desarrollo de la gran ciudad industrial del capitalismo, de sus necesidades masificadas de contenedores físico-espaciales y reordenamiento urbanístico. Aspectos edificatorios no conocidos por la sociedad guatemalteca en la configuración de su entorno arquitectónico, los que se asumen plenamente a mediados del siglo XX, en el contexto de un país de ricas oligarquías, campesinado depauperado y de tímida industrialización.
La transición a la modernización arquitectónica se inició a fines del siglo anterior en la capital de Guatemala, a partir de la redinamización económica que introdujo el sistema agroexportador cafetalero y cierto desarrollo mercantil capitalista en la ciudad. Se erigen las primeras estructuras de materiales de origen industrial e inéditas tipologías arquitectónicas para satisfacer necesidades ligadas a la comercialización y servicios. Esta reconversión de la arquitectura de la ciudad se ahonda con la lenta reconstrucción del centro de la capital guatemalteca, luego de los devastadores terremotos de 1917-18, se erigen los primeros edificios en altura y se universaliza en la edificación elitaria la opción tecnológica del concreto armado. Finalmente se sucede la etapa de consolidación a mediados del siglo XX, en el marco del desarrollo económico sostenido de la posguerra, la política económica de los gobiernos revolucionarios y luego del régimen restaurador, el proceso de industrialización y metropolización urbana de la ciudad conlleva el gradual abandono del casco original de la capital, paulatinamente se hace del suburbio elitario sur una nueva centralidad, configurada de acuerdo a la concepción urbanística y a las imágenes edilicias de representación moderna de edificios de altura, centros comerciales y residencias. Así asistimos a la consumación de la modernización arquitectónica, con el abandono de la ciudad tradicional.
La modernización de la arquitectura en la sociedad guatemalteca se sitúa ante todo en las áreas de asentamiento de los sectores culturalmente occidentalizados, particularmente de los grupos de poder que erigen las centralidades urbanas, además por el denominado sector moderno de la economía, para las necesidades masivas de las capas medias y otros sectores urbanos con capacidad económica o beneficiados de las políticas de redistribución del ingreso, con las urbanizaciones populares. Por ello la modernización arquitectónica se sitúa ante todo en las ciudades regionales, que son el mayor mercado interno del país. Los principales agentes introductores de la modernización arquitectónica suelen ser los propios arquitectos vanguardistas extranjeros, ciertas vanguardias autóctonas1 o bien los propietarios y constructores privados, los funcionarios de gobierno involucrados en simples procesos de reproducción edificatoria de acuerdo a los elementos e imágenes provenientes de la cultura metropolitana.

* * *
Este ensayo parte de algunas consideraciones de carácter teórico metodológico que orientan las posteriores reflexiones del estudio. Sobre esa base se ensaya una reconstrucción histórica del proceso de transición a la modernidad arquitectónica en la capital guatemalteca, que comprende una descripción de acontecimientos relevantes de esta reconversión de la arquitectura y su relación con la sociedad en general, luego se indican los motivos y roles de los agentes actuantes y receptuantes. Se aborda en tres etapas: la arquitectura de la ciudad anterior a la transición a la modernidad arquitectónica (1776-1871), los primeros casos de adscripción a la modernidad arquitectónica (1871-1917), y finalmente el inicio de la reconstrucción del centro de la ciudad y la adopción de la modernidad arquitectónica como tendencia, hasta el surgimiento de una nueva centralidad urbana (1918-1955) donde culmina la transición y se consolida la modernización arquitectónica. Luego se caracteriza y problematiza este proceso de transición, se indican los factores estructurales y procesos resultados a nivel social, urbano y arquitectónico, expresada alrededor de una interpretación y valoración crítica, a manera de una síntesis conclusiva.
