El descubrimiento de la enseñanza huna max freedom long indice




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Caso 10
Consciencia y subconsciente

abandonan el cuerpo de la madre del General Lee

y regresan nuevamente a él

Comentarios preliminares:
Este caso fue publicado el 14 de diciembre de 1934 en el “Hollywood Citizen”, en la columna “Sucesos extraños”. Yo me figuro que el autor del artículo asume la garantía por la autenticidad del caso. Por fin también hay otros casos semejantes que estan correctamente acreditados.

Circunstancias:
¡Catorce meses antes de que el famoso General de los Confederados, Robert E. Lee, viera la luz del mundo, falleció su madre! En todo caso los médicos habían establecido que el corazón ya no trabajaba y que el cuerpo se había puesto rígido y helado. Se realizaron las ceremonias de los funerales, y el cuerpo fue sepultado en la cripta familiar. Afortunadamente, en ese tiempo no se embalsamaban los cuerpos en esa parte del país.

Una semana después, el guardián del cementerio entró a la cripta para retirar las flores marchitas. Se asustó cuando escuchó un gemido que venía del interior del ataúd. A toda prisa abrió el ataúd. Lo que vio fue la señora Lee, en cuyo cuerpo había retornado la vida. Evidentemente ella recién había despertado nuevamente a la vida, ya que no presentaba ningún síntoma de asfixia. Ella se recuperó, se reanimó y trajo al mundo a su hijo, que tan famoso llegó a ser después.

Comentario:
Este y algún otro caso demuestran que la consciencia puede suspender toda actividad en el cuerpo, mientras el subconsciente todavía continúa trabajando. Para explicar la falta de señales de descomposición en el cuerpo, estamos forzados a aceptar que todavía existe una débil conexión – tal vez por medio de un hilo de ectoplasma – entre el cuerpo y el subconsciente, que igualmente – con el estado similar a la muerte – ya tenía que haber abandonado parcialmente el cuerpo.

En ese contexto se recuerda a los yoguis de la India. Esos “hombres santos” pueden, por medio de una especie de autosugestión, colocar su cuerpo en un estado semejante a la muerte, con lo que el espíritu consciente sale del cuerpo por un largo tiempo y el subconsciente descansa.

Los dos casos recién comentados contienen algunos indicios que después serán de gran importancia para nosotros. Pero en los siguientes dos casos nos encontramos con aquellos hechos que me indicaron el “secreto de los secretos” de los Kahunas.
Caso 11
Una extraña personalidad

Comentarios preliminares:
Uno de los miembros más antiguos de la Society for Psychic Research vivía en Honolulu cuando yo vivía allí.

Era el Dr. Leapsley, un hombre de una educación y formación extraordinarias, un hombre que era igualmente confiable como hábil y que con muchas investigaciones había realizado un trabajo sobresaliente. Él se dedicaba a muchos tipos de cosas y frecuentemente hacía viajes que lo llevaban lejos de Honolulu. A menudo daba conferencias en círculos de amigos, para dar a conocer los resultados de sus últimas investigaciones. El caso que vine a continuación lo extraigo de mis apuntes que hice en una de esas conferencias.

Circunstancias:
Como especialista reconocido para casos de personalidad múltiple, el Dr. Leapsley fue convocado, junto con otros dos médicos, para la investigación de un caso. Se trataba del examen y tratamiento de una joven de 28 años, hija de un prominente abogado de California.

Desde que tenía cuatro años de edad la joven había cambiado su personalidad en turnos de cuatro años cada vez. Solamente estaban involucradas dos personalidades, y existía una pérdida total de consciencia recíproca.

El cambio de personalidades se llevaba a cabo con gran regularidad y cada vez en un momento de sueño profundo. La segunda personalidad fue, en su primera aparición, un “bebé”; sin embargo, ésta aprendió muy rápidamente y pronto ya alcanzó el nivel mental de la personalidad principal.

A través de los años, cada una de las dos personalidades había continuado seriamente su desarrollo y educación durante su período de dominación. Cada una de las dos estaba en condiciones de aprender con una rapidez asombrosa, todo lo que la otra había aprendido antes que ella. Pero de las dos personalidades, ninguna tenía ni el más mínimo recuerdo de las experiencias de la otra personalidad.

Después del regreso al cuerpo, ninguna de las dos podía acordarse de lo que había hecho durante el tiempo en que no había sido reconocible en el cuerpo, ni dónde había estado. En el momento del regreso había siempre sorpresas y consternación pasajera para cada una de las dos personalidades, porque el regreso ocurría en un cuerpo cuatro años mayor, que además, estaba vestido de otra manera.

