Testimonio de Raquel desde Munich (Cap: 7 al 13) 7-Un bicho raro




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Testimonio de Raquel desde Munich (Cap: 7 al 13)



7-Un bicho raro



En aquel tiempo, exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. ...” (Mt 11, 25-27)

*************
Yo trabajo en la Oficina Europea de Patentes de Munich (EPO, es la abreviatura en inglés). El trabajo que tengo consiste en examinar los inventos que las empresas o inventores particulares quieren patentar en Europa. Una patente es un derecho que se la da al inventor por el cual puede impedir que otros se aprovechen y comercialicen su invento sin su permiso. Vamos, que como compensación por la contribución científica y tecnológica que el inventor hace a la sociedad, pues se le concede ese derecho exclusivo a explotar su invento y forrarse de pasta él sólo si ese es su deseo. Nosotros, los examinadores de patentes (ese es el título que dan a esta profesión), examinamos los inventos en el campo en el que se supone que cada uno es experto (existen tres grandes ramas: Mecánica, Electrónica y Química). Y decidimos si lo que el inventor quiere patentar cumple los requisitos, esencialmente que sea algo nuevo (vamos que no venga un tío en el siglo XXI con que ha inventado la rueda, por poner un ejemplo tonto).
Yo soy Bioquímica, y me contrataron hace ya cinco años para examinar en la sección de Farmacia, donde llegan solicitudes para patentar medicamentos para tratar todo tipo de enfermedades, pero también métodos para adelgazar, o tratar la calvicie, o prótesis, cosméticos, tratamiento de disfunciones sexuales (Viagras), etc. Bueno al caso es que la gente que ejerce este trabajo de examinadores de patentes somos Ingenieros, o Licenciados en Físicas o Químicas o Farmacia, etc. Además tenemos que aprender a manejar documentación en las bases de datos con el ordenador, para poder acceder a cualquier documento que haya sido publicado en cualquier parte del mundo. Y también tenemos que argumentar utilizando las leyes de la Convención, es decir, mencionando Artículos y Reglas, como los abogados. Y además todo esto, en tres lenguas diferentes, en inglés, alemán y francés, que son las tres lenguas oficiales en la EPO. Bueno, todo esto para deciros, que como os podéis imaginar, la gente que trabaja allí es gente listííísima, tiene unos Curriculum Vitae completísimos, son políglotas, y están forrados de títulos hasta las orejas. Y yo, chicos, pues igual que ellos.
Y yo, Raquel, te digo: “Gracias Señor, que entre los 5000 sabios e inteligentes en esta Oficina Europea de Patentes de Munich has venido a revelarte precisamente a la examinadora de la oficina 6417: a mí!”.


**********

El otro día, estaba comiendo con una amiga que trabaja también en la Oficina de Patentes. Me suelo reír bastante con ella. Yo ya le había comentado algo sobre mi conversión después de las Navidades y sobre carismáticos y demás. Esta chica, como todos en la EPO habla varias lenguas, y es Doctora y además lee un montón de libros, está super bien informada de la actualidad, vamos, que es muy culta. Pues esta amiga aquel día, no sé porqué, entró a saco con el tema de la iglesia y la religión. En su opinión toda la iglesia es pura mafia y corrupción. Ella ha leído muchos libros en los que se demuestra que bla, bla, bla,... Y que lo que está escrito en la Biblia no es más que una copia de... Y según ella la mayoría de los creyentes lo son por IGNORANCIA (dijo la mayoría pero estaba pensando TODOS; No lo dijo porque estaba yo delante, claro). “Por que, vamos, no me digas tú, ¿quién se puede creer todos esos rollos que se ha inventado la iglesia, eso de que la Virgen tuvo a Jesús siendo virgen, y eso de la transfiguración del pan, y que Jesús resucitó a los tres días?... Porque, Raquel, ¿tú no te crees eso de que Jesús resucitó de entre los muertos, verdad?”. Yo llevaba ya unos minutos callada y sentía como un dolorcillo ...- “Sí, yo lo creo”. Y ella.- “¿Qué??!!! Bueno, ¿pero no te creerás eso de que te comes el cuerpo de Cristo?. “Sí, lo creo”. “Pero, ¿no te creerás el rollo ese de la virgen?” (¡Que manía, la gente, con la pobre Virgen!). Y yo -“Bueno, no me parece tan relevante pero sí, también lo creo”. Ella, cada vez con los ojos más abiertos...
Enfín, chicos, ya lo habéis oído, que somos todos unos ignorantes, y tú Chus también, con todos tus libros, y títulos y carreras, ¿qué te has creído? Aquí no se libra nadie!


