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fecha de publicación24.10.2015
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Concepciones docentes sobre la evaluación en la enseñanza de las ciencias
Manuel Alonso Sánchez(1), Daniel Gil Pérez(2) y Joaquín Martínez Torregro­sa(3)
(1) I.F.P. "Virgen del Remedio" de Alicante; (2) Departament de Didàctica de les Ciències de la Universitat de València; (3) CEP de Alicante

Alambique, Nº4, pp 6-15 (1995)



RESUMEN
En este trabajo se analizan críticamente algunas concepciones docentes sobre la evaluación en la enseñanza de las ciencias y se presenta un intento de transforma­ción de dichas concepciones para acercar la práctica evaluadora a las orientaciones constructivistas del aprendizaje de las ciencias.

Concepciones docentes sobre la evaluación en la enseñanza de las ciencias
Manuel Alonso Sánchez(1), Daniel Gil Pérez(2) y Joaquín Martínez Torregro­sa(3)
(1) I.F.P. "Virgen del Remedio" de Alicante; (2) Departament de Didàctica de les Ciències de la Universitat de València; (3) CEP de Alicante



0. Presentación
Cada vez más, la investigación sobre enseñanza de las ciencias viene llamando la atención sobre el hecho de que el profesorado mantiene un conjunto de ideas y comportamientos docentes "espontáneos" deudores del modelo de enseñanza por transmisión-recepción, generalmente criticado, pero todavía predominante. El hecho de que estas ideas y comportamientos pueden ser un obstáculo a la renovación de la enseñanza, está generando una abundante investigación dirigida explícitamente a identificarlas y, también, a proponer vías para su superación (Gené y Gil, 1988; Hewson y Hewson, 1988).
En este marco, adquiere especial relevancia el tema de la evaluación, dado que constituye un aspecto didáctico de gran influencia sobre estudiantes y docentes. Por ello, venimos dedicando en los últimos años atención particular a este tema, habiendo producido una propuesta evaluadora en Física que intenta ser coherente con las orientaciones constructivistas del aprendizaje de las ciencias (Alonso, 1994), para cuyo desarrollo se ha tenido muy en cuenta el estudio de las preconcepciones docentes en este punto (Alonso, Gil y Martínez Torregrosa, 1992a). En el presente escrito vamos a mostrar algunas de estas ideas y comportamientos docentes que hemos detectado sobre la evaluación y resumir algunos resultados que estamos consiguiendo en el intento de contribuir a su superación.
1. Concepciones docentes sobre la evaluación en una enseñanza de las ciencias por transmisión-recepción.
Como acabamos de expresar, nuestro punto de partida para establecer las principales concepciones docentes espontáneas sobre la evaluación en ciencias, ha sido considerar estas ideas y comportamientos como parte del contexto de enseñanza por transmisión-recepción de conocimientos ya elaborados (Gil, 1986) en el que se han generado. En este contexto, la dinámica de enseñanza-aprendizaje induce, cabe pensar, a limitar los momentos de evaluación a una serie de pruebas o exámenes realizados al final de periodos más o menos largos de clase para comprobar cuáles de los conocimientos que el profesor ha transmitido previamente "devuelven" los alumnos. Además, la orientación conductista que subyace bajo esta dinámica llevaría a tratar de "medir" el aprendizaje de los alumnos acumulando resultados parciales referidos al grado de adquisición de algunos "objetivos operativos" que, supuestamente, son evaluados en cada prueba. Todo ello generaría en los profesores un conjunto de ideas y comportamientos sobre la evaluación, que se apoyarían entre sí y serían coherentes con el modelo de transmisión-recepción en que se contextualizan. En las siguientes líneas resumimos algunas de las ideas, comportamientos y actitudes docentes sobre la evaluación que hemos detectado (Alonso, Gil y Martínez Torregrosa, 1992a):
1) Una primera idea que mantienen los profesores de nuestro área sobre la evaluación en un contexto de enseñanza por transmisión es la creencia en la "objetividad y precisión" de su actividad evaluadora, debido a la naturaleza, también supuestamente objetiva, de los conocimientos científicos. Sin embargo, no es difícil poner en cuestión esta pretendida objetividad de la evaluación, y evidenciar que las expectativas y/o prejuicios de los profesores de ciencias sobre el alumno evaluado influyen de modo apreciable en la calificación.
