El descubrimiento de la enseñanza huna max freedom long indice




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XIII
Los secretos vitalizantes del Lomilomi

y la imposición de manos

Después que han sido explicados los elementos básicos de la enseñanza Kahuna, nos dedicaremos ahora a la aplicación práctica de esos elementos.

Este párrafo trata los métodos de sanación más sencillos de los Kahunas. Al mismo tiempo deseo indicar cómo una persona puede en la actualidad sacar grandes beneficios de esos conocimientos y experiencias.

Según las leyendas semihistóricas del área del Mar del Sur, en tiempos inmemoriales los sanadores de Hawai y de toda la Polinesia se valían a menudo de un tratamiento físico, como ayuda para lo que hoy se llamaría “ sanación espiritual”.

Ese tratamiento se llamaba Lomilomi y consistía en una combinación de masajes, baños e intensos procedimientos muy bien estudiados. Pero con todas esas actividades se formaba una totalidad, por medio de penetración mental-espiritual. Esto último apoyaba el proceso de sanación y ayudaba a eliminar dolores.

Si actualmente combináramos masajes suecos con baños de diferentes tipos, con quiropráctica y osteopatía y junto con eso impartiéramos sugestiones y de acuerdo con antiguas costumbres religiosas (con el fin de sanar) le impusiéramos las manos al paciente, esa combinación se acercaría bastante al Lomilomi de un Kahuna entrenado.


Caso 24
Lomilomi

Comentario preliminar:
El Dr. Brigham ocupó toda una tarde para explicarme los detalles de un tratamiento Lomilomi, que una vez pudo observar en el distrito de Hilo.

Un hawaiano de 40 años aproximadamente había regresado de una larga caminata. Había ido al volcán Kilauea, para ver cómo se desbordaba la lava desde el gigantesco cráter. Él había llegado agotado a su casa, se sentía enfermo y se quejaba de dolores en diferentes articulaciones. Especialmente doloroso parecía ser un tipo de lumbago.

El Kahuna tratante era una mujer. Ella no tenía ninguna pretensión de disponer de grandes fuerzas sanadoras. Dentro de la comunidad actuaba como una especie de enfermera.

Circunstancias:
Cuando el Dr. Brigham supo del tratamiento y llegó al lugar donde se estaba practicando, la sanadora ya había comenzado con el trabajo. El hombre había sido lavado con té caliente, un brebaje de diferentes yerbas y hojas cocidas en agua. Al té se le había agregado un poco de sal sin lavar, obtenida por evaporación de agua de mar. Después del lavado el paciente fue secado y tendido al sol ardiente, vestido solamente con un taparrabos. Durante el lavado la sanadora expresó en una especie de canto, que toda la enfermedad se estaba eliminando y el dolor se estaba aliviando. De manera similar y con muchas variaciones, ella describió entonces los beneficiosos efectos que se producirían por medio del contacto de sus manos sanadoras y del contacto de piedras redondas. Las piedras las sacó de una fogata, las lavó y las utilizó para masajes en los músculos endurecidos y en las partes adoloridas.

Después de la aplicación de piedras calientes vino un masaje con las manos. Ella se calentaba frecuentemente sus manos en la pequeña fogata, antes de efectuar el masaje profundo en las partes especialmente adoloridas.

En la misma medida en que disminuían los dolores del paciente, las manipulaciones del tratamiento se hacían más vigorosas e intensas. Éstas consistían en doblar y presionar los miembros en las diferentes articulaciones. Se comenzaba con movimientos de las articulaciones de los dedos y tobillos y se terminaba doblando y activando todas las partes posibles del cuello y de la columna vertebral que tuvieran articulaciones, especialmente las partes donde la inflamación y el dolor eran mayores. El lumbago parecía estar localizado en una parte muy dolorosa en la mitad de la zona inferior de la espalda. Allí el tratamiento fue al principio muy cuidadoso, con largas aplicaciones de calor; pero finalmente éste cambió a un masaje con presión, que casi asustaba por su vehemencia, realizado con los dos carpos, es decir, con la parte de ambas manos que queda entre el centro de éstas y las respectivas muñecas.

Para terminar el tratamiento la mujer colocó sus manos sobre las manos del hombre y le dijo que descansara y dejara pasar las fuerzas sanadoras de sus manos a las de él, para que se sintiera bien y fuera liberado del dolor. Eso duró varios minutos. Finalmente el paciente fue envuelto con algo caliente y pudo dormir un poco. Su cara fue protegida del sol; llegó su esposa, se sentó al lado de él y con una frondosa rama le mantuvo alejadas las moscas. Cuando el Dr. Brigham le preguntó al hombre algunas horas después por el resultado del tratamiento, el paciente dijo que ya no tenía dolores y que se sentía muy bien, con excepción de algunas pequeñas partes adoloridas, donde el tratamiento había sido especialmente fuerte.

