Investigación Ética”




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fecha de publicación26.12.2015
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EPISODIO 27: La canción de Kío .
Suki miró dentro del cuarto de Kío. “¿Qué pasa. Kío, no puedes dormir?”

“Estoy bien. Estoy pensando”:mcj02375580000%5b1%5d

Suki entró y se sentó en un lado de su cama. “¿En qué estas pensando?”
“En mi canción”

“¿Qué canción?”

“La que canto para mi”.

“¿Cantas una canción para ti? Nunca la oigo:

“La tatareo”.

“¿Pero cuándo?”

“Cuando estoy tratando de dormirme”.
“Ah, cuando estás tratando de dormirte. Así que por eso nunca le he oído. Debes tararearla muy bajito”.

“Sí”, Kío sonrió.

“¿Kío?”

“¿Mmmmm?”

“¿Cuál es tu canción?. Quiero decir, ¿como va?, ¿sabes las palabras?”

“No sé las palabras. Todo lo que sé es que era lo que mamá me cantaba”.

¡Kío! ¿La recuerdas cantándole?”

“Sí”

“¿Cómo iba? ¿Puedes tatarearla para mi?”

Kío asintió y tatareo toda la canción. Cuando terminó, Sukí exclamó: “¡Kío! ¡Esa era la misma canción que ella me cantaba a mí! Yo nunca pensé….”
Kío la interrumpió: “¿La conoces?”

“¿Quieres decir que si conozco las palabras?, Sukí se rió. Claro. Son bonitas”, y cantó la canción para él. Kío siguió el canto de Sukí muy contento mientras recordaba cada palabra. Le pidió que repasara la canción con él hasta que estuviera seguro de que sabía todas las palabras bien.
Unos minutos después, la puerta se abrió un poco más y el Sr. Tong entró. Le sonrió a Kío. “¿Te está contando Sukí un cuento?, preguntó tiernamente.

“No”, respondió Kío . Entonces hizo un lugar en la orilla de la cama para que su papá se sentara y dijo: “Sukí y yo queremos cantarle algo”:

“Adelante; los escucho”

Cantaron toda la canción sin un error:
el don

de ser sencillo,

el don

de ser libre,

el don

de estar donde debemos estar.
Y cuando lleguemos

al lugar preciso,

será un valle

de amor y placer.
Cuando alcanzamos

la verdadera sencillez,

no nos avergonzaremos

de perder la rigidez.

Cambiar, cambiar,

será nuestro placer

hasta que cambiando y

cambiando

descubriremos lo que está

bien.
El Sr. Tong puso sus brazos alrededor de ellos y los abrazó fuertemente, y les dijo lo mucho que le gustaba su canción. Al mirar su cara. Sukí vio lágrimas brotando de sus ojos.mmj02837300000%5b1%5d
EPISODIO 28: La Sra. Iriarte obtiene un trabajo.
“Mami, ¿sabes lo que pasó hoy en la escuela?”

“No ¿qué Luisa?”

“Todos los niños están hablando de darle a la Mtra. Alonso un regalo de despedida”.

“Qué lindo. No hables con la boca llena”

“No se puede quedar hasta el final del año escolar. La necesitan en su nuevo trabajo”.

“Toma algo de brócoli”

“Mami, sabes que odio el brócoli”

“Bueno, entonces toma algo de pollo”

“Mmmmm, ¿no hay algo más de comer?”

“Es todo, ¿hay algo de malo?”

“No, tal vez tomaré algo de brócoli”.

“Está bien. Es bueno para ti. También toma algo de arroz”. La mamá de Luisa la observó por un momento y luego preguntó: “¿no vas a tomar nada de pollo?

“No mami. Decidí que ya no voy a volver a comer pollo. Debería habértelo dicho”:
“¿Por qué decidiste eso?”

“Bueno, pensé que si realmente quería a los animales, no me los comería. Pero me los he estado comiendo. Así que…”
“Así que ya no te los vas a comer”.

“No hay problema por ti?. Quiero decir, ¿no te molesta?”

“No, si eso es lo que quieres, eso es lo que quieres”.

“Puedes hacerme muchas ensaladas. Y voy a aprender a comer verduras, de veras”.

“Es curioso cómo lo que dijiste me hizo pensar en algo que pasó hace mucho tiempo”:

“¿Qué es?

