Vida cotidiana en el siglo XIX (gran bretañA)






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VIDA COTIDIANA EN EL SIGLO XIX (GRAN BRETAÑA)

CLASES SOCIALES
Clase baja- campesinos, criados, obreros industriales, mineros, artesanos y mendigos

Clase media- médicos, abogados, periodistas, profesores, curas, oficiales del ejército, funcionarios, campesinos acomodados y pequeños empresarios

Clase alta- aristócratas, alto clero, banqueros, industriales, generales y comerciantes ricos

AGRICULTURA
Durante el siglo XIX muchos agricultores emigraron a la ciudad para buscar trabajo en las fábricas, hasta el punto de que en 1830 Inglaterra fue el primer país del mundo en el que había ya más gente viviendo en ciudades que en el campo. Los campesinos emigraban porque durante el siglo anterior se habían repartido las tierras comunales y los pequeños agricultores se habían quedado sin los bosques y prados del pueblo, a los que podían ir a recoger leña o a llevar a pastar el ganado. Además, los grandes propietarios empezaron a vender la cosecha más barata (gracias a las mejoras que habían introducido en la agricultura) y les fueron arruinando. Por eso muchos pequeños campesinos tuvieron que vender sus tierras para pagar las deudas. Después emigraron a la ciudad, donde buscaron trabajo en las fábricas, en las minas o (si eran chicas) en el servicio doméstico, como criadas.

A partir de 1830 la mayor parte de la tierra estaba en manos de grandes terratenientes, que cedían parte de la tierra a campesinos para que la cultivaran (y a cambio le pagaban un alquiler). Estos agricultores tenían su propia casa y podían ganar bastante dinero como para vivir medianamente bien y comprarse cosas en la ciudad. Luego estaban los jornaleros, que eran campesinos sin tierras a los que los terratenientes contrataban para sembrar y recoger la cosecha. Los jornaleros iban a las ferias agrícolas (donde los agricultores y ganaderos vendían sus productos) a fin de buscar a alguien que los contratase para trabajar en el campo. Otros no tenían casa fija, ya que se movían continuamente, buscando un sitio donde ganarse la vida. Cuando llegaban a un lugar donde había trabajo, dormían en una cabaña que les prestaba el dueño de la tierra y trabajaban allí durante diez o quince días, hasta que se acababa el trabajo y se iban a otro sitio. Trabajaban desde que amanecía hasta que anochecía y sólo descansaban el domingo. Como los sueldos eran muy bajos tenía que trabajar toda la familia, incluyendo mujeres y niños. A veces no tenían faena (sobre todo en invierno) y pasaban hambre, ya que entonces no cobraban nada y tenían que vivir de los ahorros, pedir limosna o buscarse otros trabajos (como trabajar en construir una vía de tren o una carretera). A medida que pasaba el tiempo se iban introduciendo mejoras en la agricultura y muchos jornaleros tuvieron que emigrar a las ciudades, pues cada vez había menos trabajo en el campo.

Para sembrar el campo se utilizaba un arado tirado por bueyes, que hacía unos surcos, donde se echaban las semillas para enterrarlas después. De vez en cuando había que quitar las malas hierbas y abonar, lo que se hacía a mano. También había que dedicar tiempo a buscar leña, ir a por agua, dar de comer a los animales o a limpiar los establos. Tres meses después de la siembra se podía recoger el cereal, lo que necesitaba mucha mano de obra y se hacía con hoces. Después había que trillar, es decir, separar el grano de la paja, lo que se hacía con una especie de rastrillo. Luego el grano se llevaba al molino, para hacer harina (y ésta al horno para hacer pan), mientras que la paja se utilizaba para dar de comer a los animales o para rellenar los colchones. Lo que más se cultivaba era trigo (para hacer pan), cebada (para cerveza y alimentar al ganado) y patatas. En una parte de la parcela se cultivaba trébol o nabos, para que la tierra recuperara sus nutrientes y para dar de comer al ganado.

Cuando llovía los jornaleros no trabajaban y tampoco cobraban, por lo que varias semanas de lluvia podían hacer pasar hambre a muchas familias. También podía haber heladas, inundaciones, sequías o plagas de insectos que destruyeran la cosecha, algo que pasaba de vez en cuando. Entonces los agricultores podían arruinarse y tenían que vender sus tierras (si tenían) para emigrar a la ciudad.

Aunque en el campo se pasaba hambre cuando había malas cosechas, ya no se moría mucha gente de hambre porque la agricultura británica era la más moderna de Europa. Ya se usaba la sembradora mecánica, para poder sembrar con menos mano de obra. Además, a partir de 1860 los grandes propietarios empezaron a utilizar máquinas (algunas a vapor y otras tiradas por caballos) para trillar o recoger los cereales. También empezaron a usar abonos químicos en el campo, lo que permitió aumentar mucho la producción de alimentos.