Comentario:
Visto de afuera el tratamiento parece haber sido muy simple. Pero si lo observamos con más exactitud, de acuerdo con la enseñanza Huna, y comparamos cada fase del tratamiento con lo que ha sido descubierto en los últimos años, el tratamiento resulta ser realmente notable y rico en particularidades que nuestros sanadores occidentales todavía ni siquiera saben aplicar por separado, ni mucho menos combinándolas.

Fase uno: La aplicación de lavados o baños calientes es conocida en todos los pueblos y razas. El cocimiento de yerbas de los hawaianos consistía en hojas de plantas Ti. Se suponía que ésta tenía el poder de expulsar espíritus inferiores, que tal vez podrían intentar robarle fuerza vital al paciente (más adelante hablaré al respecto). Es sabido que fuentes naturales calientes de agua mineral y de barro producen alivio en varias enfermedades. El moderno baño turco o de vapor es un sustituto. Los navajos y otras tribus de indios tomaban prolongados baños de vapor para purificarse antes de ciertos ritos ceremoniales.

Desde hace siglos los terapeutas aplican calor por medio de piedras u otros medios mecánicos. El médico moderno aplica calor en las más diversas formas, por medio de calentamiento eléctrico profundo de los tejidos, por medio de calentamiento desde afuera, a través de luz y otras cosas más. En el tratamiento de enfermedades de las articulaciones, se utiliza calor para disminuir la tensión muscular y preparar los tejidos para el tratamiento siguiente.

Fase dos: Doblamientos y movimientos de las articulaciones, masajes profundos y movimientos de fricción para reforzar la circulación sanguínea, son componentes esenciales de la antigua Práctica Lomilomi. Aunque los nativos, que después de un calentamiento y relajamiento preliminar de los músculos aplicaban masajes profundos, con seguridad todavía no sabían que ciertas articulaciones de la espina dorsal, con un leve desplazamiento inverso, ejercen una presión fuertemente dolorosa sobre los nervios, realizaban cosas excelentes para la restauración de la estructura normal de las partes respectivas.

Ellos presionaban o torcían una articulación hasta que – siempre y cuando fuera posible – “crujiera”. La mayoría de las articulaciones tratadas de ese modo, adoptan nuevamente su posición original, en caso de que la dislocación no exista ya desde hace demasiado tiempo. Como vemos, el Lomilomi contiene, después de la aplicación básica de calor con el propósito de relajar, un tratamiento continuo de las articulaciones para una eventual corrección de dislocaciones, como también masajes profundos y fricciones para la estimulación de la circulación sanguínea y para aliviar las molestias. A continuación el paciente tenía que descansar, lo cual por sí solo ya es valioso.

Fase tres: Esta tercera fase todavía tenemos que aprenderla. Se trata del empleo de fuerza vital con fines de sanación. Lo más parecido a este tipo de tratamiento en la actualidad es la aplicación de corrientes eléctricas de diversos tipos por medio de aparatos eléctricos. Una nueva escuela médico-científica fundada por quiroprácticos, enseña que cada órgano del cuerpo posee una carga eléctrica de una determinada tensión que sólo es propia de ese órgano. Con un aparato se examina la tensión en el órgano respectivo; si se establece que ésta es menor a la carga promedio adecuada para ese órgano, se intenta ajustar nuevamente con la máquina el nivel correcto de tensión del órgano enfermo. Aunque este tipo de diagnosis y tratamiento todavía está muy lejos de ser reconocido por la generalidad (probablemente en algunos casos actúa una porción de desconocimiento o incluso de intención de fraude), la idea que sirve de base representa el hasta ahora mayor acercamiento a la teoría Kahuna de la fuerza vital y a la comprensión de su gran importancia para nuestra vida y consciencia.

En círculos médicos se admite que la fuerza electrovital del cuerpo tiene que tener un cierto nivel para que la salud se mantenga.

En el debate de las tres tensiones de fuerza vital (Mana, Mana-Mana y Mana Loa) ya se indicó que se pueden medir las ondas corporales y cerebrales y que se han logrado avances fundamentales en la comprensión de su importancia para la salud corporal y mental.