“Cuando tenía tu edad; no, estoy mal, era mucho más joven que tu. Bueno, de cualquier manera, mi madre solía pegarme. Así que un día le dije: ’si me quisieras no me pegarías’, y ¿sabes lo que hizo?” , la mamá de Luisa se rió al recordarlo.

“Me pegó otra vez por decirle eso”:

Luisa estaba de alguna manera confundida por la risa de su mamá. “¡pero tu tienes razón!”
“Claro que sí, pero eso no le importó a ella. Pensaba que tenía buenas razones para castigarme cuando lo hacía”.

“¡Pero no fue congruente! ¡Lo que haces tiene que ser coherente con lo que dices!”

“Si, lo se. Pero ella no lo pensaba así. Ella me pegaba con firmeza y me quería con firmeza. Pero nunca relacionó las dos cosas. Así era ella”.

“No debes herir lo que quieres”.

“Por supuesto que no, No debes herir a nadie si puedes evitarlo. Todo lo que trataba de mostrarte es que pude haber estado equivocada cuando le dije ‘si me quisieras, no me pegarías’. Ella me quería. Yo lo sabía”.

“¿Estás tratando de decirme que puedo querer a los animales y aún así comérmelos?”.
“Luisa, creo que no estoy tratando de decirte nada. Estoy de acuerdo con lo que dijiste hace un momento acerca de que lo que haces debe ser congruente con lo que dices. No deberías ni siguiera tener que pensar en hacerlos congruentes, sólo deberías vivir para que así sean. Pero si tiene que haber una excepción, debe haber una buena razón para ello”.

Luisa vio su plato. “Tampoco más carne”, dijo.
“Por mi no hay ningún problema. Y por cierto, ya tengo un trabajo”:

Luisa miró a su mamá con incredulidad.

“Así es, Luisa. Llame al doctor Martínez para hacer una cita con él por lo de mi diente. Y para no hacer el cuento largo, no tenía recepcionista, así que le dije que yo una vez había trabajado como recepcionista. Me contrató a prueba por dos semanas”.
Luisa miró fijamente a su mamá, luego se levantó de su silla y se aventó a sus brazos. “¡Mami , no puedo creerlo! ¡Lo lograste! ¡No lo puedo creer!”

“Me imaginé que estarías orgullosa de mi. ¡Oye, deja de limpiarte las narices en mi vestido!”.

“No tengo un pañuelo, Y si estoy orgullosa de ti”.

“Aquí tienes un pañuelo desechable, suénate”.

Luisa se sonó y secó sus lágrimas. “No tendremos que mudarnos?”

“Lo creo, si es que puedo mantener este trabajo”

“Lo mantendrás, ya verás, mami, ¡serás la mejor recepcionista que haya habido!, Luisa miró a su madre: Te verás muy bien con tu uniforme blanco. Si te arreglaras bien el cabello”.

“¡Qué tiene mi cabello? ¡Así es como le gusta a tu padre!”.

“Pero las cosas son diferentes ahora, mamá. Tienes que pensar en cómo te ve la gente ahora. Te apuesto que si te lo cortas, te verás diez años más joven”.

“¡Tú no te cortarás el tuyo!”

Luisa tocó su cabeza.”¿Tú crees que yo me quiero ver diez años más joven? ¡Prácticamente tendría que estar en pañales!”. Se rieron, abrazándose fuertemente una a la otra.
“Bueno, lo pensaré, dijo la Sra. Iriarte. Por cierto, ¿no me dijiste que estaba yo invitada al festival de la escuela la próxima semana?”

Luisa miró detenidamente la cara de su madre. “Si por supuesto que estás invitada. ¿Quieres ir conmigo? Muchos papás y abuelos estarán ahí”.

“Creo que me gustaría ir”, dijo la mamá de Luisa después de un breve silencio.

“Pero no te estoy obligando. Tú decides. No digas después que yo hice que fueras”.

Su mamá rió otra vez. “¿Cómo podrías hacer que yo haga algo que ya quiero hacer?”