Se concibe a la arquitectura como un proceso inscrito dentro del conjunto social, de ahí el desarrollo de una reconstrucción histórica y global, que abarque y dilucide los aspectos determinantes del proceso de transición a la modernidad arquitectónica, identifique los factores de orden socio-cultural y geográfico natural que condicionen su desarrollo. Asimismo se conoce la propia modificación de los componentes arquitectónicos: la adecuación y evolución de la tecnología y procedimientos constructivos, de las concepciones espaciales y formales, entre otros. Inclusive cómo es asumida, impulsada o modificada la modernización de la arquitectura por los diferentes grupos sociales en la configuración de su entorno urbano y su relación e implicaciones dentro del sistema de centros poblados y el territorio en general. Además el estudio está orientado a proponer una interpretación y valoración crítica de la transición a la modernización arquitectónica , destacando sus logros y limitaciones.
Este estudio fue elaborado a partir del estudio de importantes materiales bibliográficos que nutren el referente teórico y de un amplio registro de información de fuentes hemerográficas, orales y estudios de campo que sustentan la preliminar reconstrucción histórica de la Ciudad de Guatemala, que aquí se expone.
Algunos elementos teóricos metodológicos
La modernización social en general es un proceso en construcción2. Tiene su despliegue mayor con el capitalismo de las sociedades centrales y su globalización con la conformación del mercado mundial y la división internacional del trabajo, que articula a una serie de sociedades no tecnológicamente desarrolladas en condiciones de periféricas3.
En las grandes ciudades de Occidente, la alta concentración y aceleración de la rotación de excedentes impulsa la tendencia inevitable de la industrialización concentrada, la urbanización. Expresión del uso intensivo y eficiente del espacio de producción y reproducción social. Implica el despliegue de nuevas necesidades, de innovaciones tipológicas, de ahí el desarrollo de nuevas opciones tecnológicas y la remodelación del nuevo hábitat humano de tipo concéntrico: la gran ciudad, en oposición a la dispersión del mundo natural-rural. Aunque la tendencia a la concentración de capital y la diferenciación socio-económica, es consubstancial a las economías del mercado, se refleja en cierta enajenación de lo humano, su depauperación especialmente en el mundo periférico, como la informalidad o precariedad de lo urbano.
La modernización en la arquitectura está relacionada con reestructuraciones o redinamismos de la economía capitalista. Por ello posee, como ámbito privilegiado las grandes ciudades de la civilización occidental. La utopía del pensamiento técnico racionalista y sus planteamientos de planificación de la ciudad y del territorio, se inscriben dentro del ideario de alta civilización que es el objeto de la modernidad; como objeto deseado. Las vanguardias y paradigmas arquitectónicos responden a esa utopía técnico racionalista, pero se concretan en parte, al corresponder y ser reelaboradas para satisfacer necesidades de edificación del capitalismo; el proyecto efectivo. El denominado Movimiento Moderno de la arquitectura es la expresión sistemático-reflexiva de la reconversión social en su dimensión como edificación, especialmente con el ampliamente difundido racionalismo arquitectónico alemán: el bauhasiano.
Entre las condiciones propicias de la modificación de la arquitectura, además de las necesidades de medios de producción y de vida del capitalismo, se observan las adscripciones al espíritu de lo nuevo o la reproducción local de la imagen urbana cosmopolita por medio de procesos de actualización estilística. Proceso relacionado con la presencia de la cultura de masas, la dinámica del consumo de formas, de nuevos códigos simbólicos o de representación edilicia. Siempre orientadas por la dinámica de la acumulación capitalista, generadora en parte de necesidades suntuarias, como las recurrentes modas y arbitrariedades del formalismo arquitectónico.