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Hoy había quedado para comer con una amiga (otra, aunque como esto siga así veo que se me agota el repertorio). Esta amiga también trabaja en la Oficina Europea de Patentes, es también Doctora, habla también muchos idiomas, y además ahora se está sacando otra carrera. Y está muy enteradita de la actualidad, lee mucho y todo eso. Esta casada y su marido es muy majo. Problemas económicos no creo que tengan. Y tienen niños. Vamos, una chica que pertenece a ese 1 % de la población mundial que lo tiene absolutamente todo en la vida (bueno, no, porque lo más - lo único - importante, que es Jesucristo, no lo tiene).
Hacía bastante tiempo que no la veía y por supuesto me ha machacado con la cantinela de que si ¿dónde te metes? Qué no se te ve el pelo! Le pregunté el otro día a Fulanita por tì pero parece que nadie sabe nada. El caso es que como en su día tuve confianza con ella y parece que me tiene cariño y demás, pues ya casi desde el principio me he abierto a ella y le he contado que en mi vida ha habido muchos cambios últimamente y demás. Y luego he mencionado algo sobre la Renovación Carismática ... Error!!!!!!! En seguida ya ha salido la palabra maldita de su boca. S-E-C-T-A. Cinco letras como cinco dardos. En fín,... yo en ese momento ya me arrepentí enormemente de haber sacado la conversación, y de haber venido a comer con ella... y bueno ya estaba a la defensiva y deseando que pasara el tiempo lo más deprisa posible para largarme. Hasta entonces tuve que aguantar lo suyo-“Lo que teníais que hacer es rezar porque se muriera el Papa este que tenéis y porque pusieran a uno mejor”- Creí oír en algún momento. Y el caso es que ella es muy maja.
Tendré que empezar a aceptarlo: Soy un bicho raro en la EPO.

