Comité de seleccióN




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IV. EL DIAMANTE


DONAZIADA dijo:

—¡Hermana mía!, te ruego que nos cuentes la historia de los tres príncipes y el brujo transformado en alcornoque.

Y Scherezada repuso:

—¡De todo corazón y como debido homenaje! Pero no sé si lo consentirá el rey.

El rey se apresuró a decir:

—Puedes contarla.

Voy a contarte ¡Oh mi señor!, lo que he llegado a saber gracias a un brujo que, mediante la observación de los astros, podía predecir el porvenir... pero que tuvo la osadía de decirle a su monarca que la hermosa gema que adornaba su turbante era simplemente un trozo de carbón.

Hace muchos años el califa de un país lejano decidió festejar, como no se había hecho nunca, los 50 años de su mandato. Era ya un hombre mayor que lucía barba blanca y larga. Para celebrar tan significada fecha, este soberano, que había sido un señor poderoso y justo, pero que además era fatuo, quiso que sus hijos le regalaran un diamante: tan grande o más que el mayor que existiera. Quería mandar hacer con él un broche para su turbante y poder colocar allí tres plumas de pavo real. Los cortesanos supieron leer entre líneas y comprendieron que el monarca no se conformaría solamente con un diamante grande, sino que tenía que ser el diamante más grande del mundo. En efecto, a todas las castas les gustan los diamantes, pero entre más alto es el rango, mayor y más resplandeciente debe ser la gema. Siendo el califa poderoso entre los poderosos, debía poseer el diamante más grande del mundo.

La corte se dividió en grupos rivales alrededor de los tres hijos del califa. Con el hijo mayor se aliaron el gran visir y los políticos; alrededor del hijo siguiente se juntaron el eunuco mayor y todos los cortesanos; pero con el hijo menor solo se unió el brujo.

El equipo encabezado por el gran visir y el hijo mayor no perdió un segundo y salió en busca del Cullinan, que así se llama el diamante más grande descubierto. Pesa 621.2 gramos, o sea 3 106 quilates (1 quilate es = a 0.2 g) y fue encontrado en 1905. Además montaron el proyecto de conseguir el Excélsior, que pesa 194 gramos, o sea 970 quilates. "Quién quita y no nos dan el Cullinan o qué tal si se nos pierde en el camino de regreso. Más vale estar preparado", reflexionaba siempre el gran visir.

Para no competir con el visir en una empresa tan difícil y que les pareció fracasada desde el inicio, los cortesanos y el eunuco mayor, junto con el segundo hijo del califa, decidieron dividirse: unos organizaron una expedición a Brasil y el resto se dirigió a Africa. En efecto, después de consultar la enciclopedia se enteraron de que los diamantes se conocían en la India y en Borneo, desde tiempos prehistóricos.

Sin embargo, estos diamantes nada tenían que ver con los que conocemos actualmente. Casi nunca se engarzaban o se pulían. Se les apreciaba más bien por sus poderes. Y no fue sino hasta fines del siglo XVII, cuando el lapidario italiano Vicenzo Peruzzi cortó el primero, que se conoció como piedra preciosa en todo su esplendor.

Al principio las palabras "adamas", "adamante" y "diamante" (en latín adamantinus significa "indomable", "duro"), se usaron para designar a los minerales transparentes y duros como el diamante, el corindón, el topacio o el cuarzo. Plinio el joven describió la forma geométrica de seis variedades de adamas, una de las cuales es, obviamente, el mineral que hoy conocemos como diamante.

También se enteraron de que los cristales octaédricos son los que distinguen a las mejores calidades de diamante de Sierra Leona, Ghana, Angola y la República del Congo. Los cristales en forma de dodecaedro, en cambio, son propios de Brasil. Los dodecaédricos y los octaédricos, predominando los primeros, son los más frecuentes en el Distrito de Kimberley, Australia. En el suroeste de Africa, en Tanzania, la forma de los diamantes es irregular.

