El descubrimiento de la enseñanza huna max freedom long indice




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II




Caminar sobre el fuego como

introducción en la magia

Dos particularidades distinguen al sistema psico-religioso del “secreto” (HUNA) de los sistemas modernos de religión y psicología.

Primero y ante todo, el sistema Huna es eficaz y aplicable. Ha sido efectivo para los Kahunas y también podrá trabajar para nosotros.

Segundo, el hecho de que puede trabajar para todas las personas, tengan la religión que tengan, no es menos importante.

El mejor ejemplo de una magia eficaz, que funciona excelentemente con todas las personas, sin importar de qué religión, con sectarios como con gente sin religión y salvajes, es el hecho de caminar sobre el fuego, que ha sido practicado desde hace siglos y que actualmente todavía se practica en algunas partes del mundo.

Otra reflexión más hace parecer útil comenzar nuestra exposición de la magia Huna con el hecho de caminar sobre el fuego. Este tipo de magia tiene que ver justamente con dos cosas que no tienen absolutamente nada de misterioso, y esas son los pies y el carbón ardiente u otros materiales que queman, como por ejemplo, piedras o incluso llamas abiertas. Las dos cosas pueden ser meticulosamente examinadas y ambas son sumamente inapropiadas para la utilización de trucos.

Pero aparte de los pies y el calor, participa un tercer elemento, que no se puede ver y no se puede ni examinar ni revisar. Y sin embargo, ese tercer elemento no es menos real y libre de sospecha de utilización de truco. A ese tercer elemento llámeselo magia, mientras no haya una mejor palabra para designarlo.

Ese tercer elemento tiene que estar presente cuando los pies se exponen a un calor elevado, sin que se produzcan las ampollas y quemaduras normalmente habituales.

Por superstición se han hecho guerras por lo menos durante dos siglos. El desarrollo de las ciencias ha dependido de la capacidad de los científicos para combatir supersticiones y tabúes dogmático-religiosos. Pero actualmente, la falta de reconocimiento de los fenómenos psíquicos y psicológicos por parte de la ciencia, actúa convirtiéndose en un tabú dogmático, que impide que ésta siga avanzando. Las escuelas y la prensa han hecho todo lo posible desde hace años para desacreditar todo lo que no se ha podido “explicar”, y una y otra vez se alzan gritos contra la “oscura superstición”. Pero esa posición ha llevado a las personas modernas término medio a condenar drásticamente cualquier tipo de magia y especialmente cosas como caminar sobre el fuego, por considerarlas un engaño y una obra del demonio.

Por lo tanto, si yo quiero que mi informe sea considerado, tengo que demostrar que la magia es una realidad. ¡Y lo comprobaré! Pero aquellos lectores que saben de antemano que contra su opinión personal simplemente no puede ni debe existir ninguna prueba, deberían, pese a eso, leer este libro, porque este libro les entrega muchos hechos nuevos e interesantes que incitan a la reflexión. Pero por fin la lectura por lo menos se encontrará muy entretenida.

Si usted ha leído el informe, examine por favor si puede dar una respuesta mejor que la de los Kahunas a las confusas preguntas abordadas aquí.

Para una mejor visión global, en el presente informe he juntado cada vez grupos de material concluyente como “casos”. Cada caso contiene un comentario preliminar y como cierre un comentario explicativo.

El primer caso fue extraído de los apuntes del Dr. Brigham y se basa en sus experiencias y observaciones personales.

Caso 1



El Dr. Brigham camina sobre lava candente


Comentario preliminar:
Habitualmente, para explicar el hecho de caminar sobre el fuego, se argumenta que los pies se han endurecido e insensibilizado tanto por medio de un tratamiento previo, como por ejemplo, con alumbre (sulfato doble de alúmina y potasa) u otros productos químicos, que no se presentan quemaduras. A veces también se asegura que los carbones o las piedras calientes están cubiertas con una capa de ceniza o que no están suficientemente calientes como para poder producir quemaduras. Cuando Kuda Bux (un mahometano de Cachemira) había presentado en 1936 el fenómeno de caminar sobre el fuego ante la Comisión de Investigación Psíquica en la Universidad de Londres, Harry Price, en su intento por explicar el fenómeno, escribió: “Es casi innecesario indicar que al caminar rápido jamás entra en contacto al mismo tiempo toda la planta del pie con el piso. Por lo tanto, ninguna parte de la piel toma contacto con las ascuas por más de medio segundo”.

