Son nulos los trabajos historiográficos en donde se haya planteado el problema sobre la idea de Patria concebida por la Comunidad de los Hermanos de las




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INTRODUCCION
Son nulos los trabajos historiográficos en donde se haya planteado el problema sobre la idea de Patria concebida por la Comunidad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en el periodo que comprendió los años de 1920 a 1948. Así mismo, son nulos los trabajos sobre este tema usando entre las fuentes a un texto escolar sobre Historia de Colombia elaborado por un Hermano de las Escuelas Cristianas, teniendo presente un contexto legislativo y social además de la formación y participación en la elaboración del manual escolar por parte de un individuo miembro de dicha congregación.
Hay que decir que finalizando la primera década del siglo XX e iniciando los primeros años de la segunda, la Congregación adquirió gran importancia en el ámbito educativo reflejada ésta por el respaldo del gobierno nacional en muchas de las iniciativas educativas propuestas por los Lasallistas. Tal y como lo afirman Cristian Díaz, José Jiménez y Daniel Turriago1, fueron los Lasallistas entre 1917 y 1927 los encargados oficiales de la formación de los maestros en el país. A continuación un recuento de las iniciativas de los Hermanos Cristianos que los llevaron a ostentar dicha posición en el territorio colombiano.
En 1920 el Ministerio de Instrucción Pública le otorgó a la Congregación la Dirección del Instituto Pedagógico Nacional, mediante un contrato celebrado entre el Ministro de Instrucción Pública y el Hermano Viventiem-Aimé2. En este año también solicitaron que se les permitiera expedir diplomas válidos socialmente en los títulos de Químico en Análisis Mineral y Químico en Análisis Orgánico, petición que fue acogida por el Ministerio3. Los años siguientes fueron favorables para la Congregación y los Hermanos: Llegado el año de 1929 hicieron su aparición en las páginas oficiales, esta vez para hacer expansivo su proyecto educativo en lugares alejados del país y la Congregación erigió una filial del Instituto en la ciudad de Villavicencio, para lo cual necesitaron la personería jurídica que les fue concedida en el mismo año4.
Estos fueron sólo algunos de los momentos más significativos vividos por los Hermanos Cristianos como educadores. En el periodo de 1930 a 1948 su actividad se vio un poco oscurecida por la posesión liberal en el mando del país, lo cual

suponía un espaldarazo a la comunidad católica; no obstante, en un Mensaje Presidencial en julio de 1942, el Presidente de la República afirmó lo siguiente:
Las relaciones entre la Iglesia y el Estado, durante la Administración que termina, animadas por el mutuo respeto y la recíproca deferencia que la Constitución preconiza, se han desarrollado sobre un plano de la más elevada cordialidad, enteramente acorde con los sentimientos católicos del pueblo colombiano. El Gobierno ha encontrado siempre en la jerarquía eclesiástica un espíritu de cooperación patriótica al cual rinde homenaje. Ningún tropiezo ha encontrado esa cooperación y puedo afirmar que nunca fue más grande que ahora el esplendor de las ceremonias religiosas, ni estuvo más seguro el sentimiento de los fieles, ni fueron más respetadas sus creencias. Estoy seguro de que las autoridades eclesiásticas no han tenido queja alguna de las civiles, y los dos poderes han obrado dentro de su necesaria libertad, con un criterio de amistad que es la mejor garantía de paz para los espíritus y de tranquilidad para las almas5.

Con los enfrentamientos partidistas se llegó al año de 1948, máxima expresión de la violencia y con éste la proclamación del Decreto 2388 de 1948 mediante el cual se intensificó el estudio de la Historia Patria en todos los grados de la enseñanza, justificando que el “conocimiento de la Historia Patria, el culto a los próceres y la veneración por los símbolos de la nacionalidad”6 eran indispensables para la “cohesión nacional que bastante falta le estaba haciendo al país debido a los “graves acontecimientos que en los últimos tiempos han agitado a la República”7.