8-Sobre quién soy y de dónde vengo
Yo nací en Madrid hace 33 años, y viví mi infancia y juventud en Alcorcón, en el seno de una familia de clase media, compuesta de un padre, una madre, dos hermanos barones y yo que soy chica y por edad estoy en el medio. Pero yo siempre tuve “grandes miras”. Salí de España muy joven, y hasta que he aterrizado en Munich, pues mi vida ha tenido bastante tralla.
Como os digo, salí de España muy joven. Tenía 22 años cuando me dieron una beca ERASMUS para ir a estudiar un año de la carrera fuera. De siempre, desde el cole, había tenido buenas notas y acabé estudiando Bioquímica en la Universidad Complutense. Bueno, estudié Químicas pero podía haber estudiado algo de letras o cualquier otra cosa, porque todo me interesaba y todo se me daba más o menos bien. Además, me encantaba viajar y aprender idiomas. Esto sumado a que era una adolescente, con todos los complejos y dificultades propios de la adolescencia y alguno más. Por eso, en cuanto vi la oportunidad me marché. Me fui con la beca ERASMUS a Lieja (Liège), una ciudad en la parte francófona de Bélgica. Allí me fue genial, no sólo me sirvió para mejorar mi francés, sino que además viajé mucho por Europa, me lo pasé muy bien, conocí a un montón de gente y encima al final, no sé como conseguí en los dos últimos meses estudiar un montón y llevarme unas notas extraordinarias, que embellecieron notablemente mi expediente académico.
Después de aquel año yo no quería volver a mi aburrido barrio de Alcorcón, ni hablar. Me quería largar otra vez. Y lo hice con otra beca ERASMUS por tres meses, está vez para ir a Dublín (Irlanda). Cuando llegué allí me llevé un chasco tremendo, porque resulta que en la Universidad de acogida, el Trinity College, no tenían rama de Bioquímica, que era lo que a mí me gustaba. Tenía que estudiar Química Orgánica. Para algunos quizás no hay diferencia que justifique el disgusto que yo me llevé. Pero para mí, sí. La Bioquímica estudia la materia viva, la VIDA; y la Química Orgánica, no. Que no, que no, y que no. Así que me pasé dos días llorando sin parar hasta que decidí que me quedaría a pesar de todo allí los tres meses que me daban de beca. Lo aprovecharía para mejorar (o aprender?) inglés. En mi resignación, yo soñaba con volver a Bélgica. Y es que el año anterior me habían dejado hacer unas prácticas en el laboratorio de Enzimología del profesor Jean-Marie Frère. Ayudaba a un estudiante que investigaba y hacía su Doctorado allí. Buah! Nunca se me olvidará, con cualquier cosita que me enseñaban en el laboratorio se me caía literalmente la baba. Con todas aquella técnicas de Ingeniería Genética; manejando el ADN y las proteínas como les daba la gana. Sí, que envidia. Y cuando pensaba en ello, allí en Dublín... Sí, yo soñaba con poder investigar en un laboratorio.
Y entonces, mirad lo que sucedió. En Dublín, yo vivía con una amiga, Carmen, también de Madrid. Teníamos unas habitaciones alquiladas en casa de una señora que no me acuerdo como se llamaba, pero si recuerdo que era super simpática y que tenía asma. Todos los días íbamos andando Carmen y yo a la Universidad, y era un camino largo en el que teníamos tiempo de hablar de todo. Como las dos estábamos a punto de acabar la carrera y nuestro futuro se presentaba oscuro e incierto, pues nos dio por jugar todas las semanas a una especie de lotería primitiva. Bueno pues esto todas las semanas. Pero claro, la lotería no nos tocaba nunca. El caso es que un día de camino al Trinity me pregunta Carmen - “Si te dieran a elegir entre que te tocara la lotería, todos los millones que quisieras, y que te ofrecieran una beca para investigar y hacer un doctorado en el laboratorio de Jean-Marie Frère, en Bélgica, ¿qué elegirías?”- Y yo sin dudar un segundo dije - “la beca, claro!”.
A finales de Diciembre volví a Madrid para pasar las Navidades en familia, como está mandao. Yo le había mandado un FAX al profesor éste Jean-Marie Frére explicándole mi situación y preguntándole si no tendría un rinconcito para mí en su laboratorio. Pero ni se me había ocurrido pensar que se molestaría en responderme, él era una eminencia y siempre super ocupado. Y cual no será mi sorpresa cuando el 22 de Diciembre me llama la coordinadora de asuntos Internacionales de la Facultad de Químicas, Rafaela Pagani, y me dice que han recibido un FAX de Bélgica para mí. Que parece ser que un tal Prof. Jean-Marie Frère me ofrece una beca de la Unión Europea para hacer un doctorado en su laboratorio.
Cinco-mil-cuatro-cieeeentos ochenta y dos!!!
Dos-cientos-cincuenta millooooones de peseeeeetas!!!!

