Mientras los hombres de las cavernas cazaba, sus mujeres buscaban otras alternativas, recogiendo frutas, raíces, hojas, etc. Así, inventaron la agricultura




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Mientras los hombres de las cavernas cazaba, sus mujeres buscaban otras alternativas, recogiendo frutas, raíces, hojas, etc. Así, inventaron la agricultura. Esto posibilitó un mejor paladar, digestión y dieta.



Aunque todos necesitamos alimentos, no se da importancia a la agricultura, de la misma forma que no se da importancia a la mujer, aun cuando todos tuvimos madre y no sobrevivimos sin alimentación.

El acto de cultivar la tierra está íntimamente ligado a la naturaleza, luego, la mujer percibió que los insectos, las plagas y enfermedades, que atacaban su huerta y pomar, tenían que ver con las alteraciones del clima, con el medio ambiente. Muchas veces ella notaba que surgían más plagas, de acuerdo con su modo de actuar.



Mucho tiempo pasó, la caza escaseó, la población aumentó, y la agricultura pasó a ser actividad impuesta a esclavos capturados en las guerras.

En el imperio del Egipto Antiguo, los hebreos eran esclavos-agricultores. El Faraón, preocupado con el aumento de la población de esclavos, mandó matar a todos los hijos de los judíos, pues éstos se estaban multiplicando muy rápido, creando inflación y colapso en la economía y seguridad social faraónica.



Moisés, un bebé judío, para escapar de la muerte, fue colocado en el río Nilo. Encontrado, fue criado por la hija del Faraón como egipcio, para ser un futuro gobernante. Hizo estudios en las mejores escuelas y facultades egipcias.



En la juventud, al saber que no era egipcio, se rebeló y fue a vivir con los esclavos hebreos. Conoció la realidad de los agricultores que interactuaban con la naturaleza, desde las cavernas. Percibió que la población estaba creciendo, pues los esclavos tenían más alimentos, debido a la mezcla de una pequeña semilla de hierba dañina a la cebada que sembraban.

Los egipcios adoraban la cebada, para hacer cerveza y comerla tostada con mantequilla. La cosecha de cebada pertenecía a los egipcios, pero el pequeño grano sin valor, quedaba para los esclavos, que lo molían, lo mezclaban con agua, sal y grasa y lo sobaban bastante, dejándolo fermentar, y finalmente lo asaban. Esto era el pan, y el pequeño grano sin valor era un ancestro del trigo (ya cultivado desde antes del exilio en la Babilonia).



Dicen los herejes que fue can base en el conocimiento de las relaciones entre plantas, animales y plagas con el clima, que Moisés previó las plagas que llevan su nombre.



Ya en aquella época los sacerdotes afirmaban que las plagas eran la ira de los dioses y determinaban las ofrendas, sacrificios, diezmos y donativos, etc.



El poder del mito impuso el miedo de la peste, la epidemia, el hambre, la miseria y la enfermedad. Esto era usado por los sacerdotes y reyes como poder.



El hombre, al intervenir cada vez con más fuerza en la naturaleza, produjo un desequilibrio, y éste trajo más y más plagas, enfermedades y epidemias. Pero el hombre, ingenioso y pensador, pretendió corregir los errores y ayudar a la Naturaleza. En la Grecia antigua, los filósofos recomendaban sumergir las semillas de trigo en vino antes de plantarlas, para evitar las enfermedades.



En Sicilia usaban azufre para combatir la enfermedades.



El hombre pasa a combatir las plagas, pero no a evitarlas.



Mucho tiempo pasó y las cosas ocurrían muy al azar. En Francia los agricultores usaban una solución de cobre y cal sobre las viñas, a la orilla de la carretera, para engañar a los viajantes evitando los robos. Estas uvas nunca padecían enfermedades. Se había descubierto el funguicida1, que pasó a llamarse caldo bordalés.



Por esta época, los insecticidas eran sacados de la naturaleza, de plantas tóxicas, que mataban los insecticidas y las plagas.



Hasta entonces, la agricultura era un espacio exclusivo de la naturaleza, y el hombre podía intervenir muy poco, sin embargo, cada día intervenía más y más en los procesos de producción de alimentos y trataba de sustituir a la madre naturaleza por sus conocimientos.



Hubo muchas guerras. Para ellas los poderosos recogían los impuestos entre los agricultores, para fabricar armas y pagar a los ejércitos que los defendían.



