Resumen : El objetivo del artículo es analizar los motivos del alto monto del arrendamiento en La Plata, en relación a otras regiones hortícolas, a la vez de




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Título de la ponencia: “LA RENTA EN LA HORTICULTURA DE LA PLATA: Causas de su heterogeneidad intra y extraregional”.
Nombre del Autor: Matías García.
Pertenencia institucional: Becario del Conicet (UBA), docente del Departamento de Desarrollo Rural de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales (UNLP).
Eje temático propuesto: 15 -  La propiedad fundiaria  y la renta del suelo. Procesos de extranjerización de la tierra. Nuevos y viejos actores en la financiación de los procesos productivos, bajo diversas formas de tenencia de la tierra: fondos, fideicomisos y pools de siembra.
Correo electrónico: garciamatias@agro.unlp.edu.ar
Resumen: El objetivo del artículo es analizar los motivos del alto monto del arrendamiento en La Plata, en relación a otras regiones hortícolas, a la vez de identificar las variables que hacen que dicho arrendamiento muestre importantes variaciones aun en el interior de la capital bonaerense.

Para lo primero, se describe y analiza las ventajas comparativas que tiene La Plata en relación a su cercanía a los mercados y a la calidad de su suelo y clima. Sin embargo, se reflexiona que son las ventajas competitivas, basadas en la tecnología del invernáculo, las que le posibilitan al terrateniente exigir un monto de arrendamiento mayor al de otras regiones hortícolas. Y que este excesivo monto obliga al horticultor-arrendatario a aceptar una menor o nula tasa de ganancia, transmitiendo a la mano de obra familiar y/o externa parte de dicha erogación.

En cuanto a la heterogeneidad de la renta dentro de la región platense, esta se explica principalmente por la distancia de la tierra a determinados corredores productivos que le posibilita mejores posibilidades y condiciones de comercialización de la producción. En forma secundaria, la renta de la tierra guarda relación con la cercanía de esta a los barrios y pueblos rurales.


LA RENTA EN LA HORTICULTURA DE LA PLATA:

Causas de su heterogeneidad intra y extraregional

Matías García*




  1. INTRODUCCIÓN.


Históricamente la horticultura platense se caracterizaba por quintas en las que predominaba la propiedad. En la década del ´70, los propietarios eran amplia mayoría con el 75% de la superficie hortícola (Gutman et al, 1987); mientras que en el Censo Nacional Agropecuario de 1988 ese valor llegaba al 67%. En el año 1998 (CHBA’98) esa cifra se situaba en el 58%, teniendo tres años después un fuerte incremento, para luego mostrar una caída de casi un 30%, según datos del Censo Hortiflorícola de Buenos Aires de 2005 (CHFBA´05). Con signo opuesto, sufre igual pasaje el arrendamiento (Ver Gráfico N°1). Es decir, se observa una tendencia decreciente en cuanto al régimen de propiedad como forma de tenencia y, coherentemente, un incremento del arrendamiento como forma de acceso a la tierra.
Gráfico N°1. La Plata. Evolución de la superficie total (en %) según régimen de tenencia. Años 1975-1988-1998-2005.



Fuente: Elaboración propia en base a Gutman et al, 1987; CNA’88; CHBA’98 y CHFBA’05.
Así, según el último Censo del año 2005 (CHFBA´05), el arrendamiento llega a representar casi la mitad de la superficie de los EH en La Plata.

Estos datos, más allá de demostrar la significativa importancia del arrendamiento en la horticultura platense, siguen subestimando su real magnitud. Por un lado, el fenómeno de “bolivianización de la horticultura” (Ver Benencia, 2006) siguió su curso hasta la actualidad, siendo el arrendamiento la estrategia de acceso a la tierra de este horticultor (Cfr. García, 2008). Así, es de esperar un mayor número de productores bolivianos desde el último dato disponible (2005) hasta la actualidad (2011), lo que elevaría tanto el porcentaje de la superficie arrendada como así también -y principalmente- el número de establecimientos hortícolas con acceso a la tierra vía arrendamiento. Con esta última modalidad de medición, se observa otra fuente de subestimación, ya que una importante porción de los establecimientos hortícolas platense de productores-arrendatarios bolivianos que se declararon como tal, suelen compartir la tierra con 2, 3 y hasta 4 quinteros con sus familias incluidas, productores que no aparecen como tales en el relevamiento censal. Por todo esto, se puede estimar que hoy día en La Plata entre ⅔ y ¾ de los establecimientos acceden a la tierra bajo esta forma de tenencia.

