Colección La Siringa




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títuloColección La Siringa
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fecha de publicación04.02.2016
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En todas las escuelas cuando la maestra pregunta: —"¿Quién fue el hombre que se adelantó a su tiempo?", los niños contestan a coro: —"¡Rivadavia!".

En mi pueblo no lo preguntan, pues puede haber algún niño malo (revisionista) que conteste: —"¡Cantaluppi!".


1 Mariano Moreno opinaba de el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos, que "usurpaba el aire de los sabios y afec­taba ser grande en todas las carreras". Pero hay un diagnóstico más completo, el del Dr. Juan Pujol, que coincide con todo lo que se dice al hablar del hombre que se adelantó a su tiempo o el hombre del canal. Para Pujol, Rivadavia demostró "palpablemente que no tenía la más mínima idea de la estructura real de la Nación" y que sus errores provinieron de que "el médico ignoraba la anatomía del cuerpo que quería poner en estado de robustez y desarrollo".


1 Parece que don Bernardo en eso de los poetas y su énfasis, conocía el paño. Gerbi (op. cit., pág. 478) nos cuenta cómo Thoreau, el poeta norteamericano, en su exaltada búsqueda de la soledad, "en 1845 se retira a los bosques para vivir en ellos una vida lo más simple y primitiva posible. No faltaban por entonces en los Estados Unidos las selvas vírgenes en que un Tarzán voluntario, un Robinson silvestre, un rousseauniano practicante pudieran rentrer dans la forest y vivir a sus anchas lejos de todo contacto humano". Pero para hacerlo, Thoreau "construyó su cabaña a la orilla del laguito de Walden, a un par de kilómetros de Concord —como si dijéramos en Canal San Fernando—, sobre un terreno prestado por el propietario (Emerson), con un hacha facilitada por otro vecino, y allí recibe periódicas reuniones de amigos, y casi lodos los días se dirige a la ciudad costeando la vía férrea, para hacer allí sus encargos y conocer los últimos chismes".

Pido perdón al lector devoto de Thoreau si se destruye la imagen tarzaniana que el poeta se creó. Y no es sólo ésta. Porque hay también “Cárcel y cadenas”, como en Mármol, y disculpen la "comparanza". El solitario de Walden, que ha sido considerado, según Gerbi, por un ma­ligno crítico inglés como un ermitaño en Hyde Park, se negó a pagar su pequeña contribución como protesta contra la esclavitud y la guerra mexicana. Fue llevado a la cárcel donde estuvo una noche porque sus amigos pagaron en su lugar, pero comentó la aventura, aunque con más “humour” que las "cárceles y cadenas" de nuestro Mármol, de una ma­nera que "chirria en su alusión a Pellico y su cárcel de diez años: «Esta es la historia total de mis prisiones»". Pero no escribió ninguna Amalia.

¡Poetas. . . poetas!


2 El doctor Giraldi, nació en Rosario, en Junio de 1920 y es hijo de Mario Giraldi y María Cristina del Mármol, a su vez hija de Máxi­mo Gervasio del Mármol, fallecido en Rosario en 1937, que es el del relato. Este era hijo de Gervasio, fallecido en Rosario en 1881, siendo hijo de Miguel del Mármol Ibarrola, fallecido en 1831 de quien viene la tradición familiar.


1 No tan finada. Hoy domingo 28 de abril "La Nación" trae un editorial que titula "La piedra movediza", donde se trata del proyecto de reconstruir la de Tandil. En un párrafo dice: "Pese a lo simpático de la iniciativa no parece aventurado decir que será difícil pues no se conmovió por la centella que en 1840 le arrebató un pedazo, ni cedió a los esfuerzos de las yuntas de bueyes que por orden del Tirano Rosas, según dicen las mentas, pretendiendo derribarla..., etc., etc.".

Como se ve, la zoncera no está finada del todo, aunque ya no se afirma tan enfáticamente prefiriendo remitirla a las mentas.