Un gran cambio va a ocurrir en la Sociedad Industrial, cuando se descubre que muchas industrias y empresas civiles tienen la posibilidad de atender también las necesidades de la guerra. Esto va a aumentar la capacidad de un nación para armarse, simplemente favoreciendo e incentivando estas empresas en tiempo de paz, pues, así, en tiempos de guerra, ellas estarían ya listas, y esto abarataría las armas y disminuiría los impuestos. En la Guerra de Secesión, en los EUA, y después en la Guerra Franco-Prusiana, las nuevas fábricas de fertilizantes para la agricultura, abastecieron estos insumos para la fabricación de explosivos y municiones.



El descubrimiento del motor a explosión propició la sustitución de los animales por camiones y tractores; esto incentivó la mecanización de la agricultura, pues así se tendrían las máquinas de guerra más baratas.



Los científicos que trabajaban en las fábricas de fertilizantes y colorantes químicos inventaron los gases de guerra.



Con el inicio de la Primera Guerra Mundial, los aliados prohibieron a los alemanes importar salitre de Chile y otros abonos nitrogenados, pues con esos materiales podían fabricar explosivos.



Los científicos alemanes trataron de aprovechar el nitrógeno del aire. Y fue a través del científico Franz Haber que descubrieron este método. Ellos decían que era para producir abonos para plantar y cultivar papas.



Otros científicos alemanes decían solo querer matar los insectos, las plagas y enfermedades de la agricultura, e inventaron y fabricaron más y más gases de guerra.

Vino la Segunda Guerra Mundial.

El científico Paul Müller, de la suiza Geigy (Novartis), buscando un producto, descubrió que el DDT2 tenía capacidad de matar insectos, sin matar a la gente. En aquel momento era importante el descubrimiento, pues muchos insectos estaban provocando epidemias de tifo, malaria, peste bubónica, y los ejércitos necesitaban ese producto. El DDT no era algo nuevo, ya había sido descubierto hacía más de ochenta años.



Al principio, los alemanes estaban felices con el efecto de sus bombas voladoras V1 y V2 sobre la ciudad de Londres. Eran movidas por alcohol hecho de papas o patatas.



Los científicos ingleses respondieron inventando el producto químico MCPA3, para destruir los cultivos alemanes de patatas. Fue el primer defoliante sintético inventado por el hombre.



Después de la Segunda Guerra, los vencedores y perdedores voltearon toda la industria bélica y militar hacia la agricultura, con la prioridad de la reconstrucción de Europa, enfatizando la industria de los gases nerviosos, pues la Guerra Fría iba a continuar y las armas químicas eran extremadamente importantes. El estímulo de su uso en agricultura era necesario para abaratar los costos de su fabricación.



Reyes, militares, diplomáticos, obispos, científicos, industriales de los países ricos, se reunieron para crear los bancos de reconstrucción de Europa. Y para prestar dinero a los países pobres para que compraran venenos y otros insumos para su agricultura.

Antes, en los países en desarrollo, la agricultura de forma diversificada era la productora de riqueza. Todo era extraído de la naturaleza. Ahora, con la agricultura industrial de la Revolución Verde, es necesario comprar los fertilizantes, los remedios para las plantas, las semillas, los tractores, el combustible. En poco tiempo, la agricultura cambió, de tal manera que está irreconocible.



Los bancos se convirtieron en prestamistas (casas de usura) sólo para los agricultores que se dedicaran a los grandes monocultivos incentivados por los gobiernos, que a su vez obedecían políticas internacionales. Así aumentaron los monocultivos de naranja, café, soja, caña de azúcar, cacao, pasto, banano, etc.



Como los países más pobres tenían grandes áreas naturales, la frontera agrícola invadió las áreas tropicales y comenzó a hacer agricultura industrial de clima temperado, con inmensas devastaciones. Muchas veces expulsando a los indios, mestizos y colonos.



Para facilitar los negocios de las empresas multinacionales, los bancos en América Latina, presionados por el Banco Mundial y el Banco Químico4, obligaban a los agricultores a comprar venenos. Por ejemplo, en América Latina, la mayoría de los bancos sólo liberaban los créditos para los agricultores que comprasen inmediatamente 20% del total del crédito en venenos y fertilizantes químicos. Lo que implicaba que antes de plantar, al agricultor ya había pagado el dinero, que iba directamente para EUA / Alemania / Inglaterra / Japón.