Pero no es el estudio de los motivos o causales de la nueva forma de acceso a la tierra el objetivo del presente trabajo (Ver García 2008 y 2011a). Sino que el propósito es analizar la heterogeneidad en el monto de la renta de y en la horticultura platense.

Por supuesto que no es el arrendamiento el que genera la renta de la tierra, pero claro está que es quien lo explicita. Mientras que el arrendador exigirá un monto equivalente a la renta para ceder el uso de la tierra al arrendatario, el productor propietario pretenderá que el ingreso obtenido alcance también a retribuir al factor de la producción tierra, obteniendo así un ingreso mayor. Así, es evidente que el arrendamiento materializa la renta de la tierra al constituirse en un arreglo o acuerdo contractual y en pago mensual. El monto de la renta y las heterogeneidades tanto extra como intraregión platense hacen aparecer un nuevo elemento al ya complejo sistema agropecuario.

Con el propósito de caracterizar una problemática emergente de la forma de tenencia más importante en la región hortícola platense, en una primera parte se desarrollan los motivos del alto monto del arrendamiento en esta región en comparación con el resto del Área Hortícola Bonaerense. Y en una segunda parte se analizan las variables que incitan la heterogeneidad interna. Finalmente, se extraen una serie de reflexiones finales.


  1. HETEROGENEIDAD DE LA RENTA EXTRAREGIÓN.


El Área Hortícola Bonaerense (AHB) es lo que antiguamente se denominaba Cinturón Hortícola Bonaerense, y representa un espacio que, cada vez menos continuo y homogéneo (Cfr. Le Gall y García, 2010), rodea en parte al Gran Buenos Aires produciendo en su territorio hortalizas para abastecerla. Dicha región surge por la década del ‘40 del siglo pasado, formando La Plata parte de esa área desde los inicios hasta la actualidad. En función de la expansión urbana, sufre desplazamientos, contracciones, cambios y continuidades en el uso del suelo. Dicho espacio productivo de hortalizas se puede delimitar de la siguiente manera (Ver Gráfico Nº2).
Gráfico Nº2. Área Hortícola Bonaerense.



Fuente: Dirección Provincial de Desarrollo Rural, Ministerio de Asuntos Agrarios.
En La Plata, el arrendamiento de una hectárea para horticultura fue de aproximadamente $600 por mes para la temporada 2009-2010, mientras que para igual período, en la zona de Escobar y Pilar, los montos no superaron nunca los $200. A priori, uno podría suponer que existen una serie de ventajas en la capital bonaerense que justifican esa capacidad de los dueños de la tierra -terratenientes1- platenses de obtener una renta mayor que sus “colegas” del Norte del Área Hortícola Bonaerense (AHB). Por lo que una hipótesis sería que el monto del arrendamiento guardaría relación con la potencial ganancia del productor hortícola. Así, mientras mayor sean los ingresos y/o menores los costos de producción, mayor es la capacidad y posibilidad de apropiación del terrateniente de dicho beneficio a través del incremento del precio del arrendamiento (renta).

Por lo tanto, en este apartado se analiza el precio de arrendamiento en relación a una serie de variables que, si bien fueron elegidas arbitrariamente, podrían explicar las mayores rentas de la tierra en La Plata2. Los mismos pueden agregarse en: 2.1) distancia al mercado; 2.2) mejoras en el transporte; 2.3) inversión de capital y 2.4) mayor demanda de producto.






