El descubrimiento de la enseñanza huna max freedom long indice




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VIII
Lectura de pensamientos, clarividencia, visiones,

previsión, cristalomancia y todos los fenómenos

relacionados con la psicometría.

Explicados en términos de los diez elementos

del antiguo sistema Huna


Caso 13
Lectura de pensamientos

Comentarios preliminares:
Si uno está sentado en un lugar tranquilo en una sala donde también hay otras personas – por ejemplo, en un salón de lectura - y quiere leer los pensamientos de otros, entonces hay que encontrar (1) un contacto con la persona cuyos pensamientos se tiene la intención de conocer a través de una distancia de algunos metros.

Después de producir el contacto se necesita (2) un medio para ver o sentir los pensamientos en la cabeza de la otra persona y traer esas sensaciones hacia uno mismo.

Para ambos mecanismos, ni las ciencias psíquicas ni la psicología moderna ofrecen una explicación. La teoría de la “radio mental” queda excluida, en vista del hecho de que en las conexiones telepáticas no importa la distancia, pero sí con ondas de radio. La suposición de una “vibración” mental, como se ha derivado de la teoría de las ondas sonoras, no tiene ni el más mínimo valor práctico. También la idea de que espíritus sin cuerpo traspasan los pensamientos de una persona a la otra es inapropiada como explicación. Pero la única explicación que satisface todas las condiciones, la ofrece la enseñanza Huna.

Circunstancias:
Un día me había propuesto intentar alguna vez leer los pensamientos de otras personas. Elegí como lugar de trabajo un salón de lectura. Fijé mi mirada en la nuca de un estudiante, suspendí mis propios pensamientos y esperé por si se presentaban impresiones. De ese modo practiqué con intervalos de 10 minutos durante varios días, antes de que se percibieran los primeros resultados.

Llegaban momentos en que surgían en mí pensamientos o impresiones, como si me acordara de algo. Pero como sabía que esos “recuerdos” no tenían nada que ver con mis propias experiencias anteriores, los comprendí como pensamientos de la otra persona, que yo trataba de leer. A algunos de mis amigos más íntimos me atreví a relatarles acerca de mis experimentos, para escuchar de ellos si yo captaba correctamente sus pensamientos. La mayoría de las veces captaba pensamientos sin importancia – algo pensado sin objeto, con lo que la consciencia no está ocupada activamente. Así, por ejemplo, recibía impresiones tipo recuerdo de un vestido nuevo que había que obtener, o de la intención de ir a patinar en hielo, o de tímidos pensamientos de amor de un hombre joven.

Pronto puse intranquilos a mis amigos, o más bien dicho, ellos se pusieron cuidadosos y reservados frente a mis intentos de echar un vistazo en sus pensamientos. De ese modo ya no me eran útiles para mi experimento y por eso dirigí entonces mi atención a un hombre joven que parecía ser un ser soñador.

Primero leí de sus pensamientos la imagen de un extraño cuarto pequeño, débilmente iluminado, oculto, pero añorado, que solamente contenía un mobiliario rústico y catres. Después me llegó la impresión de un pequeño anciano chino, que tenía dientes prominentes y casi no tenía mentón. Parecía conversar algo con mi hombre joven, pero no pude escuchar de qué se trataba. Después supe el nombre del chino. Lo llamaban “ardilla”. Eso me divirtió y reflexioné, si a causa de los dientes prominentes y del pequeño mentón, no había inventado yo mismo tal vez ese nombre tan apropiado.

Finalmente me llegó a la consciencia que la persona de experimento añoraba casi permanentemente… ese cuarto, al chino… y algo que estaba relacionado con los dos y… que podía ser saboreado.

Cuando había reunido una cantidad suficiente de aquellos datos y tenía en claro lo que deprimía al hombre joven, un día le hablé, me presenté y comencé a hacerle preguntas. Pero el resultado fue que él negó mis suposiciones enojado y de la manera más enérgica.