ALIMENTACIÓN
La gente de clase baja comía sobre todo pan, patatas, sopa y legumbres (lentejas, garbanzos, alubias). La comida solían hacerla las mujeres de la casa, normalmente calentando una olla con leña. La carne era cara y se reservaba para ocasiones especiales. Pescado sólo se comía en localidades costeras, porque enseguida se estropeaba. Algo parecido sucedía con la leche, que sólo la tomaban los que tenían vacas u ovejas. En cuanto a las frutas y verduras, en Inglaterra se cultivaban pocas (sólo manzanas, peras, zanahorias, lechugas y coles) y esas eran las únicas que se consumían. Para beber tomaban agua o cerveza. Como comían pocas proteínas y pocas grasas, solían estar muy delgados y crecían poco. Y si se quedaban sin trabajo podían pasar varios días comiendo sólo una vez al día. No obstante, a partir de 1870 la mejora del transporte y la aparición de barcos frigoríficos permitió que empezara a llegar carne y cereales baratos desde Estados Unidos y Australia, lo que permitió bajar el precio de los alimentos y hacer que la gente trabajadora empezara a comer más cosas y a estar mejor alimentada. Estas mejoras hicieron bajar el precio del café, el té, el chocolate y el azúcar, que antes eran caros, pero que ahora se pusieron al alcance de todo el mundo. También por esa época empezaron a ponerse de moda las conservas, con lo que las personas podían comer cosas que venían de lejos.

La gente de clase media comía carne de vez en cuando, ya que ganaba más dinero. También comía más pescado y queso, que en esa época era bastante caro. Normalmente tenían una criada que era la que les hacía la comida (y se la servía). Todos los días tomaban té con pastas a las cinco de la tarde, normalmente con amigos. También les gustaba beber whisky y vino. Estas bebidas no se tomaban en las comidas, ya que eran caras, sino cuando se recibía a algún amigo en casa. Si vivían en una ciudad, a veces salían a comer a algún restaurante.

La clase alta comía mucha carne (faisán, perdices, ternera, cerdo) y bastante vino, además de marisco, queso y pasteles. Apenas comían pan, legumbres, patatas, frutas ni verduras, ya que eso lo consideraban comida de pobres. Su dieta era muy mala y por eso acababan engordando o tenían problemas de salud, a partir de los 60 años, por falta de vitaminas (en esa época aún no se sabía ni lo que eran las vitaminas). Todos los días tomaban té a las cinco y a veces whisky con los amigos, al igual que la clase media. A veces salían a comer a algún restaurante, si vivían en una ciudad. Tenían muchos criados que les hacían y les servían la comida.

CIUDADES
En el siglo XIX Londres era la ciudad más grande del mundo, con un millón de habitantes en 1800 y seis millones en 1900. Otras ciudades importantes eran Liverpool, Manchester, Birmingham y Glasgow, que crecieron muchísimo en esos años gracias a la industria, pues no paraban de llegar inmigrantes desde el campo para trabajar en las fábricas, en el servicio doméstico, en el comercio o en la construcción. Las ciudades tenían barrios de clase alta y media, con casas elegantes, muchas tiendas, restaurantes, teatros y parques. Por esas calles se veían carruajes y gente bien vestida. En 1807 pusieron las primeras farolas de gas y desde entonces empezó a haber luz por la noche, con lo que surgieron locales de copas, para hacer salidas nocturnas.

A principios de siglo las ciudades estaban bastante sucias, incluso los barrios de clase acomodada, ya que no había alcantarillado ni recogida de basuras, con lo que se tiraba todo a la calle. Además, las calles eran de tierra y se llenaba todo de barro cuando llovía. Pero esto cambió a partir de 1840, cuando se empezó a poner alcantarillado, suministro de agua a las casas y adoquines en el suelo. Entonces los barrios de gente con dinero empezaron a estar más limpios y pudieron empezar a tener agua en casa (antes tenían que ir a comprarla o tenían pozos en casa).

Estos avances no llegaron a los barrios obreros hasta la década de 1870. Allí vivían los trabajadores de las fábricas y la gente más pobre. Estos barrios estaban muy sucios, ya que no tenían alcantarillado, ni adoquines en el suelo. Por eso a menudo estaban llenos de barro, de ratas y olían mal las calles. También estaban contaminados, pues estaban al lado de las fábricas, que no dejaban de tirar humo. Lo que también contaminaba bastante eran las chimeneas de las casas, que usaban carbón para calentarse. En estos barrios había pocas tiendas, no había parques y no tenían luz en las calles por la noche. En cuanto al suministro de agua, tenían que comprarla o ir a la fuente a por ella, lo que les obligaba a hacer bastantes colas. Además, los barrios obreros eran peligrosos, ya que, como había muchos pobres, la delincuencia era algo habitual. Había muchos robos y asesinatos, por venganzas o porque se resistían a que les robaran. También había mucha prostitución en esos barrios, pues muchas mujeres no tenían dinero para vivir de otra forma. Muchos niños se dedicaban a pedir por las calles o a robar a los que pasaban. Salir por la noche era muy peligroso en esos barrios.

Por otra parte, en las ciudades había frecuentes atascos. Había muchos carruajes (de gente rica o que servían como taxis) y a veces no cabían todos en la calle. También había muchos carros con mercancías y, a partir de 1860, tranvías tirados por caballos, que ocupaban la vía pública. Además, los peatones no respetaban las aceras y andaban por todas partes, dificultando el tránsito de los carruajes. Por eso eran frecuentes los atropellos, cuando había menos tráfico y se circulaba a toda velocidad.

