Conocí a Caroline hace casi 20 años,y desde entonces, hemos trabajado juntos. Me impresionó mucho su creencia en que todos tenemos un Contrato Sagrado que




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títuloConocí a Caroline hace casi 20 años,y desde entonces, hemos trabajado juntos. Me impresionó mucho su creencia en que todos tenemos un Contrato Sagrado que
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Contratos en la mitología

Existen numerosos precedentes históricos de la creencia en los Contratos Sagrados. Las escrituras de todo el mundo plasman a la divinidad suprema hablando de forma directa con muchas personas -como Adán, Noé y Jesús en Occidente, y una gran variedad de profetas y místicos en Oriente-,aunque lo Divino también envía mensajeros espirituales extraordinarios para llamar nuestra atención y asegurarse de que acataremos su plan. Entre los mensajeros que aportan orientación y ayuda celestial se encuentran figuras como el arcángel Gabriel, que tiene un papel protagonista en los Evangelios como en el Corán, y una amplia variedad anónima de ángeles guardianes, espíritus, sílfides, jinn, asuras, hadas y «gente menuda». Los mensajeros espirituales son la base de gran parte de la literatura religiosa mundial, desde el ángel del Señor que habló a Abraham, Jacob, y Mahoma, hasta el ángel Moroni de los mormones. Estos seres trans-miten bendiciones, advertencias, sabiduría y peticiones a los que habitan la Tierra, directamente a través de voces o apariciones, o a través de sueños o visiones que se manifiestan en nuestra conciencia «cuando menos lo esperamos».

Muchas personas han compartido conmigo sus experiencias de encuentros divinos con ángeles gracias a las cuales recibieron gran orientación, consuelo o instrucciones sobre cómo actuar en la vida. Tuve una experiencia similar hace años, mientras me dirigía a casa después del trabajo. Iba por una autopista prin-cipal de Chicago y escuché una voz que me decía claramente: «Reduce la velocidad. Un camión rojo va a saltarse un stop en la próxima salida.» Frené de inmediato, y mientras lo hacía, un camión rojo se saltó un stop a toda velocidad a menos de 3 m de donde yo estaba. Fue entonces cuando me di cuenta de que me lo había advertido algo superior a mi intuición.

Los mensajeros también nos comunican noticias menos dramáticas, no menos transformadoras de la vida. La película de 1991 Grand Canyon (El alma de la ciudad) es una maravillosa descripción de los án-geles cotidianos y la forma en que sus intervenciones transforman la vida. Escrita y dirigida por Kasdan, la película presenta varias historias en las que una serie de coincidencias aparentes reúnen a sus protago-nistas de forma que sus vidas cambian. Uno de los personajes protagonistas, Claire,interpretado por Mary McDonnell, encuentra un bebé abandonado entre unos matorrales mientras ha salido a correr como cada día, sólo que esta vez ha alterado ligeramente su recorrido. Està convencida de que estaba destinada a en-contrar y cuidar a ese bebé, y así se lo cuenta a su escéptico marido, Mack, interpretado por Kevin Kline. «Se ha producido un contacto -dice ella-, y debemos mantenerlo.» Cuando Mack intenta sin resultados hacer que su mujer cambie de opinión, decide poner punto y final a la discusión arguyendo que le duele la cabeza, Claire se niega a permitirlo,diciendo una frase memorable: «Es una reacción bastante inapropiada tener dolor de cabeza en presencia de un milagro.»

Más tarde, Mack vive un milagro en carne propia.Una mañana,cuando está a punto de cruzar una tran-sitada calle de Los Angeles,una mano le agarra por la espalda y lo lleva de vuelta a la acera.En ese mismo instante,pasa un autobús a todo gas justo por delante de Mack y éste se da cuenta de que le han salvado la vida, un hecho que, como él dice, «lo cambió todo para mí». Cuando se da la vuelta, ve que la mujer que lo ha llevado de vuelta a la acera está sonriendo y lleva una gorra de los Pirates de Pittsburgh.Resulta que los Pirates son el equipo favorito de Mack -incluso bautizó a su hijo con el nombre de un famoso jugador de los Pirates,Roberto Clemente- y se da cuenta de que no ha podido ser una simple coincidencia.«No es algo muy normal a las 9 de la mañana en Wilshire Boulevard: una mujer con una gorra de béisbol de los Pirates de Pittsburgh -dice-. Es un poco sospechoso.»