También el siguiente paso de mi bastante largo experimento me conectó con el mismo lugar y con el chino, aunque al principio yo ni siquiera podía sospechar que existía una relación de ese tipo.

Cuando un día traté de leer los pensamientos de otro hombre joven, yo estaba muy alarmado de reconocer en su cabeza la misma añoranza y la imagen del mismo cuarto y del chino. Pero esta vez vi más temor que añoranza. El temor estaba en contradicción con la añoranza de un “sabor” especial, que yo percibía o sentía como en mi propio cuerpo. Pero lo que me sorprendió sobre todo fue la reaparición del nombre “ardilla” en relación con el mismo chino.

Finalmente me acerqué a ese segundo estudiante y también lo interrogué a él. Le dije que tenía la sensación de que él tenía miedo de algo y le pregunté si eso era cierto. Él se puso pálido y en cierto modo me dio la razón. Comencé entonces a relatarle acerca del cuarto y del chino. Él comenzó a temblar y preguntó quién había “revelado” eso. Pero yo le aseguré que no tenía informaciones concretas. Le conté más bien de mis intentos de leer los pensamientos y le dije que había constatado un parecido sorprendente entre sus pensamientos y los del otro hombre joven, que parecía ser amigo de él. Siempre pálido y temblando, el hombre reflexionó un momento; pero después se rió nervioso y negó todo, incluso que había tenido miedo. Me aconsejó que me preocupara de mis propios asuntos.

Todavía debieron transcurrir algunos meses, hasta que averigüé todo el asunto y finalmente supe que todo aquello de lo que yo estaba convencido de haber descubierto, efectivamente era cierto.

Un grupo de gente joven había comenzado a fumar opio por curiosidad. El chino, cuyos cuartos ellos solían utilizar, era llamado efectivamente “ardilla”. Yo también había visto correctamente su cara. Los fumadores de opio habían caído, uno por uno, en la adicción. Las dos personas jóvenes, cuyos pensamientos yo había leído correctamente en el salón de estudio, pertenecían a ese grupo. El primero de ellos no mostró ningún temor; él era sólo adicto al “humo”. Pero el segundo no sólo era adicto, sino que al mismo tiempo tenía miedo de que la costumbre pudiera esclavizarlo tanto, que ya no fuera capaz de retirarse.


Comentario:
El caso descrito deja ver que el aprendizaje de la lectura de pensamiento tiene que comenzar con el subconsciente o Yo inferior. Porque el Yo consciente no puede aprender por medio de un esfuerzo propio a leer pensamientos él mismo. Por lo tanto, hay que aflojarle las riendas al Yo inferior y relajarse mentalmente. Al hacerlo se debe adoptar una posición interior de expectativa y simplemente esperar lo que logra el subconsciente, después que con anterioridad se le haya encargado efectuar el experimento.

La mayoría de las personas pueden aprender a utilizar las acciones sencillas de la psiquis. Sin embargo, para eso es necesario el ejercicio. Algunos aprenden más rápidamente que otros; algunos incluso parecen poseer una aptitud natural para eso. Lo mismo ocurre también con el aprendizaje de sugestiones hipnóticas, de la telepatía, de la cristalomancia, como también con el desarrollo de la percepción de premoniciones. (Lo último es válido sólo en forma restringida, porque solamente el Yo superior puede proporcionar informaciones sobre el futuro, y únicamente sobre una parte de éste que ya está cristalizada o está en camino de consolidarse como realidad futura. Según la enseñanza Huna, el futuro que todavía no está “cristalizado” no se puede prever).

Para producir el contacto con una persona cuyos pensamientos se desea leer, el Yo inconsciente tiene (según la enseñanza Huna) que enviar un hilo de Aka o substancia de cuerpo de sombra, para conectarse con el subconsciente de la persona de experimento. (Eso tiene que ocurrir por medio de telepatía, hipnosis u oración – en el último caso la conexión se produce a través del Yo superior. Todas las oraciones son de naturaleza telepática).

