Conocí a Caroline hace casi 20 años,y desde entonces, hemos trabajado juntos. Me impresionó mucho su creencia en que todos tenemos un Contrato Sagrado que




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títuloConocí a Caroline hace casi 20 años,y desde entonces, hemos trabajado juntos. Me impresionó mucho su creencia en que todos tenemos un Contrato Sagrado que
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El equilibrio entre la fe y la libertad de decisión en tu Contrato Sagrado

En otras culturas y en otras épocas, las personas concebían su Contrato Sagrado como un acto de fe, la gracia divina o el karma acumulado de sus acciones pasadas. El fatalismo en la vida y en el amor ha pro-vocado que algunos digan cosas como «Le había llegado la hora», «Estaban destinados a estar juntos» o «Era el trabajo para el que había nacido». La cultura científica actual intenta atribuir estos hechos a la predisposición genética, al fenómeno de causa y efecto o al azar. Las culturas orientales -que estudian los procesos interiores de la psique y del espíritu desde hace más tiempo, y de forma más exhaustiva que las occidentales- creen en la continuidad de la vida, y no en una existencia única seguida por la recompensa o el castigo eternos. Según las leyes del karma, al igual que las acciones de esta vida siembran las semillas que maduran y dan sus frutos en existencias futuras, la vida presente es el reflejo de las acciones pasadas. A pesar de que, según dicta la creencia, el sistema oriental del karma (y de la reencarnación) se encuentra bajo la supervisión de ciertos dioses o de una energía superior, las recompensas, castigos y categorías por las que evolucionamos espiritualmente dependen casi por completo de nuestros esfuerzos personales.

La cultura occidental ha favorecido una combinación de fatalismo y creencia en el mandato divino. Las mitologías griega y nórdica veneran a las tres Parcas que hilan, tejen y cortan el hilo de la vida. Las sociedades antiguas del Mediterráneo y de Oriente Medio confiaban en los adivinos, los oráculos y los astrólogos para discernir el curso de su existencia como si éste ya estuviera determinado, o «escrito en las estrellas». Las tradiciones monoteístas occidentales que surgieron en Oriente Medio otorgaban un gran poder al papel de Dios en la determinación del destino humano, y aun así obligaban al individuo a llevar la pesada carga de acatar las leyes divinas o asumir las consecuencias.Sin embargo,la doctrina protestante de la predestinación predicada por Juan Calvino y otros personajes durante el s. xvi inclinó la balanza a favor de Dios. Según sus creencias, nuestra finalidad en la vida es satisfacer los deberes y responsabilida-des que Dios nos ha asignado, pero, como la naturaleza humana es corrupta por definición, no podemos obtener la salvación (la recompensa del Cielo) salvo por la gracia de Dios. Es más, para los calvinistas, Dios ha predestinado a ciertas personas a recibir esa gracia y no a otras, lo cual nos deja a merced de una especie de suerte controlada por lo Divino, que ya ha decidido nuestro destino. La actuación moral se reduce a la esperanza de encontrarse entre los elegidos.

Para ayudarte a comprender mi visión de los Contratos Sagrados, he utilizado la comparación de los credos orientales y occidentales con respecto a las funciones de la fe, la voluntad personal y la voluntad divina. Aunque creo que tenemos una relación muy íntima con lo Divino y una relación muy impersonal con el orden cósmico. Las leyes del universo, como la de causa y efecto y la de atracción magnética, se aplican de igual forma a todo. La órbita de los planetas y la frecuencia de las mareas son fenómenos que tienen control sobre sí mismos; yo no tengo por qué preocuparme de ellos. En realidad,personificamos las leyes del universo cada vez que ejercemos nuestro poder de decisión: tomo una decisión y ésta tiene una consecuencia, sin importar quién sea yo. Sin embargo, puedo influir en la calidad de esa consecuencia si soy consciente de mis intenciones. El hecho de que podamos determinar nuestras motivaciones refleja la íntima conexión que tenemos con lo Divino. Mis intenciones no modifican las leyes, porque todas mis decisiones seguirán teniendo consecuencias. No obstante, si mis motivaciones son compasivas y sinceras, las consecuencias serán, con toda seguridad, positivas.Además, una sola acción puede dar como resultado una inestimable cascada de efectos físicos, emocionales y espirituales.