Ante tanta actividad, el brujo, en cambio, se arrellanó en los almohadones del gran salón y no salió. Sólo le dijo al hijo más joven del califa, a gritos, para que todos lo oyeran:

—¡A los diamantes se les aprecia por su brillo y transparencia!. Los diamantes son de color y aspecto variables. Los hay con tonos amarillentos, pardos o grises, pero los más finos son transparentes e incoloros. ¡Cuando encontréis lo que buscáis vuestro regreso será más fácil, pues se dice que los diamantes dotan de invulnerabilidad ante el peligro a quien los porta!

Y muy en secreto, le dijo al joven príncipe:

—¡Nosotros, en vez de buscar un diamante lo vamos a hacer!

Haremos un diamante tan perfecto como la virtud misma.

El príncipe atónito y perplejo, pensó para sí:

—¡Me he quedado peor que solo, me acompaña un demente!

Pero de todas maneras se atrevió a susurrar de mal modo:

—¿Y cómo lo vas a lograr?

—Príncipe, príncipe, si estudiaras; si te interesaras más en las ciencias en vez de en las odaliscas, sabrías que cuando los átomos de carbono están muy próximos unos de otros, de tal manera que cada uno de ellos se encuentra rodeado por sólo cuatro átomos y cada uno de éstos a su vez por otros cuatro, a lo largo, a lo ancho, y a lo alto, se crea una densidad tan alta que se forma el cuerpo conocido más duro de la naturaleza: el diamante. El diamante es la única piedra que está compuesta por un solo elemento: el carbono. Se le ha asignado el 10 en la escala de Mohs, que caracteriza la dureza —el 9 le corresponde al corindón, en seguida, después del diamante, aunque en realidad éste sea muchas veces más duro que aquél—. Ningún ácido puede destruir este sólido. Tiene una densidad muy alta, debida a su apretada estructura atómica.. Su peso específico es 3.52 y los 3 700ºC marcan su punto de fusión, dos veces y medio más alto que el del acero. Es decir, que semejante sólido es capaz de desgastar cualquier otro compuesto o material existente sobre la faz de la Tierra, y que solamente él se puede cortar a sí mismo: nada ni nadie puede destruirlo. Bueno, miento. Ciertos planos y ciertas direcciones cristalográficas en la superficie son más frecuentes que otros y, por lo tanto, hay una mayor concentración de ciertos enlaces. Así varía la dureza con la dirección. Los cristales de diamante sólo se pueden cortar con polvo de diamante cuando las direcciones más débiles del cristal de diamante se le presentan a las partículas de polvo. En efecto, en la distribución al azar del polvo de diamante, algunos cristalitos presentarán las direcciones más duras frente al diamante que se va a cortar.

—A una temperatura de unos 900ºC en atmósfera de oxígeno —siguió diciendo el brujo— los diamantes se queman poco a poco y producen bióxido de carbono. A 1 000ºC, en atmósfera inerte, el diamante se transforma lentamente en grafito, y entre 1 700-1 800ºC la velocidad de transformación es muy rápida.

El brujo se ajustó el turbante y siguió:

—Bajo intenso bombardeo radiactivo los diamantes primero se vuelven verdes, luego cafés y, finalmente, negros. Si no se lleva demasiado lejos, el proceso se puede revertir calentando a blanco. Como lo mencioné antes, el diamante cristaliza en forma de octaedros, dodecaedros y cubos, las dos primeras formas son las más frecuentes. No es raro encontrar que dodecaedros o cubos han crecido sobre octaedros. Algunos cristales de Sierra Leona y de la República del Congo presentan las tres formas igualmente desarrolladas. Los cristales de mayor pureza a menudo son de forma irregular. Los de color ligeramente amarillo suelen tener las formas más perfectas. Cuando una forma crece sobre otra (fenómeno de gemelado) se asocia con pequeñas impurezas de materia obscura extraña. El gemelado es tan frecuente que los cortadores de diamante se refieren a los más comunes como "maclas". Las grandes áreas gemeladas se conocen como "bloques" y las más pequeñas como "nudos"...