El subconsciente tiene la extraña capacidad de poder extender una parte de su cuerpo de sombra, parecido a cómo una ameba estira una parte de su cuerpo, para formar una especie de mano, con la cual toma una partícula de alimento. En el vocabulario de la enseñanza Kahuna hay diferentes palabras para describir este proceso. Primero se forma una “mano”, que se estira hacia la persona con la que desea entrar en contacto. Cuando la “mano” ha alcanzado a la persona, es necesario penetrar en su cuerpo de sombra, algo así como una lanza penetra en un cuerpo físico compacto.

Hay que recalcar nuevamente, que según la enseñanza Huna, cualquiera puede inducir a su subconsciente a rechazar un acercamiento de ese tipo. Pero el prerrequisito para eso es que la persona respectiva sepa que un Yo extraño tiene la intención de tocarla y penetrar en su interior. La protección se lleva a cabo por medio de un esfuerzo de voluntad del Yo medio o del espíritu consciente de la persona respectiva. (De igual forma se puede también rechazar una sugestión hipnótica).

Si se ha producido un contacto con un sujeto que no muestra oposición, el tercer paso es entonces, que un hilo de materia sombría conecte a los dos individuos entre sí. A lo largo de ese hilo fluye entonces una corriente de Mana inferior o fuerza vital de baja tensión.

A través de ese “alambre” cargado eléctricamente que ha sido creado así, el subconsciente de la persona que lee pensamientos envía una parte diminuta de sus órganos sensoriales hasta el otro extremo y observa qué pensamientos pasan por la cabeza del sujeto. Esos pensamientos son moldeados individualmente después como formas de pensamientos o como cuerpos de sombra, van con la corriente de fuerza vital hacia la persona que lee los pensamientos y le son presentados a la consciencia de su Yo medio. (Un proceso similar se lleva a cabo cuando realidades que están en la memoria son presentadas a voluntad por el Yo inferior). De ese modo, los pensamientos de la persona de experimento le son dados a conocer al lector de pensamientos que se ha encarnado por medio de su Yo medio.

El párrafo anterior contiene informaciones de un valor incalculable. Ha demorado años hasta encontrar el sentido oculto que hay detrás de las palabras, que antiguamente utilizaban los Kahunas y hasta saber finalmente lo que ocurre al leer los pensamientos. Para destacar con toda claridad este mecanismo sumamente importante, hay que debatir nuevamente sus detalles.

Lo primero y lo más importante que hay que comprender, es el hecho de que el Yo inferior tiene en su cuerpo de sombra una copia exacta de cada célula, de cada tejido y de cada órgano del cuerpo físico y por consiguiente contiene también una copia exacta de todos los órganos sensoriales. Si no fuera así, los espíritus que entran en contacto con nosotros por intermedio de un médium, tendrían que dar a conocer que son sordos, mudos y ciegos, lo que, sin embargo, se contradice con los hechos.

La prueba de que los órganos sensoriales tienen un equivalente exacto en el cuerpo inferior de sombra, surge de diferentes experimentos, en los cuales personas han utilizado sus Yoes inferiores para producir conexiones con cosas y extraer de ahí impresiones sensoriales, sin utilizar los ojos, oídos y sensaciones corporales.

Kuda Bux, a quien ya hemos conocido como caminante sobre el fuego, podía traspasar su sensación visual desde los ojos físicos a la piel de su espalda y (con los ojos tapados) leer los títulos de periódicos que se colocaban contra su espalda desnuda.