COMERCIO
En esta época no había supermercados ni grandes superficies. Todo eran mercados callejeros o tiendas pequeñas, donde pedías lo que querías y el dependiente te lo daba. Si era comida tenía que pesarlo y te lo llevabas tú en tu propia bolsa (no había bolsas de plástico. Eran de tela). La ropa no estaba hecha, sino que te la tenían que hacer a medida. Ibas al sastre, éste te tomaba las medidas y volvías al cabo de una o dos semanas a recogerla. Como esto era caro, había mucha gente que compraba las telas y se hacían ellos la ropa (normalmente las mujeres de la casa). Otros iban a mercados y compraban allí ropa de segunda mano, que solía estar sucia y a veces tenía pulgas o piojos. En las ciudades había bastantes tiendas (sobre todo en los barrios ricos), pero en los pueblos la gente solía ir a las ferias agrícolas (que se celebraban periódicamente en los pueblos más grandes) a comprar animales, comida que ellos no cultivaban y herramientas para el campo. También iban allí a vender sus productos o a buscar trabajo. Otras veces comían cosas que cultivaban ellos o algún amigo o familiar. Las demás cosas iban a las ciudades a comprarlas, porque en los pueblos había pocas tiendas.

En las ciudades había muchos vendedores callejeros, que vendían bebidas (café, limonada, sopa) y comida (empanadas, patatas calientes, pescado frito, pasteles), ya que mucha gente pobre no tenía cocina en casa o llegaban muy cansados del trabajo para ponerse a cocinar. También había muchas mujeres que vendían flores y niños que repartían los periódicos, gritando las noticias. Otros se dedicaban a limpiar las botas de la gente a cambio de un poco de dinero.

DINERO
La moneda era la libra esterlina, que a mediados de siglo equivalía a unos 250 euros actuales. La libra se dividía en 20 chelines (un chelín = 12,5 euros actuales) y cada chelín en 12 peniques (un penique = 1 euro actual). Hasta 1850 se pagaba casi siempre con monedas, pero a partir de esa fecha los billetes se fueron haciendo cada vez más habituales.

La gente de clase baja guardaba sus ahorros en casa, pero esto era peligroso, ya que les podían robar. Por eso escondían el dinero debajo de una baldosa, detrás de un ladrillo, dentro de un colchón o en un calcetín. La gente de clase media y alta tenía una parte del dinero en casa, pero otra parte la tenían en un banco, donde había más seguridad. Eso sólo lo podían hacer los que vivían en ciudades, ya que en los pueblos no había bancos. Además, los bancos a veces quebraban y entonces los que tenían ahorros allí se quedaban sin su dinero.

Los bancos sólo prestaban dinero a la gente rica, al gobierno y a las empresas, por lo que muchos tenían que vender las joyas de la familia cuando necesitaban dinero. Otros recurrían a prestamistas, que te dejaban el dinero pero con un interés muy alto. Y si no devolvías el dinero a tiempo se quedaban con tus tierras o con tu casa.

EDUCACIÓN
En esta época la mayoría de los niños iban a la escuela, pero los de familias pobres no iban o dejaban los estudios enseguida (a los nueve o diez años) para ponerse a trabajar en las fábricas o en el campo, ayudando a sus padres. Muchos colegios eran del ayuntamiento, mientras que otros eran religiosos y el profesor era el cura del pueblo, que daba algunas horas al día de clase. Los niños que vivían en casas de campo a menudo tenían que andar una hora, a veces bajo la lluvia, para ir al colegio más cercano. En las escuelas los profesores eran muy estrictos y pegaban (con la mano, con una correa o con un palo) a los que se portaban mal o no se sabían la lección. Allí sólo se enseñaba a leer y a escribir, las matemáticas básicas y algo de religión. Los colegios eran pequeños y normalmente solo tenían una clase y un profesor, sin patio ni biblioteca. Los niños y las niñas iban a colegios separados y sus profesores eran siempre de su mismo sexo. A las niñas se les enseñaba sobre todo religión, bordar y coser, para que pudieran ser buenas esposas y amas de casa. Se les enseñaba a leer para que pudieran conocer la Biblia. Pero muchas niñas de clase baja no iban a la escuela, ya que eran sus madres las que les enseñaban en casa lo que necesitaban saber para ser buenas madres y esposas. Además, las familias pobres necesitaban la ayuda de los hijos y se pensaba que no era tan importante que una niña estudiara.

Los niños de clase media y alta iban a colegios privados, donde sólo se relacionaban con gente de su misma clase social (o parecida). La gente de clase media y alta estudiaba durante más tiempo que los pobres y a menudo pasaban a secundaria. Allí aprendían historia, geografía, matemáticas, ciencias naturales, latín, francés y literatura. En esta época era muy importante saber francés, ya que era el idioma que utilizaban para entenderse la gente de distintos países. En los colegios más caros los niños iban con uniforme y se practicaban deportes, sobre todo atletismo, fútbol y rugby. La disciplina era muy estricta y se castigaba con azotes o con expulsiones (para siempre) a los que incumplían las normas. Muchos de los que iban a estos centros estaban internos y dormían allí, sobre todo en los colegios de élite. En estos casos veían poco a sus familias, ya que sólo volvían a casa los fines de semana. Y si eran de pueblo sólo en vacaciones, ya que el transporte era caro. Los colegios con más prestigio (y más caros) eran los de Eton y Harrow (cerca de Londres), donde estudiaban los hijos de los más ricos.

Los colegios caros e institutos de secundaria estaban en las ciudades y tenían ya patio, muchas aulas y biblioteca. Estos colegios e institutos eran sólo para los chicos, ya que las chicas no estudiaban más que en primaria. Las madres de familias ricas contrataban profesores particulares para sus hijos, para que aprendieran las cosas fundamentales para ser un perfecto caballero o señorita. Las chicas podían recibir clases de piano, de francés, de urbanidad, de baile y de equitación, mientras que los chicos de familias ricas aprendían en sus casas baile, urbanidad, esgrima, francés y equitación.