La primera personalidad era tranquila y laboriosa. Le gustaba coser, era algo tímida y reservada. La segunda personalidad en cambio, era una niña traviesa muy animada, que no se intimidaba. También los gustos y las ocupaciones preferidas eran diferentes en las dos.

Uno de las transiciones se efectuó una tarde, mientras la madre le leía algo a la hija de doce años. Estaban sentadas en la sala de estar, y la personalidad primaria, que desde ahora llamaremos señorita 1, era dominante en ese momento. Tranquila y feliz la niña escuchaba la historia leída, pero de pronto se durmió. Poco después despertó la señorita 2 en el mismo cuerpo.

Transcurrieron cuatro años. La señorita 2 tenía entretanto diez años de edad y estaba sentada con la madre en el mismo cuarto. Nuevamente la madre leía un libro, pero esta vez en voz baja, porque a la señorita 2 no le interesaban mucho los libros. Otra vez el cuerpo cayó en un sueño, en la misma silla grande en la que la niña estaba sentada hace cuatro años cuando hubo cambio de personalidad, y también en una tarde asoleada muy parecida.

De pronto se abrieron los ojos y la señorita 1 miraba atónita. “¿Por qué has dejado de leer mamita?”, preguntó la niña. Todavía no estaba en absoluto consciente de que entretanto habían transcurrido cuatro años. Ella creía que recién se había quedado dormida y que la madre había dejado repentinamente de leer, donde se había detenido hacía cuatro años. Cuando le dijeron lo que había ocurrido, ella se supo orientar por medio de recuerdos de experiencias similares. También constató que su cuerpo entretanto había crecido y que tenía puesto un vestido que era demasiado pintoresco para su decente gusto.

De ese modo, las personalidades alternaban cada cuatro años su lugar dentro del cuerpo. Cuando a la edad de 28 años se acercaba el momento del próximo cambio, cada una de las dos muchachas había pasado catorce años en el cuerpo. Con cada cambio se modificaba todo el vestuario, para satisfacer el otro gusto de la personalidad que en ese momento se hacía cargo nuevamente del cuerpo. También cambiaban los tipos de pasatiempos y entretenciones con cada cambio, como también las costumbres de comer y de vestirse y las tendencias profesionales.

Finalmente los padres decidieron consultar a especialistas, para hacer probar si se podía obligar a la segunda personalidad a dejarle por completo el cuerpo a la primera. Pero los padres estaban al mismo tiempo tristes, porque le habían tomado cariño a las dos personalidades, como si fueran dos hijas diferentes, lo que de hecho realmente parecían haber llegado a ser.

Los expertos se encargaron de la joven y le explicaron que querían hipnotizarla y tratar de juntar las dos personalidades en una sola o de inducir a la señorita 2 a dejarle por completo el cuerpo a la señorita 1, que justamente lo tenía en su poder en ese momento. También le dijeron que había prisa, en vista del poco tiempo que faltaba para el habitual cambio de personalidad. La muchacha se sometió al tratamiento con mucho afán.

Con la hipnosis resultó lo usual. Las dos personalidades se presentaron en forma alternada y pudieron ser interrogadas. Cada personalidad mostró un recuerdo completo de los propios períodos de vida en el cuerpo, y cada una declaró saber todo acerca de la actividad de la otra personalidad, y no por participación directa en sus experiencias, sino por medio de una especie de “lectura de pensamiento” de lo que se encontraba en la memoria de la otra personalidad. Ninguna de las dos estaba segura si durante el tiempo en que estaba latente había permanecido en el cuerpo o no. Las dos mostraron también la falta habitual de capacidad de juicio.

Cuando se le comunicó al subconsciente de la señorita 2 que tenía que irse y abandonar el cuerpo, la respuesta fue confusa y poco satisfactoria. De hecho la orden parecía haber sido recibida, pero los médicos estaban convencidos de que no sería obedecida. Estaban tan convencidos de eso, que adicionalmente dieron una sugestión hipnótica, por medio de la cual debía forzarse la unión de ambas personalidades en una sola. (Observación: Como solamente el subconsciente puede ser hipnotizado e inducido a obedecer sugestiones, la fusión entre dos entes subconscientes tendría que haber ocurrido. Pero por medio de una fusión así, la consciencia dominante habría tenido que llegar a una serie doble de recuerdos e imitar así a un par de personalidades fundidas por completo. Si es correcta la suposición de los Kahunas, entonces es imposible unir dos entes conscientes, sin que de inmediato tomen consciencia de su dualidad).