Yo tuve ocasión de observar a un abogado ciego, que en una tienda encontraba lentamente su camino a través de un verdadero laberinto de mostradores y objetos de exposición. Se entregaba por completo a su capacidad entrenada para percibir, por medio de proyección de los órganos sensoriales de su cuerpo de sombra, obstáculos que estaban en el camino. A propósito, a ciegos de guerra se les enseñó hace poco a percibir obstáculos que se encontraran en su camino. Para eso se partió de la suposición de que en los ciegos se puede aumentar la sensación auditiva. Se utiliza un pequeño resorte y la persona que está aprendiendo escucha el eco del sonido. Con el tiempo él aprende a percibirlo cada vez más claramente y a deducir por su intensidad la distancia hasta una pared, una puerta u otro objeto compacto. Pero se constató que con la caída de la nieve se pierde esa capacidad de calcular la distancia. Pero los copos de nieve no absorben el sonido en forma suficientemente fuerte como para explicar ese fenómeno. Pero con la existencia de una proyección de substancia de cuerpo de sombra, ésta toca esos copos de nieve e indica su cercanía inmediata, en vez de indicar la existencia del objeto que está más lejos. Naturalmente un subconsciente bien entrenado puede poseer la capacidad de captar el eco del sonido de objetos lejanos y con eso calcular la distancia. Sin embargo, incluso en tales casos la sola sensibilidad del oído físico apenas sería suficiente, de modo que también en este caso se tendría que recurrir a la suposición de la proyección de cuerpo de sombra como ayuda adicional.

En sesiones espiritistas, los médium tienen a menudo oportunidad, bajo ciertas circunstancias (de las que hablaremos después) y por un cierto tiempo, de abandonar su cuerpo físico. Durante ese tiempo (cuando el cuerpo físico se encuentra en un trance profundo o en un estado absolutamente insensible) aquellos médium constatan que sus impresiones sensitivas son mucho más finas que cuando se valen de los órganos físicos densos. También constatan que pueden pensar en forma mucho más rápida y sagaz, cuando se encuentran en sus cuerpos de sombra, fuera del cuerpo físico.

Si una personalidad abandona su cuerpo por cierto tiempo y se dirige a lugares lejanos, se habla entonces de “paseos astrales”. (Al respecto se ha escrito tanto, que ese fenómeno hace tiempo que está comprobado como realidad). Con aquellas visitas de lugares o personas que están lejos, éstos son vistos con toda precisión.

La diferencia entre leer los pensamientos y el paseo astral depende del tamaño de la parte del cuerpo inferior de sombra que es enviada. Si solamente se extiende una pequeña parte del cuerpo de sombra, el centro de la consciencia permanece con la parte más grande en el cuerpo físico. Pero si se envía la mayor parte del cuerpo inferior de sombra, de modo que solamente permanezca un hilo rechoncho de substancia de sombra (cordón astral), para mantener conectado el cuerpo de sombra con el cuerpo físico, el centro de la consciencia se va necesariamente con la parte más grande del cuerpo de sombra y se encuentra efectivamente entonces en el lugar lejano que éste visita. Eso plantea la pregunta, si es posible acordarse de lo ocurrido después de regresar de un paseo astral. La enseñanza Huna explica cómo se producen los recuerdos, y nosotros no tenemos ninguna explicación mejor hasta ahora. El recuerdo se basa en pensamientos que por medio de una especie de impresión o sello, son fijados o almacenados en partículas diminutas de substancia de cuerpo de sombra. La creación de pensamientos parece no serles posible solamente a los tres espíritus de ser humano, sino también a animales y a otras formas inferiores de vida. Todo pensamiento se realiza con ayuda de fuerza vital de una tensión determinada. Así como se forma un pensamiento, éste obtiene un cuerpo propio de substancia de sombra y éste es conectado mediante un hilo de la misma substancia (probablemente también por contacto directo) con otros pensamientos que vinieron antes y con los que son creados después de él. (Esta es la sencilla explicación de la asociación de pensamientos de la psicología moderna).