Muy poca gente iba a la universidad. Los que lo hacían eran normalmente hijos de licenciados universitarios o de gente con algo de dinero que daba mucha importancia a la educación de sus hijos. La gente más rica iba a las universidades de Oxford y Cambridge, que eran privadas y muy caras, pero daban una educación muy buena. Había pocas carreras y eran sólo para hombres. Sólo se podía estudiar medicina (para ser médico), derecho (para ser abogado, juez, fiscal o notario), filosofía y letras (para ser profesor o funcionario), ciencias (para ser profesor o funcionario) o teología (para ser cura). Posteriormente (hacia 1850) desapareció teología y apareció la carrera de farmacia. Quien quería ser maestro no iba a la universidad, sino que estudiaba durante un año en una escuela especial para maestros. Lo mismo los que querían ser ingenieros, que después de estudiar ciencias pasaban a una escuela politécnica. Estudiar en la universidad era caro y no había becas, así que los estudiantes más pobres trabajaban para sus compañeros lavándoles la ropa, limpiándoles la habitación (muchos estaban internos) o llevándoles el equipaje, para poder pagarse los libros o la matrícula. Las mujeres sólo podían estudiar para ser maestras o enfermeras y únicamente si su padre pensaba que era importante que las mujeres estudiaran, algo poco frecuente.

FAMILIA
En esta época los chicos y las chicas de clase baja solían conocerse en fiestas populares, por ser vecinos o paseando por el pueblo o la ciudad, normalmente los domingos. Entonces podían bailar juntos, charlar o irse de excursión al campo con la pandilla, lo que aprovechaban para conocerse mejor y quedar en más ocasiones. Normalmente no tenían relaciones sexuales antes del matrimonio, ya que si una mujer aceptaba y luego su novio la abandonaba, ya nadie se querría casar después con ella, pues ya no era virgen. Si además se quedaba embarazada y el padre no quería casarse ella no podía obligarle a hacerse cargo del niño. Además, una madre soltera era rechazada por todos (incluso por su familia) y tenía que sacar adelante al hijo ella sola, por lo que a menudo acababa abandonándolo en la puerta de un convento o de un orfanato. Para evitar estas cosas, las personas se casaban bastante jóvenes, las chicas entre los 18 y los 23 años y los chicos entre los 20 y los 25. Para hacerlo el chico tenía que pedir la mano de la chica a los padres, que entonces hablarían con él para conocerlo mejor (a él y a su familia). Otras veces hablaban también con los padres del novio, aunque en los pueblos esto no hacía falta porque todos se conocían. Si veían que eran gente honrada normalmente daban el permiso y se celebraba la boda.

En las familias de clase media y alta, las cosas eran algo distintas. En estos casos los chicos y las chicas se conocían en fiestas privadas o porque los padres eran amigos y se presentaban a los hijos. Siempre que quedaban estaban acompañados por más personas (amigos, familiares), pues estaba muy mal visto que un chico y una chica se quedaran a solas. Si querían besarse tenía que ser a escondidas (en un descuido de los demás) y sólo podían tener relaciones sexuales después del matrimonio. Muchas veces los padres solían acordar el matrimonio de los hijos y no les dejaban que se casaran con otra persona. Casi siempre los emparejaban con alguien de un nivel económico parecido, pues querían que la pareja de su hijo o hija perteneciese a una buena familia, nunca a una más pobre que ellos. Otras veces el chico y la chica se conocían antes, se enamoraban y era el chico el que iba a ver al padre para pedir la mano de la chica. Entonces el padre se interesaba por el nivel económico de su familia, ya que si eran más pobres que ellos no le dejaba casarse con su hija. Normalmente el chico tenía más libertad para elegir a la novia, pero si había mucha diferencia de nivel social, su padre no le dejaba casarse. Antes de contraer matrimonio los novios podían quedar algunas veces para conocerse mejor, pero normalmente les acompañaba un familiar o criada para que no se besaran o tuvieran relaciones sexuales.

Al poco de casarse llegaban los primeros niños. En esta época lo normal era tener cinco o seis hijos por pareja, aunque alguno moría siempre de pequeño por enfermedades, sobre todo en las familias más pobres. Los hijos nunca llamaban papá o mamá a sus padres, sino padre o madre. Además, les hablaban de usted y les trataban con mucho respeto, ya que en esta época era frecuente que los padres pegaran a sus hijos. Les pegaban si se portaban mal, si hablaban con poco respeto o si sacaban malas notas en el colegio. Normalmente los padres castigaban a los niños y las madres a las niñas. Los padres hablaban de tú a sus hijos y les llamaban por su nombre. En las familias ricas los niños eran cuidados por una niñera y estaban poco tiempo con sus padres.

Por otra parte, había gente que abandonaba a sus hijos recién nacidos, por ser madres solteras o por ser tan pobres que no podían mantenerlos. Entonces eran recogidos en inclusas, que eran centros de acogida para niños abandonados (expósitos). Allí compartían habitación numerosos bebés y eran frecuentes las enfermedades. Por eso muchos niños morían antes de cumplir un año. Cuando se hacían algo más mayores iban a los orfanatos, algo que también les ocurría a muchos de los que se quedaban sin padres, ya que muchas familias tenían tan pocos ingresos que no podían permitirse mantener a familiares. Los niños permanecían en el orfanato hasta que se hacían mayores o hasta que alguna familia los adoptaba, lo cual era poco frecuente.

