Mapas. Estudios a niveles detallados






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fecha de publicación23.01.2016
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MAPAS. ESTUDIOS A NIVELES DETALLADOS
a) Mapas morfopedológicos

Estos mapas se alzan a la escala deseada para la precisión exigida y adaptada a las características o a la mayor o menor complejidad del territorio estudiado. Se alzan, en general, a gran o media escala (aprox.1/20.000); el diagnóstico morfopedológico integra, como hemos visto, en el seno de unidades completamente delimitadas, los tipos de interferencias que existen entre varias series de procesos (por ejemplo relaciones morfogénesis-pedogénesis). La ampliación de la escala permite la representación separada de estos procesos o datos, que permite ver mejor la dinámica de las interacciones.

Los mapas morfopedológicos, en esta fase de nuestro enfoque, asocian estrictamente tres tipos de datos:

—la litología

  • la morfogénesis

  • la pedogénesis.

El objetivo es representar estos datos de forma que pongan en eviden­cia una estructura del paisajes y una dinámica resultante de las interdependencias.

La litología. Contrariamente al aspecto geológico, que describe ante todo una estratigrafía, el mapa tiene en cuenta sobre todo las propiedades físicas y químicas del material que condicionan las velocidades y las formas "de la alteración. Por esta razón debe prestarse particular atención a la granulometría, la consistencia, la porosidad, las diaclasas. Como subraya J. Tricart: «Los datos litológicos son descriptivos; suministran el fondo del mapa sobre el que se representan los otros elementos, los cuales son dinámicos».
Visto desde esta óptica, la litología engloba las rocas y todos los demás materiales sobre los que se ejerce la pedogénesis. Puede que la roca haya podido ser recubierta con importantes modificaciones por encima de la alteración siempre activa del sustrato. Si estas formaciones se hacen densas, como ocurre a menudo en las regiones tropicales del hemisferio sur, puede haber disyunción, divergencia entre el tipo de alteración profunda esencialmente química, y el modo de evolución de superficie influenciado por los procesos biológicos.
Una modificación del clima, de la vegetación, de los procesos morfogénicos pueden cambiar el medio de pedogénesis de superficie sin afectar sensiblemente los procesos que actúan al nivel del frente de alteración. La pedogénesis actual está influenciada por los caracteres del material sobre el que se ejerce. Cuando esta interferencia entre lo que es antiguo, heredado, y actual, funcional, es clara, se puede hablar de suelos polifásicos,. Cuando, al contrario, la nueva evolución impone excesivamente la herencia, ésta es difícilmente discernible. Así existen una serie de transiciones. El material heredado es considerado entonces como un material original. De nuevo estamos frente al problema de la diferenciación entre suelos y formaciones superficiales. Este problema merece un examen objetivo y atento. Desgraciadamente, con excesiva frecuencia ha sido abordado de una manera formal y desde el ángulo de una polémica entre disciplinas.
En Anjouan, por ejemplo, una parte de los productos volcánicos que forman el substrato de la isla está recubierta de una espesa capa de alteraciones de tipo ferralítico. Al nivel del frente de alteración, la presencia de ciertos criterios prueba que los procesos físico-químicos de ferralización siguen adelante. Sin embargo, determinadas modificaciones de la superficie (desoxidación, recubrimientos coluviales ricos en materiales primarios, es-polvoreamientos por productos piroclásticos, cambio de vegetación, etc.), crean los medios de pedogénesis actuales del tipo suelos pardos o ándicos, totalmente distintos de la pedogénesis ferralítica típica: los suelos tienen una reacción positiva al fluoruro de sodio, una densidad aparente débil, una estructura mucho menos marcada: la alteración ferralítica se mencionará en la litología permitiendo separar a nivel cartográfico las dinámicas en curso de las dinámicas antiguas encubiertas o puestas en discusión. De tal manera se pone en evidencia la evolución, situando mejor que en el pasado el papel de las herencias.