En efecto, para comprobar este extremo hemos hecho uso, entre otros instrumen­tos, de un cuestionario que pide a los profesores calificar un examen, deslizando en la mitad de los cuestionarios utilizados un pequeño comentario que atribuye dicho examen a un alumno "brillante" y en la otra mitad un comentario similar atribuyendo el mismo examen a un alumno "que tiene algunas dificultades". Los resultados obtenidos, a partir de las puntuaciones otorgadas por 101 profesores de nuestra materia, han mostrado una diferencia de 2 puntos (en una escala de 10) a favor del supuesto "alumno brillante". Este resultado viene apoyado, además, por estudios de docimología (Hoyat, 1962; López, Llopis et al., 1983) que han mostrado como un mismo ejercicio de, p.e., Física o Matemáticas, recibe puntuaciones muy diferentes cuando es calificado por distintos profesores o por los mismos profesores en momentos diferentes (p.e., con un intervalo de tres meses) y, también, por otros estudios como el de Spears (1984), que mostró que un mismo examen recibe calificaciones diferentes según se presente con la firma de un alumno o de una alumna. Todos estos estudios, no sólo cuestionan la supuesta objetividad y precisión de las evaluaciones habituales, sino, lo que es más importante, ponen de manifiesto una manera de actuar, mediante la cual los profesores contribuimos a que nuestros prejuicios (los prejuicios, en definitiva, de toda la sociedad) se conviertan en realidad: las chicas acaban teniendo logros inferiores y actitudes más negativas hacia el aprendizaje de las ciencias que los chicos y los alumnos considerados inicialmente mediocres, terminan siéndolo.
2) En asociación con la creencia en la objetividad de la evaluación (como acabamos de ver absolutamente injustificada) y en el contexto de una enseñanza que limita el aprendizaje a la transmisión-recepción de conocimientos elaborados, se propicia también una limitación del contenido de la evaluación a lo más "objetivo y fácil de medir": la mera repetición de hechos y leyes y su aplicación mediante ejercicios cerrados. Podríamos decir que los profesores y profesoras de ciencias, no sólo consideramos nuestras evaluaciones objetivas y precisas, sino que hacemos todo lo posible para lograr esta objetividad y precisión. De hecho, en un cuestionario abierto que pide al profesorado expresar sus ideas, propósitos y preocupaciones sobre la evaluación, un 80% de los 58 profesores encuestados se han referido a esta búsqueda de objetividad, justicia y precisión, frente a un escaso 7% que han hecho alguna alusión a cualquier otro aspecto que pueda aumentar la capacidad de la evaluación para intervenir sobre el aprendizaje. Este comportamiento conlleva dejar a un lado en la evaluación aspectos fundamentales de la propia metodología (como los planteamientos cualitativos, necesariamente imprecisos, con los que se abordan las situaciones problemáticas, la invención de hipótesis, el diseño de experimentos, etc), los relativos a las complejas relaciones entre ciencia, técnica y sociedad (C/T/S), con sus debates y confrontaciones e, incluso, los aspectos conceptuales que van más allá de la repetición de enunciados o leyes.
En el campo de la Física y la Química, hemos podido constatar esta tendencia, mediante un detenido análisis de 520 actividades de evaluación incluidas en una muestra de exámenes habituales de Secundaria, que ha puesto de manifiesto que un porcentaje muy elevado estas actividades (95.2%), simplemente precisan (y, por tanto, fomentan) un aprendizaje de tipo repetitivo, bien sea porque se trata de pretendidos "problemas" que se presentan como simples ejercicios de aplicación operativista de algoritmos dados (56.3%), de preguntas de manejo que sólo involucran la utilización de destrezas operativas (22.9%), o de preguntas de teoría que se pueden responder recurriendo a la mera repetición memorística (16.0%). Hemos evidenciado además que los profesores no somos conscientes de estas carencias de los exámenes habituales. Para ello, elaboramos un cuestionario que pide criticar un examen conformado con preguntas que, no sólo no eran adecuadas para impulsar un aprendizaje significativo de nuestra materia, sino que además poseían un perfil exageradamente repetitivo y operativista. Los análisis críticos de dicho examen, realizados por una muestra de 82 profesores, han mostrado que, en general, no se cuestiona la ausencia en el mismo de aspectos de la metodología científica, de las relaciones C/T/S, e, incluso, de situaciones que exijan un manejo más significativo de los conceptos. Por lo demás, todos estos resultados están de acuerdo con los obtenidos en análisis anteriores sobre el contenido de las pruebas de acceso a la Universidad (que, a su vez, ejercen una importante influencia sobre el profesorado de Secundaria), que también mostraron la ausencia en dichas pruebas de los principales aspectos que pueden indicar un aprendizaje significativo de nuestra materia (Aguilá, Gil y González, 1986).
3) Apoyando la idea de considerar la evaluación como juicio y en coherencia con una tendencia a dotar a las ciencias de un carácter elitista, se produce también un doble comportamiento docente consistente en asignar a las pruebas una función de discriminación entre "buenos" y "malos" estudiantes y atribuir los resultados mostrados por la evaluación (particularmente los resultados negativos) únicamente a factores ajenos a la propia docencia.
Una forma de poner de manifiesto este doble comportamiento es pedir a los profesores que expresen posibles causas de influencia en la obtención de resultados hipotéticos de una evaluación (cuestionario 1).
Cuestionario 1. Cuestionario para evidenciar la concepción elitista de los profesores sobre el aprendizaje de nuestra materia.