Esta modernización de la arquitectura implica necesariamente procesos de abandono y reemplazo de elementos arquitectónicos tradicionales. De defases en el tiempo y de sincretismos en sus procesos de irradiación y recepción periféricas. Además de adaptación, resistencia o adecuación a los diversos contextos geográfico-naturales, socio-económicos y culturales donde se introduce o adopta la modernización arquitectónica, altamente destructiva, donde la modernidad no es de naturaleza endógena. Esta ruptura en el devenir de la arquitectura del sitio, es legitimada por la retórica del pensamiento técnico mercantilista, que no admite en la arquitectura local la continuidad cultural, la búsqueda de una solución regional, la primacía ante lo radical en la eficiencia económica y cobertura de los procesos de producción y consumo de objetos edificatorios.
Las tradiciones culturales locales tienden en varios casos a trastocar los cánones del modernismo arquitectónico, aunque este conlleva generalmente situaciones destructivas. Las imágenes de modernidad erigidas en la centralidad urbana por el capital, han implicado la demolición del legado edificatorio, imágenes que influyen sobre el resto de grupos culturales de la sociedad por razones económicas, de proximidad geográfica o de influencia cultural, como las barriadas populares y poblados tradicionales conurbados. Contrariamente, la pervivencia de elementos de la cultura edificatoria tradicional, ya sea por la carencia adquisitiva de los grupos urbanos y rurales pobres o por la resistencia de las culturas populares, como las etnias no occidentalizadas: pueblos Mayas, negros y ladinos rurales guatemaltecos, que no asumen la modernidad arquitectónica. De ahí la persistencia de poblados tradicionales rurales que constituyen un elemento de identidad e invaluable patrimonio edificatorio vivo, de raíces milenarias.
Las incidencias geográfico-naturales del sitio, actúan también en las adopciones y trastocamientos de la modernización de la arquitectura. Como las repercusiones de una adecuación a las características geográficas (relieves, alturas y orografía, entre otros), geológicas (sismicidad e invulnerabilidad, aprovechamiento de los suelos como materiales, la capacidad soporte del suelo, etc.), los biomas y los recursos naturales renovables en la obtención del confort ambiental o regulación de los factores climáticos. Es decir, puede ser o no, una superación de limitantes de la arquitectura tradicional, al buscar una mejor regulación, adaptación y aprovechamiento a las improntas del sitio geográfico.
El ciclo de modernización arquitectónica posee varias etapas, en el caso de la sociedad guatemalteca se proponen dos: la etapa de transición o inicio de substitución de la tradición edificatoria urbana, data de fines del siglo XIX y llega a mediados del actual siglo, se inicia el aparecimiento de varios elementos de arquitectura moderna en obras tradicionales, especialmente tecnológico constructivo y funcional espacial. Obras que se ubican especialmente en el centro de la ciudad con la consolidación del sector financiero-comercial y núcleo residencial de la oligarquía terrateniente.
La etapa de consolidación o despliegue va de los años 50 a los 70, cuando buena parte de los objetos arquitectónicos de la ciudad son integralmente de arquitectura moderna. Además las intervenciones en la ciudad a nivel urbano observan paradigmas de modernidad como la zonificación y trama vial urbanas, al adquirir rango de institucionalización cuando el poder asume como su lenguaje de representación a la arquitectura funcionalista y de Estilo Internacional, y en el campo de la formación profesional se inculcan los nuevos paradigmas racionalista como prototipo de edificación contemporánea.
Existen además diferentes ritmos de aceleración o de desaceleración en las etapas de transición, consolidación y agotamiento respecto a la adscripción a los elementos y principios de modernización arquitectónica. Se observa una alta correspondencia con los ciclos de crecimiento y contracciones económicas, mediados por los procesos políticos y culturales. Por ejemplo: la segunda guerra mundial produjo un período de crecimiento económico sostenido en Guatemala, aunado a la política de gobiernos revolucionarios (1944-54) de apoyo al capital industrial y atención a las necesidades masivas, devino el ciclo de mayor aceleración y la etapa de consolidación de modernización arquitectónica en la ciudad.