    1. Distancia al mercado.

La distancia al mercado es, para cualquier sistema productivo, una variable que incide en los costos de comercialización y, por ende, repercute en la capacidad del productor de apropiarse del valor generado. El transporte puede determinar en muchos casos que una zona produzca o no un rubro dado, y en caso afirmativo, en qué proporción puede hacerlo; en otras palabras, constituye uno de los factores principales que determinan la localización geográfica de la producción. Pero no todos los productos muestran igual sensibilidad a la distancia del mercado. En ese sentido, las hortalizas frescas manifiestan una dependencia tal que esta variable determina -en muchos casos- la viabilidad económica de la actividad. No por nada, en el 1º “círculo” de Von Thünen3 se encontraba la producción hortícola. El problema que muestra el producto hortícola es su rápido detrimento de calidad, lo que hace que el tiempo entre cosecha y consumo deba ser ínfimo para reducir la pérdida del producto4. Así, establecimientos hortícolas lejanos al mercado no sólo asumen costos superiores por transporte (con refrigeración en algunos casos), sino que también deben soportar un mayor nivel de descarte. Y como las hortalizas poseen un valor relativo bajo (en comparación con otros productos de similar perecebilidad, como por ejemplo, la leche) ocurren situaciones en las cuales el costo de transporte es mayor al precio del producto transportado.

Así enmarcada la importancia de la distancia al mercado para la producción de hortalizas frescas en general, pasemos a analizar el Área Hortícola Platense. Este se encuentra ubicado a escasos 50 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el sudeste de lo que se denomina el 3º cordón del periurbano5. Por lo tanto, la horticultura platense no sólo se encuentra en una posición que le permite un aprovisionamiento prácticamente privativo de la capital de la provincia de Buenos Aires (649.613 habitantes según datos del último Censo Poblacional realizado en el año 2010), sino que además su cercanía con el conglomerado urbano más grande del país le genera un potencial de abastecimiento enorme. Es decir, es casi el exclusivo oferente de hortalizas para la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires, y el principal proveedor del concentrado urbano más importante del país, con casi 13.000.000 de habitantes en la actualidad6 (cerca de ⅓ de la población del país).

Sólo una fracción de la producción se comercializa en el único Mercado Concentrador de La Plata7, dirigiéndose la mayor parte de la producción a los mercados concentradores ubicados en el Oeste (incluido el Mercado Central de Buenos Aires) y, en menor medida, Norte y Sur del Conurbano bonaerense. Así, la ubicación privilegiada de La Plata le representa una clara ventaja comparativa en relación a las regiones hortícolas del interior del país, en cuanto al abastecimiento del conglomerado urbano bonaerense.
Pero es necesario explicitar que la limitante a la distancia se va acortando a medida que mejoran los servicios de transporte. Esta mejora se puede analizar cuantitativamente (mayor número de vehículos y mayor número de rutas que comunican a la producción con los centros de consumo) como cualitativamente (mejores vehículos y mejores vías de comunicación).

Este incremento en la eficiencia del transporte posibilita el “acortamiento” de las distancias a los diferentes mercados del país. Así, a medida que se reduce el costo del transporte, aumentan las posibilidades competitivas de las regiones mejores dotadas para un producto dado y tienden a ser desplazadas otras menos competitivas para ello. Así, importantísimos mercados que no muchos años atrás se autoabastecían, como son los casos de Rosario, Córdoba, Santa Rosa, Santa Fe, entre otros, en la actualidad se transforman en un destino de competencia para las hortalizas platenses. En el caso de la ciudad rosarina, la misma posee más de 1.000.000 de habitantes8 y, por ende, una fuerte demanda de hortalizas. Pero el crecimiento desordenado de su urbe y el avance de la soja afectaron la producción de hortalizas de su propio cinturón, haciéndolo disminuir fuertemente (Propersi, 2006; Ferratto et al, 2010). Esta nueva demanda a la producción hortícola de La Plata es posibilitada además en gran parte por su fácil y rápido acceso vía la autopista Buenos Aires-Rosario9.

Como veremos más adelante en este mismo apartado, la inserción de las hortalizas platenses en los mercados extra-bonaerenses no puede sólo explicarse por las ventajas del servicio de transporte, sino que debe ser analizado conjuntamente con la altísima productividad, calidad y menores costos de producción logrados en la capital bonaerense con la tecnología del invernáculo. Por ende, la mayor eficiencia en los medios de transporte posibilita romper la barrera que le imponía la distancia a las hortalizas de las regiones con mayor aptitud productiva. Así, La Plata se ve favorecida por este acortamiento de distancia con otros mercados.