La morfogénesis No se trata aquí de superponer a los demás datos un mapa geomorfológico. Estos mapas son cosa de especialistas de igual manera que los mapas pedológicos; corresponden a unos objetivos precisos y comprenden sobre todo una gran cantidad de parámetros cuya presencia no siempre es indispensable para el objetivo perseguido. Se llegaría además a tan alto grado de complejidad, que la lectura del mapa pasaría a ser imposible; el aspecto descriptivo propiamente dicho, que consiste .en representar todas las formas del relieve con sus perfiles, no es prioritario ni necesario. Sólo se representan las formas realmente explicativas o dominantes, las que constituyen unos buenos puntos de referencia y dan un cierto valor plástico al mapa.
Por el contrario, el estudio de la morfodinámica es esencial si se quieren entender las interacciones morfogénesis-pedogénesis, y por consiguiente la organización misma de los suelos. Los datos de la morfodinámica que permiten acceder a esta comprensión son: el grado de estabilidad del medio, la naturaleza de los procesos y su intensidad.
En el mapa morfopedológico sólo aparecen los tipos de grados de estabilidad tal como han sido definidos por J. Tricart: medios estables (estabilidad antigua y reciente), medios penestables, y medios inestables. Así que la representación pone en evidencia las zonas en que la pedogénesis puede ejercerse libremente, y aquellas en que las posibilidades de desarrollo del perfil pedológico están reducidas al extremo. Materializa, pues, el concepto de balance morfogénesis-pedogénesis que hemos tratado en la primera parte de este estudio.
Los procesos de morfogénesis y su intensidad aparecen en el mapa de presiones. Puede parecer arbitrario que aparezcan en dos mapas diferentes dos series de datos con fuertes interferencias y que, en general, son percibidas simultánamente; sin embargo, el grado de estabilidad permite comprender y explicar el medio de pedogénesis, que constituye un aspecto fundamental del mapa morfopedológico: se representa el factor morfogénico, que tiene una influencia directa sobre la pedogénesis; es importante saber, por ejemplo, que un mosaico de suelo se debe a una fuerte inestabilidad del medio. En cambio, la identificación de los peligros de erosión y su intensidad desemboca en la apreciación de una serie de presiones, que habrá que resolver en una óptica de valorización racional; así que es lógico que estos datos aparezcan en el mapa de presiones.

La pedogénesis. En nuestro enfoque, el acento recae esencialmente en el medio de pedogénesis, definido en las páginas precedentes. Sin excluir, claro está, el interés del diagnóstico descriptivo de los horizontes del perfil, preferimos centrar nuestra atención sobre la «naturaleza geoquímica de los procesos de pedogénesis« (G. Gaucher, 1972). De este modo, las condiciones de la pedogénesis son explicadas por los restantes datos; "representados en el mapa (litología, morfodinámica.), de la misma manera que se revela el papel que desempeña la pedogénesis en la organización de las unidades del sistema natural. Los suelos ya no quedan aislados del paisaje, y la pedología está integrada en el estudio global del medio. Ño se excluye la observación del perfil, pero esta perspectiva permite la elección de criterios de observaciones correspondientes a los procesos de pedogénesis importantes que influyen en la estructura de los tipos de medio natural. Eso se desprende de la clasificación, de la jerarquización de los procesos y desemboca, pues, en la ponderación de su influencia; las unidades tal vez sean menos abundantes, pero su delimitación mejora en coherencia, pues permite desprender las relaciones de causa a efecto: aparecen los vínculos de filiación. Además, y también lo hemos tratado, este enfoque permite la diferenciación entre pedogénesis actual y pedogénesis del pasado; las condiciones actuales de la pedogénesis quedan precisadas por los datos de la morfodinámica representados, que, por otra parte, permiten la posi­bilidad de entender el estado de degradación del suelo, es decir, la actividad de ese medio y su tendencia evolutiva. Así, por ejemplo, algunos procesos de morfogénesis actuales como la desoxidación y los recubrimientos, que modifican las acciones biológicas de la superficie y tienen la importancia que sabemos en las condiciones de la pedogénesis, son estudiados sistemáticamente. Este método muestra la importancia que concedemos a los fenómenos de geodinámica externa, fenómenos que, en los sistemas de clasificación existentes, no aparecen o sólo a unos niveles taxonómicos variables y poco jerarquizados. Los restantes caracteres del suelo, que cabría clasificar entre las propiedades agrológicas, no aparecen necesariamente en este mapa, cuyo objetivo esencial es el de revelar la estructura y la evolución de las unidades naturales. Dichos datos son, en cambio, indispensables para apreciar las presiones que dificultan la valorización de estas unidades: aparecerán, pues, en el mapa de presiones.
En la práctica cada grupo de datos está representado en el mapa por unas tramas diferentes de un mismo color. Por ejemplo, en el mapa morfopedológico de Anjouan, que aparece en las páginas siguientes, los datos litológicos aparecen en color de humo, los datos de la pedogénesis en negro, y los de la morfogénesis en rojo. Así que el mapa morfopedológico hace aparecer un cierto número de unidades territoriales no limitadas formalmente. Estas unidades aparecen por sí mismas constituidas por unas agrupaciones de datos que se interfieren recíprocamente.
En el plano de la investigación, este aspecto tiene su importancia; este método de cartografía permite apreciar cómo se interfieren y se reagrupan en el medio físico los diferentes parámetros considerados; representa una manera de abordar los problemas de la concordancia de los límites entre unidades fisiográficas y unidades morfopedológicas así como los límites de las unidades del medio propiamente dichas con sus integrados.
Así, pues, el enfoque interdisciplinario y la confrontación con las necesidades de la práctica han conducido progresivamente a la elaboración de mapas de nueva concepción. No son ni mapas geomorfológicos ni mapas pedológicos. Describen más bien las interdependencias que modelan el medio físico, el cual para ser utilizado más racionalmente, debe ser entendido tanto en sus características como en su dinámica. No excluyen en absoluto el interés de los mapas pedológicos o geomorfológicos; responden, sin embargo, de manera más directa y adecuada a las necesidades del desarrollo.