En los métodos de sanación de los Kahunas, la aplicación del conocimiento en torno a la fuerza vital iba de la mano con sugestión hipnótica suave. Con el descubrimiento del mesmerismo, el occidente dio un paso considerable en dirección a la antigua práctica Huna, con la cual se le transmitía fuerza vital al paciente por medio de tocarlo con las manos y al mismo tiempo se le impartían sugestiones de sanación. Mesmer, que hace más de cien años demostró el poder de la sugestión, creía que su efecto sanador se basaba en la transmisión de su “magnetismo animal” al paciente; él le atribuía a éste la fuerza de sanación. Él tocaba a sus pacientes, después que se había cargado con esa fuerza, por medio de concentración mental y de tocar imanes.

Pero lo que Mesmer y sus seguidores efectivamente producían, era la transmisión de fuerza vital como medio de sanación; pero ésta la conectaban (sin saberlo) con sugestiones muy intensas. Este punto es de gran importancia para todos los que se dedican al arte de la sanación y que anhelan un conocimiento más profundo. El Dr. Braid, que vino mucho tiempo después de Mesmer, descubrió que la sugestión hipnótica lleva a los mismos resultados y sin contacto físico entre pacientes y sanadores. Con su descubrimiento, él le entregó al mundo el conocimiento del poder de la sugestión. Pero al mismo tiempo él produjo que el conocimiento de la transmisión sanadora de fuerza vital entre persona y persona cayera en el olvido. A nuestros médicos, que en sus consultorios se valen de la sugestión para sanar, y también como ayuda en el psicoanálisis y para la eliminación de fijaciones de ideas, les falta por eso un factor muy importante para intensificar y completar su arte médico.

Algunas personas tienen la aptitud natural de transmitir su fuerza vital por medio de la imposición de sus manos sobre personas débiles y enfermas y fortalecerlas. Ese es el tipo más sencillo de tratamiento con participación de fuerza vital. Mejores resultados logran sanadores sobre una base religiosa con un método mucho más desarrollado. Un sanador de ese tipo coloca sus manos y le pide a Dios que realice la sanación. Si con eso se llega al Yo superior y éste interviene, ocurren sanaciones milagrosas. Por otra parte, en cambio, lo mejor que se puede esperar es que el deseo de sanación actúe como sugestión hipnótica y el paciente se abra a la entrada de la fuerza vital del sanador y a la idea de salud ligada a ésta. Obsérvese el doble efecto de este tratamiento.

La fuerza vital, que corresponde a la electricidad corporal o al Mana inferior (es decir, la tensión apropiada para el Yo inferior y para el cuerpo, pero no para el Yo medio y para la voluntad), tiene una cualidad asombrosa, que todavía es desconocida para los investigadores modernos: EN SERES SENSIBLES LA FUERZA VITAL REACCIONA ANTE ÓRDENES E INSTRUCCIONES DE LA CONSCIENCIA, casi como si ella misma tuviera consciencia.

Alguna vez llegará el tiempo en que ese hecho se registre con letras grandes en los libros especializados.

Los Kahunas le han dejado a la posteridad – aunque en forma un poco encubierta – el conocimiento de que el universo se originó por medio de que CONSCIENCIA ACTUÓ SOBRE FUERZA para crear materia. (Por cierto yo supongo que esa afirmación interpreta correctamente la creencia de los Kahunas, pero es absolutamente posible que detrás se escondan más conocimientos, que comprenderemos tan sólo una vez que la física haya tenido más avances).

La ciencia enseña que toda la materia consta de quanta de energía eléctrica vibrante, cuyo ritmo de movimiento está ajustado a otras unidades de energía vibrante y que – aparentemente condicionado por el equilibrio necesario de las cargas positivas y negativas - existen diferentes tipos de materia.

HUNA nos enseña que una consciencia le imparte a la energía eléctrica el ritmo de movimiento estipulado. El Yo superior puede transformar por medio de su consciencia fuerza vital en alta tensión y - como en la caminata sobre fuego y la sanación inmediata – producir cambios de temperatura y de materia. Con seguridad se puede suponer que sobre el Yo superior hay planos de consciencia aún superiores, que nosotros los seres humanos ciertamente no podemos imaginar. Las fuerzas de consciencia de esos planos superiores tienen un efecto creador en todo el mundo. (En casos especiales le pedimos al Yo superior que lleve nuestra oración a seres aún superiores. El cristiano le reza a Dios por intermedio de su hijo Jesús).