Suponer que los gráficos A), B) y C) representen hipotéticas distribuciones de notas obtenidas al pasar una prueba (que puede o no ser distinta para cada grupo) a tres grupos distintos. Dar posibles explicaciones de los resultados obtenidos.




En un estudio realizado sobre las respuestas que ha dado a esta cuestión una muestra de 149 profesores de Física y Química hemos podido mostrar que: a) Un porcentaje muy alto del profesorado encuestado (cercano al 90%) se conforma o, peor, considera deseables los resultados B (con los que ¡la mitad de la clase suspende!), evidenciando una clara concepción elitista del aprendizaje de nuestra materia, ya que equivale a presuponer que sólo una pequeña parte de los alumnos está capacitada para superar una prueba supuestamente bien diseñada; b) Una amplia mayoría de los profesores y profesoras (en torno al 75%) sólo mencionan factores ajenos a la propia docencia al citar posibles causas de influencia sobre los resultados de una prueba. Las referencias a la docencia como posible causa de resultados negativos cuestionan únicamente la enseñanza precedente (es decir, se achacan las dificultades de la Enseñanza Secundaria a las deficiencias de la Primaria y las de la Enseñanza Universitaria a las deficiencias de la Secundaria). Estos resultados son coherentes con los obtenidos en estudios anteriores (Aguilá, Gil y González, 1988; Astudillo et al., 1988) que mostraron además que los alumnos también aceptan como normal que en una clase de ciencias haya un elevado porcentaje de suspensos.
Sin embargo, es fácil mostrar, una vez más, lo injustificado de ambos comporta­mientos y evidenciar, p.e., que los errores en que suelen incurrir los alumnos de primer curso de facultad cuando se les propone el primer día de clase una prueba diseñada para "diagnósticar su nivel inicial" respecto a algunos conocimientos considerados "fundamentales", son cometidos en porcentajes muy similares por los alumnos de segundo curso si se les pasa esa misma prueba (Calatayud, Gil y Gimeno, 1992). Este hecho pone en cuestión la tesis simplista que sólo responsabi­liza a la enseñanza precedente de los fracasos, olvidando que las estrategias de enseñanza en los diferentes niveles (Primaria, Secundaria o Universidad) son similares, predominando en todos ellos el aprendizaje memorístico o repetitivo sobre el significativo.
4) A modo de síntesis de las ideas y comportamientos anteriores, el profesorado de ciencias tiende, en definitiva, a considerar que la función primordial (y casi exclusiva) de la evaluación es medir la capacidad y aprovechamiento de los estudiantes. Esta concepción de la evaluación como un instrumento de simple medición de algunos logros de los alumnos, deriva en una práctica constatadora, terminal o meramente acumulativa y limitada a los alumnos.
Entre el profesorado de Física y Química, hemos puesto de manifiesto esta concepción terminal y constatadora de la evaluación: por un lado, recopilando algunos de los resultados obtenidos en los estudios que acabamos de mencionar; también, mediante un estudio independiente consistente en solicitar a los profesores que describan su propia actividad evaluadora. La tabla I recoge una síntesis de los resultados obtenidos en ambos estudios.
Tabla I. Síntesis de resultados que ponen en evidencia que los profesores asignamos a la evaluación una función de intrumento de constatación terminal o meramente acumulativa.


