El proceso de industrialización y sus hitos más recientes






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fecha de publicación21.08.2016
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TEMA 15: LA INDUSTRIA EN ESPAÑA

  1. EL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN Y SUS HITOS MÁS RECIENTES.



Primera etapa: los años centrales del siglo XIX.
La industrialización española fue lenta y tardía debido a la escasa producción energética, la carencia de tecnología propia, la falta de inversores nacionales, la deficiente red de comunicaciones o un excesivo peso de lo rural. Además de sucesos históricos perjudiciales como la Guerra de Independencia, la emancipación de las colonias o el carlismo. Paralelamente a los cambios agrarios iniciados en los años 30 fueron surgiendo las primeras industrias, que se dedicaron a la fabricación de tejidos y piezas de hierro. Barcelona se especializó en la actividad textil. En Málaga también apareció una industria textil, pero fue la siderurgia de esa ciudad y de Marbella la que se situó a la cabeza del país. La minería del hierro vizcaína estuvo al principio orientada a la exportación hacia Inglaterra. La del carbón se localizó principalmente en Asturias. Con el tiempo se fueron instalando empresas mineras británicas y francesas.
Segundo impulso: desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil.
En general se dio una mayor diversificación: la industria textil catalana se consolidó; la siderurgia acabó ubicándose en el norte, tanto en Asturias como, sobre todo, en Vizcaya; también en esta provincia se ubicó la industria naval; en la minería continuó la expansión del hierro (Vizcaya) y el carbón (Asturias), ganando importancia el plomo (Jaén-Linares, Almería y Córdoba-Peñarroya) y el cobre (Huelva-Río Tinto); aparecieron las industrias de productos químicos, el gas y la producción de electricidad. La progresiva concentración de las empresas y una creciente importancia de la banca en el conjunto de la economía fue otro de los rasgos del periodo. La neutralidad durante la Primera Guerra Mundial permitió que la economía se orientara hacia el suministro de los países en guerra, de manera que la producción aumentó considerablemente en todos los sectores. Al término del conflicto se volvió a los niveles de 1914. Los años 20 fueron de crecimiento, coincidiendo con una coyuntura internacional favorable. El sector secundario aumentó en un 26% vinculado a la construcción, las obras públicas, la minería y las ramas propias de la segunda revolución industrial. La metalurgia sobrepasó en importancia al textil. La década de los años 30 fue difícil por la inestabilidad política y la industria se verá afectada por el desarrollo de la Guerra Civil.
El franquismo: entre la posguerra y el impulso de los años sesenta.
En los 40 se produjo un retroceso en la actividad industrial. El intervencionismo del estado se dio en todos los sectores y se creó una amalgama de empresas estatales administradas por el Instituto Nacional de Industria (INI). El resultado fue un estancamiento de la producción, el déficit comercial, una enorme carencia de productos básicos y la extensión del mercado negro (estraperlo).

A finales de los 50 se dio un giro importante en la orientación de la política económica, que se basó en la Ley de Estabilización de 1959 y la apertura al exterior. Fueron llegando capitales extranjeros y divisas del turismo y la emigración. Mediante los planes de desarrollo se establecieron polos de desarrollo y se impulsaron obras públicas (grandes embalses, autopistas). El crecimiento del sector secundario supuso que su población activa representara en 1970 el 37% y que su aportación a la renta nacional fuese del 38%. Destacaron las ramas del automóvil, construcción naval, química, siderurgia, etc. La construcción de viviendas estuvo muy ligada al crecimiento de las ciudades y la urbanización de las costas por el turismo. Aparecieron nuevas zonas industriales en Navarra, Valladolid, Burgos, Coruña, Vigo, etc. En Andalucía se concentraron en capitales como Sevilla, Málaga, Huelva y Córdoba, las bahías de Cádiz y Algeciras y las tradicionales zonas mineras de Río Tinto, Linares-La Carolina, etc.

