El beneficio del encalado en hortalizas por: fredy rosales longo carné 669 25 de junio del 2000




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CENTRO AGRONÓMICO TROPICAL DE INVESTIGACIÓN Y ENSEÑANZA, CATIE.

ESCUELA DE POSTGRADO

MANEJO DE SUELOS TROPICALES





EL BENEFICIO DEL ENCALADO EN HORTALIZAS




POR:

FREDY ROSALES LONGO

CARNÉ 669

25 DE JUNIO DEL 2000


EL BENEFICIO DEL ENCALADO EN HORTALIZAS

INTRODUCCIÓN

Muchos suelos tropicales presentan problemas de acidez, debida principalmente al efecto del aluminio intercambiable. Esta condición en el suelo no permite la mayoría de las veces el cultivo de ciertos cultivos anuales. El caso de algunas hortalizas puede ser particular, si bien su rendimiento bajo ciertas condiciones de acidez puede no parecer malo, con la corrección adecuada, estos suelos pueden inducir rendimientos de 20 25% más de las producciones promedio.
Por otro lado es importante conocer cuál es la naturaleza de la acidez en suelos tropicales, la cual explica adecuadamente las condiciones sobre las que se trabaja y puede indicar la pauta para la recuperación de los mismos.


OBJETIVOS

Determinar en forma generalizada la naturaleza de la acidez en el

suelo y su efecto en las hortalizas.
Identificar metodologías de enmienda que permita la recuperación

de suelos con problemas de acidez.



Hacer una relación sobre la respuesta de las hortalizas a la

aplicación de enmiendas en suelos con problemas de acidez.