b) Mapa de presiones

El mapa de presiones revela las limitaciones para la utilización de los medios definidos en el mapa anterior. Es mucho más lógico y coherente hacer aparecer las presiones antes que expresar las potencialidades. En efecto, las primeras son inherentes al medio físico, son específicas a él, y, por consiguiente, le caracterizan de manera objetiva; la apreciación de las segundas es, por el contrario, subjetiva y variable. La capacidad de producción va demasiado estrechamente unida a los progresos de la tecnología, a las disponibilidades financieras, a los datos económicos e incluso a las opciones políticas, para poder esperar ofrecer a los hombres u organismos que deben tomar decisiones un documento que tenga un valor algo perenne y orientador.

Por esta razón hemos considerado esencial prolongar el mapa anterior con el de las presiones que representa para la valorización de las tierras la contribución esencial de los técnicos del estudio del medio físico. La detección de las limitaciones procede de un buen conocimiento de la estructura y de la dinámica del medio físico; es por dicho motivo que consideramos que ambos mapas son suplementarios y que el segundo no puede ser claramente establecido sin haber alzado el primero. Este documento, que refleja un aspecto del medio físico, es probablemente el más útil para la elección de las posibles vías del ordenamiento, y por ello evitamos mezclar en él análisis y proposiciones: estas últimas constituirán el tema de otro mapa.
La clasificación de las presiones desemboca en su jerarquización, que permite hacer aparecer las presiones mayores; éstas engloban y dirigen a las demás en el caso de que aparezcan varias de ellas.
Este mapa permite: asimismo visualizar las interferencias entre varios grupos de presiones, unas estáticas y otras dinámicas. Se distinguen las presiones siguientes:

  • edáficas

  • morfodinámicas

  • hídricas.

Las presiones edáficas Se refieren al propio suelo y son, en consecuencia, de orden muy variable y específico de cada región: pedregosidad, textura, profundidad, toxicidad, fertilidad, etc.
Si aparecen varias presiones, sólo se tienen en cuenta las presiones mayores que dirigen a las demás, en el supuesto de que estas últimas pueden estar presentes en unos grados más o menos elevados. En Anjouan, por ejemplo, caracterizado por una extrema multiplicidad de factores limitativos vinculados al suelo, el mapa sólo menciona los que dominan sobre todos los demás. Cuando no aparece ninguna dominancia, pueden crearse unas unidades heterogéneas siendo la heterogeneidad, como las demás, una presión a la que hay que acomodarse. Ninguna subdivisión puede ser definida de antemano, ni siquiera un sistema de clasificación. Hay que limitarse a los caracteres propios del medio que dirige la jerarquización.

Las presiones morfodinámicas. El acento recae sobre todo en los procesos de morfogénesis y su intensidad, procesos mecánicos que contribuyen en general a la degradación de las tierras; arroyada difusa, desoxidación, acumulación, desplazamientos de masa, etc. Si bien los procesos son casi siempre identificables, no suele resultar fácil valorar su intensidad, y con ello tocamos una de las dificultades del método; en efecto, algunos de ellos son insidiosos, lentos, dispersos en el espacio, poco perceptibles al ojo humano aunque tengan una acción importante a largo plazo. Sin embargo, las observaciones sobre el terreno, descubriendo las marcas y los efectos del proceso, pueden ayudar a proporcionar unas apreciaciones globales que faciliten una clasificación propia de la región. La utilización de fotografias aérea es en estos casos de gran ayuda. En Alto Volta, en los glacis de las regiones de Mogtedo o de Bittou, el moldeamiento de la superficies en pequéños escalones (magnitud cetimétrica) indica una desoxidación intensa y crónica; sobre las arcillas vérticas, la presencia de un mulch de estructura muy fina es el índice de un empobrecimiento de superficie debido a un arroyamiento que conduce a una modificación del régimen hídrico y, por tanto, a una degradación; de igual manera, la altura de las acumulaciones de residuos vegetales por encima de las matas de hierbas, los troncos de árboles o las termiteras informan sobre la intensidad de la arroyada.