La modernización de la arquitectura se introduce con los grandes y globales ciclos de reconversión y correspondientes cambios de mentalidad, patrones de producción y consumo. No es un proyecto endógeno de las sociedades periféricas, sino de naturaleza global -exógena, introduce un reajuste o reconversión, al modificar las relaciones y especialidades económicas en la explotación del territorio y consiguientemente del sistema de asentamientos humanos.
En Guatemala sucedió una nueva especialización de la producción con la agroexportación cafetalera y un reacomodo del bloque de poder oligárquico. Se desarrollan procesos de rotación y valoración de capitales, que tienen mayor impacto en la ciudad capital, el centro de la riqueza y sede del poder. Surge la necesidad de contenedores físicos para atender la redinamización de la economía urbana, con la incipiente industria, el crecimiento comercial-financiero y la inmigración, posteriormente conocería de la masificación de necesidades. Así, con las posibilidades de un mercado urbano se opera la lenta mercantilización del suelo, de los objetos edificatorios y el paulatino desarrollo del capital inmobiliario. Se convierte la ciudad en el escenario para la adscripción de los elementos y paradigmas de la modernización arquitectónica, además de los cambios en el modo de habitar, las influencias culturales de la denominada sociedad de consumo.
La modernización arquitectónica no es sinónimo de -modernismo-, entendido éste como la nueva concepción estético-formal de la arquitectura iniciada con el siglo XX. Esa modernización es un cambio integral en la arquitectura, que incluye modificación además en la producción, intercambio y su sentido histórico-contextual, al menos inmediato, con el devenir de la ciudad. Entender ese cambio arquitectónico sólo en lo formal y no en el todo, es ver sólo una parte del proceso de modernización, ver una de las tantas modificaciones en la esfera del consumo, no superar posibles reduccionismos.
La modernidad arquitectónica además se encuentra relacionada con la modernización en general, pero especialmente con la transformación urbana. Por modernización de la ciudad entendemos en términos preliminares una reestructuración en la funciones predominantes de la ciudad, modificación en la composición social de la población urbana, con la transformación o surgimiento de nuevos grupos urbanos, de sus mentalidades y gustos, todo ello con implicaciones en los patrones de asentamiento y servicios, que se reflejan en el cambio del paisaje o imagen urbana y en la escala de la ciudad.
La modernización de la arquitectura en la esfera de la producción, se caracteriza por una modificación en los sistemas o volúmenes de edificación, bajo el imperativo de la mejora permanente en la tecnología constructiva orientada por la búsqueda de durabilidad y economía de los materiales y rapidez de los sistemas de construcción de objetos. A ello obedece la búsqueda recurrente de nuevas opciones tecnológicas, la extinción de la pequeña producción artesanal de objetos únicos a manos de la gran empresa de producción en serie de edificios; la obra in situ es reemplazada con la obra de elementos prefabricados y desmontables. Esta creciente tecnificación y ampliación de los volúmenes de producción, entraña además un cambio en la formación y capacitación de recurso humano, de los constructores extranjeros a los centros profesionales de formación en el propio país, del aprendizaje empírico a la diversidad de especialidades técnicas.
La modernización de la arquitectura en la esfera del intercambio se caracteriza por la mercantilización; así el desplazamiento del sistema de obras de auto construcción o por encargo, por la producción masiva y anodina de objetos arquitectónicos destinados mayoritariamente para rentas o como objetos mercancía, a veces a gran escala como las sub-urbanizaciones; aunque la obra arquitectónica como pieza única continúa siendo el modo de residencia elitario, un símbolo de estatus. Aquello implica el desarrollo del capital inmobiliaro y cambio en la condición laboral de los especialistas de la construcción; el ejercicio profesionista liberal alterna como espacio de realización profesional con el técnico profesional asalariado perteneciente a consorcios de bienes raíces.