¿De quién serán las mentas?, se pregunta el mismo que ha largado el chimento y después lo cuenta con un se dice...


1 No me refiero al enunciado constitucional en cuanto establece la igualdad de derechos del extranjero con los nacionales, salvo en aquello de que los extranjeros llevan la ventaja de tener cónsul. Fue un enunciado necesario e inseparable de la idea de promover la inmi­gración. Pero una cosa es establecer esa igualdad y otra enfatizarla co­mo condición inherente y permanente para el país. En la práctica más que para el extranjero hombre, vale para las personas jurídicas extran­jeras: las creaciones del capital; así se parte desde esa igualdad teórica a una desigualdad en contra de lo propio, pues es en esto de las per­sonas jurídicas en donde el cónsul juega su papel predominante.

Además, esta situación que pudo explicarse en 1853, carece de sen­tido cuando se trata de la real inmigración de ahora. E interesa señalar cómo la fórmula se adecua a la mentalidad de la "intelligentzia" que no se mueve en función del derecho igual de extranjeros sino de la califi­cación de los mismos dentro de la concepción peyorativa que vimos en las zonceras denigratorias.

Así en estos días estamos oyendo la grita del aparato de la "colo­nización pedagógica" porque se ha prohibido la entrada de un grupo de mormones estadounidenses, como si la "intelligentzia" ignorase que gran parte de las agrupaciones religiosas que se introducen en el país están vinculadas a políticas extranjeras. Estos mismos que gritan son los que constantemente están señalando la presencia de congregaciones ca­tólicas introducidas según ellos con violación de las leyes vigentes. Es decir, están usando la igualdad ante la ley del extranjero con un criterio racista, político y cultural que es el que está en el trasfondo de todas las zonceras. Pero donde la actitud de la "intelligentzia" y sus zonceras se hace más evidente es cuando se trata de los grupos inmigrantes pro­cedentes de países americanos: uniformemente estos que gritan por los mormones guardan silencio frente a las medidas que hostilizan la pre­sencia de chilenos, paraguayos y bolivianos, con lo que continúan su actitud frente al "cabecita negra" porque el juicio que hay vale para el paraguayo, el boliviano o el chileno es el que valió para la inmigración a las ciudades industriales de santiagueños, tucumanos o correntinos.

Es que aquello de "para todos los hombres del mundo..." no fue establecido ni para "cabecitas negras", ni para sudamericanos: fue exclusivamente establecido para la inmigración prevista, la europea, aun­que ésta no resultó como se quiso, de los pueblos nórdicos de Europa, sino de los meridionales, con lo que hubieron de conformarse, pero a regañadientes.

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En estos días han sido ejecutados por el gobierno de Ian Smith en Rhodesia cuatro negros rebeldes, lo que ha levantado una ola de protestas completamente legítimas en todo el mundo. Pero si me detengo a ver quiénes protestan aquí con mayor pasión me encuentro con la sorpresa de que el mayor número de ésos guardó silencio o se solidarizó con los fusilamientos de junio de 1956. Tal es el caso del gran periodismo. ¿Por qué los grandes principios que se arrojan a la cara de Ian Smith no se arrojaron a la del General Aramburu? ¿Fue tal vez también porque del General Valle a los chiquilines asesinados en la "Operación Masacre", se trataba de seres de carne y hueso, concretos, pertenecientes a nuestra realidad es incompatible con los principios que profesa la zoncera? Todos estos fusilados locales son gente que hablaba nuestro idioma, participaba de nuestro vivir cotidiano, eran identificables con­cretamente. En cambio los negros de Rhodesia son vistos por los zonzos como abstracciones, más vinculadas al principio vulnerado que a la vida que se les quitaba. Es la zoncera de profesar los derechos del hombre y no los derechos de los argentinos, como hubiera dicho Disraeli.