El periodo a estudiar en este trabajo termina precisamente en 1948 por la expedición de dicho decreto, y sobre todo porque en éste año salió a la luz pública la primera edición del manual escolar de Historia de Colombia8. Dicho manual es visto aquí como herramienta determinante para la homogenización del saber sobre Patria que la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas quiso que perdurara en la mente de la juventud colombiana. Quizá el hablar de una “homogenización” es un poco arriesgado, pero se utiliza aquí este concepto en la medida en que como se verá en toda la lectura del presente trabajo y lo que hasta aquí se ha mencionado, la Comunidad contó con un significativo apoyo del gobierno respaldando muchos de sus proyectos educativos. No se sabe si se logró tal “homogenización” de la enseñanza de la Historia Patria, pero lo cierto es que fue un Proyecto implantado y ejecutado a través de disposiciones legislativas y del manual escolar que contó con una posición influyente en la medida en que su autor fue reconocido en el ámbito pedagógico.
ANTECEDENTES.

1886 constituyó un año trascendental en el marco de las relaciones Estado-Iglesia. Con Núñez como Presidente, se expidió una “Constitución centralista y presidencialista. La religión Católica fue reconocida como elemento esencial de la nacionalidad y del orden social, compatible con la toleración de cultos”9. Y es traído aquí a colación ya que a partir de estas relaciones, los Hermanos de las Escuelas Cristianas llegaron al país y tuvieron un lugar destacado en la vida nacional durante la primera mitad del siglo XX.
Con la tercera etapa de la Regeneración, según Marco Palacios10, hubo una alianza del Estado y la Iglesia, aspecto fundamental en el nuevo constitucionalismo que se gestaba. La alianza tuvo entre sus resultados el Concordato de 1887 y el Convenio adicional de 1892, donde la Iglesia obtuvo compensaciones monetarias y fiscales por las expropiaciones de las desamortizaciones, además de la restauración del fuero eclesiástico. De igual forma quedó en sus manos la orientación y administración en algunos casos del sistema educativo. Entre sus proyectos se planteó que desde el aula, los textos escolares, la prensa, el confesionario y el púlpito, el clero inculcaría valores políticos y sociales que frenaran la incipiente marcha hacia el laicismo que se estaba presentando y de igual forma que “exacerbaran las pugnas políticas”11.
Fue así como a partir de 1890 se vio una notable influencia de sacerdotes extranjeros, que durante los gobiernos del Concordato fueron decisivos para definir la cultura política del país. El autor sostiene que “este clero inspiró una corriente nacionalista conservadora que habría de desarrollar el tema de la identidad nacional en una perspectiva antiliberal y antiyanqui”12; lo cual la hizo merecedora de un papel significativo en el desarrollo ideológico de la primera mitad del siglo XX; y ello, obedeciendo a los principios corporativistas de la encíclica de Rerum Novarum de León XIII (1891).
De esta forma, se da inicio a un recorrido político, religioso y educativo y se hace remembranza aquí de los inicios de la hegemonía pues ésta comprendió el periodo entre 1885 y 1930, donde se privilegió la alianza de la Iglesia y los conservadores, confinada a la oposición desde 1930 hasta 1946, y que entró nuevamente en la escena política con el posicionamiento en la presidencia de la República de un conservador13.
Por lo tanto, la disputa entre liberales y conservadores junto con la participación de la Iglesia, trajeron como consecuencia que el debate de la orientación de la educación coincidiera con los enfrentamientos partidistas. No obstante, el esfuerzo renovador en esos años agitados, tuvo el apoyo de educadores “progresistas” vinculados a ambos partidos, y además, buena parte de los cambios que se consolidaron bajo la república liberal fueron iniciados por dirigentes educativos del periodo conservador. Por ello no es de extrañarse la sentencia de que la historia de la educación en el siglo XX ha mostrado la relación de las políticas educativas con los conflictos políticos e ideológicos del país14.
Siguiendo en el recorrido, iniciando el siglo XX el país se encontraba en una caótica situación social y política debido a la guerra de los Mil Días, que junto con la pérdida de Panamá fueron un duro golpe para la conciencia nacional. Con lo anterior, la idea producida por la Regeneración sobre la Iglesia, como institución capaz de establecer una ligadura ético-religiosa eficaz, dentro de un país extenso y desarticulado, con desigualdades sociales, raciales y regionales, con una peligrosa tradición de sectarismo político, y con un país que en medio de una gran crisis intentaba el camino de unificación nacional a través de un cambio desde arriba dejando a un lado la participación popular, tuvo que esperar al nuevo siglo para encontrar una base segura para su aplicación 15.