La transformación de las formas de consumo arquitectónico está asociada con el uso de nuevos patrones espaciales, generalmente orientados por la alta densificación, tanto horizontal como vertical con la ocupación del espacio aéreo urbano, como la tipología de edificio en altura. En la adscripción a envolventes formales de sintaxis anti-clásica del lenguaje modernista (la asimetría, la expresión estructural, transparencia, esbeltez y otros recursos formales anti-gravitacionales), explotando las posibilidades expresivas de la nueva tecnología constructiva, y eliminando el -carácter superfluo- de la decoración. Esa modificación formal de la arquitectura de la ciudad trastoca el paisaje urbano, como la ruptura de la manzana bloque de los centros antiguos, especialmente por las edificaciones verticales de concepciones autonómicas que rompen cierta tradicional unidad de la morfología urbana. Los cambios en los modos de habitar se reflejan en el nuevo uso del espacio, como la zonificación de la ciudad, de acuerdo a la renta de suelo y poder adquisitivo de grupos urbanos, implica la refuncionalización y desplazamiento permanente dentro de las áreas urbanas y consiguientemente modificación de los objetos arquitectónicos. La metropolización de la ciudad capital, macrocefalia y conurbación de los poblados tradicionales del Valle Central, se trastoca la cultura tradicional especialmente de barrios y poblados, insertando elementos de patrones de vida de origen cosmopolita. Este proceso de reemplazo alcanza su mayor expresión en la edificación de una nueva centralidad urbana, el habitar en densificadas estructuras aéreas; en oposición abismal a la dispersión del mundo rural, ese nuevo escenario urbano impregnado por la presencia de la industria cultural-sociedad de consumo, irradia una imagen de ultra-modernidad con la electrográfica y la arquitectura formalista4.
Ante la destrucción del legado edificatorio original de la ciudad y su reemplazo por obras arquitectónicas modernistas, éstos se constituyen en el patrimonio edificatorio urbano, como referentes de la memoria colectiva a ser valorizados.

El proceso de modernización de la arquitectura obedece ante todo a las demandas del mercantilismo capitalista, orientada por la aceleración del ritmo de acumulación, de ahí la búsqueda de la eficiencia en la producción y consumo de objetos arquitectónicos como medios de producción o como objetos para el consumo, insertado en las necesidades creadas por la cultura de masas. Esa modernización es posible a partir de las nuevas opciones tecnológicas y las demandas masivas. Proceso desarrollado sobre todo por las sociedades industrializadas de alta capacidad adquisitiva en el contexto de la sociedad de mercado con extensiones a los reducidos núcleos de solvencia económica en las sociedades periféricas.
Sin embargo, es de reconocer que la sociedad capitalista , como ninguna en la historia se ha constituido en el proyecto posible de modernización de la sociedad, así logra en el plano de la edificación la optimización de los procesos tecnológicos-constructivos y la configuración de una nueva estética, que permiten satisfacer el carácter masivo de necesidades. Repertorio de nuevas imágenes que se yerguen como el mayor símbolo de la modernización contemporánea. Pero ello ha conllevado la destrucción de las culturas no occidentales y aún dentro de Occidente de las culturas tradicionales y cierta enajenación de la condición humana ante el imperativo social -racionalista- de maximización de beneficios económicos, sobre el propio desarrollo tecnológico y estético cultural.
Elementos geográficos-naturales.
La Ciudad de Guatemala se asienta sobre un valle, conocido como el Valle Central de Guatemala. Una altiplanicie de la cordillera de la Sierra Madre, ésta atraviesa el territorio nacional paralela a la costa del Pacífico. El Valle Central se ubica a una altura de 1500 metros sobre el nivel del mar, aproximadamente, posee una extensión de 15,000 hectáreas cuadradas. En el Valle ha prevalecido un clima moderado (de 10 a 30 grados centígrados promedio), es ventilado por vientos que lo recorren de norte a sur, predominantemente. Una estación lluviosa se observa de mayo a octubre, otra seca con algunos vientos fríos de noviembre a enero y cálidos de febrero a abril.