Los hechos descritos en la película me recuerdan a la historia real de Maureen,una mujer recién casada de treinta y pocos años, que tenía un tumor en los ovarios y a la que tuvieron que hacerle una histerecto-mía.Al darse cuenta de que jamás podría concebir,se hundió en una depresión tan profunda que sus padres y su esposo temieron que intentara suicidarse. Además de la pena que sentía por no poder quedarse emba-razada, Maureen tenía miedo de que su matrimonio, acabara rompiéndose porque sabía cuánto deseaba tener hijos su marido.

Desde que era niña creía que estaba destinada a ser madre -me dijo al conocernos hace años-. No podía imaginar un futuro que no fuera el de esposa con hijos. Después de la operación, fue como si mi vida hubiera terminado.Una parte de mi vida había terminado. Todo era distinto. Recuerdo que una vez salí con mi madre, 3 meses después de la operación, y vi a una mujer con unas gemelas de 2 años, eran absolutamente angelicales. Nunca había sentido tanta envidia y rabia. Me entraron ganas de ir corriendo hacia ella y abofetearla, y decirle que estaba viviendo la vida que yo merecía. Entonces, una noche, Maureen recibió la visita de un ángel.

Estaba dormida -me dijo-, pero, a la vez, también estaba despierta.Me resulta muy complicado des-cribir mi estado de conciencia.Vi un hermoso ángel sentado a los pies de mi cama.Me preguntó: «¿Por qué estás tan triste?»Le dije que había cometido un error al tomar la decisión de vivir en ese momento. No era lo que quería y el dolor era demasiado intenso. El ángel contestó:«No hay razón para que sien-tas tanta desesperación. He venido a decirte que mañana conocerás a tu hijo. » Lo miré y le dije: «Eso es imposible.» Pero el ángel dijo: «¿Ah sí? No has cometido un error al aceptar esta vida.Y tu pasión por ser madre no te fue concedida para causarte tanto dolor.Tu acuerdo está destinado a cumplirse de una forma distinta a la que esperabas, eso es todo.»

Luego el ángel le dijo que volviera a dormirse.

Al día siguiente,Maureen se sentía «como en un sueño» y,al despertar no recordaba lo que había soña-do. No estaba segura de lo que había ocurrido, pero sentía que algo había cambiado.

El teléfono sonó a las 10 de la mañana. Una amiga mía llamada Laura, con quien no hablaba desde hacía mucho tiempo, me llamó para decirme que dirigía un centro de adopciones. No tuve las fuerzas para contarle todo lo que había pasado,sino que escuché cómo me contaba que,para ella, su trabajo era satisfactorio y descorazonador «Por ejemplo -dijo mi amiga-, ahora estamos buscando un hogar para un bebé encantador cuya madre no quiere saber nada de él.»

Sin pensarlo ni un instante, Maureen contestó: «¡Me lo quedaré yo! Debe estar conmigo, es mi hijo.» Laura hizo una pausa y dijo: «Está bien, empecemos con el papeleo. Éste debía de ser el motivo por el que he pensado en llamarte.»

Entonces, el sueño me vino a la mente -dijo Maureen-. No había sido un sueño. Mi ángel se había presentado durante la noche para transmitirme el mensaje de que estaba a punto de tener un bebé. Pero yo no tenía ni idea de que estaba embarazada.

Sin duda alguna, estamos rodeados por nuestros ángeles; seres invisibles de luz que nos guían a través de los misterios de la vida. Maureen tenía un contrato para ser madre, y al llegar el momento apropiado, se produjo el «alumbramiento».

Las culturas antiguas creían que los mensajes angelicales provenían de una fuente suprema: Dios o las divinidades,conocidos por ser los transmisores de advertencias y ruegos.Varias culturas se crearon,en par-te, siguiendo el modelo de su creencia en un sistema de orden cósmico impuesto por una deidad. En su universo, los individuos debían servir a la voluntad de ese dios, o someterse a su vigilancia. Los arios que invadieron la India e impusieron la religión védica (precursora del hinduismo) en el valle del Indo,alrede-dor del 2º milenio a. C, llamaban Mitra a su dios del orden. En Persia, que fuè invadida por otros grupos de arios, esa misma deidad recibía el nombre de Mithra.Varios siglos después, los antiguos romanos la llamaron Mitras. Las 3 concepciones de esta fuerza divina tenían en común la creencia de que todos los humanos poseían un contrato con el Cielo y que estaban obligados a acatarlo.En su libro Mithras, Cooper comenta que el contrato ofrecido por el Mitra ario no se establecía entre partes iguales, aunque Mitra era un dios justo. Ambas partes debían cumplir con ciertas obligaciones. «Mitra supervisaba los asuntos de sus devotos. Hacía que la justicia les fuera favorable. A cambio, sus devotos teñían que ser justos al nego-ciar con otras personas. Así Mitra se convirtió en "el dios de los contratos" [...},»*