En cuanto un pensamiento es creado y estampado sobre un poco de substancia de cuerpo de sombra, ésta última es tomada por el Yo inferior y almacenada en la parte del cuerpo inferior de sombra que normalmente es asignada a aquella parte del cerebro que se encarga del dato del recuerdo. En estado normal, o sea al estar despierto, esas formas de pensamientos están listas en los tejidos del cerebro, y cuando el Yo medio desea acordarse de un hecho - por ejemplo del nombre de un amigo – el Yo inferior lo encuentra en el lugar donde está almacenado en el órgano doble, cerebro-cerebro de cuerpo de sombra y lo mantiene a disposición del Yo medio, para que éste lo capte. Los procesos de la memoria son recordados en forma de cadena, con lo cual, junto con el recuerdo requerido se extraen recuerdos asociados a éste.

Si nos acordamos, por ejemplo, del nombre de un conocido ocasional, nos acordamos al mismo tiempo de su aspecto, de cómo sonaba su voz y del lugar dónde estábamos acostumbrados a verlo. El rendimiento de la memoria puede por eso ser aumentado considerablemente por medio de una minuciosa atención en ideas o formas de pensamiento asociadas. Nos acordamos que los Kahunas llamaban “racimos” a aquellas formas asociadas de pensamiento. Con eso se referían a la unión de las formas de pensamiento como estructuras de grupo, como bien se representa en la imagen de los racimos de uva. Un racimo de uva parece incluso ilustrar muy exactamente el mecanismo, porque cada uva está adherida al tallo, el tallo a su vez a la rama, la rama a la parra, la cual está conectada a través de sus raíces con la tierra y a través de ésta con todas las demás cosas que tienen sus raíces en la tierra.

El hecho de que el proceso de pensamiento requiere de fuerza vital, ha sido demostrado en forma suficiente por medio de experimentos con las ondas corporales y cerebrales. Sin embargo, en este caso no se trata de ondas parecidas a las ondas de radio – este es un punto de importancia decisiva para nosotros -, sino que esas ondas están estrechamente limitadas al cuerpo. Registros gráficos de los movimientos de ondas de descargas eléctricas diminutas a través de tejidos nerviosos y de otros tejidos corporales, dejan ver que durante el sueño la trayectoria de las líneas es diferente. Eso indica que el Yo inferior, al “pensar”, estando la persona dormida o soñando, se vale de una fuerza vital de otra tensión. Las curvas más sobresalientes del trayecto irregular indican el trabajo combinado de pensamiento del Yo inferior y medio durante las horas del día en que se está despierto. En estados de inconsciencia no se registra casi ningún tipo de acción eléctrica, y las líneas del diagrama tienen una trayectoria completamente plana. Con ataques de epilepsia, las líneas curvadas se dirigen, antes del momento culminante del ataque, en forma muy empinada hacia arriba, pero después de la “caída” típica – es decir, cuando comienza la inconsciencia (y probablemente el Yo inferior y medio abandonan temporalmente el cuerpo físico) – retroceden a cero. Para los lectores que están especialmente interesados en tales temas, debo indicar que la epilepsia parece ser el resultado de ataques cada vez más recurrentes de espíritus inferiores extracorporales. Si éstos son capaces de dominar al Yo inferior del enfermo, entonces absorben dentro de pocos minutos la fuerza vital del cuerpo – pese a los intentos de éste de resistirse al despojo. Que la fuerza vital es retirada, eso está a la vista en aquellos casos; eso se muestra justamente en la inconsciencia que se presenta y en la lenta recuperación de la consciencia y de la fuerza corporal que viene después. La fuerza vital se forma del alimento que consume el ser humano. Hay que imaginarse que después de la salida de fuerza vital producida por el despojo por parte de un Yo inferior o de un ser infrahumano, el azúcar de la sangre se oxida poco a poco, con lo cual se genera nueva fuerza vital. La pareja de los Yoes inferior y medio que normalmente habita en el cuerpo de la persona atacada, puede ser expulsada del cuerpo con el ataque y tal vez regresa a éste después de un cierto tiempo. El retorno al cuerpo se lleva a cabo a través del cordón conector de substancia de cuerpo de sombra, que se mantiene como conexión fija entre esos espíritus y el cuerpo físico compacto. En casos que he podido observar y examinar, la hipnosis ha resultado ser una ayuda beneficiosa, ya que por medio de ésta se ha podido reforzar esencialmente la capacidad de resistencia del paciente frente a tales ataques periódicos. El fenómeno está estrechamente emparentado con el del cambio de personalidad en casos de “personalidad múltiple”. Está, además, relacionado con casos de posesión, que conducen a la demencia, y en los cuales muchas veces, por medio de terapia en que se aplica insulina, se le puede dificultar de tal manera al espíritu invasor la estadía en el cuerpo robado, que éste se retira y le hace posible el regreso al legítimo ocupante del cuerpo.