Aunque el Yo inferior de una persona no puede, con sus escasas fuerzas de consciencia, emplear su fuerza vital para la transformación de materia, su poder de control sobre la fuerza vital corporal es muy considerable.

El Barón Ferson demostró que con un poco de adiestramiento es posible llenarse con una carga de fuerza especialmente intensa. Según la enseñanza Kahuna, se trata de fuerza vital. Si una carga de ese tipo es dirigida por la voluntad en forma adecuada, se transmite una corriente de fuerza desde las manos del sanador al paciente.

En este contexto la enseñanza Kahuna señala un punto importante. Si fluye fuerza vital de una persona a otra, en esa corriente de fuerza también pueden ser transferidas otras substancias, especialmente formas de pensamiento, es decir, pensamientos envueltos en su fino cuerpo de sombra.

Este secreto de la enseñanza Kahuna presenta una nueva forma de ver la sugestión - o sea la autosugestión, como también la hipnosis. El arte de la sugestión consiste en la transmisión de una corriente de Mana inferior (fuerza vital inferior) y de la transmisión simultánea de formas sugestivas de pensamiento que fluyen junto con esa corriente – sean sugestiones para recuperación o para acciones que debe realizar el receptor de la sugestión.

Con la entrega de sugestiones se puede formar el contacto con el paciente por medio de imposición de manos. Pero si el paciente ya ha sido tocado en una ocasión anterior, ya existe desde entonces un hilo de substancia de cuerpo de sombra entre el sanador y el paciente. Entonces es posible que por medio de un “acto voluntario” del sanador, su Yo inferior pueda, a lo largo de ese hilo, entrar en contacto con el paciente en cada momento e incluso a través de grandes distancias, y enviarle fuerza vital y formas de pensamiento sugestivas, a modo de telegrama. Este es entonces el llamado “tratamiento a distancia” o tratamiento en forma telepática. La aplicación de este tipo de tratamiento requiere mucho adiestramiento y práctica.

Los Kahunas nos enseñan otro secreto más de gran importancia. Cuando nosotros aplicamos la sugestión en los países occidentales con fines de sanación, tratamos de que ésta sea lo más intensa e hipnótica posible. Los Kahunas en cambio, utilizaban solamente sugestiones suaves, por así decirlo. Pero sabían que un estimulante físico aplicado al mismo tiempo, potencia una sugestión suave de manera extraordinaria. Por estimulante físico se entiende algo material, o una acción – algo real y palpable, por medio de lo cual es influenciado el Yo inferior del paciente. Tomemos el clásico ejemplo del médico que le suministra a un paciente una píldora que no produce ningún efecto, pero le dice que ésta sanará su dolencia. La píldora actúa como estimulante físico, para que el paciente crea que se le ha suministrado un remedio auténtico. La sugestión de sanación impartida por el médico incluso casi no necesita ser de tipo hipnótico; pero si se agrega el algo físico, el estimulante físico, la píldora que no produce ningún efecto, entonces la sugestión de sanación produce un efecto mágico profundo.

Los tratamientos a distancia que se basan en transmisión telepática de fuerza vital y formas de pensamiento que contienen sugestiones de sanación, tienen un efecto mucho menor que las sugestiones con las que existe un contacto directo. Eso se debe esencialmente a la falta del estimulante físico en las sanaciones a distancia. El sanador que le impone sus manos al paciente y le imparte una sugestión de sanación, utiliza como estimulante físico el acto de tocar al paciente. E incluso el hecho de que él se encuentra ante el paciente, actúa como estimulante y refuerza el efecto de la sugestión. Pero si se le suministra al paciente algo que él asocia directamente con el proceso de sanación, por ejemplo, una medicina – tal vez completamente sin valor -, se aumenta considerablemente el efecto de sanación. Como hemos visto, el Yo inferior es ilógico. Para la recepción de informaciones hay dos medios a su disposición. (1) El uso de los cinco sentidos, para conocer una cosa. Cuando el Yo inferior ve una flor, la toca, la huele, saborea una hoja y escucha a una abeja zumbar en ella, obtiene una impresión muy intensa de esa flor. Esa impresión es tan fuerte, que no se le puede convencer en absoluto que no ha visto esa flor exactamente de esa manera. (2) El subconsciente obtiene también informaciones del Yo medio. En el caso de la flor, éste toma conocimiento, por ejemplo, que la flor crece detrás del cerco en el terreno vecino y que por eso no se debe sacar.