Según el Rig Veda,el texto sagrado más antiguo de la India,Mitra (cuyo nombre proviene de un término indoeuropeo que se traduce por «amigo» y por «contrato») era un dios justo que cuidaba de sus devotos. Sin embargo, como Señor de la Justicia, Mitra establecía castigos y recompensas y, por ello, esperaba que las personas realizaran todas las tareas que les habían sido asignadas de forma honorable. Ya que Mitra vigilaba las actividades de toda la humanidad,también era conocido como el dios de los 10 mil ojos,capaz de observar y de oír desde su lugar en el cielo cualquier acción imaginable, desde las conversaciones de los rincones apartados hasta la participación én masa en rituales sociales. Mitra estaba en todas partes, era un recuerdo constante para sus devotos de la necesidad de actuar y vivir según los preceptos de los dioses. Por todo ello,Mitra no era un dios amenazador,sino un dios cuyo poder se invertía en la creación de orden y equilibrio. Aunque castigaba a los malhechores, también tenía la capacidad de perdonar a los humanos arrepentidos, tal vez (junto con Yahvé), Mitra fuera el primer dios que premiaba la penitencia.

En la cultura persa, Mithra también vigila el cumplimiento de los contratos de la humanidad. En un yasht o canción religiosa,dedicada a Mithra de las escrituras del zoroastrismo,conocidas con el nombre de Avesta, se hace referencia a Mithra como «aquel que pide cuentas». Al igual que Mitra, Mithra era consi-derado un dios moral que juzgaba los contratos establecidos entre individuos, y entre naciones. Mithra castigaba a los que violaban sus acuerdos, a los que no cumplían con sus obligaciones y a los que vivían de forma inmoral. Sus castigos incluían todo tipo de condenas,desde la maldición de una enfermedad has-ta la muerte por herida de arma. Mithra favorecía al gobierno bien organizado y justo, y actuaba de forma destructiva contra los poderosos que dañaban a su pueblo. Mithra también juzgaba con mano de hierro a los que el pueblo no podía juzgar: sus reyes y otros gobernantes nobles. No había hombre que escapara a su cólera. Mithra era el que establecía la verdad como ser supremo entre sus devotos.

Los antiguos indios, persas, griegos y romanos no eran los únicos pueblos que creían que los dioses vigilaban a los humanos, les pedían cuentas y controlaban su destino. Por ejemplo, una de las principales deidades de la mitología nórdica es Var, diosa de los contratos y los acuerdos matrimoniales. Se dice que Var escucha los votos y pactos hechos entre hombres y mujeres,y deja caer su venganza sobre quienes los incumplen. En la región centroamericana, casi a finales del 2º milenio, los toltecas y los aztecas adoraban al dios Tezcadipoca.Asociado con la destrucción (como las conocidas deidades indias Shiva y Kali), Tez-catlipoca gobernaba el cielo nocturno, la luna y las estrellas. Presidía la bóveda celeste, como llamaban los aztecas a la constelación de Géminis, donde'los dioses practicaban un juego para determinar el destino de la humanidad.* Tezcatlipoca también era la deidad protectora de los esclavos y castigaba a cualquiera que los dañara. Su nombre significa «espejo humeante», y como señor de la magia negra, a menudo se le representaba con una raya negra que le cruzaba la cara de lado a lado o con un espejo negro de obsidiana o amatista sobre el pecho, donde se reflejaban todos los pensamientos y acciones de la humanidad.

Basándonos en datos históricos sobre Mitra/Mithra, no podemos inferir la forma en que esos pueblos reconocían sus contratos vitales o cómo éstos se revelaban ante ellos. Tal vez esos contratos obligaban a las personas de una determinada clase o, tal vez, un contrato era ideado como una forma de participación en un largo misterio vital que se desvelaba poco a poco. Tampoco existe alguna prueba clara de que esos pueblos creyeran que sus contratos habían sido establecidos antes de su nacimiento, o que tuvieran alguna participación o libertad en la elección de su misión en la vida.Para encontrar los primeros datos documen-tados sobre este tema, tenemos que remontarnos a la Grecia del siglo iv a. C.