En este momento de su perorata el brujo vio que el príncipe lloraba y calló discretamente, pues comprendió que el joven hijo del califa estaba desesperado.

—La verdad, brujo —dijo el príncipe que se había consolado mirando un pequeño anillo de brillantes que le había regalado una guapa cortesana— me pregunto ¿cómo es posible que un trozo negro y opaco de carbón, un trozo grasiento y gris de grafito y un reluciente y diáfano diamante sean formas distintas de un mismo elemento químico? Y, además, ¿cómo puede el carbono transformarse de sólido a gaseoso cuando se combina con el oxígeno? Eso parece magia, me parece enigmático y confuso, ¿no es verdad?

Y el sabio brujo le explicó:

—En la primera etapa de su existencia, el carbono está en los magmas fundidos en forma de aglomerados laminares o esféricos de grafito, que se encuentran a grandes profundidades y en masas derretidas. Sin embargo, en su mayor parte este carbono se combina con otros elementos formando gases volátiles que se escapan entre las fisuras de rocas solidificadas. Cuando el carbono se une al oxígeno, se forma el gas carbónico, que tiende a subir, a la superficie. —Recuerda, príncipe, que antiguamente en las regiones en donde existían volcanes, tanto en actividad como extinguidos, el gas carbónico escapaba con violencia a la atmósfera, ya fuese en forma de gas o combinándose con el agua. Así es como se forman las supuestas, aguas medicinales con burbujas.

El príncipe, intrigado, le interrogó:

—Tú, un día, me explicaste que hubo periodos en la historia de la corteza terrestre en los que se arrojaban a la atmósfera enormes cantidades de gas carbónico y que hubo periodos en los que la vegetación se desarrolló enormemente. ¿Qué significa lo anterior; en dónde quedó tanto gas carbónico?

—Calma, príncipe, tranquilo —musitó el brujo mordiéndose el bigote—. El gas carbónico tiene gran afinidad por el calcio y el magnesio, dando lugar a la formación de los carbonatos que es el material que forma las conchas y los caracoles del mar.

—¡No es posible! —se levantó indignado el Príncipe—. Estás mintiendo; me estás tomando el pelo.

—Trae tu collar de conchitas de mar respondió el brujo autoritariamente, y añadió: —Ordena que traigan la cesta de limones.

Convertido rápidamente en manso cordero, el príncipe le obedeció, mientras oía cantar a los gitanos:

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos,
yo nunca llegaré a Córdoba
Por el llano, por el viento,
Jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirandodesde las torres de Córdoba.

Cuando el príncipe regresó con su collar de conchas, ya el brujo había exprimido unos limones. Al ver a su alumno, el brujo le dijo:

—Separa una concha e introdúcela en el jugo y observa atentamente.

—Imagínate ¡Oh rey de mi alma! —dijo Scherezada abriendo una pausa en su narración—, el vuelco que sintió en su corazón el príncipe cuando vio una multitud de burbujas desprenderse del menjunje.

El brujo sonrió, mostrando su nacarada dentadura, y añadió:

—Estas burbujas que ves son el gas del que hablábamos. Es el anhídrido carbónico o bióxido de carbono, como también se le conoce.

Mientras todo esto ocurría, el grupo del gran visir y del hijo mayor se hundía en unas burbujas diferentes. Descubría en Londres que los joyeros ricos, cuando vendían un diamante del tamaño de un garbanzo o más, festejaban el trato, no con té como se tiene costumbre en oriente, sino con una bebida burbujeante llamada champaña. Tanto les gustó el brebaje a los integrantes de este grupo de aventureros que cualquier pretexto era bueno para comprar un diamante y así empinarse un par de copitas del burbujeante líquido. De hecho, aunque no lo supieran, por un lado estaban comprando carbono en forma de diamante, pero por otro se lo estaban bebiendo, pues en el champaña el gas que forma las burbujas es también anhídrido carbónico y contiene carbono.