Resultados obtenidos del análisis de la pregunta abierta a los profesores sobre las características de la evaluación que realizan.

Profesores de Secundaria (N=­114)

% (Sd)

Los profesores, al describir la evaluación que realizan:
- Hacen referencia a actividades de evaluación (de cualquier tipo) usadas para algo diferente a contribuir a una calificación final.
- Hacen referencia a actividades de evaluación (de cualquier tipo) sobre cualquier otro aspecto aparte de las producciones de los alumnos (el funcionamiento de la clase, su propio papel,..).
- Hacen referencia a modificaciones (en la metodología, el ritmo de trabajo, introduciendo actividades de refuerzo,..) cuando los resultados de la evaluación lo aconsejan.
- Hacen referencia a actividades de autorregulación, de interregulación o cualquier otra que plantee la evaluación como situación de aprendizaje.


15.8 (3.4)


1.8 (1.3)


6.1 (2.2)


0 -

Resultados recogidos de otros estudios que también apoyan una concepción docente de la evaluación como constatación final.


% (Sd)


Los profesores, al ser preguntados sobre de sus preocupacio­nes acerca de la evaluación, manifiestan interés por dotar a la misma de propiedades que le permitan incidir sobre el aprendizaje (N=58).
Los profesores, al interpretar hipotéticos resultados obteni­dos en una prueba, involucran a la evaluación como posible factor de influencia en el aprendizaje y/o realizan alguna observación que cuestione una concepción terminal de la evaluación (N=149).
Los profesores, al criticar un examen repetitivo, echan de menos actividades de autorregulación, de interregulación o cualquier otra elaborada para aprender en el mismo momento de realizarla (N=82).
Las preguntas de los exámenes habituales preven situaciones de autorregulación o interregulación (N=520).



6.9 (3.4)

1.4 (1.0)

