El descubrimiento de la enseñanza huna max freedom long indice




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V
El sistema Kahuna y los tres “espíritus” o almas del ser humano,

de las que cada una posee su propia tensión de fuerza vital.

Esos espíritus agrupados y en casos de separación

Ya hemos hablado de las tres unidades de medida o características que deben ayudarnos a descifrar el antiguo “secreto”. De la primera señal, la fuerza vital, ya hemos hablado. La segunda señal es la consciencia que conduce la fuerza (más adelante hablaremos, como tercera señal, de la substancia de la cual se sirve la consciencia para hacer actuar la fuerza).

Si es acertada la opinión de los Kahunas, de que la consciencia humana se compone de dos diferentes espíritus en este plano y que un tercero, un espíritu supraconsciente, actúa en cierto modo como ángel protector, entonces en esa concepción se ofrece un conocimiento psicológico adicional de alcances realmente enormes.

Esa opinión tiene que inducirnos a corregir nuestras teorías religiosas acerca del alma humana. Si es correcta la convicción de los Kahunas, de que nosotros poseemos un espíritu poco desarrollado, que sólo está un poco más arriba del nivel del reino animal, como también un ser espiritual más desarrollado, que está muy alejado del reino animal, entonces tenemos que modificar nuestras ideas de salvación. Se necesitan entonces dos salvaciones, una para cada alma, porque las dos están en diferentes niveles de desarrollo. También las ideas religiosas de karma y reencarnación tienen que ser corregidas por la misma razón. Éstas por lo menos tienen que corresponder a los dos seres espirituales desigualmente desarrollados, aparte de que también tienen que considerar el supraconsciente, el más antiguo y más altamente desarrollado de los tres entes espirituales humanos (Aumakua o “espíritu paternal”).

En el ámbito de ese sistema, que es el más antiguo y más eficaz de la psicología, nos vemos nosotros mismos de manera más clara, aunque tenemos que cambiar la sencillez por la complicación de una trinidad del ser. En nuestros pensamientos religiosos estamos acostumbrados a ver a Dios como trinidad, pero al parecer hemos perdido la percepción de que también el ser humano es de una trinidad similar.

Comprendemos mejor y más fácilmente esa complicación, si tenemos siempre presente el hecho de que el Unihipili, el ser espiritual bajo, subconsciente o animal en nosotros, lleva a cabo todo el trabajo de recuerdo, pero sólo tiene una escasa aptitud racional, mientras que el espíritu consciente o Uhane no tiene capacidad de recordar, pero está en condiciones de emplear su capacidad inductiva de pensamiento.

Aparte de los datos comprobatorios que resultaron de la discusión de la magia de la “oración para matar”, se pueden citar también otras pruebas.

Mientras la investigación psíquica moderna solamente clasifica los espíritus de los fallecidos, ya sea como “espíritus normales” o como “espíritus que hacen ruidos”, la revisión de todas las informaciones reunidas acerca de la actividad de los seres espirituales, obliga a deducir que tienen que haber diferentes niveles de espíritus, correspondiéndole a cada uno una propia tensión de fuerza vital, como también una aptitud mental específica (o una falta de aptitud específica).

Los Kahunas clasificaban, ya en tiempos antiguos, los diferentes tipos de espíritus. Como esa clasificación es totalmente nueva, como también de gran interés e importancia fundamental para nosotros, personas occidentales, deseo presentar a continuación los diferentes tipos de espíritus, como se los encuentra en las sesiones espiritistas:
Tipos de espíritus según la tradición Kahuna
1) El espíritu normal de una persona fallecida. Éste se compone del espíritu subconsciente y del espíritu consciente, como en la vida también. Ese espíritu piensa y recuerda como un ser viviente normal, y se sirve de las mismas fuerzas.

2) El espíritu subconsciente de una persona que antes o después de la muerte por accidente fue separado de su acompañante consciente. Ese espíritu tiene una excelente capacidad de recuerdo, pero carece de lógica, y el grado de su capacidad deductiva de pensamiento se parece a la de un animal. Ese ente reacciona ante la sugestión hipnótica. Es como un niño; a menudo produce alboroto o ruidos y se presenta muchas veces como “espíritu que hace ruidos”. Viene gustoso a sesiones y en experimentos de movimientos de una mesa produce esos movimientos. Intenta responder preguntas; pero las respuestas que da lo hacen parecer un mentiroso o algo peor. Le gusta hacerse pasar por parientes fallecidos.

