Mediados del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX: “segunda revolución industrial”






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fecha de publicación13.02.2016
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GRANDES ETAPAS DEL PROGRESO CIENTÍFICO Y TECNOLÓGICO

Entre los años 1750 y 1830: la “1ª revolución industrial”


Mediados del siglo XIX - hasta la mitad del siglo XX: “segunda revolución industrial”

Mediados del siglo XX y está generando lo que algunos han llamado “tercera revolución industrial”

En los inicios del siglo XXI



Este proceso de transformación se inició en Inglaterra, entre los años 1750 y 1830: de una sociedad mayoritariamente rural y dedicada a la agricultura se fue pasando a una sociedad centrada en las ciudades y empleada fundamentalmente en las fábricas de manufactura. Otras naciones europeas vivieron el mismo proceso a continuación; Rusia y Japón lo harían en los albores del siglo XX.

En algunos países este proceso se está llevando a cabo actualmente.



Desde mediados del siglo XIX y hasta la mitad del siglo XX, aunque estos límites cronológicos son siempre imprecisos y varían mucho de unos países a otros, se desarrolla la segunda revolución industrial: las transformaciones iniciadas dos siglos antes alcanzan ahora su pleno desarrollo y la producción se intensifica como consecuencia del trabajo en cadena y de la aplicación de los avances científicos a la industria (organización científica del trabajo). A la industria textil y siderometalúrgica que protagonizaron el proceso de la primera etapa le relevan los sectores básicos de la industria petroquímica, la automoción, el transporte aéreo y marítimo y el desarrollo de las técnicas y medios de comunicación (radio, teléfono, telégrafo, cine,…). El liderazgo cruza el Atlántico de Inglaterra a los Estados Unidos de América.



Esta etapa comienza a mediados del siglo XX y está generando lo que algunos han llamado “tercera revolución industrial”, también denominada “tardoindustrial” o “postmoderna”: una nueva fase del desarrollo científico-técnico e industrial caracterizada por la utilización de la energía atómica, la terciarización de la economía, avanzadas técnicas en los campos de la química, la biología y las telecomunicaciones y, especialmente, la implantación masiva en la vida ordinaria y los procesos industriales de la electrónica, la robótica y primordialmente la informática.

Es evidente que hoy, más que nunca, la incidencia de estos factores en la estructura social, económica, política, cultural,… está siendo decisiva en la transformación de nuestro mundo y de todos los ámbitos de nuestra vida en la mayor parte de sus aspectos.


Los modernos desarrollos tecnológicos en los campos de la microelectrónica, la informática y las telecomunicaciones, la automatización, la biotecnología, el láser, las energías renovables, los nuevos materiales,... nos muestran la gran complejidad que los caracteriza y su integración progresiva, fruto de sus interacciones e implicaciones y de la preeminencia de los sectores de la Informática y las Telecomunicaciones ya que el actual desarrollo técnico es, en gran parte, consecuencia de los avances en los procesos de tratamiento de la información y en la capacidad de reprogramación de la materia.

Hay una gran influencia de estos avances sobre cada aspecto de nuestra vida y de la organización de la sociedad. Desde aquí podemos entender la capilaridad de las NT, que filtran sus efectos por todos los estratos de la vida social y cultural y a todas las capas sociales, además de su velocidad, que podemos calificar como exponencial.




GRANDES ETAPAS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA




Desde mediados del siglo XIX y hasta la mitad del siglo XX

Desde mediados del siglo XX (“tercera revolución industrial”)

En los inicios del siglo XXI





León XIII: Rerum novarum (RN, 1891)

Pio XI: Quadragesimo anno (QA, 1931)

Juan XXIII: Mater et Magistra (MM, 1961); Pacem in Terris (PT, 1963).

CONCILIO VATICANO II: Gaudium et spes (GS, 1965)


PABLO VI: Populorum progressio (PP, 1967); Octogesima adveniens (OA, 1971).