Como parte de nuestra íntima relación con lo Divino, nos sentimos impulsados a aprender lecciones y a esforzarnos por lograr el crecimiento espiritual por unos medios a los que,en ciertas ocasiones, podemos resistirnos conscientemente. Esto puede parecer contradictorio: si hemos creado nuestro contrato en colaboración con lo Divino, ¿por qué íbamos a resistirnos a sus sugerencias? Lo hacemos porque antes de nacer olvidamos los detalles de nuestros acuerdos. Debemos recordar nuestro objetivo emprendiendo su búsqueda, buscándolo. No es tan difícil como parece, porque, cuando vives de acuerdo con tu contrato, sabes casi siempre si estás en el buen camino. Sin embargo, todos abandonamos el buen camino de vez en cuando; quizás ocurra en el momento en que intentamos ir por el camino más fácil, como decían las monjas de mi colegio. Aunque resulte irónico, el camino que parece más sencillo puede ser el más arduo a largo plazo si actúas en contra de tu contrato.

A la larga tomamos decisiones a diario -consciente e inconscientemente- que condicionan los términos de nuestro contrato, lo cual nos mantiene en el camino o nos devuelve a él. También podemos optar por conseguir el apoyo de los arquetipos, de los guías espirituales e incluso de la gracia divina a través de la oración y de la meditación para cumplir nuestros acuerdos de forma más expeditiva. Si decides no creer en un contrato anterior a tu nacimiento, o en la reencarnación, o, incluso, en el poder de la gracia, tal vez desees ver tu vida de forma metafórica, como un viaje que has accedido a realizar. Ejemplo, en la terapia de regresión, los pacientes tienen la oportunidad de revivir bajo hipnosis acontecimientos de existencias interiores. Sin embargo, los principales defensores de este método han demostrado que las historias que el paciente recuerda con más claridad sobre ¿ mismo durante la regresión no tienen por qué analizarse desde un punto ie vista literal para contribuir a la recuperación emocional, sino que pueden interpretarse de forma simbólica. Las personas que «recuerdan» heridas, :reencias, revelaciones e historias familiares de una vida pasada tienen la sensación de entender con más claridad su inconsciente y su situación actual gracias a la visión de esos recuerdos."

También puedes pensar que tu Contrato Sagrado es tu contribución personal a la vida que te rodea, que existe gracias a tu peculiar conjunto de circunstancias, relaciones y vida familiar. Sin importar cuál sea la interpretación que escojas, el desciframiento de tu contrato dependerá de tu voluntad de aceptar que todo lo que hacemos tiene una finalidad mucho más importante de lo que jamás podremos imaginar, que todas tus acciones afectan a tu vida y a la vida de los demás para bien o para mal. Tal como enseña Thich Nhat Hanh: «interexistimos». Creer en un orden invisible, en un orden divino o implicado, como lo llama la física cuántica, o en el orden que subya-ce en el desorden descrito por la teoría del caos, es una opción mucho más saludable e interesante que creer que la vida no tiene ningún sentido.

El descubrimiento de tus arquetipos y el trabajo con ellos y con otros elementos de tu contrato cambiará tu opinión sobre el destino. Darás un nuevo sentido a tu vida, y pasarás de verla como algo aleatorio y azaroso a aceptarla como algo planeado y supervisado al detalle, contigo como participante activo.
Acuerdos transformadores

Liza,a quien conocí en un taller celebrado en Seattle, experimentó un cambio de vida radical que pudo aceptar como vía para la transformación gracias al trabajo que realizò con su Contrato Sagrado.Todos sus proyectos vitales se vieron truncados por un terrible accidente que muchas personas considerarían una tragedia. Sin embargo, Liza se dio cuenta de que el Cielo había cambiado el rumbo de su vida por alguna razón.Aunque al principio su mente racional se negaba a aceptar los cambios acontecidos en su vida, Liza llegó a asimilar todo lo ocurrido como un camino hacia la realización de su potencial divino.