Habían ido a dar a Londres; no por el champaña sino porque allí se encuentra la sede de la Organización Central de Ventas (CSO) de De Beers Consolidated Mines, Ltd, que controla cerca de 80% de la producción universal de diamantes a través de tres grupos; dos independientes que lo producen para joyería y uso industrial y un tercero que controla los contratos de compra venta con las minas que no controla directamente. La organización De Beers fija los precios en el mercado mundial, así como las normas de control de calidad y el 20% restante de la producción, que no está en sus manos, se rige también por ellas.

En total, son unos 150 individuos y compañías quienes manejan el mercado de los diamantes., Así los precios se mantienen siempre estables, pues si la demanda disminuye la CSO guarda el excedente para tiempos mejores.

Poco a poco los integrantes de la comitiva del hermano mayor fueron adquiriendo diamantes y diamantes, supuestamente para cada una de las mujeres de su harem, aunque en realidad era para volver a probar el exquisito y espumoso vino. No se habían percatado de que el champaña se puede comprar en las tiendas y de que vale bastante menos que un diamante. Cuando lo descubrieron era ya demasiado tarde, pues, cuando finalmente uno de los enormes brillantes del mundo salió a subasta, por muchos esfuerzos que hicieron no pudieron ofrecer más de lo que pagó Richard Burton. El actor se quedó con la piedra y se la regaló a su mujer, la actriz Liz Taylor.

El hijo mayor del gran califa, que se había educado en la famosa universidad de El Cairo, al Azhar; creyó pertinente ir a felicitar a su contrincante. Así que se acercó al actor y le dijo en perfecto inglés:

—Lo felicito, señor Burton, no cualquiera me vence. Aunque quizás debiera decir que quien me venció fue el champaña. Se lleva usted una joya que hubiese hecho de mí el heredero del califato.

El actor lo miró de reojo y, al comprobar, por el séquito y las vestimentas del oriental, que realmente se trataba de un príncipe, le hizo una reverencia que había aprendido cuando actuó en Macbeth. Después de un incómodo silencio atinó a decir, tratando de ser amable:

—El diamante es precioso; pero al menos, ya que la fortuna le ha sido adversa, acérquese a tocarlo.

El príncipe le puso el dedo encima y, como se lo imaginaba, la superficie estaba fría. Entonces respondió a Burton:

—Frótelo usted contra su manga y observará que fosforece y que se electriza. Por eso atraerá hacia sí cuerpos cargados, eso me lo enseñó un sabio de la corte de mi padre.

El actor lo hizo y asombrado verificó que cuanto le decía el príncipe era verdad. Muy contento partió a explicarle a su mujer lo que acababa de aprender. En cambio, el príncipe, cabizbajo y derrotado, emprendió el camino de regreso a su lejano país, cargado de pequeños diamantes que representaban, para él, otras tantas copas de champaña. Sin embargo, a fuerza de convivir con los joyeros había aprendido mucho. Se enteró de que los diamantes se califican según el número de defectos que contienen, mientras menos, mejor. Los defectos pueden ser; por ejemplo, manchas de carbono no cristalizados o de carbono con forma de grafito que impidan el libre paso de la luz. Uno puede reconocer estas pequeñas fallas al mirar la piedra con una lupa de unos 10 aumentos. La presencia eventual de impurezas en la piedra le da al diamante coloraciones suaves o intensas, que pueden disminuir o aumentar su valor como gema. Recordaba bien cómo uno de los joyeros lo desconcertó al preguntarle: "¿Bueno, a qué se debe que los diamantes sean tan bellos, a qué se debe que nos gusten tanto?" El príncipe sólo atinó a responder: "A que brillan." El joyero, entonces, supo explicarle que se debe, ante todo, a su gran capacidad refractiva —cuyo índice es igual a 2.42 para la luz ordinaria— que le da su extraordinaria brillantez al cortarse y pulirse adecuadamente. "El diamante, le dijo, tiene una dispersión muy alta —su índice de refracción para la luz roja es de 2.407 y para la luz violeta de 2.66—, lo cual lo provee de su 'fuego', debido a la separación de la luz blanca en los colores del espectro, conforme atraviesa la piedra." A decir verdad —continuó—, el brillo y la belleza de los diamantes sólo se aprecian en todo su esplendor, en las piedras talladas. No fue sino hasta fines del siglo XV cuando Ludwig Van Berquem perfeccionó un método para tallar los diamantes, que aún se usa en nuestros días y que permite un labrado preciso y simétrico de las facetas. Se trata de una rueda de hierro a la que se le unta una mezcla de aceite y de polvo de diamante.