En casa el padre era la máxima autoridad y después la madre. La esposa estaba obligada a obedecer al esposo, pero podía dar órdenes a los hijos. En las familias más pobres eran habituales los malos tratos a las esposas, sobre todo cuando el marido estaba borracho o era alcohólico, algo bastante frecuente. Además, la gente consideraba normal que un marido diera un bofetón o un puñetazo a su esposa, si ella no le obedecía o le faltaba al respeto. El divorcio sólo se permitió a partir de 1857, pero estaba muy mal visto y se pedía pocas veces. Sólo lo hacían las personas de clase media y alta, ya que los pobres no podían permitirse el lujo de vivir en casas separadas.

En las familias de clase baja las mujeres también trabajaban fuera de casa. Si vivían en el campo como campesinas y si estaban en la ciudad como criadas (en casas de familias acomodadas) o en fábricas textiles. Una vez se casaban tenían que encargarse también de las tareas de la casa, por lo que cambiaban de trabajo y se dedicaban a vender en el mercado, a planchar y a coser para otros o a dar el pecho a hijos de otras mujeres. Otras eran lavanderas (lavaban en el río ropa de otras) o fabricaban en casa cepillos o cajas de cerillas por encargo, cobrando muy poco por cada una, para ganar algo de dinero. Estos trabajos estaban muy mal pagados y les obligaban a trabajar más de diez horas al día. Además, se dedicaban a cuidar a los niños, a cocinar, a hacer la compra y a lavar la ropa (a mano, en un río o en un fregadero), ayudadas por sus hijas. Como estaban tan ocupadas no tenían mucho tiempo para limpiar la casa, por lo que en las familias humildes estaban bastante sucias.

En las familias de clase media las mujeres eran amas de casa y sólo se dedicaban a la familia, lo que les dejaba algo más de tiempo libre. Además, contaban con la ayuda de una criada que les ayudaba a cocinar y a limpiar la casa. En cuanto a las familias ricas, en ellas la esposa tenía a su disposición a gran cantidad de criados: mayordomo, cochero, jardinero, ama de llaves (jefa de criadas), cocinera y numerosas doncellas. De esta manera, estas mujeres sólo se tenían que preocupar de dar órdenes a la servidumbre, así como de elegir a los nuevos criados.

El adulterio estaba prohibido y se castigaba con varios meses de cárcel, en el caso de la mujer. A los hombres sólo se les castigaba con una multa y si mataban a su esposa infiel y a su amante apenas se les castigaba. La mujer adúltera se libraba de la cárcel si su pareja le perdonaba. Otras veces había duelos (a espada o a pistola) por cuestiones de celos o por querer dos hombres a una misma mujer. Pero estos duelos sólo los hacía la gente de clase media y alta. Aunque estaban prohibidos, nunca se castigaba a nadie por ello. Si un niño nacía fuera del matrimonio (y los padres no se casaban después), la madre y el niño eran mirados con desprecio durante toda la vida, como una pecadora o como un fruto del pecado. En cambio el padre podía seguir llevando una vida normal, sin que nadie lo mirase mal por ello.

Si el padre de familia moría la viuda se quedaba en una situación muy difícil, sobre todo si tenía hijos pequeños o era de clase baja. Las mujeres cobraban la mitad que los hombres, por lo que, aunque se pusieran a trabajar, no podían mantenerse a ellas y a sus hijos y acababan mendigando o vendiendo sus propiedades para poder sobrevivir. Por eso muchas intentaban casarse otra vez para tener a alguien que las mantuviera a ellas y a sus hijos.


GUERRA
Los soldados solían ser gente de clase baja, que se alistaban en el ejército para poder comer y ganar algo de dinero. En esta época Gran Bretaña tenía un gran imperio y la flota más poderosa del mundo, por lo que mucha gente humilde acababa combatiendo en guerras en países lejanos de África y Asia. Otros servían en la marina, donde las condiciones de vida eran muy duras. Las guerras más importantes que tuvo Gran Bretaña en esta época fueron contra la Francia de Napoleón (1803-1815), contra China (las guerras del opio, en 1839-1842 y 1858-1860), contra Rusia (la guerra de Crimea, 1854-1856) y la revuelta de los cipayos (en la India, en 1857-1858). También hubo guerras para conquistar la India (1798-1818), Afganistán (1842 y 1876), Sudáfrica (contra cafres (1815) y zulúes (1878)) y Sudán (1898).

En el ejército la disciplina era muy estricta, siendo frecuente los azotes con látigo por cualquier falta, incluso por jugar a las cartas o llevar botones desabrochados. Si uno intentaba escapar era fusilado por desertor, en época de guerra, o metido en un calabozo durante un tiempo, en época de paz. Además, cuando había guerra a menudo pasaban hambre, sed, frío o calor, ya que tenían que marchar y dormir en tiendas de campaña aunque nevase, hiciese muchísimo calor, lloviese o estuviese todo lleno de barro. Andaban durante muchas horas al día y se levantaban muy pronto, además de no poder cambiarse de ropa ni lavarse durante meses, por lo que muchos acababan con piojos o pulgas. Al cabo de unos años los soldados eran licenciados y podían volver a sus casas o reengancharse, pero a veces morían antes o quedaban mutilados por heridas de guerra. Otros morían por enfermedades, sobre todo los que combatían en África o en Asia. Todos los militares muertos o mutilados tenían derecho a una pequeña pensión del estado, que llegaría a ellos o a sus viudas. Pero era muy poco y apenas daba para vivir.