Dentro de ese contexto político y moral, se produjo la Ley 39 de octubre de 1903, bajo la administración de José Manuel Marroquín. Esta Ley orgánica o “reforma Uribe”, abordó de manera global el problema educativo, y se dedicó a las funciones del Ministerio de Instrucción Pública, pero su orientación siguió siendo la acordada en la Constitución de 1886: la preeminencia de la religión católica en la enseñanza estatalmente asegurada, la aspiración a la unidad nacional y el fomento de la riqueza como meta del sistema escolar16. La reforma Uribe determinó las bases del sistema educativo en Colombia, la educación moral y religiosa, la educación de orientación industrial en la primaria y secundaria y enfatizó en el papel de la educación cívica que debía generar en maestros y estudiantes un ferviente amor a la patria17.
En esta Reforma también se planteó que para el “lamentable estado del país” el único remedio viable era la educación; y bajo este supuesto se dio inicio al Gobierno de Pedro Nel Ospina. Dentro de este, se destacó la puesta en escena de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y de la pedagogía católica. No obstante, para emprender las reformas, se contrató una misión alemana compuesta por tres educadores católicos, dos conservadores y un liberal, elaborando una serie de propuestas que evitaron la hostilidad de la Iglesia. Entre las propuestas planteadas se pretendía establecer la educación primaria obligatoria; la creación de un bachillerato clásico, comercial y científico; la libertad para que colegios ofrecieran bachillerato a las mujeres; el establecimiento de un sistema de control público a la educación, y la creación de una especie de Normal Nacional modelo en Bogotá. A pesar de estas intenciones, se dice que debido a la intervención religiosa, las propuestas fueron modificadas y no obtuvieron la aprobación parlamentaria18.
Para los años 30 el país afrontaba las consecuencias de la “Gran Depresión” económica iniciada en 1929. Sube a la presidencia Enrique Olaya Herrera soportado por un movimiento conjunto de conservadores y liberales, dejando así 45 años de gobierno conservador. El movimiento se denominó la Concentración Nacional. En 1934 Alfonso López Pumarejo fue elegido como presidente de la República y expresó su propósito de renovar el sistema educativo desde la primaria hasta la Universidad, pues para él, sin cambios profundos en la educación, el panorama político, económico y social de su gobierno quedaría sin bases19.
Los años de 1946 a 1958 fueron decisivos ya que el país vio llegar nuevamente al poder a los conservadores. El orden neoconservador se construyó sobre cuatro pilares según explica Marco Palacios: “1. El valor estratégico acordado a la industrialización y por ende al proteccionismo. 2. El control de los sindicatos y de las bases obreras mediante una combinación de represión, paternalismo empresarial y catolicismo social. 3. La desmovilización electoral, a lo que contribuyó la abstención liberal en todas las elecciones desde noviembre de 1949 hasta el plebiscito de diciembre de 1957 que consagró el Frente Nacional. 4. Finalmente los gobernantes encontraron en los Estados Unidos el principal aliado para proseguir los planes de electrificación y ampliación de las redes de transportes y comunicaciones20.
En la segunda mitad del siglo XX, llegó un cambio cultural: la secularización. En este periodo se debilitó la autoridad del clero católico en asuntos de moralidad pública y privada, de políticas educativas y de política partidista. Según Ocampo, éste periodo es el llamado periodo de Violencia, que en sus palabras “el vocablo se refiere a una serie de procesos provinciales y locales sucedidos en un periodo que abarca de 1946 a 1964, aunque descargó su mayor fuerza destructiva entre 1948 y 1953”21.
El recorrido que se hizo mostrando la relación partidos políticos- Iglesia- legislación educativa- crisis social, desde inicios del siglo hasta el periodo de la violencia, obedece al interés de ilustrar que el trabajo tiene como eje de su cuerpo, el revelar cuál fue el Proyecto de “Patria” implementado por parte del Estado y la Iglesia representada aquí por los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en los años de 1920 a 1948. Se alcanza a sospechar, que dicho Proyecto fue planteado dentro de una alianza entre el Estado y la Iglesia que tiene su raíz a finales del siglo XIX.