Lo interesante es que estos venenos también eran subsidiados por los gobiernos, sin pagar ningún impuesto, aunque llegasen a nuestros países con valores de hasta 500% del que costaban a los agricultores canadienses, estadounidenses o europeos. Nosotros, directa e indirectamente, estábamos financiando la carrera armamentista, de la Guerra Química.

Esto no se podía decir, pues los militares consideraban comunistas a los que no les gustaban los venenos agrícolas. Ellos asumían los cargos en la dirección de las multinacionales de agrotóxicos, para el caso de Brasil (Golbery, Geisel, Sardenberg, Bulhoes), o eran nombrados ministros (Stabile, Jost).



Los agrónomos de la Extensión Rural5 fueron los encargados de engañar y de “reeducar” a los agricultores para que echasen al olvido sus conocimientos ancestrales. Los venenos agrícolas fueron calificados como la salvación de la Humanidad, y así lo enseñaban en las escuelas y las facultades. Quien se atreviera a cuestionarlo era considerado comunista y atrasado. La agricultura de los agrónomos se convirtió en la agricultura moderna, y la agricultura del agricultor pasó a ser llamada agricultura de subsistencia.

Se originó el culto a la élite internacional de la enseñanza y la investigación, jalonado por los bancos y las multinacionales. Los profesores disidentes fueron jubilados.



Cada vez había más participación de las industrias de capital en el trabajo del agricultor. Lo más importante era el capital, no la naturaleza.

Esto traería la destrucción del saber popular y crearía nuevos valores.

La exaltación del uso de los venenos agrícolas como arma para combatir el hambre y la peste, se convirtió en la principal política agraria, lo que tarjo grandes impactos económicos, sociales y ambientales en el mundo.

Los mexicanos enviaron semillas de trigo hacia los países árabes, tratadas con fungicidas mercuriales. Los árabes, que no saben leer español, hicieron harina y pan. Más de veinte mil personas se envenenaron y fue necesario construir un hospital en Irak, para tratar a la segunda generación de pacientes que nació con defectos físicos.

Los impactos económicos, sociales y ambientales entre nosotros también serán inmensos. El éxodo rural se puede decir que es el principal de ellos.

La concentración de la propiedad de la tierra en el latifundio y el crecimiento de las regiones metropolitanas desestabilizó el equilibrio y la pirámide poblacional.

El cambio de la matriz tecnológica, con el cambio del buey por el motor a explosión, en regiones que estaban el siglo XVIII y XIX, causó profundos impactos, con graves consecuencias. Estas regiones se desestabilizaron y retrocedieron a los siglos XVII y XVIII, aunque con teléfono celular y autos importados.

El cambio del uso de estiércol del ganado y el cultivo de abonos verdes por los fertilizantes químicos comprados, aumentó las plagas y las enfermedades, y obligó al uso de más venenos y fertilizantes.



Las industrias agroquímicas (venenos y fertilizantes solubles) empezaron a preocuparse por formar una élite con títulos, discursos, investigaciones y paradigmas, para garantizar sus negocios. Esta élite hoy es un poderoso brazo de la industria, de los gobiernos y de las universidades. También este segmento del mercado, la tecnología y la ciencia, consolida un paradigma que mueve más de 500 mil millones de dólares. En América Latina, las 20 principales multinacionales en el campo de insumos agropecuarios (venenos y fertilizantes), al año pueden obtener ganancias superiores a los 22 mil millones de dólares y una multinacional que solamente comercializa semillas, llega a tener lucros superiores a los 5 mil millones de dólares por año.



Es por esto que la industria, los gobierno y las universidades no sienten vergüenza por culpar a los agricultores por los problemas con los venenos.

Hasta utilizan la ciencia de la toxicología para alcanzar o mantener las metas de sus negocios. Así, el veneno, que fue inventado para matar en mayor cantidad y de la forma más variada posible, adquirió la fama de ser seguro para el agricultor, utilizado en pequeñas cantidades.

Los científicos decían, en 1958 (y ganaron dinero con ello), que el hombre podía ingerir unos cuantos miligramos de DDT todos los días y a lo largo de su vida, y que no por eso se iba a sentir mal. Era la llamada “Dosis Diaria Aceptable”, calculada con mucho criterio y pompa académica: la cantidad de veneno en miligramos, multiplicada por el peso de la persona. Después vinieron las tolerancias. Tolerancia es la cantidad de venenos que las autoridades de la salud permiten que exista en los alimentos.