En el ejército también había personas de clase media y alta, pero no eran soldados sino jefes y oficiales. Estos solían ser hijos segundos de familias nobles, que al no heredar el cargo se dedicaban a la carrera militar, enviando a sus hijos a las academias militares para que hicieran carrera en el ejército. Ellos también marchaban a países lejanos y a veces acababan como generales o gobernadores. Hasta 1871 se podía comprar un puesto o un ascenso en el ejército, lo que hacía que los altos mandos estuvieran siempre en manos de familias ricas, normalmente nobles. Después de eso la cosa cambió poco, ya que a los oficiales y altos mandos se les exigía colaborar con dinero a los bailes, fiestas y carreras de caballos que organizaban sus compañeros, lo que no estaba al alcance de todos. Por eso los oficiales que no eran ricos pedían el traslado a la India, donde los sueldos eran mucho más altos y podían hacer frente a estos gastos.

INDUSTRIA Y TRABAJO
Durante las primeras décadas del siglo las grandes industrias fueron arruinando a los pequeños artesanos, ya que podían fabricar todo mucho más barato porque tenían máquinas. Por eso en 1811 y 1812 algunos de ellos (llamados ludditas) se dedicaron a destruir las máquinas, pero el gobierno mandó soldados a proteger las fábricas y detuvo este movimiento. Entonces los artesanos tuvieron que irse a trabajar a las fábricas, donde ganaban mucho menos dinero y trabajaban más, al igual que muchos campesinos arruinados, que llegaban del campo buscando empleo en la ciudad. En las fábricas textiles trabajaban muchas mujeres y niños, porque cobraban menos y no hacía falta fuerza física. Pero en las demás industrias predominaban los hombres, pues a menudo había que cargar pesos y mover cosas pesadas.

En las fábricas había muchas máquinas que eran movidas por una máquina de vapor, que funcionaba quemando carbón. Por eso en las fábricas había siempre mucho ruido (por las máquinas en funcionamiento) y bastante humo (por las chimeneas). Los accidentes eran frecuentes y a veces los trabajadores quedaban inválidos o morían, por alguna caída o corte con alguna máquina. Otras veces cogían enfermedades por trabajar con productos químicos tóxicos, como el fósforo o por respirar vapor de mercurio. Durante la primera mitad del siglo XIX la gente trabajaba doce horas al día y sólo descansaban los domingos. Solían empezar a las seis de la mañana, paraban un rato para comer y salían a las siete de la tarde. Como los trabajadores eran gente pobre, normalmente vivían en casas de la empresa, que estaban al lado de la fábrica y que el empresario les alquilaba. En la fábrica había unas sirenas que avisaban cuando tocaba empezar o dejar de trabajar.

El trabajo en la industria era muy cansado, porque apenas dejaban descansar. Los capataces (que eran siempre hombres) recorrían la fábrica y gritaban a los que estaban descansando o charlando, e incluso pegaban a los niños si hacían lo mismo. Si uno hacía algo mal se le ponía una multa o se le despedía. Los sueldos eran muy bajos, por lo que en las familias pobres trabajaban todos, ya que con el sueldo del padre no bastaba para vivir. Si uno protestaba o intentaba organizar un sindicato se le echaba del trabajo, pero aún así cada vez se fueron haciendo más sindicatos, ya que la gente estaba harta. Entonces los obreros se reunían a escondidas, para que no se enterara el empresario y ponían un poco de dinero cada semana, para poder aguantar en caso de huelga. Así si el empresario no les hacía caso le montaban una huelga y resistían hasta que cediera o se quedaran sin ahorros. A menudo el empresario traía gente de fuera para trabajar, pero entonces los huelguistas se ponían a la entrada de la fábrica y se enfrentaban con los recién llegados. Si la huelga salía mal el empresario echaba a los jefes de la huelga. Además, como las huelgas estuvieron prohibidas hasta 1871, muchos líderes sindicales eran detenidos y enviados a prisión. Pero muchas huelgas salían bien y los trabajadores cada vez trabajaban menos y cobraban más. En 1860 lo normal ya era trabajar diez horas al día. Y en 1890 la mayoría de la gente libraba ya los sábados por la tarde.

En esta época no había vacaciones y si uno no trabajaba un día, porque estaba enfermo o había tenido un accidente, no cobraba. Por ello una enfermedad prolongada o un accidente grave del padre de la familia podía llevar a una familia a la pobreza. Tampoco había subsidios de desempleo, ni se cobraba ninguna indemnización en caso de despido. Por otra parte, los accidentes también eran frecuentes en las minas y en la construcción. Muchos trabajadores morían o quedaban mutilados por un desprendimiento del techo o explosión (en las minas) o por caer desde un andamio (en la construcción). Muchos mineros cogían silicosis, una enfermedad del pulmón por respirar polvo de carbón. Al final estaban tan mal que no podían trabajar y entonces eran despedidos.

En el campo no había casi fábricas, pero sí que se mantenían con fuerza algunos oficios tradicionales. Los principales eran los herreros (que elaboraban herraduras, herramientas para el campo y rejas) y los carpinteros (que fabricaban toneles, muebles y puertas. También reparaban carros).

Las familias de clase baja solían dejar a sus hijos muy pequeños (de menos de 5 años) al cuidado de alguna vecina (pagándole un poco de dinero), de algún familiar o de alguna hija más mayor, mientras iban a trabajar. Cuando crecían, lo normal era que los hijos se dedicaran a lo mismo que el padre, quien les enseñaba su oficio en cuanto llegaban a los 12 ó 14 años. Si la familia tenía una tienda o cualquier otra empresa, eran los hijos varones los que ayudaban al padre y se quedaban luego con el negocio. Las hijas, en cambio, iban orientadas al matrimonio. A veces en las tiendas había dependientes, que cobraban muy poco y que dormían en la trastienda (un cuarto detrás del mostrador).