    1. Calidad del suelo y el clima.

Es claro que en igualdad de inversión y distancia al mercado, un establecimiento agropecuario tendrá mayores ingresos (y/o menores costos) que otro si la fertilidad de suelo y el clima son mejores para la producción específica. Así, una mayor productividad y producción que viabiliza una mejor calidad del suelo y un clima benigno implicará la posibilidad para el productor de obtener mayores ingresos y (como veremos en el ítem “inversión de capital” a continuación) superiores beneficios.

Se acepta que en una actividad agrícola intensiva como la horticultura, la fertilidad del suelo no es determinante por cuanto es posible su mejoramiento vía incorporación de insumos externos. Pero también es cierto que a mayor calidad edáfica disminuye tanto la necesidad de fertilizantes, aditivos como así también la posibilidad de anegamientos: por ende, se reducen los costos de producción. Similar analogía se puede hacer con las condiciones climáticas.

En La Plata, la producción hortícola se lleva a cabo en un llano que, con algunas ondulaciones y microrelieves, se extiende en la llamada Pampa Baja (Cappanini & Mauriño, 1966). La región se encuentra atravesada por arroyos que recorren la zona y desembocan en dos cuencas: i) la del Río de la Plata, ii) la de los ríos Samborombón y Salado. Entre ambas cuencas existe un área elevada -interfluvio- que es divisoria de aguas.

En los interfluvios y pendientes de la vertiente del Río Samborombón los suelos son anegables, con problemas de hidromorfismo, el nivel freático cercano a la superficie y una elevada presencia de sodio. Diferente situación se observa en la vertiente del Río de la Plata. Allí los suelos se caracterizan por su textura franco, franco-limosa o franco-arcillosa-limosa. Los valores de Ph, materia orgánica y sales solubles lo hacen apto para la agricultura, mientras que por su condición topográfica gozan de un normal drenaje (Giménez et al, 1992). Y es justamente en el interfluvio y principalmente sobre la pendiente del Rio de la Plata donde se hallan las mejores tierras y -no casualmente- la producción hortícola (Hurtado et al, 2003).

Por ende, los suelos utilizados por la horticultura son los mejores de la región platense y alrededores, tanto por su fertilidad química como física10.
Para la caracterización de las condiciones climáticas de La Plata (latitud 34º 58´; longitud 57º 54´; 19 metros de altitud sobre el nivel del mar) se recurrió a la información térmica, humedad relativa, intensidad de vientos y precipitaciones, considerando los últimos 40 años.

En ese sentido, la precipitación media anual alcanza los 1009,2mm, con un régimen considerado “isohigro”. La temperatura media anual es de 15,8 º C, la media invernal de 9,8ºC y la media de verano de 21,8ºC. Los meses de Enero y Febrero resultan los más calurosos mientras que Junio y Julio son los más fríos. La amplitud térmica media anual alcanza los 13,4ºC. El efecto atenuante que ejerce el Río de la Plata sobre las temperaturas es evidente y se pone de manifiesto al comparar dichos valores con los registrados en otras regiones de igual latitud pero ubicadas en zonas continentales. En el partido de La Plata se pueden producir heladas desde el mes de Mayo al mes de Octubre. El periodo libre de heladas se extiende del 20 de Octubre al 10 de Mayo y comprende unos 220 días. El valor medio de humedad relativa anual es de 77,8%, con valores mínimos medios de 70,3 % en el mes de diciembre y valores máximos medios de 83,3% en el mes Julio, clasificándose al clima de la zona como húmedo. La velocidad media del viento se define como moderada y alcanza los 17 Km/h. En general predominan los vientos del sector Este, aunque los vientos del sector Norte (secos y calurosos) en el mes de Diciembre y los del sur (frescos) en Septiembre tienen cierta frecuencia.
En síntesis, la región ocupada por la horticultura platense posee muy buenas condiciones edáficas y climáticas para la producción agrícola en general y hortícola en particular. Esto permite una generación de valor superior a través de una mayor productividad, producción y calidad con menores costos (renta diferencial I), y una mayor eficiencia en el uso de insumos y recursos externos (renta diferencial II). Esto último se analizará a continuación.


    1. Inversión de capital.

En los últimos 20 años, el Área Hortícola Platense ha crecido en producción, productividad e importancia, a nivel regional, provincial y nacional.