En el Libro X de La República,Platón hace una descripción colorista y detallada de los primeros pasos que un alma debe dar antes de encarnar en la Tierra.Algunos creen que Platón se limitó a usar el conocido mito de Er, con el que concluye La República, como metáfora poética para argumentar su reflexión sobre la vida virtuosa. Aun así, el mito guarda una gran semejanza con las declaraciones de personas de nuestro tiempo que han tenido experiencias cercanas a la muerte o que han vivido experiencias espirituales incor-póreas que, según creen, han tenido lugar antes de su nacimiento.

El Er de la narración de Platón era un soldado griego que recobró la conciencia 12 días después de haber muerto, supuestamente, en el campo de batalla. Er se despierta en su pira funeraria (una escena que recuerda los relatos de Edgar Allan Poe) y cuenta una sorprendente historia sobre lo que presenció durante el tiempo que estuvo suspendido entre la vida y la muerte.Tal como Platón relata la historia, por boca de Sócrates, Er se encontraba en una especie de estación de paso entre el Cielo y la Tierra, donde las almas pasaban de un plano al otro: los muertos esperaban a ser juzgados, o a recibir su recompensa o castigo, mientras otras almas se preparaban para emprender su viaje a la Tierra. En una gran pradera, las almas que esperaban regresar a la Tierra se presentaban ante las 3 Parcas: Cloto, que hacía girar el huso de la vida; Láquesis, que determinaba la longitud del hilo, y Atropo, que lo cortaba. Platón escribió:

Cuando Er y los espíritus llegaron, su tarea era presentarse de inmediato ante Láquesis;pero antes, un profeta los dispuso en orden y a continuación tomó del regazo de Láquesis montones de lotes y mo-delos de vida, y luego de haber subido a un elevado pulpito, habló como sigue: «Escuchad la palabra de Láquesis, hija de la Necesidad. Almas mortales, contemplad un nuevo ciclo de vida y mortalidad. No será el hado quien os elija, sino que vosotras escogeréis vuestro hado, y permitid que aquel que sostenga el primer destino sea el que elija en primer lugar, y la vida que escoja será su sino.»

Después de que el profeta hace su anuncio, presenta diversas vidas a las almas que esperan encarnarse y les aconseja que escojan entre esos «modelos de vida». Platón nos informa que «había muchas más vidas que almas, y eran de todas clases. Había vidas de bestias y hombres de toda condición», incluidas las vidas de los tiranos.

[Y] había vidas de hombres famosos, los unos por su apostura y su belleza, así como por su fuerza y su éxito en los juegos, y los otros por su cuna y las cualidades de sus antepasados, y algunos eran lo contrario de la fama por sus cualidades antónimas.Y había mujeres de iguales características. Pero, no había ningún carácter definido, porque el alma, al escoger una nueva vida,debía convertirse necesaria-mente en alguien diferente.Y había todo tipo de cualidades,y todas se entremezclaban entre sí,también con elementos de riqueza y pobreza, de enfermedad y salud,y también había estados de maldad.*

Platón deja claro que mientras los que escogen su destino en la vida son las nuevas almas acuñadas por el Cielo, muchos otros han vivido antes, y sus decisiones reciben la influencia de una vida anterior. Por ejemplo, Odiseo se sintió tan desilusionado por la ambición de su interminable lucha que escogió la vida de «un hombre anónimo sin preocupaciones».

El psicólogo junguiano James Hillman nos ofrece un convincente resumen sobre la última parte de la historia de Platón en su libro The Soul's Code: In Search of Character and Calling:

Cuando las almas han escogido su vida según su destino se presentan ante Láquesis (lacos: parte o porción atribuida del destino). Ella envía con cada una, como el guardián de su vida y realizador de su elección, el hado (daemon) que habían escogido [...]. Láquesis transporta al alma hasta la 2ª de las 3 personificaciones del destino, Cloto (doto: girar mientras se hila).Bajo su mano y bajo el giro del huso movido por ella se ratifica el destino del modelo escogido. A continuación, el hado (daemon) vuelve a llevar al alma al hilado de Atropo (atropo: inflexible) para convertir la trama de su destino en algo irreversible.Y, desde allí, sin que pueda volverse, el alma pasa por debajo del trono de la Necesidad, en ocasiones traducido como «el regazo de Necesidad».'"'