LA NATURALEZA DE LA ACIDEZ EN EL SUELO
La mayoría de los suelos de los trópicos, son ácidos, no obstante, la mayoría de los suelos cultivados en los trópicos húmedos, no son ácidos (Sánchez, 1981).
León (1970), considera que el 70% de los suelos en Colombia tienen problemas de acidez. Como región, América Tropical tiene más suelos ácidos que Asia o África Tropical. Gran proporción de los trópicos, está ocupada por suelos con valores de pH menores de 6.
La acidez y la alcalinidad del suelo dependen grandemente del balance entre las micelas cargadas negativamente y los cationes básicos cargados positivamente (mayormente, Ca++, Mg++, K+, y Na+). El suelo ácido ocurre cuando muchas de las cargas negativas de las micelas son contrarrestadas por iones de H+, y Al+++ (Thompson y Troeh, 1978).
El pH del un suelo es cercanamente relacionado a las cantidades relativas de los cationes acidificadores (H+ y Al+++) (Thompson y Troeh, 1978). A finales de la década de los 50 se creía que el Hidrógeno intercambiable era la causa de la acidez del suelo. Se probó sin embargo que el Aluminio (Al+++) intercambiable es el catión dominante asociado con la acidez del suelo (Sánchez, 1981).
El aluminio intercambiable se retiene muy fuertemente con las cargas negativas de los sistemas de silicatos laminares y de silicatos laminares con revestimientos de óxidos. Trabajos en Carolina del Norte y en Guyana mostraron que hay menos de 1 PPM de aluminio en la solución del suelo cuando la saturación de aluminio es menor del 60%. Sin embargo, el aluminio en la solución del suelo sube marcadamente cuando la saturación de aluminio es menor del 60%, (Sánchez, 1981).
Según Fassbender y Bornemisza (1994), la acidez del suelo está determinada por la composición del mismo y por las reacciones de intercambio de iones existentes. Mehlich, citado por Fassbender y Bornemisza (1994), descubrió la importancia de los minerales de arcilla como determinantes de la acidez de los suelos. Mehlich encontró que, a un pH dado, el porcentaje de saturación de bases variaba con los tipos de suelos y que esto dependía de los minerales de arcilla presentes. La carga permanente de arcillas laminares es la fuente principal de la capacidad de intercambio catiónico y, por lo tanto, de su acidez, ya que se sabe que los grupos SiOH, son ácidos tan débiles que en el ámbito de un pH común en suelos, no producen cantidades de H+ apreciables. Aproximadamente todos los suelos tienen óxidos de Al o Fe(III). Estos con frecuencia cubren las arcillas y son adsorbidos sobre ellas, debido a su carga neta positiva, reduciendo su capacidad de cambio. Los alófanos son fuentes de capacidad de cambio de los suelos de cenizas volcánicas recientes, pero también contribuyen al complejo de cambio de muchos otros suelos. Estos alófanos tienen una alta capacidad de cambio, la que depende de su carga variable, son minerales de gran importancia en suelos de la Cadena de los Andes, a lo largo de América (Fassbender y Bornemisza, 1994).
Spain et al. (1974), citados por Kass (1985), indica que el aluminio afecta la absorción de fósforo, elemento muy importante para el desarrollo de los cultivos. La acidez del suelo depende del contenido de hidrógeno ionizable, del aluminio en diferentes formas disociables y, en grado menor, de los iones de manganeso y hierro, todos en equilibrio con la solución del suelo donde ocurren variadas reacciones de hidrólisis.
El crecimiento deficiente de un cultivo, puede correlacionarse directamente con saturación de aluminio. Es bien sabido que el pH per se no tienen efecto directo sobre el crecimiento de las plantas, excepto a valores inferiores a 4.2 donde la concentración de iones de hidrógeno puede detener y hasta invertir la absorción de cationes por la raíz (Black, citado por Sánchez, 1981). La infertilidad de los suelos ácidos se debe a uno o más de los siguientes factores: toxicidad del aluminio, deficiencia de calcio o magnesio y toxicidad del manganeso. En el caso del aluminio, concentraciones superiores a 1 ppm frecuentemente son causa directa de reducción del rendimiento.
Es claro que el elemento que más influye sobre la naturaleza de la acidez sobre los suelos, es el aluminio. Por tanto, es con base en este hecho que se discutirá el resto del documento.
SUSCEPTIBILIDAD DE LAS HORTALIZAS A SUELOS ÁCIDOS
Spain et al, citados por Kass, (1985), indican que el fríjol es uno de los cultivos más sensibles a altos niveles de aluminio intercambiable, el fríjol cultivado como vainica, es por lo tanto afectado por el aluminio intercambiable. En tabaco y papa, se ha demostrado que el efecto primario del aluminio es el daño directo al sistema radicular. El sistema radicular se restringe y las raíces se vuelven más gruesas y presentan puntos muertos (Sánchez, 1981).
En general, el crecimiento de distintas especies en suelos ácidos depende de su relativa tolerancia a los niveles de aluminio y manganeso y a sus necesidades relativas de calcio y magnesio. Se ha encontrado que existen diferencias considerables entre y dentro de especies de cultivo en relación con su tolerancia a los factores de la acidez del suelo (Sánchez, 1981).
Ciertos cultivos exclusivamente tropicales crecen normalmente a niveles de pH con que el maíz o la soya morirían. La piña es quizás el ejemplo más conocido, pero el café, el té, el caucho y la yuca también toleran niveles muy altos de aluminio intercambiable. Entre variedades de yuca se encontraron diferencias, si bien la yuca se considera una especie bien adaptada a condiciones de suelo ácido; algunas variedades dan una respuesta directa a la cal en forma de mayor rendimiento a las dosis más altas de este elemento, mientras que otras no responden. La susceptibilidad de los cultivos a la acidez en función del aluminio, está directamente relacionada con la saturación del aluminio en términos porcentuales (Sánchez, 1981), de lo cual también depende la necesidad de enmienda, este punto se tratará más adelante.
Rodríguez et al, (1983) encontraron relación directa entre el contenido de Al cambiable en el suelo y la producción de ñames Diocorea alata L. El rendimiento disminuyó en un 30% cuando el nivel de Al en el suelo se aumentó al 9% de las bases cambiables (% de saturación de aluminio), nivel que rara vez afecta la producción de otras cosechas, lo cual ilustra la sensitividad del ñame al aluminio en el suelo.
Montaldo (1984), indica que la papa se produce mejor en suelos con pH 5.0 a 5.4. Sobre pH 5.4 en suelos largamente cultivados con papa, se tiene el problema del ataque Streptomices scabie, que provoca la sarna común en los tubérculos. Indica además el mismo autor que en suelos con valores de pH bajo 5.0, éste se puede subir por medio de aplicación de enmiendas calcáreas, dos o tres meses antes de la siembra. Con respecto a lo anterior es necesario apuntar que no es necesario elevar el pH de los suelos ácidos a niveles de neutralidad, sino que debe tratarse de ajustar al pH necesario para el buen desarrollo de un cultivo en particular. Continúa Montaldo apuntando que el efecto de la acidez es indirecto, ya que afecta la cantidad de los elementos nutritivos asimilables y aumenta el aluminio y el manganeso en la solución del suelo hasta hacerlo tóxico a las plantas.
Barker y Mortensen, citados por Wohnsiedler (1974), indican que el mejor índice de las condiciones de acidez del suelo en que se desarrolla el pepino, es el pH, un valor de 4.8 o más, fue considerado óptimo para el cultivo. Wohnsiedler, (1974) indica además que el ámbito adecuado de pH para el pepino es de 5.5 a 7.0. En consecuencia puede decirse que el pepino a niveles menores de 4.8 puede acarrear problemas en la producción. Estos problemas pueden resolverse mediante el uso de procedimientos de encalado.
Okazaki y Chao, citados por Rimolo (1970), estudiaron el efecto del encalado sobre la adsorción del boro en suelos de Hawai y encontraron que aumentaba al incrementarse el contenido de cal. Se obtuvo una alta correlación entre el pH y la adsorción del boro. Esto puede ser particularmente útil en cultivos como el Bróculi y la Coliflor, donde la adsorción del boro por el suelo puede provocar problemas de tallo hueco, aquí la aplicación de caliza influye al hacer disponibles los elementos esenciales para las plantas. Se ha llegado a constatar que la baja disponibilidad de Boro en los suelos se debe a la formación de precipitados, particularmente sílice y aluminio (Parks et al, citados por Rimolo, 1970), y a la marcada afinidad que tienen por el boro los hidróxilos de hierro y aluminio.

