Colección La Siringa




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fecha de publicación04.02.2016
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TABLAS DE SANGRE



Fueron escritas en Montevideo por un periodista llamado José Rivera Indarte, cordobés él y cuyo nombre adorna calles y teatros, y es el documento más serio sobre los crímenes de la "primera tiranía".

Transcribo de José María Rosa (Estudios históricos, Ed. Sudestada, 1967):

"La casa Lafone (firma inglesa dueña práctica de Mon­tevideo) se comprometió a pagarle a Rivera Indarte un peni­que por cada cadáver que atribuyese a Rosas. Rivera Indarte se buscó todo lo imaginable e hizo las Tablas de sangre, con 480 muertos. Cobró, en consecuencia, 480 peniques, dos libras justas".

Después agregó, parece que de yapa, un apéndice: "Es acción santa matar a Rosas". Allí el frenesí llegó a estos ex­tremos: "Su hija (Manuelita) ha presentado en plano a sus convidados, como manjar delicioso, las orejas saladas de un prisionero... Rosas ha acusado calumniosamente a su respe­table madre de adulterio... Ha ido hasta la fecha en que yacía moribundo su padre a insultarlo... Es culpable de torpe y escandaloso incesto con su hija Manuelita, a la que ha corrompido...".

El contenido de la yapa sirve, en su grosera inverosimi­litud, para juzgar del inventario de los finados. Lo que no quiere decir que Rosas no hiciera lo suyo, como lo hacían los unitarios que habían empezado con Dorrego. Y en un momento en que sus enemigos se aliaban con el extranjero y la situa­ción era de guerra internacional.

Después de la "segunda tiranía" no se han escrito Tablas de sangre. Es que en doce años no se puede salir de tres nombres, que son los obreros Aguirre y Núñez, y el Dr. Ingalinella; la escasez de mercadería obliga a preferir imputacio­nes más indeterminadas. También se suelen incorporar a éstos algunas de las víctimas producidas en la campaña electoral de 1946 y en los pródromos de ella, olvidando que son muchos más los que cayeron del otro lado. Así se le ha dado a una calle el nombre de Salmún Feijoo, un joven caído en un tu­multo como consecuencia de una bala perdida. ¡Y ya se sabe la siniestra puntería que tienen las balas perdidas! Siempre encuentran un inocente como cabeza de turco.

Además, no conviene hacer Tablas cuando se pueden co­tejar con otras: antes de un año de la Revolución Libertadora en las Tablas de ésta había ya que anotar 27 fusilados... y seguir anotando hasta Vallese y la señora de Gentiluomo.

Eso sí; aquí pasa como con lo de jóvenes y muchachones, y hay muertos de primera y muertos de segunda, cosa que también sucede con las prisiones. Un día de detención de doña Victoria Ocampo, se cotiza más alto que meses y meses de detención de centenares de mujeres obreras.
Zoncera N° 40

AQUÍ SE APRENDE A DEFENDER LA PATRIA



Ubicado en el suburbio pueblerino, el Tiro Federal susci­ta una imagen municipal y agreste, sabatina y dominical, aso­ciada al pic-nic, los mosquitos y la primavera. Trae además reminiscencias escolares con algo de fiesta patria, de batallón infantil o compañía de boy-scouts. Y también de consigna: ¡Siempre listos... y con el dedo en el gatillo!

No sé si esto valdrá para los porteños y los muchachos de ahora; pero para los puebleros de mi generación, sí.

El Tiro Federal se prestigiaba con las figuras masculinas de Guillermo Tell y el General Arana, grandote uno, petisito el otro. Asociaba también la flecha con el máuser y el agitar de una banderita con la manzana. Eso sí; no llega tanto como para consustanciar la "papa" con la idea de una cabeza infan­til atravesada.

No en vano he nombrado a Guillermo Tell.

El Tiro Federal nos sugiere una democracia con olor a tambo, república ideal donde cada ciudadano es a la vez sol­dado y relojero y no tira papelitos a la calle.

"Aquí se aprende a defender la Patria" es la divisa del Tiro Federal.

En el stand aprendemos cómo se la defiende: de pie, con y sin apoyo; rodilla en tierra, con y sin apoyo; o cuerpo a tierra. El enemigo está allá enfrente, bien identificado por el blanco. Pronto sabemos también que no es lo mismo tirar sobre blanco inmóvil que sobre un blanco que se mueve y con­testa.

Pero en uno y otro caso se supone que el blanco está en­frente. Más aún, uno termina por creer que no hay otros blan­cos que los de enfrente de uno.

Y es aquí donde empieza la zoncera. El verdadero enemi­go nunca está enfrente. Ese es un blanco prefabricado para que no tiremos sobre el enemigo que está al lado, arriba o detrás, y que además tiene cara de amigo, por lo menos se­gún nos lo pintan quienes suponemos lo debían identificar para que lo tirásemos, pero no como Guillermo Tell con su arco, a la manzana. A la cabeza.

Para defender la Patria es conveniente saber tirar, pero imprescindible saber quién es el enemigo, lo que empieza sa­biendo qué es la Patria y ésta no es tarea del Tiro Federal.

Esta es tarea de la escuela, del libro, de la prensa oral y escrita, en una palabra, de los medios tendientes a la forma­ción del pensamiento de los argentinos. Mientras todo eso en lugar de identificar al enemigo se preocupe de camouflarlo, sólo aprenderemos en el Tiro Federal a tirar. Y lo de "Aquí se aprende a defender la Patria" seguirá siendo sólo una de las zonceras argentinas. De pie, con o sin apoyo, de rodilla, con o sin apoyo, y cuerpo a tierra.
Zoncera N° 41

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