En la época en que conocí a Liza, hacía 7 años que yo estudiaba el tema de los contratos. El título del taller era «Contratos Sagrados y Lenguaje Arquetípico», y durante el descanso, Liza me preguntó si podía hablar conmigo sobre su vida. A los 26 años había sido víctima de un accidente de tráfico que la había dejado paralítica del lado derecho del cuerpo. En el momento del suceso, trabajaba como profesora de educación física y entrenadora de fútbol en un instituto, por ello, aquella lesión había cambiado su vida de forma radical. Mientras hablábamos, le hice una lectura intuitiva, entre las muchas impresiones que me transmitió su sistema energético percibí la persistente y destacada imagen del huevo Humpty Dumpty cayendo del muro.

Le pregunté a Liza, que por aquel entonces tenía 31 años, si recordaba la canción infantil de Humpty Dumpty o si le había gustado de niña.

Cuando tenía 8 años -dijo-,soñé que me veía subiendo a un pequeño bote que flotaba sobre un gran río.Quería bajar del bote para subir en uno de esos enormes veleros que también estaban en el río,pero me decían que ése era mi bote y que debía aprender a navegar en él.Después del accidente, le dije a mi madre que me había caído del muro como Humpty Dumpty, y me contestó que tenía que esforzarme mucho y recomponer mi vida. Ahora creo que ese bote al que no quería subir en el sueño representaba el desafío físico que debo superar en este momento de mi vida.

Liza me contó que tras el accidente había dejado las piezas de su vida desparramadas en el suelo por meses, como Humpty Dumpty. Pasado un tiempo, volvió a soñar con el bote, en el mismo río, salvo que esta vez la embarcación se movía en círculos.Se diò cuenta de que ese movimiento se debía a su parálisis, ya que sólo podía remar con un brazo.«Tuve que tomar la decisión de aprender a remar ese bote o hundir-me en la desesperación -afirmó-.También me di cuenta de que jamás podría cambiarlo por otro bote, aunque lo deseara. Decidí hacer todo lo necesario para controlar mi pequeña nave.»

Las limitaciones físicas de Liza le permitieron hacer cosas que nunca se había planteado.

Lo primero que hice fue cambiar la imagen que tenía de mí misma. Aunque mi cuerpo ya no podía moverse al mismo ritmo que antes del accidente,aùn controlaba la velocidad de mi mente, corazón y mi espíritu.Pensé que los accidentes no son accidentales y llegué a creer que debía haber una razón para que el Cielo me hubiera entregado ese bote. Y con esa idea, me puse a rezar una tarde. Me imagi-né en el bote y metí los remos en el agua mientras rezaba: «Ahora, rema», me dije.

Liza comentó que fue muy difícil mantenerse fiel a aquel acto de entrega. Se levantaba cada mañana bañada en sudor por la profunda angustia que la despertaba mientras dormía. También pasó por varios momentos de depresión.

Las personas que no han sufrido traumas o invalidez no valoran lo que tienen -dijo-.Tu mundo cambia por completo, incluidas tus amistades, tus sueños y la posibilidad de casarte y tener hijos. Tu cuerpo no es el único que se ve afectado, todos tus planes de vida cambian. Además,los miedos que tienes que afrontar son tremendos, empezando por: ¿Y ahora, cómo voy a sobrevivir?

Aun así, Liza decidió reaccionar de forma positiva ante esa crisis, porque deseaba tener más protago-nismo que el accidente en la construcción de su futuro.

Durante su rehabilitación, Liza prometió que estaría abierta a las nuevas posibilidades que el universo le ofreciera. Seis meses después del accidente, había vuelto a la enseñanza, pero, como ella dijo: «Ya no era lo que más me importaba.Me sentía muy discapacitada y me obsesionaba la idea de que mis compañe-ros creyeran que ya no era una buena entrenadora. Al final me di cuenta de que tenía que encontrar otro trabajo. Pero no sabía por dónde empezar a buscar.»