De la crisis económica de los 70 a la entrada en la CE.
En 1974 España era la 10ª potencia industrial del mundo, pero el encarecimiento de la energía, causada por la crisis del Petróleo de 1973, incrementó nuestros costes de producción y provocó una severa crisis industrial. Igualmente, contribuyeron otros factores, como el incremento de la competencia por la aparición de nuevos países industriales (NPI) o el agotamiento del anterior modelo industrial y del ciclo tecnológico, que dio paso a una nueva fase caracterizada por nuevos sectores industriales ligados al desarrollo de nuevas tecnologías (electrónica, etc.) Otras causas fueron la dependencia energética y tecnológica, el minifundismo industrial, el endeudamiento, los desequilibrios territoriales, etc. A lo que hay que añadir la complicada situación política: final del franquismo e inicios de la transición democrática. Esto retrajo las inversiones, acentuó la caída de la productividad (huelgas) y explica la tardanza en adoptar soluciones.

La respuesta a la crisis fue la reestructuración de la industria. En 1984 se adoptan medidas en una doble dirección: reconversión de los sectores industriales más afectados por la crisis y reindustrialización. La reconversión industrial se centró en los sectores más tradicionales: siderurgia, naval, textil, etc. Se pretendía racionalizar la producción, adecuar el tamaño, modernizar tecnológicamente… Afectó a las grandes empresas del INI, sobredimensionadas para nuestras necesidades y posibilidades de exportación y que acumulaban enormes pérdidas a cargo del Estado. A la vez se apostó por los sectores más dinámicos: automoción, química, agroalimentarias... La reconversión disparó el paro al desaparecer muchos empleos debido a las reducciones de plantilla. Para paliar el problema se desarrollaron los planes de reindustrialización con la creación de las Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR). Se pretendía recomponer el tejido industrial pero no dieron los resultados esperados.
La evolución de la industria desde 1990 hasta la actualidad:
A partir de 1991 asistimos a una nueva reconversión industrial, impuesta por la UE. Desde entonces la política industrial española sigue sus directrices. A cambio se eliminaron las ayudas estatales, se produjo el desarme arancelario (librecambismo, Europa sin fronteras) y se inició una política de privatizaciones de empresas estatales. (Gas Natural, Telefónica, Tabacalera, Endesa, Repsol…)
La industria española está teniendo dificultades para adaptarse a las transformaciones de la llamada Tercera Revolución Industrial. La inversión en I+D+i (Investigación + Desarrollo + innovación) es menor que en los países europeos más avanzados y aunque se ha realizado un importante esfuerzo, la incorporación de las TIC se sitúa por debajo de los países del entorno. España sigue comprando patentes que ocasiona un déficit permanente en la balanza de pagos tecnológicos.
Por otro lado, predominan las PYMES (empresas pequeñas y medianas), mientras que las grandes empresas (más de 250 trabajadores), son pocas y están a mucha distancia de las mayores de la Unión Europea. Esto es un problema porque los productos de las pymes invierten poco en investigación y tienen dificultades para acceder a la financiación y a los mercados internacionales.

El resultado de esta situación es que, aunque España se encuentra hoy en el grupo de países industrializados, posee una productividad y una competitividad inferior a la de otros países del entorno, tanto en el PIB como en la población ocupada.