Pero en el caso que se describirá será posible convencerse de que ninguna de esas explicaciones es acertada ni siquiera aproximadamente.

Reproduzco el informe tal como lo escribí poco después que supe del suceso por el mismo Dr. Brigham. Y para que en lo posible sea descriptivo, utilizaré hasta donde pueda las mismas palabras del Dr. Brigham.

Suceso:

“Cuando la lava comenzó a fluir”, así relató el Dr. Brigham, “yo me encontraba en el sur de Kona, en Napoopoo. Esperé todavía algunos días, para estar seguro de que el flujo de lava se mantendría por un tiempo suficientemente largo. Cuando éste continuó, les informé de eso a tres de mis amigos Kahuna que anteriormente me habían prometido que en una ocasión apropiada me harían hacer un paseo a través del fuego bajo su protección. Les pedí entonces que me visitaran en Napoopoo, para que juntos fuéramos al campo de lava y pudiéramos realizar el paseo por el fuego.

Pasó una semana completa antes de que llegaran, porque desde Kau tenían que venir en canoa. Cuando por fin estaban aquí, no pudimos, sin embargo, partir todavía, ya que para ellos lo más importante era que nos viéramos nuevamente después de tanto tiempo. Por el contrario, el pequeño paseo por el fuego no les era importante. No había nada que hacer; nosotros teníamos que conseguir un cerdo y organizar un Luau (fiesta de los aborígenes).

Fue un magnífico Luau. Medio Kona se había invitado. Y cuando la fiesta había pasado, tuve que esperar todavía un día entero, hasta que uno de los Kahunas estuviera de nuevo suficientemente sobrio como para poder caminar.

Era de noche cuando finalmente partimos, puesto que habíamos tenido que esperar toda la tarde, hasta que por fin se hubiera ido toda la gente que había escuchado de nuestro propósito y que sin falta quería ir también. Con gusto la habría llevado, si hubiera estado seguro de que en el momento dado podría caminar sobre la lava caliente. Anteriormente ya había visto a los tres Kahunas caminar descalzos sobre pequeños ríos de lava en el volcán Kilauea, y el recuerdo de ese calor abrasador no era precisamente alentador para mí.

La caminata en la noche fue muy ardua. Tuvimos que esforzarnos en la subida y abrirnos paso a través de antiguos campos de lava hasta la selva que se encontraba arriba. Los Kahunas iban con sandalias, y las afiladas partículas astilladas de la piedra de lava se les metían una y otra vez entre la sandalia y el pie. De ese modo, frecuentemente teníamos que esperar hasta que uno u otro se hubiera agachado y se hubiera sacado la afilada astilla.

Cuando seguimos caminando entre árboles y helechos altos, se hizo de noche y estaba muy oscuro. Tropezábamos con raíces y caíamos en hoyos. Después de algún tiempo nos dimos por vencidos y nos acostamos en un barranco del antiguo lecho de lava por el resto de la noche. En la mañana comimos un poco de poi y pescado seco y comenzamos a buscar agua. Eso costó nuevamente mucho tiempo, porque aquí arriba no hay fuentes o arroyos y tuvimos que buscar charcos de agua de lluvia que se encuentran por todos lados en las cavidades de las rocas.

Seguimos escalando hasta el mediodía; el cielo se cubrió con humo y el olor a azufre de los vapores se hizo cada vez más intenso. Después hubo otra vez poi y pescado, y como a las tres de la tarde llegamos a la parte de donde salía la lava.

Era una visión abrumadora. Un poco más arriba del límite hasta donde hay árboles, la montaña estaba partida y las masas de lava salían de muchas aberturas. Acompañada de un ruido rugiente, la lava ascendía como 60 metros y luego caía y formaba un burbujeante lago de lava.

En el extremo inferior de ese lago se salía la lava. Una hora antes de la puesta del sol comenzamos a seguir desde allí el flujo de lava, en búsqueda de un lugar apropiado para nuestro experimento.