El Yo inferior confía más en sus sentidos que en cualquier otra cosa. Siempre es un poco reservado frente a toda información que le entrega el Yo medio, puesto que a menudo ha tenido que darse cuenta que esas comunicaciones no siempre son correctas. Tal vez el Yo medio se ha dicho alguna vez, cuando ha sido un niño pequeño, que tiene que ser espléndido rodar en un cerro hacia abajo dentro de un barril, mientras el Yo inferior ha estado realmente horrorizado de esa idea. Si el experimento ha terminado con dolor y lágrimas, entonces el Yo inferior ha deducido, con su capacidad de juicio similar a la de los animales, que no se debe confiar demasiado en las reflexiones del Yo medio.

Algunas ideas fijas que son retenidas en el subconsciente, causan mal y desgracia. La mayoría de las veces tales fijaciones son ilógicas, pero son retenidas obstinadamente. Se supone que tres cuartos de nuestras desgracias provienen de esas causas mentales. Esto puede ser un poco exagerado, pero no hay que desestimar la importancia de las causas mentales de enfermedades, accidentes y dificultades de todo tipo. Si consideramos, además, que nuestro futuro, como enseñan los Kahunas, es formado por nuestros Yoes superiores, de nuestras esperanzas y temores, de nuestros planes y pensamientos de la vida diaria, entonces podemos decir que nuestras relaciones y condiciones medioambientales se pueden atribuir a causas mentales (entre esas “causas” los Kahunas también consideran posibles ataques de espíritus que hacen ruidos o de parejas normales de espíritus, consistentes en Yoes inferiores y medios. Tales ataques ocurren mucho más a menudo que lo que se cree). Además, tenemos que contar con que alguna vez podríamos ser objeto de una sugestión que nos llevara a una enfermedad o a un accidente, aunque la persona que nos ha entregado la sugestión no haya querido dañarnos.

Ejemplos de sugestiones que causan enfermedad encontramos en cualquier artículo dedicado a los resultados del psicoanálisis. Casos típicos de ese tipo se refieren casi siempre a personas cuya fuerza vital ha estado debilitada por cansancio excesivo o enfermedad y que en ese estado se han encontrado con algo conmovedor (el debilitado Yo medio no puede entonces darle al Yo inferior ninguna explicación lógica de esa consecuencia conmovedora que actúa como un estimulante físico). La conmoción puede, por ejemplo, ser causada por el hecho de ver repentinamente a un lisiado o herido, a un enfermo grave o a un paralítico; también puede ser causada por ver un accidente, en el que alguien resultó gravemente herido. Además, la conmoción se puede presentar por medio de un pensamiento repentino, que penetra en la persona agotada y de manera ilógica se fija en su Yo inferior.

Cansada de bailar una mujer vio a un hombre que tenía corroída la mitad de la cara. De un modo catastrófico y completamente ilógico, su Yo inferior asoció la desfigurada cara con ella misma. La mujer estaba convencida de que también su propia cara se enfermaría y se desfiguraría y ya no podría ser sanada. Fue de médico en médico hasta que finalmente llegó donde un psicoanalista, el que sacó a la luz la causa del asunto. Por medio de explicaciones razonables él pudo detener los perjudiciales efectos. En otro caso, un joven enfermo que estaba en un estado de excesivo cansancio, resbaló en una escalera de hierro. Después sentía miedo de un modo ilógico por las escaleras de hierro. Simplemente no quería verlas. El psicoanálisis sacó a la luz la causa de la perturbación; el joven fue sanado.

El Yo inferior está acostumbrado a que el Yo medio se dedique todo el día a imaginaciones. La mayoría de los pensamientos que tenemos en horas de ocio, se refieren justamente a cosas que no son reales. Si al Yo inferior se le da la sugestión que está sanado de una enfermedad, éste tal vez suponga que esa afirmación solamente se trata de un tipo de imaginación. Él está justamente convencido de que está enfermo y que no se hace nada para sanarlo. Por eso se niega a acoger la sugestión de sanación que se le expresa y a actuar de acuerdo con ésta. Lo mismo ocurre a veces, cuando tratamos de orar con toda fe y decirnos que la oración ya ha sido escuchada. Lo mismo ocurre también cuando retenemos en nosotros la idea de que tenemos una nueva casa, por ejemplo, o que estamos sanados de una enfermedad. La mayoría de las veces el Yo inferior no colabora en aquellos casos. Se comporta como un joven travieso que se burla de nuestros esfuerzos. NO PARTICIPA EN ASUNTOS QUE NO PERCIBE CON SUS PROPIOS SENTIDOS Y QUE NO PUEDE EXAMINAR A SU MANERA.