Después del primer tratamiento se constató que no había ocurrido ninguna unificación de la personalidad. Por eso los tratamientos se continuaron diariamente, hasta que finalmente llegó otra vez el momento habitual del cambio de personalidad. Como la señorita 1 sabía que se deseaba dejarla en posesión del cuerpo, y como consciente e inconscientemente anhelaba unirse con la señorita 2, se había esperado que a pesar de todo finalmente resultara la prueba. Pero cuando ocurrió el cambio, la señorita 1 no se había unido con la señorita 2.

De nuevo se aplicó la hipnosis, después que le recién llegada había escuchado lo que se intentaba. Nuevamente fueron interrogados los entes subconscientes. La señorita 1 se acordaba por cierto de la instrucción de que debían tratar de unirse con la señorita 2, pero dijo que eso era imposible de realizar. Cuando se le preguntó dónde estaba, solamente respondió: “aquí”.

Se intentó entonces expulsar del cuerpo a la señorita 2 por medio de sugestión. Pero sucedió algo sorprendente. ¡El cuerpo se puso como muerto! Ya no daba respuesta ninguna de las dos entidades subconscientes. Los médicos y los padres estaban horrorizados. Ellos habían esperado liberarse de la personalidad que había penetrado después, y parecía que ésta había sido expulsada, pero no se podía hacer volver a la señorita 1. Mientras se continuaban las sugestiones con un laborioso trabajo, ocurrió algo totalmente increíble… Se abrieron los labios y de la boca habló una personalidad completamente desconocida, con tal sabiduría y autoridad, que todos estaban confundidos y conmovidos…

La nueva personalidad hablaba con una voz retumbante, que tenía en sí algo reservado y que inequívocamente era de naturaleza masculina. La voz se parecía mucho a la voz suave pero firme de un anciano. El grupo, que estaba parado alrededor del cuerpo de la muchacha, escuchaba alarmado y asombrado. De inmediato los médicos se dieron cuenta que les estaba hablando una personalidad totalmente diferente. Y lo que hizo aún más grande su confusión fue descubrir que la nueva personalidad pensaba completamente diferente a ellos mismos. Lo que ahí se hablaba no sólo parecía lógico, sino que parecía ser más que lógico. La personalidad que hablaba ahí parecía saber con soberana seguridad y hasta el más mínimo detalle, lo que había ocurrido anteriormente y lo que por el momento se intentaba hacer. La voz no hizo preguntas, sino que comenzó de inmediato con una serie de declaraciones que se referían a las muchachas y a su vida. Cada uno de esos comentarios era preciso y coincidía completamente con los elementos y condiciones con los que estaban familiarizados tanto los padres como los médicos. En cuanto la nueva personalidad hubo resumido la nueva situación, se quedó callada.

Los médicos preguntaron quién era el locutor. La respuesta dio a entender que la nueva personalidad tenía que cuidar y proteger a las dos muchachas y al cuerpo. Con preguntas posteriores se entregaron otros datos, pero siempre sin algún argumento, como los daría un ser humano consciente, y cada vez sin una explicación que entregara razones. Se le comunicó al grupo, que las dos muchachas tenían que hacer uso del cuerpo único, con el fin de su posibilidad de vida.

Los médicos comenzaron entonces a entregar sus mejores argumentos. Describieron en detalles cómo el constante cambio de personalidad arruinaba la vida de la muchacha. Ella no se podía casar, no podía llevar una vida normal. A eso la nueva personalidad respondió nuevamente con declaraciones, cuya lógica era obvia, sin argumentos y sin explicación. Una declaración venía después de la otra; todas se referían a los diferentes aspectos de la vida, como también al propósito del crecimiento y de la formación de experiencia.

Los médicos, con sus conocimientos aprendidos, estaban impotentes; todas las declaraciones que enfrentaban ahí eran tan profundas, tan plenas de razón y sabiduría, que no podían encontrar ni un solo argumento lógico en contra.

Ante esa antiquísima sabiduría, ellos se sentían como niños. La forma de pensar que enfrentaban ahí, sobrepasaba toda medida humana. Los médicos habrían estado en condiciones de contribuir ellos mismos con argumentos para reforzar esas declaraciones que les parecían verdades eternas, pero no se encontró ni un solo argumento válido para rebatirlas.

Después de poco tiempo quedaron en silencio. El ser que les había hablado, los había dejado en un desamparado estado de confusión.

En su desesperación, uno de los médicos gritó finalmente que si se le prohibía a la señorita 1 quedarse con el cuerpo, ellos en lo sucesivo lo mantendrían permanentemente bajo hipnosis. A eso siguió la mesurada explicación que nadie le haría algo al cuerpo. Después vino otra explicación más – la última con la que concluyó definitivamente la entrevista. Fue una explicación muy simple y precisa:

“Si ustedes obstaculizan mi trabajo, yo retiro a las muchachas y les dejo el cuerpo”.