Por ejemplo, se dice que la zanahoria puede contener dos ppm (partes por millón) de Aldrin, un organoclorado peligroso y cancerígeno; dicho de otro modo, dos mg de Aldrin en un kilo de zanahoria. El cálculo se hace teniendo en consideración que normalmente se come menos de 25 gramos de zanahoria por semana.

Esto puede ser verdad para un adulto. Sin embargo, debemos recordar que los bebés de seis meses de edad comen zanahoria dos o tres veces por día, de manera que consumen mucho más de cien gramos por día. Esto muestra lo mentiroso que es al cálculo de la ingestión diaria aceptable. Por otro lado, consultando los libros de la década de los 50 y 60, veíamos que las tolerancias eran extremadamente altas. Las tolerancias aceptadas en nuestros países, comparadas con las de los países europeos son varias veces superiores.

Otro aspecto interesante es que en el café sólo está permitida una pequeñísima cantidad de veneno, mientras que en el tomate y en la fresa son permitidas grandes cantidades. Es que el café se exporta, y allá afuera (en el norte) no quieren venenos en los alimentos. El tomate, la fresa y otras fruta, nos las comemos sin pelar. Esto está muy bien, pues las misma empresas que venden venenos, también venden remedios para la desintoxicación, al mismo tiempo que preparan el mercado futuro con los remedios para el cáncer.



Los períodos de carencia, son los días que se tiene que esperar después de la aplicación del veneno, para poder recoger el alimento y enviarlo al mercado. Para el café y otros productos de exportación, el plazo de carencia es de 180 días o más, mientras que para las hortalizas y frutas, que se comen naturalmente en nuestro países, el plazo de carencia es de apenas un día. A esto también se debe que el 12% de los recolectores de tomate de Río de Janeiro, según datos del Ministerio de Salud, se intoxican en la cosecha. Están recogiendo veneno. Las campañas oficiales solo las ven los ingleses, y nunca llegan al agricultor, pues puede tomar conciencia.

Nunca se pudo hablar de “Contaminación Operacional del Agricultor” expuesto a agrotóxicos, no obstante, se habla mucho sobre una “Buena Práctica Agrícola” en el uso de ellos.

Una buena práctica agrícola es aquella donde se usa el producto conforme el registro y dentro de técnicas adecuadas. Sin embargo, el gobierno no facilita que se promueva eso, pues disminuirían las ganancias de las empresas, que gastan millones en propaganda.

Actualmente en América Latina existen más de una docena de unidades toxicológicas para la justificación de los intereses y como garantía de los negocios. Ellas no tienen en cuenta la salud del trabajador rural, ni la del consumidor. Esto es una vergüenza. La comparación de las legislaciones de los diferentes países desenmascara estas deshonestidades de las autoridades.

Como países pobres, de bajo índice de escolaridad, deberíamos proteger más a nuestros agricultores; como países exportadores de alimentos, deberíamos tomar medidas contra los venenos, pero esto se impide.

Los países importadores de materias primas y alimentos analizan los alimentos que reciben y los mandan de vuelta si no cumplen sus especificaciones. Entonces los gobiernos hacen campañas para que se consuma el chocolate devuelto, la carne, las manzanas, el vino, el café y todo lo demás.



Los países industriales, cuando descubrieron que los efectos del DDT y todos los organoclorados eran acumulativos, prohibieron su uso en la agricultura del país, y se dedicaron a producirlo solamente para la exportación. Los países pobres no podían prohibirlos, pues no tenían científicos, o ellos y los burócratas del gobierno estaban comprados por las industrias para hacer la vista gorda y mantener el negocio.



Para garantizar los negocios y evitar reacciones, se le cambió el nombre a “remedio para las plantas” y últimamente, a “defensivo agrícola”, pero como fue hecho para la guerra y para matar gente, cuando hace efecto, envenena y mata, se dice que la culpa es del usuario incompetente.

Los primeros venenos usados en el siglo XIX eran sales inorgánicas, producidas en laboratorios. Eran venenos, como el Arsénico, Selenio, Tanio, Cobre, Azufre6. Como eran solubles en agua y precipitaban con sustancias alcalinas y orgánicas, se recomendaba a las personas envenenadas que tomasen leche; así, el producto podía ser vomitado, pues precipitaba en el estómago. También se recomendaba administrar clara de huevo cruda, con la misma finalidad.