Si en una sanación por medio de sugestión se suministra una medicina junto con la sugestión de que ésta produce una sanación segura, y junto con eso el paciente está relajado y no le da ningún motivo a su Yo inferior para dudar del poder sanador de la medicina, la sugestión es recibida de buena gana, a causa del estimulante físico que está en la presentación de la medicina real y perceptible, y se logra la deseada sanación. En otras palabras, el Yo inferior, que no había sanado la enfermedad, como normalmente habría tenido que hacerlo, se pone ahora manos a la obra, inducido por el sanador y por la medicina recetada, y produce las condiciones necesarias para la sanación.

Si se reza para pedir una casa y se cree firmemente que la oración es escuchada, y además se expresa que mentalmente ya se tiene la casa y se agradece por el regalo, entonces se puede tener éxito, en caso de que al mismo tiempo el Yo inferior sea impresionado tan intensamente por medio de un estimulante físico, que él también pueda creer que ya se lleva a cabo la realización del pensamiento. Una dama que conozco rezaba para pedir casas y solía obtenerlas. De algún modo ella conocía el secreto de un estimulante físico. Cada vez, después de la oración, ella tomaba una tabla y un clavo, colocaba ambas cosas delante de ella y decía que ese era el comienzo de la casa, que le era dada a causa de la oración. Eso efectivamente surtía efecto, lentamente pero seguro. De ese modo ella consiguió casas hasta que pudo vivir del producto de los arriendos.

Si se le imparte una sugestión a un enfermo, mientras al mismo tiempo se le transmite fuerza vital a través de las manos del sanador, y se aplican masajes y otras manipulaciones como estimulante físico, la combinación es extraordinariamente efectiva. Un buen tratamiento Lomilomi solía incluir esos tres importantes elementos. Adicionalmente se podían aplicar también baños de yerbas y medicamentos. Una clase especial de Kahunas era muy experta en la utilización de medicina autóctona con yerbas.

Estos son realmente secretos vitalizantes. La fuerza vital está viva. Sin ella no puede funcionar la consciencia, ni en el Yo inferior ni en el superior. Sin ella, el cuerpo físico fallece.

Por lo tanto, llénense nuevamente con fuerza vital e implántenle al Yo inferior la sugestión de que esa fuerza es aplicada para la sanación del cuerpo. Apliquen un estimulante físico, para que la sugestión sea acogida con seguridad. Hagan esto mientras imponen las manos o aplican sanación a distancia a lo largo de los hilos conectores de substancia de cuerpo de sombra. Esto es magia. Esta es magia inferior, mientras que las oraciones al Yo superior y las sanaciones inmediatas son magia superior.

Conozco un hombre que estaba postrado en cama con úlceras en el hígado y sufría permanentemente de dolores. Un médico que había descubierto el secreto de la imposición de manos y que solía combinar esa forma de sanar con sugestiones, se hizo cargo del enfermo. Le dijo que por cierto no podía sanar su hígado, pero sí podía eliminar sus dolores por medio de sugestión. Realizó algunas manipulaciones leves y le impuso sus manos al paciente. Dio sugestiones que tenían como propósito aliviar los dolores. Ya después del segundo tratamiento, el dolor disminuyó. El hombre podía levantarse. Cada semana recibía un tratamiento. Vivió tres meses sin molestias. Después falleció repentinamente y tuvo una muerte suave.

Más adelante me encontré nuevamente con ese médico. Él estaba tratando a una enfermera de 50 años de edad, que le había sido transferida por los médicos de otro hospital, para que pudiera permanecer cerca de su hija hasta la muerte. Los médicos ya no podían hacer nada por ella y creían que solamente le quedaban pocos meses de vida. Nadie sabía lo que tenía en realidad. La mujer había perdido poco a poco su vitalidad y ya no podía caminar. Podía decir solamente algunas palabras y caía una y otra vez en estados histéricos y a veces tenía contracciones. El hábil médico se hizo cargo del tratamiento, hizo algunas pequeñas correcciones en la columna vertebral y junto con eso dio la sugestión de que regresarían la salud y la fuerza. Él trataba a la mujer una vez a la semana de esa manera y después de seis semanas su estado de salud era mejor que lo que había sido desde hace años. Ella podía caminar libremente de un lado para otro y llevaba su cabeza nuevamente erguida. Sus pasos eran nuevamente elásticos y había un resplandor en sus ojos. Aunque el médico no había escuchado jamás algo acerca de los Kahunas, había encontrado en forma puramente instintiva dos tipos sencillos de tratamiento, que aplicados cada uno solo no son ni mágicos ni importantes, pero que al aplicarlos juntos constituyen la base del vitalizante Lomilomi.