Casi un año después de que Liza regresara a su trabajo, la invitaron a hablar en una organización que ayuda a los niños y jóvenes con discapacidad física mediante programas de gimnasia. Aceptó sin dudarlo, y poco después empezó a ayudar a esos niños a desarrollar aptitudes gimnásticas. Al principio ofreció sus servicios de forma voluntaria,porque no estaba segura de poder ayudar a los niños ni de si la organización se plantearía aumentar la plantilla. Pero, al finalizar el año escolar, se había convertido en una trabajadora remunerada. Cuando hablé con ella, todavía trabajaba en la organización.

No considero lo que hago un trabajo -me comentó-.Ahora entiendo que todo lo que hago, y por lo que he tenido que pasar para llegar hasta aquí, ademàs de lo que me espera en el futuro, son aspectos de mi contrato. Mi accidente, si es que se le puede llamar así, hizo que me enfrentara a mí misma y a mi relación con la vida.Tuve que confiar en la fuerza de mi fe para superarlo,aunque mi fè no era tan fuerte cuando ocurrió.Durante mi rehabilitación,tuve sensaciones negativas que desconocía, como los celos que me provocaba ver andar a los demás. Lo más duro que hice fue superar esos sentimientos para convertirme en una persona que aún cree en las posibilidades de la vida. Antes del accidente confiaba en mi voluntad para hacer que mi vida funcionara, y ahora confío en la fuerza de mi espíritu.

Ahora, soy capaz de dar más de mí a esos niños de lo que jamás di como profesora en el instituto. Esos niños necesitan toda la inspiración, esperanza y autoestima que yo pueda ofrecerles, además de la gimnasia que pueda enseñarles. Gracias a ellos, siento que todo lo que he pasado y todo lo que he hecho es lo más valioso del mundo.Entiendo su frustración,su miedo a la existencia, su desesperación por la calidad de vida que les espera. Sé qué sienten y puedo ayudarlos a enfrentarse a esa parte de su vida porque he estado allí y la vuelvo a visitar de vez en cuando.Y también soy la prueba de que la vida de cualquiera es lo más valioso, sin importar la forma que tenga tu cuerpo. La clave es aprender a remar en el bote que te han asignado.

Gracias a su esfuerzo por aceptar la dramática forma en que su camino vital había cambiado, Liza redefinió por completo su comprensión de la finalidad de la vida. Después del taller, me escribió:

Como la mayoría de las personas,creía que la finalidad de mi vida era hacer algo especial,como ser una buena profesora de gimnasia. Así que, cuando me arrebataron ese «algo especial», creí que mi vida ya no tenía sentido. Pero, aprendí que mi idea de objetivo vital había sido muy limitada hasta ese momento. Si mi accidente no hubiera ocurrido, jamás habría conocido la posibilidad de ver mi vida como un contrato. Nunca habría pensado en la finalidad de mi vida como en algo que tenía que ser, más que como en algo que tenía que hacer. Ahora puedo colaborar en la escritura de todo lo que soy.
Gracia y carisma

La recuperación de Liza fue posible gracias a varias cosas: el ánimo que le dio su madre, su análisis detallado de lo que soñaba y un par de «oportunidades» que se presentaron en su camino. Su decisión de atribuir a Dios el trabajo de remar su bote puede parecer un simple acto de determinación y voluntad, o tal vez un acto de frustración.Pero yo lo atribuyo a algo del todo diferente:a una inyección de gracia por parte de lo Divino que le permitió abrirse a las fuerzas curativas del universo y reconocer su gran potencial.