  1. FACTORES DE LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL


Por factor de la actividad industrial se entiende todo aquello que ha determinado y determina cómo es la industria en nuestro país. De forma que existen múltiples y variados factores, entre los cuales destacan los históricos, analizados más arriba y los naturales, especialmente los relacionados con las materias primas y las fuentes de energía.
Las materias primas se pueden clasificar según su origen animal, vegetal o mineral. Estas últimas son las que más nos interesan y se subdividen en minerales metálicos y no metálicos, además de los llamados minerales energéticos (uranio, gas natural, carbón, petróleo). Se pueden encontrar tanto en la superficie como en el subsuelo. A pesar de que nuestro territorio fue rico en muchos minerales, hoy día podemos decir que somos claramente deficitarios en los metálicos tras una larga e intensa explotación, sobre todo en el S. XIX. Por el contrario, ocupamos un lugar destacado en la producción de rocas y minerales no metálicos, como es el caso de la pizarra, mármol o granito. La importancia de la minería en nuestra economía es escasa (1% del PIB) y se encuentra en declive en el caso de los minerales metálicos, debido a la competencia de países en vías de desarrollo, la limitación en la producción y la reconversión, impuestos por la política de la UE…
Las fuentes de energía se clasifican en función de su abundancia o disponibilidad:
1- No renovables, tradicionales o contaminantes, entre las que destacan petróleo, carbón, gas natural y nuclear. Existe una gran dependencia del exterior, especialmente en gas y petróleo y un gran aumento en su consumo.
El carbón, se halla en cuencas del norte y sur de la Cordillera Cantábrica (Asturias, León, Palencia), suroeste de la Meseta (Peñaroya, Puertollano) y Sistema Ibérico (Teruel). Se importa alrededor del 60% ya que el carbón nacional, de menor calidad y difícil extracción es más caro, por ello sólo subsiste por subvenciones estatales o europeas.

El petróleo ha pasado a ser la principal fuente energética (más de la mitad del consumo) por su polivalencia (automoción, calefacción, producción de electricidad). La producción nacional no llega a cubrir un 1% de las necesidades. En la actualidad se está estudiando realizar prospecciones en el mar de Alborán y cerca de las islas Canarias. Las refinerías actuales se ubican, tres en la costa mediterránea (Tarragona, Castellón y Cartagena), dos en la costa noratlántica (Bilbao y A Coruña), dos en la costa de Andalucía (Huelva y Algeciras), una en las islas Canarias (Tenerife) y una sola en el interior (Puertollano, en Ciudad Real).

El uranio es abundante en el occidente de la Meseta (Badajoz, Salamanca), pero desde el 2000 no se extrae por falta de rentabilidad económica. Se importa y además necesita ser enriquecido en el extranjero (EE.UU. y Francia). La energía nuclear sigue aportando en torno a un 16% del total de nuestras necesidades energéticas.

Gas Natural, casi todo se importa desde Argelia, Libia, y este de Europa. Su consumo está creciendo al ser una energía más barata y menos contaminante.
2- Renovables, alternativas o limpias. Generan un menor impacto ambiental, disponen de un gran potencial y globalmente están aumentando.
Energía Hidráulica, tiene una gran dependencia de las precipitaciones y aguas embalsadas. Las cuencas del Norte, Duero y Ebro representan casi 4/5 del total en la producción.

Energía Solar. España posee un potencial muy alto para su uso y si no se ha generalizado su uso es debido al alto coste y el poco interés de las administraciones. Las mejores zonas son las de alta insolación.

Eólica. Es la que está experimentando el mayor crecimiento a través de los parques eólicos (Tarifa, Sierra de Gador, litoral gallego y Catalán, valle del Ebro, Canarias...).

Energías por biomasa (combustión de residuos y cultivos energéticos), también se encuentra en aumento Otras, (Biocarburantes, Geotérmica, Mareomotriz), son casi inexistentes.
  1. PRINCIPALES SECTORES INDUSTRIALES EN LA ACTUALIDAD.