En un clima determinado, las manifestaciones de la morfodinànimca dependen en amplia medida del material, de la cobertura vegetal i del modelado. La comparación de estos datos con los de los mapas anteriores permiten descubrir los umbrales más allá de los cuales se desencadenan algunos procesos u pasan a ser peligrosos. Así estaremos capacitados para apreciar la naturaleza y la importancia de los trabajos de conservación de los suelos necesarios para bloquear o invertir una dinámica de degradación. Está claro que este enfoque es mucho más realista y útil que el que consiste en establecer un mapa de pendientes. Las gamas que definen estas clases quedan establecidas de una vez para siempre; es fácil entender, por consiguiente, que si se realizan sin tener en cuenta el papel de factores esenciales (variación del material, por ejemplo), estos mapas solo ofrezcan un aspecto simplificado y con frecuencia muy engañoso de la realidad.

Las presiones hídricas. El análisis de estos datos debe llevar a precisar los regímenes hidrológicos revelando las limitaciones inducidas en los planos agronómico y morfodinámico. Por ejemplo, un régimen de pseudogley que se desarrolla anualmente bajo forma de flujo hipodérmico sobre una vertiente de textura arenosa da lugar a una limitación agronómica de primera magnitud; se harán constar los regímenes que provocan atascos prolongados, sumersiones demasiado largas, flujos hipodérmicos desarrollándose a favor de las discontinuidades, etc. El mapa de la tierra de Mogtedo presentado en los mapas siguientes ofrece un ejemplo de la representación de esas presiones.

Al igual que en el caso del mapa anterior, cada uno de los datos que forman los grupos de presiones es representado por unas tramas diferentes de un mismo color: negro para las presiones edáficas, rojo para las presiones morfodinámicas y azul para las presiones hídricas. Tampoco existe una individualización de unidades cartográficas resultantes con límites claros y precisos. Si estos existen en la naturaleza, y teniendo en cuenta los datos tenidos en cuenta aparecerán por sí mismos en el mapa.

Este último mapa, además, es especialmente útil para la experimentación agronómica orientada hacia el ordenamiento (investigación de los sistemas de cultivos). Pone en evidencia las deficiencias del medio físico y favorece, por tanto, la definición de los temas de investigaciones diferenciales específicas en cada tipo de medio natural. En este mapa estarán, por consiguiente, localizados unos parajes representativos de cada una de estas variantes de medio. Eventualmente podrá alzarse un mapa detallado de estos parajes, a fin de representar mejor y delimitar las presiones. A partir de estos parajes se estudiarán y medirán los procesos de degradación del medio resultante de los cultivos, y se experimentarán las técnicas que permitan restringirlos (formas de cultivo, tipos de plantación, rotaciones, etc.), así como los ordenamientos en el marco de la parcela (curvas de nivel, caballones sembrados de hierba, setos vegetales, etc.). Esta investigación perfectamente adaptada a las condiciones del medio puede permitir resolver numerosos problemas de valorización de las tierras.

c) Mapa de las propuestas para el ordenamiento.

El ordenamiento regional de las tierras depende sobre todo de decisiones tomadas a nivel político a partir de unos datos económicos y sociales. Escapa, pues, a los técnicos del medio físico; éstos, sin embargo, deben ofrecer unos elementos que favorezcan tales decisiones, pues integran cada vez en mayor medida las características del medio físico. De todos modos, al no estar situados en los niveles de decisión, no pueden pretender imponer sus opiniones; a ello se debe que este último mapa, que se desprende de los otros dos, sólo pueda ser una formulación de propuestas.

Contrariamente a los dos mapas anteriores, este último fracciona la región estudiada en varias clases cuyas posibilidades de valorización son definidas en función de las presiones y de los resultados de la experimentación agronómica. De modo que las unidades diferenciadas quedan bajo la dependencia de la naturaleza y de la importancia de los factores limitativos No se puede proponer ningún sistema general de clasificación; si bien es fácil establecer un sistema semejante para una región o un país determinado, su generalización es difícil y conduce a unas adaptaciones locales que transforman completamente el sistema de salida. La utilización de la clasificación norteamericana de las tierras plantea en ocasiones problemas insolubles, cuando se la quiere aplicar, por ejemplo, a unos terrenos tropicales.
El principio cartográfico básico se apoya en el concepto de que cuanto más oscuro es el tinte de las unidades, más importantes son las restricciones para el ordenamiento. En cada clase definida, las diversas posibi­lidades de cultivo así como los diferentes tipos de ordenamiento deben ser precisados con sus ventajas y sus inconvenientes.
Así, pues, este mapa no .es una conclusión en sí misma; sólo representa la última aportación de los técnicos que estudian el medio físico.
TRICART, J y KILIAN, J (1982): La eco-geografia y la ordenación del medio natural. Ed. Anagrama. Barcelona.

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