Mientras tanto, el grupo del hijo siguiente, el que encabezaban también el gran eunuco y las odaliscas de la corte, viajaba en barcazas por los grandes ríos de Brasil. Iban cubiertos de lujosos damascos y sedas, así como de finos tules que les servían para protegerse de los mosquitos. Cuando se acercaban a la orilla para bajar a tierra, los indios amazónicos casi desnudos los rodeaban y se asombraban de que se pudiese andar por esos climas tan cubierto, aunque les hubiese encantado probarse al menos por un rato tanta ropa. "Diamantes, diamantes —repetían apenas hacían tierra los orientales—, diamantes, diamantes."

Pero invariablemente les ofrecían los diamantes llamados bort y otros calificados como carbonados, que rechazaban indignados.

El eunuco se sentía obligado a explicar todas las veces: "El diamante es una piedra de gran valor debido a su intenso brillo, un brillo que lastima los ojos y, por ende, se trata de una piedra preciosa que sólo se usa para joyas."

Hasta que un buscador de oro más atrevido que los demás lo contradijo: "Su alteza se equivoca. Hay variedades que se usan para otros fines, tomando en cuenta, no su brillo sino su alta dureza; recuerde que el diamante puede rayar cualquier otro material existente en nuestro planeta. Para ello se escogen los diamantes llamados bort y carbonado, como los que le estamos ofreciendo, con los que se puede cortar o moler el vidrio, la cerámica, etc. Son pequeños, son naturales, pero en la industria resultan muy útiles."

"Sepa su alteza que para extraer un diamante hay que mover 14 millones de veces el equivalente de su peso en rocas. Los trituradores despedazan las rocas en dos etapas, la primera, las deja como de una pulgada y media para liberar los diamantes grandes si los hay. Después en la segunda etapa, la roca se vuelve a triturar para liberar los pequeños.

"Las rocas, entonces, se lavan para librarlas de arcillas y, luego, según su tamaño, se siguen dos caminos distintos. El material grueso se hunde en un fluido denso que hace que sólo la roca más grande se vaya al fondo. Posteriormente, un tratamiento del mismo tipo, usando un fluido todavía más denso, aísla los diamantes. El material fino, en cambio —arcilla, grava y arena—, se coloca sobre un gran colador, encima de una cama de cristal de roca. Se sacude y los diamantes caen al fondo. Finalmente los diamantes se recogen a mano y se limpian para, después, seleccionar los que se destinarán a la joyería o al uso industrial.

"'¡Imagínate el uso industrial!. Piedras tan preciosas y finas rebajadas a usos tan corrientes —protestó, indignado el eunuco—. ¡Bárbaros! Estoy harto de esta expedición y regreso a la corte, quien quiera que me siga."

Y quisieron todos, pues estaban agotados de viajar en condiciones tan incómodas. Así que, con las manos vacías, se presentaron en la corte del gran califa. Lo mismo hicieron los que habían ido al Africa. Ni los que fueron al Brasil, ni los que fueron al Africa podían siquiera hablar del champaña, pues aunque alguno hubiese probado la cachaza no se atrevió a contarlo.

