Colección La Siringa






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títuloColección La Siringa
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fecha de publicación04.02.2016
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garantía constitucional. Tal vez por eso no es una zoncera, como lo saben el "Cacho" y sus consocios.

Es inútil que usted busque estos dos decretos sobre el "Cacho" en las colecciones periodísticas, pues parece no son de interés para el pú­blico. Usted los encontrará solamente en el "Boletín Oficial". Nunca se publicaron en los diarios. Ni en "La Prensa" de Gainza Paz.

¿Por qué? ¿"Cacho" es amigo íntimo de Gainza Paz? ¿Dinero...? ¿Miedo...?

1 Es interesante señalar que en el siglo XIX ya se pensó, por la división internacional del trabajo, en aplicar a Alemania un plan parecido al Morgenthau, pero sin el pretexto del nazismo. Así consta del informe de Sir John Bowring sobre la Unión Comercial Prusiana (año 1840), donde se aconseja "bloquear la ofensiva económica alemana para con­vertir a ese país en una colonia agrícola". Frederick Clairemonte (Libe­ralismo económico y subdesarrollo. Ed. Tercer Mundo, Bogotá, 1963) cuenta cómo la transformación de la economía alemana fue maldecida por Metternich y hostilizada por los Países Bajos, desde que éstos eran también proveedores de artículos coloniales y manufacturados. Palmerston, el político inglés, considerado el máximo campeón de la causa libe­ral en Europa, "desaprobaba el arancel prusiano que consideraba una amenaza para el comercio británico". Palmerston sostenía que había que borrar del diccionario comercial la palabra protección, pues éste era "un principio atentatorio contra el progreso de cualquier país a cuyo nego­cio se aplicara", zoncera que siguen repitiendo todos los agentes y continuadores de la política de Palmerston.

La política de la división internacional del trabajo va acompañada siempre de una generosa preocupación por la vida espiritual del país monoproductor de materias primas. Sobre el nacionalismo económico ale­mán, comentaban los ingleses. Así, "Edimburg Ready" decía: "Al robustecerse el espíritu bárbaro del nacionalismo se prostituye la gran he­rencia filosófica de Leibnitz, Kant y Lessing", y el economista inglés Dawson glosaba con humour insular: "Hubiéramos preferido, es claro, que Alemania hubiera continuado concentrando su atención en la producción de música, poesía y filosofía, dejándonos el cuidado de proveer al mundo de máquinas y telas de algodón". Esto es, reservando la industria para Gran Bretaña y el pensamiento para los germanos. Como se ve, una di­visión del trabajo en la que nosotros entraríamos con carnes, cueritos y lanas. Todo iba a parar al país de más amplio estado de desarrollo gra­cias a los buenos oficios de la división internacional del trabajo. Hasta los productos exclusivos de la inteligencia, como anota muy bien Scalabrini Ortiz al señalar las consecuencias de la hegemonía de un solo país en el más alto nivel de producción industrial y la indefensión de los otros para acelerar lo suyo: "En el siglo XIX todo progreso, dondequie­ra que se engendrara, beneficiaba algún resorte de la economía mundial británica". Como ocurre ahora con la norteamericana.

1 Alfredo Peralta Ramos, personaje bien representativo de la Socie­dad Rural, dice en "Clarín" (30-7-1960) que "si se ofrecen 200.000 to­neladas estas tienen un precio determinado, pero si se aumentan a 250.000 toneladas se obtienen 100 dólares menos por tonelada". Es lógico: siendo fijo el monto de la cuota una oferta que la supera produce efectos ba­jistas. Y después las fuerzas vivas hablan de aumento de producción. Y que la política diversificante —mercado interno por desarrollo industrial, y nuevos mercados externos— produce la disminución de la producción ganadera.

¿Son, o se hacen?

1 No sé si constituirá agravio el hecho que comenta "Azul y Blan­co" en su 58, del 23 de octubre de 1967, según se transcribe:

“La canalla antipatria profanó y saqueó el Lugar Histórico de la Vuelta de Obligado en 1956. Se arrancaron de viva fuerza, con picos y palas, tres placas de bronce que exornaban el monolito alzado en las barrancas y el hemociclo contiguo; una de dichas planchas pertenecía al Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires. Trozos de la cadena que pendía de un muro fueron robados. El pedestal que cir­cundaba el mogote donde las cadenas se ataron fue destruido, así como los peldaños de la escalinata. Todo el partido de San Pedro conoce a los autores de este atentado, así como también el cuidador rentado de las ruinas. El atropello ha sido denunciado repetidamente ante el go­bierno de la provincia, la Comisión de Museos y Lugares Históricos y el Regimiento de Patricios, pero sin ningún resultado. Los héroes caídos por la patria interesan muy poco en la Nación de los Desagravios; no dan dividendos ni réditos, no proveen doble sueldo ni el 100 por 100 jubilatorio ni influencia ante los "tycoons" de las sociedades anónimas que es­quilman al país y a la tierra ganada con la sangre de dicho sacrificio. La Comisión de Monumentos recibió el pedido de un particular para que el Lugar de Obligado fuera abolido de la lista de la institución, que integra desde 1942”.