3) El espíritu consciente del ser humano que ha sido separado de su acompañante subconsciente antes o después de la muerte física. No tiene capacidad de recuerdo y por eso se presenta como aparición casi desvalida. Se pasea sin rumbo, ocasionalmente hace saber su presencia y a veces es visto psíquicamente. Desempeña el papel de un “alma perdida”, hasta que alguna vez es salvada y se junta con un espíritu subconsciente que lo abastece de recuerdos - muchas veces con recuerdos de vidas anteriores, en las cuales el espíritu supraconsciente salvado, el Uhane, no ha tenido ninguna participación.

4) Espíritus del ámbito supraconsciente, incluyendo aquellos que según la terminología de los teósofos se les llama “espíritus naturales” o “almas en grupo”. Acerca de los espíritus de esa clase existen solamente informaciones vagas.

Pero es seguro de que éstos a menudo intervienen en la actividad de los dos espíritus secundarios, Unihipili y Uhane, y de vez en cuando los ayudan a realizar sucesos sensacionales.

Hasta el redescubrimiento del sistema psicológico de los Kahunas no existía ni en lo más mínimo la posibilidad de una explicación aceptable y satisfactoria del fenómeno de la duplicidad y de la llamada personalidad múltiple (o casos patológicos de posesión o de división de la personalidad).

Por eso es fascinante ver lo bien que encaja el antiguo sistema Huna en los conocimientos que hemos obtenido de aquellos casos.


Caso 9
Personalidad múltiple”

Comentario preliminar:
Fuentes literarias: “Outline of Abnormal Psychology” de William McDougall (Scribner’s 1926); Encyclopaedia Britannica (13ª edición) Ensayo sobre “Personalidad múltiple”.

La palabra personalidad, como se usa aquí, no está totalmente bien definida por parte de la psicología. C. G. Jung, el sucesor de Freud en la investigación del complejo, describe la palabra y nos lleva de regreso a su origen latino: Persona, la máscara de los actores, que cambian de papel en papel durante el espectáculo. Esa es la descripción correcta de lo que realmente cambia en el caso de personalidad múltiple. Es justamente la individualidad la que diferencia a las personas.

En la descripción de cambios de personalidad en un cuerpo se hace, sin excepción, poca diferencia entre el subconsciente y el consciente, porque la mayoría de los investigadores los consideran como componentes de la personalidad. Solamente Jung da un paso más en su trabajo y diferencia entre Anima (hálito o alma en latín; en francés se distorsiona en Animal) para el subconsciente y Persona para la consciencia.

La descripción exacta del fenómeno al cual nos dedicamos ahora, no es en realidad “personalidad múltiple”, sino “Anima múltiple” o “Persona múltiple”.

En los siguientes casos tenemos que poner atención especialmente en tres puntos:

(1) La aparición o desaparición de una de las dos entidades, la consciencia o el subconsciente, y el cambio en la personalidad que resulte de eso;

  1. la aparición o desaparición de ambas unidades en pareja;

(3) la capacidad de darse cuenta y de recordar, que le queda a la personalidad mientras las entidades individuales vienen y van.

Si la teoría Kahuna es correcta – en el sentido de que solamente el subconsciente tiene capacidad para recordar – entonces sólo necesitamos poner atención en la capacidad para recordar y podemos decir de inmediato cuál de los dos espíritus ha permanecido y cuál falta. El Webster’s International Dictionary designa el fenómeno mencionado como un estado mental anormal. Pero yo no considero ese estado tanto como una anormalidad de las diferentes entidades espirituales, sino más bien como un estado anormal del cuerpo en el que los espíritus entran y salen. Cada espíritu, cuando está en posesión del cuerpo, es considerado como totalmente normal, mientras no se considere anormal su falta de memoria en estado extracorporal o mientras el cuerpo duerme.

En la descripción de los elementos y estados de consciencia que se consideran aquí, se utilizan las siguientes expresiones:

Una personalidad que está separada del control del cuerpo y del cerebro, se considera como sufriendo una división de consciencia. La personalidad original en un cuerpo se llama personalidad primaria; las que penetran después en el cuerpo y reemplazan a la personalidad primaria se denominan secundarias. La personalidad que ejerce el control sobre el cuerpo y el cerebro se llama “dominante”, y aquellas que aparecen una vez, luego desaparecen o todavía no han vuelto, se denominan “latentes”.