0 -


0 -





Como vemos, estos últimos resultados muestran la coherencia interna de todos los estudios que venimos presentando, apoyando nuestro planteamiento de que las ideas y comportamientos que mantiene el profesorado de ciencias en la evaluación no son simples tendencias, sino que conforman una concepción global de la evaluación y más en general de la enseñanza-aprendizaje de nuestras materias.
3. Avances en el intento de transformación de las ideas espontanes.
Acabamos de ver que, en un contexto de enseñanza por transmisión-recepción, perviven un conjunto de preconcepciones docentes sobre la evaluación que se apoyan mutuamente y apoyan al propio modelo educativo que las ha propiciado. No debemos concluir, sin embargo, que la transformación de estas ideas y comportamientos es imposible o excesivamente difícil en el momento actual. Al contrario, la ligazón de estas preconcepciones docentes con el paradigma de enseñanza por transmisión sugiere que la emergencia actual de propuestas de enseñanza basadas en una orientación constructivista del aprendizaje de las ciencias debería contribuir a remover estas ideas y comportamientos. En este sentido, cabe esperar que: a) La contextualización del trabajo docente en modelos de enseñanza constructivistas propicie cambios en la evaluación, modificando algunos de los comportamientos señalados; b) La reflexión docente sobre el papel de la evaluación, en base a las orientaciones constructivistas del aprendizaje, contribuya a avanzar hacia la superación de estas ideas y comportamientos.
Sobre la primera cuestión, debemos insistir en el hecho de que, aunque la investigación educativa viene criticando desde hace bastante tiempo algunas de estas ideas y comportamientos docentes, ha sido a partir de la consolidación de las nuevas orientaciones del aprendizaje cuando se ha hecho más evidente la inadecuación de las mismas y, más en general, de una evaluación así concebida a los presentes presupuestos didácticos (Rodríguez et al., 1992; Lorbasch et al., 1992; Hodson, 1992; Jorba y SanMartí, 1993; Coll y Martín, 1993). Por nuestra parte, hemos señalado que, desde una perspectiva constructivista del aprendizaje de nuestras materias (y, más concretamente, en un ambiente de enseñanza por investigación) no se puede encontrar funcionalidad a este tipo de evaluación limitada a un mero enjuiciamiento supuestamente objetivo y terminal de la labor realizada por el alumnado, sino que, en este paradigma, el objetivo prioritario de la evaluación debería ser proporcionar, a lo largo de todo el periodo de aprendizaje, retroalimentación para impulsar el proceso de construcción de conocimientos (Alonso, Gil y Martínez Torregrosa, 1991; Gil et al., 1991). Del mismo modo que en un proceso de investigación real (p.ej., durante el periodo de realización de una tesis), llamamos evaluación a aquellas situaciones en las que se presentan aspectos o avances parciales del trabajo en curso para someterlo a la crítica y mejora del director del proyecto y/o de otros grupos de investigadores cercanos, hemos de llamar evaluación en nuestro contexto de enseñanza por investigación (y diseñar como tal) a todas aquellas situaciones en las que los alumnos puedan cotejar sus avances, exponer sus dificultades o plantear necesidades a otros grupos de alumnos y/o al profesor. De este modo, una práctica enseñanza de las ciencias como investigación induce a una confluencia entre las (habitualmente separadas) situaciones de aprendizaje y de evaluación (Pozo, 1992), exigiendo un replantea­miento radical respecto de la manera de concebir y realizar la actividad evaluadora en la enseñanza por transmisión.
Estas consideraciones apoyan nuestra predicción, según la cual el profesorado que ha contextualizado su enseñanza en el nuevo modelo, debería sentir la necesidad de introducir modificaciones en su práctica evaluadora, para hacerla más adecuada al nuevo ambiente de enseñanza-aprendizaje. Con el fin de comprobar esta predicción, realizamos un análisis comparativo entre el contenido de los exámenes de Física y Química normalmente empleados por profesoras escogidos al azar y los utilizados por una muestra de profesores que llevaban un mínimo de dos años enseñando con una orientación constructivista del aprendizaje de nuestra materia. El gráfico 1 recoge los resultados globales de este estudio.
Gráfico 1: Resultados del análisis comparativo de exámenes