Mientras tanto, los buscadores de oro cantan cuando mueven, a ritmo de samba, las arenas de los ríos, pues saben que para uso industrial los diamantes son muy empleados. La variedad industrial representa de 75 a 85% de la producción total en peso, pero, por su precio, solamente representa de un 25% a un 35% del valor total del mercado de diamantes.

Según su forma y tamaño, las piedras de diamantes se usan de distinta forma en la industria: para afilar cuchillos, en instrumentos de medida, en agujas de tocadiscos, en pruebas de dureza, en cortadores de vidrio o para cortar el diamante de joyería.

Los diamantes llamados bort, negros, sólo se usan en la industria. Son de forma y tamaño mal definidos; generalmente se rompen o se muelen para convertirlos en polvo, que se emplea para cortar, moler o pulir. El diamante ballas es casi redondo y, después de resquebrajarse, se usa para recubrir ruedas abrasivas. El carbonado, casi exclusivo de Brasil, no tiene la apariencia de un cristal como los otros.

Entre las industrias que primero hicieron uso del diamante destacan las del vidrio y de la óptica, que lo usan para pulir y cortar lentes y espejos. La industria petrolera lo emplea para perforar pozos de gas y de crudo. Los dentistas y los médicos lo usan también como instrumento para cortar y taladrar huesos o tejidos. También está presente en la industria automotriz como abrasivo. Pero volvamos al joven príncipe deseoso de entrar en acción y al verborreico brujo que por fin dijo:

—Príncipe, sigue mis instrucciones y obtendrás un diamante artificial. Coloca un trozo de grafito, ya sea en bloque o en polvo, entre unas láminas metálicas (bueno, también puedes usar grafito en polvo junto con hierro, u otro metal en polvo) y somételo a presiones y temperaturas tan elevadas como las que existen en el interior del planeta. Hacen falta aparatos altamente resistentes. Después de someter, el grafito a tan drásticas condiciones lo dejas enfriar y en lugar de encontrarte con un producto negro como el grafito debe haber pequeños diamantes incrustados en el metal fundido, tal y como lo predice el diagrama, de fases (Figura 9). Para separarlos hay que echar mano de ácidos mucho más fuertes que el jugo de los limones de tus huertos. Así se disolverán los metales. Los primeros diamantes sintéticos obtenidos fueron tan pequeños como pata de mosca.

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Figura 9. Diagrama de fases del carbono.

Y mientas el príncipe trabajaba construyendo los aparatos necesarios, el brujo seguía hablando:

—Veamos, príncipe. No te van a quedar muy grandes, pero algo se podrá hacer con ellos. Lo primero es tallarlos y eso se lleva a cabo según cinco pasos fundamentales: la marcación, la exfoliación, el aserrado, el desbastado y finalmente el pulido. Tiene que ser un experto el que lleve a cabo la marcación, pues en esta etapa se determina cómo debe cortarse la piedra para que rinda el valor máximo. En esta etapa se decide la forma que tendrá: de brillante (ojo: el brillante es sólo una forma de cortar el diamante), de pera, de esmeralda o de marquesa, tomando en cuenta la conformación de la piedra en bruto y el número y localización de los defectos (Figura l0). Debido a su estructura atómica, el diamante puede partirse en cuatro direcciones, siguiendo la forma del octaedro. Tomada la decisión de cómo cortar; el planeador "marca" con tinta exactamente donde se realizarán los cortes.

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Figura 10. Cortes del diamante (a) y (b) comparados con el diamante en estado natural.

Y el brujo siguió su sabia disertación.