La corriente de lava, como siempre, no seguía los valles, sino las elevaciones del terreno. Se habían formado muros laterales de demarcación de masa de escoria solidificada, cuyo ancho alcanzaba hasta 1.000 metros. Entre éstos fluía la lava candente en un canal profundo, hundido hasta el piso de roca.

Varias veces escalamos hacia arriba por los muros, los atravesamos y miramos hacia abajo la corriente de lava. La superficie de lava endurecida se había enfriado tanto, que pudimos pasar por encima de ella. Sin embargo, veíamos por uno y otro lado la lava candente a través de las fisuras. De vez en cuando teníamos que evadir partes desde donde repentinamente brotaban llamas incoloras – como de tubos de gas - a través de una luz roja suavizada por el humo.

Después que nuevamente habíamos bajado hasta la selva, sin encontrar un lugar adecuado, nos acostamos otra vez para pasar la noche. En la mañana continuamos caminando, y después de algunas horas, encontramos por fin lo que necesitábamos. La corriente de lava fluía ahí sobre una franja de tierra casi horizontal de 800 metros de ancho aproximadamente. Ahí los muros de lava endurecida estaban formados como terrazas planas, con pronunciados declives desde una terraza a la otra. De vez en cuando ocurría que un trozo de roca o lava endurecida arrastrada detenía el flujo de lava justamente en un lugar donde comenzaba uno de esos declives. Después la lava se estancaba y se extendía formando una gran superficie. Pero la mayoría de las veces el tapón era empujado otra vez, de modo que la lava podía fluir nuevamente. Al hacerlo dejaba detrás de ella una fina superficie plana, que después de un suficiente endurecimiento se podía pisar.

Nos detuvimos al lado del mayor de aquellos tres lugares de desbordamiento, y observamos como se llenaba y se vaciaba el estanque plano. Incluso arriba, sobre el muro de lava endurecida, el calor era casi insoportable. Debajo del lugar donde estábamos, la roja lava fluía tan líquida como el agua. La diferencia era solamente que el agua no se puede calentar tanto y que la lava líquida jamás hace ruido, aunque caiga por un precipicio a una velocidad de 30 kilómetros por hora. Dicho sea de paso, ese silencio me ha fascinado cada vez que he observado lava que fluye. Mientras el agua tiene que fluir alrededor de rocas prominentes y sobresalientes o sobre un cauce duro, la lava disuelve cualquier obstáculo y se forma un canal, que es tan liso como la pared de una olla.

Como queríamos estar en la costa antes de la noche, los Kahunas se pusieron de inmediato manos a la obra, sin desperdiciar más tiempo. Habían traído hojas de Ti, y esperaban dispuestos para actuar, hasta que la lava se hubiera endurecido. (Las hojas de las plantas de Ti, donde están disponibles en la Polinesia, son utilizadas en general por los que caminan sobre el fuego. Son hojas bastante angostas, de entre 30 a 60 centímetros de largo, con los bordes afilados. Crecen como mechones desde la punta de tallos, que según la forma y el tamaño parecen palos de escoba).

Cuando los pedazos de roca que lanzábamos sobre la superficie de lava daban a entender que ésta ya estaba suficientemente firme como para resistir nuestro peso, los Kahunas se levantaron y descendimos por el muro lateral. Una vez que habíamos llegado abajo, nos parecía mucho peor de lo que puede ser dentro de un horno. La lava comenzaba a adquirir un color oscuro justamente en la superficie, pero sobre toda la superficie circulaban colores del calor. Éstos iban y venían, como se enfría el hierro candente antes de que el herrero lo coloque en baño de endurecimiento. Yo deseaba de todo corazón no haber sido tan curioso. Ya la idea de tener que caminar sobre el infierno plano hasta el otro lado, me hacía temblar y hacía surgir el recuerdo de cuando yo había visto una vez a los tres Kahunas caminar descalzos sobre la lava caliente del volcán Kilauea.

Los Kahunas se sacaron las sandalias y envolvieron hojas de Ti en torno a sus pies, tres hojas alrededor de cada pie. Yo entretanto me senté y comencé a envolver mis hojas de Ti alrededor de mis botas con clavos. No estaba dispuesto a correr riesgos especiales. Pero los Kahunas opinaban que debía sacarme las botas junto con mis dos pares de calcetines. Porque la diosa Pele no estaba dispuesta a proteger botas de la combustión, y era una ofensa para ella si me las dejaba puestas.