El Valle es una altiplanicie conformada por varias y amplias mesetas, delimitadas por profundos barrancos, formados unos por fallas geológicas y otros por el curso de varios ríos que drenan las aguas servidas de la ciudad y en estos existieron bancos de arena extraídos para las construcciones. Estos barrancos han puesto límites, en buena parte, a la forma de crecimiento de la mancha urbana de la ciudad capital. Originalmente el valle esta cubierto de frondosos bosques y claros de aguas cristalinas, parajes habitados por una rica vida silvestre. El valle está bordeado por cadenas montañosas, con riachuelos de donde se abastecía de agua la ciudad; aún conservan sus bosques. Estas junto con los conos volcánicos de la cordillera, volcanes Pacaya, Agua de Fuego y Acatenango, configuran el horizonte o paisaje natural de la ciudad.
El Valle Central de Guatemala es parte de las regiones con recurrencia sísmica del territorio guatemalteco, y es atravesado por las fallas geológicas de Mixco y Pinula. El valle se sitúa a pocos kilómetros del encuentro de tres placas tectónicas continentales: del Pacífico, de Cocos o Caribe y de Norteamérica. De hecho la bicentenaria ciudad de Guatemala ha sido parcialmente destruida en dos ocasiones: 1917-18 y 1976, por fuertes movimientos telúricos, con un gran número de pérdida de vidas, damnificados y destrucción del patrimonio edificatorio, con implicaciones en el abandono-reemplazo de la arquitectura tradicional.
Sucinta descripción de acontecimientos
La ciudad de Guatemala fue fundada en 1776, con el nombre de Nueva Guatemala de la Asunción, por decisión real, y trasladada, después de la destrucción, por los terremotos de Santa Marta en 1773, de la primera ciudad llamada Santiago de los Caballeros, y que actualmente se conoce como Antigua Guatemala. El Valle Central fue escogido como sitio del traslado porque ahí se encontraban las ricas haciendas de los señores de la ciudad.5 Un pequeño poblado, el de La Parroquia, sirvió de asentamiento provisional mientras se sacaban adelante las primeras obras de la Nueva Guatemala.
La nueva ciudad fue hasta 1821, la capital de una Capitanía General del Imperio Hispánico, que comprendió los actuales territorios de Centroamérica y Chiapas, México. Sus comerciantes poseían el monopolio regional de intercambio y exportación con España. Luego, con la declaración de independencia, fue la capital de la República Federal de Centro América, hasta la desintegración de la Federación en 1840. Desde ese entonces es la capital de la República de Guatemala.
A lo largo del primer siglo de existencia, la nueva ciudad de Guatemala no alcanzó a erigir una imagen de formalidad urbana, debido a las sucesivas contracciones económicas originadas por la caída de los productos de agro-exportación, el añil y luego de la cochinilla; además por las guerras civiles de la inestable federación centroamericana. La capital guatemalteca era entonces un modesto centro de comercios, servicios y administración, de residencia elitaria y producción artesanal.6
La capital guatemalteca era entonces un modesto centro poblado, trama cuadricular de manzana tipo bloque, de 12 x 8 cuadras, cuyo cuadrángulo central era la plaza mayor, un espacio polvoriento donde estaban aglomeradas las bancas del mercado, Una hermosa fuente neo-clásica al centro, en el oriente se yergue la imponente fachada de la catedral, el resto del conjunto estaba delimitado por las arquerías de dos portales y del edifico de gobierno. Fisonomía aun no alterada y que databa del período colonial. Sólo algunas calles principales habían sido empedradas, donde se encontraban algunos comercios y varias casonas señoriales. A unas cuantas cuadras de la plaza mayor estaban los arrabales informales potreros y huertas. La modesta área formal de aquel poblado decimonónico reprodujo casi inalterable la arquitectura de la ciudad introducida en el período colonial-hispánico. Es decir, estructuras de una planta, por razones asísmicas, distribuidas espacialmente alrededor de los patios interiores. Construida con mampostería los macizos muros, techumbres de pesados y bellos artefactos de madera y tejas de barro cocido, y por pisos. morlones o baldosas de barro. Una ciudad horizontal, cuyo paisaje urbano estaba visualmente dominado por las grandes moles de las iglesias conventos de las ordenes religiosas. Esta arquitectura y urbanística de ciudad, fue desarrollada y provino del mundo mediterráneo7 Dos fuertes, situados en colinas contiguas a la ciudad, un teatro erguido en la plaza vieja y un mercado en el sitio del sagrario, son las importantes obras públicas del período conservador.