Muchos han sido los factores que han originado, facilitado y hasta potenciado este auge (García y Lemmi, 2011). Uno de ellos -es imposible soslayarlo- ha sido la temprana, profunda y continua incorporación de la tecnología del invernáculo. La magnitud del grado de incorporación de esta tecnología es la principal responsable de la característica distintiva en la actualidad de la horticultura platense: su nivel de capitalización.

Tal ha sido la magnitud de incorporación de invernáculos en La Plata que en la actualidad se estima que la mitad de la superficie bajo cubierta del país se encuentra en la capital bonaerense, alcanzando las 2500 hectáreas (Stavisky, 2010). Parte de esta hegemonía se debe a que en La Plata prácticamente la totalidad de los ahorros que generan los productores es direccionado hacia la construcción de invernáculos, siendo su objetivo explicitado el de “cubrir de plástico” toda la quinta (García, 2011b). Así, la inversión privilegiada por los productores hortícolas platenses es el invernáculo.

La fundamentación de esta estrategia se puede resumir en que sin invernáculos (con la producción “a campo”) es difícil acumular capital, ya que:

  • merma la producción hortícola cuali-cuantitativamente,

  • los tiempos muertos son mayores (en invierno hay una subutilización de los medios de producción y de la mano de obra por cuestiones climáticas), y

  • los ciclos de los cultivos son más largos (ya que las condiciones de crecimiento distan de ser óptimas).

Esto tiene como consecuencia:

  • una circulación del capital más lenta,

  • un desaprovechamiento de un bien común escaso, como es la tierra (cuyo costo -arrendamiento- es muy caro) y

  • un uso desbalanceado (y por eso poco eficiente) de la mano de obra y el capital en el año.

Contrariamente, la producción bajo invernáculo posee las condiciones ambientales que posibilitan el crecimiento de cultivos fuera de su época normal de desarrollo al aire libre. Además del control del ambiente, el resto de los factores productivos están más cercanos al óptimo de cada cultivo, lo que trae como consecuencia un rendimiento y calidad del producto comercial superior en relación a la producción “a campo”. Esto permite un uso más uniforme de los medios de producción durante el año. Es decir, la tecnología del invernáculo se convierte en un mecanismo que admite la aparición de una renta diferencial. Esto se materializa en el volumen obtenido, en la calidad de las hortalizas y en la eficiencia en el uso de los medios de producción, con lo que se logra un triple sobreprecio en relación a la producción sin invernáculos.
Por supuesto que la tecnología del invernáculo implica una mayor demanda y dependencia de insumos, lo que trae entre otras consecuencias, un evidente y significativo aumento de los costos de producción. Sin embargo, desde el punto de vista económico, la productividad lograda le permite tener un producto más barato por unidad, otorgándole una competitividad difícil de igualar. Si a esto le sumamos una muy fuerte explotación de la mano de obra (tanto externa a la Unidad Productiva como la familiar), el “paquete tecnológico platense” posibilita costos por unidad de producto artificialmente bajos, generándose un mayor beneficio (a costa de una mayor plusvalía).

Tal como sucede con la cercanía a los mercados y la fertilidad del suelo, este plusvalor entra en puja para ser apropiado por diversos agentes. Uno de estos agentes son los pertenecientes al eslabón de la comercialización: transportistas, consignatarios, puesteros, etc. Con la exigencia de cantidad, calidad y bajos precios, el mercado presiona y condiciona una forma de producción con alta inversión de capital que permita el cumplimiento de las “3C” (cantidad, continuidad y calidad de productos) a bajos precios. También la competencia entre productores se agudiza ya sea en la búsqueda de un mayor beneficio o contrariamente la persistencia en ese status, empleando mayoritariamente estrategias tendientes a incrementar la productividad vía inversión de capital.

Pero la presión por una inversión y explotación de la mano de obra que posibilite un mayor beneficio no se sesga sólo al mercado y a la competencia inter-capitalista (entre productores). El terrateniente que le alquila al productor-capitalista pretende una apropiación cada vez mayor del máximo beneficio posible de generar. Así, la consecuencia del mismo modo pasa a ser causa, por cuánto es el terrateniente quien también presiona en pos de una inversión y explotación alta que posibilite el aumento de la renta del suelo.