Los filósofos y teólogos occidentales se cuestionan desde hace muchos años la naturaleza de la gracia y cómo y por qué la recibimos.Yo entiendo la gracia como una forma de energía vital que desciende hasta nosotros desde lo Divino; es el equivalente occidental de lo que los indios llaman «prana» (cuyo signifi-cado literal es «soplo de vida») o de lo que los chinos llaman «ch'i».El ch'i tiene varios significados, entre otros: aire, respiración, temperamento y fuerza. Pero, por lo general, se refiere tanto a la energía vital que circula y se almacena en el cuerpo como a la respiración en sí, dos aspectos inseparables del ch'i. Esta energía vital suele concebirse como una fuerza impersonal que emana de la fuente de energía magnética del universo; según la creencia taoísta, procede directamente de la Estrella Polar y la Osa Mayor. La principal diferencia entre los conceptos orientales y occidentales de esta fuerza vital es que los orientales creen que pueden favorecer el flujo del prana y del ch'i a través de la meditación y los ejercicios físicos, incluidos el control de la respiración y el yoga.

Aunque la mayoría de occidentales cree que la gracia fluye a nosotros desde lo Divino, en la religión occidental no existe un consenso sobre qué «abre la puerta» a ese flujo. Algunos creen que necesitamos la gracia para gozar de salud espiritual y alcanzar la salvación final, aunque Dios sea el único que decide si nos la concede, lo cual disminuye la importancia de la libertad de decisión. Otros creen que dependemos por completo del esfuerzo personal para alcanzar la salvación, pero no saben cómo explicar esas repenti-nas inyecciones de energía y esas revelaciones que transforman nuestra vida para mejor. Unos cristianos creen que la gracia es un complemento espiritual que recibimos al pedirlo por la oración o la ganamos gracias a la práctica de rituales sacramentales. Otros creen que la gracia fluye desde Dios hasta nosotros sin pedirla, al igual que fluye en el corazón de un niño cuando lo bautizan, o que funciona como una especie de fuerza secreta en el corazón de un pecador para que éste se arrepienta.

Sin embargo,proceda de donde proceda,la mayoría de nosotros creemos que la gracia aumenta nuestra fuerza vital, aportándonos energía, protección y valor en los momentos de necesidad.Tiene el potencial de curar enfermedades y de conceder bendiciones.Creo que podemos obtener la gracia mediante la oración, la meditación y otras prácticas espirituales que aumentan su presencia en nosotros. Aunque también creo que existe una forma divina de gracia que nos proporciona resistencia y orientación espiritual, y que fluye hasta nosotros en el momento que la necesitamos sin importar que la hayamos pedido. Esa energía divina es tu carisma, una expresión única de gracia que te fortalece para cumplir tu Contrato Sagrado. La palabra «carisma» proviene del término griego que significa «don». Tiene su origen en la antigua teología cristiana, en que denotaba un atributo divino y especial concedido a los creyentes como prueba del poder de la presencia de Dios en su vida. El carisma se consideraba un don que probaba que lo Divino estaba presente en la misión que cada uno tenía asignada en la vida. (Este significado sigue estando vigente en nuestro uso de la palabra «carisma».)

Algunas veces no nos damos cuenta de que hemos recibido un don de gracia hasta que apreciamos el efecto que tiene en nuestra vida, como le ocurrió a Liza. Sin embargo, en unas ocasiones experimentamos una epifanía (del término griego que significa «manifestar»), es decir,una visión repentina de nuestra íntima unión con lo Divino. Durante una epifanía, tu relación con Dios pasa de ser dudosa y temerosa a ser una relación de profunda confianza. De pronto, entiendes que todo lo ocurrido en tu vida ha sucedido por intención divina, por la gracia de Dios. Mis pacientes me han descrito sus experiencias de epifanía como el final repentino del caos interior y la falta de orientación o de comprensión que sentían. Gracias a una sorprendente inyección de carisma, tu incapacidad para entender los desafíos que te plantea la vida, junto con la carga emocional que te produce la sensación de estar viviendo sin propósito ni orientación, se transforma en la certeza de que cada momento de tu existencia ha sido supervisado por lo Divino.

El carisma puede entrar en nuestra vida incluso sin haberlo solicitado de forma consciente. Una mujer llamada Cindy me contó que entrò en contacto con su carisma mientras tomaba café en una librería.