Además ya los ingleses habían advertido que había que protestar como lo hacían ellos. Otra cosa hubiera sido si Ian Smith hubiera sido un gobernador británico. Entonces civilización y barbarie hubiera pues­to sordinar la protesta porque no sería la barbarie de Ian Smith sino la civilización de Isabel II como inevitable consecuencia "de la pesada carga del hombre blanco" y entonces hasta se podría citar para los negros lo que para los gauchos escribió Sarmiento.

Y a propósito, ¿qué diferencia hay entre lo que hace Ian Smith, con lo que hicieron Mitre y Sarmiento? ¿Cómo condenar a Rhodesia y no condenar a los próceres que además teorizaron la necesidad que Ian Smith afirma sólo como hecho y no como doctrina?


1 Leopoldo Marechal en el libro-reportaje, de Alfredo Andrés (Ed. Carlos Pérez, 1968) a la pregunta "¿Cómo definiría a la Patria?", con­testa:

"En la primera acepción que tiene el vocablo: conjunto de habi­tantes de un país. Es una definición humana. En mi Autopsia de Creso, al denunciar las falsificaciones que introdujo el hombre económico al adueñarse del mundo, explico sus dos adulteraciones en el concepto de la Patria: explotador de hombres, no le convenía la definición humana; y la escamoteó, poniendo en su lugar una definición geográfica; Patria es el lugar en que se ha nacido, vale decir un escenario abstracto que abstractamente se ha de venerar, desentendiéndose del drama (el des­tino nacional) que los actores representan en ese gran palco escénico. La segunda falsificación del hombrecito económico se dio cuando los ac­tores del drama se rebelaron contra las instituciones injustas; entonces cambió el concepto institucional: Patria son las instituciones constituidas por el mismo Creso."


1 Pido disculpas al lector por meter lo personal. Pero en este caso soy botón de la muestra o el conejo de laboratorio y estoy mostrando mi propia zoncera.

En realidad no me presenté a la Junta y recurrí a mis jueces natu­rales, que les dicen, por las garantías, que también les dicen, un poco por lo que ya se ha dicho de abogado recién recibido y un mucho porque tenía muy escasos bienes, de modo que sólo se me apropiaron $ 30.000 que quedaban como saldo de precio de la venta de mi depar­tamento hecha con anterioridad. El resultado ya lo dije.

Esto de estar confiscado me causa bastantes inconvenientes, pero me relamo pensando en el precedente, o la jurisprudencia como dicen los Orgaz, los Galli, los Soler. los Busso, etc. ¡Lo que me voy a reír cuando vengan de veras las confiscaciones y estos letrados se echen ceniza sobre las cabezas!

¿Por qué me incluyeron en las listas? Cuando la Revolución del 55, hacía cinco años que estaba alejado del gobierno, por cierto mucho más tiempo que Aramburu y Rojas, había sido objeto de una investigación patrimonial con el pretexto de Réditos por el "amigo" Cereijo. Otra me hizo el gobierno de Aloé. (Ya se sabe que "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista"). Y la Revolución Libertadora me hizo otra.

Luego me hicieron en la Revolución Libertadora, dos procesos: uno, por hurto de bienes del Partido Peronista en razón de la desaparición de una mesa y dos sillones que utilicé en mi periódico "El 45", y que se esfumaron junto con dos máquinas de escribir de mi propiedad a raíz de su clausura y allanamiento policial. Se probó que se los apropió el "comando civil" que acompañó a "la partida". Y resultó el sobre­seimiento definitivo. Juez Ramón Montoya. El otro proceso se ventiló en el juzgado del Dr. Alfredo Fuster, Secretaría Pizarro Miguens, y se falló el 22 de abril de 1958, siendo Presidente todavía el General Aram­buru. Nunca pudo caratulárselo porque la denuncia consistía en una presuntiva formación irregular de patrimonio —que no es figura delictual— y se refería totalmente a hechos posteriores a mi gestión en la cosa pública. Además, no había patrimonio, como se vio en la confisca­ción. Concurrí a una sola audiencia, di mis explicaciones y de inme­diato se sobreseyó definitivamente... y ¡a pedido del agente fiscal!