Las actividades industriales se pueden agrupar según el origen de las materias primas utilizadas, según el volumen y peso de las materias primas utilizadas o la energía necesaria para transformarlas (pesadas y ligeras), pero la clasificación más útil sitúa a las industrias en tres niveles según el destino de su producción en industrias de base, de bienes de equipo o de bienes de uso y consumo. Asimismo, los sectores industriales se agrupan según su antigüedad o grado de actualización. Así distinguimos entre los sectores tradicionales, los sectores dinámicos y los sectores de vanguardia. La importancia de cada una de estas ramas ha ido variando a lo largo del tiempo y en las dos últimas décadas se han visto afectadas por dos factores: la integración en la CE/UE y los cambios en los procesos de producción. Como consecuencia se ha reducido su población activa y su aportación al PIB. Además, la deslocalización ha supuesto el cierre de empresas para su traslado a otros países con costes de producción más bajos (mano de obra, impuestos, etc.).
Sectores tradicionales en retroceso. Pertenecen sobre todo a la industria pesada (siderurgia, metalurgia, construcción naval), que es altamente contaminante. También hay que incluir a varias ramas ligeras (textil, calzado, mueble, etc.). En su conjunto han sido las principales perjudicadas de la reconversión industrial iniciada a finales de los 80. -Siderurgia y metalurgia: localizadas en las costas cantábrica y mediterránea, han quedado reducidas a algunas plantas del País Vasco y Cantabria; en Andalucía, en la Bahía de Algeciras. -Construcción naval: extendida por las costas peninsulares e insulares, se ha reducido considerablemente su producción; en Andalucía se localiza en Puerto Real, Huelva y Sevilla. -Textil y confección: situación ambivalente; la primera se ha visto muy afectada por la competencia de los mercados asiáticos: la segunda ha adquirido una gran importancia por su expansión internacional; localización en el área mediterránea (Barcelona y Valencia), con novedad en la confección gallega (ligada al norte de Portugal).
Sectores en crecimiento o dinámicos. Se trata de ramas como la automoción, la petroquímica, la química pesada o la agroalimentaria. Sus rasgos principales son el gran dinamismo, la modernización en técnicas y sistemas de trabajo, y la fuerte dependencia del exterior (en tecnología, capitales y materias primas).
Automoción: orientada al mercado interior y exterior; en manos de empresas foráneas; localizada en Barcelona, Madrid, Valencia, Navarra, Pontevedra, Valladolid…

Petroquímica: fuerte dependencia del exterior en las materias primas; destinada a la obtención de derivados del petróleo (combustibles, plásticos, alquitranes), que se obtienen en las refinerías; están situadas en zonas portuarias (Tarragona, Cartagena, Bahía de Algeciras, Huelva, Tenerife, La Coruña…), excepto en Puertollano (Ciudad Real).

Química pesada: destinada a la transformación de minerales no metálicos para la obtención de fertilizantes, explosivos, pinturas, detergentes, etc.; se localiza en Huelva, Tarragona, País Vasco, Navarra, etc.

Agroalimentación: ha conocido un crecimiento muy rápido desde la entrada en la UE; directamente relacionada con el sector primario; gran diversidad de productos (vinos, hortalizas, frutas, aceites, pescados y mariscos, embutidos, charcutería y carnes frescas, lácteos y derivados, etc.) y de formas de procesamiento (conservas, congelados, envasados, precocinados…); gran dispersión empresarial y territorial, con una tendencia a la concentración empresarial.
Sectores de vanguardia. Se trata de las actividades que están haciendo uso de los últimos avances científicos y técnicos, y de ahí que también se use el término alta tecnología o sectores punta. Están relacionados con la fabricación de materiales eléctricos, electrónicos e informáticos (telecomunicaciones, instrumentos de precisión, etc.). Ocupan un parte pequeña de la producción industrial, aunque están conociendo un gran crecimiento. En general existe una gran dependencia del exterior. Las administraciones públicas los están fomentando a través de los parques tecnológicos. Se localiza en Madrid, País Vasco, Barcelona y Valencia. En Andalucía se han instalado parques tecnológicos en Málaga y Sevilla.