En casos de cambios de personalidad se trata solamente de dos personalidades. Si hay pérdida mutua de consciencia, entonces ninguna de las dos personalidades puede acordarse de algo que ha ocurrido mientras la otra personalidad estaba en posesión del cuerpo. Si no hay pérdida mutua de consciencia, entonces pude ser que una o incluso las dos personalidades se acuerden de lo que ocurrió con el cuerpo durante su ausencia. Bajo la influencia de hipnosis, una o varias de aquellas personalidades del estado latente pueden ser llevadas habitualmente a responder preguntas del médico tratante o de un experimentador. Por lo regular tales respuestas no son muy lógicas; sin embargo, se llegan a saber cosas como las que cada subconsciente entregaría del recuerdo, cuando son depuestos en él aquellos hechos que están en la memoria.

El fenómeno no es nuevo. Desde los tiempos más remotos sabemos de personas que cambiaban su personalidad o estaban “poseídas”. Tales casos se refieren la mayoría de las veces a estados patológicos, pero no siempre es así. Ahora dirigiremos nuestra atención a algunos casos en los que no se han manifestado personalidades enfermas.

Circunstancias:
Describiré muy brevemente algunos casos típicos que McDougall trata en su libro mencionado anteriormente.

El sacerdote W. S. Plumer describió en el año 1860 en el Harper’s Magazine como primero el siguiente caso:

Mary Reynolds, una muchacha normal de dieciocho años, tuvo frecuentemente ataques durante un año. Un día, cuando yacía en un prado y leía, se desmayó. Cuando despertó estaba ciega y sorda. Pero dentro de tres meses desaparecieron las molestias. Una mañana no era posible despertarla. Cuando despertó por sí misma algunas horas después, a todos les parecía como un bebé. Sin embargo, ella podía repetir algunas palabras. Aprendía con gran velocidad; el “bebé” comenzó a crecer mentalmente y a utilizar su cerebro adulto. En pocas semanas regresó la personalidad primaria y desapareció la secundaria. El nuevo nivel de personalidad duró cuatro años; el “bebé” demostró durante ese tiempo un enorme crecimiento mental. Ninguna de las dos personalidades recordaba, mientras era dominante, lo que había hecho la otra mientras había estado en posesión del cuerpo y del cerebro.
El profesor Janet describe un caso en el cual una de las dos personalidades que se alternaban se acordaba de la otra:

Félida, una niña histérica, sufría de cambio de personalidad desde que tenía trece años de edad. La personalidad secundaria era muy diferente a la primaria y conocía los recuerdos de esa como los propios. Pero la personalidad primaria no tenía ningún recuerdo de lo que había hecho la personalidad secundaria.
El caso más famoso investigado por el Dr. Morton Prince fue el llamado caso Beauchamp. A la edad de dieciocho años una joven comenzó a cambiar su personalidad. Ese cambio se mantuvo durante años; ahí se pudieron identificar cinco personalidades diferentes, de las cuales cada una se sentía como una personalidad individual independiente. Las experiencias comunes se mezclaban por completo.

La niñez de la muchacha B estaba caracterizada por tensiones emocionales e intenso nerviosismo. Después de aprobar los exámenes respectivos se recibió de enfermera y en el transcurso de una relación amorosa recibió una conmoción emocional. Repentinamente se llegó a una “extraña exageración de todas sus particularidades”; se puso ultrareligiosa. La capacidad para recordar permaneció intacta, pero se presentaron pronunciados cambios de las características. El cambio duró como seis años; durante ese período llegó una nueva personalidad llamada “Sally” y manifestaba su presencia solamente durante las horas de sueño. En la noche Sally hablaba desde el cuerpo y lo llevaba a caminar en estado de sonambulismo.

Al término del lapso de seis años se produjo otra conmoción emocional, y se hizo dominante una personalidad que llamaremos B 4. B 4 se podía acordar de todos los sucesos de la vida de la personalidad original B, pero no de aquellos de la vida de B 1.

En los años siguientes se turnaron B 1 y B 4 con pérdida mutua de consciencia. Las dos se podían acordar de todo lo que había hecho B, pero no sabían nada de lo que había hecho la otra de ellas dos. B 1 era enfermiza y apacible. B 4 era más saludable y bastante agresiva. Pero las dos eran muy emocionales.