Trabajos historiográficos relativos a éste tema especifico en Colombia son muy pocos. Algunos como el de los Hermanos Florencio Rafael y Andrés Bernardo se enfocaron en narrar la obra Pedagógica desarrollada por los Hermanos de las Escuelas Cristianas desde 1890 hasta 1965. Otro de los puntos centrales del texto fue indicar el “objetivo misionero” de cada una de las Provincias Lasallistas en Colombia; así mismo, el probar que el resultado de esa misión se alcanzó gracias a la religiosidad de los Hermanos, fue otro de los objetivos del texto descrito22.
Sin embargo, estudios como los de Cristhian Díaz, José Raúl Jiménez y Daniel Turriago, se aproximan un poco a lo trabajado en éste texto en la medida en que en ellos se tienen en cuenta los conflictos políticos y sociales de la época que aquí se estudia. Ellos, se han dedicado a estudiar a la Comunidad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en asuntos como su llegada al territorio colombiano, su pedagogía, su ideología, pero no puntualmente a un Proyecto de Patria gestado al interior de la Comunidad.
En al artículo “Los Hermanos de las Escuelas Cristianas y la coyuntura histórica de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX en Colombia”; dicen los autores que los Hermanos Cristianos llegaron a Colombia en 1890 por la propuesta Conservadora a cabeza de Miguel Antonio Caro que buscaba “retomar la participación del pensamiento católico en la organización de la sociedad”23, ya que en Colombia se estaban configurando dos modelos políticos-sociales: el primero se fundaba en los principios de la sociedad liberal y el otro, en los principios de la sociedad católica; lo cual desencadenó un enfrentamiento desde 1863 entre liberales (radicales) y conservadores y que posteriormente se traduciría en el enfrentamiento entre radicales y regeneradores24.
En otro estudio realizado por los mismo autores, la vía a seguir fue la de “historizar el Modelo Pedagógico Lasallista”, una de las metas fundamentales fue “la formación del hombre católico, que en sus escuelas se encaminaría a promover la salvación de las almas, la dicha de las familias y el bien de la patria”25; que las metas de dicho modelo estaban enraizadas en el “ideal católico” que buscaba cristianizar la sociedad, fusionando vida social y vida espiritual. Sin embargo, también sostienen que el Modelo Pedagógico Lasallista no se puede circunscribir de una manera “lineal y totalizante” al Modelo de la Pedagogía Católica, si bien es cierto que se identifican varios aspectos como la meta formativa, las concepciones religiosas subyacentes a la comprensión del maestro como apóstol, a la tarea educadora como apostolado, a los medios, recursos y técnicas destinadas a la fabricación del hombre católico y a las orientaciones eclesiales romanas; también afirman que el pensamiento pedagógico lasallista fue transformándose a medida que irrumpían nuevas corrientes de investigación pedagógica26.
Por su parte, Martín Gómez y Francisco Gómez hicieron una aproximación a la “explicación del desenvolvimiento de la enseñanza, integrando dos variables fundamentales en el proceso educativo colombiano: El Estado y la Iglesia Católica”27. Por supuesto ésta última representada por los Hermanos de las Escuelas Cristianas. De esta manera, se ubicaron pues el Desarrollo de las propuestas de organización de la Instrucción Pública en Colombia y el enfrentamiento consecuente donde la Iglesia y el Estado fueron los actores básicos. También se trabajaron los antecedentes y el establecimiento de la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Colombia a finales del siglo XIX. Fundamental fue hablar de la puesta en marcha de la propuesta educativa católica y el conflicto alrededor de ella; y finalmente estudiar el fenómeno del 9 de abril de 1948, como punto de cambio sobre el accionar del Estado frente a la educación28.
El trabajo realizado por los autores Javier Sáenz Obregón, Oscar Saldarriaga y Armando Ospina29, quienes en su texto realizaron “una comprensión histórica compleja y escrutadora de lo moderno y de la modernización, [Allí se dieron a la tarea] de ligar la pedagogía con la política, los proyectos estatales de educación con la disciplina escolar y la formación de la autonomía individual con las pugnas con el poder”30, es considerado por Olga Lucia Zuluaga como otro modo de acercarse a las relaciones entre el Estado y la educación; a su vez, éste enfoque indaga sobre lo que significa lo público, lo privado y lo estatal. “Se trata de situar la educación en las estrategias que supone la búsqueda, por parte del Estado, de la dirección de los mecanismos para desarrollar y mantener la población en condiciones de ser dirigida”31.