JUAN PABLO II: Redemptor hominis (RH, 1979); Laborem exercens (LE, 1981); Sollicitudo rei socialis (SRS, 1987); Centesimus annus (CA, 1991)



BENEDICTO XVI: Caritas in veritate (CiV, 2009)





La situación social desencadenada por la primera revolución industrial provoca la llamada “cuestión social”.

La “cuestión social” se refiere a una realidad muy amplia –“la división de la sociedad en dos clases separadas por un profundo abismo”- cuya injusticia se muestra especialmente en la situación que viven los obreros. En ella se muestra con violencia el conflicto entre el capital y el trabajo: la acumulación de riquezas en manos de unos pocos y la pobreza y miseria de las muchedumbres de trabajadores y sus familias. De aquí que “cuestión social” y “cuestión obrera” sirvan para expresar la misma realidad.

En este contexto, la solicitud pastoral de León XIII le lleva a plantear e iluminar esta cuestión social a la luz del Evangelio, recogiendo la reflexión y la acción social de muchos creyentes y comunidades; y lo hace con su encíclica Rerum Novarum que constituye el inicio de la más que centenaria andadura de la Doctrina Social de la Iglesia.

El desarrollo científico-técnico, que marca el progreso de la civilización actual, es un signo de la grandeza del hombre que no sólo genera esperanzas, también engendra múltiples inquietudes que la Iglesia no puede menos que plantearse porque, de manera más o menos explícita, se la plantean millones y millones de hombres (RH 16).

Constituye un desafío para nuestro compromiso humano y cristiano (LE 5) al que la comunidad creyente debe responder haciéndose eco de las inquietudes de los hombres de hoy, abriendo un diálogo con ellos a propósito de “la cuestión esencial y fundamental -¿este progreso cuyo autor y fautor es el hombre, hace la vida del hombre sobre la tierra, en todos sus aspectos

más humana”?; ¿la hace más “digna del hombre”?” (RH 15)- y provocando un fecundo encuentro del evangelio con esta realidad tan característica de nuestro tiempo.

Juan Pablo II reclama para aquellos que han quedado marginados del progreso técnico actual la oportunidad de acceder a esta nueva riqueza (CA 32 a) y participar de los beneficios de las mismas (CA 33); beneficios a los que todo hombre tiene derecho (SRS 33).

La introducción y expansión de las nuevas tecnologías en nuestras formas de producción y de vida es uno de los motores de la globalización. (países en vías de globalización)

Existe un acceso desigual a dichas tecnologías, dependiendo de las posibilidades y oportunidades de los individuos y, sobre todo, del grado de desarrollo de los países, hecho que provoca también hoy una división entre individuos, grupos y naciones que han conseguido dominarlas y aprovechar las oportunidades que brindan y, por otro lado, los que han quedado excluidos y están empobreciéndose.

La técnica se convierte a menudo en un “problema” para el verdadero desarrollo si se concibe como una ideología y desemboca en el absolutismo tecnicista o tecnocrático. La mentalidad exclusivamente técnica puede reducir todo el potencial desarrollo de la persona a la capacidad operativa del puro hacer, que estaría sustentada, finalmente, en una cultura nihilista y relativista. A ello estaría contribuyendo el proceso de creciente globalización.

La verdad sobre el hombre -la cuestión antropológica- está en el centro de la verdad sobre el progreso tecnológico, que debe tener en cuenta a la persona y orientarse al bien de la misma. También el progreso tecnológico necesita contar con Dios para saber dónde ir, y de la caridad en la verdad para no acarrear graves riesgos para el desarrollo humano integral.




Actividad

Lecturas:

RN 1-2; QA 59-60; MM 47, 200-202, 220, 242; PT 2-3, 130, 147-148; GS 56-57

Actividad

Lecturas :

PP 25-26, 71; OA 9, 22, 38-42; RH. 14-16; LE 1, 5, 12, 14; SRS 28-30, 33, 43-44; CA 11, 18, 32-36

Actividad

Lecturas:

CiV, capítulo VI.

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