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Bueno pues así fue cómo después de concluir lo que quedaba por hacer en Dublín, me largué a Bélgica, dispuesta a pasar un par de añitos haciendo lo que en aquellos momentos era mi deseo más profundo: investigar con enzimas.
Mi Doctorado duró 4 años y medio. Fue ciertamente muy interesante a todos los niveles. Pero no fue ni mucho menos el paraíso con el que yo había soñado. Como mi doctorado formaba parte de un proyecto de colaboración europeo, pues me hacían viajar constantemente a congresos, cursos, y a pasar temporadas más o menos largas en otros países, trabajando en otros laboratorios que formaban parte del proyecto de le EU, en Copenhage (Dinamarca), en el sincrotrón de Hamburgo (Alemania), en Grenoble (Francia), en Saarbrücken (Alemania),... vamos que yo y mis hermosas enzimas recorrimos miles de kilómetros en tren por toda Europa. Esto que puede sonar a sueño profesional acabo convirtiéndose en una verdadera tortura. Mi vida no tenía ningún tipo de estabilidad, ni emocional ni nada de nada. Estaba desequilibrada. Tenía un desquicie profundo. Además investigar haciendo un doctorado te crea mucha presión, porque tienes que obtener resultados, y los tienes que publicar, y rápido, porque se te va a acabar la beca... en fin, todo un estrés. Así que mi válvula de escape (cuando estaba en Lieja) era un grupo de amiguetes, que estaban en situaciones parecidas a la mía, y con los que salía de borrachera. El “Drink Team”, nos llamábamos. Y nos pillábamos unos bolingazos de impresión.
La gran enseñanza de mi doctorado fue la importancia de la organización. Esto lo aprendí a base de tortas. Yo tenía un espíritu muy creativo, y era ciertamente muy inteligente, y tenía mucha imaginación a la hora de diseñar experimentos, y a la hora de interpretar resultados..., ni te cuento. Pero también era MUY desorganizada. Se me olvidaba apuntar los resultados que obtenía, o los apuntaba en hojas sueltas, sin fecha, que luego se me perdían. O peor, me los apuntaba en la mano, y al día siguiente después de la ducha... Y me tocaba repetir los experimentos una y otra vez. En fin, un desastre.
Mi desorganización alcanzó unos niveles enfermizos en la ciudad de Saarbrücken. Saarbrücken es una ciudad de Alemania que está en una región pegando con Francia. Me mandaron allí, en principio para unos tres meses, para hacer unos experimentos con aquel grupo que en teoría eran expertos en Espectroscopia. Yo antes de llegar allí me imaginaba aquel laboratorio alemán como algo fuera de serie en investigación, con todo tipo de maquinaria y Tecnología punta hasta para tirar de la cadena.. Ja, ja, Tecnología punta.... bueno, la que me esperaba allí! Aquel laboratorio, que contaba aproximadamente con una plantilla de 8 investigadores, era un auténtico desastre. Todos los laboratorios sucios, con unas moscas de esas verdes brillantes asquerosas volando por todas partes. Crecían hasta unas especies de hongos del techo, unos hongos que un Biólogo experto de la Facultad de al lado venía a analizar todos los meses con el permiso de nuestro jefe. El experto aseguraba que se trataba de una especie de hongos absolutamente desconocida, nueva en la Tierra. Pues yo, que ya de por si tenía una tendencia absoluta a la desorganización pues no tardé en dejarme arrastrar por aquel ambiente de caos, desorganización y guarrería. Los experimentos que había venido a hacer no salían, nadie me ayudaba y yo, pues demoraba mi estancia en Alemania. Y como con el tema de la investigación me iba tan mal, pues me volcaba aprendiendo alemán.
Además, al poco conocí a un alemán de ojos azules y grandes, y de aire tímido, del que me enamorisqué y con el que me iba a tomar cervezas y jugar al futbolín. Pues así acabó pasando hasta un año. Y mi doctorado cada vez peor y peor. Y yo casi que ni me daba cuenta. Los que si se daban cuenta eran mi director de tesis, Jean-Marie Frère y todo el equipo de Bélgica -“¿Pero que hace esta chica allí? ¿A qué se dedica? ¿Dónde están los resultados?”. Hasta que después de un año mandaron a una chica, que además era amiga mía, como refuerzo a este laboratorio. María, se llamaba. Y María al llegar y darse cuenta de lo que ocurría me pegó la gran bronca de mi vida. Me dijo unas cosas horribles, una crítica absolutamente brutal. Pero tengo que reconocer que si no es por aquella bronca, yo me habría quedado a ver crecer los hongos y las moscas de aquel repugnante laboratorio.
Tardé una semana en recuperarme del estado en que me quedé después de la susodicha bronca. Pero debe ser que mi Ángel (aunque yo todavía no sabía de su existencia) me animó y me animó, y poco y poco me fue sacando de aquel abismo que parecía insalvable. Poquito a poquito fui cambiando mis hábitos, y aprendiendo a ser crítica y a cuestionarme todo lo que había hecho hasta entonces... y sudé la gota gorda. Pero con mucha paciencia, conseguí publicar los resultados, y un día, por fin, defender la tesis en la Universidad de Lieja. Además, atención, no me preguntéis como sucedió pero me acabaron dando el mayor grado: “Plus grande distinction avec les félicitations du jury”. Todo un milagro. Que os lo diga mi padre que vino a verme y estuvo allí de testigo.