Después de la Seguna Guerra Mundial los venenos militares fueron sintéticos, actuaban en pequeñísimas dosis y penetraban también por la piel, eran liposolubles (solubles en grasas). Siguiendo la costumbre los agricultores, cuando se sentían mal, tomaban leche. Esto aceleraba el envenenamiento y traía la muerte. La leche, al contener grasa y azúcar, facilitaba la absorción de los venenos organoclorados, organofosforados, carbonatos, ditiocarbomatos, triazínicos, piretróides, acetanilidas y muchos otros,

Entretanto, no había informaciones, pues nadie conocía los venenos y sus efectos. Los agrónomos estudiaban las dosis para matar los insectos, hongos y hierbas dañinas, nada más.

No había información, datos, bibliografía. Las industrias se ocultaban bajo el manto del interés militar y no daban informaciones, por miedo a disminuir sus ventas.



Solamente quince años después fue que se vino a saber que el DDT, aun cuando no mataba rápidamente, era acumulativo en los organismos de las personas que trabajaban con él, o comían sus residuos en los alimentos.

El DDT y los otros venenos organoclorados eran almacenados en el organismo, permaneciendo durante 120 años.

Solamente veinte años después vinimos a saber que el DDT era el causante de diversos tipos de cáncer, como el cáncer de mama, de próstata o de cerebro.

Los países industrializados, al tener conocimiento de que sus productos eran peligrosos prohibieron su uso en sus territorios, pero impidieron que esta información fura divulgada, pues continuaban manteniendo la producción para la exportación, ganando mucho dinero con ello.



Los venenos organofosforados eran los productos de mayor interés militar, pues ellos, después de intoxicar al soldado, no lo mataban si este era tratado con el antídoto. Este tratamiento duraba hasta diez años, lo que le iba muy bien al país que lo usaba, pues el enemigo tenía que gastar mucho dinero. Otro aspecto importante es que los fosforados en el cuerpo del soldado se transformaban rápidamente, en el hígado y los riñones, en sustancias diferentes, dificultando a los médicos militares la identificación del tipo de veneno usado.



En el Brasil, cuando se introdujeron los fosforados, los agricultores, principalmente los de origen japonés, que ya estaban acostumbrados a usar el DDT, continuaron con su práctica de mezclar el veneno en el agua con las manos. El efecto era tan fulminante, que los brasileños, manos apegados a estas modernidades, pasaron a llamar a estos productos “mata japonés”



Con el tiempo se supo que los venenos actuaban no solo sobre el agricultor, sino también sobre el medio ambiente. Destruían todos los organismos vivos, pues actuaban en la células de la misma forma.

Las empresas, que ya habían inventado las dosis diarias aceptables, crearon nuevas unidades toxicológicas y contrataron nuevos científicos (mercenarios) para que defendieran su negocio. Así surgió la necesidad de datos Ecotoxicológicos. Nuevamente había cantidades que no hacían mal a los organismos acuáticos, a las aves, a los mamíferos salvajes, a la reproducción, etc. Los gobiernos, las universidades, los científicos aplaudían, pues iban a congresos internacionales a discutir estos importantes asuntos.



En la guerra de Vietnam, los americanos comenzaron a usar el mismo armamento que los ingleses usaran sobre las plantaciones de patatas de los alemanes. Querían destruir los arrozales y los bosques de Vietnam, pero mezclaron un producto muy tóxico a los defoliantes, las DIOXINAS (TCDD)7, provocando no sólo la destrucción de la naturaleza, sino causando un aumento de cáncer de 500% y el nacimiento de millares de niños monstruosos y lisiados. Cuando terminó la guerra, ellos vendieron sus reservas a los países de América Latina, para que las aplicaran en la selva amazónica y otras zonas de vegetación cerrada.



El negocio de vender venenos era tan lucrativo, que los cargamentos se traían por avión. Un avión, viniendo de los EUA cargado con azodrin, de la Shell, cayó en el Río Negro, en el amazonas, en 1973. La carga no fue rescatada, pues el seguro la pagaba, y las latas de veneno se fueron vaciando, contaminando y devastando la naturaleza durante más de veinte años.

Las empresas militares encontraron un nuevo filón: vender laboratorios a los países, universidades y órganos de fiscalización, para analizar residuos de agrotóxicos en los alimentos. Estos laboratorios eran hechos por las mismas industrias de venenos y usaban los mismos productos químicos y, además, utilizaban mucho equipamiento electrónico de interés militar, lo que posibilitaba abaratar costos de la carrera armamentista. Estos laboratorios de decenas y centenas de millares de dólares, entretanto, no podían funcionar. Los gobiernos en América Latina colocaban, en ellos, personas indicadas directa o indirectamente por las transnacionales. Hoy, la mayoría de estos laboratorios están cerrados.