EPISODIO 29: La fiesta sorpresa.
La fiesta de sorpresa para la Mtra. Alonso se realizó unos días después. Conforme los alumnos se fueron reuniendo en el salón, no pudieron evitar mirar fuera de las ventanas la tormenta que se aproximaba. Algunos dijeron que iba a llover; otros dijeron que iba a nevar. Nadie adivino que estaría granizando a los pocos minutos.mcj02308660000%5b1%5d

Pronto el granizo empezó a golpear las ventanas; cada vez se intensificaba más. Al grado de parecer nieve. Los alumnos abrieron las ventanas y empezaron a hacer bolas de hielo con el granizo. A varios de ellos se les ocurrió empezar a tirarse bolas de nieve los unos a los otros. Pronto el suelo estaba resbaladizo y mojado. Aquí y allá crujiente por el hielo. Luego algunos de los niños empezaron a meter hielo en las blusas de las niñas, y las niñas pronto estaban tratando de hacer lo mismo con los niños.
Finalmente Alex encontró una escoba y el recogedor y entre él y Luis empezaron a barrer el hielo del suelo. Casi habían terminado de arreglar el lugar cuado entró la Mtra. Alonso. El salón se llenó de gritos de “¡sorpresa!”

La Mtra Alonso estaba confundida. En seguida sonrió y dijo: “pero yo también tengo una sorpresa para ustedes”. Volvió a salir del pasillo y regresó un momento después llevando de la mano un hombre muy joven. Se los presentó a todos como Mauricio.
“Nosotros tenemos otra sorpresa para ustedes, dijo la Mtra. Alonso. Mauricio y yo nos casamos mañana”:

Hubo más porras y felicitaciones.

Mtra. Alonso, dijo Marcos, nunca la felicitamos por su ascenso. Caray, nos tuvo asustados un buen rato”:
Los niños habían planeado tener las botanas listas para cuando llegara la Mtra Alonso, pero los había sorprendido llegando más temprano de lo que ellos esperaban. Así que ahora todos corrieron al clóset de los útiles por los vasos de plástico y los refrescos y por el pastel que Emilia había hecho (con algo de ayuda a su abuelo), Mientras tanto, Raúl sacó su radio portátil y en pocos minutos todo el salón estaba bailando; de hecho todo el edificio parecía estar vibrando por el sonido. Amontonaron las sillas en la parte de atrás para poder empezar a bailar. Todos estaban tan ocupados con las botanas y con la música, que sólo Marcos vio al Mtro. Fuentes acercarse, asomarse, sonreír levemente y seguir su camino.
“Mtra. Alonso, dijo Aristeo, ha sido maravilloso este año”.

“Si, dijo Marcos, realmente bueno”.

Otros alumnos añadieron su apreciación.

“Realmente real”, dijo Emilia.

“Grandioso”, dijo Raúl.

“Bonito”, dijo Ana.mcj02864900000%5b1%5d

“Súper”, dijo María.

Luisa estrechó su mano con Mauricio y con la Mtra. Alonso. “Serán muy felices”, se rió.

Mauricio sonrió. “Es difícil imaginar cómo podremos ser más felices de lo que ya somos.
Marcos y Mónica eran los que mejor bailaban en la clase y todos admiraron que fácil y sin esfuerzo parecía ser el baile para ellos. Emilia, al contrario, apenas brincaba arriba y abajo con mucha fuerza, pero estaba decidida a hacer que Aristeo bailara con ella y al poco tiempo Aristeo estaba haciendo algunos intentos bastante torpes para seguirle el paso.
Al principio, Luisa no puede unirse. Sólo negaba con la cabeza cuando la invitaban. Mientras se decía a si misma: “no puedo bailar”. La frase retumbaba e su mente aún más fuerte que la música. De pronto, Marcos giró frente a ella y le extendió los brazos; Luisa accedió a ser parte de los bailadores. Se olvidó de su torpeza para bailar. Todo parecía fácil y natural; el ritmo de la música se convirtió en el pulso de su movimiento.
Una idea cruzó por la mente de Luisa: “Yo dije que creer en algo podía hacerlo realidad. Pero yo no creía que podía bailar. ¡Y de todos modos se volvió realidad!”

De reojo, Luisa podía ver a la Mtra. Alonso girar con gracia alrededor de Mauricio. Luego. Luisa volvió su atención hacia Marcos.

“Es como irreal, ¿no?, preguntó Marcos.

“No, le contestó ella, todo es real. Todo”.
FIN
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