Tuve una acalorada discusión; acalorada en todos los sentidos, ya que ya estábamos casi asados. Yo sabía que no era Pele la que hacía posible caminar sobre el fuego, e hice todo lo posible por averiguar cuál otro Dios o lo que fuera, estaba a cargo de eso. Como siempre, los Kahunas sonreían irónicamente; ellos pensaban que el “Kahuna blanco” obviamente dominaba el truco de obtener Mana (un tipo de fuerza conocido por los Kahunas) del agua y del aire, para ejecutar el trabajo Kahuna. Consideraban inútil perder palabras acerca de algo de lo cual un Kahuna de todos modos no habla, justamente porque el secreto solamente puede ser transmitido del padre al hijo.

El final del asunto fue que yo me negué a sacarme las botas. Es que yo reflexionaba que si los hawaianos caminaban descalzos con sus endurecidas plantas de los pies, mis pesadas suelas con seguridad tendrían que ofrecerme suficiente protección. Naturalmente hay que tener en cuenta que en aquel entonces yo mismo todavía era de la opinión de que tenía que haber una explicación física para el paseo sobre el fuego.

Los Kahunas se burlaban de mis botas, pero al final pensaron que si yo quería entregárselas como ofrenda a los dioses, eso, por último, no era un mal pensamiento. Ellos me miraban sonriendo irónicamente y dejaron que me envolviera las hojas de Ti, mientras comenzaban con sus cánticos.

Los monótonos cánticos eran en hawaiano antiguo, que yo no podía seguir. Esa era la invocación habitual de los dioses, como había sido transmitida palabra por palabra a través de muchas generaciones.

Lo único que pude entender fue que el cántico consistía de sencillas y pequeñas referencias a la legendaria historia, como también de exageradas alabanzas de uno o de varios dioses.

Yo estaba como asado cuando los Kahunas terminaron con sus cánticos, aunque éstos deben haber durado sólo algunos minutos. De pronto había llegado el momento. Uno de los Kahunas golpeó con un manojo de hojas de Ti la superficie reluciente de la lava y me dejó el honor de atravesar como primero. Instantáneamente me acordé de mis buenos modales: yo era partidario de que la dignidad de la edad tuviera prioridad frente a la belleza.

Finalmente acordamos que el Kahuna con más edad pasara primero, que yo debía seguirlo y que los otros dos debían ir a mi derecha y a mi izquierda. Sin titubear ni un momento, el Kahuna mayor entró a la horrible superficie caliente. Yo quedé con la boca abierta cuando lo vi; y él ya estaba casi al otro lado, como a 50 metros de distancia, cuando alguien me dio un empujón, que me obligó a decidir rápidamente, si caía con la cara sobre la lava o caminaba.

Hasta hoy no sé qué locura me había agarrado; pero realmente caminé. El calor era increíblemente intenso. Yo retenía la respiración y casi no era capaz de pensar en algo. En ese entonces yo era joven y podía enfrentarme a los mejores en la carrera de 100 metros. ¡Pero aquí corrí como nunca antes! ¡Yo volaba! Con seguridad habría quebrado todos los récords… pero ya con el primer paso las suelas de mis botas comenzaron a arder. Se desfiguraron, se encogieron y rodearon mis pies como tornillos de banco. Las costuras cedieron y pronto perdí una suela completa, mientras la otra colgaba solamente de una tira de cuero en el talón de la bota y se arrastraba detrás de mí.

La suela suelta casi me hubiera costado la vida. Me hacía tropezar repetidamente y disminuía mi velocidad. Pero por fin, después de un tiempo, que me pareció que se trataba de minutos, pero que tal vez pueden haber sido solamente pocos segundos, salté al otro lado a suelo seguro. Entonces miré mis pies y encontré que mis calcetines ardían en llamas, donde sobresalían en la orilla, sobre las cañas de mis botas. Pateé las llamas del tejido de algodón. Después alcé la vista y vi que los tres Kahunas se estremecían de la risa. Mostraban la suela suelta que colgaba, como también la que se había salido, que estaba detrás en la lava y que se había quemado formando una pequeña costra.