En esta época había muchos criados, casi todos mujeres jóvenes, que dejaban el trabajo en cuanto se casaban y tenían hijos. Dormían en casa de sus señores y estaban disponibles casi todo el tiempo. Las que más trabajaban eran las doncellas, que se levantaban a las 6 de la mañana y trabajaban hasta las 10 de la noche, cuando se acostaban exhaustas. Se les daba de comer allí y ganaban muy poco dinero. Sólo podían descansar los domingos.

Las mujeres que eran despedidas y no encontraban trabajo acababan ejerciendo la prostitución. Las prostitutas podían ganar en un día lo mismo que una chica trabajando durante siete días en una fábrica, pero tenían otros problemas. A menudo eran maltratadas por sus clientes, se quedaban embarazadas a menudo y cogían enfermedades de transmisión sexual. Si no morían por alguna de ellas y llegaban a la vejez, iban ganando cada vez menos hasta que acababan en la miseria. Por eso muchas chicas dejaban la prostitución en cuanto encontraban otro trabajo.


JUSTICIA
En esta época había mucha delincuencia en las ciudades. Como no había ningún tipo de subsidio de desempleo ni indemnización por despido, mucha gente sin trabajo acababa en la miseria y terminaban robando por las calles, sobre todo de noche o aprovechando la multitud. También había muchos que asaltaban casas y se llevaban lo que podían, incluso ropa. Los ladrones eran tan pobres que robaban cualquier cosa que encontraran y que pudieran llevarse consigo.

Hasta 1869 existió la prisión por deudas, lo que afectaba sobre todo a la gente pobre, que pedía dinero prestado y luego no lo podía devolver. En la cárcel se les obligaba a trabajar y sólo salían cuando pagaban lo que debían. Por otra parte, se castigaba con mucha dureza cualquier robo, aunque fuera pequeño. Uno podía pasarse varios años en la cárcel por robar una manta o algo de comida para dar de comer a la familia, por ejemplo. En las cárceles se amontonaban muchos presos, que vivían en malas condiciones y que eran obligados a hacer trabajos duros (como construir carreteras). Las epidemias y la suciedad eran frecuentes, así como la mala alimentación. A los asesinos se los castigaba con la horca, algo que se hacía en una plaza de la ciudad y que era presenciado siempre por muchos curiosos. A los violadores se los mandaba a prisión, pero podían librarse si se casaban con la víctima (siempre que fueran los dos de la misma clase social). En Inglaterra muchos casos, como los de asesinato, los juzgaban jurados, es decir, gente elegida por sorteo, en vez de un juez.

Muchos delincuentes y líderes sindicales eran enviados a Australia, donde se les obligaba también a trabajar, en un penal, hasta que acabaran su condena. El viaje en barco duraba un año (cinco meses con barcos de vapor), por lo que luego ya no volvían y se quedaban a vivir allí.

No obstante, en Inglaterra la gente tenía unos derechos. La policía no podía entrar en tu casa sin orden del juez. Si te detenían tenían que llevarte ante un juez antes de tres días y decirte de qué se te acusaba. La tortura estaba prohibida y uno tenía derecho a un abogado, aunque mucha gente no podía pagárselo. También existía el derecho a recurrir (ir a otro juez) en caso de que no te gustara la sentencia, pero para eso había que pagar a un abogado, por lo que sólo lo podían hacer los que tuvieran dinero.

POLÍTICA
Sólo la gente de clase media y alta se dedicaba a la política, ya que entonces los alcaldes y diputados no cobraban nada. Por eso los que se dedicaban a eso tenían que tener rentas u otros ingresos para poder pasar mucho tiempo sin trabajar. Los cargos más altos los ocupaba gente rica, ya que tenían que gastarse mucho dinero en hacer campaña electoral. Había incluso una parte del parlamento (la cámara de los lores), que estaba reservada a la nobleza. Los principales partidos eran los whigs (liberales) y los tories (conservadores), que eran los que siempre gobernaban.

Además, las mujeres no podían votar y al principio sólo los hombres de clase alta (los que pagaran en impuestos más de una cantidad muy alta) podían hacerlo. Por eso hubo protestas y en 1832 se aprobó una ley que rebajaba los requisitos económicos para poder votar, lo que permitió tener derecho al voto a la mitad más rica de la clase media. Pero como la mayoría de la gente seguía sin poder votar, en las ciudades se celebraron manifestaciones y mítines políticos (en los años 40) para pedir el voto para todos los hombres, pero fueron disueltos por la policía. Más tarde, en los años 60, hubo más protestas y reuniones públicas, consiguiendo así que en 1868 se permitiera votar a toda la clase media. Luego hubo más protestas y en 1885 pudieron votar ya los obreros cualificados, es decir, los menos pobres de la clase baja.