Pero, antes de iniciar la vida en el plano terrestre, las almas se dirigían al campo del Olvido, una tierra baldía sin árboles ni vegetación, y luego debían beber del río de la Despreocupación. En el momento que bebían, olvidaban todo lo que acababa de suceder. La razón por la que los dioses nos piden que hagamos esto es evidente: si sabes de antemano lo que te va a ocurrir en la vida,vivirla sería tan emocionante como ver la repetición del desfile del día de San Patricio del año pasado.¿Cómo iniciar una relación con alguien que sabes que te mentirá y te maltratará, aunque necesites aprender una valiosa lección de esa persona? ¿Cómo podrías soportar el paso de los días, sabiendo cuándo morirán tus seres queridos?

El problema de vivir con algún conocimiento previo de los dilemas que se te plantearán en el futuro fue algo que tuve que plantearme durante una consulta privada que realicé con un hombre llamado Paul, que se encontraba en un profundo estado de depresión.Mientras realizaba la lectura de la «ficha»energética de Paul -la información codificada en sus centros energéticos, o chakras- me sorprendió su falta de sentido convencional de la historia vital que suele estar presente en todas las personas a las que leo.En su lugar, la información que captaba era bastante imprecisa, lo cual me obliga a emitir juicios frustrantes -para mí- como «te sientes como si no pudieras tomar decisiones en la vida y comprometerte con ellas», o «parece que cuando estás a punto de iniciar algo, lo dejas pasar». Paul no poseía la sustancia que detecto en las personas que han acumulado experiencias vitales y «memoria celular». En cierto sentido, estaba psicoló-gicamente vacío; por eso,resultaba imposible darle cualquier tipo de información directa.La única imagen semiconcreta que me transmitía Paul eran conversaciones con otras personas, pero no lograba relacionar esas interacciones con su depresión.

* James Hillman: The Soul's Code: In Search of Cluiracter and Calling.
Tras confesar mi frustración a Paul, él se abrió a mí y me dijo que, en realidad, una de las imágenes le resultaba bastante familiar, ya que le había hecho evocar ciertos recuerdos que le angustiaban desde hacía tiempo. Paul recordaba una serie de incidentes que habían tenido lugar antes de su «descenso» a la vida física. Cuando le pedí que fuera más específico, me sorprendió al decir que las «personas» con las que le había visto hablar eran, en realidad, 2 «seres de luz» a quienes recordaba con toda claridad ayudándole a escoger los elementos de su vida antes de nacer.Como en la historia de Er narrada por Platón,a Paul le ha-bían presentado una serie de opciones, y le habían pedido que conformara su misión vital de acuerdo a los acontecimientos e influencias de sus vidas anteriores,y con las obligaciones que tenía que cumplir para ayudar a otros en su desarrollo espiritual, con la finalidad de saldar sus deudas, y con una serie de nuevas experiencias que se le permitía seleccionar.Todos los acontecimientos y relaciones que escogió,con ayuda de sus consejeros espirituales, se entrecruzaban en una gran senda. Los seres habían sido muy específicos en referencia a determinados acontecimientos en los que debía participar, y añadieron que ellos se encar-garían de los detalles para que pudiera experimentarlos. Paul sintió que había entrado a formar parte de una especie de «grupo de autoayuda» -una versión celestial de A.A., o Arquetipos Anónimos- similar a los modelos arquetípicos que yo acababa de empezar a descubrir en mis seminarios y lecturas.

Aunque Paul afirmó que le habían explicado y presentado de forma organizada numerosos detalles, no lograba recordarlos en su totalidad. Pero recordaba,que le habían dado opciones sobre acontecimientos en los que debería «participar»,y le dijeron que por su contrato estaba obligado a aprender a ser tolerante,por encima de cualquier otra cualidad del alma. También le preguntaron de qué forma quería recibir su apren-dizaje, y le ofrecieron 3 opciones. Tras escoger una de ellas, se dio cuenta que, pese a los planes predeter-minados, aún existían «espacios creativos» en blanco que serían rellenados por las decisiones que tomara en la vida. Era un proceso muy parecido a la elección de las asignaturas universitarias: elegir una materia troncal, realizar los cursos obligatorios y escoger un par de asignaturas optativas para pasarlo bien.