Como se ve, ni en Palermo ni en San Isidro hay un caballo que haya pasado más análisis de "sudor" y "sangre" que yo. Lo cierto es que estoy confiscado por zonzo. Por creer en la garantía del art. 17.


1 Para el conocimiento de los hechos, remito al lector a los libros Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, y Mártires y Verdugos, de Sal­vador Ferla. De este último reproduzco la lista de fusilados.

En Lanús (10/6/56): Teniente Coronel Albino Yrigoyen, Capitán Jorge Miguel Costales, Dante Hipólito Lugo, Clemente Braulio Ross, Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro.

En José León Suárez (10/6/56): Carlos Alberto Lisazo, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brion, Vicente Rodríguez.

En Campo de Mayo (11/6/56, después que el Tribunal Militar resolvió no aplicar la pena de muerte): Coronel Eduardo Alcibíades Cortínez. Coronel Santiago Ricardo Ibazeta, Capitán Néstor Darío Cano, Capitán Eloy Luis Caro, Teniente de banda Néstor Marcelo Videla, Teniente primero Jorge Leopoldo Noriega.

En la Escuela de Mecánica del Ejército (11/6/58): Sargento Hugo Eladio Quiroga, Suboficial principal Miguel Ángel Paolini, Suboficial principal Ernesto Garecca, Cabo músico José Miguel Rodríguez.

En la Penitenciaría Nacional (11/6/56): Sargento músico Luciano Isaías Rojas, Sargento ayudante Isauro Costa, Sargento carpintero Luis Pugnetti. El (12/6/56): General de División Juan José Valle.

En La Plata (11/6/56): Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno. El 12/6/56: Subteniente de reserva Alberto Juan Abadie.

En los casos de Lanús y José León Suárez no hubo ni siquiera juicio sumarísimo. Lo hubo, en cambio, en el caso de los fusilamientos de Campo de Mayo, Escuela de Mecánica del Ejército, Penitenciaría Nacional y La Plata. Pero en Campo de Mayo el Tribunal Militar se pronunció, y la resolución fue comunicada a los procesados oficialmente: "Este Tribunal ha resuelto no aplicar la pena de muerte". Esta se derogó por decreto N° 10.364 del 10 de junio de 1956, que pasó por encima de la sentencia y ordenó la ejecución. Además, se unió el vejamen a la pena, pues se calificó de "individuos" a los militares que iban a ser fusilados. Hay también aquí similitud con el decreto que ordenó el fu­silamiento de Gerónimo Costa y los suyos, pues allí se injuria al héroe de Martín García, llamándolo "cabecilla".

¿Ese era el estilo de los decretos penales del gobierno presidido por el General Aramburu?

No siempre.

Tengo delante el decreto N° 17.235 del 14 de setiembre de 1956, posterior en cuatro meses a los fusilamientos, en cuyos fundamentos se dice que "es menester tener una especial consideración en los casos en que ciudadanos han debido incurrir en faltas con el sólo objeto de ayu­dar a conseguir el imperio de la justicia y la libertad". El Art. 1° del mismo expresa: "Indúltase al ciudadano Vicente Adolfo Ernesto Otero, procesado por ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia N° 2 de La Plata.

¡Los militares fusilados eran individuos y el "Cacho" Otero, ciu­dadano al servicio del país!

Es fácil conjeturarlo si se tiene presente otro decreto sancionado el 7 de junio de 1956, dos días antes de los fusilamientos, que lleva el N° 10.317 bis y está suscripto por Aramburu, Rojas, Landaburu, Blanco, Osorio Arana y Krause, que derogaba la ley 14.129, sancionada durante el gobierno de Perón que hacía imposible el contrabando por sus seve­ras penalidades y por la improcedencia de la excarcelación.

Si por el tratamiento calificativo de las personas es fácil establecer la relación entre la creación de condiciones que facilitan el contrabando y el indulto para su ejecutor máximo. Y conste que la libertad de con­trabandear no es una
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