RELIGIÓN
La religión predominante era la anglicana, aunque también había metodistas y algunos católicos. Los protestantes (anglicanos y metodistas) no se llevaban bien con los católicos y sus curas muchas veces criticaban al Papa, al que acusaban de todos los males. Además, hasta 1829 los católicos estaban discriminados, ya que pagaban impuestos especiales y no podían votar ni tener cargos públicos. La gente era muy religiosa en los pueblos, por lo que era habitual bendecir la mesa antes de comer y acudir a misa todos los domingos. Las mujeres solían serlo más y muchas de ellas leían la Biblia, daban limosnas o asistían a la iglesia con frecuencia. En las ciudades se iba menos a misa, sobre todo los hombres de clase baja, que preferían ir a la taberna. En esta época se crearon grupos religiosos que ayudaban a los pobres, como el Ejército de Salvación, que organizaba comedores para necesitados o albergues para huérfanos. La sociedad británica era más laica que en la mayoría de los países europeos y la religión tenía poco peso en la política o en la educación. En la iglesia anglicana los curas podían casarse y tener hijos.

SANIDAD
En esta época la gente de clase baja moría sobre todo de tuberculosis, pulmonía, tifus y cólera. El tifus lo transmitían los piojos y el cólera se cogía por beber agua contaminada por bacterias, aunque también se contagiaba. A veces había epidemias que mataban a miles de personas en las ciudades. Los que tenían más dinero y podían huir se iban entonces a pueblos cercanos para no contagiarse y las autoridades establecían un cordón sanitario, para impedir el paso de infectados. Cuando la gente se ponía enferma seguía trabajando (ya que si no, no cobraba) y sólo cuando estaban muy mal iban a un hospital de la beneficencia o de alguna institución religiosa. Allí muchas personas compartían la misma habitación y había pocos médicos y medicinas para atenderlos. Las salas estaban sucias (las sábanas se lavaban poco) y estaban llenas de ratas y pulgas, a veces con enfermos en el suelo, si no había camas para todos. Por ello era fácil contagiarse de nuevas enfermedades en los hospitales. Además, sólo existían en las ciudades, por la que la gente de los pueblos no tenía asistencia sanitaria. La gente de clase baja vivía poco, sobre todo los obreros de las ciudades, que respiraban mucho aire contaminado, estaban mal alimentados y vivían en barrios muy sucios y con mucha gente, donde era fácil contagiarse. Muchos niños morían por infecciones (sobre todo los de menos de 5 años) y los que llegaban a adultos vivían una media de 40 años (en las ciudades) ó 50 (en el campo). En las ciudades se vivía menos porque había más suciedad, más contaminación y era más fácil contagiarse.

Las clases medias y altas podían pagar un médico, que iba a su casa en caso de enfermedad. Pero aún así había numerosas enfermedades que todavía no se sabía curar, por lo que vivían menos que ahora. Muchos morían de tuberculosis (porque alguien se lo contagiaba) o de pulmonía y los que iban a prostíbulos morían a veces de sífilis (enfermedad de transmisión sexual). Otros fallecían de infartos y apoplejías (infarto cerebral) porque comían demasiadas grasas. O de cáncer, porque fumaban y bebían mucho alcohol, no tomaban casi frutas y verduras y en esa época no se conocía esa enfermedad. De repente se ponían enfermos (a partir de los 50 años) y después de una semana o dos en la cama, con fuertes dolores, se morían, sin que los médicos supieran por qué. Por eso en las familias acomodadas, si uno no moría de niño por alguna enfermedad, lo normal era vivir unos 65 años. Muy pocos llegaban a los 75.

Muchas mujeres morían en partos, porque había poca higiene y los niños nacían en casa, sin ningún médico que ayudase a la madre (sólo comadronas). También había muchos niños que morían poco después de nacer por lo mismo. Pero las mujeres llevaban una vida más sana que los hombres, ya que no fumaban y no bebían alcohol. Por ello, si no morían en un parto solían vivir algo más que los varones.

Si una persona tenía una herida grave en la pierna o en el brazo lo más frecuente es que se le amputara el miembro para que no muriera de la infección. Esto se hacía con unas sierras, que cortaban la carne y el hueso, aunque provocando grandes dolores al paciente. Al principio no había anestesia y se emborrachaba al paciente para que se enterara menos. También se le ponía una mordaza en la boca para que apretara los dientes y no se oyeran tanto sus gritos. A partir de 1850 empezó a usarse el cloroformo como anestesia, pero al principio sólo los ricos podían pagarlo.

Por otra parte, la gente no se cepillaba los dientes, por lo que muchos se infectaban y dolían mucho. Entonces tenían que quitárselos con unas tenazas y sin anestesia, algo que era aún más doloroso, pero evitaba sufrir más dolores. Por eso a la mayoría de los adultos les faltaba algún diente y a partir de los 50 les faltaban ya la mayoría. La gente de clase alta se ponía dentaduras postizas, aunque se soltaban con facilidad y no podían comer cosas muy duras. Los demás ancianos se veían obligados a alimentarse a base de líquidos y de papillas, a partir de los 60 años, aunque eran pocos los que llegaban a esa edad.

En esa época ya se vacunaba a los niños para que no cogieran la viruela, enfermedad que poco a poco fue desapareciendo. Pero aparte de eso, los médicos sabían muy poco del funcionamiento del cuerpo humano y no podían curar casi nada. Cuando uno estaba muy enfermo le sacaban sangre con sanguijuelas (una sangría) lo que empeoraba aún más su estado o le hacían una lavativa (le metían agua con una jeringuilla por el culo, para limpiar los intestinos). Otras veces le decían que cambiase de aires, para irse a un clima más fresco o más cálido. O que tomase las aguas en un balneario. Pero eso no solía servir de mucho y sólo lo podían hacer los más ricos.

TIEMPO LIBRE
Lo que se hacía en el tiempo libre dependía mucho del sexo y de la clase social. Los
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