  1. DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA INDUSTRIA EN ESPAÑA



La localización de la industria en España presenta desequilibrios territoriales, pues existen áreas industrializadas con distinto dinamismo, desarrolladas, en expansión y en declive, y áreas de industrialización inducida y escasa.
a) Consolidación de Madrid y Barcelona como grandes polos de la industria española. Ello se debe a: a) Su condición de grandes áreas metropolitanas que cuentan con una amplía demanda, disposición de mano de obra, infraestructuras y comunicaciones, servicios financieros, etc.; b) La atracción de nuevas empresas y fábricas que se benefician de la proximidad a otras; c)  La sustitución de sectores en crisis por sectores de alta tecnología; c)  El apoyo del estado a la instalación de empresas (automovilísticas en los 60)

Sus respectivas áreas metropolitanas han consolidado una potente y diversificada industria que en los últimos años ha experimentado dos tendencias opuestas: por una parte, la crisis y la reconversión de importantes sectores industriales y, por otra, la revitalización actual de sus tejidos industriales a partir de la instalación de establecimientos dinámicos y de sectores de alta tecnología
b) Declive de los espacios tradicionales de la industria española, particularmente los situados en el llamado Eje Cantábrico, desde Galicia al País Vasco, aunque esta última región poco a poco empieza a recuperar las tasas de crecimiento industrial que había perdido.

Es el espacio más debilitado porque, además del declive de su sector minero-industrial (metalurgia, petroquímica, naval), de gran implantación en este espacio geográfico, carece de recursos sustitutivos. Esta caída ha afectado también muy negativamente a las pequeñas y medianas empresas relacionadas con ellos. Asimismo, esta situación ha influido en áreas del interior (Puertollano; Ferrol, en A Coruña; la bahía de Cádiz, etc.).
c) Espacios industriales en expansión, entre los que destacamos las áreas periurbanas y los ejes de desarrollo.
En las áreas periurbanas de numerosas ciudades se han consolidado áreas industriales al amparo de la proximidad a los mercados y los centros de distribución, las facilidades para adquirir suelo industrial, la situación estratégica de las vías de comunicación, etc. Estas instalaciones forman franjas o coronas que concentran industrias diversas en un espacio intermedio entre ciudad y espacio rural.
Los ejes de desarrollo son el resultado de los procesos de difusión espacial de la industria a lo largo de corredores que comunican áreas industrializadas. Su desarrollo se debe en gran parte a la congestión industrial de las zonas tradicionales (encarecimiento del suelo, incremento de los costes de transporte y mano de obra, etc.), la mejora generalizada de los sistemas de transporte y comunicaciones, y la inducción por el estado en los años 60 de la industrialización a través de los Polos de desarrollo en zonas como Zaragoza, Valladolid, Burgos y Huelva-Cádiz-Sevilla. Los ejes nacionales más dinámicos son el eje del Ebro y el eje del Mediterráneo. El primero aprovecha los beneficios geográficos de su situación entre el País Vasco y Cataluña, y su buena accesibilidad a la Meseta. El eje Mediterráneo, desde Girona hasta Murcia, acoge una industria muy diversificada que se beneficia del amplio mercado que le proporciona la altas densidades de población en el litoral. Además de estos dos ejes, hay otros interiores, igualmente dinámicos, como el corredor del Henares, que se extiende desde Madrid hacia el norte. En cuanto a los ejes regionales secundarios, son buenos ejemplos los de Ferrol-Vigo, Palencia-Valladolid, del Guadalquivir (Huelva, Sevilla, Cádiz), etc.
d) Las áreas de industrialización inducida o escasa. Los espacios de industrialización inducida, como Aragón, Castilla-León, Galicia o Andalucía, han sido objeto de iniciativas públicas para su promoción industrial, logrando crear un tejido industrial en algunas ciudades como Zaragoza, Valladolid, Vigo y el triángulo Sevilla-Huelva-Cádiz.

En cuanto a las áreas de industrialización escasa son aquellas con menor nivel de industrialización, bien por falta de tradición (como Castilla- La Mancha o Extremadura), bien por la apuesta por otros sectores, como el turismo (caso de Baleares y Canarias)


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