La producción de tomate puede ser limitada por condiciones de acidez, sin embargo al sobrepasar el ámbito de pH 5.5 a 6.0 se produce un efecto negativo. Fassbender y Molina, (1969) explican que este resultado podría ser debido a un desbalance catiónico entre Ca, Mg y K o por deficiencia de algún otro elemento nutritivo.

ENMIENDAS
La acidez de los suelos es causada por la lixiviación de las bases debido a la percolación del agua. El resultado es un suelo de baja fertilidad y un cada vez menos ideal medio para el crecimiento de la mayoría de las plantas. Elevar el pH del suelo a una reacción cercana a la neutral, puede ser altamente provechoso aún a pesar de los costos involucrados. Este procedimiento es conocido como enmiendas o encalados (Thompon y Troeh, 1978).
En general el crecimiento deficiente de un cultivo en un suelo ácido puede correlacionarse directamente con saturación de aluminio. De acuerdo a esta consideración y a lo discutido en los apartados precedentes, resulta obvio que el propósito del encalamiento es primariamente neutralizar el aluminio intercambiable, y que es factible normalmente subiendo el pH a 5.5 (Sánchez, 1981). Según el mismo autor, los factores a considerar son:


  1. La cantidad necesaria de cal para disminuir el porcentaje de saturación de aluminio a un nivel en el cual el cultivo particular y la variedad crezcan bien. Kramprath (1970), sugirió que las recomendaciones de encalado se basen en la cantidad de aluminio intercambiable en la capa arable del suelo y que las dosis de cal se calculen multiplicando los miliequivalentes (hoy centimoles) de aluminio por el factor 1.5. El resultado da los miliequivalentes (centimoles), de calcio que es necesario aplicar en forma de cal. La razón del factor 1.5 es la necesidad de neutralizar los iones de hidrógeno liberados por la materia orgánica, o los hidróxidos de hierro y aluminio, conforme aumenta el pH. En suelos con más materia orgánica el factor tiene que subirse a dos o tres, debido a la presencia de hidrógeno intercambiable liberado por la descomposición de ácidos orgánicos.