Fue con las reformas liberales de 1871, y el redinamismo que en la economía nacional introdujo la agro-exportación cafetalera, que revitalizó la economía capitalina. Se desarrolla un sector financiero y comercial, así como una incipiente industria local de bienes de consumo. El arribo de migrantes europeos y de campesinado movilizados por la insurrección liberal, amplían los grupos de población de la ciudad. Fueron los primeros barrios que se trazaban contiguos al casco original, como los cantones Barrios y Elena. Los expropiados inmuebles eclesiásticos de la ciudad son reciclados, albergan dependencias del Estado y servicios públicos, como el convento de los dominicos para uso de la Aduana y Estanco de licores, El seminario Tridentino para albergar al Instituto Central de Varones.
Los grupos urbanos acomodados de la Ciudad de Guatemala a fines del siglo XIX, desarrollan una amplia labor edificatoria que comprende espaciosos comercios, bancos, hoteles o residencias tipo palacete. Obras destinadas a albergar las nuevas y crecientes actividades de la revitalizada ciudad. Las obras arquitectónicas son de estilo ecléctico de solución espacial de patios interiores y constructiva de mamposterías, es decir, reproducen el tipo de arquitectura de ciudad colonial-hispánica, con excepción de la decoración. Las obras de destino comercial se localizan cercanas a la plaza mayor y sobre la calle real, las residencias en zonas elitarias del casco central como la del barrio de Santo Domingo, La introducción del alumbrado eléctrico y teléfonos datan del ultimo cuarto de siglo en la ciudad de Guatemala. Así como el transporte público en tranvías eléctricos y de tracción animal. Una nueva nomenclatura urbana de tipo numérico sustituye los nombres tradicionales de las calles.
El presidente Reina Barrios (1892-98), realiza una importante obra arquitectónica para albergar el aparato estatal, se construyen varios palacios como sedes de poder y administración pública. La Casa Presidencial (1894), el Palacio de la Reforma (1896) o el edificio de la Propiedad de Inmueble (1898), entre otros,. Son edificios de niveles, constructivamente de mamposterías ocultas con envolventes de estucos o fachaletas de piedra labrada y mármoles.
Los primeros gobernantes liberales tenían en mente la construcción de suburbios elitarios, a la manera parisina. Una descripción a la boga de modernidad urbana del momento y la expansión de las élites, El presidente Justo Rufino Barrios (1871-85) adquiere amplias propiedades al sur de la antigua capital, su sucesor el presidente Lisandro Barillas (1885-92), ordena la traza de un cantón Exposición, actual zonas 4.8 El presidente J. M. Reina Barrios, desde inicios de su mandato (1892) erige dos espaciosos y arbolados boulevares al sur de la ciudad, denominados -La Reforma- la principal perspectiva urbana con áreas escenográficas, y su vía de acceso, el boulevar -15 de Septiembre-, actual 7ª avenida zona 4. Implicó aplanamiento de la Colina del cielito y relleno de parte de la Barranquilla. En 1901 al norte de la ciudad, el presidente Estrada Cabrera (1898-1920) manda a construir -La Avenida de Minerva- actual Ave. S. Cabañas, una prolongación de la céntrica 6ª Avenida y la Calle Nueva, actual Calle J. Martí, que interconecta los barrios de Jocotenango y la Parroquia. La que junto con la Reforma constituyen las más extensas y amplias perspectivas urbanas de hermoso valor paisajístico. Corredores rematados con sendas obras de arquitectura símbolo, como el Palacio de la Reforma (1894) y el Templo a Minerva (1902) respectivamente.