—Si el planeador o marcador decide exfoliar la piedra, se la pasa al exfoliador. Los diamantes de mayor tamaño se cortan en pedazos para, después, "aserrarlos". El exfoliador hace una ranura o surco a lo largo de la línea sobre la que la piedra será cortada, usando otro diamante como herramienta. Después la piedra se monta en un soporte y se le inserta una cuña en la acanaladura. Se golpea con un mazo la cuña y el diamante se parte exactamente donde se marcó. Cuando la piedra es muy grande y valiosa, el exfoliado se convierte en un proceso crítico. Un error del marcador o del exfoliador rompería la piedra destruyendo su valor como gema. El corte más extraordinario jamás hecho fue en 1908 cuando J. Assher cortó el Cullinan de 3 106 quilates, el más grande que se haya encontrado. [En la figura 11 se muestran algunos de los brillantes de mayor tamaño del mundo]. El "aserradero" es el siguiente paso. La sierra es un disco de fósforo y bronce del grueso de una hoja de papel sujeta entre dos arandelas de acero que rotan en un eje horizontal a 4 300 rpm. El borde de la sierra se carga previamente con aceite y polvo de diamante, y durante el proceso se sigue recargando con el polvo resultante. El aserrado toma entre 4 y 8 horas. Para el desbastado el diamante se monta en el soporte del torno y, mientras gira, se corta con otro diamante fijo a un instrumento de madera. Poco a poco la piedra adquiere la forma de un cono.

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Figura 11. Entre los diamantes más famosos del mundo se encuentran: (fila superior) el Gran mogol que antes de tallarse pesaba 780 quilates, el Orlov que pesó 194 quilates, y el Regente de 137 quilates. En la fila inferior el Florentino de 140 quilates y el Koinor (186-106 quilates) según el tallado nuevo y el tallado antiguo.

Y remató así su perorata:

—El pulido es el último paso y es el que da al diamante su toque sublime. El primer facetador se especializa en hacer las 18 principales facetas del tallado "brillante"'. Después se manda el diamante al abrillantador que se encargará de las otras 40, si el diamante es el estándar de 58 facetas. La operación se realiza nuevamente con un plato giratorio de hierro fundido, cubierto de polvo de diamante. Como verás, oh príncipe y señor mío, el hombre toma los productos que la naturaleza le ofrece para transformarlos. Obtiene cosas tan valiosas como los diamantes, inventando chimeneas diamantíferas. Estoy convencido de que, algún día, el hombre logrará superar a esa misma naturaleza que tanto imita.

Y por fin llegó la celebración de los 50 años de reinado del califa. Ante toda la corte se presentaron los tres hijos con su regalo. Los políticos, los intrigantes y cuanto funcionario había aplaudió cuando el hijo mayor destapó su regalo.

—Es, padre mío, algo más sabroso que los diamantes —dijo— y sin embargo el gas que contiene también incluye átomos de carbono como el diamante.

Y, como si fuera la gran cosa, le ofreció a su padre una botella de champaña. Hubo un silencio de muerte en el gran salón y, poco a poco, los cuchicheos de "cómo se atreve, esto es un insulto", se fueron transformando en risitas. El califa, que además de califa era mago, por fin reaccionó y pronunció enfurecido tres fórmulas incomprensibles. Convirtió así a su hijo mayor en renacuajo. Exclamó después:

—¡En tu nueva condición aprenderás a apreciar los beneficios del agua!

Vino entonces el segundo hijo con su regalo. Fueron ahora los eunucos y las odaliscas así como todos los chismosos de la corte los que más aplaudieron.

—Queremos ver tu regalo, pues de seguro será el que más le guste al califa. Queremos ver tu regalo.

Después de lo sucedido con su hermano, el segundo hijo se acercó titubeante a su padre, y le enseñó lo que contenía una pequeña bolsa que llevaba atada al cinturón. El califa se puso rojo, rojo encendido, pero no pronunció palabra. Los partidarios de este príncipe no sabían si el rubor era de gusto o de ira, aunque poco tiempo duró su incertidumbre al oír a su favorito disculparse:

—Pero, padre, ¿qué te podía traer de Brasil? Sólo un trozo de, hule, pocas cosas hay más maravillosas, casi es un diamante, puesto que está compuesto de materia polimérica, son carbonos unidos a otros carbonos formando una red elástica. Quisiera yo saber quién de los presentes no usa una vez al día, al menos, algo que contenga hule!