  1. La calidad de la cal. Encontrar fuentes de cal de suficiente fineza y pureza es un problema práctico y muy grande en los trópicos. La selección de la fuente debe tomar en cuenta contenidos de calcio y magnesio del material calizo y el nivel de calcio y magnesio del suelo. La fineza es crítica. La cal que no pase por una malla No. 20 tendrá muy poca reactividad; la que pase por una malla No. 60 reaccionará muy lentamente. La cal que pasa por una malla No. 100 reaccionará prontamente. El grado de fineza le da a la cal el índice de neutralización, y en este último caso está por arriba de 100%. (Sánchez, 1981).




  1. El método de la colocación. Corrientemente la cal se incorpora dentro de los 15 centímetros superiores del suelo varios días antes de la siembra (Sánchez, 1981), Aunque Rosales (1995, 1997) indica que los resultados más prontos se alcanzan con la incorporación de la cal tres meses antes de la siembra tanto en papa como en avena. Aunque en general la incorporación es la mejor manera, hay ocasiones en que no es posible arar y otras en que una incorporación más profunda es beneficiosa.



MATERIALES PARA ENMIENDA
Se definen como materiales para encalado agrícola aquellas substancias cuyos compuestos de Ca y Mg son capaces de neutralizar la acidez de los suelos (Barber, 1984). Se incluyen aquí la cal viva (CaO), la cal apagada, muerta o hidratada (Ca(OH)2), la caliza molida, la dolomita molida, las margas, las conchas y los residuos industriales, como las escorias de diferentes tipos y las empumas azucareras (Fassbender y Bornemisza, 1994).


  1. La caliza. En su forma pura el mineral contiene 40% de Calcio (Ca). Muchas calizas tienen mayores o menores contenidos de magnesio; cuando la presencia de este elemento se encuentra en un nivel mayor que 1.3%, se sugiere hablar de calizas dolomíticas y cuando se encuentra más de 6.5% de Mg, se recomienda el término dolomita calicítica (Fassbender y Bornemisza, 1994). Las dolomitas propiamente dichas deberán contener según Pettyjohn (1963), más del 11.7% del elemento.




  1. Oxido de Cal o Cal Viva. Este material se prepara calcinando los carbonatos, que se descomponen a Oxido de cal a partir del carbonato de calcio (CaCo3). La cal viva preparada de este modo reacciona con mayor velocidad con el suelo, no obstante su uso no está muy difundido por tratarse de una sustancia cáustica y de manejo difícil (Fassbender y Bornemisza, 1994).




  1. El Hidróxido De Calcio o Cal Apagada. Es un material más manejable que el óxido de calcio, por ser químicamente menos activo (Fassbender y Bornemisza, 1994). No obstante, el problema es que el oxigeno contenido ocupa gran parte de su volumen y se necesitaría grandes cantidades para neutralizar el alumnio, lo que conlleva problemas de transporte y logística en general.




  1. Otras fuentes de enmienda como el yeso, escorias industriales, silicatos de calcio y espumas azucareras, se consideran fuentes de enmienda, pero no son muy frecuentemente usadas en Latinoamérica.



  1. Una forma de manejar la acidez en los suelos, es el uso de fosfato natural, (apatita), de manera que el fósforo sea liberado lentamente en un medio ácido (el suelo), y sea aprovechable y no sea fijado rápidamente por los aluminosilicatos. Rosales (1997), reportó respuestas significativas en avena, zanahoria y papa al uso de esta estrategia.