Yo también me reí. Nunca en la vida me había sentido tan aliviado como en ese momento, cuando tuve consciencia de que nuevamente estaba seguro y no había recibido ni siquiera una ampolla, ni en los talones ni ahí donde había apagado el fuego de los calcetines.

No queda mucho por contar acerca de mis experiencias. Yo sentía un calor terrible en mi cara y en el cuerpo, pero ni en lo más mínimo en mis pies. Cuando toqué mis pies con las manos, éstos se sentían calientes. Pero yo tenía la sensación solamente en las manos, no en los pies mismos. Ninguno de los Kahunas tenía tampoco ni siquiera una ampolla, aunque las hojas de Ti que se habían envuelto alrededor de los pies se habían quemado hacía mucho rato.

Mi caminata de regreso a la costa, en cambio, fue realmente una pesadilla. Hice el camino de regreso con sandalias que me había hecho de madera verde, y tengo que decir que ese camino me ha quedado en el recuerdo como mucho más horrible que mi paseo sobre la lava candente”.

Comentario:
Hasta aquí el relato del Dr. Brigham. Con seguridad usted quiere ahora saber cómo ese científico buscó establecer por medio de qué le había sido posible realizar su acción.

“Eso es magia”, me aseguró él. “Esa es una parte del tesoro mágico del que disponen los Kahunas y algunos otros pueblos “primitivos”. Me ha costado un trabajo de años llegar a esa conclusión. A causa de largos estudios y minuciosas observaciones, esa es mi firme convicción”.

“Pero”, dije yo, “¿no ha tratado por lo menos de encontrar otra explicación?” El doctor me sonrió. “Naturalmente lo he intentado. No me ha sido en absoluto fácil reconocer que la magia es completamente posible. Cuando ya estaba totalmente seguro de que se trataba de magia, todavía quedaba arraigada en mí, una duda en mis propias conclusiones. Incluso después, cuando había intentado exitosamente el paseo sobre el fuego, a veces volvía a la teoría de que la lava al enfriarse forma una superficie porosa que aisla el calor. Intenté dos veces probar esa teoría en pequeñas salidas de lava en el volcán Kilauea. En un caso esperé hasta que un lugar donde había desbordamiento de lava se había enfriado hasta adquirir un color bastante oscuro y lo toqué con las puntas de los dedos. Aunque la lava estaba muchísimo más fría que aquella sobre la cual yo había caminado, me quemé terriblemente los dedos. Y sólo había tocado levemente la superficie”.

“¿Y la otra vez?”, pregunté.

Él sacudió la cabeza y sonrió algo atormentado, con un cierto sentimiento de culpa. “Bueno”, dijo él, “después de las ampollas que me habían salido la primera vez, habría tenido que saber mejor, pero las antiguas ideas no eran tan fáciles de combatir. Yo sabía que había caminado sobre lava candente, y sin embargo, muchas veces simplemente no quería creer que eso me había sido posible”.

La segunda vez yo estaba como poseído por mi teoría de la superficie que aisla el calor. Tomé un pedazo de lava caliente viscosa con un palo, tal como se toma masa de caramelo, y tuve primero que quemarme terriblemente los dedos otra vez, antes de que por fin estuviera convencido. ¡No, en esto no es posible un error! Los Kahunas utilizan magia al caminar sobre el fuego y en muchas otras acciones. Hay leyes naturales que rigen en el mundo físico exterior, y hay otras leyes naturales para el otro mundo de lo interior. Y – trate por favor de creerme si puede: las leyes del otro mundo son más fuertes en tal medida, que pueden ser utilizadas para neutralizar o incluso invertir las leyes del mundo físico”.

En este caso actuó el dominio mágico del calor, que por cierto quemó el cuero de las pesadas botas del Dr. Brigham, pero sus pies quedaron completamente libres de quemaduras. Tampoco se puede hablar de soluciones químicas, con las cuales los pies de los que caminaron sobre el fuego hubieran estado protegidos. La lava tampoco estaba cubierta por una capa de ceniza, que tal vez hubiera podido aislar. La lava estaba tan caliente, que incluso al caminar rápido, donde el contacto entre las botas y la lava era de poca duración, el cuero de las botas se quemó hasta convertirse en costra.

Con seguridad el calor era mucho más que suficiente, como para quemarse los pies de la manera más grave bajo circunstancias normales.

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