    1. Mayor demanda y menor oferta.

Como ya se comentó en el ítem “Distancia al mercado”, la producción de hortalizas frescas se ubica en las periferias de los conglomerados urbanos a abastecer, debido a las características perecederas del producto hortícola. Por lo tanto, en un principio, la demanda estará directamente relacionada al tamaño y a la evolución demográfica de la población a la que rodea cada área o cinturón hortícola.

También se detalló como el incremento de la eficiencia de los servicios de transporte permitió modificar potencialmente el origen/destino de la oferta.

El proceso que sufren el resto de las áreas (cinturones) hortícolas ante el avance de las urbes y la frontera agrícola impacta en los últimos 20 años en un doble sentido, siempre a favor de los intereses de la horticultura platense (García, 2010; Ferratto y otros, 2010). Paralelamente, se resiente la competitividad de dichas regiones ante mercados comunes (como es el caso del Mercado Central de Buenos Aires). Por otra parte, la merma productiva de distintos regiones hortícolas puede llegar a impedir el normal abastecimiento de su propia región cabecera. Por ello, el incremento de la demanda resultante posibilita no sólo mayores precios, sino que también la expansión de la horticultura en La Plata, gracias a los cada vez más eficientes servicios de transporte. Y en esta expansión de la demanda y los precios, surge nuevamente la puja en la que participan todos los actores de la cadena hortícola por la apropiación de los mayores beneficios consecuentes. El rentista siempre se encuentra atento a estas novedades…


  1. HETEROGENEIDAD DE LA RENTA INTRAREGIÓN.


Identificados y ponderados las variables que explican la mayor renta de la tierra en La Plata en relación al resto de las regiones hortícolas, podemos profundizar el análisis y centrarnos en la heterogeneidad de los valores intraregión. Si bien se dijo al principio que el valor de arrendamiento de tierra en La Plata era de $600/mes/ha, el rango relevado localmente va desde los $400 hasta los $1100. ¿Son las variables a nivel extra regional precedentemente comentadas las responsables de las diferencias del precio de arrendamiento a nivel intraregional?, ¿o los motivos son otros?.
Tras una serie de entrevistas a informantes calificados tales como productores, agentes de inmobiliarias y dueños de tierra en alquiler, la palabra que más explicaría estas diferencias internas platenses del precio de arrendamiento es cercanía. Veamos los diferentes significados de la misma:

  1. Cercanía al asfalto: la cercanía al pavimento posibilita no sólo a los horticultores una más fácil articulación con una serie de servicios (compra de insumos, envío de los hijos a la escuela, adquisición de alimentos, esparcimiento, etc.) sino que resulta de primordial significancia para el acceso prácticamente diario de los camiones que cargan verdura para transportarla a los diferentes mercados. Así, una quinta sobre el asfalto posibilita el ingreso de los camiones, independientemente de las condiciones climáticas y el estado de los accesos, lo que elimina un fuerte obstáculo para la comercialización. Fortalece esta ventaja la realidad fáctica de que los camiones llegan a entrar hasta dos veces a cada quinta por día (una a la mañana para dejar los “vacíos”, y luego a la tarde/noche a cargar la mercadería ya embalada). Como el camionero prefiere que su tarea se realice en el menor tiempo posible y sin que su vehículo de trabajo se estropee, privilegia a las quintas en función de su distancia al pavimento. De esta manera, la cercanía al asfalto resulta de una ventaja económica que se traduce en un mayor potencial de beneficios, por cuya apropiación puja el dueño de esa tierra a través del precio del arrendamiento.

  2. Cercanía a otras quintas: por motivos análogos a los precedentemente comentados en cuanto a la operatoria del transportista en las transacciones comerciales, las tierras que se encuentren cercanas a otras quintas tendrán una ventaja económica. Como ya se explicitó, el transportista pretende entre otros, cargar su camión con mercadería en el menor tiempo posible. Por ende, si las quintas a las que se debe visitar para cargar mercadería se encuentran alejadas entre sí, se incrementa la probabilidad que este agente de la comercialización opte por no ir a alguna de ellas (las más alejadas) ya sea comprando mas mercadería en las quintas de mejor ubicación y/o más cercanas entre sí. Nuevamente, esta ventaja de posición de la tierra muestra una ventaja que el terrateniente exige sea retribuida.