Aunque parezca ridículo -afirmó-,estaba leyendo una historia en el periódico local de cómo se co-nocieron 2 personas que se iban a casar esa semana. Era un artículo muy romántico que me hizo sentir muy sola. Empecé a hundirme en el oscuro pozo de la autocompasión, me decía a mí misma que nada tan maravilloso me ocurriría jamás. Me planteé qué papel tenía en el esquema divino de la vida y sa-qué la conclusión de que era un personaje muy insignificante en el mundo.Y de pronto,tuve una visión que penetró en mi cuerpo, en mi mente y en mi espíritu a la vez. Fue como si se hubiera encendido un foco que iluminaba a todas las personas y cosas de mi vida con tanta intensidad que me deslumhraba. Incluso la gente que no me caía bien me parecía encantadora.

Durante aquella experiencia,vi una especie de resumen de mi existencia que me hizo recordar todas las emociones que había sentido con cada una de las personas de mi vida. Al final de ese proceso, sabía que reconocería la energía que fluía en mí toda mi vida. Al terminar la experiencia, me quedó una sensación indescriptible de unión con Dios que me hizo sentir que siempre me había guiado y que no estaba sola.

La energía que Cindy sintió en su interior durante su epifanía en la librería es su carisma, al que ahora

llama «la voz de Dios en mi interior». Los místicos, desde santa Teresa de Ávila y san Ignacio de Loyola hasta Sri Ra-makrishna y Sathya Sai Baba, también han sentido cómo esa presencia de lo divino actuaba en su interior. El sacerdote hindú y visionario Ramakrishna, por ejemplo, tuvo visiones de Mahoma, Jesús y Buda, tras las cuales se convirtió al islam, al cristianismo y al budismo, una práctica poco frecuente en la India del siglo xix. Como hombre joven en los primeros años del siglo xvi, Ignacio de Loyola estaba más interesado en la vida cortesana y en las proezas militares que en la vida clerical que su padre deseaba para él. Mientras se recuperaba de una herida en la pierna producto de una batalla, Ignacio leyó las vidas de san Francisco y santo Domingo, y,de pronto, experimentó un júbilo y una energía que lo llevaron a seguir la senda de la vida espiritual. Su libro sobre prácticas místicas, Ejercicios Espirituales,aùn sirve a las personas laicas que desean tomar conciencia de la existencia de lo Divino en su interior.

Debido al declive de la vida monacal actualmente,el místico suele ser un ciudadano más. Tu búsqueda sobre la finalidad de la vida te convierte en un místico buscador de la presencia de Dios,en un candidato a la recepción de la gracia. Incluso si tu experiencia de carisma no es tan intensa o inmediata como la de Cindy -o de Ramakrishna e Ignacio de Loyola,debes ser consciente de cómo actúa en tu interior. Ejemplo, tu pasión por conocer la naturaleza individual de tu espíritu se nutre de tu carisma.Tu carisma también es la energía a través de la cual la exclusividad de tu identidad espiritual se revela a los demás; es algo así como tu marca espiritual. La gracia nos ayuda a conocernos y nosotros la transmitimos a los demás. Es un proceso que también funciona a la inversa; la energía que sientes de forma intuitiva en las personas que te rodean es la esencia de su carisma.

Los grupos y los individuos, tienen su carisma. Las tribus y otras formas de vida comunitarias poseen una gracia colectiva con la cual descubren su exclusiva finalidad espiritual. Los rituales y ceremonias que persiguen un propósito común buscan la inspiración del carisma como guía; y son un medio para que el grupo pueda decidir si admitir a alguien que desea formar parte de él. Un sacerdote cristiano me dijo:

El carisma de nuestra comunidad es servir a Dios dedicando la vida a la oración. En el claustro, consideramos todo lo que hacemos como parte de la devoción del grupo para llevar el Espíritu a las vidas de los necesitados de este planeta. Si una persona desea unirse a esta comunidad, su carisma individual debe estar en sintonía con el del grupo. Sin esa unidad, la persona en cuestión no podría soportar los rigores de este tipo de vida. No se alimentaría de la gracia especial que recibe nuestro grupo, no porque le fuera denegada, sino porque su espíritu requeriría una forma de subsistencia que simplemente no está presente en nuestra gracia comunitaria.