Una simple ojeada al perfil del gráfico 1 nos permite apreciar que, efectivamente, la contextualización de la práctica docente en el paradigma constructivista ha provocado una clara transformación, al menos en el contenido de las pruebas, haciendo introducir nuevas actividades evaluadoras más adecuadas para indicar (e inducir en los alumnos) un aprendizaje significativo de nuestra materia, aunque sigan presentes algunas carencias importantes, como, p.e., la falta de atención a las relaciones C/T/S y a situaciones de autorregulación (Alonso, Gil y Martínez Torregrosa, 1992b).
Este resultado reafirma nuestra convicción de la potencial utilidad que puede tener un trabajo de reflexión colectiva docente en el cuestionamiento de la práctica evaluadora habitual y las preconcepciones subyacentes. Nuestra hipótesis a este respecto es que un trabajo de estas características debería contribuir muy decisivamente a dicho cuestionamiento. Dicho de otro modo, nuestra hipótesis fundamental es que, si bien los profesores tenemos concepciones docentes "espontáneas" que constituyen auténticos obstáculos a la renovación de la enseñanza, estas concepciones (que han sido asumidas acríticamente por impregnación ambiental) pueden ser cuestionadas si se nos proporciona la ocasión de una reflexión "descondicionadora".
De hecho, hemos podido constatar en seminarios planteados como investigaciones guiadas (Alonso, 1994) que los profesores y profesoras se distancian críticamente de las ideas, comportamientos y actitudes sobre la evaluación que hemos descrito en este trabajo y (re)elaboran colectivamente una nueva concepción de la evaluación coherente con los planteamientos constructivistas. Así, frente a una evaluación como mera constatación final del aprendizaje de los estudiantes, contemplan las siguientes funciones de la evaluación, que expresamos muy resumidamente:
- Incidir en el aprendizaje, con un seguimiento atento que destaque tanto los avances como los obstáculos, transmitiendo expectativas positivas que impulsen el trabajo de los estudiantes y favoreciendo su autorregulación e interregulación. La pregunta clave, se destaca, no debe ser "¿quién merece una valoración positiva y quién no?", sino "¿qué ayudas precisa cada cual para seguir avanzando y alcanzar los logros deseados?".
- Incidir en la propia enseñanza, contribuir a su reorientación, de acuerdo con la idea de corresponsabilidad del profesor con los resultados de los estudiantes y desde una concepción del proceso de enseñanza-aprendizaje como una investiga­ción también para los profesores y las profesoras.
- Incidir en el currículo y favorecer su adecuación al desarrollo potencial (concep­tual, metodológico y actitudinal) de los estudiantes.
No podemos extendernos aquí en detallar el resultado de esta reorientación de la evaluación realizada por el propio profesorado mediante un trabajo de investigación dirigida. Digamos simplemente que, no sólo conduce a una revisión de las funciones de la evaluación, sino también a precisar sus características y las formas concretas de evaluación para que ésta se convierta en un instrumento de aprendizaje y de mejora de la enseñanza. Como consecuencia, los docentes que participan en esta reflexión valoran muy positivamente la evaluación (re)elaborada, como muestran los resultados de la tabla II, que expresan la valoración comparativa que han hecho 153 profesores y profesoras de Física y Química de Secundaria entre dicha evaluación y la evaluación habitual.
Tabla II. Valoración comparativa que hace el profesorado entre ambas formas de realizar la evaluación.


Valoración comparativa realizada por 153 profesores y profesoras acerca del grado en que cada una de las formas de realizar la evaluación se favorece la consecución de los siguientes puntos:

Evaluación (re)elaborada

Evaluación habitual

1. Integración en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
2. Impulsar un aprendizaje significativo.
3. Utilidad como actividad de aprendizaje en sí misma.
4. Capacidad para incidir sobre lo evaluado.
5. Actitud positiva de los alumnos hacia el aprendizaje.
6. Valoración y puesta en práctica de los aspectos que conforman el aprendizaje científico.
7. Utilidad para informar a los alumnos de lo que se ha aprendido, lo que no, y lo que puede hacerse para mejorar.
8. Autorregulación del propio alumno (advertir sus propios errores y avances, conocer sobre qué necesita trabajar más,..).
9. Trabajo creativo del profesor.
10. Ser percibida como ayuda por profesores y alumnos.

8.8 (0.8)
9.0 (0.9)
8.4 (1.0)
8.3 (1.1)
8.5 (1.2)

8.7 (0.9)

8.9 (0.9)

9.0 (0.8)

8.6 (1.1)
8.6 (1.0)

3.8 (1.5)
3.0 (1.8)
2.9 (1.8)
3.5 (2.1)
3.1 (2.0)

2.9 (1.9)

4.2 (2.0)

3.5 (1.8)

3.8 (2.2)
3.4 (2.0)



Como vemos, estos últimos resultados apoyan rotundamente las posibilidades de implantación de las nuevas orientaciones de la evaluación, dado que el profesorado (tras la reflexión realizada) no sólo llega a realizar una muy alta valoración de la misma en todos los items, sino que también rechaza, casi con la misma rotundidad, a la evaluación habitual. Este logro es aún más significativo si tenemos en cuenta que los objetivos de la evaluación que se han valorado no son específicos de la nueva orientación, sino que constituyen, en bastantes casos, propiedades que suelen ser reclamadas para la evaluación desde distintas orientaciones. La alta puntuación obtenida por una evaluación coherente con los planteamientos constructivistas en relación con estos objetivos se convierte, por ello, en una muestra evidente de su carácter integrador y de sus posibilidades para ser asumida por el profesorado.
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