  3. Cercanía a los corredores: por último, existe cierta interacción de las dos variables de cercanía anteriores, y se da cuando las tierras se encuentran ubicadas en ciertos “corredores productivos”. Los mismos son algunas rutas, avenidas y calles -indefectiblemente asfaltadas- por las que pasan incesantemente los camiones al ser dichas vías circuitos de fácil acceso y salida a los mercados del conurbano y/o del interior del país. La interacción de asfalto y circulación fluida de camiones estimula la ubicación de quintas sobre estos corredores, generándose a su vez un círculo virtuoso. Así, las tierras con mayor precio de arrendamiento son aquellas ubicadas a la vera de los siguientes corredores:

  • En el sentido Noroeste-Sureste: Ruta 36, 197, 173, 203 y 208 (desde el límite con Berazategui hasta aproximadamente la calle 90).

  • En el sentido Noreste-Suroeste: 520 hasta ruta 2; 32, desde 36 hasta ruta 2; 38 desde la 36 hasta ruta 2; 44 desde 173 hasta ruta 2; 52 desde 185 hasta ruta 2 (con excepción de la zona urbanizada de Olmos); 60 - 62 y 66 desde 173 hasta 208, y de ahí 62 hasta Esquina Negra de Etcheverry.

  • Además de zonas como Colonia Urquiza, Estancia Chica, y últimamente, Poblet.

Se observa (coherentemente) un decrecimiento de los valores del arrendamiento de las quintas que se encuentren alejados de dichos corredores, en una magnitud proporcional a dicha distancia. Y este decrecimiento del precio se ve influenciado además por el estado de los accesos.

  1. Cercanía a los pueblos: Otra de las variables dentro del rubro ubicación es la preferencia de parte de los productores-arrendatarios por estar cerca de los pueblos, pero no de los barrios. La diferencia radica en que la denominación de barrio hace referencia a periferias empobrecidas de la ciudad, cuya presencia cercana a las quintas se la relaciona con robos e inseguridad en general. Diametralmente opuesta es la valorización de la cercanía a poblados, tales como Olmos o Abasto. La ubicación próxima a dichas urbanizaciones dentro del enclave rural hortícola son pretendidos por los quinteros por motivos que se relacionan con los servicios que brindan, como ser: esparcimiento, compra de alimentos, servicios administrativos, etc. Vale recordar que la actividad laboral del horticultor se desarrolla desde el Domingo a la tarde hasta el Sábado al mediodía, con turnos de 9 a 12hs diarios según la estación. Sumado a esto, en su gran mayoría carecen de movilidad propia, por lo que las cercanías a estos poblados les permite un fácil y más barato acceso, ya sea vía remis, colectivo y aun en bicicleta.

En cuanto a la calidad de la tierra, si bien es una variable a considerar, posee una importancia menor en relación a las precedentemente desarrolladas. Hasta hace unos 20 años, la calidad (física, química y topográfica) de la tierra era una variable de gran importancia al momento de decidir el alquiler de una tierra para la producción hortícola. Hoy día, la tecnología del invernáculo ha reducida esta restricción que impone el suelo11, siendo preponderante la ubicación de la quinta.

Claro está, que no se debe llegar a extremos. Por caso, las tierras circundantes a la ruta 2 poseen muy bajo valor de arrendamiento, y a pesar de ello, hay muy pocas quintas (principalmente de la 520 hacia Brandsen). Esto se debe tanto a que se trata de una ruta “rápida”, lo que dificulta la entrada y salida de camiones, y que la calidad del suelo es claramente deficiente12.

Como ya se desarrolló en el ítem “calidad edáfica”, la horticultura en La Plata se desarrolló sobre la vertiente que desemboca en el Río de la Plata debido a la calidad de sus tierras. La limitante hacia el sudoeste comienza con el interfluvio y la vertiente al Río Samborombón, cuyas características edáficas son marcadamente deficitarias. Geográficamente, la divisoria de aguas (y de aptitud edáfica) es aproximadamente la calle 208. Esto explica no sólo la casi total ausencia de quintas en la ruta desde la avenida 520, sino que también fundamenta la razón por la cual la expansión del Área Hortícola Platense se dirige hacia la zona de Poblet (sudeste platense).



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