Recuérdese la designación de -pequeño París- al proyecto de renovación capitalina que impulsó durante su sexenio el presidente Reina Barrios9 a los Templos Griegos que mandó edificar el presidente Estrada Cabrera a lo largo de su extensa dictadura de 22 años. Podría enunciarse una visión de los grupos de poder de la ciudad vinculada con la cultura romántica europea, cuyo nivel de concreción alcanza la escala urbanística y de apología con las reproducciones del Partenón Griego.
Este cambio en la arquitectura, al menos para el centro de la capital guatemalteca, fue posible gracias al redinamismo económico que se opera en el país con la consolidación del sistema agro-exportador cafetalero basado en la compulsión de trabajo, especialmente indígena, una vasta redistribución de tierras a partir de la confiscación de haciendas a la iglesia y vieja oligarquía y de tierras comunales, con el ascenso de la fracción oligarca-cafetalera al frente del poder. Las concentraciones de riqueza que hace la oligarquía y los inmigrantes de la Europa Central, fue la base económica que sustentó dicho proceso de revitalización urbana. Proceso que se focalizó en la capital, por ser el centro poblado mayor de residencia y administración de esos grupos dirigentes y en otras ciudades de regiones cafetaleras, como Cobán en las verapaces, San Marcos y Quetzaltenango en la región sur-occidental del país.
Ello implicó a finales del siglo una transformación estructural de la ciudad capital, particularmente con el crecimiento de la economía urbana, en las esferas de servicios y comercios, y la incipiente industria de bienes de consumo, textileras, cervecerías, fosforera, etc. Provocó la refuncionalización espacial, con desplazamientos intra-urbanos del centro por la expansión comercial y el crecimiento de las periferias como áreas de residencia de los pobres urbanos y suburbios elitarios. Los cambios formales de la ciudad fueron mayores en las áreas céntricas, se erige una nueva imagen, con el repertorio de la arquitectura historicista. Los sectores populares continúan con la arquitectura tradicional, de mampostería de tierra y techumbres de artesonados, tejas y encalados, herencia edificatoria de tres siglos de presencia hispánica.
Esta obra constructiva en la ciudad al llegar el cambio de siglo alcanzaría a renovar la imagen de la centralidad urbana de la capital guatemalteca. Dotando por primera vez a la ciudad, de una imagen formal a partir de las nuevas obras de arquitectura historicista, respetuosas de la concepción urbanística tradicional de manzana en bloques. La ciudad de Quetzaltenando, principal centro urbano de la mayor región cafetalera del país, compite con la ciudad de Guatemala en formalidad urbano-arquitectónica. Aunque su parcial destrucción con la explosión del cercano Volcán Santa María (1902) incidiría en su declinación, además el temor ante el intento separatista del Estado de los Altos.
Esa importante obra edificatorias en el centro capitalino fue realizada mediante la contratación en el exterior y posterior venida al país de un grupo de constructores europeos: Durini, Goicolea entre otros, inicialmente traídos por los gobernantes liberales, ante la ausencia de constructores en la ciudad. Los técnicos locales eran los ingenieros topógrafos para la delimitación de propiedades y los zapadores ligados a la infraestructura militar.
Dentro de estas obras arquitectónicas se encuentran los primeros edificios con elementos de modernización; como el empleo de una nueva opción tecnológica, el concreto armado, a pesar del alto costo de los componentes importados; como la Casa Morisca de Novella, es conocida como la primera obra de concreto armado en el país, es una residencia elitaria de dos plantas, de patios y de estilo
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