Las apariencias formales son de agravio, pero faltan los demás ele­mentos de nocturnidad y alevosía, y los muchachones. El hecho se produ­jo a la luz del día por jóvenes, señoras gordas y "señoros".

2 Lo que voy a contar ilustrará sobre la eficacia funcional del des­agravio y las razones que provocan la noble emulación desagraviante.

"La Razón" del 15 de noviembre de 1967, dice que el alumno del Colegio Nacional de Resistencia, Rodolfo Vallejo, procesado por haber arrojado al Río Negro un busto de Sarmiento, fue suspendido por 30 días a raíz de la protesta formulada por el profesor Evaristo R. Ramí­rez, pues este profesor comunicó que había resuelto no dictar clase has­ta que no se sancionase al alumno, cosa que las autoridades del Colegio retardaban a espera de la resolución judicial.

Lo curioso es que este desagraviante máximo que pedía la cabeza del muchacho como el muchacho la cabeza del busto, estaba en mi fi­chero clasificado como "revisionista histórico" por algunos díceres a los que no era extraña la posición revisionista de su padre, el Coronel Eva­risto Ramírez que tiene publicaciones de ese carácter y fue, además, fun­dador del Instituto Juan Manuel de Rosas.

Su extremada furia desagraviante sólo la he comprendido un mes más tarde. En "La Nación" del 22 de diciembre de 1967, se publica la lista de los premios nacionales correspondientes al año, y allí aparece el Dr. Evaristo H. Ramírez como adjudicatario del Premio Regional.

¿El premio se dio al trabajo presentado, o a la cabeza del muchacho ofrecida como en la bandeja de Salomé? ¿Por sus mismos antecedentes revisionistas el Dr. Evaristo H. Ramírez fue advertido de que debía pro­ducir un hecho positivo de adhesión a la historia oficial? ¿O simplemen­te el Dr. Evaristo H. Ramírez por sus mismos conocimientos revisionistas se convenció de que revisionismo y premio son incompatibles, y que él tenía que producir un hecho positivo de adhesión a la historia oficial? ¿O simplemente el Dr. Evaristo H. Ramírez por sus mismos conocimientos revisionistas se convenció de que revisionismo y premio son incom­patibles, y que él tenía que ser el "antirrevisionista" por excelencia ofreciendo a tiempo una prueba? ¿Coincidencia, nada más?

El único que puede contestar es el Dr. Evaristo R. Ramírez, pero supongo que guardará silencio. El que va a gritar es el muchacho Rodol­fo Vallejo que había sido suspendido para que don Evaristo tenga el premio.

Creo que estos premios debían ser acompañados con un "alcaucil de oro".

3 Revisando recortes viejos encuentro una noticia en "La Nación" del 4 de febrero de 1962 fechada en Mar del Plata, que nos ilustra so­bre la variedad de los agravios posibles:

"El General Miguel Ángel Mascaró realiza gestiones para que el monumento al General Don Justo José de Urquiza sea trasladado a otro lugar del balneario, pues con la habilitación de la playa de estaciona­miento de la plaza Juan B. Alberdi, se le ha rodeado de una empaliza­da. Considera que el vencedor de Caseros ha sido agraviado y ese mo­numento debe ser trasladado y emplazado en un sitio acorde con el pres­tigio de los grandes de la Patria."

Esta es una forma de agravio, agravio por empalizamiento, que no estaba en mis papeles. No puedo entonces menos que agregarla porque aquí no se trata de muchachones sino de autoridades administrativas y edilicias, y de un general.

Habría que considerar la conveniencia de que los monumentos sean instalados sobre chasis y debidamente motorizados, o bien la creación de playas de estacionamiento para monumentos. Supongo que una de éstas es la plaza en que se encuentra la reproducción de la casa de San Martín en el Gran Bourg, ya casi invisible bajo las placas que la cubren y los horrendos mármoles, bronces y mamposterías que erizan el jardín frontal y la piel de los paseantes, con su aspecto de cementerio munici­pal de adefesios esculturales. Agreguemos que el agravio se agudiza con el uso que hacen las parejas de la zona, adoptando también posturas es­culturales seguramente para ser confundidas con estatuas cuando viene el vigilante.

Al General San Martín —que era tan sencillo que entregaba sus con­decoraciones para juego de los nietos— no le afectan estos agravios. Son otros los que le dolían y duelen a su memoria. Pero me temo que si reapareciese para manifestarlo, lo condenarían de nuevo a ser estatua y sólo estatua. Y esto después de desagraviarlo convenientemente.

1 En Política y Ejército he señalado esto mismo en el aspecto geopolítico. Ya en 1942, Spykman escribía:

"El hecho que las mayores masas terrestres se encuentren en el he­misferio norte y que la mayor parte del hemisferio sur pertenezca a zonas tropicales, da lugar a ciertas determinaciones clarísimas... los problemas de su política exterior vienen en gran parte determinados por la situación que se ocupa al norte o al sur del ecuador". Y esto es mucho más importante que lo de este y oeste, asiento de los del norte. (Aun­que en el norte también hay flacos, cuyos problemas se parecen más a los del sur, que a los del norte).

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