Algunas personas intentan ignorar esa gracia divina, incluso al momento de recibirla. A las monjas de la escuela parroquial a la que iba de niña les encantaba hablarnos de nuestras «vocaciones».Para ellas, por supuesto,la vocación sólo podía ser sinónimo de una cosa:de llamada a la vida religiosa.Dejaron claro que siempre tendríamos libertad de decisión y podíamos optar por no responder a la llamada,y añadían que ja-más seríamos tan felices ni nos sentiríamos más realizadas como seríamos si seguíamos nuestra vocación. En mi opinión no hacían bien en presionarnos para unirnos a una orden religiosa, estoy de acuerdo en que el no reconocer tu carisma, vocación o contrato puede dificultar mucho la vida y hacerla menos satisfacto-ria. Como G.Levoy escribió en su libro Callings (Llamadas), las vocaciones pueden ser muchas cosas:

Pueden ser llamadas para hacer algo (convertirse en trabajador autónomo,volver a estudiar,romper o iniciar una relación, irse a vivir al campo,cambiar de profesión) o para ser algo (más creativo,menos crítico, más cariñoso,menos miedoso). Pueden ser llamadas a que nos conduzcan o nos alejen de algo; llamadas para cambiar algo, reconsiderar nuestro grado de compromiso con ello o retomarlo de una forma del todo distinta; llamadas para hacer algo que nos ha producido miedo [...]desde que tenemos uso de razón [...].Por desgracia,solemos pasar por alto nuestros anhelos en vez de reconocerlos y hacer algo para satisfacerlos.Quizá no olvidamos del todo nuestras llamadas,pero nos da miedo lo que pueda suponer seguir su camino. El imaginar las dificultades que conllevará el cambio nos impide reconocer que en realidad sabemos, y siempre hemos sabido, qué significan nuestras llamadas [...].

En cierto sentido,el libro que tienes en las manos es una emanación de gracia que me llegó a través de una serie de inesperadas visiones.Como dijo Joseph Campbell a Bill Moyers en El poder del mito, cuando escribes una obra creativa «te entregas,y el libro te habla y se crea a sí mismo. Hasta cierto punto, te con-viertes en el portador de algo que te ha sido entregado por las Musas o, en el lenguaje bíblico, por "Dios". No es ficción, es un hecho. Ya que la inspiración procede del inconsciente, y las mentes inconscientes de cualquier sociedad, por pequeña que sea, tienen mucho en común,lo que el chamán o visionario invoca,es algo que está a la espera de nacer en todo el mundo».En ese sentido,quiero que pienses en este libro como la oportunidad para evocar y reconocer tu carisma,tus musas y visiones, para entrar en contacto con esos anhelos y vocaciones ocultas que enriquecerán enormemente tu vida una vez que aprendas a reconocerlos.

En cuanto seas capaz de reconocer y aceptar la gracia y la guía presentes en tu camino,la vida será mu-cho más satisfactoria.Entender la existencia de forma simbólica significa buscar constantemente el signi-ficado más profundo y extenso de cada acontecimiento. Esa visión va más allá del plano físico y, sobre todo en momentos de estrés o de confrontación, te permitirá permanecer en un plano superior a cualquier cosa que suceda y verla desde el contexto de tu vida como totalidad, como la vería tu guía espiritual.

Incluso aunque no hayas sentido la presencia de un guía espiritual o la sensación de que estás desem-peñando una función que te fue asignada antes de nacer, puedes haber identificado ciertos modelos de problemas o acontecimientos recurrentes en tu vida. Tal vez tengas dificultades con tus padres o relacio-nes problemáticas con otras personas. Tal vez enfermes con frecuencia o tengas problemas profesionales, o tal vez la vida te vaya bien en general,pero sientes que falta algo.Quizá necesites tratar de ver esas cosas desde una perspectiva diferente. Para conseguirlo, debes mostrarte receptivo en tu entorno físico, y en el nivel de conciencia en que el panorama es más simbólico que literal. Ese entorno que reconocemos como algo familiar es el reino de los sueños.
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