El Dr. Prince sometió a la paciente a un tratamiento de hipnosis. Bajo la influencia de hipnosis salió a la luz una personalidad totalmente diferente. Ésta conversaba con total desenvoltura, pero sin embargo, esa interesante personalidad le produjo incógnitas al médico. Él suponía que tenía delante a la Personalidad B normalizada, ahora esencialmente más madura. Pero en cierto sentido ésta se parecía tanto a B 1, como también a B 4, y parecía que representaba una mezcla entre esas dos y B. Esa personalidad es descrita como “una personalidad con temperamento equilibrado, libre y abierta para hablar y aparentemente natural y sencilla en su manera de pensar y en sus modales”. Ésta tenía la capacidad para recordar todo. B, B 1 y B 4 se seguían turnando – con lo cual B disponía ahora de las experiencias de B 1 y B 4. Durante ese tiempo B 1 y B 4 parecían adoptar mutuamente de vez en cuando las “características emocionales” de la otra – es decir, un Dar y Tomar. Después de algunos años, la personalidad original B se hizo definitivamente dominante, y la joven vivió desde entonces saludable y normal.

Sally era interesante. En hipnosis se podía entrar en contacto con ella e interrogarla, aunque ella solía turnarse con una de las otras personalidades, y muchas veces obstaculizaba los mecanismos del examen hipnótico. Se consideraba una personalidad autónoma e independiente y se acordaba de todo lo que había experimentado en la noche, a través del cuerpo o con el cuerpo. Decía que por medio de leer los pensamientos había aprendido a experimentar lo que hacían las otras personalidades (con excepción de B 4), pero que practicaba la lectura de pensamientos solamente mientras le interesaran los pensamientos de las otras. Cuando éstas, por ejemplo, leían libros que a ella le disgustaban, dejaba de leer los pensamientos y se entretenía con sus propios pensamientos. B 1 no le simpatizaba y a veces le imponía alucinaciones visuales y ciertos automatismos motores. Por tiempos se apoderaba de la voz de B 1 o la forzaba a hacer lo que a ella misma no le gustaba hacer; por ejemplo, la inducía a mentir.

Cuando Sally se hacía cargo del cuerpo, no podía abrir los ojos. Uno de los automatismos que les imponía a las otras personalidades era frotarse los ojos. De ese modo lograba finalmente abrir sus ojos; entonces estaban en condiciones de ver y dominar todo el organismo. El primer resultado en ese sentido se presentó en un momento en que la personalidad B 1 de entonces era dominante en el cuerpo y éste yacía tranquilo soñoliento. Desde entonces Sally lograba desplazar a B 1, tanto en estado normal, como también en estado hipnótico. B 1 se retiraba entonces, y sin capacidad para recordar lo que Sally hacía con el cuerpo. En la lucha por la voluntad, Sally parecía ser capaz de paralizar la voluntad de B 1.

Aunque B 1 aparentemente era dominante, era forzada, como bajo hipnosis, a obedecer órdenes y a pensar lo que se le imponía. Eso condujo a que Sally prácticamente hiciera sus travesuras con B 1. Una de las bromas más preferidas era deshacer tejidos. Ni B 1 ni B 4 tenían recuerdos de Sally o de sus períodos de dominación. Sally no podía leer los pensamientos de B 4, y a menudo no lograba imponerle automatismos a B 4. Ella explicaba eso con que B 4 había escuchado de ella y se resistía contra cualquier control. En ciertos momentos, cuando Sally era dominante, no podía abrir los ojos del cuerpo, y la piel, los tejidos profundos, como también las “sensaciones musculares” estaban como adormecidos.

Comentario:
El Dr. Prince consideraba las diferentes personalidades que se servían de un mismo cuerpo, como “partes separadas” de una personalidad auténtica. Su método de tratamiento tenía como propósito producir una fusión de las diferentes personalidades, para producir una dominante. Pero no tuvo un gran éxito con su tratamiento. El profesor McDougall llegó con sus investigaciones a la conclusión de que cada personalidad es una “mónada” dominante o ente autónomo.

Tal vez ningún psicólogo esté dispuesto a admitir que tales personalidades puedan entrar en el cuerpo y salir de éste, y que el subconsciente pueda ser utilizado o modificado en el cuerpo por una o varias personalidades.

Mi propia investigación de casos de personalidad múltiple me indujo a aceptar el sistema de psicología de los Kahunas, porque con éste incluso casos complicados se pueden explicar muchísimo mejor. En algunos casos relatados aparece una personalidad “bebé” y llega a ser dominante; en otro caso llega una personalidad adulta y trae consigo un cambio total del estado de salud – incluso extremidades paralizadas –, como también un recuerdo claramente bosquejado de una vida anterior en otro cuerpo.

Pero como la opinión de los psicólogos se contradice con la de los Kahunas, a continuación se examinará cuáles pruebas están a favor de que una “personalidad” pueda abandonar un cuerpo y regresar nuevamente a él.

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