Vino un largo silencio. Ninguno de los del grupo podía dudar que la sabía y antigua personalidad haría realidad sus amenazas. Detrás de cada una de las palabras dichas había habido una verdad convincente y un poder imperturbable. Finalmente alguien se atrevió todavía a hacer una nueva pregunta… pero no hubo ninguna respuesta más. Después de un momento se entregó la sugestión de que el cuerpo despertara de la hipnosis. La señorita 2 abrió los ojos sonriendo. Los médicos y los padres se dieron por vencidos. Tenían la sensación de haber estado ante Dios, y reconocieron la inutilidad de sus esfuerzos humanos.

Comentario:
En la personalidad del “anciano” encontramos una entidad que es totalmente diferente a la consciencia y al subconsciente. Lo que aquí se manifiesta, tiene la característica de lo que los Kahunas designaban como supraconsciente o “espíritu paternal”; además, las palabras del anciano hacían ver una enorme diferencia en la forma de pensar.

El supraconsciente o Supra-Yo se vale, según mi opinión, de una forma superior de pensamiento, que sobrepasa por lejos la capacidad humana para recordar, como también la razón y la capacidad de juicio humanas, aunque sí parece ser capaz de esas cualidades humanas.

Esa capacidad de pensamiento equivale más a una “visión”, a un conocimiento de contextos cósmicos y entrelazamientos del destino. En todo caso, la amplitud de ese alto conocimiento ya no tiene en el escenario mundial la necesidad del recuerdo o de la utilización de conclusiones lógicas basadas en observaciones y experiencias.

El espíritu supraconsciente utiliza, como ya se ha dicho, una tensión superior de fuerza vital. Está claro que también se vale de una forma superior de espiritualidad. Según las tradiciones de los Kahunas, el supraconsciente puede, con esa forma de espiritualidad, ver la parte del futuro que ya se ha formado o “cristalizado”.

La mejor prueba de la exactitud de la teoría Kahuna de los tres Yoes y de sus diferentes formas de espiritualidad, la entrega la comparación de casos de múltiple personalidad con aquellos de posesión patológica o esquizofrenia. En el primer caso el paciente permanece sano, porque está poseído y dominado por un espíritu invasor normal, que posee su propio subconsciente y consciencia y por eso tiene capacidad para recordar, como también de juicio. En eso, o cambia solamente la personalidad (consciencia) o solamente los contenidos del recuerdo (subconsciente) o también lo dos. Pero en todo caso se mantiene la salud, porque un Yo consciente con capacidad de juicio – pese a los cambios realizados – mantiene el control sobre el cuerpo. En el segundo caso, en cambio, resulta una enfermedad, porque después del desplazamiento del Yo consciente, ninguna consciencia nueva se hace cargo del cuerpo. De ese modo, solamente queda el subconsciente, pero que no tiene capacidad de juicio; éste por cierto mantiene el cuerpo vivo, pero en un estado carente de capacidad de juicio, es decir, de enfermedad mental. También puede ocurrir que un yo subconsciente que penetra se apodera del cuerpo, después que han sido expulsados los dos Yoes originales inherentes. Con frecuencia se encuentran casos de enfermedad, en los cuales un Yo subconsciente ajeno toma posesión del cuerpo. Que éste es un Yo ajeno, se reconoce en que trae consigo recuerdos y convencimientos totalmente ajenos, incluso aquellos de tipo ilógico. Un demente, por ejemplo, que cree ser Napoleón, pertenece a ese tipo, que a menudo es inofensivo y que muchas veces incluso puede recordar de un día a otro. A aquellos enfermos les falta la capacidad de juicio característica de la consciencia. En las posteriores reseñas de los métodos de sanación de la enseñanza Huna, volveremos nuevamente a casos de posesión. Por el momento sólo es importante una cosa: que comprendamos por qué los Kahunas creían que en el ser humano actúan tres seres espirituales, y que éstos son INDEPENDIENTES Y AUTÓNOMOS, PORQUE ELLOS – POR CASUALIDAD O INTENCIONALMENTE – PUEDEN SER SEPARARADOS UNOS DE OTROS.

Pero de no menor importancia es el conocimiento que sólo el subconsciente es capaz de recordar, que solamente la consciencia posee capacidad de juicio y que el supraconsciente o supra-Yo dispone de un tipo muy superior de espiritualidad, que le proporciona un conocimiento exacto del pasado, del presente y de la parte ya establecida del futuro.
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