Por esa época no existía legislación, fiscalización ni control de los agrotóxicos. Cuando se comenzó a cuestionar la venta libre de venenos, se creó el Recetario Agronómico, para impedir las ventas libres.

El gobierno se puso en contra, en cuanto pudo. La industria, inteligentemente, pasó a controlar las asociaciones de profesionales y las escuelas donde se formaban los futuros técnicos. Luego desvirtuó el uso del Recetario Agronómico ideado para el control y fiscalización de los venenos.



En España hubo un escándalo por la muerte de más de 800 personas. Los profesores de la Universidad de Madrid y directores del Hospital del Rey fueron despedidos y castigados porque afirmaron que la responsabilidad era de un veneno organofosforado de la Bayer, usado en el cultivo del tomate.

En Colombia, país productor de flores para la exportación, las trabajadoras rurales son obligadas a entrar a invernaderos del cultivo solo unas pocas horas después de la pulverización de los venenos. Como las pulverizaciones son diarias, constantemente están intoxicadas. La situación es tan grave, que las flores colombianas exportadas a los EU ya mataron a algunas vendedoras de las floristerías. El índice de nacimientos de niños con defectos congénitos debido a esta contaminación es muy alto en la sabana de Bogotá.

En Chile las recolectoras de frutas, en su gran mayoría son mujeres jóvenes, llamadas “temporeras”. Las aplicaciones de venenos son tan intensas cuando se acerca la cosecha, que ellas, por miedo a los embarazos, mezclan somníferos en la comida de sus compañeros.

En las plantaciones de tomates y frutas de California, la situación es semejante, y los trabajadores mexicanos son las grandes víctimas: el índice de cáncer es alarmante principalmente en los niños.

En el Uruguay las empresas pulverizaron Malathion8 directamente sobre los agricultores, además de obligarlos a untarse directamente sobre el cuerpo, una solución bactericida a base de formol, todos los días.

En el Paraguay el problema es la importación de venenos, que llegan de los más diversos países y después son contrabandeados a los vecinos. Estos productos fueron prohibidos en los países de origen, por defectos de fabricación y alto índice de impurezas.

En Río Grande do Sul, la Pionner Semillas, subsidiaria de la empresa americana, vendió 300 toneladas de semilla de maíz, sin poder germinativo, tratada con Aldrin, para la alimentación animal y humana. Esta comercialización criminal fue denunciada. La Pionner Semillas trató de procesar al funcionario público que la investigó. El funcionario desobediente acudió al Ministerio Público para procesar al gerente norteamericano de la empresa. Una jueza dejó prescribir el proceso y la empresa quedó impune.

En la década del 70, la parte más peligrosa de las industrias de agrotóxicos fue transferida para la Argentina, México, Brasil y, en menor escala, para otros países de América Latina.



En 1980 tuvo lugar la revolución iraní. Los EUA, Alemania y Francia, se sintieron perjudicadas y resolvieron vender fábricas de armas químicas, como si fueran fábricas de veneno y fertilizantes, a Kadafi, líder Libio y a Saddam Hussein, líder de Irak, para que enfrentaran al Ayatolá Khomeini. Los iraníes y los kurdos conocieron el infierno.



Por esa época, la entidad ambientalista “Declaración de Berna” denunció que los niños egipcios, hondureños y colombianos habían sido usados como cobayos o ratones de experimentación para probar el Galecron, un acaricida causante del cáncer de la vedija.



La empresa Ciba Geigy (Novartis) lo desmintió, pero, cuando vio los documentos timbrados de la empresa, respondió que no iba a usar más documentos timbrados en estas investigaciones con venenos. En Suiza está la sede de la compañía internacional de lucha contra el uso de ratas y ratones como cobayos en los laboratorios.



En 1979, en la reunión del “Codex Alimentarius” 9 de la ONU, un especialista inglés dijo que los productos todavía no suficientemente probados toxicológicamente deberían ser liberados para el uso en los países del Tercer Mundo, como forma de obtener estos datos más rápido.

Por causa de los precios del petróleo, en 1991 los iraquíes invadieron Kuwait y fueron agredidos por los EUA y todos sus aliados. En la guerra, los iraquíes usaron los venenos agrícolas que les fueron vendidos, y decenas de millares se soldados americanos, ingleses y franceses fueron afectados. Al volver a casa, presentaron síntomas raros de alteración del comportamiento, alto índice de suicidios, depresión, etc. Hoy en día, a esta afección se la denomina el síndrome del Golfo.