El Doctorado que hice se tituló (atención!):
“The role of the Zinc ions in Bacillus cereus and Bacteroides fragilis metallo-beta-lactamases”
cuya traducción al castellano sería algo así como: “El papel de los iones Zinc en las métalo- beta-lactamasas de Bacillus cereus y Bacteroides fragilis”. Seguro que a la mayoría os suena a chino igual. Os explico, Bacillus cereus y Bacteroides fragilis no son más que unas bacterias pequeñísimas que pueden infectar el cuerpo humano. La primera, Bacillus cereus, es más o menos inofensiva pero la segunda, la que se apellida fragilis, de frágil no tiene un pelo y causa enfermedades serias por los intestinos, los órganos sexuales,... vamos que no mata pero es todo un bicho (en medicina, dicen un patógeno). Pues estas bacterias, que están compuestas de tan sólo una célula, son capaces de producir una enzima que se llama beta-lactamasa. Que ¿qué es eso de una enzima? ¿y una beta-lactamasa? A ver, una enzima no es más que una proteína que no tiene una función estructural en el organismo sino más bien funcional. Una enzima está especializada en llevar a cabo una reacción química concreta dentro del organismo, que sin la enzima no tendría lugar. Y las enzimas estás que me ocupaban, las beta-lactamasas, lo que hacen es coger los antibióticos de la familia de las penicilinas y partirlos en mil pedazos. Y claro, para las bacterias estas beta-lactamasas son un arma potentísima, ya que cuando ellas infectan un organismo, pongamos por ejemplo a tu vecino, y el médico, para curarle de la infección le receta “penicilinas”, pues las bacterias éstas se ríen en su jeta. Sacan su beta-lactamasa y hacen trizas los antibióticos. Y se quedan vivitas y coleando, mientras tu vecino se queda hecho polvo en su cama.

Pues mi trabajo de doctorado consistía en estudiar estas beta-lactamasas, en concreto las producidas por estos dos bichejos Bacillus Cereus y Bacteroides fragilis. Tenía que aislar y estudiar el arma del enemigo, su mecanismo de acción, para que otros investigadores después pudieran diseñar otros antibióticos “resistentes”, es decir que no fueran destrozados por estas beta-lactamasas y por tanto pudieran matar eficazmente a las bacterias. Por cierto que lo más gracioso de toda esta historia, es que una vez que los científicos diseñan nuevos antibióticos, las bacterias reaccionan de forma sistemática por todo el mundo produciendo nuevas beta-lactamasas que se cargan a esos nuevos antibióticos. Es una especie de guerra continua que tenemos los humanos con las bacterias. Y yo he de confesaros que en esta guerra, mi coranzoncito estará siempre con las bacterias, por supuesto. Y es que después de haber estudiado a estas simpáticas enzimas, su belleza y su perfección, no podría ser de otra manera. Además chicos, a mi me parece muy gracioso que investigadores en todo el mundo se tengan que quebrar la cabeza para diseñar nuevas penicilinas (primera, segunda, tercera generación, como los móviles), y que las bacterias, que no tienen ni cerebro ni nada, tan sólo UNA célula, sean capaces de reaccionar con armas tan perfectas y defenderse asi del ser humano. ¡Qué maravilla! ¡Qué perfección! Yo entonces no lo veía pero ahora no me cabe duda la mano de quien está detrás de todo esto.
Después de acabar mi doctorado, estaba tan quemada con la investigación y tan destrozada de los nervios que decidí que no quería volver a ver una pipeta en mi vida. Y para llenar el inmenso vacío que habían dejado las enzimas en mi vida pues tuve que buscarme otra cosilla. Me metí en un equipo de fútbol en Alemania y estuve jugando al fútbol de extremo derecha un año entero, el Jägersburg se llamaba mi equipo. Y así estuve dando patadas al balón hasta que me hicieron la entrevista para entrar a trabajar en la EPO, y me tuve que mudar a Munich.
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