La aplicación de sugestión hipnótica para la sanación de enfermedades corporales y situaciones complejas es actualmente cuestionable y además está desacreditada. Sólo rara vez médicos estudian actualmente las posibilidades de aplicación de la sugestión. Solamente psicoanalistas y psiquiatras trabajan actualmente con sugestión y ésta les trae sólo magros resultados, porque no conocen el secreto mágico del estimulante físico, y porque no han aprendido a transmitir una corriente de fuerza vital desde ellos al paciente y de ese modo rellenar nuevamente la reserva de fuerzas de éste.

Con la fuerza vital ocurre lo mismo que con el óbolo de la viuda - mientras más se da, más aumenta. Conozco un hombre, cuya práctica de sanación consiste en que él le impone sus manos a los enfermos y bajo la influencia de su voluntad les transmite su fuerza sanadora. Él invoca a los espíritus de parientes fallecidos, para que ayuden en el proceso de sanación; muchas de sus sanaciones son muy considerables. Yo le pregunté si la entrega de fuerza sanadora no lo agotaba. Él respondió que, por el contrario, se sentía enfermizo y necesitaba mucho esfuerzo y actividad corporal cuando no podía utilizar su fuerza para sanar.

La fuerza vital se origina del alimento que consumimos. La cantidad diaria de alimento debería darnos a cualquiera de nosotros suficiente fuerza vital para una actividad física y mental mucho mayor. La fisiología enseña que nuestro alimento es transformado en azúcar sanguínea y ésta se reduce cuando nos movemos y nos ocupamos de algo, y por eso consumimos fuerza vital. La parte no quemada de azúcar sanguínea es eliminada por el hígado como lastre.

Por medio del empleo de nuestra voluntad podemos inducir al Yo inferior a generar un exceso de fuerza vital. En una docena de ejercicios de 20 minutos de duración cada uno, casi cualquiera puede aprender eso. Pero si alguien dispone de más fuerza vital que otro y le impone las manos a éste, con la intención de transmitirle una parte de su fuerza vital, entonces se produce ese flujo de fuerza. Con el obedecimiento de la orden impartida voluntariamente por el Yo medio, la corriente de fuerza vital muestra una inteligencia casi humana. Ésta fluye justamente hacia las partes enfermas del cuerpo del paciente y las fortalece. Porta las formas de pensamiento de la sugestión, cuando esa sugestión se hace sin palabras. Pero puede trabajar mejor cuando la sugestión se hace en forma hablada y oíble, por lo cual el Yo inferior del paciente escucha claramente lo que la voluntad desea ver realizado con la sanación. Si la sugestión hablada va acompañada de un estimulante físico, la corriente de fuerza vital aumenta adquiriendo mayor poder. Entonces da lo mismo si el estimulante consiste en manipulaciones, masajes, calor, baños curativos o en otros métodos.
Después que hemos aprendido de los Kahunas que la sugestión es solamente el traspaso exitoso de fuerza vital y de formas de pensamiento de una persona a otra, al que reacciona el paciente relajado, nos damos cuenta qué absurdo ha sido que tuviéramos miedo de la hipnosis.

En los cien años desde el descubrimiento del mesmerismo, nuestro miedo a la hipnosis y a cada forma de sugestión ha llegado a ser casi patológico. Simplemente no podíamos comprender todo aquello y por eso le temíamos. Como en los relatos acerca de sanaciones bíblicas el factor sugestión no está descrito claramente y comentado en forma positiva, la iglesia ha advertido en contra de su aplicación, tal como actualmente advierte todavía en contra de la investigación psíquica (…y tal como ésta durante siglos ha hecho incansablemente advertencias contra todo avance médico y científico. Las religiones se cristalizan muy rápidamente y se ponen entonces en contra de todo lo nuevo, porque detrás de lo nuevo podría ocultarse la necesidad de modificar doctrinas o prácticas eclesiásticas).

Yo mismo me he hecho hipnotizar muchas veces y también he hipnotizado a otras personas en el transcurso de mi trabajo experimental. Pero jamás he podido notar en mí ni el más mínimo perjuicio. Durante treinta años he estudiado minuciosamente el efecto de la hipnosis y de la sugestión. Una y otra vez he conversado tanto con hipnotizadores como también con personas que se han dejado hipnotizar; no me he encontrado con ningún caso que haya despertado en mí la sospecha siquiera de que la hipnosis es perjudicial.