El mecanismo de extensión de una parte o de la mayor parte del cuerpo de sombra (del Yo inferior o medio, como por ejemplo, en paseos astrales conscientes) merece un estudio más exacto. Con el estado actual de las investigaciones de las cuales informo aquí, no puedo decir con precisión cómo se realiza el envío de un hilo de cuerpo de sombra a través de un cuarto o el envío de la mayor parte del cuerpo de sombra a través de la mitad de un continente. Como mejor suposición se ofrece la siguiente.

Si substancia de cuerpo de sombra es cargada con fuerza vital y llevada a actuar por medio de la consciencia, ésta, gracias a su naturaleza magnética, provoca impulsos de atracción o de rechazo como fuerzas de propulsión. Podemos comparar en algo ese efecto con el estiramiento de una “mano”, como lo hacían los Kahunas. Si algún día avanzamos hasta el conocimiento completo del mecanismo en referencia, con seguridad veremos que el magnetismo desempeña un gran papel, especialmente cuando se trata de explicar la atracción realmente fuerte, con la que el paseante astral es traído de vuelta al cuerpo cuando es perturbado.

En la lectura de pensamientos y en la telepatía, las formas de pensamiento generadas por una persona no le son arrebatadas por otros. Más bien se ha comprobado que por medio del acto de sentir y percibir, se reciben formas duplicadas – es decir, en cierto modo impresiones – de los pensamientos pensados por la persona de experimento o por el compañero de una transmisión telepática. También está claro que cada vez que nos acordamos de un suceso, generamos, por medio del proceso de recuerdo, un duplicado de la forma de pensamiento del suceso respectivo. De ese modo se aprende, por ejemplo, una poesía, por medio de recuerdo repetido de las formas de pensamiento de sus palabras y líneas, hasta que finalmente todos los racimos asociados de formas de pensamiento son suficientemente consistentes y duraderos y pueden ser recuperados fácilmente por el Yo inferior y elevados al foco de la consciencia. (Hay que pensar que el Yo medio no tiene capacidad de recuerdo. No puede almacenar formas de pensamiento en su cuerpo de sombra. Si fuera separado de su Yo inferior al morir, ya no sería capaz de acordarse quién o qué ha sido alguna vez. En casos de tales separaciones éste es realmente un espíritu muy lamentable).

El Yo inferior conserva todos nuestros pensamientos en su cuerpo de sombra. Por eso somos capaces de valernos, después de nuestra muerte, de todas las experiencias y conocimientos que hemos acumulado durante la vida. Los recuerdos y todos los datos adquiridos por medio de la experiencia no mueren con la desintegración del tejido cerebral de nuestro cuerpo físico fallecido. Los anales de la investigación psíquica están llenos de casos en los cuales personas fallecidas han regresado y han tenido trato con personas vivas, por medio de médium o de otra manera. La prueba completa de la continuidad de la vida después de la muerte física resulta del hecho comprobado por medio de numerosos casos, de que los muertos pueden acordarse con exactitud de sucesos de su vida física.
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