Sin embargo* y por desgracia, Paul no se lo estaba pasando muy bien. Lo único que recordaba con certeza era que, antes de descender del plano energético de la vida al plano físico, le pidieron que bebiera de un río parecido al río platónico de la Despreocupación. Pero, como Paul no quería olvidar todo lo que había ocurrido, decidió no beber de esas aguas. Según sus propias palabras: «Salté el río y penetré en una franja de luz» que le llevó directamente al seno de su madre. Al parecer, su decisión de desobedecer las indicaciones que le habían dado tuvo horribles consecuencias. Debido a su memoria más prolongada que la vida, jamás se había sentido ligado a la Tierra y, en consecuencia, no podía sentirse bien en el mundo real, donde tenía problemas para hacer cualquier cosa, por miedo a que alguna parte de su ser supiera de antemano que no iba a salir bien.

«Al negarme a olvidar, renuncié al poder de decisión -dijo Paul-. Me asfixia el sentimiento de que no tengo control sobre ningún aspecto de mi existencia. Debería haber accedido a olvidar porque así habría podido tomar decisiones en la vida.»

Paul creía que estaba destinado a vivir la primera vida que viò, que aunque tenemos «lugares a los que ir y promesas que cumplir», debemos decidir cómo se manifestarán nuestros desafíos y oportunidades. Por ejemplo, puede ocurrir que tengas que vivir una experiencia determinada -como el que te denieguen un ascenso-para que descubras lo que en realidad necesitas hacer.Pero si sabes antes de aceptar un trabajo que acabarás en un callejón sin salida,es muy difícil que optes a ocupar ese puesto. Por tanto, no tendrás esa clase de revelación interior que sólo puede darse cuando te encuentras entre la espada y la pared. Paul se sentía paralizado por culpa de la inmovilidad provocada por la constante sensación de que sabía lo que le iba a ocurrir en cada situación.

Aunque la historia de Paul era muy extraña,le sugerí que intentara tener fe en que conservaba la capaci-dad de decisión, pero estaba tan obsesionado con sus increíbles recuerdos que era incapaz de reconocerlo, ya que nadie puede ser privado del poder de decisión. Tuviera o no esos recuerdos, Paul podría haberlos usado como excusa para no vivir la vida con todas sus consecuencias -como una incapacidad metafórica para tomar decisiones-, y eso basta para deprimir a cualquiera. Pero, los paralelismos con la historia de Platón resultaban intrigantes.

Sin importar que analicemos las fascinantes historias de Platón y Paul como si fueran una crónica, un mito o una metáfora, podemos extraer de ellas un par de lecciones muy valiosas. Platón deja claro que la elección de nuestro «destino en la vida» es un esfuerzo que realizamos en colaboración con lo Divino. A través de una serie de consejeros o mensajeros, incluidos el «profeta», las 3 Parcas y nuestro daemon per-sonal (una especie de espíritu guardián), lo Divino nos ofrece una selección de vidas posibles. Cada vida variará según su naturaleza y duración, pero de nosotros depende escoger las condiciones individuales y sus desafíos. Nuestro estatus social y económico en la vida, la apariencia física, la salud y la predisposi-ción genética forman parte de ese lote. Incluso, según parece, tenemos la opción de escoger «estados de maldad», incluida una vida de egoísmo y megalomanía.

No obstante, la clave del mito,así como la de la metáfora,es que esas «vidas» potenciales son modelos sin un «carácter definido».Cada uno de nosotros aporta el carácter específico al interactuar con las vidas y desafíos que hemos contratado. Por tanto, en el esquema platónico, la libertad de decisión es un proceso continuo que empieza en el momento en que escogemos las condiciones de nuestra vida y se prolonga hasta nuestra última acción en la Tierra. Tenemos control de nuestro destino. «La virtud es libre -escribió Platón-, y cuando un hombre la honra o la deshonra la tiene en mayor o menor medida; la responsabilidad es del que elige. Dios está justificado.»

La libertad puede parecer desalentadora, como si el hombre estuviera «condenado a ser libre», tal como dice Jean-Paul Sartre en uno de sus libros. Incluso, aunque aceptemos el principio de la gracia y la orientación divinas, tendremos que seguir un mapa de carreteras determinado, una especie de guía para cumplir nuestro contrato. En mi opinión, podemos encontrar ese mapa, en parte, mediante el estudio de las vidas de algunos de los grandes maestros espirituales del mundo, quienes, pese a su elevado nivel de conciencia, pisaron la misma tierra que nosotros y se enfrentaron a las mismas dudas y temores.
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