En la primera parte del estudio, los autores analizaron la pedagogía pestalozziana y su forma de apropiación en el país, y la configuración de una “pedagogía oficial confesional”. Así mismo, se describió la pedagogía clásica y católica desde el estudio de las reformas internas, en los años que van de 1903 hasta 1934. El estudio también comprendió el análisis de las transformaciones en la práctica pedagógica, visto desde la perspectiva de las apropiaciones y adecuaciones de la pedagogía activa y de los saberes modernos32.
En lo que se refiere al marco conceptual que guió este trabajo, se tiene que decir que fueron utilizados dos conceptos fundamentales, a saber, el concepto de “Patria” y el de “manual escolar”. El primero fue analizado bajo el lente teórico de E. Hobsbawm, además de un trabajo realizado por Mónica Quijada; para el segundo, los planteamientos de Escolano Benito condujeron la explicación.
Según Hobsbawm, la nación “es una entidad social sólo en la medida en que se refiere a cierta clase de estado territorial moderno, el y de nada sirve hablar de nación y de nacionalidad excepto en la medida en que ambas se refieran a el. [Explica] que el nacionalismo antecede a las naciones. Las naciones no constituyen estados y nacionalismo, sino que ocurre al revés”33.
Así mismo, el autor construye su discurso sobre “nación moderna”, mostrando los elementos que no pertenecen a ella y que ha denominado “protonacionalismos”. Estos protonacionalismos como la lengua, la religión, la etnicidad y la unión política, fueron los lazos indispensables para construir la nación según el Hermano Justo Ramón.
Mónica Quijada, en el trabajo titulado “Nación y Territorio: La Dimensión simbólica del espacio en la construcción nacional argentina. Siglo XIX”34, tomó como uno de sus principales puntos de análisis “la interacción entre nación y territorio en el marco del modelo de «nación cívica» que fue propio de los procesos de edificación de las repúblicas hispanoamericanas; la consolidación de una ideología territorial que implicó la unificación e integración del espacio nacional en su percepción tanto simbólica como física”35.
Explicó que cuando se habla de nación, se suele pensar en dos modelos que pueden ser tanto alternativos como complementarios: el primero es la nación “cívica o política”, y el segundo la “nación cultural o étnica”. La nación étnica esta fundamentada en una concepción “genealógica” cuya unidad se cimenta en una “ascendencia común, unos mitos de origen, identidad de costumbres y de memoria histórica y una lengua vernacular”36. Y la “nación cívica o política” arraigada en Francia durante la Revolución, se sustenta en un “sistema único de ocupación y producción, leyes comunes con derechos y deberes legales idénticos para toda la población, un sistema educacional público y masivo y una única ideología cívica”37.
Esta interpretación es traída a colación en la medida en que para Quijada, lo que diferencia un “modelo” de nación del otro es “el territorio”. Dicho elemento es concebido por el hermano Justo Ramón como el origen de la nacionalidad colombiana. Por ello será estudiado en el capítulo tercero de éste trabajo.

Agustín Escolano Benito, asume el manual como un objeto que representa todo un modo de concebir y practicar la enseñanza. Su textualidad constituye una forma de escritura donde expresa teorías pedagógicas implícitas y “patrones de comunicación que conforman un microsistema instructivo completo y en parte autónomo. También es un espejo que refleja los rasgos de la sociedad que lo produce, la cultura del entorno en que circula y la pedagogía que regula sus prácticas de uso” 38.
Para Escolano, todo manual escolar es un espacio de memoria por cuanto cubre al menos tres funciones en relación a la constitución de la historia de la educación. Por lo tanto, en ellos se materializan los programas en que se concretan la cultura escolar de cada época, las imágenes y los valores dominantes en la sociedad que produce y utiliza los textos y los modos de comunicación y apropiación de los contenidos de los textos39.

Los textos escolares son espacio de memoria por tres razones40:
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