El califa no quiso oír más y con el mismo gesto enérgico, pero echando mano de una fórmula distinta, transformó a su hijo en mantel de hule.

— Así apreciarás mejor las ventajas del hule —dijo con los ojos muy abiertos y la boca torcida—. ¡Que venga mi tercer hijo, a ver con qué me sale! Uno pretende emborracharme, el otro quiere ponerme una pelota en el turbante, espero que el más pequeño sea más sensato

El príncipe habría hecho el recorrido hasta el diván de su padre en silencio, de no ser por los aplausos del brujo.

—Padre, he aquí unos cuantos diamantes aunque no son lo grandes que yo hubiera deseado y que vuestra nobleza merece.

El califa miró la cajita y sonrió, pues estaba seguro de que había suficientes diamantes para que el joyero de la corte le hiciera un broche precioso para sujetar las tres plumas de pavo real que quería llevar en el desfile.

—Hijo, te nombro mi heredero, eres el único capacitado para cumplir cabalmente con una tarea de importancia. Pero antes, y para que sepas lo que es, quiero que trabajes, en lo que tú quieras, pero que trabajes para entender mejor a tus súbditos futuros.

El príncipe no lo dudó y de inmediato contestó:

—Padre, quiero ser cortador de diamantes.

El brujo, al oír la respuesta, en voz baja le susurró al eunuco mayor:

—Este príncipe, además de quedarse con el reino se va a hacer rico. ¡Como si uno no supiera que el oficio de cortador de diamantes es de los mejor pagados! Es un oficio que empezó en la India y se perfeccionó en Italia. Los países bajos (Holanda, Bélgica y Luxemburgo) han sido famosos por sus "talladores" que se encuentran sobre todo en Amberes y Amsterdam. Y, en los últimos años, también los talladores de Israel, la India, Sudáfrica, Estados Unidos e Inglaterra, se han destacado. Perdona, eunuco, pero ésta es la mía, tengo que intervenir.

Fue entonces que el brujo habló en voz alta. Se acercó al príncipe y a su padre, a toda prisa, y dijo, con la esperanza de sacar provecho de la aventura:

—Antes de tomar cualquier decisión escucha lo que he de decirte, oh gran y justo señor. Corno si fuera yo también hijo tuyo te he traído un regalo. Míralo. Seguramente te gustara más que el de este joven príncipe a quien yo mismo le enseñé a sintetizar diamantes, pues has de saber que esos diamantes que tanto te han gustado son sintéticos... Acércate y mira mi regalo, pues estoy convencido de que te va a entusiasmar. Está todo formado por átomos de carbono.

Y el brujo le entregó al califa un trozo enorme de grafito. Nada hubiera pasado si, cuando el califa soltó la carcajada, el brujo se hubiera callado. Pero no lo hizo, insistió, y trató de convencer al califa de que los brillantes del broche se volverían, con el tiempo, grafito , y de que lo uno y lo otro estaban constituidos sólo por átomos de carbono. Y pues, para eso, mejor era hacerse broches de grafito.

—Pero, y el brillo y los fuegos —rugió el califa—. Eres un alcornoque.

Y como lo hizo con sus hijos, transformó al brujo en un alcornoque, cuyas ramas salían por el salón de embajadores del palacio.

Y así termina la historia del brujo que acabó convertido en alcornoque. Pero ya despunta el alba, oh gran señor; y debo callarme antes de seguir con la historia del dibujante que se hizo rico.

GLOSARIO

carbonatos. Compuestos que resultan de la combinación del ácido carbónico H2 CO3 con los siguientes iones, Ca+2, Mg+2, Ba+2, Fe+3, Zr+2, Pb+2, Cu+2.

gas carbónico o bióxido de carbono. Molécula de gas formada por dos átomos de oxígeno y uno de carbono.

gemelado. Cristales que han crecido juntos.

refracción. Propiedad que tienen algunos cristales: cuando la luz los atraviesa, las imágenes se duplican.
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