Cada uno de nosotros utiliza continuamente autosugestiones. Cuando yo “quiero” que me levante de la silla y vaya a la pieza del lado, con eso simplemente le entrego al Yo inferior las formas de pensamiento de las acciones deseadas. Éste está acostumbrado a obedecer tales órdenes del Yo medio; junto con eso el subconsciente reacciona automáticamente y obliga al cuerpo a levantarse y a ir a la pieza del lado. La autosugestión es en general menos efectiva que lo que podría ser, si la aplicaran personas que conocen su valor. La dificultad es encontrar un estimulante físico apropiado con el que se la pudiera combinar. Con enfermedades físicas la autosugestión tiene el mejor efecto cuando se lleva a cabo junto con tomar una medicina, pero siempre y cuando el subconsciente no sepa ya por experiencia que esa medicina no sirve.

Un estimulante físico útil que ya ha sido recomendado, es la confirmación hablada. Se dice en voz alta para sí mismo, que uno está sano y vigoroso, que es acomodado y exitoso. El sonido de la voz es un buen estimulante físico; si éste se utiliza a menudo y acoplado con la “intención” (del Yo medio) de que la autosugestión sea obedecida, se convierte en una fuerza sugerente muy efectiva.

Desde que existen los aparatos reproductores de sonidos, se han dado sugestiones en forma experimental con tales aparatos también mientras la persona duerme. Para eso se ajusta el aparato de tal manera que durante la noche comience a funcionar a una hora determinada, y aquel que quiere recibir la sugestión va a dormir preparado con el deseo acentuado de acoger la mecánica sugestión y reaccionar de acuerdo con ésta. Como mientras se duerme prevalece un relajamiento corporal total y la consciencia lógica está desconectada y por consiguiente no puede contradecir la sugestión escuchada por el Yo inferior, la sugestión penetra profundamente en el interior, tal como se quería. Podemos esperar que muy pronto se tengan en esa área de trabajo resultados asombrosos en relación con la restauración de la salud y el desarrollo de la personalidad. Será también posible entonces, promover y desarrollar talentos, capacidades y aptitudes geniales que han permanecido adormecidas.

Desde hace años una serie de investigadores intenta establecer hasta dónde hemos inhibido y reprimido capacidades y talentos valiosos por medio de autosugestiones y a través de recibir sugestiones negativas impremeditadas por parte de nuestros amigos en el sentido de “tú no puedes hacer eso”. ¿Cuántos de nosotros saben entonces realmente si pueden pintar o no, si tienen aptitudes de escritor o de orador, si pueden inventar, desarrollar u organizar algo? Algunos autores que se han dedicado a esa interrogante y se han sentido llamados a ser instructores, han creado incluso cursos de aprendizaje. En eso se explica que nosotros, por medio de la sugestión “tú no puedes hacer eso”, que se nos contrapone por todos lados, estamos prácticamente hipnotizados y se nos indica cómo podemos liberarnos de esa hipnosis y prosperar. Por cierto el éxito con los alumnos de los cursos no ha sido demasiado grande, pero las ideas en que se basan los cursos se acercan mucho a una parte de la verdad. Si alguna vez existen mejores métodos para la liberación de nuestro Yo de la idea fija de “Yo no puedo”, entonces los resultados se incrementarán considerablemente.

Pero entretanto ya es tiempo de que nosotros, cuya creencia todavía no está solidificada, y que todavía estamos en condiciones de aceptar nuevas verdades, intentemos establecer en forma experimental si los métodos que con los Kahunas funcionaban en forma tan ejemplar, también podrían trabajar bien para nosotros. Estoy seguro de que la mayoría de los médicos recién recibidos podrían aprender en un curso de 60 días la aplicación de los mágicos y efectivos métodos de sanación del Lomilomi. La capacidad para acumular fuerza vital y transmitirla se presentaría muy rápidamente y - cuando esto se lograra – ya no sería necesario aprender la utilización de la hipnosis profunda. Casi cualquiera, sea hombre o mujer, puede aprender a aplicar sugestiones suaves. En un curso de 2 meses bastaría una sola hora de trabajo práctico cada día de escuela, para transformar a un médico de capacidad término medio en un especialista. El tiempo restante de enseñanza se podría utilizar para estudiar la redescubierta psicología Kahuna. De la cantidad de los médicos adiestrados de esa manera, con seguridad algunos incluso serían capaces de aprender los métodos de sanación inmediata de los Kahuna.
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