RESPUESTAS DE LAS HORTALIZAS A LAS ENMIENDAS DE SUELOS ÁCIDOS A PARTIR DE CAL
La mayoría de trabajos sobre enmiendas se han hecho en cultivos anuales para grano como maíz, arroz, trigo y pastos. En hortalizas la experiencia parece un poco más limitada, sin embargo se han reportado varios casos sobre los beneficios de las enmiendas de suelos ácidos a partir de cal.
Kass (1985), reportó respuesta al encalado por parte del fríjol (que también es la misma especie usada para vainica, una hortaliza) en Costa Rica. Hubo respuesta al encalado en suelos con una saturación de aluminio de 20% a 70%. Encontró mayor correlación entre rendimiento de fríjol y porcentaje de saturación de aluminio que con niveles de manganeso en el suelo.
Rosales (1995), reporta que en Guatemala, el uso de caliza dolomítica en suelos con niveles de aluminio cambiable de 3 y 4 centimoles/Kg de suelo, indujo incrementos estadísticamente significativos en la producción de tubérculos de papa. Estos incrementos fueron de alrededor de 25%, usando 4 y 6 t/ha de dolomita calcítica. El uso de caliza parece haber incrementado también la disponibilidad de fósforo en forma general, por lo menos el doble de su disponibilidad inicial. Como se apuntó antes, el corregir la acidez en los suelos permite al cultivo de papa acceder con mayor facilidad a los elementos nutritivos y evitar posibles complicaciones con la toxicidad del aluminio y el manganeso (Montaldo, 1984).
Rodríguez et al, (1983), encontraron correlaciones altamente significativas entre el rendimiento de ñame con el nivel de cal aplicada, el pH del suelo y el contenido de aluminio cambiable en el suelo. El contenido de distintos nutrimentos en las hojas no se afectó por cambios en los niveles del encalado ni por las aspersiones de fungicidas. Estos datos demuestran que los dos factores más limitantes en la producción de Ñame en Puerto Rico, son la candelilla (enfermedad fungosa) y los altos niveles de acidez de los Ultisoles, donde usualmente se siembra en Puerto Rico.
Mata (1983), en un estudio sobre suelos de San Carlos, Alajuela, Costa Rica indica que el encalado provocó una disminución significativa en la acidez corriente así como el porcentaje de saturación de aluminio, conforme se incrementó la dosis de carbonato de calcio. Aunque en otros suelos encontró que la acidez intercambiable permaneció constante por su bajo nivel de acidez inicial.
Hodda y Alloway, (1996), en suelos de cieno drenados, en Brentwood, Reino Unido, encontraron que el encalado, llevando el pH hasta 7, redujo significativamente las concentraciones de Cadmio (Cd) en zanahorias y espinacas. La zanahoria y espinaca, creciendo en suelos encalados, acumularon 40% menos de Cd que en aquellos suelos donde no se aplico cal. El encalado, indican estos autores, también reducen significativamente las concentraciones de Cobre (Cu) en las partes comestibles de zanahorias y espinacas. Estas reducciones fueron de 28 y 26% respectivamente, en comparación con zanahorias y espinacas cultivadas en suelos sin encalado. Los mismos autores indican que las reducciones de níquel también son importantes en las partes comestibles de zanahoria y espinaca y se reduce sus concentraciones en 38 y 42% respectivamente, en comparación con las zanahorias y espinacas cultivadas en suelos sin encalar. Una tendencia similar se encontró en los mismos cultivos con respecto al Níquel (Ni). En este caso, no se trata de correcciones de acidez para la neutralización de aluminio sino para la neutralización de otros metales pesados, lo cual indudablemente también es sumamente importante y muestra una gran ventaja del encalado.
En un estudio llevado a cabo con “Repollo chino”, en la variedad Sangihe, en tierras bajas de Indonesia, en suelos ácidos, donde se encuentran metales pesados (Al, Fe y Mn)influenciando las condiciones de alta acidez, se evaluó la aplicación de 1.5 t/ha de caliza (dolomita) y combinaciones de fertilizantes. Se encontró que la aplicación de caliza incrementó significativamente la altura de la planta y el diámetro de la pella. Se logró incrementos de rendimiento por la aplicación de caliza de 22.5% en el total de la planta y 14.6% con respecto al rendimiento medido sobre el peso de la pella de repollo (Suwandi y Hilman, 1988).
En un trabajo conducido por tres años con bróculi, Brassica oleracea var. Italica, se evaluó la aplicación de tres tipos de caliza, caliza calcítica, calcítica con 3% de Mg y caliza dolomítica (21% Ca y 12%de Mg). Se comparó contra testigos con fertilizante y caliza con fertilizantes. El estudio se llevó a cabo en Rock Springs Pennsylvania, en una finca experimental hortícola de la universidad de Pennsilvania (Demchak y Smith, 1990).
Las respuestas en crecimiento fueron mayores cuando no se mezcló la enmienda con fertilizante. Adicionalmente la respuesta en crecimiento fue diferenciada según el tipo de cal empleada. El tipo calcítica incrementó el peso de la planta, mientras que el tipo calcítica-3% Mg logró inducir el incremento de los pesos de la pella y la planta, asimismo aceleró la maduración de las plantas. El tipo de caliza dolomítica incremento el rendimiento total en 49%, produciendo plantas grandes con pella que tuvieron un 54% del peso y aceleró la maduración, y redujo el ciclo al menos a la mitad en comparación con pellas o inflorescencias producidas sin la aplicación de enmienda (Demchak y Smith, 1990).