Inmediatamente los países europeos restringieron o prohibieron la venta de agrotóxicos organofosforados y pasaron a capacitar a los agricultores para manipularlos.

Con la prohibición, las industrias y los gobiernos necesitaban colocar en algún lugar las grandes cantidades de insecticidas organofosforados.

Los organismos internacionales de las Naciones Unidas fueron llamados para realizar estudios y recomendaciones para que las clasificaciones de uso de agrotóxicos fueran modificadas. En 1991, sin que nadie asumiese la responsabilidad se dio este cambio, y los venenos que tenían la franja roja EXTREMADAMENTE TÓXICOS - Clase I, pasaron a tener franja azul; POCO TÓXICOS – Clase III o franja verde; PRACTICAMENTE TÓXICOS – Clase IV.



Como esta alteración no era suficiente para consumir todas las grandes cantidades venidas de Norte América y Europa, hubo un aumento de hasta el 75% del principio activo en las formulaciones de estos venenos.

Esto provocó un incremento en los envenenamientos, muertes e intoxicaciones, reconocido por los propios gobiernos de los países en desarrollo.



En Costa Rica y otros países bananeros de América Central, de la misma forma, se utilizó en gran escala un fosforado denominado Tamaron, que venía de Europa. Este producto hacía parte estratégica de los inventarios de armas químicas europeas, que con la caída del muro de Berlín, quedaron sin utilidad.

El uso de Tamaron (enantiomorfo) provocó mas de 15 mil intoxicaciones. Los toxicólogos y científicos de las Naciones Unidas se apresuraron a decir que era autosugestión y culpa de los agricultores.



En el nordeste de Brasil, este producto fue distribuido por los políticos de turno en las campañas electorales. Esto produjo muertes y envenenamientos, hasta entre los que tomaban agua en las ciudades. En la ciudad de Carau/PE, hubo un escándalo, en una Clínica de Hemodiálisis que usaba agua común en los equipos. Los análisis de esta agua mostraron residuos de fosforados. Lo interesante es que, inmediatamente surgió alguien diciendo que las muertes eran ocasionadas por un alga tóxica. Nunca más se tocó el asunto.



El veneno DBCP10, que desde 1961 era conocido por causar cáncer en los testículos de las ratas y que ya estaba prohibido en los EUA desde 1972, seguía siendo usado en los países de América Central, provocando más de 16 mil castraciones. En la actualidad, el mayor número de casos lo registra Costa Rica con más de 10 mil trabajadores bananeros afectados.



Un grupo de abogados americanos emprendieron una acción judicial para que las empresas productoras de DBCP pagasen los testículos destruidos de los trabajadores. La oferta de la multinacional para compensar los daños sufridos, fu de 30 a 40 dólares.

En 1995, un grupo de investigadores y científicos brasileños notó que un gran número de agricultores, plantadores de tabaco, en Venancio Aires, se estaban suicidando. El grupo hizo una concienzuda investigación y sugirió la posibilidad de que eso estuviera vinculado al uso de venenos. La industria del tabaco, que obliga a los agricultores a usar venenos peligrosos y que ganan mucho dinero con esto, en conjunto con las empresas insecticidas, contrataron científicos mercenarios y usaron todos los medios para defender sus turbios negocios. Por otro lado, el Grupo Interdisciplinario de Investigación y de Acción en Agricultura y Salud en Brasil (GIPAS) elaboró un proyecto de investigación para abordar esta situación, pero el gobierno no demostró ningún interés en financiarlo.



En Panamá, en la región de Herrera y los Santos, gran productora de bananas, también el índice de suicidios es muy alto, principalmente de agricultores entre 20 y 40 años.

Por todos los medios, los gobiernos tratan de desmeritar el trabajo en este campo. En España, por ejemplo un grupo de científicos de la Universidad de Granada, publicó un trabajo idéntico sobre agrotóxicos y suicidios, y nuevamente fueron execrados. La asociación de médicos y psiquiatras de Gran Bretaña comprobó los efectos nocivos de los venenos y pasaron a exigir una moratoria para no utilizar los venenos fosforados.



En Europa se sabe que los niños y las niñas expuestas al uso de agrotóxicos o que comen alimentos contaminados tienen más dificultades para aprender, pero estos datos son mantenidos bajo siete llaves por los gobiernos, universidades y los medios de comunicación. Las enfermedades degenerativas del cerebro, tipo Alzheimer están en la mira de los científicos.