Prezotti, et al, 1989, condujeron tres ensayos en Espíritu Santo, Brasil, en una evaluación de gallinaza, triple superfosfato y encalado, se estudió la respuesta en el cultivo de tomate. No se encontró respuesta a la aplicación de caliza en cuanto al rendimiento, pero sí a la aplicación de gallinaza y fósforo.
Sin embargo, se encontró que la aplicación de caliza y materia orgánica, fueron responsables de la reducción de la incidencia de pudrición apical. La caliza en forma individual fue el responsable por el 10% de la reducción del mal. En dos de los ensayos se determinó que únicamente la caliza fue el insumo que proporcionó la menor incidencia de pudrición apical del fruto. Quizá en este caso funcionó como un factor fertilizante que suplió las necesidades de calcio que indujeron la reducción de la pudrición apical (Prezotti, et al, 1989).
Warman, 1990, en un estudio sobre el uso de abonos verdes en el cultivo del espárrago en Nueva Escocia, Canadá, encontró que la aplicación de abonos verdes se ve beneficiada al ser incorporados en un suelo previamente encalado, ya que incrementan el contenido de nutrientes en comparación a parcelas donde no se incorporó previamente caliza.
Una investigación en campo conducida en 1972, sobre el rendimiento de tres hortalizas, ejote francés (Phaseolus vulgaris) (vainica), brinjal (Solanum melongen) y luffa (Luffa acutangula), en un suelo de turba ácida de Malasia, después de la aplicación de caliza dolomítica es descrita por Chew y Yeong, 1973. Encontraron que los rendimientos de cada uno de las tres hortalizas fueron incrementados por la adición de caliza. Los mejores rendimientos de Luffa y ejote francés fueron obtenidos con la aplicación de 18.75 t/ha de caliza. En el caso de Brinjal el mejor rendimiento se obtuvo con el uso de 12.5 t/ha.
El uso de caliza dolomítica incrementó el pH de estos suelos en los estratos de 0-15 cm y 15-30 cm, en tasas de 0.05 y 0.03 unidades de pH, respectivamente, por tonelada de caliza dolomítica aplicada por hectárea. Los incrementos observados en el rendimiento son atribuibles principalmente a la adición de caliza dolomítica, más probablemente al consecuente incremento del pH y solamente en forma relativa al pequeño grado del suministro de Ca y Mg por parte de la caliza. El incrementó del pH se encontró linealmente relacionado con el rendimiento de cada uno de las tres hortalizas estudiadas (Chew y Yeong, 1974).
En general se ha descrito en los resultados de los trabajos antes citados, que el uso del encalado en hortalizas es beneficioso en aquellos suelos donde existen problemas de acidez, provocada principalmente por la acción del aluminio. No obstante parece ser que en el trópico americano no ha sido estudiado con mayor detalle el uso de este tipo de enmiendas en cultivos como las hortalizas, o si se ha estudiado la publicación de los datos no se ha realizado.

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