Hace más o menos 10 años, actor norteamericano Steve Moqueen dejó un testimonio sobre su cáncer de pulmón, diciendo que era consecuencia de las aplicaciones de veneno que hacía cuando era piloto agrícola. Recientemente el cantor Leandro, del dúo sertanejo “Leandro y Leonardo”, en una entrevista en el programa “Globo Reporte” en Brasil, relacionó su raro tipo de cáncer con las aplicaciones en las plantaciones de tomate donde trabajaba.

En 1996 se reunieron unos científicos en Weybridge, Inglaterra, y descubrieron que los venenos, principalmente, los organoclorados, usados en 1950, eran productos que tenían Dosis Diarias Aceptables. Hoy, sin embargo, sabemos que, en cualquier cantidad alteran las hormonas, es decir, provocan disrupción endocrina, disminuyen las defensas inmunológicas y provocan otros males, pues no existen dosis seguras. Son los mayores sospechosos de ser los responsables de los cánceres de mama, testículos, ovarios y cerebro. En Inglaterra, científicos de Edimburgo y Glasgow afirman que los responsables del “síndrome de la vaca loca” son los venenos agrícolas.



En Montreal, en la conferencia de las Naciones Unidas sobre sustancias que destruyen la capa de ozono, se discutió la eliminación del uso de bromuro de metilo, en todo el planeta. El bromuro de metilo es un gas extremadamente letal, que es cancerígeno y forma una toxina en el cerebro.

Preocupado con las noticias internacionales sobre los gases de guerra fosforados, y sabiendo que durante la síntesis de éstos, hay formación de los mismos (TEPP, TMPP, OMPA, TCDD, Schradan, TCAB, Sarín, TCAOB, Tabún, Phosgen) un diputado federal en Brasil solicitó informes al Ministerio de Salud.

Recibió de todos los jefes de las distintas divisiones burocráticas, como respuesta, que no era con ellos, sino con el Ministerio de Agricultura, contrariando todas las leyes vigentes.

Ahora, con el MERCOSUR y el ALCA, las empresas están tratando fortalecer sus negocios, desarticulando las legislaciones nacionales e imponiendo una desregulación regional respaldad por la Organización Mundial del Comercio, que impide cualquier ley de salud o medio ambiente que entorpezca el libre comercio. Este es el nuevo mundo neoliberal, que nos recuerda a la Guerra del Opio que los ingleses hicieron contra la China, en nombre de la libertad de comercio.



La destrucción de la fertilidad del suelo con los herbicidas y desecantes, venenos y fertilizantes es la destrucción de la vida. Ésta comienza a ocurrir en el interior de una célula, lo que no puede ser observado sino sólo diez o veinte años después, cuando las células ya formaron un tumor visible o han alterado los niveles hormonales detectados en un análisis de laboratorio, dando origen a una serie de anomalías.



No hace treinta años, los profesores que respetaban la vida, fueron jubilados o expulsados de las universidades e institutos de investigación. De EUA y de Europa vinieron unos cuantos iluminados profesores, con el cuento de que el suelo era inerte y que no tenía vida, que el hambre era el principal enemigo, y que los venenos eran el principal aliado. Ahora aumentaron el hambre, la miseria y la violencia. Hoy ya sabemos con quién han estado aliados los venenos y los profesores.

Ahora los gobiernos están diciendo que los venenos y los fertilizantes hacen daño y que el negocio es hacer agricultura ecológica.

Las transnacionales actualmente, tienen listos sus productos biotecnológicos para la agricultura ecológica, para lanzarlos al mercado, y estos cuestan más caros que los venenos, pues son más modernos.


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«libro ingenuo y de buena fe», útil a todos los hombres,- figurase el nombre de un español ilustre, consagrándola así a la patria...

Mientras los hombres de las cavernas cazaba, sus mujeres buscaban otras alternativas, recogiendo frutas, raíces, hojas, etc. Así, inventaron la agricultura icon02,23 pl de refugiados españoles, pp de rostros de niñOS, de mujeres...

Mientras los hombres de las cavernas cazaba, sus mujeres buscaban otras alternativas, recogiendo frutas, raíces, hojas, etc. Así, inventaron la agricultura iconPaul Felix Lazarsfeld La campaña electoral ha terminado
«no sabe», inmediatamente antes de las elecciones, son mujeres que acaban por no votar o que acuden a las urnas bajo la in­fluencia...

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